El Criticón

Opinión de cine y música

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Hombres de negro: Internacional


Men in Black: International, 2019, EE.UU.
Género: Acción, comedia, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: F. Gary Gray.
Guion: Matt Holloway, Art Marcum. Lowell Cunningham (cómic).
Actores: Chris Hemsworth, Tessa Thompson, Liam Neeson, Rafe Spall, Emma Thompson, Kumail Nanjiani.
Música: Dany Elfman, Chris Bacon.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo, con lo que no se hace insoportable, y es tan ridícula que te puedes reír de ella. Los actores son simpáticos, aunque no se esfuercen mucho.
Lo peor: Tan desganada, anodina y por momentos estúpida que parece hecha por aficionados sobre la marcha, tanto en guion como en puesta en escena.
El formato: Las anteriores se rodaron en 1.85, esta en 2.00.
La continuidad: La reinventan con todo descaro. En la primera dicen que los MIB se fundaron en los años 50 y el primer contacto con alienígenas fue en 1961 en New York, con K de joven. En esta afirman que a finales de 1800 ya existían en París, con cuartel en la torre Eiffel.

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En las tres entregas previas hubo buen entendimiento entre los productores principales, los guionistas de cada una, el director y la pareja protagonista, pero si con esa situación las secuelas flojearos, rompiéndose el equilibrio el patinazo está garantizado. A la hora de un cuarto episodio que renueve personajes y amplíe horizontes las cosas se han torcido. Ha primado el hacer caja tirando del renombre de una saga conocida y unos actores de moda, Chris Hemsworth y Tessa Thompson, que venían de petarlo en Thor Ragnarok (2017), sobre el correcto desarrollo de una película: contratar guionistas, directores y algún productor con talento, dejarles cierta libertad creativa, y tener un guion y un estilo visual concretado antes de lanzarse a rodar. Con los conflictos que hubo durante el proyecto es difícil achacar culpas, así que sólo puedo especular comparando con la trayectoria previa de los implicados.

Con el guion se entiende que no saliera gran cosa. Matt Holloway y Art Marcum poseen un escaso currículo y de nula calidad: Punisher: War Zone (2008) es cine cutre y Transformer: El último caballero (2017) un esperpento de cuidado; Iron Man (2008) la pongo aparte, porque la saga Marvel se moldeó precisamente con cuidado y ganas entre diversos productores, destacando en este caso a Jon Favreau, quien también dirigió. Lo que me cuesta más entender es que un director como F. Gary Gray, con experiencia más que demostrada en el cine de acción, esté tan perdido con una puesta en escena muy pobre. Tiene cintas muy sólidas, como Negociador (1998) y The Italian Job (2003), y otras que no he visto pero están bien valoradas, Un ciudadano ejemplar (2009), Straight Outta Compton (2015) y la octava de The Fast and the Furious (2017).

Podemos achacar que el productor principal, Walter Parkes, se presentaba en el set reescribiendo sobre la marcha muchas partes y se impuso al realizador en la sala de montaje, en teoría por no estar conforme con el guion y el desarrollo del rodaje. Bien podría ser que hubiera perdido el norte, pero lo cierto es que el aspecto visual general es cosa del director por mucho que al relato le des otra forma en la sala de montaje, y la base del guion ya apuntaban bien bajo y según se dice Parkes lo que hizo fue principalmente eliminar un tono de crítica sociopolítica (concretamente temas de inmigración) para dejar una película como las anteriores, más neutral y familiar. Sea como sea, sin una cadena de mando clara y un rodaje estable, tiene todas las de salir un desastre… y así ha ocurrido.

La historia plagia con descaro y torpeza la premisa y las escenas claves de la primera parte, exprimidas ya demasiado en las otras dos entregas sin aportar savia nueva. El ente destructor de planetas, la clave en un objeto minúsculo que resulta tener mucho poder, los alienígenas secundarios de rigor, destacando el pequeñajo supuestamente graciosete, y los clímax más sobados se acumulan sin que el pegamento que los une sea capaz de aguantar unas bases tan poco consistentes. Los diálogos son lastimeros, no hay gracia alguna en los constante pero penosos intentos de hacer gracia, ni garra en las partes serias. El director no le coge el tono a la combinación de humor y acción, y cada chiste corta el ritmo negligentemente en vez de fluir con naturalidad, como si hubiera pausas para incluir risas enlatadas que al final no han puesto. Y vaguedades y agujeros de guion hay un puñado. Mención especial para los alienígenas gemelos que se arriesgan a acercarse al objetivo para envenenarlo a pesar de que le han puesto una bomba en su coche, y la escena en que los protagonistas se estrellan en lo más profundo del desierto y en un cambio de plano aparecen con una hoguera de leña.

Los personajes son muy ramplones y la trama los lleva por caminos muy vistos y encima mal escritos, con lo que dejan todo a la desenvoltura de los intérpretes. Los actores principales y los secundarios de lujo (Liam Neeson, Rafe Spall, Emma Thompson), por mucho carisma que tengan, se ven muy encorsetados, incluso incómodos, ante tal retahíla de sandeces. La intriga sobre traidores, de forzada y explicita es insultante, parece una película para niños de cinco años. La relación personal y laboral de la pareja protagonista es todo tópicos vulgares, incluyendo los cargantes toques feministas tan de moda (por qué el productor no eliminó esto también). El conflicto galáctico es intrascendental, una excusa para mostrar escenarios y personajes secundarios supuestamente asombrosos, todos puestos en fila sin ton ni son; cómo se echa de menos la trama tan bien hilada del primer episodio. Ni una secuencia consigue despertar el más mínimo interés, ni siquiera la aparición de Rebecca Ferguson, la única situación anticipada por el guion pero que resulta ser una decepción, pues el personaje que tiene entre manos es más bien ridículo (vaya esperpento de peluca), la pelea es tan vulgar como las demás (qué mal hecho el tercer brazo), y el giro con el matón se ve venir de lejos y te lo vuelven a explicar como si fueras un crío.

Si ya anda escasa de originalidad en el libreto, se remata con una puesta en escena chapucera. Con 150 millones de dólares los efectos especiales deberían impresionar, pero F. Gary Gray parece empeñado en rodar de forma que estos desluzcan. Ofrece mucho frenesí visual sin control, lo que se traduce en que la proyección resulta agobiante. La persecución en moto parece sacada de una serie de televisión de hace diez años, es inexplicablemente cutre y vergonzosa. Las peleas a tortas y los tiroteos tienen unas coreografías muy flojas y el montaje es bastante malo, con lo que resultan caóticos y se ven mucho los trucos (cuerdas evidentes, mesas que parece que se rompen justo antes de caer el personaje encima).

La banda sonora de Danny Elfman cumple, pero no aporta novedades a pesar de contar con un colaborador, Chris Bacon. Aparte, el director, afroamericano y con una carrera larga en videoclips, mete cada dos por tres y sin venir a cuento temas rap que le molan, así como el absurdo baile de los alienígenas gemelos.

A pesar del poco riesgo de los episodios segundo y tercero estos tenían cierta cohesión narrativa, algunas cuantas escenas muy dignas, y sobre todo personajes muy simpáticos. Con el sinsentido ruidoso que tenemos entre manos se explica cómo el boca a boca la ha hundido rápidamente a pesar de que aquellos rondaron los 500 y 600 millones de dólares de recaudación mundial: esta se ha quedado en 250 y unas notas de crítica y público malísimas. Con un poco de suerte, no seguirán extendiendo la agonía.

Ver también:
Hombres de negro (1997)
Hombres de negro 2 (2002)
Hombres de negro 3 (2012)
-> Hombres de negro: Internacional (2019)

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La balada de Buster Scrugss


The Ballad of Buster Scruggs, 2018, EE.UU.
Género: Western, aventuras, comedia, drama.
Duración: 133 min.
Dirección: Ethan Coen, Joel Coen.
Guion: Ethan Coen, Joel Coen.
Actores: Tim Blake Nelson, Zoe Kazan, Tom Waits, James Franco, Liam Neeson, Harry Melling, Bill Heck, Brendan Gleeson, Tyne Daly, Jonjo O’Neill, Stephen Root, Saul Rubinek,Clancy Brown, Willie Watson, Grainger Hines, David Krumholtz.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: La fuerza dramática de algunas historias, por sencillas que sean. El impecable aspecto visual. El llamativo reparto.
Lo peor: Las partes experimentales rompen el tono y la calidad.
El dato: A pesar de que los medios lo repiten como borregos, todo el proyecto se desarrolló como película, en ningún momento se anunció una serie de la que luego se echaran para atrás.
La frase: ¿Es tu primera vez?

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Los hermanos Coen son una lotería, su personal cuando no experimental filmografía es tan difícil de catalogar como de asimilar, y con tanto riesgo de vez en cuando han cometido algún patinazo bien gordo. Cuando anunciaron una película con seis historias independientes me temí que arrastrara el mismo problema, la irregularidad entre títulos, y no cuajara como conjunto, y me resistí a verla durante un tiempo. Pero finalmente la curiosidad me pudo y le di una oportunidad. Cumple en cierta manera mis temores, pero las partes menos conseguidas no se me han atragantado (a excepción de la última) porque son lo justo de entretenidas y además duran poco, pero sobre todo porque las buenas hacen olvidarlas pronto y dejan muy buen recuerdo global.

Todos los cortos giran alrededor de temas clásicos del viejo oeste tratados en infinidad de novelas y películas (podría citar innumerables posibles referentes), y estas a su vez inspiradas en la historia de aquellos tiempos. Hicieron algo parecido en ¡Ave, César! (2016), donde intentaban abarcar y homenajear distintos aspectos del Hollywood de los años cincuenta, pero el resultado fue caótico e insoportable, mientras que en esta, a pesar de que las historias están separadas, la cosa funciona bastante mejor.

Cada una tiene un estilo muy diferenciado dentro del margen en que suelen moverse los autores. Las mejores están en su línea dramática y de giros funestos, pero sorprenden con un tono muy serio y contenido, mientras que las más flojas son las que tienen más de su humor descabellado y surrealista. En común tienen la fotografía de Bruno Delbonnel y la música de Carter Burwell. El francés Delbonnel deslumbró en Amelie (2001) y venía de hacer buenas migas con los Coen en A propósito de Llewyn Davis (2013). Este es capaz de sacar la belleza más asombrosa de los grandes paisajes, de dar color y alegría en las partes cómicas, y de sumergirnos en un ambiente triste en las más dramáticas. Burwell es un colaborador habitual. Realiza una aproximación muy fiel a la música de la época, con mucha guitarra clásica y violín, y se adapta también a la perfección al tono de cada segmento.

Cabe señalar que es la primera ocasión en que los Coen abandonan el celuloide por las cámaras digitales, aunque según dicen lo hicieron para abaratar costes. Y también decidieron distribuir la cinta por Netflix, con un estreno limitado en dos cines para poder optar a premios (donde les fue bastante bien). Aunque a la hora de la verdad ha sido Roma de Alfonso Cuarón, del mismo año pero con más impacto mediático, la que ha empujado a tratar seriamente el debate de que hay que actualizar las normas de distribución y premios, y por ahora no para bien, porque la industria y muchos autores importantes siguen viendo a las plataformas online como un paso atrás en vez de el futuro inevitable y una mejora en muchos aspectos, el primero, que dan cabida a tipos de cine que las grandes productoras cada vez quieren menos.

LA BALADA DE BUSTER SCRUGGS
Duración: 15 min.

La primera historia puede espantar a muchos. Repasa la típica vida del pistolero del oeste haciendo mención a los escenarios y situaciones más reconocibles con un tono caricaturesco e incluyendo varias canciones. Resulta un relato simpático y tiene un ritmo ágil, pero no veo material como para que pueda dejar huella alguna. El poco conocido Tim Blake Nelson cumple como buen profesional, pero no consigue causar impresión alguna, algo que un protagonista único tiene que conseguir.

CERCA DE ALGODONES
Duración: 12 min.

El segmento dedicado a los atracos a bancos y a los indios se inclina por acción ligera y la comedia estilo slapstick (tortas y enredos violentos). James Franco como el bandido y Stephen Root como el banquero pillan el tono absurdo muy bien. El atracador se mete en una serie de líos de los que no parece poder salir, y a cada nuevo embrollo le sigue un giro ingenioso, hasta acabar en un tramo final tronchante. ¿Es tu primera vez? Lo malo es que resulta aún menos trascendente que la anterior. Se ve muy bien, pero se olvida muy rápido, tanto que al ponerme con un segundo visionado ni recordaba que existía.

EL MANTENIDO
Duración: 20 min.

De lo más loco pasamos a lo más serio y trágico. Un feriante (Liam Neeson) malvive con lo que saca exhibiendo a un actor desgraciado sin piernas ni brazos (Harry Melling y un buen trabajo de efectos especiales). El ambiente melancólico y desesperanzado se contagia rápidamente. La vida es una agonía interminable, sufrir un día eterno y agotador tras otro para obtener algo que comer y esperar con resignación otro amanecer. La angustia se contagia con bastante intensidad, no es agradable de ver. El final es demoledor y deja muy mal cuerpo.

EL CAÑÓN DE ORO
Duración: 21 min.

Inspirada en la obra de Jack London. Seguimos las andanzas de un anciano que viaja en solitario a tierras inhóspitas en busca de oro. Por suerte, este segmento empieza despacito, introduciéndote poco a poco en la aventura del buscador, con lo que da tiempo a salir del hechizo funesto del anterior. El peculiar cantautor (nunca he conseguido cogerle el punto) y a veces actor Tom Waits encandila pronto con sus vivencias, los paisajes quitan la respiración, el proceso de encontrar oro resulta muy ameno. Parece que estás ahí con el vejete, silbando mientras cava. El relato resultante es sencillo pero encantador, precioso en algunos tramos.

LA MUJER DESCONCERTADA
Duración: 38 min.

Inspirada en la obra de Stewart Edward White. Los inmigrantes buscan tierras donde encontrar una vida mejor, viajando en grupos de caravanas. Pero la conquista del oeste no es fácil, hay que abandonar lo conocido y enfrentar muchos retos. La joven Alice (Zoe Kazan) vive cada día sin saber qué le deparará el siguiente. Hay baches inesperados que tiran al traste sus débiles esperanzas, y otras nuevas surgen cuando menos pensaba. Encuentra un apoyo fortuito en dos guías de su partida. El anciano silencioso encarnado por Grainger Hines y el joven atento en manos de Bill Heck. ¿Conseguirá salir adelante con su apoyo?

Es la historia más larga y compleja, tan buena y hermosa que acabas con ganas de que le hubieran dedicado una película completa. Un sinfín de anécdotas, conflictos y sentimientos exponen cómo era la vida de la época con gran naturalidad, absorbiéndote por completo de principio a fin. Familias y matrimonios, esperanzas y miedos, los distintos problemas del camino, las vueltas inesperadas del destino… La joven desvalida se hace querer, desearías estar ahí para ayudarla. Los guías, con personalidades dispares, son muy atractivos también. La puesta en escena saca todo el partido de los grandes paisajes, y bien que sudaron los Coen rodándola. Y el final es inolvidable.

LOS RESTOS MORTALES
Duración: 15 min.

Pasamos de todo lo alto a estrellarnos en un enredo psicológico que desentona mucho y aburre más. En una diligencia, los cinco pasajeros hablan de sus vicisitudes. Distintas visiones del mundo se entrecruzan con diálogos bastante inteligentes y con profundidad por lo general, pero tan enrevesados y por momentos pedantes que parecen muy artificiales. La puesta en escena es lo contrario a lo visto en el resto de la cinta: canta mucho que se rodó en estudio, resulta demasiado cutre. Las lecturas que se pueden sacar sobre la vida y la muerte son interesantes, pero no sé yo si merece la pena tragarse tanta cháchara para llegar a conclusiones que a la hora de la verdad no impactan tanto.

Este último corto pone de manifiesto que La balada de Buster Scruggs habría funcionado mucho mejor con mayor coherencia estilística, más concretamente si hubiera mantenido las formas serias de las tres historias centrales. Estas realzan tanto el conjunto que muchísimos medios la incluyeron entre las mejores películas del año.

La guerra de las galaxias: Episodio I – La amenaza fantasma


Star Wars: Episode I – The Phantom Menace, 1999, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: George Lucas.
Guion: George Lucas.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Liam Neeson, Jake Lloyd, Ian McDiarmid, Pernilla August, Frank Oz, Ahmed Best, Hugh Quarsie, Anthony Daniels, Kenny Baker.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: En un buen cine o equipo casero es un visionado espectacular gracias a sus impresionantes efectos sonoros y visuales.
Lo peor: Es una memez infantil con un guion lastimero y unos personajes aburridos. Y Jar Jar… ¿en qué cabeza cabe semejante parida?
Mejores momentos: El clímax con varias batallas a la vez: la espacial y la de los protagonistas en el palacio, que termina con el enfrentamiento con Darth Maul.
El plano: Jar Jar pisando una boñiga.
Las frases:
1) El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti -Yoda a Anakin.
2) La capacidad de hablar no te hace inteligente -Qui-Jon a Jar Jar.

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No formé parte de la generación que vivió el nacimiento de La guerra de las galaxias en directo pero sí fui de los que creció con ella, viendo las tres películas una y otra vez en cada etapa de mi vida y disfrutándolas infinitas veces. Así pues, el retorno de la saga fue algo que seguí con pasión, y aunque no era tan friki como para hacer colas enormes y disfrazarme, sí acudí al cine con una expectación desmedida, con una pasión que pocas obras de arte pueden despertar, y más aún en tantísimos individuos a lo largo del planeta. Recuerdo los innumerables reportajes incluso en los telediarios, las masas de aficionados, los avances que nos ponían los pelos de punta y el corazón a mil… pero no recuerdo muy bien el primer visionado. Sé que lo disfruté como un espectacular entretenimiento, y sé que fui a los cines al menos una vez más (quizá dos), pero no tengo claro en la memoria cuánto de bueno y cuánto de malo saqué de la película, ni si me cagué directamente en George Lucas o tardé en asimilar lo que La amenaza fantasma realmente era, es decir, un bodrio enorme. A lo largo de los años la he ido viendo en dvd unas cuantas veces, muchas más de las que vería una película de tan ínfima calidad si no fuera porque es La guerra de las galaxias (el fanatismo es lo que tiene), pero llegó un momento en que alcancé el límite: ya no soy capaz de visionarla, sólo con observar una escena al azar me produce completo rechazo.

Hipnotizados por la emoción, por las letras amarillas, la música de John Williams, las naves espaciales y la presencia de nombres y lugares reconocibles por todos, la proyección pasó ante nuestros ojos a toda velocidad siendo consumida como una droga: cegándonos de sensaciones, extasiándonos de placer. Porque como superproducción resulta realmente vistosa: el derroche de recursos monetarios se tradujo en un derroche de medios humanos y tecnológicos y por ende en un repertorio de efectos especiales y sonoros memorables. Pero no tardó en hacerse evidente, una vez que el nivel de frikismo en sangre se volvió estable y nos permitió razonar más con la cabeza que con el corazón, que Lucas había fallado estrepitosamente.

La amenaza fantasma es una película torpe ya desde el título, que todavía no se sabe muy bien qué quiere decir. Como es obvio ofrece una introducción a unos personajes y a una historia de los que sólo conocíamos su desenlace: versa sobre el inicio del fin de los Jedis y la República y sienta las bases para el próximo nacimiento del Imperio y la Resistencia. Había tanto que contar, tantas grandes historias podrían haberse desarrollado… y George Lucas no logró ir más allá de una presentación simplona de algunos caracteres cruciales, quedando estos muy desaprovechados, y una exposición apática e insustancial de la situación política. Tenemos un niño que se pasea por los mundos jugando con cacharros y navecitas y unos Jedis que no representan el misticismo y sabiduría que les atribuíamos por lo visto en la trilogía original, pues aquí esas cualidades se han eliminado de un plumazo con los midiclorianos y su categoría de gente famosa en todo el universo. Como digo, algunas cosas no cantaban a primera vista; por ejemplo, te quedabas flipado viendo a los Jedis en la apoteósica lucha con sables láser y no te dabas cuenta de que realmente no han construido unos personajes y una orden con un mínimo de complejidad y magia esperables para la saga. El dibujo de Obi-Wan y Qui-Jon es muy simple, su evolución nula, carecen de carisma… es decir, no despiertan interés alguno. Y Anakin apenas pasa de simpático, algo que podemos achacar a que es su presentación, pero tampoco termina de convencerme, porque sólo se repite una y otra vez que es buen piloto, no hay más acercamiento a su psique y potencial. Sólo quizá Amidala tiene algo más de carácter y evoluciona mejor: arrinconada en la política, termina huyendo para sobrevivir como puede en planetas hostiles… pero tampoco hace nada realmente recordable. Además, ella no termina de funcionar como enlace con la torpe intriga política, que carece de profundidad y aun así cuesta seguir los bandos e intenciones y planes que tiene cada uno; ¿alguien captó a la primera las diferencias y trayectoria de la mezcolanza de Palpatine, la Federación de Comercio y un senado de una república con reinas como Amidala? Para rematarlo todo, soportamos un despreciable muñeco parlante que sin duda provocó más de un ataque de ira y varios intentos de atentado contra su padre ideológico.

Los diálogos carecen del ingenio, la pasión y gracia de la trilogía clásica: son tontorrones y vacuos a más no poder, y los actores los escupen con evidente desgana. Liam Neeson, Ewan McGregor e incluso la ya por entonces bastante eficaz Natalie Portman están bastante perdidos, sin duda por una combinación de personajes superficiales, dirección de actores endeble y el trabajar muchas veces ante caracteres que no están ahí, pues serán puestos mediante el ordenador en postproducción. El único realmente destacable del reparto es el joven Jake Lloyd que interpreta a Anakin, quien se desenvuelve de maravilla a pesar de su corta edad (muchísimo mejor que el acartonado Hayden Christensen que encarnará al rol en posteriores entregas).

Pero lo peor de todo es su insufrible tono infantil, tan exagerado que da la sensación de que toda la película es un anuncio de muñecos y demás merchandising. Nadie entiende en qué demonios pensaba Lucas al crear una cosa tan patética como Jar Jar Binks y hacerlo dar vueltas por la historia soltando gilipolleces tan grandes. No puedo entender cómo se decantó tanto por el público menor de trece años sabiendo que la mayor parte de los seguidores eran adultos y que lo más aplauido de la trilogía original eran precisamente las partes más adultas y oscuras. Y qué mala suerte tuvimos con su ego, que lo empujó a ser el único artífice de todo el proyecto: realizó las labores de escritor, director y productor implicándose hasta en el más mínimo detalle, con lo que nadie le plantó cara para decirle: “¿pero es que has perdido el juicio, cómo vas a meter semejante insulto a la inteligencia del espectador?”.

Debido a sus numerosas partes de acción la proyección avanza con ritmo, pero carece de un rumbo concreto y tropieza de escena en escena sin mucha consistencia, alardeando de escenarios, civilizaciones y secuencias de acción poco esforzadas en el contenido, es decir, supeditando todo a los efectos especiales y sonoros en vez de trabajando con esmero los personajes y la historia. Los efectos visuales son de gran nivel, eso sí: una notable combinación de maquetas, fondos pintados y ordenador. Aquí hay que matizar que hay mucho desconocimiento, que esa crítica de que “todo es digital” es bastante desacertada: sólo los alienígenas (empezando por Jar Jar) son creados por ordenador, el resto es artesanal. No hay más que ver algunos recopilatorios de imágenes del rodaje para ver la cantidad impresionante de maquetas que usaron. El problema es que te quedas con el abuso de seres digitales, que evidentamente no convencen tanto como un buen maquillaje o muñeco y envejecen muchísimo peor, a lo que se suma el excesivo colorido de las imágenes, que se alejan de la sobriedad de la trilogía original para inclinarse hacia un estilo casi de animación. Además, el propio Lucas escondió mucho el uso de efectos tradicionales en los documentales y los “cómo se hizo”, donde vacilaba más de las nuevas tecnologías, contribuyendo a la confusión.

Con semejante nivel de efectos especiales habría que ser un manta para no conseguir una cinta espectacular, pero con las carencias enormes de los personajes y la trama no hay manera de conectar con ellos y sentir atracción por el devenir de acontecimientos. También hay altibajos notables en la calidad narrativa: hay unas pocas escenas con potencial, pero se olvida de él y se dedica a tratar de epatar con los efectos, resultando la mayoría de ellas huecas, insustanciales, y unas pocas son nefastas. Así, tenemos secuencias impresionantes en lo visual (sobre todo disfrutadas por primera vez en un cine de calidad), pero lastradas por esas lacras (incluyendo los patinazos infantiles), con lo que pierden bastante pegada, sobre todo con el paso del tiempo. La carrera de vainas es asombrosa pero un tanto larga para lo poco que aporta realmente, las confrontaciones finales son todas alucinantes en lo audiovisual (en especial la batalla espacial y el duelo con Darth Maul) pero la presencia estulta de Jar Jar y aquí también de Anakin haciendo tonterías rebaja mucho el nivel, y Maul mola en la lucha, pero como villano carece de personalidad y por extensión de interés. Pero también encontramos otras partes donde el ridículo está garantizado de forma indescriptible, como la de las criaturas marinas, absurdo añadido donde los haya, o sobre todo la insoportable y vergonzosa lucha de los Gungan, con el insufrible Jar Jar siendo el objetivo de escenitas cómicas que ni el payaso más desesperado habría intentado para sobrevivir; a Lucas sólo le faltó incluir alguna escena de tartas.

Como era de esperar, John Williams se encargó de nuevo de la banda sonora. Esta tuvo momentos de indudable genialidad que contentaron a cualquier fan (atención a los coros del duelo con espadas láser) y por lo general realza muy bien numerosos pasajes y aporta el toque de épica y magia esperable. Sin embargo, una queja sí tengo, aunque es de nuevo culpa de Lucas: ¿hay un solo minuto de la cinta que carezca de música? Es una forma bastante facilona de reforzar el ritmo, sobre todo porque al tercer visionado termina resultando más cansino que el hilo musical de un ascensor.

En resumen, La amenaza fantasma fue en su momento un gran espectáculo, pero tan banal y vacuo que no soporta sucesivos visionados sin que se derrumbe por completo su fachada y saque a relucir su infame guion y tono inmaduro. Además, al estar tan supeditada narrativamente a los efectos especiales del momento nació con fecha de caducidad incorporada, pues pronto surgen nuevas cintas más imponentes en el aspecto visual. Las obras atemporales, como la trilogía original, son las que consiguen un equilibrio entre lo visual y lo argumental de forma que el paso del tiempo no les haga perder frescura y capacidad de impacto. Las dos siguientes entregas mejoran sustancialmente lo aquí ofrecido, y aunque no alcanzaron cotas remarcables si mostraron algo de dignidad. Ojalá George Lucas se hubiera dedicado sólo a ser creador y productor y hubiera dejado la dirección y el guion en manos de gente que tuviera dos dedos de frente y unas ideas más maduras.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
-> Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

Mil maneras de morder el polvo


A Million Ways to Die in the West, 2014, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 135 min.
Dirección: Seth MacFarlane.
Guion: Seth MacFarlane, Alec Sulkin, Wellesley Wild.
Actores: Seth MacFarlane, Charlize Theron, Giovanni Ribisi, Sarah Silverma, Amanda Seyfried, Liam Neeson, Neil Patrick Harris.
Música: Joel McNeely.

Valoración:
Lo mejor: Con tanto chiste acumulado habrá algún momento en que te rías.
Lo peor: Aburrida, estúpida, insoportable. Seth MacFarlane hace el ridículo como guionista y como actor.

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Es indudable que con tanto chiste acumulado habrá alguno que cale en el espectador. Pero el cometido de una comedia es tenerte siempre con la sonrisa y cuantas más veces te lleve a la carcajada mejor. Si el argumento es además bueno y deja algún poso, más alabanzas merecerá la película. Mil maneras de morder el polvo se queda muy lejos de lo considerable aceptable para una obra del género, por muy bajo que pongamos el listón. Produce más aburrimiento y distanciamiento que entretenimiento y risa. El nivel que alcanza en el segundo punto es de hecho asombroso: bastan pocos minutos para que la sensación de que va a ser imposible introducirse en el relato se asiente con fuerza. Y no se aleja, sino que aumenta hasta provocar vergüenza ajena y asco. ¡Es una de las peores películas de los últimos años!

No basta poner chistes en fila. Hay que dar una coherencia, tanto estilística como argumental. La exitosa Padre de familia acusa mucho este problema. ¿Cuántos capítulos flojos hay por cada uno decente, y cuántos por cada uno bueno? Pero en un formato de veinte minutos tener unos cuantos chistes sin argumento detrás puede colar si son aceptables. Quizá ahí radica su éxito: se ve sin pensar, no da tiempo a que aparezca el aburrimiento. Pero dos horas así resulta insoportable, más si no tienes una conexión previa con los personajes y su entorno. Mil maneras de morder el polvo apenas deja entrever una premisa en todo el galimatías, ese infantil romance entre protagonistas, y entre que ocupa muy poco metraje real y lo mal que encaja en el todo no basta. Cada escena es una mezcla de todo lo que le pasaba a MacFarlane por la cabeza, sin pararse a meditar en si da sentido a la narración, si el chiste encaja, si la atmósfera es la adecuada para el cambio de estilo en el humor. Comedia romántica, parodia del Oeste, homenaje al cine (referencias cinéfilas en cantidad), comedia gamberra, comedia absurda… No se decanta por ninguno concreto, sino que mete todos a la fuerza, y además sin una pizca de ingenio u originalidad. Y como es esperable explota por todas partes, en ocasiones salpicando con enormes cantidades de vergüenza ajena: el humor escatológico, las salidas de tono infantiles, los golpes forzados tan ineficaces… Es imposible adaptarse a tal caos. No sabes de qué va ni cómo pretende hacerte reír.

Hay que seguir hablando de MacFarlane, por es inevitable mencionar su papel como protagonista. Infame y lamentable como pocos se han visto. Que no vuelva a ponerse delante de una cámara, por favor. El resto de actores cumplen en personajes cutres que requieren más esfuerzo del que parece, porque hacer de ingenuo o directamente imbécil de manera creíble no es fácil. Destacaría a Charlize Theron y Giovanni Ribisi, aunque Sarah Silverman no está mal tampoco.

Ted es ejemplo de que MacFarlane puede hacer bien las cosas. Argumento claro (la maduración del protagonista), personajes bien definidos (y muy atractivos), un estilo concreto (comedia gamberra alocada) del que no se sale tangencialmente sin venir a cuento. El resultado fue un éxito de calidad (aunque sin llevarnos las manos a la cabeza) y público (éste sí fue inesperado: ¡550 millones de dólares de recaudación!). Y a pesar de esa fama adquirida Mil maneras de morder el polvo no llega a los noventa millones, pues el boca a boca la ha hundido bien rápido.

PD: por lo visto hay una versión unrated con casi veinte minutos más. La verdad es que no lo entiendo. Ni le hace falta más metraje, ni más guarradas, que ya es R (menores acompañados).

Battleship


Battleship, 2012, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 131 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Jon Hoeber, Erich Hoeber.
Actores: Taylor Kitsch, Alexander Skarsgard, Rihanna, Brooklyn Decker, Liam Neeson.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que ya es mucho decir.
Lo peor: Es insultantemente estúpida. No resulta muy espectacular.

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Battleship se puede describir como el enésimo recopilatorio hollywoodiense de porno intelectual para adolescentes yanquis: un poco de niñato en celo que quiere a la chica florero pero el papá se pone en medio hasta que el chico salva el mundo y entonces parece ser más maduro, un poco de vender el ejército o la marina estadounidenses con extra de patriotismo y mucha acción y efectos especiales sin importar la coherencia del guion (penoso que tras caer capitán y primer oficial el mando recaiga en un insignificante oficial de armamento). Así pues, asistimos a las mismas escenas de ligoteo de siempre (idiotas, infantiles, excesivas), al mismo onanismo con lo militar (amar un país violento les excita, parece ser) y a las escenas de acción de rigor aunque no vengan a cuento (no puede faltar la destrucción de ciudades metida con calzador) que hemos visto ya mil veces en numerosos títulos mejores o peores.

Battleship es tan limitada que sólo puede entretener si dejas el cerebro en casa y si te ríes de ella (viendo a un destructor derrapar o el súper rayo de comunicación del satélite no se puede hacer mucho más). Su guion hecho a base de trozos de otras películas, su aspecto de secuela de Transformers, sus personajes tan ridículos, los topicazos por doquier… Sabía que vería una aventura de efectos especiales con escaso contenido, pero joder, da para volver a plantear la cuestión de por qué un entretenimiento sin pretensiones tiene que ir de la mano con mediocridad y estupidez. Porque una cosa es hacer algo del estilo de Armaggedon, claramente conocedora de sus limitaciones y con cierta vena auto paródica, y otra hacer esta Battleship, donde la parodia es involuntaria.

Eso sí, volviendo a la comparativa con la saga Transformers, en una cosa sí gana al despropósito que fue su tercera entrega: su duración no se va de madre, la historia va al grano, con lo que se ve mucho mejor. Lástima sin embargo que no sea ni la mitad de espectacular en sus momentos de acción. Porque sí, después de tanto anuncio y tanto presupuesto Battleship no ofrece escenas de acción que impresionen y mucho menos que se recuerden tras terminar la proyección. Y me pregunto si la forma de dirigir la película, mezclando el estilo de Michael Bay con el de J. J. Abrams (reflejos, cámara en mano) viene impuesta por la productora para aferrarse aún más a líneas de éxito.

Supongo que no hace falta decir que, salvo que el género de chorradas taquilleras veraniegas te divierta, más te vale no acercarte a Battleship.

Batman Begins


Batman Begins, 2005 EE.UU.
Género: Acción, suspense, superhéroes.
Duración: 140 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, David S. Goyer.
Actores: Christian Bale, Michael Caine, Liam Neeson, Gary Oldman, Katie Holmes, Cillian Murphy, Tom Wilkinson, Rugter Hauer, Ken Watanabe.
Música: Hans Zimmer, James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Un guion impresionante y un reparto de grandes actores, entre los que destaca un maravilloso Michael Caine.
Lo peor: Un montaje demasiado acelerado y alguna secuencia de acción mejorable; la aburrida interpretación de Katie Holmes y su aburrido personaje; y sobre todo, la insistente y poco adecuada banda sonora.
La frase:
1) ¿Para qué nos caemos? Para aprender a levantarnos.
2) Da igual lo que sea en el fondo. Uno se define por sus actos.
3) ¿No lo tiene en negro?

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Esta producción no tiene nada que ver con el Batman de Tim Burton, sino que es un nuevo acercamiento a la historia del oscuro superhéroe, y aunque carece del carisma arrollador que le imprimió Burton, en cambio es una propuesta seria, contundente, épica, que trasciende el propio género para intergrarse muy bien entre los mejores thrillers de los últimos tiempos. En cuanto a la temática de superhéroes, quizá no sea mejor que aquel Batman y Spider-Man 2, o quizá sí, pero lo que sí está claro es que es un título ejemplar difícilmente superable.

Christopher Nolan y David S. Goyer han construido un guion magnífico, casi redondo, con todos los elementos muy bien medidos: nos ofrecen una trama densa y con gran número de personajes con gran dimensión, y nos deleitan con multitud de detalles ingeniosos, frases muy inspiradas y secuencias memorables. Mantienen un ritmo que no decae en ningún momento pese a que hay más desarrollo de caracteres que escenas de acción. Consiguen dotar de historia y vida a la ciudad y enlazar todos los protagonistas en la trama, demorando la aparición de cada uno lo necesario para poder acercanos a ellos poco a poco y exponer la parte que les corresponde a cada uno en el elaborado conjunto. De hecho, como en los thrillers clásicos de los años cincuenta, tienes que esforzarte bastante por seguirlo todo.

El propio Batman no aparece hasta entrada la hora de metraje. Primero había que conocer el entorno, y luego Bruce Wayne tenía que caminar el tortuoso sendero que lo lleva a ponerse la máscara. Con el mimo que le ponen, la presentación y maduración del héroe es la mejor que se ha visto hasta la fecha. Los villanos no se quedan atrás a pesar de tener nada menos que tres figuras principales formando parte de una intriga global que va creciendo poco a poco; todos son intrigantes y suponen buenos retos iniciáticos para Batman. En el bando de los buenos hay un puñado largo de secundarios, y la mayor parte se hacen querer. El mayordomo Alfred, con una interpretación de Michael Caine memorable, es un apoyo fantástico, y de su boca oímos algunas frases magníficas; el policía asqueado de la corrupción (Gary Oldman) y el empleado olvidado (Morgan Freeman) muestran muy bien su situación de aburrida desesperación y reaccionan ante las nuevas posibilidades que les brinda la aparición del hombre murciélago; Falcone (Tom Wilkinson) es un gángster imponente que no resulta demasiado estereotipado; Espantapájaros es un carácter inquietante y la interpretación de Cillian Murphy muy correcta; Henri Ducard (Liam Nelson impecable como siempre), mentor de Batman y pronto oponente también, es el sabio e inquebrantable líder de una organización misteriosa con sugerente pasado; y mención especial para otros que cuentan con breves apariciones, como Ken Watanabe o Rugter Hauer, actores míticos en papeles cortos pero capaces de dejar huella en el relato.

Es difícil de creer la facilidad con la que meten tantas cosas en tan poco tiempo. Salvo excepciones como alguna inesperada joya, como L. A. Confidential, como señalaba prácticamente habíamos olvidado lo que es un thriller de gran calibre. Así que Batman Begins supone toda una lección para el cine moderno, demasiado acostumbrado al uso de argumentos simples y personajes construidos con cuatro frases y dos tópicos. Sin embargo, no todo son maravillas, pues hay algunos detalles bastante mejorables. El más notable es que el personaje femenino, Rachel Dawes, no tiene la misma fuerza que los masculinos. Parece un simple nexo de unión entre el hampa y la justicia, una justificación para exponer la corrupción, algo que ya quedaba además claro con Gordon y sus compañeros. Y, sobre todo,  su presencia como chica de la función resulta forzada y la interpretación de Katie Holmes deja mucho que desear.  Al contrario que con los demás personajes, no conocemos de dónde sale su determinación, ni la actriz transmite bien la lucha y las penurias que se supone que enfrenta. Al menos el giro final aporta algo más inteligente de lo que se suele ver, pero llega tarde.

Nolan ofrece un gran espectáculo, destacando el amor y esfuerzo por hacer las cosas bien: su apuesta por lo artesanal ofrece un aspecto visual sólido, verosísimil e impresionante, y sin duda perdurará en el tiempo. La combinación de efectos tradicionales y digitales es excelente: los planos cercanos de muchos edificios e incluso alguna carrera con el batmóvil han sido realizados con maquetas enormes, mientras los fondos se añaden con ordenador; aunque también hay algún plano general de la ciudad que es digital y no se nota nada. En cuanto a la dirección en general, el tono ominoso, sombrío, es muy acertado, conformando una narrativa ágil pero intensa, amena pero capaz de transmitir seriedad. Pero a algunas escenas de acción no les coge el punto. En las secuencias de tortas cara a cara tenemos una fotografía demasiado cerrada sobre los personajes, unas coreografías muy básicas, y un montaje caótico que no deja ver nada. Lo extraño es que en las persecuciones y carreras con el coche se enfrentaba a una difícil mezcla de maquetas y un cacharro enorme que apenas andaba, y aun así consigue transmitir la sensación de caos y velocidad a través de una planificación y una edición brillantes. No se entiende que algo tan complicado acertara tanto y en algo más común se quedara tan corto.

Y tenemos un aspecto que, al menos a mí, me ha decepcionado bastante. Será porque el Batman de Danny Elfman y el Superman de John Williams marcaron a lo grande el aspecto musical del género, pero desde entonces se da por sentado que cada nueva película del mismo tendrá una gran banda sonora. Desde luego, el tener una temática fantasiosa permite dejar volar la imaginación, y como suelen combinar drama humano, épica y acción, pues más posibilidades ponen en bandeja. Pero me temo que aquí no apuntaron muy alto. Fuera cosa del estudio o a propuesta de Nolan, contrataron a Hans Zimmer en una época de bajón, de obsesión por la electrónica. Y la banda sonora resultante es bastante limitada, con parches de Piratas del Caribe que taladran las escenas de acción sin mucha conexión con las imágenes, y un surruro forzadamente intenso pero repetitivo e impersonal para el resto. Lo curioso es que ficharon a otro autor con gran caché, James Newton-Howard, para colaborar en la composición. No sé si fue por temas de agenda, que Zimmer no daba abasto, o porque su trabajo no convenció. El caso es que se nota muchísimo que Newton-Howard compone las partes íntimas, el drama de personajes, y aunque son momentos breves funcionan mucho mejor: bien orquestados, sutiles en lo emocional. Sea como sea, queda una banda sonora ruidosa pero machachona, sin personalidad.

Aparte se pueden señalar detalles que afean el acabado aquí y allá. En el templo entiendo que exploten los barriles de pólvora, pero de ahí en adelante no se entiende qué pasa, todo explota poco a poco, las vigas incluso, hasta una explosión final absurda. Que los padres salgan de la ópera, que se supone que estará en la parte rica de la ciudad, al callejón más oscuro y mugriento, es demasiado artificial. En el final, Ra’s se pone la máscara cuando ya está inmerso en los vapores; si es inmune, por qué se la pone, si no, le habría afectado ya. Rachel se iba con un policía alejándose de todo el fregado, pero de repente aparece sola justo donde Ra’s está trabajando. El anciano que vemos en la central de las aguas de la ciudad me pone nervioso: ¿no había mejor forma de explicar qué ocurre y señalar la tragedia inminente? Ya es poco creíble que Gordon sea capaz de conducir el batmóvil, pero para rematar, cuando llega al punto clave las armas se activan solas y él sabe qué hay que hacer. Y finalmente, me molesta mucho un cliché habitual del cine de acción: el sonido de amartillar armas cada vez que una sale en pantalla, aunque los que las sostienen no estén realmente haciendo nada con ellas o incluso tengan automáticas que no requieren esa acción; también me mosquean los pinchazos (el antídoto o los sedantes) que suenan como grandes tuberías soltando gas.

En resumen,  estamos ante una de las películas más interesantes que ha dado el cine en los últimos años, no sólo de acción y superhéroes, sino en general, pero le falta una pizca para la perfección.