El Criticón

Opinión de cine y música

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Thor: Ragnarok


Thor: Ragnarok, 2017, EE.UU.
Género: Superhéroes, acción.
Duración: 130 min.
Dirección: Taika Waititi.
Guion: Eric Pearson, Craig Kyle, Christopher Yost; Jack Kirby, Larry Lieber, Stan Lee (cómic).
Actores: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Mark Ruffalo, Idris Elba, Tessa Thompson, Jeff Goldblum, Cate Blanchett, Karl Urban, Anthony Hopkins, Benedict Cumberbatch, Rachel House.
Música: Mark Mothersbaugh.

Valoración:
Lo mejor: El ingenioso guion (fantástico el tono tragicómico), la excelente puesta en escena (dirección, efectos especiales, vestuario, música), el carisma de los actores.
Lo peor: Que por tener mucho humor algunos la tilden de “comedia tonta”, ignorando o siendo incapaces de ver su inteligencia y mala leche.

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Alerta de spoilers: Sólo describo algunas cosas generales de la trama, pero si quieres verla sin saber nada (ni lo que revelaban en los tráileres, que para mí es más de la cuenta) quizá sea mejor no leerme.–

Es complicado enfrentarse a un obra de superhéroes sin que la fantasía y los efectos especiales engullan la humanidad del personaje y la verosimilitud de la historia. Aunque la serie Marvel de Disney empezó con buen pie con Iron Man, el traspiés de El increíble Hulk (ya olvidada convenientemente por todos) volvió a sembrar dudas: ¿y si a pesar del potencial se sigue poniendo más empeño en los fuegos artificiales que en trabajarse adecuadamente los guiones y los protagonistas? Por ello el primer capítulo de Thor se esperaba con inquietud entre los seguidores, más teniendo en cuenta su temática de dioses, planetas y ciudades muy imaginativos. Pero acertaron bastante con su tono ligero, huyendo de pretenciosas intrigas de la corte y descomunales guerras entre dioses que tenían todas las de salirse de madre para centrarse en una aventura más terrenal, más humana: un par de jóvenes inmaduros (Thor y Loki) embarcados en una aventura de crecimiento y aceptación de la responsabilidad no por predecible menos entretenida. La segunda parte siguió por el mismo camino, y aunque se frivolizó más de la cuenta con algunos personajes secundarios, volvió a salir bastante bien la jugada.

Para la tercera entrega han decidido no arriesgarse y seguir por la misma tónica. El resultado supera las expectativas, mostrando la madurez de la serie y la capacidad de sus autores para seguir arañando historias de cómics sin caer en la vergüenza ajena ni estancarse en estereotipos. Pero, para mi sorpresa, hay un buen número de fanáticos que se lamentan de que no haya habido un giro hacia una épica más trágica y oscura. Argumentan que la saga de Los Vengadores está en pleno punto álgido tras vivir la guerra civil y estar a punto de lanzarse hacia el conflicto galáctico con Thanos, y sobre todo que este capítulo versa sobre el Ragnarok, la profecía del fin de Asgard. Aunque se pueda divagar y teorizar sobre alternativas, al final hay que ser objetivos y calificar la película por lo que ofrece, no por lo que se quisiera que fuera. Además, si la línea de este superhéroe funcionaba bien así, ¿para qué cambiar? En la saga DC (El hombre de acero, Batman vs. Superman, Wonder Woman, Escuadrón suicida y La liga de la justicia) van de oscuros y serios y precisamente caen una y otra vez en el desastre que con habilidad evitan en Thor: forzar un aura seria que resulta muy impostada y fría, y aferrarse a los clichés del héroe correspondiente y el género sin ser capaces tan siquiera de dejar que los personajes respiren, cobren vida propia.

Para retratar con un realismo dramático profundo la vida en el planeta Sakaar habría que inclinarse por la ciencia-ficción intelectual y compleja a lo Blade Runner 2049, lo que sin duda implicaría un tono serio y reflexivo que no pega en esta serie. La odisea de Thor en modo de dramón intenso tampoco encaja, lo mire por donde lo mire; es de tipo mitológico, ha de tener un estilo aventurero, el crecimiento y las moralejas tienen que emerger de algo más emocionante que siniestro. Y desde luego no veo forma de abordar la lucha de titanes como Thor, Loki y Hela con un estilo grave y trascendental sin provocar risa involuntaria, como ocurrió con la esperada batalla de Batman vs. Superman o el lastimero desenlace de Wonder Woman; por lo pronto, para hacer tangible y verosímil a Hela requería un desarrollo como el de Loki, con mucho protagonismo e incluso varias películas a cuestas, y no había necesidad, es únicamente el objeto de la trama, el macguffin que hace mover a los demás personajes, así que la confrontación ha de limitarse a acción comiquera, cualquier otra cosa es desviarse y perder el tiempo.

Precisamente resulta que lo mejor de Thor: Ragnarok es su desatado sentido del humor, que algunos no han sido capaces de entender del todo (o nada). No son chistes tontos, ni una forma facilona de complacer al espectador, y eso a pesar de que como es obvio la película tiene que ser entretenida y gustar a todos. Estos chistes son la esencia misma del relato. Cuando Thor cree haber madurado se encuentra con una situación que le viene muy grande, nada más y nada menos que la realización inminente de la profecía que señala la destrucción de su mundo natal. Y por si fuera poco ha de plantar cara con menos armas que nunca: exiliado, vencido, sin amigos ni aliados. Todo su desconcierto, sus miedos, sus problemas y los esfuerzos fallidos se plasman con un sentido del humor inteligente y gamberro como pocas veces se ha visto en una comedia del Hollywood contemporáneo. Cada gracia, por absurda que parezca, lleva detrás el peso de toda esa situación, con lo que posee varias capas de ironía y drama, de forma que te ríes de muchas formas: por lo delirante de la situación, por los desgraciados que viven en ella, por el viaje caótico y desesperanzado de Thor… Y a la vez compartes el dolor del protagonista y eres consciente de la toda la miseria y penurias que lo rodean. ¿Qué necesidad había de regodearse en un forzado drama personal, sabiendo desde el principio que Thor saldría airoso? Mucho mejor es que nos lleven a una montaña rusa de emociones con una tragicomedia ingeniosa, que ofrezcan una perspectiva mordaz, original, impredecible.

La cinta resultante es espectacular, una locura que sólo flojea en unos pocos detalles, ninguno especialmente grave. El principal lastre es el rol de Karl Urban, Skurge, inerte y aburrido a pesar de tanta presencia; para ello que le hubieran dado más protagonismo a los colegas de Thor, que son despachados repentinamente de mala manera después de haber tenido muy poca presencia en las entregas previas. También es evidente que la proyección pierde fuelle e ingenio en el desenlace, donde no logran aportar situaciones y chistes que aderecen típica batalla final; por ejemplo, estaba claro que Banner se estamparía contra el suelo. Además, el salto de Sakaar a Asgard es un tanto brusco.

El ritmo es impecable, la combinación de acción, humor y desarrollo de personajes casi alcanza el nivel extraordinario de Guardianes de la galaxia 1 y 2. No había visto ni un tráiler, ni una fotografía y reportaje (como es habitual, más reveladores de la cuenta), y me ha sorprendido en numerosas ocasiones. No concebía que el glamuroso Thor acabase en un planeta vertedero, y aunque intuyera que cumpliría con su destino casi toda su aventura mantiene bien la incertidumbre hasta el tramo final. Y por si fuera poco, este desconcierto se exprime a lo grande con ese punto delirante y estresante que emerge tan bien del sentido del humor. En cuanto a los protagonistas, ya teníamos asegurado el carisma de los principales (Thor –Chris Hemsworth-, Loki –Tom Hiddleston-, Heimdall –Idris Elba-), a los que sumamos la inesperada presencia de Hulk/Banner (Mark Ruffalo), que se gana su hueco a pesar de ser una epopeya centrada en Thor y su pueblo. Y los secundarios, exceptuando ese pegote fallido de Skurge, dejan muy buenas impresiones también. Valkyrie por definición tiene un recorrido predecible, pero se trabaja bien y la actriz Tessa Thompson es competente, así que se conecta con ella bastante bien. El Gran Maestro resulta inquietante y gracioso a la vez, algo difícil de lograr tanto desde el guion como en la interpretación, y no fallan en ninguna de las dos; Jeff Goldblum de hecho está fantástico. Y como indicaba, Hela funciona bien como villana sin más objetivo que ser la catalizadora de la historia de los protagonistas, amén de que Cate Blanchett como siempre está estupenda. Aparte queda el Doctor Strange (Benedict Cumberbatch), cuya presencia no se entiende muy bien, aunque su escena es simpática.

La puesta en escena es impecable, la labor del desconocido (pero no novato) Taika Waititi es muy sólida, y se apoya muy bien (sin dejarse eclipsar) en una dirección artística, decorados, vestuario y efectos especiales inconmensurables. Aunque ya difícilmente puedan sorprender en lo visual, desde luego hay muchos ejemplos en recientes superproducciones de que se puede hacer mal: la cutrez incomprensible de la saga DC o La gran muralla son los mejores ejemplos. Donde sí hay cierto riesgo es en la banda sonora: el también desconocido compositor Mark Mothersbaugh consigue una música electrónica ochentera vibrante a la vez que juega con el homenaje a la época muy bien. Es cierto que con Guardianes de la galaxia (y con Stranger Things si nos vamos a la televisión) la valía de lo retro ha quedado bien probada, pero bien podía haber salido mal. De hecho, la inclusión en repetidas ocasiones de un tema de Led Zeppelin, rock duro de los años setenta, desentona bastante.

Thor: Ragnarok ambiciona y ofrece prácticamente lo que exige el género, el argumento, los personajes y la trayectoria de la serie (¿cómo no iba a acercarse a Guardianes de la galaxia si se están uniendo las tramas?). Esto no es El Caballero Oscuro, ni Logan. Es Los Vengadores. Quien quiera ver otra película que se la busque, pero que no se ponga a llorar diciendo que la presente es mala porque no es lo que quería. Con ese llanto infantil muchos son incapaces de ver que Thor: Ragnarok es mucho más inteligente de lo que parece a simple vista, que su calidad y personalidad elevan el listón más allá de lo esperado. Espero que con el tiempo lo vean. Estoy convencido de que ganará reconocimiento con los años.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
-> Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Star Trek: Más allá


Star Trek Beyond, 2016, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: Justin Lin.
Guion: Simon Pegg, Doug Jung.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Karl Urban, Simon Pegg, Zoe Saldana, John Cho, Anton Yelchin, Idris Elba, Sofia Boutella, Joe Taslim, Lydia Wilson.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Ligera mejora en el dibujo de los personajes y el desarrollo de la trama. Un acabado visual (dirección, efectos especiales) inconmensurable.
Lo peor: Agujeros de guion y estupideces incontables frenan su seriedad, coherencia y potencial.
Mejores momentos: El ataque al Enterprise y los primeros pasos por el planeta.
El plano: El platillo cayendo por la atmósfera.
El idioma: Tengo que agradecer por fin que no todas las malditas especies del universo hablen inglés, como ocurría en la series.
La duda: ¿El brindis en una de las primeras escenas es por el padre de Kirk o una forma de meter el homenaje al fallecido Anton Yelchin (Chekov)? Porque parece lo segundo pero el actor está presente en toda la película. Leonard Nimoy tiene su propio homenaje.

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Tercera entrega de la reinvención comercial de la saga Star Trek. Es la única digna de las tres (I y II), aunque deja la sensación de que con pocas mejoras podría haber realmente una buena película. Y eso que todas las entregas repiten el mismo esquema: tipo chungo amenaza a la Federación, sólo el Enterprise parece estar ahí para oponérsele, y los personajes siguen más o menos el mismo patrón. En los filmes de la tripulación original y la nueva generación cada historia era completamente distinta, y en general hasta los títulos más flojos tenían al menos personalidad. Pero sí, en la presente casi se ven personajes de calidad, casi se recupera la esencia de la serie, casi tenemos una superproducción que poder recordar con agrado en el futuro. Pero hay una pugna constante entre el buen hacer y la decepcionante concepción del cine de acción contemporáneo que siguen con tanto empeño en Hollywood: los personajes han de ser esbozos superficiales y reconocibles únicamente por estereotipos, el humor mejor infantil y directo, la trama debe desarrollarse de la forma más básica posible y tirando de clichés de supuesta eficacia comprobada, y todo estos elementos han de estar supeditados a los fuegos artificiales. El resultado, una obra bastante prometedora pero lastrada por exageraciones visuales innecesarias y por infinidad de fisuras o directamente agujeros monumentales en su escritura. Una caótica montaña rusa que pasa de lo intenso y espectacular a lo frío y estúpido en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque no tuvieran una evolución concreta en los dos capítulos previos, de hecho ni ofrecían una personalidad a la que aferrarse, aquí nos presentan a los personajes en un punto de inflexión de sus vidas: han sufrido mucho en la misión de exploración de cinco años y quieren cambiar de aires. A buenas horas van a darles algo dimensión, y encima llegando a un punto clave sin una transición adecuada, pero bueno, aceptamos el repentino cambio si eso va a ofrecer algo de profundidad y recorrido emocional. A la larga no se materializa en unos caracteres atractivos que enganchen con fuerza, de hecho la maduración final es muy predecible, pero al menos durante la situación actual tenemos algo con lo que conectar, algo que explique por qué hacen determinadas cosas, y no que ocurran estas sin más, como suele darse demasiado en esta cansina visión simplificada del género. Recordemos cómo en la primera parte todo iba cayéndoles encima sin orden ni concierto, y avanzaban sin mostrar unas intenciones y esfuerzos concretos.

Spock busca a Uhura por amor, y el pasado y presente de su pueblo pesa en sus decisiones. Scotty no se amilana ante nada. Bones refunfuña pero hace su trabajo como debe. Kirk va dejando de lado su independencia e inmadurez y abrazando los valores de la Federación. Y tanto sus personas como este sistema político y social son puestos a prueba con las motivaciones y planes del villano, simples pero al menos con sentido. De esta manera, en combinación con un apartado visual de primer orden, el segmento central, con la batalla que deja a los tripulantes varados y separados unos de otros y los esfuerzos por sobrevivir y reencontrarse, ofrece una aventura que te mantiene agarrado a la butaca, disfrutando de unas odisea excitante pero también algo interesado por el porvenir de los protagonistas. Si es que incluso hay algunos diálogos con una pizca de ingenio, sobre todo por parte de Bones.

Pero no es suficiente, en general sigue sabiendo a poco, tanto porque no terminan de explotar del todo a los roles principales (Kirk continúa quedándose un tanto por debajo de Bones, Scotty y Spock) como porque no logran un grupo de secundarios con una mínima dimensión e interés. Qué difícil es hoy en día ver películas con muchos personajes carismáticos, en la línea de la magistral Mad Max: Furia en la carretera. Chekov y Sulu no tienen personalidades concretas. Uhura obedece a la tendencia del momento, el feminismo forzado: hoy en día hay que tener una mujer independiente y capaz, y esto lo entienden muchos como que debe soltar hostias como panes, así que vemos una oficial de comunicaciones que parece una soldado experta en el cuerpo a cuerpo. Otros estereotipos, estos más viejos, aparecen con las tres nuevas secundarias, pues se sabe exactamente cuál es su posición en el relato desde el primer momento: quién será la traidora, cuál la que morirá pronto, y cuál la que busca venganza. Por extensión, se ve venir de lejos cuándo veremos el enfrentamiento a puños de turno, tanto la venganza de aquella con el malo de segundo nivel como la lucha final entre Kirk y el malo principal. Este villano además recuerda demasiado al pseudo Khan del capítulo anterior, aunque sea más interesante. Y finalmente, la maduración final de las figuras principales es como decía muy previsible después de los prometedores pasos iniciales. ¿De verdad el conflicto interno no podía terminar de una forma más inteligente o al menos sutil? También tenemos alguna explicación tonta para espectadores tontos, como decir qué está haciendo el malo al lanzarse con los cristales, cuando es obvio, o traducir las conversaciones supuestamente complicadas con sentencias cortas que además están salpicadas de fallidos toques de humor.

Estas limitaciones se van disimulando aceptablemente bien porque el acabado visual sí da la talla y realza mucho la fuerza del relato. Y es que esta entrega es realmente deslumbrante, ofreciendo un título taquillero digno de ver. Como indicaba, el punto álgido, el combate espacial, corta la respiración con secuencias impresionantes, algunos planos épicos y otros incluso con cierta bella (la caída del platillo), pero el resto del metraje mantiene el ritmo entre intenso y trepidante muy bien. En el primer capítulo se quedaban cortos en la recreación del Enterprise a pesar de tener tanta relevancia; en el segundo mejoraban ese aspecto y seguían subiendo el listón con los mundos y ciudades; pero aquí alcanzan un nivel impresionante, rivalizando codo con codo con las sagas reinas de los despliegues de efectos especiales y destrucciones de ciudades y mundos, Transformers y Los Vengadores. Ahora sí que vemos la nave en todo su esplendor: saltamos entre pasillos y cubiertas recreados con una indudablemente difícil combinación de decorados enormes y detallados, maquinaria imponente (donde exprimen la técnica de girar pasillos de Origen; los “cómo se hizo” son dignos de ver) y efectos por ordenador de primer orden. A esto hay que sumar el excelente trabajo realizado también con los mundos imaginarios y la gran base espacial (aunque se pueden localizar edificios conocidos, supongo que por ahorrar esfuerzo y costes), donde se ve que quedaron tan contentos con el resultado que se permiten unos cuantos planos para vacilar, de los que no me voy a quejar.

Justin Lin (serie A todo gas/Fast and Furious) maneja esta colosal superproducción con una habilidad y determinación encomiables, hasta el punto de que su labor resulta más madura y efectiva que la de J. J. Abrams. Con una visión más seria y sólida, sin efectos de lucecitas innecesarios (lens flare los llamaban), con menos ajetreo de cámara y aun así con un ritmo más vibrante. Viendo El despertar de la Fuerza quedó claro que Abrams es capaz de mucho más, pero en la presente saga le dio por experimentar y no le salió bien. Cabe destacar también que la banda sonora de Michael Giacchino tiene más pegada y más sentimiento que sus trabajos previos, que me resultaron algo apagados en el drama y repetitivos en la acción. Los actores, como es esperable con el paso del tiempo, están más cómodos en sus papeles, aunque los únicos que destacan como buenos intérpretes son Karl Urban de nuevo y ahora que tiene un rol menos bobo e histriónico también Simon Pegg.

En pocas palabras, se ve la semilla de una buena película de acción y ciencia-ficción… Pero como decía, en aras de abrazar esa obsesión con simplificar, idiotizar, llenar de clichés y abusar de lo visual, poco a poco se van abriendo grietas, apareciendo muchos agujeros de guion, situaciones inverosímiles o poco trabajadas que van frenando su potencial. Algún desliz o falta de esfuerzo se podría pasar por alto si el conjunto tuviera más coherencia, pero son tantos, y algunos de ellos bastante graves, que te pueden estropear el disfrute de una cinta que apuntaba algo más alto pero se queda en un entretenimiento irregular.

Alerta de spoilers: A partir de aquí revelo todo detalladamente, incluyendo el final.–

-La continuidad les importa bien poco con tal de lucir el dinero. Kirk y otros llegan al planeta con lo puesto pero repentinamente aparecen con unos trajes muy vistosos.
-Por qué lo llaman nebulosa si es un planeta rodeado de asteroides, que como es habitual en el cine están imposiblemente pegaditos cuando en realidad los separarían cientos de miles de kilómetros.
-¿Me tengo que creer que un ascensor está preparado para resistir en el espacio?
-¿Cómo expulsan Bones y Spock a los tripulantes de los cazas sin salir despedidos también y sin asfixiarse ni sufrir descompresión?
-¿Con todas las brechas que abren los enemigos en el Enterprise no hay más situaciones de descompresión (sólo se ven un par)? Qué bien se encajan las naves al embestir, oye.
-En el platillo estrellado Chekov tarda como cinco segundos en escuchar la llamada de la traidora, rastrearla, encontrar el lugar de difícil acceso donde la está liando y salvar a Kirk.
-Qué casualidad que el humo que se solidifica les cubra todo a Kirk y Chekov menos la cara, para que así puedan seguir respirando.
-Hablan de una tal Kalara en cierto momento… Es la traidora, pero se olvidan de presentar su nombre antes, así que tienes que hacer malabares para adivinar a quién se refieren.
-¿Pero cómo tiene la nave obsoleta (el Franklin) datos sobre la estación nueva, y cómo ponen un mapa de ella en pantalla en menos de un segundo?
-¿Por qué las naves el enjambre estallan cuando tienen problemas de comunicación? ¡Y estallan todas menos las que pilotan los protagonistas! La música es mala, pero no para tanto.
-¿Cómo sabe Bones de qué plaza le habla Kirk, y cómo calculan el tiempo para llegar todos justo en el momento clave?
-No se explica por qué Krall tiene ese careto alienígena. Es una excusa muy tramposa para forzar la pseudo sorpresa final, porque estaba claro quién era desde la mitad de la película.

En cuanto a la manía de ir a lo más exagerado, toda escena se lleva al límite, las cosas se resuelven en el último momento tras un esfuerzo y una dificultad imposibles. Esto genera muchos momentos en los que la lógica e incluso la coherencia interna se dejan de lado, lo que al fin y al cabo son también agujeros de guion:
-Otra vez tenemos la gravedad cambiante de la nave. No puedes pasarte por el forro las propias reglas expuestas para este universo sólo porque ahora quieres una escena molona. Si nos dices que el Enterprise puede pegarse unas aceleraciones increíbles (la salida del puerto espacial) sin afectar a la tripulación, luego no me puedo creer que en un par de giros en el combate la tripulación salga despedida por todas partes. Así, las escenas de gente corriendo tambaleándose o por las paredes pierden bastante verosimilitud. Para colmo, resulta que después de todo, cuando están en caída libre hacia el planeta no flotan, ¡todos andan sin problemas!
-Pero hay más lío con las fuerzas absurdas: “Tenemos que estar en velocidad terminal para que los impulsores funcionen”. ¿Perdona? ¿Quieres activar los impulsores cuando más fuerza en sentido contrario tendrán? Muy lógico sí. Y no se queda ahí la cosa, porque mientras están en caída libre los tripulantes no se pegan al asiento, ¡sino que otra fuerza misteriosa los empuja hacia adelante!
-Scotty y el barranco… ¿No era suficiente con la escapa por los pelos del abordaje, la caída aparatosa entre rocas y el estrellarse?
-¿De verdad hacía falta el salto de Kirk con la moto para atrapar a la muchacha de chiripa? La propia secuencia al completo es demasiado exagerada, y además es el único momento donde la puesta en escena no da la talla, pues el plano de la moto corriendo entre riscos canta un montón.
-El despegue del Franklin… ¿De verdad hay que forzar tanto la cosa? Ya he comentado la malaciencia de la caída suicida, pero no les bastaba, necesitaban algo más desmedido todavía: la nave rozándose con todas las montañas sin sufrir daños, el cutre amago con que se han estampado en el suelo… Pero es que hasta rompen la realidad que acaban de exponer: no es una nave hecha para volar en la atmósfera, dicen… ¡y luego encienden un montón motores de despegue! En fin, un despropósito que sólo obedece a la manía de buscar espectáculo porque sí.
-Para qué quiere el malo un arma potente pero tan difícil de encontrar cuando tiene una fenomenal en sus manos, un enjambre de por lo menos un millón de naves súper destructivas y el doble de soldados (¿de dónde los ha sacado, pero cuánta gente se ha estrellado ahí?). Sólo con esas podía haber dañado bien a la Federación si no hubiera superhéroes como Kirk de por medio, a tenor de su efectividad. Pero noooo, tiene que ir dentro, a un sitio remoto y donde oooh, llegue únicamente Kirk, porque nadie más se dirige hacia allí para detener una amenaza tan grande. Querían un malo con un plan muy concreto pero también un ejército asombroso, y acabar en el típico encuentro a tortas entre él y el prota. ¿Que no hay manera de que encaje todo junto? Da igual, el espectador de hoy en día no piensa ni se queja ante carencias narrativos descaradas.

De esta manera en el tercer acto, como ocurrió con En la oscuridad, la cinta se derrumba por completo. Las buenas formas, ya heridas, se rematan con un inane desfile de efectos especiales. Hay que hacer demasiados saltos de fe para aceptar lo que se ve. El problema más destacable de hecho supone un agujero de guion demencial, de los más grandes, absurdos e imperdonables que he visto en una película. ¿Pero por qué demonios la Federación envía como nave de rescate una base civil, es que no tiene más navíos? Vaya forma injustificada de poner en peligros desconocidos a una población civil numerosa, población a la que no sé cómo se les ocurre vivir ahí sabiendo lo que les espera. Pero si esa parida no te echa para atrás, el resto no da mucho más de sí, todo clichés y tonterías. La peleílla final a tortas en plan videojuego ya la hemos visto en entregas previas, que luzca más visualmente es lo de menos si se abandona todo intento de conexión emocional e incluso de argumento digno, pues en vez de buscar eso se inclinan por tonterías alucinantes: Scotty tomando los mandos de la estación, las palanquitas que se enganchan en el momento justo y se desenganchan igual, los protas llegando y siendo salvados también en el ultimísimo momento. Y que me expliquen qué es esa habitación acristalada y ese colector espacial gigante. ¿Cómo voy a implicarme si cada nueva escena tiene elementos sacados de la manga repentinamente?

Entre tanta sandez y las innecesariamente ostentosas escenas de acción queda un desenlace muy frío a pesar del acoso constante de ruido e imágenes. Comparemos por ejemplo con el desarrollo del tramo central: las acciones de los personajes son las que mueven la narración, y la combinación de todas sus capacidades e ideas es lo que resuelve la situación. En el final meten la tecnojerga surrealista (que también abundaba en las series, eso sí) que resuelve todo en un giro facilón: la estulta escenita de la música que mágicamente hace explotar las naves enemigas. Y no, no me vale que cada personaje diga una frase de la solución en plan teatrero, como si esa parida implicara que han trabajado todos juntos. Aparte, el epílogo cumple con lo justo sin aportar nada que no fuera predecible, nada ingenioso, pero hay que decir que el time lapse de la construcción de la nueva Enterprise es muy bonito. Eso sí, no sé cómo le siguen dando naves a Kirk si en cada misión acaban destruidas.

Star Trek (2009):
Star Trek (2009)
Star Trek: En la oscuridad (2013)
-> Star Trek: Más allá (2016)

Riddick


Riddick, 2013, EE.UU.
Género: Acción, aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: David Twohy.
Guion: David Twohy.
Actores: Vin Diesel, Katee Sackhoff, Jordi Mollá, Matt Nable, Dave Bautista, Bokeem Woodbine, Raoul Trujillo, Nolan Gerard Funk, Karl Urban.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual, con efectos especiales bien usados a pesar del escaso presupuesto. Personajes, diálogos y situaciones emocionantes y divertidas en cantidad: es una aventura muy entretenida.
Lo peor: Algún altibajo en el ritmo, sobre todo los forzados por la inclusión de la trama Necromonger.
El gazapo: Vaako dice haber conocido gente del pueblo de Riddick con los mismos ojos, cuando sabemos que él se los puso así por voluntad propia.
La frase:
-No me gusta esta tendencia. Dos muertos, un desaparecido.
-Exacto. Tres muertos.
-Pues miradlo así, muchachos: ahora cabemos todos en una nave.

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Alerta de spoilers: Puede haber ligeros spoilers relativos al argumento, pero no revelo sorpresas y muertes clave.–

David Twohy vuelve a los orígenes, a la esencia de Pitch Black, tras el desastroso universo que se inventó en la secuela Las crónicas de Riddick, donde nos mostraba una historia que nada tenía que ver con la inicial, ni en estilo (cambia la aventura de supervivencia por una intriga palaciega), ni en alcance (era bastante ambiciosa, aunque fallara estrepitosamente), ni en aspecto visual (surrealista orgía gótica la de los Necromongers). Riddick es la que debería haber sido la segunda parte, porque era el movimiento más lógico, lo que todo el mundo esperaba, lo que ponía el personaje de Riddick en bandeja: una aventura de supervivencia en clave de ciencia-ficción (planetas hostiles, alienígenas terroríficos) y con peleas entre mercenarios.

El relato se divide en tres capítulos (la parte Necromonger la dejo aparte): la adaptación de Riddick al planeta, la lucha contra los mercenarios y el cambio de juego que fuerza la llegada de las criaturas. El primer segmento es lento, pero la odisea de Riddick por mantenerse con vida en un entorno desconocido mantiene el interés constante. El paisaje árido está muy logrado, los líos con los distintos animales mantiene la expectación e intriga, y el cómo responderá el personaje a cada situación ofrece una aventura de supervivencia sencilla pero atractiva. Y el alien-perro que se agencia como mascota es un puntazo, además de un gran guiño a la segunda entrega. Lo más cercano que recuerdo en estilo sería Enemigo mío (Wolfgang Petersen, 1985), porque After Earth es un truñete, así que se agradece que los fans de la ciencia-ficción tengamos por fin una película decentilla de aventuras espaciales.

El segundo tramo es el más largo e importante. Riddick atrae a los mercenarios como único método que ve para salir del planeta, ahora que estima que la amenaza de las lluvias promete despertar a los monstruos que yacen latentes bajo tierra. Sí, es descarado que se cambia la aparición de criaturas en la oscuridad vista en Pitch Black por la aparición con las lluvias (que además también traen oscuridad), pero es un punto de partida en común, el resto se parece bien poco. La llegada de los cazarrecompensas cambia la situación del protagonista: ahora el enemigo son los hombres. O más bien lo es él mismo para ellos, porque su objetivo es matarlos para hacerse con una de las naves. Aquí brilla de nuevo uno de los aspectos que destacó en la primera película: un grupo de personajes sólido y atractivo. Cada mercenario, aun los muy secundarios, tiene su forma de ser definida hábilmente en pocos minutos, y la dinámica que mantienen entre ellos es excelente.

Jordi Mollá es Santana, el líder del grupo más pendenciero, una serie de brutos y despojos de la sociedad. Como suele pasar, esconde tras su fachada de matón inseguridad y miedos en cantidad, y si se mantiene en el mando es porque sus hombres son aún menos inteligentes que él. Mollá está correcto como patán desalmado, sobre todo cuando empieza a hundirse y perder liderazgo, porque cuando llega un grupo bien organizado, unos mercenarios que podríamos llamar profesionales, y ven el panorama, no tardan en imponer su autoridad. Matt Nable como Johns muestra bien ese aire de hombre curtido y seguro de sí mismo que va cambiando la situación sutil y ágilmente para su beneficio. Lo secunda una dura pero también espabilada Dahl, que hace de Santana su mascota de forma tronchante. Su intérprete, Kate Shackoff, me ha sorprendido gratamente, pues en Battlestar Galactica haciendo de Starbuck me pareció una actriz limitadísima, mientras que aquí está pletórica, mostrando un cinismo genial: suyas son las mejores frases y algunas de las escenas más divertidas.

Hablando diversión, esta abunda en este tramo intermedio, que hace gala de un humor gamberro excelente. Entre las escenas de acción y los cazarrecompensas cayendo poco a poco ante los envites de Riddick hay no pocas escenas, instantes y diálogos muy graciosos: la incompetencia, las puñaladas, las bromas o las situaciones donde Riddick acojona al personal provocan una grata sonrisa cada dos por tres. El único desliz es que hay una escena donde este tono se lleva al extremo y cae directamente en la auto parodia fallida, casi en el cine cutre: la muerte “en cinco segundos” es irrisoria, por rebuscada y exagerada.

En el segmento final aparecen los monstruos para hostigar y eliminar a los supervivientes. Lo de un grupo aislado muriendo en fila no es nuevo, ni lo era en Pitch Black, pero es una parte breve y bien usada. Las últimas pugnas de lealtad y las últimas traiciones realizadas por desesperación para sobrevivir mantienen el interés alto a pesar de tener algún momento tremendamente previsible; por ejemplo es obvio que Riddick será rescatado en los momentos finales.

En la puesta en escena Twohy también recupera la esencia de Pitch Black. Con poco presupuesto se monta una película sencilla pero donde aprovecha al máximo lo que tiene. El planeta está recreado magistralmente, trasladándonos muy bien a un entorno original e inquietante: la reconstrucción del escenario alienígena resulta fantástica gracias a los decorados, pantallas de fondo y al uso de filtros. Las criaturas digitales cumplen de sobra. Las naves no deslumbran pero ya no son esperpentos ni cantan a efecto barato (salvo las de los necros que vuelven a aparecer, que obviamente siguen siendo feísimas). Y sobre todo, la dirección es más comedida, pues Twohy no fuerza una fotografía llena de malabares absurdos como en Las crónicas de Riddick y también controla mucho mejor las escenas de acción. Además, la música de Graeme Revell, aparte de recuperar el tema original, apoya a las imágenes muy bien en todo momento. No me olvido de citar a Vin Diesel, cuya presencia y voz son la esencia de Riddick, porque todo sea dicho, no es un personaje que requiera un papel complejo. Lo que sí puedo criticar es que se exagera de nuevo con sus capacidades: tanto la fuerza como la resistencia a heridas graves (se lleva unas pocas) roza lo inverosímil en más ocasiones de las debidas: ¿pero con cuántos agujeros en el torso acaba este hombre?

El único problema de Riddick, y es importante, es que la sombra de Las crónicas de Riddick la alcanza. Su nefasta existencia mancha esta entrega, porque Twohy no se arriesga a hacer un reset que la relegue al olvido, algo que, justo es decir, sería arriesgado, porque dejaría cuestiones abiertas. Está obligado a enlazar con esa segunda parte, y aunque lo reduce al máximo tenemos que aguantar un prólogo (sabiamente insertado mediante un flashback después de mostrarnos brevemente que volvemos a los orígenes de la saga) y un epilogo dedicados a exponer como Riddick deja a los necros primero y vuelve a por venganza al final. Como la trama del subuniverso era incomprensible y las disputas por el trono simplonas, estos recesos aportan bien poco salvo confusión y desinterés, dejando muchas preguntas en el aire. Por qué Riddick, un tipo solitario, se queda dirigiendo a una raza que no le gusta y rodeado de gente de la que desconfía, expuesto a conspiraciones que ponen su vida en peligro; nadie lo quiere ahí, lo tiene fácil para hacer un pacto con Vaako (Karl Urban en una brevísima aparición) para cederle su puesto a cambio de una pequeña nave. Con esa lógica, el intento de asesinato está un poco cogido por los pelos: ¿por qué arriesgarse a tenerlo en contra con lo fácil que es dejarlo ir? Lo justifican medio de pasada diciendo que el tipo de la cara marcada lo hace por su cuenta por ser un fanático religioso, pero no queda muy bien. Y el retorno en busca de retribución por esa traición es realmente anticlimático: ¿Vaako se ha ido al subuniverso? Pues vale… ¿y qué es, qué busca allí, dónde está, cómo ha ido, etc.? Casi dan ganas de editar uno mismo el filme eliminando esos veinte minutos innecesarios.

Ante este panorama me ha costado elegir qué nota darle, porque exceptuando ese lastre Riddick cumple de sobras con su propósito. Es una serie b entretenida y vistosa que conoce sus limitaciones y objetivos. Tenemos un puñado de personajes muy atractivos, encabezados por el fascinante Riddick, frases fantásticas por doquier, escenas de aventura y acción más que correctas, un ritmo bastante bueno, una gran ambientación lograda con pocos recursos… Pero esas dos escenas desvían el interés y el ritmo demasiado, y alargan el final bastante más de la cuenta. Aun así, la he visto dos veces y la he disfrutado un montón, así que he optado perdonar bastante ese notable fallo.

Costó menos de la mitad que Las crónicas de Riddick (38 contra 105 millones de dólares) y recaudó prácticamente lo mismo… y cabe pensar que si no hubiera arrastrado el efecto rechazo forzado por aquella probablemente habría conseguido causar mayor impacto. Con un poco de suerte tendremos otra entrega… pero me temo que viendo el final de esta, los malditos Necromongers seguirán frenando su potencial.

Saga Riddick:
Pitch Black (2000)
Las crónicas de Riddick (2004)
-> Riddick (2013)

Las crónicas de Riddick


The Chronicles of Riddick, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 119/134 (director’s cut) min.
Dirección: David Twohy.
Guion: David Twohy, Jim Wheat, Ken Wheat.
Actores: Vin Diesel, Colm Feroe, Karl Urban, Judi Dench, Thandy Newton, Alexa Davalos, Keith David, Linus Roache.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario y algunos decorados (por calidad, no por diseño). Un reparto sorprendentemente entusiasta.
Lo peor: Guion infame, dirección horrible, dirección artística confusa e irregular, presupuesto muy mal aprovechado.
Mejores momentos: Riddick haciéndose amigo de un perro-alien.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hay spoilers gordos, pero digo yo: qué más da.–

El guionista y director David Twohy sorprendió en el año 2000 con una gratificante serie b de ciencia-ficción que encandiló a los amantes del género y pronto se convirtió en un título de culto, o quizá ni eso, porque lo cierto es que su popularidad es notable. Pitch Black no partía de una base muy original, pero Twohy enriquecía el argumento con detalles muy acertados, recreando un entorno hostil inquietante y atractivo. Además contaba con un grupo de personajes de muy buen nivel, donde destacaba un rol central enormemente carismático, Riddick, encarnado por el musculoso Vin Diesel. Una secuela que siguiera las andanzas de Riddick por el universo era algo muy esperado, pero Twohy decepcionó a lo grande con un despropósito inconmensurable…

Los problemas de Las crónicas de Riddick son muchos, pero el primero es el concepto totalmente equivocado desde el que partió el realizador. La gente esperaba ver un mercenario-delincuente-fugado perseguido por mercenarios cazarrecompensas, y pasa sobre ello de carrerilla para sumergirse en un surrealista y confuso relato sobre una raza de seres místicos llamada Necromongers que va por el universo arrasando con todo. Al parecer buscan la entrada del inframundo o infrauniverso o subuniverso, o algo así, pero no queda claro realmente qué es eso, ni las cualidades de la raza: tiene poderes que no se explican, la naturaleza de sus naves es extraña, lo de invadir mundos en su búsqueda no se entiende… La trama de esta gente presenta una manida e insípida conspiración por el trono, con un rey temible (Colm Feroe), unos súbditos acobardados y traicioneros y una especie de princesa (Thandy Newton) o dama noble (tampoco se explica) bastante inteligente que empuja a su amado (Karl Urban) a ser tan ambicioso como ella. Riddick se ve envuelto en el jaleo por arte de magia, pero luego en un requiebro de guion vergonzoso resulta que sí hay una conexión fuerte con ellos: es el elegido, el superviviente de un planeta arrasado que escapó de las garras del líder para acosarlo ahora que retorna como adulto. Un Harry Potter musculado y asesino, vamos.

El intento de enlazar con Pitch Black a través del musulmán que sobrevivió (Keith David) y la breve estancia en su casa no aporta nada consistente, pero este capítulo lanza la historia principal después de un prólogo que prometía otra cosa (la aventura de supervivencia de Riddick), y presenta el sinsentido que va a ser la película. Aparecen los Necromongers y empieza la fiesta: personajes desubicados en una trama sin mucha cohesión y atractivo, escenas de acción ridículas y llenas de memeces, diálogos acartonados, una puesta en escena muy pobre, salidas de madre surrealistas (los visores, los elementales)…

Entre las cansinas peleas de los necros acabamos porque sí en una cárcel en otro planeta raro, donde tenemos más aventuras sin un arco narrativo tangible, sin un destino claro. Muertes rebuscadas y fugas pretendidamente espectaculares pero demasiado exageradas y con enormes paridas (ese sol que solo calienta donde da, si te cubres a la sombra el clima se mantiene fresquito a pesar de que el resto del planeta está hirviendo literalmente) forman esta especie de subpelícula que termina con un clímax larguísimo lleno de hostias a puños nada llamativas. Nos trasladamos de nuevo a las naves necros para acabar la película con una peleílla de manual en la guarida del villano, adornada con gilipolleces que incluso a estas alturas descolocan (¿esa capacidad de teletransporte de dónde sale?) y un par de sorpresas muy facilonas (el traidor, la posición final de Riddick).

Tanto la trama como el aspecto visual se adornan con elementos que terminan de formar, o más bien deformar, este galimatías. El estilo de los necros es demencial. La mezcla de faraones galácticos en plan Stargate con ese diseño de vestuario y naves salpicados del Dune de Lynch (una especie de armada gótica) y del anime Los Caballeros del Zodíaco (armaduras y armas anacrónicas en gente que domina el viaje espacial) se remata con toques de las fumadas de gente como Giger (diseñador artístico de Alien) y Jean-Pierre Jeunet (realizador de La ciudad de los niños perdidos y Delicatessen), como esos monstruos-visores que no se sabe qué pintan ahí o los interiores de las naves necros, que parecen el nido de los aliens.

Es evidente que Twohy intentó abarcar demasiado y se quedó corto a la hora de darle vida a este universo tan variado (no quiero usar la palabra “rico”), tanto en la narrativa (la falta de cohesión, la mezcolanza de ideas sin objetivo claro) como en lo visual. El presupuesto fue de superproducción, algo más de cien millones de dólares, pero la película parece una obra de serie b hecha con cuatro duros: no gestionó bien los recursos, porque unas partes lucen bien y otras demasiado mal, cayendo hasta el cine cutre en algunos momentos. Hay unos pocos decorados impresionantes, como el interior de la nave necro, enorme y muy detallado (a lo que sumamos el complejo vestuario de sus habitantes), o la cárcel en plan mina abandonada, que contrastan enormemente con el ridículo pueblo de cartón piedra donde vive el musulmán. Algunos planos de los diversos mundos dan bien el pego, tanto en panorámicas como en entorno (los decorados que recrean sus ecosistemas son aceptables), pero en cuanto empiezan a meter naves, humo, polvo y explosiones la mezcla resulta espantosa, pareciendo un videojuego mediocre. Lo de las naves de hecho es incomprensible: son el elemento más antiguo y fácil de hacer en la ciencia-ficción, sea con maquetas o digitalmente, y aquí todas son horribles, no solo por ese diseño grotesco, sino porque cantan un montón a efecto especial barato; luego en cambio nos sacan unos alien-perros, algo extremadamente complejo (movimiento de músculos y tal), y sorprenden por lo bien hechos que están.

Es comparar con producciones que tienen la mitad de presupuesto y lucen diez veces mejor, como Serenity, y queda claro que Twohy ha tirado el dinero de forma extremadamente negligente. Ante este aspecto visual tan caótico y confuso no queda otra que hablar de desastre, incrementado además por la pobre labor de dirección: la fotografía que parece improvisada por un cámara borracho, las escenas de acción chusqueras donde abusa de primeros planos, efectos baratos (flashes constantes para dar sensación de acción) y montaje horrible… ¿Dónde quedó el director que con poco dinero hizo de Pitch Black un título visualmente muy llamativo, que sabía imprimir un excelente tempo narrativo usando sabiamente recursos varios (silencios, iluminación, etc.)?

Algo que sorprende en este despiporre es que los actores se lo toman muy en serio, esforzándose bastante en sus papeles. Si tengo que elegir me quedo con Thandy Newton, con sus miradas intensas llenas de ansias de poder, pero veteranos como Colm Feroe y Judi Dench dejan claro que no están ahí solo para cobrar el cheque, y transmiten seriedad en roles que son risibles. El resto de secundarios está en el mismo tono, destacando a Karl Urban, un valor seguro. Vin Diesel no tiene un papel complejo, su personaje es su físico y porte, y cumple correctamente. La chica que aparece en la cárcel, una desconocida Alexa Davalos, está en esa misma onda. La pena es que como personaje no tenga mucha chicha, a pesar de venir de la primera entrega: es quien se hacía pasar por un chico y se quedó prendada de la forma de vivir de Riddick. Esperábamos que el antihéroe fuera su mentor, pero la reunión de ambos es poco satisfactoria y la muerte de ella en plan cine cutre da penita.

Esta última queja lleva un planteamiento interesante: Las crónicas de Riddick es tan mala que tiene un pie en el cine de pésima calidad y otro en el cine cutre, ese que es divertido por lastimero. Si estuviera metida de lleno en la cutrez hilarante lo mismo podría entretener, pero como no es así resulta un visionado verdaderamente insoportable (y más el director’s cut de dos horas y cuarto). Recaudó 115 millones, así que no fue un fracaso monetario. Twohy tuvo una segunda oportunidad con la tercera entrega, Riddick, donde ofrece lo que debería haber sido esta segunda parte, una emocionante aventura de mercenarios en clave de ciencia-ficción.

Saga Riddick:
Pitch Black (2000)
-> Las crónicas de Riddick (2004)
Riddick (2013)

Star Trek: En la oscuridad


Star Trek: Into Darkness, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 132 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman, Damon Lindelof.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Zoe Saldana, Karl Urban, Simon Pegg, John Cho, Benedict Cumberbatch, Anton Yelchin, Bruce Greenwood, Peter Weller, Alice Eve.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Cierto esfuerzo con los personajes y la trama, amén de recuperar algo de la esencia de la saga.
Lo peor: El tramo final deja de lado el guion y resulta un desastre.

* * * * * * * * *

Quitando un prólogo demasiado aparatoso, la película empieza y avanza francamente bien. El dibujo de los personajes ha ganado enteros respecto al primer episodio, y algunos resultan bastante interesantes. Aunque Kirk sigue siendo un niñato chulo e impresentable poco creíble para lo alto que llega, al menos sus motivaciones se exponen mejor. Spock y sus relaciones con Kirk, Uhura y el entorno (sociedad y situaciones) ofrecen conflictos bastante atractivos. Con la aparición del villano principal se redondea la cosa: un enemigo de altos vuelos, atractivo, temible, que ofrece correctos enfrentamientos con los protagonistas y alrededor del que gira una historia algo llamativa y con suficiente consistencia. Además, se puede hallar algo de lo que carecía la primera entrega: el alma de la saga Star Trek. Tenemos varios dilemas morales y de responsabilidad clásicos (los límites de la Federación y la rigidez de las normas son puestos a prueba, se analiza cómo abordar situaciones desconocidas para la humanidad sin dejar de ser humanos), y el trío mítico (Spock-Kirk-McCoy) ya son mínimamente reconocibles como tales, aunque al segundo le falte todavía mucho nivel.

Aun manteniendo algunos tics (destellos, lucecitas, cámaras inclinadas), J. J. Abrams ha madurado un poco, ganando en equilibrio narrativo: la proyección resulta trepidante, a veces incluso emocionante (algo cada vez menos común en el cine de acción), y hasta las escenas más aparatosas resultan inteligibles. Además, los efectos especiales son impecables y los decorados han mejorado: por fin vemos algo más que el puente de la Enterprise, y la recreación de la Tierra convence. La banda sonora es rutinaria pero efectiva, aunque vuelvo a decir que de Michael Giacchino y del género (la ciencia-ficción permite dar rienda suelta a la imaginación) esperaba otra vez mucho más: no está a la altura del resto de la saga, ni es una gran composición de acción. Los actores, de nuevo irregulares, pero viendo algunas trayectorias cabe pensar que fallan por culpa del tono de relato. Scotty y Chekov son paridas insoportables y sus intérpretes (Simon Pegg y Anton Yelchin respectivamente) sobreactúan como piden los personajes. Chris Pine (Kirk) queda por ver si podría sacar más un rol más jugoso. Zachary Quinto (Spock) es difícil de catalogar, porque debe resultar inexpresivo, y el actor ha dado papeles horribles (Heroes) y sorprendentes (American Horror Story). Karl Urban (McCoy) está estupendo allá por donde va. Zoe Saldana (Uhura) está muy intensa en sus pocas pero cruciales apariciones. Y Benedict Cumberbatch está muy bien: carisma, porte y voz vienen de serie, pero cuando debe mostrar emociones acierta de lleno, pues el personaje resulta creíble como terrorista inteligente pero lleno de ira contenida.

En principio estamos ante una aventura que tiene ritmo, resulta entretenida y vistosa y muestra personajes sencillos pero con la suficiente solidez y atractivo, no como en el primer episodio, donde no había absolutamente nada de guion tras las imágenes y el resultado era un videoclip sin contenido ni sentido, un galimatías de escena de acción estúpida tras otra. Por desgracia, cuando la narración se lanza hacia su desenlace todo lo que había medio bueno desaparece por completo y volvemos a esos fatídicos errores. El guion se deja de lado, sólo queda un inconexo batiburrillo de escenas ruidosas donde la consistencia, verosimilitud e interés se diluyen para dar paso a una parida que se queda a poca distancia de resultar ridícula. Las incongruencias, inverosimilitudes, agujeros de guion y fantasmadas absurdas se agolpan una detrás de otra hasta dejar irreconocible lo que veníamos viendo. Es difícil nombrar todos los elementos del desastre, pero allá van algunos:

Pelean al lado de la Tierra… y nadie se entera, nadie los detecta, no llegan naves en auxilio de los implicados y en defensa del planeta. Scotty se cuela en un base secreta por la entrada principal y llega a la sala de máquinas y la sabotea sin que nadie se percate de su presencia (tampoco aquí funcionan los sistemas de detección de naves, por lo que parece: ¿cómo podrían evitar un ataque entonces?). El Enterprise, sin energía, de repente cae hacia la Tierra, aunque no parece estar tan cerca como para que adquiera tanta velocidad; pero lo absurdo de esto último es que a pesar de estar en caída libre y con la gravedad artificial fallando, los tripulantes caen y son lanzados hacia diversos sitios (de forma aleatoria según convenga a la forzada y falsa espectacularidad de la escena) en vez de flotar libremente. Convertir al Enterprise en una nave con capacidad atmosférica ¡e incluso submarina! es otro error salido de buscar escenitas sensacionalistas: no resulta verosímil ni lógico (joder, toda la cubierta resultan ser motores para poder sostenerla en el aire… aunque no dicen cómo navega bajo el agua). La salida al espacio por la exclusa, con una aceleración totalmente irreal, de imposible resulta sencillamente intragable. Resolver el duelo contra el villano como si de un juego de plataformas se tratase, emulando los peores momentos de las precuelas Star Wars (ya sabemos por qué han elegido a J. J. para estirar el legado de George Lucas), es un cierre penoso. Khan resulta un buen enemigo, pero el almirante traidor es de risa, un arquetipo tan endeble que termina de afear la poca trama que queda.

Nada salvable hay en el tramo final de la película, y recuerda otra vez (una por cada producción en la que se embarca: Alias, Perdidos, Monstruoso, Super 8…) que J. J. es un gran amigo de los fuegos artificiales pero incapaz de rematar bien una historia, de poner el guion por encima del sensacionalismo visual. Mal porvenir hay para Star Wars, porque Star Trek ya es insalvable salvo que otros autores retomen las series clásicas con su espíritu, personajes y calidad intactos.

Star Trek (2009):
Star Trek (2009)
-> Star Trek: En la oscuridad (2013)
Star Trek: Más allá (2016)

Star Trek 2009


Star Trek / Star Trek 2009 , 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 126 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Roberto Orci, Alex Kurtzman.
Actores: Chris Pine, Zachary Quinto, Eric Bana, Leonard Nimoy, Bruce Greenwood, Karl Urban, Zoe Saldana, Simon Pegg, John Cho, Anton Yelchin.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y buenos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Personajes mediocres, actores mediocres, guion inmaduro e insustancial, puesta en escena artificiosa y ruidosa… Y que utilicen a los personajes clásicos para este despropósito en vez de empezar en otra época y con otros protagonistas.
Mejores momentos: El prólogo, con algunos momentos alucinantes como…
El plano: … la tripulante que sale despedida de la nave durante el ataque.
El título: Ya le podían haber puesto un nombre concreto para diferenciarla del resto de la saga, que tenemos que citarla por el nombre del director o el año. Para una vez que hace falta no ponen un subtítulo.
La pregunta: No sé si es un cambio en la traducción o está así en el guion original: ¿por qué las clásicas naves Aves de presa pasan a llamarse Halcones?

* * * * * * * * *

En un principio no esperaba nada de ella, pero como me ocurre en más ocasiones de las debidas mi vena friki me pudo. Los espectaculares avances, las ganas de no quedarme sin temas de conversación en los foros y finalmente las entusiastas críticas me llevaron a rastras al cine. Asistí a la proyección con bastante curiosidad, intentando ir sin prejuicios a pesar de estar convencido de que sería una actualización irrespetuosa con el original, esperando al menos encontrar un entretenimiento digno. Pero la realidad se impuso rápido. La ridícula presentación de Kirk echa por tierra las buenas sensaciones que deja el espectacular prólogo, diciendo a las claras que va a ser un producto de acción descerebrada acorde a nuestros tiempos: artificioso, ruidoso, trivial, vacuo, destinado a la masa, al consumo rápido, a engañar con fuegos artificiales a espectadores que ya han olvidado lo que es una trama coherente y atractiva, unos personajes verosímiles y una puesta en escena sólida que busque el espectáculo mediante una combinación de contenido y continente, y no sólo con un continente supuestamente muy vistoso. Star Trek 2009 es mucha parafernalia obtenida a golpe de billete, pero no tiene ni pizca de cine.

El guion es primitivo, insulso, simplista al máximo. La narración carece de rumbo, la forman escenas apresuradas, empalmadas de mala manera, que parecen sacadas de los peores videojuegos de plataformas. La falta de coherencia y credibilidad (no hay forma de hacer verosímiles a personajes tan críos y estúpidos, ni sus paseos por las naves turnándose en el mando) se agrava por los numerosos agujeros y fallas de verosimilitud (una nave minera capaz de acabar con las flotas de la Federación y los Klingon, el ilógico destierro de Kirk por parte de Spock –contraviene cualquier norma moral y legal, no hay quien se lo crea viniendo de tal personaje-), las escenas gratuitas (el salto en paracaídas, las criaturas del planeta de hielo, las cutres peleas cuerpo a cuerpo, la ya citada vergonzosa presentación de Kirk…) y las paridas insufribles (todo lo que rodea a Scotty, en especial la escena de las tuberías, y chistes tan infantiles como las manos de Kirk hinchadas) se amontonan unas detrás de otras sin un objetivo claro más allá de tratar de epatar con mucho ruido y pocas nueces.

La trama de fondo (la nave romulana) parecía salvable y además se presenta como lo único que guarda algún parecido con la saga clásica, pero no se potencia, porque la idea es centrarse en presentar a los personajes, y como estos son infames e insoportables el conjunto no resulta nada atractivo. Todos los caracteres son repelentes tópicos andantes con motivaciones forzadas o poco claras (¿qué mueve a Kirk?, ¿cómo entra en la academia y cómo aguanta ahí –atención a como se cargan el mítico Kobayashi Maru-?) o muy poco trabajadas (el resto); el único que medio se salva es Spock, y porque le dedican mucho metraje. En cuanto a las interpretaciones, Eric Bana rescata a un malo caricaturesco con su carisma y buen hacer (alguien así de impresionante tenían que haber contratado en Némesis para hacer de villano) y el cada vez más interesante Karl Urban es el único que consigue hacer algo reconocible a su personaje, pero toda la chavalería muestra notables limitaciones y, lo que es peor, un carisma nulo: Chris Pine (Kirk) me da hasta pena, Zachary Quinto (Spock) está en el registro interte con el que se dio a conocer en Héroes, y casi todos los demás no pueden ocultar que provienen de comedias tontas, o el guion se lo impide (especialmente molestas son las presencias Simon Pegg –Scotty- y Anton Yelchin –Chekov-). Indicar también que la aparición de Leonard Nimoy, aunque medio se justifique por la trama, no es más que un tramposo enlace y cebo para los viejos trekkies.

Pero para colmo, tampoco resulta nada destacable como superproducción de acción y entretenimiento, sino que también se ancla en los cánones comerciales contemporáneos. J. J. Abrams no sólo repite un tic que frenó el potencial visual de Misión imposible III, la puesta en escena histérica, sino que lo amplifica de forma descontrolada obteniendo un aspecto visual hipertrofiado: la fotografía está saturada de movimientos, colores y brillos y el montaje es caótico hasta resultar mareantes. En cuanto al estilo, como ha quedado claro se ha optado por acción trepidante sin escenificación, es decir, mucho rayito y explosiones pero nada de planificación ni de exprimir a los personajes. Cualquier otra película de la saga tiene escenas de acción y batallas espaciales mucho más interesantes (en especial La ira de Khan, Primer contacto, Aquel país desconocido e incluso la denostada Némesis), pues tienen un guion que relata algo consistente.

Y dos aspectos que no esperaba que me defraudaran lo han hecho de forma notable. Uno es la música de Michael Giacchino (una joven promesa que llevo tiempo siguiendo), que inesperadamente suena rutinaria, fría, impersonal y algo machacona; por si fuera poco el tema principal que se inventa para sustituir al viejo es un tanto simplón. Curiosamente, para mi sorpresa ha sido una música bien recibida por los espectadores poco dados a atender a este elemento. El otro es el diseño interior del Enterprise, que se limita a ser un puente de mando blanco y brillante (que no me gusta nada de nada), un pasillo y medio y unas salas de máquinas infinitas y horrendas. Por cierto, ¿por qué ese empeño en rodar muchas escenas en naves industriales? Le quita realismo, parece que se les acabó el dinero (que por lo general luce bastante bien) y se fueron a un polígono a rodar.

Los guionistas se las apañan para crear una realidad alternativa desde la que podrán dirigir la nueva etapa de la saga hacia donde se les antoje. La verdad es que no lo entiendo, no entiendo por qué cogen los personajes originales y los reinventan. Para eso lo lógico es empezar desde cero, en cualquier época que les venga en gana (mejor tras las demás películas y series, pues así tendrían un universo muy completo como base y además no se arriesgarían a pifiarla con las líneas temporales). Además, el parecido con la saga en estilo, forma y contenido es totalmente nulo, con lo que me pregunto por qué demonios no hicieron una película que no se llamara Star Trek. Pero ya se sabe que el dinero es quien manda, y una franquicia nueva es arriesgada, les resulta más fácil tomar un nombre que ya tiene prestigio. Y no les importa deformarlo por completo, me temo, con tal de engrosar los bolsillos. No soy lo que se dice un trekkie y aún así me siento estafado. Star Trek 2009 me resulta, lo mire por donde lo mire, innecesaria y fallida. Ha tenido una recepción comercial que en cierta manera era esperable, pero no hasta el punto de tener incluso muy buenas críticas, críticas que no alcanzo a comprender. Como ha gustado mucho, las secuelas ya están en marcha.

Star Trek (2009):
-> Star Trek (2009)
Star Trek: En la oscuridad (2013)
Star Trek: Más allá (2016)

El mito de Bourne


The Bourne Supremacy , 2004, EE.UU., Alemania.
Género: Acción, suspense.
Duración: 108 min.
Dirección: Paul Greengrass.
Guion: Tony Gilroy, Robert Ludlum (novela).
Actores: Matt Damon, Franka Potente, Brian Cox, Joan Allen, Julia Stiles, Karl Urban, Gabriel Mann.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo frenético sin descanso aderezado con una buena trama. La música.
Lo peor: Excesos en el montaje (muchos planos muy rápidos) y en la fotografía (mareante).
El plano: Bourne sentado en la habitación de la joven rusa.
Mejores momentos: La persecución de coches a porrazo limpio. Bourne derribando policías sin esfuerzo.
El título: No entiendo la obcecación que tienen con cambiar los títulos de la saga: es La supremacía de Bourne, no El mito de Bourne, y la primera era La identidad de Bourne, no El caso Bourne. Cambian el claro significado del original.

* * * * * * * * *

Impresionante secuela que multiplica por dos todo lo de la primera entrega: la trama es más compleja, el ritmo más trepidante, las escenas de acción más impactantes, la persecución de coches más larga y espectacular… y Bourne da más caña.

Bourne está escondido con su novia, pero tras ser incriminado en un crimen relacionado con el proyecto Treadstone y un intento de eliminarlo para no dejar pistas debe volver para arreglar cuentas. Y lo hace muy cabreado. Vemos a Bourne en la plenitud de sus facultades, luchando hasta la extenuación. Lo mejor es cuando asoma dejándose ver, sin mediar palabra: se deja capturar para recopilar algo de información y luego, sin pestañear, se da a la fuga. Pero el final a golpe limpio es brutal también, e igualmente merece una mención especial el bonito epílogo con la muchacha rusa.

La película ofrece un sinfín de escenas de acción entrelazadas por una trama de misterio, espionaje y traiciones enrevesada pero clara y bien explicada. El ritmo es imparable, admirable si tenemos en cuenta que no es una sucesión de explosiones, ruido y efectos especiales, sino que la mayor parte son peleas a puñetazos y carreras a la desesperada. La única pega que puede hacérsele es que peca de excesos: el propio montaje se vuelve caótico algunas veces, cambiando de planos con excesiva velocidad, problema que se acrecienta en los flashbacks; y la fotografía resulta mareante en ocasiones, tanto por el enfoque como por el movimiento veloz de la cámara en algunos momentos.

Pero son excesos puntuales, porque las escenas no resultan confusas, sino que por lo general tienen un ritmo endiablado y consiguen transmitir el esfuerzo y sufrimiento del protagonista bastante bien. La persecución de coches se convierte en una de las mejores que se han realizado, rodada de forma de forma artesanal con un resultado sin igual.

Aparte de Matt Damon, que cogió el punto al personaje en la primera parte, tenemos una serie de secundarios de lujo como Brian Cox, que ve aquí ampliado su papel, Joan Allen como una eficaz pero presionada alto mando, y un intenso Karl Urban como el asesino que va tras Bourne, un rol al que era difícil sacar algo de partido (malote, frío y serio sin más).

Estamos ante de los mejores thrillers de los últimos años, aunque hay quien dice que es mejor la primera entrega, quizá por su forma más contenida. Y me encanta la banda sonora original de John Powell, también una obra cumbre en la música de acción.

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Serie Jason Bourne:
El caso Bourne (2002)
-> El mito de Bourne (2004)
El ultimátum de Bourne (2007)
El legado de Bourne (2012)
Jason Bourne (2016)