El Criticón

Opinión de cine y música

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Don Jon


Don Jon, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 90 min.
Dirección: Joseph Gordon-Levitt.
Guion: Joseph Gordon-Levitt.
Actores: Joseph Gordon-Levitt, Scarlett Johansson, Julianne Moore, Tony Danza, Glenne Headly, Brie Larson.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: El acertado análisis sobre problemas típicos de las relaciones amorosas. Los actores.
Lo peor: Para ser comedia, le falta gracia, y una vez deducido por dónde va, se ve venir.

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Don Jon es una rara avis en las comedias románticas hollywoodienses. En vez de una historia pueril sostenida sobre los tópicos rancios de siempre, utiliza esos clichés para darlos la vuelta y lanzártelos a la cara con un mensaje contundente. Habla sobre fallos y vicios comunes en muchas personas, arraigados por la sociedad y la educación parental y convertidos en problemas más o menos serios que muchos ni siquiera son capaces de ver.

Jon (el don Juan del título) es un eterno adolescente que sólo piensa en salir de fiesta y follar. Pero su educación machista le hace ver a las mujeres como un objeto, con lo que es incapaz de conectar emocionalmente y el sexo le resulta menos satisfactorio que el porno, al que es adicto. En cuanto conocemos a los progenitores se entiende su forma de ser… y la de gran parte de la sociedad: la falta de educación, cultura, aspiraciones e intereses más allá de sandeces intrascendentales, todo lo cual traspasan a sus hijos. El típico padre machito de gritar en el fútbol y casarse porque debe hacerse, aunque no se ve amor salir de él, la ama de casa que no conoce otra vida que la familia y sueña con idílicas bodas y nietos en vez de tomar la vida por las riendas y perseguir una felicidad real. Y con la hermana se señala hábilmente que el antisocial no tiene por qué ser el rarito inadaptado, sino el único consciente de la mierda que hay en su entorno y prefiere no salpicarse con ella; su breve aportación de sabiduría y sentido común es uno de los mejores momentos de la película.

Finalmente Jon halla su ideal, o sea, una chica de diez en el físico que le da largas de primeras. Barbara es el otro prototipo a ridiculizar, la mujer sin personalidad propia y cuya única motivación en la vida se basa en encontrar marido y anular también su personalidad, o sea, adaptarlo a sus propios gustos y costumbres. Así tenemos clásicos choques por sus distintas e incompatibles formas de ser, las esperables peleas y tropiezos en sus defectos, etc., pero como indicaba no se utilizan para hacer chistes triviales, sino para ir construyendo la crítica a estas formas tan limitadas de ver el mundo, de vivir, de relacionarse. Hay un tono constante de ironía (qué vida más banal llevan, qué simples son), algunos apuntes inteligentes (las escenas cotidianas que van cambiando sutilmente, como el gimnasio o la iglesia), se señala la hipocresía (el ir a misa y confesarse después de la vida disoluta que lleva)…

En resumen, se hace una deconstrucción del tema tratado con bastante agilidad y algo de inteligencia, pero también con sencillez y cercanía, para que el mensaje llegue claro, porque parece que trata de apuntar precisamente al público enquistado en estos comportamientos. Lo que no sé es si este tipo de gente llegará a sentirse identificado e incómodo, porque aquí entramos en el “efecto Dunning-Kruger” que sufre gran parte de la población: el tonto no es consciente de que lo es, no reconoce sus errores, limitaciones y vicios. Pero con que haya unos pocos que acaben reflexionando, la lección de Joseph Gordon-Levitt habrá cumplido su objetivo. Porque sí, él es el guionista y director de esta propuesta. Algunos espectadores dijeron “qué listo es, que se ha montado una comedia chorra para magrearse con una bomba como Scarlett Johansson“, lo cual demuestra mi apreciación.

Sin embargo, aunque la propuesta tiene muchas buenas ideas y momentos divertidos que además hacen pensar, lo cierto es que se queda algo corta, sobre todo como comedia: no resulta tronchante y adictiva como cabía esperar del género, y más viendo su correcto nivel intelectual. También da la sensación de que va a lo básico, quizá por eso de llegar a todos: se centra en una par de situaciones concretas sin atreverse a explorar más, con lo que una vez intuyes hacia dónde apunta se puede ver venir con bastante facilidad. Así, aunque alguno de esos giros predecibles se perdone por su fuerza emocional (el rol Julianne Moore como catalizador de la maduración es muy efectivo), es indudable que le ha faltado un poco más de originalidad y a veces también de mordacidad, con lo que no vendría mal una segunda parte que ahondara en sus muchas posibilidades.

En cuanto a intérpretes, Gordon-Levitt (Looper, Origen, 50/50) está adquiriendo más experiencia y no está mal, aunque siga sin parecerme un buen actor y no entiendo su fama y buena recepción, mientras que Scarlett Johansson capta bien el tono de mimada superficial, pero además el papel de seductora lo clava incluso con sólo la voz, como vimos (oímos) en Her*, así que aquí jugando con su físico está impresionante. Cabe destacar también la breve pero entusiasta labor de quienes encarnan a los padres del protagonista, Tony Danza y Glenne Headly, y la fugaz presencia Brie Larson (la hermana) en otro de sus muchos pequeños papeles antes de conseguir hacerse famosa por La habitación.

Éxito no tuvo mucho, y a mi parecer merece mejor reconocimiento. El póster principal es horrible, con esa forma de meter las críticas como parte del diseño, y el resto son de comedia romántica facilona, con lo que me da la impresión de que no supieron venderla bien.

* Inevitable comparar lo pretenciosa que fue aquella y lo poco que rascó de la temática en comparación con lo que logra la aquí analizada desde un tono más humano y directo.

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El Caballero Oscuro: La leyenda renace


The Dark Knight Rises, 2012, EE.UU.
Género: Acción, drama, superhéroes.
Duración: 165 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, David S. Goyer.
Actores: Christian Bale, Joseph Gordon-Levitt, Tom Hardy, Anne Hathaway, Gary Oldman, Michael Caine, Morgan Freeman, Marion Cotillard, Matthew Modine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: La confección de los personajes principales.
Lo peor: Demasiado larga y descentrada, demasiados fallos y agujeros en un guion también demasiado pagado de sí mismo.
El gazapo: La foto de los padres al lado de la de Rachel estaba quemada al principio, pero luego aparece en perfecto estado.
La frase:
-Bruce: Temes que si vuelvo a salir, fracasaré.
-Alfred: Temo que quiere fracasar.

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Decepción es la primera palabra que me vino a la mente mientras veía la tercera parte de la trilogía de Batman de Christopher Nolan. Decepción porque algo tan bien desarrollado tuviera un remate tan desequilibrado, caótico, fallido. Decepción porque el impresionante nivel alcanzado con El Caballero Oscuro decayera tanto de repente. Y no me entendáis mal. El Caballero Oscuro: La leyenda renace dista de ser una mala película, pero es que el listón estaba muy alto, y no esperaba que Nolan pudiera tener un patinazo de tal calibre. Muchos son los problemas de este capítulo: su falta de rumbo, la incapacidad para ir al grano y contar las cosas con claridad, los giros absurdos, la falta de credibilidad… Y es una pena, porque la base de la que parte es bastante atractiva: unos personajes muy sólidos y unas cuantas buenas ideas. Pero me temo el guion es tan torpe que hasta esos protagonistas de calidad son mal empleados en ocasiones.

La búsqueda de identidad y objetivos de Bruce Wayne/Batman (un siempre entregado Christian Bale) se amplía (y en cierta manera repite) respecto a los capítulos precedentes. La necesidad de aceptar y dominar el miedo para conocer tus límites o la obligación de mantener contacto humano para no perder el horizonte son temas recurrentes bien tratados… aunque no tan bien como antes, porque el desarrollo del personaje, obligado por la trama, parece estancarse y dilatarse en algunos momentos (en especial en la sección del pozo-cárcel). Otro problema notable con Wayne es que la proyección empieza indicando que ha pasado ocho años retirado (desde la caída de Harvey Dent en El Caballero Oscuro) y desde entonces está físicamente destrozado y psicológicamente agotado, como si llevara muchos años combatiendo el crimen cuando en realidad hemos visto que como Batman ha estado muy poco tiempo. Ese lapso temporal no se explica bien (se menciona de refilón) y sus consecuencias se fuerzan demasiado, pues no parece que fuera necesario exagerarlo tanto para iniciar el viaje para encontrarse a sí mismo y exponer el renacimiento del héroe.

Tenemos también a John Blake (Joseph Gordon-Levitt), incorrupto, inquebrantable y eficiente agente de la ley que trabaja siempre desde dentro de la norma, un héroe invisible pero ejemplar que Gothan necesita y que sólo alguien tan maduro como Gordon es capaz de ver, pues para el resto es un don nadie (a este respecto, el jefe de policía –Matthew Modine– resulta un tanto arquetípico). Su investigación acaba siendo más interesante que algunas partes dedicadas a Batman, aunque su presentación, con esa mágica deducción sobre quién se oculta tras la máscara del hombre murciélago, es irrisoria. Selina, o Catwoman (nombre que no llega a mencionarse), es una habilidosa ladrona de guante blanco en busca de redención. Sus encuentros con Wayne o Batman son todos excelentes, y la actriz Anne Hathaway, de la que esperaba poco, me sorprendió muy gratamente al mostrar con habilidad tanto la picaresca como las debilidades de su rol. Alfred, de nuevo en manos de un inmenso Michael Caine, tiene grandes momentos en su constante lucha para que su amado Bruce mantenga la cordura y la vida, y si bien su fantasía sobre su futuro es predecible resulta muy bonita y eficaz; lo que no queda muy bien es que sepa tantísimo de Bane: por mucha tecnología que tenga a su alcance parece poco probable que el mayordomo sea tan hábil a la hora de encontrar información que nadie ha encontrado. El comisario Gordon (Gary Oldman) es otro gran carácter, siempre al bordeando el límite de lo imposible en su cruzada contra el crimen; eso sí, lo de que su carta-revelación acabe en manos de Bane es un poco exagerado, por no decir que no tiene prácticamente repercusiones, así que no sé por qué se le da tanta relevancia.

Bane resulta imponente como enemigo. Su determinación y fuerza, su presencia temible, el logradísimo efecto de voz que resulta acojonante… Tenía todas las de convertirse en un villano mítico, como el Joker de Heath Ledger… pero el plan que dirige no convence del todo, y el desenlace, con giro-trampa forzado, empequeñece bastante su figura. Tom Hardy está francamente bien, teniendo en cuenta que sólo se le ven los ojos. Y dejo para el final a Miranda (Marion Cotillard), personaje ambiguo y poco definido cuya presencia en toda la película parece forzada tanto para ofrecer el romance de turno como para la sorpresa final… sorpresa tan rebuscada y tramposa que no convence lo más mínimo y afea considerablemente el desenlace: su aparición en el ultimísimo momento, el receso explicativo sonrojante, y su cambio de personalidad no hay quien se los trague.

Es una pena que este notable y atractivo grupo de protagonistas esté sumergido en un argumento no muy bien planteado y peor ejecutado que, aparte de minar en ocasiones estos roles, desarrolla la narración con torpeza. Es evidente que Christopher Nolan, con sus habituales colaboradores Jonathan Nolan y Davis S. Goyer, es muy amigo del artificio y el sensacionalismo, pero hasta ahora lo había controlado bastante bien (Origen es muy satisfactoria, Memento es excelente) o lo había maquillado sabiamente (El truco final canta a truco, pero no deja de ser fascinante). En este título sin embargo falla bastante. El guion peca de grandilocuencia, fingiendo constantemente ser enorme y épico cuando en realidad no lo es tanto, otorgándole a la historia una trascendencia y complejidad claramente impostada y excesiva: la importancia que se le da a la cárcel roza el absurdo, los dilemas internos de Batman se embarullan demasiado, y la política empresarial en torno a la industria de Wayne es el remate de todo esto: tan ininteligible y opaca, tan innecesaria que me pregunto qué motivos había para incluir algo así y darle tanto tiempo.

El plan de Bane es el hilo narrativo más importante y el que peor parado sale. Dice que quiere torturar a la ciudad atacando la esperanza de sus habitantes, para luego matarlos con una bomba. Primero, algo tan aparatoso no resulta creíble, al menos no de la forma en que se narra, pues en Batman Begins Ra’s Al Ghul (Liam Neeson) hacía más o menos lo mismo y no cantaba tanto. Segundo, lo superficial y vago que resulta mina su fuerza y credibilidad: la ideología es confusa (es anarquía y dictadura a la vez, pero no queda claro ni qué pretendía mostrarse ni qué resulta), es totalmente increíble que un país deje abandonada una ciudad en manos de terroristas durante tanto tiempo (qué cuesta colar un equipo de francotiradores o usar drones para acabar con los cabecillas), y no hablemos del cachondeo con la bomba: que si explota en determinadas condiciones, que si hay alguien con detonador, que si está en un camión dando vueltas, y que todos esperen al último días y las últimas horas para hacer algo de una vez. Y lo más importante: ¿cuáles son las razones que esgrime Bane para destruir Gotham? En Batman Begins la Liga de las Sombras se justificaba en la decadencia de la ciudad, pero aquí no recuerdo que digan nada, y la cuidad precisamente vive una época dorada. Tanta ambigüedad y falta de rumbo confunde y descoloca al espectador, y por extensión hace que pierda interés en la película.

El libreto de El Caballero Oscuro estaba perfectamente medido, colocando cada baza en su momento justo, pero aquí parece que no sabían cómo abordar unas cuantas ideas sueltas y todo queda mostrado con torpeza, desarrollado con irregularidad y adornado con pedantería injustificada. Como resultado de tanto caos, a la hora de rematar los mensajes habituales de la mitología de superhéroes, después de tanto enredo, Nolan está muy cerca de hacer el ridículo: con lo glorioso que resultó el conflicto moral de los barcos en el plan de Joker, aquí el ya de por sí nebuloso objetivo ideológico de Bane termina en una maniquea lucha entre terroristas y policías, sin que de por medio se haya visto mucha interacción con el pueblo (solo unos pocos protagonistas) y desde luego sin carga de ética ni análisis social, económico y político, cuando al iniciarse el ataque de Bane parecía que se iba a desarrollar una crítica al sistema capitalista y la desigualdad que genera.

Todo el argumento principal de la película rebosa grandilocuencia sin objetivo determinado, con lo que a medio camino se va quedando sin gas y en la resolución, cuando el humo deja ver la nada que hay detrás, se agota por completo. Pero el resto de secciones importantes navegan en el mismo mar caótico. El limbo de Batman en el pozo está lleno de tonterías: nadie es capaz de lanzar una de esas cuerdas que tienen apañando un garfio, nadie de fuera viene a sacar a algún amigo o familiar, vemos una ridícula curación de una vértebra dislocada… Otros muchos pequeños detalles afean la proyección aquí y allá: las peleas cuerpo a cuerpo nunca han sido lo más destacable, una pena teniendo en cuenta su importancia, pero aquí los trucos cinematográficos (coreografías, montaje) tienen momentos en que cantan demasiado (gente que cae sin ser golpeada, puñetazos y patadas horribles…); si la moto y el coche de Batman eran feos de narices, el esperpéntico diseño de la aeronave termina por destrozar algo mítico y esencial en el personaje: sus cachivaches y aparatos en esta saga no destacan nada; Batman se pone a pintar un murciélago gigante de gasolina en el puente con la bomba a punto de explorar y gente a punto de morir; etc., etc.

Y todo esto ocurre durante una narración excesivamente alargada, descentrada, incapaz de ir al grano y avanzar con paso firme y decidido. En momentos clave, como el clímax final, se nota muchísimo: qué larga y tediosa llega a hacerse la persecución al camión, y más sabiendo que al ser un trámite obligatoriamente previsible deberían haberse centrado en hacerlo espectacular y directo; o qué mal se resuelve la confrontación última, con esos malos que tienen un ejército armado y corren para enfrentarse a puñetazos a los policías desarmados.

El Caballero Oscuro: La leyenda renace podría haber sido muchísimo mejor reduciendo su metraje (¡dos horas y cuarenta minutos!), agilizando la trama, simplificando cosas que están muy adornadas. Potencial había de sobra: los personajes son muy atractivos y el reparto es excelente; la música ha mejorado mucho (y el tema de Bane es impresionante); escenas de calidad hay unas cuantas, sean dilemas y dramas personales (cuánto duele la partida de Alfred) o secuencias puntuales muy logradas (el prólogo es espectacular); la dirección es bastante buena (aun con el recurrente fallo de las peleas)… En resumen, estamos ante espectáculo algo denso pero entretenido, con partes dignas de destacar y unos protagonistas que llegan muy bien. Pero resulta demasiado irregular, aparatoso y largo. Y con dos episodios de tanta calidad delante suya, el sabor a decepción se magnifica.

Origen


Inception, 2010, EE.UU.
Género: Suspense, acción, ciencia-ficción.
Duración: 148 min.
Dirección: Christpoher Nolan.
Guion: Christopher Nolan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Levitt, Ellen Page, Ken Watanabe, Tom Hardy, Dileep Rao, Cillian Murphy, Tom Berenger, Marion Cotillard, Michael Caine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El genial toque de Christopher Nolan: la originalidad y calidad que ofrece de nuevo tanto en el guion como en la dirección.
Lo peor: Reparto, personajes, música, montaje.
Mejores momentos: El clímax con varios hechos sucediéndose paralelamente, en especial las escenas en el hotel.
Las preguntas: Si el protagonista no puede ir a EEUU a ver a sus hijos, ¿por qué su padre no se los lleva a otro país de vez en cuando? ¿Por qué Ariadne, al dibujar el último laberinto en el cuaderno en la prueba que le hace Cobb, descarta una hoja en blanco y lo hace en el cartón de la tapa?

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Alerta de spoilers: Hasta el próximo aviso sólo describro el argumento.–

Está claro que Christopher Nolan es uno de los mejores directores del momento. La facilidad que tiene este genio para lograr películas arriesgadas y complejas sin que se vea resentida la capacidad para llegar al espectador medio es asombrosa. Desde Steven Spielberg no hemos tenido a nadie capaz de llenar las salas con taquillazos de alta calidad y sobre todo tantísima valentía y originalidad. Pero Origen, a pesar del entusiasta recibimiento, no es la gran obra maestra que anuncian. Me ha parecido una película magnífica, a alcance de muy pocos, tanto a nivel de guion como de realización, pero no veo la maravilla revolucionaria que muchísimos parecen haber encontrado. Principalmente es por la sensación de que no es tan compleja como parece, pero también porque no da todo lo que podría haber dado y porque hay elementos mejorables que impiden que sea tan redonda como sus dos trabajos más destacados hasta ahora, Memento y El Caballero Oscuro. De hecho incluso me gustó más El Prestigio, aunque está a su nivel.

Origen sorprende otra vez con una historia valiente e intrincada pero con gran ritmo y pegada, y también relativamente fácil de entender. Sin duda habrá algún espectador casual que pierda detalles, que sólo se quede con una perspectiva global, pero no será porque Nolan no define con mucho detenimiento las distintas etapas de la cinta, el funcionamiento y los límites de su propuesta, dejando tiempo más que de sobra digerirlo todo y entender los nuevos giros.

Los protagonistas entran en los sueños de sus clientes o víctimas para sacarles información del subconsciente mediante engaños que estando despiertos notarían. Pero ya desde el prólogo Nolan rompe la primera noción que nos plantea: también entran en sueños dentro de sueños. El protagonista principal engancha rápido. Arrastra un misterio que lo hace vulnerable, que nos permite sentir compasión e interés por ver si saldrá adelante. Su necesidad de expiar sus pecados para poder volver a casa lo pone en una posición precaria, y no tarda en verse obligado a realizar un trabajo muy peligroso. La clásica formación del grupo de compañeros cobra interés más por la sugerente propuesta del juego con los sueños que por los personajes en sí, y el thriller va creciendo a ojos vista, enseñándote en cada paso algo ingenioso y dándole la vuelta de nuevo poco después. A pesar de su abultada longitud, necesaria para exponer un universo tan complejo poco a poco, el ritmo es absorbente, apenas se resiente tras algunos visionados en algún pasaje bastante prescindible aunque lejos de resultar negligente, como la huida por las calles de Mombasa.

Para el tramo final es difícil no estar absorto en un thriller tan inspirado y vistoso, y Nolan remata la jugada con un apoteósico y larguísimo desenlace que te deja clavadísimo a la butaca. Entramos en varios niveles de sueño combinando distintos clímax de acción y drama, porque el personaje principal y su tormento se mantiene siempre en primer plano. Las asombrosas peleas en el hotel con la gravedad alterada, la intriga por cómo los protagonistas resolverán los problemas de cada sueño, cada uno más difícil, el ritmo relativamente pausado pero agobiante que imprime Nolan y la tensión y la épica aumentada a niveles estratosféricos por la ostentosa música de Hans Zimmer, nos dejan uno de los mejores finales vistos en muchos, muchos años.

Origen resulta una película muy estimulante, tanto porque exige atención e ir pensando y teorizando conforme avanza, algo insólito en el cine contemporáneo, como porque es un espectáculo de primera, tanto en originalidad como en ejecución. La propuesta es tan fascinante que ha embrujado incluso más de la cuenta al público, que la ha puesto rápidamente como una de las mejores películas de la historia cuando en realidad se le puede poner muchas pegas…

La necesidad imperiosa de llegar a todos los públicos empieza a lastrar una propuesta que tenía potencial para más. Los personajes se hacen preguntas básicas que no pegan en expertos en su trabajo, algunas son incluso demasiado obvias. De hecho con Ariadne (Ellen Page) se nota demasiado. Está claro que es el nexo entre el universo ficticio y el espectador, difícilmente evitable dado lo intrincado del argumento, pero se debería haber disimulado mejor. No resulta verosímil que cojan a una universitaria, casi una niña, y la metan en un trabajo tan peligroso con tan poca preparación. Se va introduciendo en varios niveles de sueños y su único propósito en ellos parece ser explicarnos las cosas.

Con el resto el problema es que no tienen un dibujo muy elaborado y muchas veces parecen incluirse para cumplir el número necesario de soñadores. Estamos muy lejos del amplio y trabajado repertorio de El Caballero Oscuro o de los atractivos protagonistas de El Prestigio. Aquí todo gira alrededor del carácter de DiCaprio, cosa entendible y aceptable, más cuando resulta un rol central excelente, pero se potencia demasiado a costa de dejar a los secundarios con una definición escasa y una presencia forzada. No sabemos nada de las motivaciones de cada uno, hasta el punto de que no se entiende que se arriesguen con una misión tan arriesgada. ¿No tienen familias, no conocen otra cosa, sólo les mueve el dinero, su lealtad a Cobb es así de férrea? No se explica nada, ni si quiera se señala sutilmente algún u otro aspecto. En vez de dedicar tiempo a la persecución en Mombasa, ¿por qué no lo dedicaron a explorar la relación entre ellos? Unos cuantos chistes entre los personajes de Hardy y Gordon-Levitt son de lejos insuficientes, de hecho me parecieron incluso bastante fuera de lugar.

El reparto tampoco deslumbra, es bastante irregular. Leonardo DiCaprio repite un personaje muy parecido al de Shutter Island, y lo hace sin las ganas puestas en esa y otras labores recientes. Ellen Page y Marion Cotillard se esmeran en dotar de vida a dos figuras que son meros objetos de la trama, y en cierta manera funciona, Page consigue hacer creíble la preocupación por Cobb y Cotillard transmite bien la melancolía y el pesar, así que es una pena que no tuvieran un papel más complejo. Joseph Gordon-Levitt (500 días juntos) es un actor lamentable con carisma nulo, lo que afea bastante el producto: es el secundario con más presencia y no muestra ni un sentimiento, no se altera ante ninguna situación. El resto (Tom Hardy, Ken Watanabe, Dileep Rao) cumplen sin más en otros roles con nulo recorrido. Al final es el objetivo de la misión, Cillian Murphy, el que ofrece una labor más competitiva. Tampoco funciona plenamente la banda sonora. Nolan arrastra por ahora un defecto notable en su por otra parte deslumbrante filmografía: es muy dado a sobrecargar sus películas con un susurro de fondo, la forma más fácil de dar ritmo a una escena, y Zimmer se presta a ello con su estilo comercial de los últimos años, donde compone a base de librerías predefinidas en un sintetizador. El tema de acción será imponente y realza mucho el clímax, pero puedes terminar harto de escucharlo tantas veces sin una progresión adecuada a los distintos escenarios, y fuera de él hay aún menos exploración emocional, todo es adorno.

Pero sobre todo da la sensación de que había infinidad de posibilidades en la idea de jugar con la mente, lo onírico, las pesadillas, la confusión de realidad y sueño… y después de todo la visión de Nolan no va más allá de doblar ciudades y una pelea en ingravidez, espectacular y resuelta con maestría, pero no tan novedosa como nos venden. La propuesta recuerda bastante a Matrix, por ejemplo: crear entornos virtuales y luchar alterando las físicas del mundo real. Y me temo que cuanto más bajamos en los sueños menos parece esforzarse. El eterno y cansino tiroteo en la nieve afea un poco un clímax por lo general impresionante, y el esperado limbo no deja de ser una pesadilla básica, una ciudad medio derruida. Es más, no se entiende muy bien cómo en la fantasía de Mal y Cobb lo único que hacen es construir bloques horteras hasta tener una ciudad infinita, cuesta creer que esta es su visión idílica del mundo.

En cuanto a teorías, dobles lecturas y cuestiones, hay algunas cosas que comentar, pero también pienso que había más posibilidades.
Alerta de spoilers: Destripo claves del final.–

Es probable que salgas del cine intentando encajar alguna duda. Una muy común es cómo puede entrar Cobb en el limbo de Saito, pero se asume que están conectados con la máquina en el avión y dentro de los sueños todo vale, si vemos otras máquinas es únicamente para mantener el engaño ante la víctima (Fischer). También puede confundir que salgan de ahí suicidándose, cuando andaban diciendo que con tal sedación morirían, pero Cobb se ha saltado “la patada”, es decir, sabe que ya no están sedados.

El final me disgusta un poco, porque Nolan, en su afán de explicarlo todo y darlo todo cerrado, pone la peonza tambaleándose en el último momento, mostrando que Cobb está en la realidad. Dejándola girando y cortando el plano quedaba todo a la imaginación del espectador. Pero al menos sí hay una cuestión el aire, aunque no sé si es buscada por Nolan o no. ¿Y si en realidad toda la misión es para hacerle un Origen a Cobb? El plan con Fischer sería para forzar que Cobb enfrente su pasado con Mal para que la única forma de salir que tenga sea hallando una forma de perdonarse, esto es, de hacerse el Origen a sí mismo sin darse cuenta.

Nota 08/08/17: le he pegado un repasillo a la crítica.