El Criticón

Opinión de cine y música

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El marciano


The Martian, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 144 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Drew Goddard, Andy Weir (novela).
Actores: Matt Damon, Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig, Jeff Daniels, Michael Peña, Sean Bean, Kate Mara, Sebastian Stan, Aksel Hennie, Benedict Wong, Mackenzie Davis, Donald Glover.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Buena descripción de personajes. Aventura espacial bastante entretenida. Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Le falta garra en todos sus elementos: drama, comedia, aventura de supervivencia. Apenas deja huella. El mediocre doblaje.
El título: De Marte: Operación rescate, a Marte (The Martian). Porque sí, traducirlo como El marciano era realmente complicado. ¿Cómo empleados tan ineptos toman decisiones tan relevantes? Pues obviamente te paseas por internet y todo el mundo la conoce con su título real.
La sorpresa: ¡Sean Bean no muere!
El dato: Drew Goddard iba a dirigir, pero prefirió decantarse por una obra que le atraía más, Los seis siniestros, un grupo de villanos Marvel (aunque al final se quedó en el limbo). Y Ridley Scott se entusiasmó por el proyecto, retrasando Prometheus 2 (cuyo nombre cambia cada pocos meses).
El libro: Andy Weir publicó la novela en su blog, pero viendo su calidad la gente le decía que la publicara en Amazon. Y el éxito fue enorme.

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El libro en que se basa (Andy Weir, 2011) no es revolucionario, pero como entretenimiento tiene bastante pegada. La odisea de Mark Watney por sobrevivir en solitario en Marte enlaza un sinfín de escenarios catastróficos que va sorteando con una personalidad arrolladora. Los saltos a la Hermes (la nave de los compañeros que lo dejaron atrás en la evacuación, dándolo por muerto) y a la Tierra enriquecen el relato con algo más de drama y realzando el alcance de la situación, porque los líos en la NASA son épicos también. Como atractivo extra, la afición a la ciencia-ficción suele ir de la mano con la pasión por la ciencia (ficción científica de hecho es una traducción más fiel de science fiction), y el libro es una gozada en ambos sentidos, porque desarrolla una aventura espacial de gran realismo y con planteamientos científicos muy cuidados. Para rematar, su narrativa es muy pero que muy cinematográfica, con lo que el anuncio de la adaptación generó muchas expectativas entre los lectores y los amantes del género.

Sin embargo, aunque su traslación a la gran pantalla ofrece un entretenimiento bastante decente con algunos puntos fuertes llamativos, también acusa una falta de intensidad importante, dejando la sensación de que hay mucho potencial sin aprovechar. Al público no parece importante tanto, pues la crítica es buena y la taquilla va bastante bien, pero a mí me ha dejado un regusto amargo. Para una vez que podemos tener una del género de gran presupuesto y con talento detrás (empezando por el director, pero también pasando por el notable reparto y cómo no el equipo técnico), resulta que se quedan bastante cortos. Sinceramente, hasta Prometheus (2012) me emocionó más, a pesar de tener un guion que se cae a pedazos, porque su aspecto visual es embriagador y la trama y el escenario ofrecen situaciones más variadas y vibrantes. El marciano tiene mejores personajes (más verosímiles y atractivos) y más consistencia en la trama, pero resulta bastante fría y arrítmica.

La proyección no empieza nada mal. Como el libro, nos lanza directamente a la tormenta y a la evacuación que da inicio al periplo del protagonista. Sus primeros pasos en la soledad marciana, tratando de encontrar una forma de extender su esperanza de vida hasta la posible y lejana misión de rescate, parecen llevarnos por al mismo viaje trepidante de la obra de Andy Weir. Pero pronto empieza a perder fuelle, los retos se diluyen en anécdotas poco interesantes y que no presentan peligros ni proezas que causen algún impacto. Llegamos a un punto en que Marte termina resultando una historia secundaria… y eso precisamente salva a la película, porque nos vamos a un teatro más atractivo y variado: la Tierra. La presentación de los personajes de la NASA y el JPL, que son un puñado largo, es bastante correcta. Nos ponemos a trabajar codo con codo con ellos y vamos conociendo sus posiciones (enseguida sabes a qué se dedica cada uno aunque no recuerdes su nombre), sus puntos fuertes y débiles, sus aspiraciones y las luchas y roces con los demás. Con este panorama, incluso te lamentas de que los tripulantes de la Hermes no tengan tanto tiempo en pantalla como ellos, porque también eran prometedores.

Y con estas, Marte casi desaparece. Llega un momento en que da la sensación de que faltan escenas, que Ridley Scott se volvió a pasar de duración y ha tenido que recortar parte del tramo final de la odisea de Watney, saltando directamente al intento de rescate. Por ejemplo, no se explica por qué hace un agujero en el techo del rover y pone un plástico haciendo una burbuja, como si faltara el momento en que le da utilidad a lo que sea eso. Tampoco creo que el viaje de tres mil kilómetros lo hiciera sin que le pase nada (en el original, de todo), porque queda un vacío ahí que resulta un salto narrativo algo torpe.

Así pues, el ritmo peca de irregular y de falto de vigor en varios segmentos, algunos bastante largos. La novela no resulta un drama de altos vuelos ni tiene especial trascendencia, pero sí mantiene una sensación de lucha y peligro constante, de que cada día en Marte es enfrentarse cara a cara contra la muerte. Lo mejor captado por Drew Goddard (el guionista) y Ridley Scott es el sentido del humor del protagonista (y no siempre funciona), que trata de poner buena cara en todo momento, y el caos que se forma en la NASA. Pero la aventura de supervivencia resulta demasiado ligera, sin transmitir el peligro y la tragedia con la fuerza necesaria para dejar huella. La comandante sufre muy poco por el abandono de un miembro de la tripulación. Watney sólo se curra el huerto y la idea para intentar comunicarse, el resto del tiempo no se enfrenta a nada llamativo, y al final en la NASA también parece que falta algo de intensidad.

Estas limitaciones surgen del guion principalmente, pero el trabajo audiovisual tampoco es del todo eficaz. La dirección de Scott es más conservadora de lo habitual en un realizador dado a la magnificencia visual, con lo que contribuye a la falta de garra. Sí, hay belleza en los planos de Marte, y el decorado de la nave se aprovecha bien, pero por lo demás la puesta en escena no ofrece épica alguna, va como desganada. Y como extensión, tampoco luce como superproducción de más de cien millones. Es que me atrevo a compararla con la tontorrona serie b Los últimos días en Marte (Ruairi Robinson, 2013), que con unos ridículos diez millones lucía a un nivel bastante cercano (aquí el tráiler -que para variar te cuenta casi todo-). La banda sonora empobrece todavía más el acabado, porque donde se espera que la música realce la tragedia, matice la intriga o explote la acción, la floja partitura de Harry Gregson-Williams pasa sin causar la más mínima turbulencia en las emociones que debería transmitir la escena.

Así pues, El marciano es una película bastante entretenida que merece la pena ver en el cine, pero también resulta incapaz de emocionar y mucho menos de dejar un grato recuerdo. Quizá incluso por su ritmo moroso no aguante bien sucesivos visionados, algo que hasta la fallida Prometheus permite por su narrativa veloz y enérgica. Las otras incursiones recientes en Marte tampoco terminaron de convencer. La citada Los últimos días en Marte solo se la recomiendo a aficionados a la ciencia-ficción de terror básico (la típica de ir muriendo en fila), Misión a Marte (Brian De Palma, 2000) iba de pretenciosa pero era muy simplona, y Planeta rojo (Antony Hoffman, 2000) a pesar de su presupuesto era una serie b también muy justita.

Aparte tengo que mencionar que la calidad de los doblajes sigue bajando. En esta película mitad de los actores no parecen ponerle ganas, de hecho en alguna escena parece un doblaje amateur, con personajes que hablan sin matiz alguno en la voz cuando por la escena parece indicarse que están en tensión. Con el jugoso reparto que ha reunido Scott, el destroce es lamentable. El peor es el caso de Kate Mara, a quien le han encasquetado una voz muy reconocible y demasiado omnipresente: la de Natalie Portman, Keira Knightley, Scartlett Johansson, Anne Hatthawy y cualquier actriz joven que haya. Por el amor de dios, ¿es que no hay más dobladoras en el gremio? Me saca completamente del personaje e incluso de la película, pues me resulta falso e incluso desagradable, por ser una voz muy aguda que no le pega nada y que se escucha en demasiadas películas. Y por supuesto, donde hay doblaje hay traducción: vaya plaga de leísmo que asola el cine reciente. Hasta el poster comete faltas flagrantes: Traedle a casa. ¿Traedle qué, una pizza?

Transcendence


Transcendence, 2014, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: Wally Pfister.
Guion: Jack Paglen.
Actores: Johnny Depp, Rebecca Hall, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Kate Mara.
Música: Mychael Danna.

Valoración:
Lo mejor: El reparto es llamativo.
Lo peor: Es la superproducción más aburrida en años.

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La historia de la inteligencia artifical que cobra consciencia y causa problemas no es nueva, y me temo que aquí no se nos ofrece una lectura lo suficientemente novedosa como para llamar la atención. El guion, ópera prima de Jack Plagen, amaga con abordar temas éticos y filosóficos muy atractivos y pone a los protagonistas en situaciones muy jugosas, pero va pasando sobre todo de puntillas, como temiendo hundirse en ramificaciones complejas, y termina aferrándose demasiado a las líneas más predecibles del género.

Pero creo que incluso en estas condiciones podría haber resultado un buen entretenimiento, que el problema más grave es la puesta en escena. Incluso viendo como el libreto huye de los potenciales discursos sobre temas polémicos (el conflicto ético con los terroristas daba más juego) y lamentando lo poco que se sumerge en la filosofía latente, da la sensación de que había material de sobras para hacer un buen drama de acción y que la ciencia-ficción al menos dejara algunas cuestiones y pensamientos en el aire; y más importante es la impresión de que sobre el papel los personajes parecen ser mucho más sólidos y atractivos de lo que queda al darles vida.

La dirección supone el salto a primer plano del director de fotografía Wally Pfister, habitual colaborador de Christopher Nolan, quien de hecho apadrinó la producción. Su labor recuerda a Nolan rápidamente en lo visual (cómo no iba a hacerlo), pero en ningún momento se ve el alma o carisma que imprime aquél en sus películas, donde se caracteriza por su habilidad para sacar épica y emoción a raudales, por transmitir sensación de grandeza y trascendencia (a veces hasta excesiva), por manter a los protagonistas siempre como foco de la narración (indistintamente de lo aparatosa y fantasiosa de la acción) haciéndonos muy partícipes de sus viajes (internos y externos), y por su imaginería visual. Su alumno va de imitador, pero no alcanza el aprobado en ninguna de esas características. Toda la cinta es un quiero y no puedo constante, una exposición anodina y fría de acontecimientos que van pasando sin dejar huella alguna. Los personajes se enfrentan a los momentos más dolorosos y a cambios que hacen tambalear sus vidas y que además amenazan a la existencia misma de la humanidad, y de aséptico que resulta todo no se transmite nada.

Pfister tenía a su alcance un viaje verdaderamente complejo y trágico en el cambio de perspectiva del personaje de Paul Bettany ante lo que sería o no terrorismo, pero el personaje simplemente aparece haciendo esto o aquello sin que se nos acerque lo más mínimo a sus pensamientos y dilemas internos. El rol de Kate Mara es completamente dejado de lado, como si no supiera qué hacer con él. El de Johnny Depp aburre antes y después de su conversión, y además no se lo ve cómodo en el papel. Morgan Freeman y Cillian Murphy prometían ser secundarios de nivel e importantes en el desarrollo del conflicto final pero no se les saca partido alguno. La única que sale medio bien parada es la protagonista encarnada por Rebecca Hall, porque tiene más tiempo en pantalla y la actriz se esfuerza por transmitir su evolución: de triste a melancólica y terminando en asustada.

También cabe decir que ni siquiera impresiona como superproducción de cien millones, no tiene grandes escenas de efectos especiales o acción intensa que den ritmo a los momentos clave, y además acaba con una pelea final insípida. La película termina haciendo honor a su argumento, parececiendo realizada por una máquina: carece de fallos en la técnica (destaca precisamente la fotografía) pero no es capaz de lograr calado emocional alguno. Sin que te importe lo más mínimo quién vivirá y morirá, si los terroristas quedarán como buenos o no, si la inteligencia tiene un plan o ha perdido el rumbo, si los protagonistas resolverán la situación sacrificando más o menos, nada queda en el relato con lo que puedas conectar y sentir algo. Por si fuera poco te destripan el final en un innecesario y negligente prólogo, con lo que el último segmento no puede sorprender, acrecentando la sensación de aburrimiento y tiempo perdido.

Deadfall


Deadfall, 2012, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 95 min.
Dirección: Stefan Ruzowitzky.
Guion: Zach Dean.
Actores: Eric Bana, Olivia Wilde, Charlie Hunman, Sissy Spacek, Kris Kristofferson, Kate Mara, Treat Williams.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Buenos personajes en una historia bastante correcta. El estilo clásico es muy de agradecer. Un reparto de calidad.
Lo peor: La sensación de que hay demasiadas casualidades.

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Que grata sorpresa me ha supuesto Deadfall, un título de acción con sabor a clásico y con un punto de calidad y originalidad muy ausente en el género en la actualidad. Un título donde todo lo que tiene funciona muy bien en su único objetivo: entretener. No es una gran película, no pretende serlo. Es una buena película de acción sin pretensiones. Y vaya si es de agradecer en los tiempos que corren.

Lo cierto es que tiene más de thriller o incluso de western moderno perlado de drama que de acción, pero quizá por eso destaca: porque resulta una mezcla bien equilibrada. Incluso se puede decir que posee vestigios del cine de los Cohen, con el ritmo tranquilo pero intenso, una buena exposición de caracteres y unas cuantas situaciones un tanto extrañas: la madre se lo toma todo con una calma impresionante, Addison es un personajillo inquietante, el capítulo del maltratador es algo rarito…

No encontramos escenas de acción horteras y llenas de explosiones y efectos especiales, sino tiroteos y persecuciones con los protagonistas en el ojo de los acontecimientos, sufriendo, sudando y puteando la vida de otros mientras hunden la suya propia en el abismo. La confección los estos personajes es bastante correcta. Por supuesto que tira de clichés (el padre protector, por ejemplo), pero estos no tienen nada de malo si se emplean con conocimiento. Hay muchos protagonistas y todos tienen un lugar concreto en la historia y una personalidad bien clara que les hace moverse de una forma u otra. La evolución también es palpable, pues ninguno acaba como había empezado, todos han tenido unas vivencias que los han moldeado. Así, los actores, todos de calidad, encuentran base de sobra para construir buenas interpretaciones, teniendo casi todos un momento puntual donde lucirse: Eric Bana derrocha carisma como psicópata (brutal la escena de la cabaña, todo calmado, y el contraste con las escenas finales, donde está desesperado), Charlie Hunman (protagonista de Sons of Anarchy) tiene una progresión semejante (de contenido a desesperado: sublime cuando suelta lo que lleva dentro en la cena familiar) y Olivia Wilde es creíble como chica dulce y sencilla perdida en una vida que no controla (y no me había dado cuenta de lo guapa que es hasta ahora). En segundo plano están profesionales como Kate Mara, Sissy Spacek o Kris Kristofferson, muy correctos en papeles menos complejos.

El ritmo es excelente, y es algo digno de alabar, pues se dedica bastante tiempo a presentar y mover caracteres. Ello se debe a que todas las escenas tienen sentido en la progresión de la trama y los personajes, algunas incluso funcionando a través de sutilezas (con detalles enormes, como la confusión Lisa/Liza), con lo que no hay bajones de interés. Además, sabiamente la proyección empieza en plena acción (no vemos el atraco) y ubica breves reyertas aquí y allá (como el robo de la moto al indio) que impiden que el ritmo pausado resulte lento. Destaca también por su punto de originalidad: sí, más o menos se sabe como acabará todo, pero el tener a tantos personajes separados y acercándose a través de escenas inesperadas le da a la cinta un acertado aire renovado dentro de su propio clasicismo. Lo único que me parece realmente criticable serían las casualidades: todo se va juntando a golpe de suerte. Pero es que sin ello no habría película.

La atmófera resulta crucial también. La inmersión en el lugar es muy buena, desde los impresionantes paisajes de la frontera canadiense, muy bien aprovechados en las persecuciones en moto, hasta la personalidad de los lugareños (cazadores, paletos, etc.). La dirección del austríaco Stefan Ruzowitzky en su salto a Hollywood es justo lo que necesita un guion de estas características: sobria y profesional, que no se vaya por las ramas con florituras innecesarias. Es capaz de imprimir el ritmo y tensión necesarios incluso en el clímax final, que se desarrolla con los protagonistas sentados a la mesa.

Es una pena que el público actual solo quiera ver explosiones sin sentido y sin contenido real, porque con las tibias críticas que tiene Deadfall me da la sensación de que se quedan en la superficie de este interesantísimo thriller sin ver todo lo que hay detrás. Y la distribución tampoco está siendo justa, pues en EEUU fue muy escalonada y en poquísimos cines hasta que ha salido en dvd/bluray este febrero, y en España está sin fecha de estreno a la hora de escribir esto, así que me huelo que irá a dvd directamente también. Vaya forma de desaprovechar una buena película.

El tirador (Shooter)


Shooter, 2007, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 124 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guion: Jonathan Lemkin, Stephen Turner (novela).
Actores: Mark Wahlberg, Michael Peña, Kate Mara, Danny Glover, Elias Koteas.
Música: Mark Mancina.

Valoración:
Lo mejor: Es entretenidísima y tiene un estilo tradicional y artesanal muy de agradecer.
Lo peor: Imposible reunir más tópicos y hacer una historia más predecible.

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Es espectacular el guion de Shooter. Coge todo el género de acción de los noventa y lo mezcla hasta obtener la película más llena de tópicos y clichés que he visto en mi vida. El argumento, los personajes, cada escena y diálogo… todo se podría citar como una referencia o plagio a otro título del género. El protagonista retirado que vuelve al juego por una gran misión. La trampa donde le endosan un crimen. La huida. El agente que le cree ante la oficina que se ríe de él. La chica. La caza del villano. El asalto final. Y vivieron felices y comieron perdices.

Pero sorprendentemente, la cosa funciona bastante bien. La fórmula tradicional asegura que no hay abuso de efectos especiales y escenas de acción salidas de madre. La puesta en escena de Antoine Fuqua (Rey Arturo, Día de entrenamiento, Lágrimas del Sol) es muy correcta, con una escenificación artesanal muy eficaz y contundente; viva la cámara fija y los tiros y explosiones bien mostrados. La historia, aunque se ve venir en cada paso, no llega a aburrir, de hecho, el ritmo es siempre activo y el interés no decae en ningún instante. Y no sé si será por el carisma de sus actores, pero los protagonistas no resultan cargantes a pesar de su descripción tan simple y lineal. Es más, Mark Wahlberg cae bien y quieres verle cargarse a los malos, Kate Mara lo hace muy bien y Michael Peña resulta simpático como el novato decidido.

A pesar de no aportar absolutamente nada nuevo y de resultar extremadamente previsible Shooter resulta muy entretenida. Qué digo, es una de acción que entra muy bien, y tuvo críticas bastante correctas a pesar de sus limitaciones. No puedo dejar pasar la comparación con la saga Los mercenarios (1 y 2) de Silvester Stallone, que nacía como supuesto homenaje al género: Shooter lo hace bastante mejor.