El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: Juliette Lewis

Días extraños


Strange Days, 1995, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 145 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guion: James Cameron, Jay Cocks.
Actores: Ralph Fiennes, Angela Bassett, Juliette Lewis, Tom Sizemore, Michael Wincott, Vincent D’Onofrio, William Fichtner, Josef Sommer.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: La combinación de cine negro con ciencia-ficción de corte cyberpunk. El tono adulto sin tapujos que explora los vicios del ser humano en un futuro plausible. El enérgico papel de Angela Bassett.
Lo peor: Un poco larga, un poco pagada de sí misma, para que a la hora de la verdad el thriller sea muy clásico y la resolución del complot un tanto rebuscada. El resto del reparto no está a la altura.
La fecha: La fiebre del cambio de milenio al acabar 1999 y entrar el año 2000 fue realmente absurda, porque el milenio empezó el día 1 de 2001.
El gazapo: Se ve claramente el cable que sujeta a un personaje que cae por un balcón.
La frase: Supones que tienes una vida, cuando en realidad traficas con las vidas de otras personas.

* * * * * * * * *

Entre Mentiras arriesgadas (1994) y Titanic (1997) el titán James Cameron se puso a desarrollar una premisa que tenía en mente desde hacía mucho tiempo. Pero no quiso dirigirla, supongo que porque ya estaba inmerso, literalmente, en la recreación del famoso naufragio. Así que fue dejando paso a Kathryn Bigelow, quien fuera su esposa durante menos de tres años a finales de los ochenta. Entre ambos dieron forma a una historia muy del destilo de Cameron. Compleja, realista, con personajes muy humanos aunque la trama esté anclada en un universo de ciencia-ficción. Un tercer colaborador, Jay Cocks, que venía de trabajar con éxito con Martin Scorsese en La edad de la inocencia (1993), adaptó esta premisa al guion final. Bigelow no se llevó crédito como escritora, ni tan siquiera como productora, pero sí se encargó de dirigirla, sin que esté claro cuánto se implicó Cameron durante el rodaje. Tenía ya algunos títulos de acción a cuestas, destacando Lo llaman Bodhi (1991), aunque la fama no le llegó hasta que arrasó en los Oscar con una obra menor pero muy del gusto de la academia, En tierra hostil (2009), y luego con una superior pero tampoco brillante, La noche más oscura (2012). Su mejor cinta por ahora sigue siendo esta Días extraños.

Sin buscarlo, el proyecto llegaba tres años después de los graves líos raciales surgidos en Los Ángeles con el caso Rodney King y se rodó con el juicio de O. J. Simpson en marcha, así que el reflejo social que propone no podía ser más atinado. Corrupción de la policía y de las estrellas, conflicto racial, todo espoleado por la crisis económica, es el ambiente caótico, desesperado y a punto de explotar en el Los Ángeles del fin del milenio que nos presentan. Para evadirse, la nueva droga de moda no es un producto químico, sino una tecnología de realidad virtual que, conectada al cerebro, permite vivir las experiencias grabadas por otros como si fueras ellos. Lenny Nero, un policía venido a menos y expulsado del cuerpo, malvive trapicheando con estos videos, manteniendo una red clientelar según él exquisita. El único objetivo que lo mueve es recuperar a su antigua novia, ahora encaprichada de un agente de artistas que lleva al rapero más famoso del momento.

Como en una buena obra de cine negro, Nero se encontrará sin querer con un complot que le queda grande, jugando con la intriga de si entre toda la confusión conseguirá salir adelante. Me gusta mucho que el protagonista no sea el típico héroe, ya sea porque es presentado así o porque se sobrepone a sus limitaciones iniciales y termina venciendo a los malos (generalmente a tiros), sino que es un pringado obsesionado con sus vicios (ropa pija, clientes, la ex) e incapaz de ver la realidad, y cuando las cosas se joden da tumbos y recibe hostias por todos lados. Sólo consigue empezar a levantarse por la ayuda de sus amigos, otro ex policía, Max Peltier (el mítico secundario Tom Sizemore), la chófer y guardaespaldas Lornette Mason (Angela Bassett), y algún contacto de sus negocios. Esto le da al relato ese toque de realismo propio de Cameron y muy de agradecer en un cine obsesionado con villanos y héroes de cómic.

Los autores se toman las cosas con calma, a sabiendas de que hay que presentar un entorno verosímil y numerosos personajes entrelazados. El primer acto tiene algo del estilo de Paul Verhoeven en Robocop (1987), con información crucial (la historia del rapero) soltada en televisiones y el trasfondo de las escenas. Seguimos a Nero en un día normal, mostrándonos la vida en la ciudad, cómo funciona la tecnología, y conociendo a algunos personajes secundarios relevantes. Es un tramo entretenido, pero puede dar la sensación de que no se termina de concretar nada y quizá alguna parte podría haberse aligerado. Por ejemplo, el viaje con el cliente asiático de Lornette y la pelea de esta con Nero es un relleno innecesario, pues ya había quedado claro la relación entre ambos y ese personaje extra no aporta nada. Eso sí, cuando empieza a torcerse la cosa muchos detalles y otros individuos que han aparecido fugazmente cobran sentido.

Conforme Nero se ve hasta el cuello la también ciudad se degrada. Esa hábil combinación que realza la sensación de desconcierto y peligro además termina siendo crucial, porque el complot amenaza con terminar de hacer saltar todo por los aires. Los protagonistas corren a la desesperada, intentando encontrar alguna respuesta y salida, dando forma a un thriller magnífico que te atrapa y te zarandea tanto como a los personajes.

Pero le falta algo para resultar una obra perfecta. Lo cierto es que termina destacando más por el trasfondo de cyberpunk tan bien trabajado que por la calidad de la intriga criminal. Con el tono de ciencia-ficción y el detallismo en la reconstrucción de los problemas sociales cabe esperar que el noir se aparte también de lo ordinario, pero acaba más o menos como muchas del género. La pareja de policías que representan la corrupción del cuerpo (Vincent D’Onofrio y William Fichtner) no se trabaja tanto como otros personajes, aparecen y desaparecen quizá demasiado a conveniencia de la historia. Cuando enfocan en la fiesta del final a un secundario presentado tiempo atrás, se intuye rápidamente cómo resolverán el caso. El traidor de turno es forzado e inverosímil, lo que puede decepcionar después de tantos aires de grandeza con que han ido narrando el misterio. Ya he citado cierto exceso de metraje. Y también me sobran algunos flashbacks fugaces que aclaran las deducciones de los protagonista, como si tuvieran miedo de que no se entendiera la trama a pesar de apuntar claramente a un público adulto.

Pero no son problemas graves, sino pequeñas limitaciones que frenan un potencial mayor. La única carencia que me parece más destacable es que salvo Angela Bassett, que está espectacular, dura cuando debe serlo y agobiada cuando las cosas se desmadran, el reparto deja bastante que desear. Michael Wincott (Alien Resurrection, 1997) no transmite nada como cabrón desalmado, Sizemore no muestra el buen hacer y carisma de otros muchos papeles (Heat -1995-, por ejemplo), Juliette Lewis como la niñata que va en brazos de quien más la mime cumple en el morbo físico, pero como actriz da más bien lástima. El más importante, Ralph Fiennes, quien dejara muy buenas sensaciones en La lista de Schindler (1993), no convence con un registro muy limitado, es incapaz de mostrar ninguna de las muchas emociones que lo embargan, y si medio funciona es precisamente porque así cumple como panoli.

Bigelow levanta un thriller monumental con aspecto de superproducción a pesar de que el presupuesto fueron unos escasos 40 millones de dólares. Para las escenas del aparato de realidad virtual, con sus planos subjetivos, tuvieron que desarrollar una nueva cámara, pues no había con calidad cinematográfica (35mm) tan pequeñas en esa época. En la parte final se montaron una fiesta de verdad en plena plaza, cobrando entradas para amortizar un poco los gastos, con músicos como Aphex Twin y reservando un hotel entero.

Ese escenario grandilocuente disimula un poco los breves patinazos del guion en el desenlace. La celebración que representa el fin del milenio es espectacular, y la directora saca mucha tensión de las peleas, sobre todo la que ocurre en plena plaza con los policías corruptos. Su pulso enérgico y la buena fotografía sólo se ven empañados por un montaje precipitado en algunos momentos. Quizá quería dar ritmo a una película densa y larga, pero resulta un poco agobiante a veces. La música original tampoco es destacable, pero hay buenas canciones amenizando los ambientes de clubes y fiestas.

A pesar de su calidad, Días extraños fue un fracaso sonado y dejó el limbo la carrera de Bigelow, que tuvo que pasar por televisión (la serie Homicidio -1993-) para poder volver a recuperar la confianza de los estudios… que fueron en parte culpable del poco éxito: no sabían qué tenían entre manos y no le dieron publicidad. Parece otro caso de miedo a la ciencia-ficción, y más si es oscura y adulta, y eso a pesar de la carrera y fama de James Cameron, cuyo nombre encabezando los anuncios sin duda habría llenado las salas.

Anuncios