El Criticón

Opinión de cine y música

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Aliens


Aliens, 1986, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción, terror.
Duración: 137 min (cines), 154 min (edición especial, 1992).
Dirección: James Cameron.
Guion: James Cameron, Walter Hill, David Giler.
Actores: Sigourne Weaver, Michael Biehn, Lance Henriksen, Carrie Henn, Paul Reiser, Bill Paxton, William Hope, Janette Goldstein.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Todo: guion, dirección, efectos especiales y decorados, música, reparto… Su inigualable capacidad para atrapar, impresionar, agobiar, aterrar… incluso innumerables visionados y años después.
Lo peor: Le sobran un par de escenas en su versión completa. Y por el contrario, a la versión corta le falta una crucial. La calidad del audio de la versión doblada en España es bastante mala, hubiera requerido un redoblaje más cuidado para el dvd, y más aún para el bluray (además, se nota mucho el contraste con las escenas añadidas en la edición especial); y la voz de la niña es horrible, como hecha por una actriz adulta con voz de falsete.
Mejores momentos: La inquietante entrada en el complejo, el primer y caótico ataque, Ripley tomando los mandos del tanque, la caída de Vasquez… Y todo el tramo final, con la búsqueda de Newt y el enfrentamiento con la reina.
El plano: La nave pilotada por Bishop acercándose al generador (cuando Ripley decide ir a por Newt), con un tema musical que pone los pelos de punta.
El título en castellano: Oficialmente se denominó Aliens: El regreso. No sé por qué en España siempre ha existido la manía de añadir coletillas ambiguas o incomprensibles a los títulos. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, su nombre original es el que se recuerda.
La frase: ¡Aléjate de ella, zorra!

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Alerta de spoilers: Por si alguien no la ha visto a estas alturas, la destripo a fondo. —

Alien de Dan O’Bannon y Ridley Scott (1979) fue una de esas obras maestras revolucionarias que marcan un hito en la historia del séptimo arte y dejan al espectador (al que tuvo la suerte de verla en su época sobre todo) anonadado ante algo tan innovador y fascinante (y, en este caso, terrorífico). Una película de las que no se olvidan, de las que son capaces de romper la injusta barrera que separa el cine de ciencia-ficción del “cine de verdad”. Su éxito fue tal que pronto la maquinaria de Hollywood empezó a gestar una secuela, siendo uno de esos proyectos que deambulan por los estudios entre productores varios, contratando y cambiando guionistas e ideas constantemente, de forma que parecen abocados al fracaso artístico. Pero quiere la suerte que por aquel entonces habría gente con la cabeza bien puesta en la 20th Century Fox, y aunque inicialmente había dudas sobre su viabilidad económica, a partir de cierto momento el proyecto se tomó en serio. El nombre de James Cameron, un autor desconocido y sin un currículo digno de mención (el título de cine cutre Pirañas II, 1981), fue propuesto por alguien, pero no tenía la confianza del estudio a pesar de que algunos alabaron el argumento que propuso. Pero al deslumbrar con Terminator (1984) pensaron que él y su socia productora Gale Anne Hurd (con la que estuvo casada unos años por aquella época) reunían cualidades de sobra, y les dieron bastante libertad durante el rodaje, sobre todo porque su guion entusiasmó a todos los productores y directivos.

Este mismo proceso se repitió en el resto de la serie con mucho peor suerte: en Alien 3 (1992) el estudio se sumergió en un caos de cambios de productores y guionistas y maltrataron a lo grande el trabajo del director David Fincher, en Alien Resurrection (1997) jugaron con otros tantos guiones, y aunque al final optaron por dar libertad al director Jean Pierre Jeunet, este tomó un rumbo inadecuado, e incluso cuando Ridley Scott resucitó la serie con un nuevo ángulo en Prometheus (2012), el estudio impuso cambios de ideas y guionistas y además parecía que el propio realizador no supo muy bien por dónde quería ir. Así que Aliens acabó siendo un milagro que no se volvió a repetir en una serie que a partir de ahí nos ha traído muchos desencantos a sus seguidores.

Cameron tuvo la osadía de cambiar el género y estilo por completo, planteando una odisea bélica con un gran repertorio de protagonistas en vez de repetir la fórmula del primer capítulo. Con la filmación y el estreno forjó definitivamente su leyenda de visionario y genio del cine, pero también de persona con la que es difícil trabajar debido a la exigencia de sus rodajes, pues el ambicioso filme que pretendía no fue fácil de llevar a cabo. La complejidad que requería provocó innumerables quebraderos de cabeza, y aunque todos fueron hábilmente resueltos por un equipo muy inspirado y dirigido con mano firme por el obstinado pero dotado director, secuelas quedaron. Como en otros trabajos suyos (Abyss -1989-), algunos currantes renegaron de él. El primer director de fotografía duró poco, por ejemplo; aunque el más sonado fue el caso de James Horner, que tuvo que escribir a toda prisa la banda sonora, soportando cambios y exigencias constantes, y no quiso volver a trabajar con él hasta que en Titanic (1997) lo convenció de aguna manera (con un sueldazo, seguramente). Recomiendo ver los extras de los dvds, en especial algunos como el dedicado a la creación de la reina alien o el del inicio del rodaje, pues aunque otros son menos satisfactorios (los típicos de entrevistas aburridas), los buenos son muy interesantes.

Como en toda obra de Cameron, su narrativa es extraordinaria a todos los niveles. Mide el tiempo de forma exquisita, sabiendo dónde poner cada personaje, trama y escena, y dominando admirablemente qué emoción y sensación sacar de cada instante. Así, hasta que llegamos al planeta casi pasa una hora, pero hasta entonces ha ido cimentando unas bases sobre la historia y los protagonistas de forma tan acertada que el trayecto ha resultado sumamente atractivo. El ritmo hasta entonces puede ser pausado, pero es intenso y expectante como en las partes más activas del relato.

Protagonistas que despiertan pasión ya desde sus primeras apariciones hay unos pocos en un repertorio memorable: Ripley, Bishop, Hicks y Newt son protagonistas que dejan huella, pero los secundaros resultan redondos también, destacando a Vasquez, Hudson, Gorman y el repelente Burke. Qué difícil es hoy día ver un grupo de personajes tan completo, verosímil y atractivo, sobre todo en los géneros de acción, ciencia-ficción y fantasía. Unos te caen simpáticos, otros resultan algo desagradables, pero sin caer en clichés triviales (la trayectoria del teniente inexperto da mucho juego), y con todos se sufre de una forma u otra. El trabajo actoral es excelente. Sigourne Weaver consigue un papel aún más conmovedor que el de Alien, llenando la pantalla de forma impresionante, y Michael Biehn, junto a su gran interpretación en Abyss, demostró que como actor de cintas de acción valía bastante en comparación con el poco éxito que tuvo. Y los secundarios no se quedan atrás, destacando a Bill Paxton como el hiperactivo Hudson, Lance Henricksen como Bishop, capaz de llegarte a pesar de la máscara de frialdad robótica, la carismática Jenette Goldstein que da vida a la dura Vasquez, o la notable representación del mando cobarde que hace William Hope como el teniente Gorman. Y como curiosidad, fue la única película en la que participó la intérprete de Newt, Carrie Henn, quien sólo volvió a ponerse ante las cámaras para unos pocos documentales rodados a partir del año 2000 para los dvds.

El prólogo con el rescate de Ripley es muy intrigante, su adaptación al mundo real mantiene un aura de pérdida y melancolía muy logrado, y la sensación de que quiere huir pero arrastra heridas no cerradas mantiene la expectación aunque sepamos que al final se lanzará a la aventura, porque no habría película de otra forma. Y su gradual maduración no defrauda, va ganando coraje, determinación y liderazgo, para acabar echándole huevos a lo grande en el inolvidable tramo final.

La presentación del comando militar es muy correcta, tiene los diálogos y situaciones necesarios sin caer en tópicos ni perder el ritmo. La conversación con Vasquez haciendo ejercicio pone en cada lugar a varios de ellos, y la muestra de que Ripley sabe manejar el robot tiene la gracia suficiente para no parecer una mera justificación del clímax final. La entrada en el complejo del planeta, jugando con el misterio a lo desconocido, los pasillos desiertos y las señales de lucha, resulta acongojante. Cuando empiezan a pitar los detectores de movimiento, la tensión te mantiene aferrado al asiento. El ataque en la oscuridad de la estructura alienígena es abrumador y espeluzante, y la decisión de Ripley de tomar el mando (tanto del tanque como de la misión) expone en acción el cambio que iba viéndose en ella, la decisión de luchar con todo su ser contra el enemigo que cambió su vida. Hay sorpresas fantásticas, como el eterno plan de la corporación Weyland de hacerse con una de las criaturas (la escena en que Burke quiere infectar a Ripley o a la niña resulta repugnante), situación que además señala ne que el hombre es también a veces un monstruo frío e implacable y el peor enemigo de sí mismo. A estas alturas estará claro que otra gran característica de Cameron es el realismo humano que desprenden sus obras: aparte de la verosmilitud que transmiten sus personajes, la historia siempre posee un trasfondo muy interesante; incluso Mentiras arriesgadas (1994), a pesar de su tono absurdo, hablaba muy bien sobre la familia, sin los clichés rancios habituales.

Con el grupo diezmado nos acercamos más al tono que caracterizó a la primera entrega: la claustrofóbica resistencia ante un enemigo implacable. La situación de peligro inminente y la opresión del entorno oscuro y con criaturas al acecho se transmite al espectador magistralmente: una simple escena que muestra a los personajes cerrando una puerta pone los pelos de punta. Tras otro feroz y escalofriante ataque, la huida por los conductos de ventilación resulta sobrecogedora, con momentos memorables como la caída de Vasquez y Gorman, con el teniente en su momento redentor.

Ahora no queda otra que salir por patas antes de que el complejo estalle, un giro introducido con la suficiente habilidad para no parecer forzado. Pero la cosa se compilca con la desaparición de Newt. Ripley se ha encariñado, ve en ella la hija que perdió, y no está dispuesta a dejarla atrás, arrastrando al espectador en uno de los clímax finales más largos, subyugantes y espectaculares de la historia del cine. La búsqueda de la chiquilla, el interminable y terrorífico enfrentamiento con la reina alien, y el espeluznante epílogo sorpresa en la Sulaco te mantienen con el corazón en vilo durante largos minutos. Aquí deslumbra a lo grande ese exquisito manejo del tempo narrativo del que hace gala Cameron: los interminables pasillos, la alarma insistente, las miradas entre Ripley y la reina, el ascensor, el amago con que Bishop las ha abandonado, el remanso de paz roto trágicamente y la épica lucha sin cuartel contra la reina usando el robot de carga casi no te dejan respirar incluso aunque hayas visto la película innumerables veces.

Como señalaba más arriba, James Cameron controla al detalle y exprime todo elemento para que las ideas que tiene en mente se trasladen con fidelidad al celuloide. La labor de recreación artística es un portento, destacando los inigualables diseños de H. G. Riger, y el trabajo para levantarlo todo es loable: decorados y maquetas logran unas naves y escenarios imponentes y hacen verdaderamente tangibles cada situación y criatura; por ello esta película, y más concretamente la reina alien, resulta una magnífica muestra de que cualquier muñeco manejado por títeres, cables y piezas mecánicas funciona mejor que el efecto digital más logrado. La notable fotografía convierte los pasillos en algo inquietante, gracias también a un manejo excelente de la iluminación. El impecable montaje da forma exquisita a cada escena, tenga esta el ritmo que tenga. Y una banda sonora de James Horner que, a pesar de las dificultades y los controvertidos plagios, nos regaló una obra de acción y terror insólita, remata con una fuerza inenarrable la atmósfera del filme.

El resultado garantiza un visionado inolvidable. Estamos ante una obra que rompe cualquier esquema y catalogación. Capta todos los sentidos y los dirige a una tempestad de acción y terror, nos envuelve en un constante halo de claustrofobia, angustia e inquietud que transmite la certeza de la muerte (nadie parece estar a salvo) y la incertidumbre del caos (en cualquier momento pueden reaparecer los monstruos) con enorme intensidad. Es imposible apartar la mirada de la pantalla, salvo que sea por miedo o asco. Es una secuela que desde el más absoluto respeto sabiamente se distancia del original. Nunca una segunda parte con una visión tan atrevida y diferente había resultado tan memorable. En definitiva, Aliens es una obra maestra que complementa de maravilla a otra obra maestra.

La única pega que puedo ponerle es que a las dos versiones que existen les falta algo. La de cines recorta una escena imprescindible, la que presenta la pérdida de la hija de Ripley, crucial para entender su apego con Newt. Y la versión completa que pudo sacar más tarde Cameron (se la recortaron por larga) tiene una escena sobrante, la de las ametralladoras automáticas, que rompe un poco el ritmo para lo poco o nada que aporta. También se podría discutir si es necesario mostrar a los habitantes de la colonia antes de la llegada de los marines, que en esencia no es metraje especialmente importante e incluso podemos decir que la aventura es más intrigante sin saber nada de la colonia hasta que llegamos con Ripley. Sea como sea, ninguno de estos momentos o falta de ellos rompe la magia del conjunto. Lo que sí puede molestar (al menos si eres un cinéfilo exigente) es la poca calidad del audio doblado y la rechinante voz de la chiquilla. Como digo en la ficha, un título de esta categoría requería una mejora sustancial en este ámbito (redoblaje o remasterización si hay una fuente viable) para tener unas ediciones en dvd y bluray dignas. Así que la versión original es la más recomendable.

Serie Alien:
Alien (1979)
-> Aliens (1986)
Alien 3 (1992)
Alien Resurrection (1997)
Prometheus (2012)
Alien: Covenant (2017)

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Alien vs. Predator


AVP: Alien vs. Predator, 2004, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 101 min.
Dirección: Paul W. S. Anderson.
Guion: Paul W. S. Anderson.
Actores: Sanaa Lathan, Raoul Bova, Lance Henriksen, Ewen Bremner.
Música: Harald Kloser.

Valoración:
Lo mejor: Las criaturas son espectaculares y la cinta goza de un ritmo activo y entretenido.
Lo peor: El guion es una recopilación de tópicos, los personajes carnaza para los monstruos. Es una vergüenza que el cine caiga tan bajo mancillando dos sagas clásicas con una obra en la que es evidente que no se ha puesto esfuerzo alguno en buscar calidad.
Mejores momentos: Un depredador destrozando alienígenas con el arma de su hombro.

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En su momento renegué completamente de esta producción. El propio hecho de realizarla dejó claro que el interés era puramente comercial, y los tráileres indicaron aún con mayor claridad que su objetivo era la taquilla fácil, el público joven al que se ha acostumbrado a esperar la espectacularidad vacua por encima del arte, de la calidad. Pero la razón de mayor peso a favor de apartarme de ella es la traición que supone contra dos sagas fundamentales del cine. El hecho de que Alien ya fuera alargada innecesariamente con unas tercera y cuarta partes de dudosa calidad no supuso ningún freno a los productores.

Conseguí ignorar su existencia durante un tiempo, pero poco a poco, acrecentándose con la llegada de su secuela (no es broma, pronto habrá una segunda parte), fue picándome el gusanillo: ¿qué clase de bodrio han realizado?, ¿tendrá algo salvable?, ¿funcionará como entretenimiento? Finalmente, la curiosidad alimentó tanto mi vena fanática que me dispuse a ver de nuevo a los dos terroríficos e inimitables monstruos, eso sí, con pleno conocimiento de que me enfrentaba a otro monstruo muy conocido: el Hollywood más comercial.

El resultado ha sido ni más ni menos que el esperado, una obra más cercana a un videojuego que a una película, con un guion construido sobre lo más fácil y seguro posible, o sea, todos los tópicos que se pudieron reunir. Los personajes son jóvenes atractivos inadecuados casi todos a sus roles de expertos en distintas materias. Los diálogos, cortos, directos y en teoría cómicos, generalmente dan risa por lo ridículos que son. Se suceden y amontonan paridas (¿las paredes son de yeso o qué?), y cosas poco lógicas (no resulta creíble que la expedición lleve tanto armamento), las patadas a la Historia son bestiales (una pirámide mezcla culturas maya, egipcia y camboyana, qué descojone) y muchas partes evitan explicaciones porque no hay manera de colarlas (esos alienígenas que se reproducen y alcanzan su tamaño letal en diez minutos)… Sin embargo, a pesar de que todo queda supeditado al espectáculo, es de agradecer que la cinta nunca decae hasta el aburrimiento.

Pero claro, si no se arriesgan en la parte inteligente, ¿por qué van a esforzarse en que las escenas de acción tengan personalidad, sean algo más que tiros, hostias, destroces y ruido? Parece que solo Michael Bay merece la pena en este tipo de cine de acción sin contenido, porque los realizadores de Alien vs. Predator no sacan mucho jugo de esas criaturas tan bien caracterizadas. Hay acción, bastante, pero no llega a impresionar en ningún instante. Vamos, que si vas sin expecativa alguna la película se ve con tanta facilidad como se olvida. Pero si eres un amante de ambas sagas y esperas una obra que las respete y trate de ofrecer un mínimo de calidad aceptable, mejor pasa de largo y finge que no existe.