El Criticón

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El mundo perdido: Parque Jurásico


The Lost World: Jurassic Park, 1997, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 129 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (novela).
Actores: Jeff Goldblum, Julianne Moore, Pete Postlethwaite, Vince Vaughn, Vanessa Lee Chester, Peter Stormare, Richard Schiff.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que ya es algo.
Lo peor: Le falta todo lo que hizo buena a la primera entrega: originalidad, tensión, asombro, personajes con los que conectar.
El idioma: En el doblaje para España, el castellano que hablan con los costarricenses se convierte en algún lenguaje que no consigo identificar (no parece portugués, lo habitual en estos casos).
La curiosidad: En la novela Chrichton tuvo que resucitar a Malcolm porque en la primera moría. “Los médicos lo salvaron”, vino a ser la excusa.
Mejores momentos: La cacería motorizada. El tiranosaurio causando estragos en la ciudad.

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El éxito de Parque Jurásico fue abrumador, por lo que la secuela era bastante inevitable. Tanto los fans como los productores prácticamente le exigieron a Michael Crichton la segunda novela, estos últimos supongo que pensando en ir sobre seguro partiendo de nuevo de una novela con el renombre del autor. En ese sentido cabía esperar que tomando Steven Spielberg las riendas del proyecto no podía salir algo malo, pero lo cierto es que El mundo perdido decepcionó bastante. Viendo el acabado da la impresión de que la rodó como obligado, quizá para que no fuera otro quien le pusiera las zarpas encima y ensuciara su legado, pues las imágenes manifiestan una gran falta de inspiración y pasión, hasta el punto de no parece una película suya. Tanto en el guion, encargado de nuevo a David Koepp, como en la dirección se observan serias carencias, la mayor parte fruto de un fallo clásico: basar las continuaciones en la máxima “más y más grande”. En ese proceso se pierde el elemento que hizo que la primera parte calara tan hondo (y la inspiración obvia de esta segunda, El mundo perdido -1912- de Arthur Conan Doyle, también): el factor sorpresa, el asombro que despertó un relato muy original donde exprimían la intriga muy bien y mejor aún aprovechaban el espectáculo que ponía en bandeja tan buena recreación de los dinosaurios.

La trama se queda en un simple ir andando mientras llegan ataques puntuales, esto es, la típica premisa de “gente muriendo en fila” sin más calado, los diálogos son ramplones, con un humor fallido (se paran en medio del caos a soltar chascarrillos), los personajes principales son anodinos y los secundarios lamentables en su mayoría y con muertes y situaciones cada cual más vergonzosa. En lo visual no termina de desplegar el espectáculo que se espera, o sea, al nivel del episodio anterior. Aferrándose al “más y más grande” encontramos infinidad de dinosaurios nuevos, pero parecen hechos con prisas, los animatronics apenas se mueven, lo digital se nota bastante en algunos planos, y la pantallas de fondo y los matte paintings cantan un montón (la jaula colgante y el precipicio donde cae la caravana). Es decir, inesperadamente no tenemos una mejora sino una pérdida de calidad en el acabado. Y lo más grave, la desgana de Spielberg se disimula un poco en las partes más intensas, pero aun así no encontramos el despliegue de recursos que ofreció en Parque Jurásico. La inspiración que nos regaló infinidad de planos geniales, la construcción metódica de la atmósfera y la ejecución pasmosa de las escenas de acción se cambian por falta de nervio y de imaginación.

El retorno a la isla se hace esperar, con varias escenas anidadas de cháchara y reencuentros con viejos personajes que no despiertan interés alguno. De hecho, pueden provocar frustración: los simpáticos chavales del primer capítulo aparecen para luego no ser protagonistas, sino que los sustituye una niña repelente, y Hammond tiene una escena tan monótona que no deja huella. La información dada en esta introducción es muy sencilla (hay otra isla, vamos a ir a estudiar a los dinosaurios antes de que los cacen gobiernos o mercenarios) pero se reincide en ella minutos y más minutos sin crear la atmósfera adecuada de intriga y despertar en el espectador el deseo de vivir otra peligrosa aventura. Malcolm (Jeff Goldblum), protagonista principal ahora, repite varias veces no querer ir, pero sabemos que irá, así que es perder el tiempo aún más. Spielberg rueda con una pasividad asombrosa estos prólogos, con unos planos estáticos que confieren un ritmo aletargado. Las excusas para tener otra isla con más dinos parecen muy cogidas por los pelos: nunca se mencionó que nacieran y los criaran en otra parte, de hecho, vimos los huevos y un nacimiento en Nublar como si fuera habitual; y la dependencia de lisina se la quitan de encima con todo descaro. Y finalmente, cuesta creer que ningún gobierno realice acciones tan obvias como un bloqueo a la isla y exterminar o reubicar a los dinosaurios por ser una fauna muy peligrosa tanto en el factor ecológico como en el humano. Los prólogos de Parque Jurásico eran reiterativos, pero te enganchaban y animaban a seguir, mientras que aquí sucede lo contrario.

Cuando por fin llegamos no lo hacemos de la mano de unos protagonistas que despierten nuestro interés. Malcolm es bastante simpático, pero parece que recurren a él como reclamo publicitario, como nexo con la serie, porque no se lo trabajan mucho. Como motor dramático se apoyan en un concepto muy básico y trillado, de hecho, ya se vio en la primera parte y por desgracia también lo han ido repitiendo en la tercera y en Jurassic World: divorcio y niños sufriéndolo. Si la premisa es sobrevivir a los dinosaurios, ¿por qué lo adornas con cosas tan mundanas y estereotipadas? Entiendo que fuercen la presencia de infantes, es una obra comercial, pero qué obsesión tienen en Hollywood con que el único conflicto que puede tener un niño es la separación de los padres. Al menos, en Parque Jurásico este tema se mencionaba con naturalidad, para darle vidilla a los personajes, y cuando se volvía sobre las relaciones humanas era como reacción a eventos del parque: Alan Grant, que no traga a los niños, va acercándose a ellos, estos, con líos en casa, encuentran una figura paterna con la que sentirse más seguros… Aquí los problemas de Malcolm con la ex y la petarda de la hija son un culebrón paralelo a los demás acontecimientos, no aportan sustancia al viaje, es decir, tienen largas escenas sueltas que se hacen muy cargantes y en la acción no hay desarrollo emocional relacionado con ello.

El resto de protagonistas tampoco terminan de tomar forma. El fotógrafo (Vince Vaughn) no tiene dimensión y anda justo de carisma; cuando se descubre su misión secreta, esta no da mucho juego después de todo, y para colmo, en la parte final en la ciudad desaparece sin más. Eddie Carr (Richard Schiff) es más simpático, pero tampoco termina de estar justificada su presencia: ¿cuál es su trabajo, su especialidad, su personalidad? Con Sarah Harding (Julianne Moore) intentan mostrar a una mujer independiente y capaz, pero termina pareciendo un poco boba o inconsciente a veces, vagando por la isla con un entusiasmo un tanto infantil, sin mirar por su seguridad; cuando empieza la odisea, se queda atascada sin hacer nada interesante aparte de ir de acá para allá, hasta el punto de olvidarte de ella cuando no está en pantalla.

Con este panorama es difícil implicarse: no te interesa el destino de ninguno de los protagonistas, con lo que no se siente el peligro. La primera secuencia de acción importante, el ataque de los tiranosaurios a la caravana, es un desastre. Es un clon del mítico momento del coche de Parque Jurásico, pero sin savia, sin alma. Todo es ruido y caos alargado y exagerado hasta resultar pasado de rosca e inverosímil (los T-Rex que van y vienen según quieran incluir un descanso o más acción). Para rematar, toma un penoso cariz cómico involuntario con Eddie intentando enganchar la cuerda y cayéndose una y otra vez; sólo le faltó la música de Benny Hill. La escena termina haciéndose bastante pesada, porque parece que no va a terminar nunca.

A mitad del camino viene un giro que promete traer novedades a una proyección repetitiva y poco emocionante. La entrada de los mercenarios, con la persecución a los dinosaurios mientras son presentados por encima, tiene bastante pegada. Encabezados por el cazador experimentado, captado muy bien por un siniestro Pete Postlethwaite, tenemos un repertorio de personajes nuevos bastante intrigante. En seguida te preguntas por qué la película no se centró en este grupo, por qué esta no fue la escena inicial y pasaron la trama (sobrevivir, básicamente) a ellos, prescindiendo de Malcolm y demás, que ahora parecen ajenos a la proyección. Sí, terminan uniéndose, pero el conflicto entre ellos tampoco es muy jugoso, el argumento sigue limitado a la huida. Y me temo que en vez de exprimir su potencial los van ahogando en estereotipos y pronto son puestos en el otro lado del simplón espectro moral de la saga: los avariciosos y poco ecologistas son los malos, y tendrán muertes crueles y graciosas en las fauces de los dinosaurios. El empresario (Arliss Howard) cada minuto que pasa se vuelve más idiota, los mercenarios secundarios son directamente retrasados, e incluso el atractivo líder tiene algún patinazo. Atención al vigilante del perímetro escuchando música con auriculares, o al avezado cazador que se planta delante de la peligrosa presa para disparar, mientras que la protagonista al final, sin tener ni idea de caza, se busca como es lógico un lugar apartado y elevado.

No sorprende que el siguiente gran clímax sea también poco satisfactorio. Repetimos con una persecución de los velocirraptores en un complejo que sólo se diferencia en que está abandonado. De nuevo sin interés por el destino de los personajes, todo se resume en saltos, golpes y rugidos, y el abuso de estos conforma otra escena que termina haciéndose larga y poco atractiva. Los raptores han dejado de ser una amenaza, por peligrosos e inteligentes, para convertirse en unos animales tontos y pesados: parece que cazan por diversión, pues a pesar de la manada de humanos que han cogido en el herbazal persiguen a más por ahí con un ahínco desmedido, tropezándose y chocándose con todo como perros atontados. En cambio, en la tercera y las nuevas entregas vuelven al camino de que son inteligentes, pero se pasan de frenada, pues casi hablan. Si la situación estaba siendo vulgar, termina desbarrando con la hija acróbata derrotando al velocirraptor; ya de por sí la idea es ridícula (una niña de 30 kilos lanzando por los aires 150 de un bicho ágil), pero es que se pone a preparar la acrobacia antes de que el velocirraptor se coloque donde ella apunta… vamos, que ha visto el futuro.

Inesperadamente, cuando parece que la cinta ha terminado, nos ofrecen un nuevo arco argumental. El viaje Estados Unidos con el tiranosaurio no es original (inspirado sin disimulo en King KongMerian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933-) pero en una película tan limitada supone un soplo de aire fresco. El caos en que se sumerge la ciudad es más movidito e interesante que las otras piezas de acción, y aunque la solución no es sorprendente (la cría como cebo se veía venir) hay suficiente tensión como para garantizar un buen escenario. Pero tiene todavía demasiadas carencias que frenan sus posibilidades. Se afea un poco con el destino del último “villano”, el empresario avaricioso que no puede acabar sin su muerte estúpida, y con la incomprensible ausencia de unos de los protagonistas principales, el fotógrafo, pero son minucias al lado de la cagada monumental con que se da pie a esta situación. Resulta que el T-Rex se libera durante el viaje, mata a todos los del barco, incluyendo a los que estaban en la minúscula cabina donde evidentemente no cabe, y luego se mete en la zona de carga y un tipo moribundo lo encierra; y al llegar a puerto todos suben a bordo sin acordarse de su existencia, ¡y se sorprenden de que esté cuando abren las compuertas! No voy a entrar en que el barco no llevara escolta ni tuvieran un plan b en el puerto por si el dinosaurio despertaba, que visto lo visto es pedir demasiada lógica.

El mundo perdido acaba siendo, por muy generoso que fuera su presupuesto y el renombre de sus autores, una serie b cualquiera con ramalazos de cine cutre que se salva por los pelos porque resulta lo justo de entretenida y simpática (aunque a veces esto último sea involuntariamente). Gracias al efecto arrastre obtuvo una taquilla muy buena, pero la decepción del público dura desde entonces, y las siguientes secuelas no hacen sino extender la agonía, porque todos queremos ver una nueva Parque Jurásico pero no dejan de parir tonterías comerciales sin alma.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
-> El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

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Don Jon


Don Jon, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 90 min.
Dirección: Joseph Gordon-Levitt.
Guion: Joseph Gordon-Levitt.
Actores: Joseph Gordon-Levitt, Scarlett Johansson, Julianne Moore, Tony Danza, Glenne Headly, Brie Larson.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: El acertado análisis sobre problemas típicos de las relaciones amorosas. Los actores.
Lo peor: Para ser comedia, le falta gracia, y una vez deducido por dónde va, se ve venir.

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Don Jon es una rara avis en las comedias románticas hollywoodienses. En vez de una historia pueril sostenida sobre los tópicos rancios de siempre, utiliza esos clichés para darlos la vuelta y lanzártelos a la cara con un mensaje contundente. Habla sobre fallos y vicios comunes en muchas personas, arraigados por la sociedad y la educación parental y convertidos en problemas más o menos serios que muchos ni siquiera son capaces de ver.

Jon (el don Juan del título) es un eterno adolescente que sólo piensa en salir de fiesta y follar. Pero su educación machista le hace ver a las mujeres como un objeto, con lo que es incapaz de conectar emocionalmente y el sexo le resulta menos satisfactorio que el porno, al que es adicto. En cuanto conocemos a los progenitores se entiende su forma de ser… y la de gran parte de la sociedad: la falta de educación, cultura, aspiraciones e intereses más allá de sandeces intrascendentales, todo lo cual traspasan a sus hijos. El típico padre machito de gritar en el fútbol y casarse porque debe hacerse, aunque no se ve amor salir de él, la ama de casa que no conoce otra vida que la familia y sueña con idílicas bodas y nietos en vez de tomar la vida por las riendas y perseguir una felicidad real. Y con la hermana se señala hábilmente que el antisocial no tiene por qué ser el rarito inadaptado, sino el único consciente de la mierda que hay en su entorno y prefiere no salpicarse con ella; su breve aportación de sabiduría y sentido común es uno de los mejores momentos de la película.

Finalmente Jon halla su ideal, o sea, una chica de diez en el físico que le da largas de primeras. Barbara es el otro prototipo a ridiculizar, la mujer sin personalidad propia y cuya única motivación en la vida se basa en encontrar marido y anular también su personalidad, o sea, adaptarlo a sus propios gustos y costumbres. Así tenemos clásicos choques por sus distintas e incompatibles formas de ser, las esperables peleas y tropiezos en sus defectos, etc., pero como indicaba no se utilizan para hacer chistes triviales, sino para ir construyendo la crítica a estas formas tan limitadas de ver el mundo, de vivir, de relacionarse. Hay un tono constante de ironía (qué vida más banal llevan, qué simples son), algunos apuntes inteligentes (las escenas cotidianas que van cambiando sutilmente, como el gimnasio o la iglesia), se señala la hipocresía (el ir a misa y confesarse después de la vida disoluta que lleva)…

En resumen, se hace una deconstrucción del tema tratado con bastante agilidad y algo de inteligencia, pero también con sencillez y cercanía, para que el mensaje llegue claro, porque parece que trata de apuntar precisamente al público enquistado en estos comportamientos. Lo que no sé es si este tipo de gente llegará a sentirse identificado e incómodo, porque aquí entramos en el “efecto Dunning-Kruger” que sufre gran parte de la población: el tonto no es consciente de que lo es, no reconoce sus errores, limitaciones y vicios. Pero con que haya unos pocos que acaben reflexionando, la lección de Joseph Gordon-Levitt habrá cumplido su objetivo. Porque sí, él es el guionista y director de esta propuesta. Algunos espectadores dijeron “qué listo es, que se ha montado una comedia chorra para magrearse con una bomba como Scarlett Johansson“, lo cual demuestra mi apreciación.

Sin embargo, aunque la propuesta tiene muchas buenas ideas y momentos divertidos que además hacen pensar, lo cierto es que se queda algo corta, sobre todo como comedia: no resulta tronchante y adictiva como cabía esperar del género, y más viendo su correcto nivel intelectual. También da la sensación de que va a lo básico, quizá por eso de llegar a todos: se centra en una par de situaciones concretas sin atreverse a explorar más, con lo que una vez intuyes hacia dónde apunta se puede ver venir con bastante facilidad. Así, aunque alguno de esos giros predecibles se perdone por su fuerza emocional (el rol Julianne Moore como catalizador de la maduración es muy efectivo), es indudable que le ha faltado un poco más de originalidad y a veces también de mordacidad, con lo que no vendría mal una segunda parte que ahondara en sus muchas posibilidades.

En cuanto a intérpretes, Gordon-Levitt (Looper, Origen, 50/50) está adquiriendo más experiencia y no está mal, aunque siga sin parecerme un buen actor y no entiendo su fama y buena recepción, mientras que Scarlett Johansson capta bien el tono de mimada superficial, pero además el papel de seductora lo clava incluso con sólo la voz, como vimos (oímos) en Her*, así que aquí jugando con su físico está impresionante. Cabe destacar también la breve pero entusiasta labor de quienes encarnan a los padres del protagonista, Tony Danza y Glenne Headly, y la fugaz presencia Brie Larson (la hermana) en otro de sus muchos pequeños papeles antes de conseguir hacerse famosa por La habitación.

Éxito no tuvo mucho, y a mi parecer merece mejor reconocimiento. El póster principal es horrible, con esa forma de meter las críticas como parte del diseño, y el resto son de comedia romántica facilona, con lo que me da la impresión de que no supieron venderla bien.

* Inevitable comparar lo pretenciosa que fue aquella y lo poco que rascó de la temática en comparación con lo que logra la aquí analizada desde un tono más humano y directo.