El Criticón

Opinión de cine y música

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Asesinato en el Orient Express


Murder on the Orient Express , 2017, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 114 min.
Dirección: Kenneth Branagh.
Guion: Michael Green, Agatha Christie (novela).
Actores: Kenneth Branagh, Daisy Ridley, Leslie Odom Jr., Johnny Depp, Derek Jacobi , Michelle Pfeiffer, Willem Dafoe, Judi Dench Olivia Colman, Manuel Garcia-Rulfo, Josh Gad, Penélope Cruz, Sergei Polunin.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes figuras.
Lo peor: Superficial en la descripción de personajes y la construcción del suspense, grandilocuente pero fallida en lo visual.

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Kenneth Brannagh no ha salido muy airoso de esta nueva aproximación literaria tras sus distantes éxitos con las adaptaciones de Shakespeare, quedándose bastante lejos del recibimiento de la versión más famosa de Agatha Christie, que precisamente fue sobre la misma novela, realizada por Sidney Lumet en 1974 también con un reparto de infarto.

Sí, como entretenimiento cumple con un mínimo más que aceptable. No tiene achaques de ritmo graves, salvo el largo e innecesario prólogo, despierta curiosidad suficiente con unos personajes variopintos, y el misterio no se puede tomar en serio pero mantiene en movimiento la acción. Pero no tiene garra suficiente para hacerte vibrar, se queda muy corto en una mezcla caótica de géneros (supense, drama, acción), y una vez terminado el visionado se olvida rápido.

El suspense es muy irregular. Consigue un par de secuencias intrigantes (el plano desde el techo al descubrir el cadáver), pero el resto del tiempo no logra la investigación te haga pensar y te mantenga en vilo por su resolución. No ayuda desde luego el estilo fantasioso de la autora, que gustará a sus adeptos pero tiene las de descolocar a cualquiera que vaya sin saber a qué se enfrenta. Yo creo que me leí este y Diez negritos (1939), y tuve suficiente, todo es humo que lleva a un desenlace que siempre explota en una orgía absurda que no hay por dónde agarrar.

El repertorio de personajes es atractivo de primeras pero queda muy desaprovechado conforme avanza el metraje. Ninguno llega a calar hondo con una personalidad llamativa o una historia compleja y conmovedora. El principal, Hercules Poirot, peca de tener una pose muy marcada e irreal; Branagh no está nada mal, pero le falta el punto de carisma para que resulte excitante en vez de histriónico y a veces cargante. El resto es un quiero y no puedo: no terminas interesándote por el porvenir de ninguno, no entiendes sus motivaciones durante la investigación (con lo que no puedes implicarte, o sea, sufrir con ellos o sospechar de ellos), y la resolución del caso es inverosímil y no termina de aportar sustancia a sus personalidades sino más extravagancia y por ende desconexión.

No funciona tampoco la grandilocuencia visual. Branagh busca un aspecto épico que no pega mucho en un relato tan teatral. Las grandes panorámicas de las montañas y la estancia atrapados en la nieve resultan artificiales en intenciones tanto como en acabado: los efectos especiales cantan demasiado, no da la sensación de ser un paraje real, sino un escenario parco rellenado con evidentes pantallas de fondo. También incluye con calzador un par de secuencias de acción muy ineficaces, pues el montaje es pésimo.

Vale para pasar el rato si no se le buscan las cosquillas, pero no deja huella alguna, y en un análisis más serio hace aguas por todas partes.

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Piratas del Caribe: La venganza de Salazar


Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales, 2017, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 129 min.
Dirección: Joachim Rønning, Espen Sandberg.
Guion: Jeff Nathanson, Terry Rossio.
Actores: Brenton Thwaites, Kaya Scodelario, Johnny Depp, Geoffrey Rush, Javier Bardem, Kevin McNally, David Wenham, Stephen Graham, Martin Klebba.
Música: Geoff Zanelli.

Valoración:
Lo mejor: Buen aspecto visual. Algunos buenos actores.
Lo peor: Guion trilladísimo y poco esforzado. Entretiene por los pelos.
El título: En prácticamente todo el mundo se han empeñado en pasar del original Los muertos no cuentan historias.

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Me apena lo poco que ha dado de sí esta saga. La primera entrega era evidentemente un producto comercial, con limitaciones intelectuales y artísticas (empezando por tomar demasiado de El temible burlón), pero desbordaba simpatía, tanto por el potente protagonista central como por las divertidas aventuras que se realzaban tan bien con el vistoso aspecto visual que lograron Gore Verbinski y el equipo de efectos especiales, vestuario y decorados. Además dejaba en el aire la sensación de que podía animar al cine de aventuras y fantasía a recuperar un tono menos artificial, pues dejaba un poco de lado de la acción sobresaturada de efectos digitales y perseguía un tono más clásico modernizado sólo ligeramente con bastante acierto.

Las dos siguientes entregas se rodaron juntas con la intención de hacer algo grande ahorrando un poco de dinero, y aun así el presupuesto fue descomunal… y prácticamente lo único que lució. Conforme avanzaban en su abultadísimo metraje se veía una deriva importante en el trabajo con los personajes y la trama, y también en las sensaciones, porque se apoyaron demasiado en el ordenador. El gran Sparrow empezó a mostrar síntomas de agotamiento, sus compañeros principales (Orlando, Keyra) no dieron más de sí, en especial por sus limitadísimos actores, y sólo la fauna de secundarios extravagantes y las potentes secuencias de acción (aunque a veces pecaban de grandilocuencia) consiguieron que resultaran entretenimientos aceptables, y en la tercera solo a ratos, porque entera resulta un galimatías interminable.

La cuarta parte se hizo esperar cuatro años pesar del dinero que amasaron las anteriores. Problemas con el calendario supongo, que es muy complicado levantar un proyecto tan grande, sobre todo cuando sus principales activos tienen las agendas muy apretadas. Al final se hizo sin Verbinski tras las cámaras, y quedó claro que fue su toque el que mantuvo los capítulos segundo y tercero medio a flote, porque en el guion no había mucha diferencia. A pesar de que el realizador elegido, Rob Marshall, tenía cierto prestigio por Memorias de una Geisha y Chicago, ofreció una película sin atractivo visual, un relato sin vida ahogado en clichés y personajes vacíos. Aun así logró alcanzar el hito de recaudación de las dos anteriores: mil millones de dólares. Así que estaba claro que tendríamos más…

Y llegamos a la quinta en la misma situación. Años después, y con un director distinto (un dúo en esta ocasión). ¿Estarán las expectativas del público animadas todavía, o el tiempo y el desgaste habrían hecho olvidar una serie que evidentemente ha triunfado por moda más que por calidad? ¿Recuperarán los nuevos realizadores el nivel de Verbinski? No sé si quedarse en ochocientos millones se puede considerar pérdida de interés, pero en lo artístico volvemos al tono de la segunda y tercera entregas: un espectáculo vistoso y simpático pero prácticamente vacío, donde de nuevo da la sensación de que desaprovechan un potencial mayor, y todo porque se aferran a lo más básico sin atreverse a explorar caminos más originales y sobre todo inteligentes.

Los diálogos son graciosetes sin provocar vergüenza ajena, y los personajes son simplones pero resultan agradables, sobre todo los que tienen actores que saben exprimir sus peculiaridades, destacando a Sparrow (Johnny Depp) y Barbossa (Geoffrey Rush). El problema es que Sparrow cada vez entusiasma menos, ya no parece un personaje original y carismático a su manera, sino un chiste con patas que sólo sirve para canalizar las tramas. Los jóvenes que lo acompañan son desiguales. El chaval va con la gracia justa, y aunque Brenton Thwaites (Dioses de Egipto) es mejor actor que Orlando Bloom, le falta mucho para dejar huella. Kaya Scodelario (Skins, El corredor del laberinto) en cambio es un gran paso adelante. ¿Qué costaba cuidar los casting desde el principio? Su interpretación llena la pantalla de vida, expresa distintos sentimientos en cada nueva situación. Así que es una pena que el personaje tuviera un recorrido tan limitado, tan predecible. Y el nuevo villano queda como la excusa de la aventura, el macguffin, no muestra una personalidad elaborada y Javier Bardem se limita a poner su físico para que diseñen un fantasmita molón.

En cuanto a la trama, como digo, los productores no han querido arriesgarse y han pedido a los guionistas lo mínimo. No pierden el tiempo ideando ingeniosas situaciones donde se pueda aprovechar un poco más a los personajes, ni buscan una historia más arriesgada y compleja que permita la posibilidad de sorprender y emocionar un poco. De hecho resulta cargante que la premisa sea tan simple pero reincidan tanto en recordarte y explicarte todo cada dos por tres. Con los quince minutos de prólogos ya tienen toda la película contada, el resto es buscar la solución… pero nada, nos vamos a recesos y rellenos a cada rato. Así que, como en las anteriores, la historia avanza entre aparatosas secuencias de acción cuya justificación es endeble y una caótica sobreexposición de maldiciones, objetos mágicos, búsqueda de personajes clave y resoluciones de enigmas poco o nadas llamativos. De nuevo todo se deja al dinero, a lo que dé de sí la capacidad del equipo técnico y del director.

Por suerte, al contrario que con el sosísimo cuarto episodio, la cinta luce bastante espectacular en manos del tándem Joachim Rønning y Espen Sandberg (Bandidas, Marco Polo), con lo que, tal y como ocurrió con el segundo y tercero, como entretenimiento tiene un pase si de dejas el cerebro fuera de la sala. Los decorados de pueblos y navíos son asombrosos, las recreaciones de fantasmas muy logradas, las secuencias de acción desmedidas… Tanto que alguna resulta demasiado larga y aparatosa para lo poco que llega a contar: la carrera con la casa a cuestas se me hizo eterna, y al clímax final le falta algo de imaginación y tensión. Mucho mejor funciona el resto: la búsqueda de Sparrow y la unión del grupo tiene ritmo, incluso los saltos a la vida actual de Barbossa son interesantes, y las escenas de acción más terrenales resultan más excitantes, como el rescate a los que están a punto de ser ejecutados.

Ver también:
La maldición de la Perla Negra (2003).
El cofre del hombre muerto (2006).
En el fin del mundo (2007).
En mareas misteriosas (2011).

Black Mass. Estrictamente criminal


Black Mass, 2015, EE.UU., Reino Unido.
Género: Drama, crimen.
Duración: 123 min.
Dirección: Scott Cooper.
Guion: Mark Mallouk y Jez Butterworth. Dick Lehr y Gerard O’Neill (novela).
Actores: Johnny Depp, Joel Edgerton, Benedict Cumberbatch, Dakota Johnson, Kevin Bacon, Peter Sarsgaad, Jesse Plemons, Rory Cochrane, David Harbour, Corey Stoll.
Música: Tom Holkenborg.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Se estanca en tópicos y no ofrece nada llamativo.

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Otra de mafiosos, un género explotado hasta la saciedad porque parece que sigue teniendo bastante tirón. No hay más que ver que se estrenó junto a otra del estilo, Legend. Pero aquella es bastante superior a este flojo compendio de tópicos que no logra obtener un relato con la suficiente personalidad como para destacar entre tantas obras semejantes, de hecho más bien está a punto de estrellarse.

Los clichés empiezan pronto, con la narración que mira atrás para contar la odisea criminal al estilo Uno de los nuestros (Martin Scorsese, 1990). Las pocas promesas que parecen venir de los numerosos protagonistas no llegan a buen puerto, pues estos se atascan en la monotonía y falta de interés que despierta ver tal acumulación de tópicos. El matón de barrio que cae bien a los vecinos porque protege a los suyos. La pandilla que va ganando poder hasta dominar la zona. La ley que no consigue alcanzarlos. Los problemas de lealtad, los líos familiares, y los excesos que van acumulándose hasta que rompen la balanza y todo se viene abajo. Nada sorprende, ni siquiera el día a día de los criminales tiene aventurillas que amenicen este viaje tan predecible.

Tampoco funciona el único toque que podría haber aportado algo más, pues a pesar de estar basada en hechos reales lo narrado recuerda muchísimo a Infiltrados, también de Scorsese. Resulta que uno de los personajes principales, Joel Edgerton, trabaja en el FBI pero se dedica a hacer de topo para el capo (Johnny Depp). Pero el juego a dos bandas no termina de aprovecharse para aumentar la intriga y tensión por si descubrirán el pastel y si podrá librarse. Primero, el personaje es incluso menos llamativo que el limitado gángster. Segundo, se estanca una dinámica repetitiva que no parece avanzar, y cuando llegan los giros se producen tal y como se esperaba.

Tiene un reparto lleno de grandes actores, con un montón de secundarios muy reconocibles aunque no tengan mucha fama, pero salvo por Johnny Depp, que con ayuda del maquillaje transmite bien la vena psicópata de su esquemático rol, ninguno puede destacar en este panorama.

Cumple por los pelos, pero recomiendo echar el tiempo en la infinidad de títulos del género que resultan más completos y atractivos. Del mismo realizador, Scott Cooper, resultó un poco más interesante Out of the furnace; al menos tenía mejores personajes.

Tusk


Tusk, 2014, EE.UU.
Género: Thriller, terror, comedia.
Duración: 102 min.
Dirección: Kevin Smith.
Guion: Kevin Smith.
Actores: Justin Long, Michael Parks, Haley Joel Osment, Genesis Rodriguez, Johnny Depp.
Música: Christopher Drake.

Valoración:
Lo mejor: Fingir que no existe.
Lo peor: Insoportable, una pérdida de tiempo total
El título: Tusk significa cuerno.

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Entre sus muchos proyectos humorísticos Kevin Smith tiene un podcast (un programa de radio que emite por internet) llamado SModcast, donde él y sus invitados hablan de temas variados. Una de las historias que allí relataron sirve de base para esta Tusk, que pretende además ser el inicio de una trilogía llamada True North Trilogy.

Dos jóvenes que realizan un podcast se han hecho famosos y bastante ricos. Preparando próximos programas uno de ellos viaja a Canadá para entrevistar a un tipo de los que parodian en el show, es decir, otra “figura” de internet. Pero el protagonista acaba en garras de un lunático y será presa de sus crueles experimentos.

Tusk es comedia de terror, no de las estúpidas tipo Scream, ni de las ingeniosas tipo La cabaña en el bosque, sino más de descolocar con salidas extrañas, humor absurdo, y situaciones grotescas a lo The Human Centipede. Pero ni da miedo, ni causa gracia alguna. Es caótica y aburrida hasta resultar verdaderamente insoportable. Capítulos larguísimos carentes de ritmo y contenido, diálogos inflados que no llevan a nada, personajes que prometían pero se estiran y deforman hasta acabar resultando cansinos, situaciones salidas de madre que no causan impresión alguna porque son giros metidos porque sí sin atender a la progresión de la intriga, el drama y el humor. Es como una serie de sketches puestos en fila, pero todos horrendos y anticlimáticos.

La puesta en escena me parece más equilibrada que en Red State, pero sin guion poco puede hacer, y además una escenificación tan estática no ayuda al ritmo. El reparto es irregular, algunos porque los personajes no dan nada de sí. El protagonista Justin Long y sus muecas me ponen nervioso, Jaley Joel Osment aporta bien poco, se nota que no se hace al simplón personaje, y Génesis Rodríguez al menos cumple con lo justo. Hacia el final aparecen las hijas de Kevin Smith en papeles menores y un Johnny Depp caracterizado hasta resultar irreconocible en un detective surrealista realmente ridículo. Y Michael Parks, del que más esperaba tras su papelón en Red State, no deslumbra al tener un rol que el guion no logra convertir en el gran monstruo inquietante que se pretende.

Un fracaso artístico absoluto, y el resto de la serie apunta al mismo estilo. Pues hasta que se digne en lanzar Clerks III, Kevin Smith pasa a cuarentena.

Transcendence


Transcendence, 2014, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: Wally Pfister.
Guion: Jack Paglen.
Actores: Johnny Depp, Rebecca Hall, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Kate Mara.
Música: Mychael Danna.

Valoración:
Lo mejor: El reparto es llamativo.
Lo peor: Es la superproducción más aburrida en años.

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La historia de la inteligencia artifical que cobra consciencia y causa problemas no es nueva, y me temo que aquí no se nos ofrece una lectura lo suficientemente novedosa como para llamar la atención. El guion, ópera prima de Jack Plagen, amaga con abordar temas éticos y filosóficos muy atractivos y pone a los protagonistas en situaciones muy jugosas, pero va pasando sobre todo de puntillas, como temiendo hundirse en ramificaciones complejas, y termina aferrándose demasiado a las líneas más predecibles del género.

Pero creo que incluso en estas condiciones podría haber resultado un buen entretenimiento, que el problema más grave es la puesta en escena. Incluso viendo como el libreto huye de los potenciales discursos sobre temas polémicos (el conflicto ético con los terroristas daba más juego) y lamentando lo poco que se sumerge en la filosofía latente, da la sensación de que había material de sobras para hacer un buen drama de acción y que la ciencia-ficción al menos dejara algunas cuestiones y pensamientos en el aire; y más importante es la impresión de que sobre el papel los personajes parecen ser mucho más sólidos y atractivos de lo que queda al darles vida.

La dirección supone el salto a primer plano del director de fotografía Wally Pfister, habitual colaborador de Christopher Nolan, quien de hecho apadrinó la producción. Su labor recuerda a Nolan rápidamente en lo visual (cómo no iba a hacerlo), pero en ningún momento se ve el alma o carisma que imprime aquél en sus películas, donde se caracteriza por su habilidad para sacar épica y emoción a raudales, por transmitir sensación de grandeza y trascendencia (a veces hasta excesiva), por manter a los protagonistas siempre como foco de la narración (indistintamente de lo aparatosa y fantasiosa de la acción) haciéndonos muy partícipes de sus viajes (internos y externos), y por su imaginería visual. Su alumno va de imitador, pero no alcanza el aprobado en ninguna de esas características. Toda la cinta es un quiero y no puedo constante, una exposición anodina y fría de acontecimientos que van pasando sin dejar huella alguna. Los personajes se enfrentan a los momentos más dolorosos y a cambios que hacen tambalear sus vidas y que además amenazan a la existencia misma de la humanidad, y de aséptico que resulta todo no se transmite nada.

Pfister tenía a su alcance un viaje verdaderamente complejo y trágico en el cambio de perspectiva del personaje de Paul Bettany ante lo que sería o no terrorismo, pero el personaje simplemente aparece haciendo esto o aquello sin que se nos acerque lo más mínimo a sus pensamientos y dilemas internos. El rol de Kate Mara es completamente dejado de lado, como si no supiera qué hacer con él. El de Johnny Depp aburre antes y después de su conversión, y además no se lo ve cómodo en el papel. Morgan Freeman y Cillian Murphy prometían ser secundarios de nivel e importantes en el desarrollo del conflicto final pero no se les saca partido alguno. La única que sale medio bien parada es la protagonista encarnada por Rebecca Hall, porque tiene más tiempo en pantalla y la actriz se esfuerza por transmitir su evolución: de triste a melancólica y terminando en asustada.

También cabe decir que ni siquiera impresiona como superproducción de cien millones, no tiene grandes escenas de efectos especiales o acción intensa que den ritmo a los momentos clave, y además acaba con una pelea final insípida. La película termina haciendo honor a su argumento, parececiendo realizada por una máquina: carece de fallos en la técnica (destaca precisamente la fotografía) pero no es capaz de lograr calado emocional alguno. Sin que te importe lo más mínimo quién vivirá y morirá, si los terroristas quedarán como buenos o no, si la inteligencia tiene un plan o ha perdido el rumbo, si los protagonistas resolverán la situación sacrificando más o menos, nada queda en el relato con lo que puedas conectar y sentir algo. Por si fuera poco te destripan el final en un innecesario y negligente prólogo, con lo que el último segmento no puede sorprender, acrecentando la sensación de aburrimiento y tiempo perdido.

Piratas del Caribe: En mareas misteriosas


Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides , 2011, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 136 min.
Dirección: Rob Marshall.
Guion: Ted Elliott, Terry Rossio.
Actores: Johnny Depp, Penélope Cruz, Geoffrey Rush, Ian McShane, Kevin McNally, Sam Calfin.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El vestuario y el diseño de los barcos.
Lo peor: El guion es pésimo, la película aburridísima, y como producción taquillera (se espera que al menos en lo visual impresione) no luce lo más mínimo.

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No esperaba nada de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas viendo que el éxito cosechado por la simpática primera entrega se alargó con dos secuelas torpes e irregulares que se salvaban por la cantidad de pasta echadas en ellas y por algunos tramos dignos entre gran cantidad de morralla. No esperaba nada porque preveía que el desgaste de ideas seguiría aumentando, porque suponía que un nuevo capítulo se elaboraría únicamente pensando en el resultado en taquilla, no en el cualitativo. Pero incluso yendo con tan pocas expectativas acabé decepcionado.

El guion es el colmo de la vagancia o la torpeza, o las dos cosas. Es la excusa más simple y poco trabajada que he visto para justificar más de dos horas de metraje, para ir de un lado a otro mientras se empalman una detrás de otra aventuras que de nuevo parecen improvisadas. Sí, hay una premisa básica (la búsqueda de la Fuente de la Vida), pero su única presencia en el relato es que se menciona muchas veces como patético intento de decir que hay un argumento. Pero no lo hay. La narración se compone de un largo puñado de escenas sin sentido ni justificación llenas de personajes sin definición ni objetivo. Si en la tercera entrega me quejaba de tramas dispersas y tramos alargados sin razón, aquí directamente es imposible discernir entre qué vale para algo y qué debería haberse quedado en la sala de montaje, porque todo está en el mismo nivel, es decir, hasta los momentos cumbres de la cinta (la aparición de las sirenas o el clímax en la dichosa fuente –que por cierto es calcado al desenlace de En busca del arca perdida-) se caracterizan por una asombrosa falta de contenido, savia, vida. No hay una pizca aventura ni humor que rescatar en un relato que precisamente va de eso.

También resulta muy grave el notable desgaste que sufren los personajes, pues ni Sparrow, que nació como una figura de gran fuerza (lo mejor de la saga en sus orígenes), nos saca del tedio, de lo diluido que se presenta. ¿Cuáles son su motivaciones y objetivos, por qué no se explica qué hace y porqué, cómo esperan que con un protagonista así de vacío la historia nos resulte interesante? Los secundarios, nuevos y viejos, también son incapaces de despertar el más mínimo interés. Qué desaprovechados están grandes actores como Ian McShane (Barbanegra está infrautilizado, siendo una vaga sombra del buen villano que fue Davy Jones), Geoffrey Rush (Barbossa tampoco aporta nada digno de recordar) y Kevin McNally (el segundo de Sparrow, que entra y sale del relato sin mucho sentido). Y… ¿alguien se acuerda de qué hace Penélope Cruz en la película? La falta de fuerza del personaje se agrava por la falta de carisma de la actriz. Al menos los tontorrones caracteres en manos de Keira Knightley y Orlando Bloom resultaban simpáticos incluso contando con las limitaciones de los intérpretes (¡quién me iba a decir que los iba a echar de menos!). Y hablando de estos dos, hay un burdo intento de rellenar el hueco que dejaron, con ese insoportable misionero (Sam Calfin) y la absurda sirena (que pasa de ser un monstruo horrible a una chica encantadora según las necesidades del guion).

En cuanto a la puesta en escena, se nota rápidamente que Gore Verbinski es un director mucho más virtuoso, pues la actual labor de Rob Marshall es tan esquemática, monótona y falta de recursos que lo que otrora resultaba una fantasía exagerada pero disfrutable porque se caracterizaba por un gran sentido del espectáculo, aquí resulta poco creíble porque se rueda sin magia, sin sentido del asombro y con una técnica bastante pobre. Las peleas a espada, que son las únicas escenas de acción que encontramos, son horribles, pésimas coreografías que cantan a trucaje cinematográfico a distancia: las estocadas parecen ir todas al aire, las piruetas imitando a El temible burlón son ridículas, y para colmo hay chorradas que quedan fatal, como esos barriles que en una escena no se rompen de ninguna manera y en la siguiente se pinchan sin esfuerzo (y que me expliquen por qué el líquido sale a chorros como si fuera gaseosa).

Y como extensión a esto último, lo peor de la película es que el dinero invertido en ella no se ha aprovechado lo más mínimo. Es imperdonable que una cinta de estas características, con doscientos cincuenta millones de presupuesto (cifra semejante a la de los episodios precedentes), parezca rodada al completo en un estudio, con decorados de cartón piedra, hierbas falsas y poco eficaces pantallas de fondo, todo ello mal disimulado por constantes nieblas y mucha oscuridad. Lo único digno de recordar es el barco de Barbanegra, porque el resto de elementos parecen propios de una producción televisiva. Apenas hay un par de escenarios naturales y se echa muchísimo de menos las maravillosas criaturas digitales con las que nos deleitaban en las anteriores partes.

La serie o brilla por su calidad, pero al menos conseguía entretener bastante. Esta deja ver mucho más las costuras y para colmo más que aburrida resulta insoportable. Es un auténtico engaño de película, una entrega completamente innecesaria y fallida, un insulto al bolsillo, la paciencia y la inteligencia del espectador. Me gustaría saber cómo se puede engendrar semejante bodrio sin que nadie en el estudio o el equipo de rodaje sea capaz de darse cuenta de que el libreto disponible es infame y no se puede sacar nada bueno de él, ni de que están rodando algo que apunta a desastre. ¿Será que parten de la idea de que el público es idiota y se tragará cualquier cosa con la debida campaña publicitaria? Probablemente sí, porque los mil millones que ha recaudado respaldan ese argumento.

Ver también:
El cofre del hombre muerto.
En el fin del mundo.

Piratas del Caribe: En el fin del mundo


Pirates of the Caribbean: At World’s End , 2017, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 168 min.
Dirección: Gore Verbinski.
Guion: Ted Elliot, Terry Rossio.
Actores: Johnny Depp, Geoffrey Rush, Orlando Bloom, Keira Knightley, Jack Davenport, Bill Nighy, Jonathan Pryce, Kevin McNally, Stellan Skarsgard, Naomi Harris.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Algunos tramos muy entretenidos y divertidos. ¡Y por fin ofrece una banda sonora original más que digna! La parte buena del reparto es impresionante (Johnny Depp, Geoffrey Rush, etc.).
Lo peor: Un metraje ridículamente abultado, un guion que se lía sobre sí mismo sin rumbo fijo. La parte mala del reparto es infame (Orlando Bloom) o poco interesante (Keira Knightley).
Mejores momentos: La gran reunión de piratas, que reúne muchos de los mejores chistes de la función (mención especial para el personaje de Keith Richards).
El plano: Por cutre, la pierna de la protagonista perfectamente depilada tras meses de ajetreada vida en navíos.
La frase: Tortugas marinas, amigo.

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No es que fuera una saga destacable más allá de rendir como un entretenimiento sin complicaciones que suplía su falta de originalidad y calidad cinematográfica ofreciendo espectacularidad y grandes dosis de humor y acción, amén de un personaje que probablemente será recordado durante años, Jack Sparrow, pero esta tercera entrega tiene un notable sabor a decepción, a oportunidad desaprovechada. Y es que Piratas del Caribe: En el fin del mundo recae en los mismos errores que cometió la segunda entrega, es decir, no saber ir al grano y recortar escenas para contar lo estrictamente necesario para la historia, pero además de presentar estas faltas bastante agravadas se añade un desgaste en el sentido del humor y de la acción, con lo que la película funciona irregularmente como diversión pasajera. Si no se es exigente se deja ver y permite algunas risas, y como el público no lo es sin duda arrasará en taquilla de forma que probablemente indicará a los productores que este puede ser exprimido con otra entrega, pero es una obra que deja bien claro el poco esfuerzo que se pone hoy día en ofrecer cintas que además de entretenimiento aúnen unas dosis mínimas de calidad.

Si ya la segunda entrega no exponía claramente las tramas, las cuales a pesar de ser sencillas a veces eran complicadas de seguir, el guion de En el fin del mundo se vuelve aún más obtuso, irregular y caótico. A lo largo del interminable metraje las historias de piratas, maldiciones, traiciones y amores se suceden de forma casi aleatoria, entrando y saliendo de la narración ora ofreciendo una sorpresa interesante, ora chocando torpemente, lo que se traduce en un galimatías en el que es difícil mantener el interés y la comprensión. Sumando a esto la ingente cantidad de escenas que no aportan nada al relato (la larga estancia de Sparrow en los dominios de Davy Jones, totalmente fuera de lugar) o que alargan numerosos tramos de manera más o menos negligente, obtenemos una cinta demasiado inflada (¡dos horas cuarenta minutos!) que aburre a ratos, que no atrapa de manera regular. Dudo que aguante más de un visionado sin llegar a ser soporífera.

Como decía, las aventuras de Sparrow y los demás piratas y criaturas han perdido bastante fuelle en cuanto al sentido del humor, mostrándose este realmente acertado y sorprendente en muy pocas ocasiones (genial la aparición de Keith Richards o las múltiples personalidades de Jack). Le falta inspiración y hay muchos momentos en los que se recurre a la broma demasiado fácil o se abusa de chistes de animales (que es lo más bajo donde puede caer el humor). También falla otro sentido que caracterizaba bastante bien a la saga, el de la acción trepidante, tanto aparatosa como visualmente llena de recursos. Las escenas de esta categoría apenas superan el par, y no es que las que se ofrecen tengan tanta garra y sean tan vistosas como las de las anteriores entregas. Sin ir más lejos, el conflicto final está cerca de ser un desastre: el ritmo es ineficaz, se abusa de efectos visuales y sonoros por encima de escenas con personajes y hay momentos muy mal resueltos, como esa flota enemiga huyendo sin razón.

Teniendo en cuenta que la segunda y tercera partes fueron realizadas de un tirón, observo el resultado final de las mismas y no puedo sino pensar que rodaban sobre la marcha, con un guion que se sobrescribía prácticamente en directo como sucedió con El Señor de los Anillos de Peter Jackson (así le fue…). No parecen darse cuenta de que rodar sin un guion bien escrito y cerrado se traduce en una falta de consistencia narrativa notable (sobre todo si en la mesa de montaje no se atina a formar bien la película), en escenas que se acoplan o estorban, en fallos e inconsistencias… Me gustaría saber si Gore Verbinski, un director del que pienso que tiene bastantes recursos y creo que ha conseguido que esta saga no sea un estropicio absoluto aportando un sólido manejo de la cámara, tuvo las manos atadas por la productora (o sea, obligado a seguir directrices comerciales y no recortar ni aportar nada de su propia mano) o si los errores son también en parte culpa suya.

De los elementos denominados técnicos no hay reproche digno de mención. La música ha mejorado muchísimo, siendo la única parte de la (por ahora) trilogía que denota un trabajo real en su composición. El reparto tiene grandes intérpretes, como el genial Johnny Depp retratando al desequilibrado Sparrow o el estupendo Geoffrey Rush como Barbossa, más un número amplio de secundarios de gran profesionalidad, aunque también están los consabidos rostros bellos que no dan nada de sí: ya estoy cansado de nombrar a Orlando Bloom como un actor incapaz de la más mínima expresión (a ver si es verdad eso que dijo sobre retirarse del cine). El vestuario es detallista, los decorados impresionantes, los efectos especiales muy creíbles… Todos estos elementos están a la altura de lo esperado, pero nada consigue que El el fin del mundo destile buenas sensaciones excepto la de que se presenta como una extensión fallida e innecesaria de una saga de aventuras que, aunque no terminaba de cuajar, era un disfrutable espectáculo que bien valía la entrada de cine.