El Criticón

Opinión de cine y música

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The Predator


The Predator, 2018, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Dirección: Shane Black.
Guion: Shane Black.
Actores: Boyd Holbrook, Olivia Munn, Trevante Rhodes, Jacob Tremblay, Keegan-Michael Key, Sterling K. Brown, Thomas Jane, Augusto Aguilera, Alfie Allen, Yvonne Strahovski.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Reparto carismático. Sabía lo que iba a ver y me lo he tomado con humor.
Lo peor: Es un desastre en todos los ámbitos, ni puedo considerarlo una película acabada.
La curiosidad: El guionista y director interpretó a uno de los soldados musculosos en la primera entrega, Hawkins (el de las gafas).

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No olía nada bien la nueva entrega de la saga Depredador, rematada a conciencia sin respeto alguno ya desde la primera Alien vs. Predator (Paul W. S. Anderson, 2004) y que no fueron capaces de resucitar con el intento de volver a un cine de corte más serio en Predators (Nimród Antal, 2010). Cuando el productor que posee los derechos de la serie, John Davis, puso en marcha este proyecto anunciando que quería buscar un camino diferente, era difícil no pensar en que venían más traiciones a la saga, y terminó por confirmarse durante el rodaje, pues mientras el guionista y director Shane Black afirmaba que sería la más terrorífica de todas, las declaraciones que iban saliendo de actores y equipo técnico señalaban que estaban rodando una comedia. Para rematar, llegaron las temidas imposiciones a última hora del estudio: el estreno en marzo de 2018 se fue retrasando en varias ocasiones hasta septiembre debido a que obligaron a alterar todo el tercer acto por las tibias reacciones en pases de prueba.

Sólo quedaba un resquicio de esperanza, y es que Black había demostrado hasta entonces ser un buen guionista y director. Toda producción que ha escrito y a veces dirigido (estas las señalo con asterisco) es llamativa cuando no una obra de culto en la acción o el thriller: Arma letal (1987) y Arma letal 2 (1989), El último boy scout (1991), Kiss Kiss Bang Bang* (2005) y la estupenda Dos tipos buenos* (2016); incluso cintas menores como Iron Man 3* y Memoria letal (1996) son la mar de entretenidas. Además, siempre hace gala de un sentido del humor entre ingenioso y negro muy efectivo. Así que me he puesto a verla queriendo exculpar a Black por el anunciado despropósito, queriendo creer que los productores le quitaron el montaje final de las manos o no fue capaz construir algo coherente con los cambios exigidos.

No es que quede una película mala, sino más bien una de cine cutre, tan mala que te puedes reír de ella. Pero también parece sin terminar, como apañada con prisas a partir de escenas incompletas. Se notan demasiados huecos, no se trabajada ningún tipo de atmósfera (intriga, asombro, inquietud por el porvenir de los protagonistas…), casi no se entiende lo que está ocurriendo o se trata tan por encima que no logra deja la más mínima huella. No se llega a vislumbrar un relato cohesionado y con un mínimo de atractivo, queda un endeble armazón con lo más básico de cada escenario y diálogo, hasta el punto de parecer un resumen, una tráiler o muestra de una película que está por llegar. Además, tal simpleza garantiza que ves venir todo de lejos, resultando una de las cintas más predecibles y facilonas de los últimos años. Lo único bueno es que el ir al grano sin rodeos también implica avanzar a toda leche, con lo que se puede ver sin atragantarte demasiado.

Los actores se lo toman en serio y algunos como Boyd Holbrook (Narcos -2015-, Logan -2017-), Olivia Munn (The Newsroom -2012-, Magic Mike -2012-) y Keegan-Michael Key (Key and Peele, 2012) están muy bien, mientras que el resto se sostiene con su carisma, salvo alguno que queda tan recortado que ni te das cuenta de que está ahí, como Alfie Allen (Juego de tronos, 2011), o que directamente se eliminó con los cambios, como Edward James Olmos (Battlestar Galactica, 2003). Se adivina un esfuerzo con los personajes, pero la profundidad que pudieran tener en el guion original se pierde por completo en la caótica sucesión de imágenes que ha llegado a las salas. Están expuestos a brochazos mal dados, de forma no hay quien congenie con ellos, algunos quedan tan limitados a un detalle concreto que parecen caricaturas estúpidas, y otros ni resultan verosímiles, como la doctora tan capaz en todo ámbito sin que se explique por qué (atención a cuando sale arma en mano tras el bicho haciendo parkour mientras los militares no se enteran de nada o mueren como peleles inútiles).

La conversión hacia la acción gamberra se podría aceptar si fuera bruta y con humor negro. De hecho, las dos primeras entregas tenían bastante mala baba e incluso daba la sensación de que sus autores no se lo tomaban en serio, sino como un divertimento violento y macabro, por mucho suspense y momentos espeluznantes que hubiera; por ejemplo, en el comienzo de la primera parte, el asalto al poblado se puede tomar como una parodia del cine de acción de los años ochenta. Si de verdad el guion de Black apuntaba a ese camino desde luego ha tenido que perder mucho el foco durante el rodaje y las posteriores modificaciones. Ciertamente, en principio me dio la impresión de que con la tosquedad del montaje hay situaciones y chistes que quedan en su mínima expresión, en una frase soltada de mala manera, sin lograr el factor rudeza o la incomodidad que hubieran tenido en un relato más oscuro y consistente. Pero en líneas generales terminan predominando diálogos burdos cuando no infantiles y soluciones argumentales lastimeras, así que al final hay que admitir que Black realmente no encontró el tono ni la inspiración en ningún momento.

Sin ir más lejos, las bases del argumento dan más asco que pena: un depredador más grande como nuevo enemigo muestra la poca inspiración y esfuerzo, las improvisaciones en la ampliación del universo de la criatura no convencen, el niño autista con tanta habilidad y tan sociable y su destino tan rebuscado dan vergüenza ajena, y cuando pensabas que no podían caer más bajo llega el epílogo de videojuego con la armadura “molona” con el que el productor John Davis anuncia sus intenciones de hacer una trilogía.

Es inevitable comprobar si otros sellos característicos de la serie mantienen el nivel: la cantidad de vísceras y violencia, el diseño del depredador y la música. Hay algunos destripamientos y sangre en cantidad (mucha de ella parece que digital, aunque no canta como para molestar), pero las escenas tienen tan poca emoción que no importa, no se consigue una atmósfera de asombro y desagrado efectiva. Los efectos especiales y el disfraz del depredador (o lo digital, si hay escenas así) mantienen el tipo, pero estamos en las mismas, el bicho no acojona, y como señalaba, agrandar su tamaño parece un recurso demasiado facilón. La banda sonora de Henry Jackman es un refrito cansino de la portentosa partitura de Alan Silvestri; querría creer también que es debido a las exigencias y prisas de la productora, pero desde luego podía haberse esmerado más en aportar unas mínimas variaciones.

Con un montaje tan desastroso es difícil catalogar adecuadamente el trabajo de Black tras las cámaras, pero la impresión es también que no apuntaba maneras. Demasiado primer plano, escenarios de acción nada inspirados y en los que no puedes ver dónde está cada personaje ni el progreso de la situación, y un sentido del espectáculo inmaduro y poco acorde a la serie es lo que encontramos, lo cual difícilmente pudiera mejorarse en postproducción. Parece un capítulo del Equipo A (Stephen J. Cannell, Frank Lupo, 1983) o una cinta de terror y comedia adolescente en vez de la épica sobrecogedora que se espera de la saga.

El galimatías que queda no se puede entender cómo ha sido estrenado. Puestos a retrasar, retrasa unos cuantos meses más, contrata a un nuevo equipo de guionista, director y montador, y que le peguen un repaso a ver si son capaces de recuperar algo decente. Pero ha primado la imagen mediática del momento (más retrasos es igual a pérdida de confianza) y el ahorro de cuatro perras a la visión a largo plazo: ¿de verdad no pensaron que este bodrio daría un resultado desastroso en taquilla, sería peor para la imagen de la serie y de los implicados, y hundiría durante años cualquier intento de recuperar la saga? Sin embargo, han tenido la inmensa suerte de que el horrible boca a boca del público y las malas críticas de los medios no han llegado a hundirla del todo, pues costando unos noventa millones de dólares ha recaudado casi ciento sesenta, con lo que de haber dado pérdidas no habrán sido estratosféricas.

The Predator parece la versión de The Asylum, esa empresa de dudosa moral que se dedica a hacer plagios baratos de películas taquilleras, en vez de la auténtica superproducción que anunciaban. Hasta Alien vs. Predator tenía cierta dignidad, sabían que estaban rodando una serie b comercial sin más ambición.

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