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La guerra de las galaxias: Episodio IV – Una nueva esperanza


Star Wars: Episode IV – A New Hope, 1977, EE.UU.
Género: Fantasía, aventuras.
Duración: 121 min. (1977), 125 min. (Edición Especial, 1997).
Director: George Lucas.
Escritor: George Lucas.
Actores: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Alec Guinness, Peter Cushing, Anthony Daniels, Kenny Baker, Peter Mayhew, David Prowse, James Earl Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La imaginación y tesón de George Lucas por sacar su visión adelante. La maravillosa historia, los míticos personajes, los gloriosos diálogos, la sucesión de escenas que incluso casi cuarenta años después siguen resultando hipnotizantes, los revolucionarios efectos especiales y por supuesto la música de John Williams, probablemente la mejor banda sonora de la historia del cine.
Lo peor: Nada, excepto lo comentado en la introducción sobre las ediciones retocadas.
Mejores momentos: Por supuesto, el prólogo, con la inmensa nave del Imperio dando caza a los rebeldes. Y a partir de ahí, prácticamente todo: Mos Eisley, la estancia en la Estrella de la Muerte, la huida (mención especial para el combate contra varios cazas)…
Los planos: El inicial con el destructor copando toda la pantalla. Luke mirando al horizonte soñando con el futuro. El Halcón Milenario entrando en la Estrella de la Muerte.
El título: Se estrenó como La guerra de las galaxias a secas y sin número de capítulo, pero cuando tuvo éxito y Lucas pudo rodar más entregas se lo cambió.
Errores de traducción: Hay infinidad de fallos garrafales. El remote (la bola de entrenamiento que usa Luke) como los lejanos, con lo que el resto del diálogo se tergiversa de forma delirante; el reverso tenebroso en vez del Lado Oscuro; los parsecs convertidos en parasegundos (y lo primero está mal también, porque es una unidad de distancia); prueba mental en vez de sonda mental (mental probe); las blast doors (puertas blindadas) como puertas romboides (y además en castellano añaden antes un diálogo inexistente en el original: cierren las puertas romboides), los blaster (las pistolas) con una traducción distinta en cada vez; reactores inferiores en vez de motores subluz; y hay algunos diálogos inventados por completo, algo que es más habitual de lo que parece.
Las frases:
1) Que la Fuerza te acompañe.
2) Su carencia de fe resulta molesta -Darth Vader.
3) No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido. La posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza -Darth Vader.
4) ¿Quién está más loco: el loco o el loco que sigue al loco? -Obi-Wan.
5) Ayúdame Obi-Wan Kenobi, eres mi única esperanza -Leia.

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Una nueva esperanza, aunque mucha gente no se da cuenta, es un relato muy clásico, muchísimo, dentro del género de la fantasía. Es el sempiterno cuento del Bien contra el Mal, la odisea del joven, sus amigos, su mentor y el pueblo oprimido contra el gran tirano oscuro. El desarrollo sigue bastante el estilo habitual de estas narraciones, de hecho podríamos compararlo el gran referente, El Señor de los Anillos de Tolkien, y encontraríamos numerosos paralelismos, algunos incluso tomados más allá de la estructura narrativa (como los pasillos redondos del Halcón Milenario, probablemente inspirados en las casas hobbits): Luke/Frodo, Obi-Wan/Gandalf, Han Solo/Aragorn, Darth Vader/Saruman, Emperador/Sauron, Estrella de la Muerte/Mordor, Mos Eisley/Bree, tropas imperiales/orcos, la Fuerza/el Anillo, etc. Pero hay muchas más influencias: la obra de Kurosawa, cómics como Flash Gordon, largometrajes como Metropolis (el diseño de C-3PO), o la propia realidad, pues se basó en la Segunda Guerra Mundial para la forma de rodar las batallas espaciales. Pero no voy a extenderme al respecto, que hay muchos artículo sobre ello, y voy a centrarme en el análisis de la película.

Esa supuesta limitación, ese clasicismo de las bases del relato, no impidió que George Lucas orquestara una obra maestra deslumbrante. No importaba que fuera evidente que Luke partiría a la aventura y se convertiría en héroe, que la princesa sería salvada y los buenos ganarían, cada paso era y es, aun habiendo transcurrido casi cuarenta años desde el estreno, un deleite narrativo y visual. ¿Cómo lo logró? Contando la historia con muchísima pasión e inspiración y creando un envoltorio fascinante, un mundo desbordante de pueblos, gentes y criaturas extraordinarias donde introdujo unos personajes sencillos pero muy atractivos cuyos ingeniosos diálogos y aventuras embelesaron a millones de espectadores. Es decir, que acertó a lo grande con una combinación magistral. Por un lado, se apoyó en anhelos humanos primarios: el adolescente que quiere vivir aventuras, el bribón que cae bien a todos, la chica madura y decidida pero también muy hermosa, y el alzamiento contra el opresor; o sea, una historia humana, directa al corazón. Por el otro, ese universo tan singular y asombroso dejó anonadado y soñando a medio mundo, porque todo parecía nuevo y maravilloso.

El ritmo de la cinta es impecable, mostrando una insólita capacidad para dejarte embobado escena tras escena: pone cada capítulo y revelación en el orden más acertado, manteniendo el interés constante y desglosando las sorpresas poco a poco. Desde el prólogo, con la mítica entrada del inmenso destructor imperial y la aparición de los androides, hasta la antológica batalla final, el desfile de imágenes cautivadoras es casi indescriptible. La presentación de C-3PO y R2-D2 es estupenda y resultan adorables en toda la trilogía, al contrario del desastre en que los convierte en las precuelas: tienen una personalidad clara, y sufrimos y nos divertimos con ellos. Ponte en la época para entender mejor el impacto: dos robots como protagonistas principales durante un buen trecho de la proyección. Su periplo por el desierto y el encuentro con Luke nos va poniendo poco a poco en situación además de irnos sumergiendo en el vistoso universo planteado. Tatooine con sus dos soles, la misteriosa figura de Obi-Wan, el sugerente goteo de información sobre una guerra que asola la galaxia, los sueños de Luke de salir de la miseria y conocer el universo, Mos Eisley y su agresiva mezcolanza étnica, la taberna y la fantástica introducción de Han Solo y Chewbacca…

Luke es un encanto, congenias rápido con sus esperanzas por tener una vida más emocionante. Y su evolución está muy bien trabajada, no se apunta a todo porque sí, algo que detesto en los héroes del cine contemporáneo. Tiene dudas que entendemos bien, toma decisiones imperfectas, y el entorno influye más de lo que puede creer. De hecho el Destino juega a su favor, como es habitual en este tipo de cuento: si no es por la llegada de los androides no habría caído en la órbita de acontecimientos que lo llevarán al lugar que le corresponde. Cuando el Imperio acaba con su familia no tiene ataduras que limiten su potencial, y empieza su camino como Jedi. Obi-Wan aparece poco, pero lo justo para poner en la buena dirección a Luke, y resulta muy intrigante, tanto por su actitud como porque planta más misterios atractivos ante el espectador: los Jedi, su relación con Darth Vader y con el padre de Luke, la vieja guerra… Han Solo atrapa también a la primera, con su porte de bandido carismático y sus diálogos directos con un toque de cinismo. Uno de sus aspectos más vistosos es que resulta un héroe gris, fuera del canon habitual: no duda en disparar a quien va tras él. Por eso se criticó tantísimo a Lucas cuando cambió esa escena: estaba destruyendo la esencia del personaje. Su colega Chewbacca es otro punto genial: no entendemos lo que dice pero se convierte rápidamente en un secundario entrañable.

Una vez en el espacio acabamos en las garras del temible enemigo: la estancia en la Estrella de la Muerte es inquietante y mantiene la tensión a flor de piel al poner un futuro cada vez más oscuro sobre los protagonistas. El enemigo parece demasiado poderoso y terrorífico como para que puedan salir con facilidad de su formidable base, y Lucas explota eso muy bien, haciendo que estén en desamparo constante, improvisando, corriendo, pasándolas putas en cada momento. Además, la descripción de las figuras principales del enemigo es impresionante, hasta el punto de que Darth Vader se convirtió en uno de los iconos más admirados del cine. El diseño del traje, sus estremecedores poderes, las referencias a un pasado misterioso, la voz de James Earl Jones y el buen doblaje de Constantino Romero… Moff Tarkin no se queda atrás, con una personalidad fría y un aspecto amenazador (Peter Cushing no necesitaba elaboradas máscaras para ello), y sirve para mostrar el aspecto más terrenal del Imperio, el ejército tiránico implacable.

La caída de Obi-Wan, la huida por los pelos y la pelea contra los cazas te siguen manteniendo en vilo y funcionan hábilmente para lanzar el tramo final. Por un lado tenemos otro paso en la maduración de Luke: la emancipación, tomar decisiones por sí mismo… aunque como vemos por los consejos de Obi-Wan desde el más allá, su despertar como Jedi continúa (me pregunto si Lucas tenía bien planeado el desarrollo del personaje de cara a los próximos capítulos o las voces de Obi-Wan fueron introducidas en plan deus ex machina). Por el otro, el realizador vuelve a mostrar lo certero que fue su trabajo como guionista y director al saltar al último acto de la narración con inmediatez, sin romper el ritmo ni el aura de “el Imperio se los va a comer a todos”: la fuga es una treta de Vader para encontrar la base rebelde. Así, llegamos a la sobrecogedora batalla final pensando que los malos tienen a los buenos justo donde querían a pesar de todas sus penurias, de forma que, aunque asumes que ganarán los héroes como se espera, estás temiendo todo el rato la derrota inminente. Y ni te cuento lo que tuvo que ser el ver por primera vez la parte final, cuando Darth Vader sale y va cargándose a todos los compañeros de Luke sin mucho esfuerzo. En el epílogo también acierta de lleno tirando por algo básico pero tremendamente efectivo: entrega de medallas con música feliz y heroica, miradas entre los protagonistas congeniando y celebrando, y fin.

Tan sólo ligeros detalles del guion rechinan levemente, y huelga decir que no hay película considerada hito del cine que se libre de tener algún desliz o alguna parte que podría haber sido más lógica de otra manera (y quizá mayor lógica implicaría menor espectacularidad o belleza). Por ejemplo, siempre me ha resultado un poco cogido por los pelos que los Jedis se hayan convertido en leyenda poco verosímil para la gente, a pesar de su presencia y relevancia en las Guerras Clon hace tan solo unos veinte años; y esto es algo que se nota más con la existencia de las precuelas. Pero lo único que sí cojea bastante es que el ataque a la Estrella de la Muerte resulta un tanto forzado. ¿De verdad unos pocos cazas pueden con semejante mastodonte? ¿Y por qué el Imperio envía tan pocas naves a defenderla? Además, el tiempo del combate no se maneja muy bien: en la cuenta atrás, en dos minutos tenemos varias escaramuzas y ataques, en los siguientes tres otro puñado, y así sucesivamente, pero la sensación es que duran muchísimo más. Eso sí, a cambio el tempo narrativo es impecable: qué tensión en toda la larga escena.

En cuanto al reparto, salvo por las estrellas Alec Guinness y Peter Cushing se escogieron actores muy desconocidos, y algunos quedaron escondidos tras aparatosas máscaras y disfraces o incluso con la voz cambiada (James Earl Jones era la voz de Vader, mientras que el cuerpo correspondía a David Prowse). Si bien entre los protagonistas, excepto la sobria interpretación de Guinness, que le da un toque de misterio muy eficaz a Obi-Wan, ninguno ofrece un papel digno de elogio, todos cumplieron correctamente: casi parece que Mark Hamill funciona como Luke por estar tan perdido como él, Carrie Fisher imprime el coraje justo a Leia, y Harrison Ford tenía el desparpajo necesario para hacer verosímil al desvergonzado Han Solo. Pero fue la unión de los tres, mostrando una química muy natural que aprovechaba al máximo los ágiles diálogos, lo que realmente hizo destacable a los protagonistas. Y gracias a ello se supera la conocida ineptitud de Lucas para dirigir a los actores, que se quejaban de no recibir indicaciones claras; por el contrario, en la trilogía de precuelas esta carencia se hizo muy evidente. Curiosamente, sólo Ford supo o quiso aprovechar el éxito del filme para labrarse una vistosa carrera. De hecho no tardó en enlazar con otra saga que le permitiría meterse en la piel de otro personaje antológico: Indiana Jones.

A la hora de dirigir el proyecto Lucas se enfrentó a la misma lucha que han enfrentado todos los visionarios: la incomprensión del mundo y la falta de ayuda y dinero que eso supone. Incluso compañeros y amigos del gremio le expresaron serias dudas. Alec Guinness afirmó mientras rodaban que no entendía nada porque el guion le parecía un sinsentido, Brian de Palma y John Milius echaron pestes del visionado de prueba, siendo Steven Spielberg el único que vio el potencial de la película. Porque Lucas estaba cerca de su sueño, pero si no se hubiera dejado asesorar no habríamos tenido La guerra de las galaxias tal y como la conocemos hoy. Precisamente esto es algo que se le critica en la trilogía de precuelas, donde absorbió todo el trabajo creativo dejando ver sus muchas carencias como narrador. Uno puede ser bueno en varios ramos del arte cinematográfico, pero difícilmente puedan dominarse todos.

Lucas destacó en los principales, como el ideólogo de la historia y el director del proyecto. Supo mantener al equipo cohesionado incluso en el insoportable desierto, y fue capaz de obtener de cada apartado artístico y técnico lo máximo de sí. Con la inestimable ayuda del principal encargado de los efectos especiales, John Dykstra, llevaron más allá de lo imaginable técnicas conocidas (las maquetas y los matte paintings no eran nuevos), les dieron formas únicas, mejoraron, reinventaron y combinaron todo hasta lograr un aspecto visual tan novedoso como arrebatador. Vaya repertorio de alienígenas y naves tan extraños y asombrosos, menudas batallas espaciales sin igual. Cabe destacar que el diseño de las naves fue tan impresionante que los destructores, los cazas y sobre todo el Halcón Milenario forman parte de la cultura popular desde entonces. No en vano, la empresa que fundaron para este trabajo, Industrial Light and Magic (ILM), se convirtió en referente en cuanto a efectos especiales y sigue siéndolo hoy en día aunque cuente con buenos rivales.

Y el estar Lucas por entonces abierto a la experiencia de otros dio sus frutos. Las recomendaciones de Spielberg fueron cruciales, tanto para la entrada de John Williams como para encaminar a repasar prácticamente la narración entera, o sea, que la película final no se pareció en nada a lo que estaba construyendo Lucas, que se había atascado en un montaje farragoso. Los editores Paul Hirsch y Richard Chew y sobre todo su mujer Marcia Lucas cambiaron muchas cosas, como un primer acto que introducía a Luke rompiendo el ritmo saltando a la superficie en plena batalla del prólogo, o el orden de varias secuencias grandes para aclarar la trama, pero también mejoraron la construcción de los clímax de tensión, como la batalla final, donde en principio la Estrella de la Muerte no estaba a punto de acabar con la base rebelde, por lo que no se creaba esa intensa sensación de peligro y apremio que mencioné más atrás. Este fantástico documental amateur analiza este aspecto a fondo.

Pero el último empujón que encumbró a La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza, que la convirtió en una obra maestra que enamoró al mundo entero y no tardó mucho en establecerse como un mito, fue el apartado sonoro, con la portentosa y vibrante música de John Williams. El maestro era de sobras conocido, pero elevó su batuta a un nivel inconcebible: prácticamente cada personaje, pasaje y situación tiene un tema musical propio de gran complejidad, y algunos muestran una fuerza y belleza sin parangón. Es evidente que gran parte la magia de la película se debe a sus notas.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
-> Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

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La guerra de las galaxias: Episodio I – La amenaza fantasma


Star Wars: Episode I – The Phantom Menace, 1999, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: George Lucas.
Guion: George Lucas.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Liam Neeson, Jake Lloyd, Ian McDiarmid, Pernilla August, Frank Oz, Ahmed Best, Hugh Quarsie, Anthony Daniels, Kenny Baker.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: En un buen cine o equipo casero es un visionado espectacular gracias a sus impresionantes efectos sonoros y visuales.
Lo peor: Es una memez infantil con un guion lastimero y unos personajes aburridos. Y Jar Jar… ¿en qué cabeza cabe semejante parida?
Mejores momentos: El clímax con varias batallas a la vez: la espacial y la de los protagonistas en el palacio, que termina con el enfrentamiento con Darth Maul.
El plano: Jar Jar pisando una boñiga.
Las frases:
1) El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti -Yoda a Anakin.
2) La capacidad de hablar no te hace inteligente -Qui-Jon a Jar Jar.

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No formé parte de la generación que vivió el nacimiento de La guerra de las galaxias en directo pero sí fui de los que creció con ella, viendo las tres películas una y otra vez en cada etapa de mi vida y disfrutándolas infinitas veces. Así pues, el retorno de la saga fue algo que seguí con pasión, y aunque no era tan friki como para hacer colas enormes y disfrazarme, sí acudí al cine con una expectación desmedida, con una pasión que pocas obras de arte pueden despertar, y más aún en tantísimos individuos a lo largo del planeta. Recuerdo los innumerables reportajes incluso en los telediarios, las masas de aficionados, los avances que nos ponían los pelos de punta y el corazón a mil… pero no recuerdo muy bien el primer visionado. Sé que lo disfruté como un espectacular entretenimiento, y sé que fui a los cines al menos una vez más (quizá dos), pero no tengo claro en la memoria cuánto de bueno y cuánto de malo saqué de la película, ni si me cagué directamente en George Lucas o tardé en asimilar lo que La amenaza fantasma realmente era, es decir, un bodrio enorme. A lo largo de los años la he ido viendo en dvd unas cuantas veces, muchas más de las que vería una película de tan ínfima calidad si no fuera porque es La guerra de las galaxias (el fanatismo es lo que tiene), pero llegó un momento en que alcancé el límite: ya no soy capaz de visionarla, sólo con observar una escena al azar me produce completo rechazo.

Hipnotizados por la emoción, por las letras amarillas, la música de John Williams, las naves espaciales y la presencia de nombres y lugares reconocibles por todos, la proyección pasó ante nuestros ojos a toda velocidad siendo consumida como una droga: cegándonos de sensaciones, extasiándonos de placer. Porque como superproducción resulta realmente vistosa: el derroche de recursos monetarios se tradujo en un derroche de medios humanos y tecnológicos y por ende en un repertorio de efectos especiales y sonoros memorables. Pero no tardó en hacerse evidente, una vez que el nivel de frikismo en sangre se volvió estable y nos permitió razonar más con la cabeza que con el corazón, que Lucas había fallado estrepitosamente.

La amenaza fantasma es una película torpe ya desde el título, que todavía no se sabe muy bien qué quiere decir. Como es obvio ofrece una introducción a unos personajes y a una historia de los que sólo conocíamos su desenlace: versa sobre el inicio del fin de los Jedis y la República y sienta las bases para el próximo nacimiento del Imperio y la Resistencia. Había tanto que contar, tantas grandes historias podrían haberse desarrollado… y George Lucas no logró ir más allá de una presentación simplona de algunos caracteres cruciales, quedando estos muy desaprovechados, y una exposición apática e insustancial de la situación política. Tenemos un niño que se pasea por los mundos jugando con cacharros y navecitas y unos Jedis que no representan el misticismo y sabiduría que les atribuíamos por lo visto en la trilogía original, pues aquí esas cualidades se han eliminado de un plumazo con los midiclorianos y su categoría de gente famosa en todo el universo. Como digo, algunas cosas no cantaban a primera vista; por ejemplo, te quedabas flipado viendo a los Jedis en la apoteósica lucha con sables láser y no te dabas cuenta de que realmente no han construido unos personajes y una orden con un mínimo de complejidad y magia esperables para la saga. El dibujo de Obi-Wan y Qui-Jon es muy simple, su evolución nula, carecen de carisma… es decir, no despiertan interés alguno. Y Anakin apenas pasa de simpático, algo que podemos achacar a que es su presentación, pero tampoco termina de convencerme, porque sólo se repite una y otra vez que es buen piloto, no hay más acercamiento a su psique y potencial. Sólo quizá Amidala tiene algo más de carácter y evoluciona mejor: arrinconada en la política, termina huyendo para sobrevivir como puede en planetas hostiles… pero tampoco hace nada realmente recordable. Además, ella no termina de funcionar como enlace con la torpe intriga política, que carece de profundidad y aun así cuesta seguir los bandos e intenciones y planes que tiene cada uno; ¿alguien captó a la primera las diferencias y trayectoria de la mezcolanza de Palpatine, la Federación de Comercio y un senado de una república con reinas como Amidala? Para rematarlo todo, soportamos un despreciable muñeco parlante que sin duda provocó más de un ataque de ira y varios intentos de atentado contra su padre ideológico.

Los diálogos carecen del ingenio, la pasión y gracia de la trilogía clásica: son tontorrones y vacuos a más no poder, y los actores los escupen con evidente desgana. Liam Neeson, Ewan McGregor e incluso la ya por entonces bastante eficaz Natalie Portman están bastante perdidos, sin duda por una combinación de personajes superficiales, dirección de actores endeble y el trabajar muchas veces ante caracteres que no están ahí, pues serán puestos mediante el ordenador en postproducción. El único realmente destacable del reparto es el joven Jake Lloyd que interpreta a Anakin, quien se desenvuelve de maravilla a pesar de su corta edad (muchísimo mejor que el acartonado Hayden Christensen que encarnará al rol en posteriores entregas).

Pero lo peor de todo es su insufrible tono infantil, tan exagerado que da la sensación de que toda la película es un anuncio de muñecos y demás merchandising. Nadie entiende en qué demonios pensaba Lucas al crear una cosa tan patética como Jar Jar Binks y hacerlo dar vueltas por la historia soltando gilipolleces tan grandes. No puedo entender cómo se decantó tanto por el público menor de trece años sabiendo que la mayor parte de los seguidores eran adultos y que lo más aplauido de la trilogía original eran precisamente las partes más adultas y oscuras. Y qué mala suerte tuvimos con su ego, que lo empujó a ser el único artífice de todo el proyecto: realizó las labores de escritor, director y productor implicándose hasta en el más mínimo detalle, con lo que nadie le plantó cara para decirle: “¿pero es que has perdido el juicio, cómo vas a meter semejante insulto a la inteligencia del espectador?”.

Debido a sus numerosas partes de acción la proyección avanza con ritmo, pero carece de un rumbo concreto y tropieza de escena en escena sin mucha consistencia, alardeando de escenarios, civilizaciones y secuencias de acción poco esforzadas en el contenido, es decir, supeditando todo a los efectos especiales y sonoros en vez de trabajando con esmero los personajes y la historia. Los efectos visuales son de gran nivel, eso sí: una notable combinación de maquetas, fondos pintados y ordenador. Aquí hay que matizar que hay mucho desconocimiento, que esa crítica de que “todo es digital” es bastante desacertada: sólo los alienígenas (empezando por Jar Jar) son creados por ordenador, el resto es artesanal. No hay más que ver algunos recopilatorios de imágenes del rodaje para ver la cantidad impresionante de maquetas que usaron. El problema es que te quedas con el abuso de seres digitales, que evidentamente no convencen tanto como un buen maquillaje o muñeco y envejecen muchísimo peor, a lo que se suma el excesivo colorido de las imágenes, que se alejan de la sobriedad de la trilogía original para inclinarse hacia un estilo casi de animación. Además, el propio Lucas escondió mucho el uso de efectos tradicionales en los documentales y los “cómo se hizo”, donde vacilaba más de las nuevas tecnologías, contribuyendo a la confusión.

Con semejante nivel de efectos especiales habría que ser un manta para no conseguir una cinta espectacular, pero con las carencias enormes de los personajes y la trama no hay manera de conectar con ellos y sentir atracción por el devenir de acontecimientos. También hay altibajos notables en la calidad narrativa: hay unas pocas escenas con potencial, pero se olvida de él y se dedica a tratar de epatar con los efectos, resultando la mayoría de ellas huecas, insustanciales, y unas pocas son nefastas. Así, tenemos secuencias impresionantes en lo visual (sobre todo disfrutadas por primera vez en un cine de calidad), pero lastradas por esas lacras (incluyendo los patinazos infantiles), con lo que pierden bastante pegada, sobre todo con el paso del tiempo. La carrera de vainas es asombrosa pero un tanto larga para lo poco que aporta realmente, las confrontaciones finales son todas alucinantes en lo audiovisual (en especial la batalla espacial y el duelo con Darth Maul) pero la presencia estulta de Jar Jar y aquí también de Anakin haciendo tonterías rebaja mucho el nivel, y Maul mola en la lucha, pero como villano carece de personalidad y por extensión de interés. Pero también encontramos otras partes donde el ridículo está garantizado de forma indescriptible, como la de las criaturas marinas, absurdo añadido donde los haya, o sobre todo la insoportable y vergonzosa lucha de los Gungan, con el insufrible Jar Jar siendo el objetivo de escenitas cómicas que ni el payaso más desesperado habría intentado para sobrevivir; a Lucas sólo le faltó incluir alguna escena de tartas.

Como era de esperar, John Williams se encargó de nuevo de la banda sonora. Esta tuvo momentos de indudable genialidad que contentaron a cualquier fan (atención a los coros del duelo con espadas láser) y por lo general realza muy bien numerosos pasajes y aporta el toque de épica y magia esperable. Sin embargo, una queja sí tengo, aunque es de nuevo culpa de Lucas: ¿hay un solo minuto de la cinta que carezca de música? Es una forma bastante facilona de reforzar el ritmo, sobre todo porque al tercer visionado termina resultando más cansino que el hilo musical de un ascensor.

En resumen, La amenaza fantasma fue en su momento un gran espectáculo, pero tan banal y vacuo que no soporta sucesivos visionados sin que se derrumbe por completo su fachada y saque a relucir su infame guion y tono inmaduro. Además, al estar tan supeditada narrativamente a los efectos especiales del momento nació con fecha de caducidad incorporada, pues pronto surgen nuevas cintas más imponentes en el aspecto visual. Las obras atemporales, como la trilogía original, son las que consiguen un equilibrio entre lo visual y lo argumental de forma que el paso del tiempo no les haga perder frescura y capacidad de impacto. Las dos siguientes entregas mejoran sustancialmente lo aquí ofrecido, y aunque no alcanzaron cotas remarcables si mostraron algo de dignidad. Ojalá George Lucas se hubiera dedicado sólo a ser creador y productor y hubiera dejado la dirección y el guion en manos de gente que tuviera dos dedos de frente y unas ideas más maduras.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
-> Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)