El Criticón

Opinión de cine y música

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Misión imposible: Fallout


Mission: Impossible – Fallout, 2018, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 147 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie.
Actores: Tom Cruise, Henry Cavill, Ving Rhames, Simon Peg, Rebecca Ferguson, Alec Baldwin, Angela Bassett, Sean Harris, Michelle Monaghan, Vanessa Kirby.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Un portento visual con escenas de acción memorables. Mayor recorrido dramático de los protagonistas.
Lo peor: Se termina de dejar de lado el género de espionaje y suspense serio. Alguna situación menor un poco cogida por los pelos.
Mejores momentos: La persecución en moto, la pelea de helicópteros, la confrontación final en la montaña.
La frase: Su misión, si decide aceptarla…

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No esperaba novedades y subidones de calidad en la saga Misión imposible, parecía que sus productores, Tom Cruise a la cabeza, habían dado con la clave para amasar dinero y se aferrarían al esquema mientras pudieran. Dejar de lado el thriller de espionaje, simplificar las tramas a una somera exposición de los giros traiciones y escenarios de siempre, llevar a los personajes más hacia el género de superhéroes que al del drama serio y limitar su progresión a que cada uno tenga su momento de lucimiento pero sin cambio real, y centrarse en narrar a toda leche para que no se noten las carencias, colocando con calzador unas cuantas secuencias de acción poco inspiradas pero al menos bien rodadas. El equilibrio entre el desgaste y la simpatía del producto final mantuvo las dos últimas entregas en el limbo de películas muy entretenidas pero que no calan lo más mínimo en la memoria, así que yo ya daba por muerta a la serie. Pero por una vez la máxima de “más grande es igual a mejor” se cumple con creces en este nuevo episodio, y eso a pesar de estar escrito y dirigido por el encargado de la anterior, Christopher McQuarrie.

En realidad debería quejarme, pues han terminado abandonando del todo el cine de espías serio que tan buenos resultados dio en la primera y tercera entregas, al menos en calidad, porque en recepción el capítulo orquestado por J. J. Abrams se resintió un poco. Por si fuera poco, todavía se nota un poco que las secuencias de principales acción son versiones de las que han funcionado previamente en la saga: no falta la persecución en moto y un final de infarto con helicópteros. Pero lo cierto es que echando toda la carne en el asador esta vez disimulan muy bien la tendencia a la simplificación y la falta de imaginación. Tanto en el desarrollo de personajes como sobre todo en lo visual han puesto mucho esfuerzo, consiguiendo una cinta de acción emocionante y espectacular a niveles inesperados, hasta el punto de tener que citarla entre las mejores del género de los últimos años.

También puedo mencionar algún pequeño punto gris, como la tonta presentación del nuevo personaje (el agente de la CIA interpretado por Henry Cavill), en plan chaval de instituto haciendo bromas inverosímiles como quitarle el oxígeno al compañero en un salto en paracaídas, y cabe preguntarse qué hace el secretario de estado (Alec Baldwin) apareciendo a solas en un lugar de reunión de espías en media misión. Pero son cosas que se olvidan pronto; la primera, en la contundente pelea en el baño en la discoteca, la segunda, porque la escena de engaños y traiciones de turno es muy efectiva.

Se maneja mejor la continuidad, algo que echaba en falta en episodios previos. Aunque sea en parte a costa de repetir con un villano a lo James Bond (el encarnado de nuevo por Sean Harris), lo de luchar contra los restos de su organización da una correcta sensación de continuidad y familiaridad. Además, la confrontación pasa factura a los protagonistas, encontrándose Ethan Hunt y sus compañeros ante el reto más difícil hasta el momento. Se los ve sufrir en cada tramo de la misión, pero también asistimos a una lucha interna que sorprende muy para bien a estas alturas. El equipo duda en algunas situaciones, e incluso de las capacidades de Ethan, y este se enfrenta a unos dilemas éticos muy complicados. La escena en que se imagina matando policías para poder salvar a cientos de miles potenciales víctimas es sorprendentemente dura y cruel. Toda la película gira alrededor de ese tipo de decisiones, jugando con la sensación de que Ethan puede convertirse en un agente capaz de justificarlo todo por la misión, acercándose así a la máquina de matar sin brújula moral que son los villanos a los que se enfrenta. Por supuesto, esto es una de acción y héroes, así que el discurso es un tanto simple, con el bien y el mal en dos extremos muy claros, pero lo que vemos vale para dotar de mayor densidad a una premisa que parecía agotada.

Siguiendo con los personajes, cabe pensar que ya que han recuperado a Michelle Monaghan podían haber traído a Maggie Q y otros compañeros del episodio tercero, que resultaron muy simpáticos pero han sido olvidados por completo. En cambio, no aparece Jeremy Renner (por problemas de agenda)… y no me había dado cuenta hasta que lo he leído por internet después de verla, así de poco que aportaba su personaje, un comodín en la lucha de despachos en Nación secreta y un cero a la izquierda en Protocolo fantasma.

En cuanto a la acción, McQuarrie supera con creces lo visto en el capítulo precedente, tanto a la hora de imaginar situaciones grandilocuentes pero con algo de carga dramática como a la hora de plasmarlas en imágenes. Critiqué en aquel que la persecución, bien encaminada, acababa tirando más de la cuenta los por efectos digitales, y que el asalto al servidor de datos no era sino una versión del visto en la primera película. Aquí tenemos otra confrontación con coches y motos, así que cabría preguntarse a qué viene teniendo aquella tan fresca, pero la verdad es que resulta memorable, no se ha visto nada semejante en persecuciones desde Ronin (John Frankenheimer, 1998), aunque las de Jason Bourne no estaban mal tampoco. Nos recorremos París a toda leche con infinidad de momentos alucinantes y giros imaginativos que enriquecen el escenario, y todo ello sin sensación de que hay efectos especiales, sino personajes pasándolas putas por escapar y sobrevivir, chocándose incluso de vez en cuando. Y a eso le sumamos el desconcierto (en quién pueden confiar) y los conflictos morales (improvisar para salvar vidas y no reventar la tapadera en el proceso), con lo que además de asombroso resulta muy emocionante.

Como señalaba, tampoco es nuevo un clímax con helicópteros, pero que me aspen si esperaba algo la mitad de impresionante. De nuevo tenemos a Tom Cruise dándolo todo, colgando de la carga, cayéndose, agarrándose como puede, pegándose hostias alucinantes por la montaña… ¿Cuánto hizo él y cuánto es efecto especial? No quiero saberlo, el engaño es perfecto, parece una situación real grabada por un testigo, sobrecogedora como pocas del género a pesar de que a estas alturas es muy difícil sorprender. Atención además a las deslumbrantes imágenes de la naturaleza, el director aprovecha al máximo las localizaciones.

La cinta sólo se podría mejorar con una banda sonora más trabajada. Se echa de menos a Danny Elfman, Michael Giacchino y Joe Kraemer, pues Lorne Balfe es un alumno de la factoría Hans Zimmer, todo sintetizador y jugar con el ritmo y el volumen más que con la composición, convirtiéndose en un efecto sonoro más que una música que refuerce sensaciones concretas.

Ahora queda la duda de si realmente es necesaria otra entrega tras este sensacional hito. ¿Tienen algo más que contar, hay forma de superar el nivel visual? Sería hora de darle un giro, pero no creo que se atrevan.

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
-> Misión imposible: Fallout (2018)

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12 valientes


12 Strong, 2018, EE.UU.
Género: Acción, bélico.
Duración: 130 min.
Dirección: Nicolai Fuglsig,
Guion: Ted Tally, Peter Craig, Doug Stanton (novela).
Actores: Chris Hemsworth, Michael Shannon, Michael Peña, William Fichtner, Navid Negahban.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Unos pocos secundarios de nivel, el carisma de Chris Hemsworth.
Lo peor: Puesta en escena limitada, no da el espectáculo que se espera. Guion mediocre, lleno de clichés, diálogos cutres y propaganda “made in USA”.

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Con este tipo de películas te la juegas a que sea un típico panfleto yanqui, pero es difícil no caer cuando el género bélico te resulta atractivo, y más si, como en mi caso, se tiene fresca en la memoria la magnífica El único superviviente (Peter Berg, 2013). Así que alguna expectativa tenía, al menos con que fuera un buen espectáculo. Pero 12 valientes no llega ni a la correcta 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (Michael Bay, 2016); hasta El francotirador (Clint Eastwood, 2014), de la que me quejé bastante por su sesgo, tenía una consistencia dramática y un nivel visual suficiente como para entretener bastante. Aquí estamos ante un ejemplo de lo peor que puede dar la propaganda ideológica, un título que por su escaso calado y calidad debería haber ido directamente al videoclub y la televisión. Pero de alguna forma consiguieron reunir un reparto de rostros conocidos con el que probar suerte en cines… aunque finalmente el boca a boca dejó su recaudación bajo mínimos: 67 millones de dólares mundiales apenas cubrirá el presupuesto (35 millones) más la distribución y publicidad.

Cabe preguntarse cómo un actor con la vida resuelta como Chris Hemsworth elige una obra con potencial de polémica o como poco con una ideología tan forzada. Tened en cuenta que nació en Australia con ascendencia europea y que el grueso de su carrera se basa en sagas de fantasía, así que me extraña que se meta en un trabajo que podría dar mala imagen fuera de EE.UU. Allí en cambio este retrato de héroes y de la historia del país tan manipulador se suele recibir muy bien, aunque en esta ocasión inesperadamente ha pasado sin pena ni gloria.

La cinta es un descarado anuncio de las fuerzas armadas, una reescritura de la política internacional, del intervencionismo y las guerras que va montando Estados Unidos por todas partes. No cabía esperar una elaborada visión global del conflicto con el terrorismo islámico, ni autocrítica, pero de ahí a la simplificación y exaltación que hacen hay un trecho muy grande.

El protagonista es un héroe hecho a sí mismo por arte de magia, la enésima representación infantil que tienen muchos estadounidenses de sí mismos. Sin experiencia real ni esfuerzo visible es un ser perfecto que logra todo sin despeinarse y sin dudar en el apartado ético. Su entereza y capacidades sacan lo mejor de sus compañeros, gente corriente, incluso algo tonta, pone en su sitio a generales ligeramente obtusos si hablamos del ejército norteamericano y paletos e incompetentes cuando se retrata a los aliados, y resuelve él solito la guerra (prácticamente eso dice la película) masacrando a las hordas de terroristas.

Si ya producía algo de recelo que este don nadie respondón dé lecciones a sus superiores con cuatro frases estúpidas, lo del general afgano alcanza cotas de vergüenza ajena e incluso de insulto a la inteligencia del espectador. El veterano que lleva décadas en guerra contra los talibanes, que se conoce el país y sus gentes al dedillo, es representado como un paleto descerebrado al que nuestro flamante héroe salva y rescata en los primeros combates y va educando con sus estrategias superiores y su moral intachable.

Pero claro, qué se puede esperar de un panfleto manipulador que expone la misión del comando como la liberación de Afganistán y la victoria en la guerra. El que EE.UU. armara a los afganos y a otros tantos en los años setenta para fastidiar a la URSS y que ese conflicto y esas armas hayan propiciado el alzamiento de Al Qaeda ni se menciona. Obviamente, tampoco se va a señalar que el ataque contra Afganistán fue una represalia, una invasión en toda regla sin garantías de que estuvieran ahí los altos mandos de Al Qaeda, y que fue justificada luego de mala manera con las mentiras de las armas de destrucción masiva. Tampoco se va a señalar que la farsa ha durado años dejando un reguero de muertos incontable, incluyendo miles de soldados propios (imágenes que se cuidan de ocultar), ni que estas acciones sumadas a las retenciones y torturas de cualquiera que señalaran como terrorista ha creado nuevos enemigos (el ISIS) y azuzado las guerras en la zona, que ahora está más desestabilizada que nunca y ha provocado un aumento brutal de atentados en occidente. Hay que ensalzar al héroe y al país, y para eso no se puede contar la verdad. Sin ir más lejos, la misión real del comando era básicamente de infiltrarse y localizar blancos en el terreno para los bombardeos, pero eso no es suficientemente épico, así que casualmente el avión se queda sin combustible o los aliados afganos tienen rencillas entre ellos para que nuestros héroes lideren las batallas contra miles de enemigos.

Si la descripción de personajes es superficial y la de los hechos deliberadamente limitada, los diálogos no se quedan atrás. Infinidad de clichés, frases legendarias forzadas y sandeces pseudo heroicas salpican cada escena, convirtiendo la proyección en algunos momentos en una comedia involuntaria. El lema “No seas un soldado, sé un guerrero”, me sacó una carcajada bien grande.

El acabado es mejorable, pero al menos cumple sin muchas carencias. Rodando en Méjico y añadiendo unos pocos efectos digitales (montañas, pueblos) consiguen un Afganistán realista y vistoso, pero al final la promesa de tener una buena aventura en esos parajes (la misión de infiltración del personaje de Michael Peña por la parte más dura del desierto ni la vemos) y de tener una gesta militar de impresión no da tanto como se podría exigir. El desconocido director Nicolai Fuglsig llega con lo justo para conseguir un producto decente, con un ritmo correcto y unas escenas de acción entretenidas, pero de ahí a impresionar hay un gran trecho. Se limita a cuatro planos de cada bando disparando sin más escenificación, y muchas veces, a pesar de luchar frente a frente, no sabes dónde está cada grupo y protagonista, en qué dificultades se encuentra y qué salidas tiene.

Lo único bueno de la propuesta son algunos actores. El carisma de Chris Hemsworth, la valía de Michael Shannon (Boardwalk EmpireTerence Winter, 2010-) y la simpatía de Michael Peña (aunque sea encarnando al eterno latino gracioso) son capaces de levantar sus pésimos personajes y dar un aspecto de seriedad. Pero con el poco esfuerzo que ponen los guionistas, el resto del grupo queda limitado a extras sin nombre, así que poco puedes interesarte por su odisea.

12 valientes sólo logra entretener si eres capaz de hacer caso omiso a su tono propagandístico, y aun así no causa mucha impresión. Así que no puedo dejar de volver a recomendar El único superviviente. Esa sí que es correcta en el guion (sencillo pero más neutral) y deslumbrante en la gesta militar.

Ghost in the Shell: El alma de la máquina


Ghost in the Shell, 2016, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Dirección: Rupert Sanders.
Guion: Jamie Moss, William Wheeler, Ehren Kruger.
Actores: Scarlett Johansson, Pilou Asbæk, Juliette Binoche, Takeshi Kitano, Michael Pitt, Chin Han, Anamaria Marinca, Peter Ferdinando.
Música: Lorne Balfe, Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: Dirección artística. El papel de Scarlett Johansson.
Lo peor: Refrito sin alma ni profundidad de las dos películas originales.
El origen: Es una versión de los dos animes de Mamoru Oshii (Ghost in the Shell, 1995, Ghost in the Shell 2: Innocence, 2004), no del manga original de Masamune Shirow (1989).
El título: En latinoamérica la han llamado… Vigilante del futuro/La vigilante del futuro.

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Alerta de spoilers: Hay ligeros spoilers de la premisa, pero nada que no se deduzca de los avances. En un párrafo bien señalado comento más detalles.–

Ghost in the Shell es una saga que habla sobre la distinción entre máquina y ser humano a través del alma o espíritu, o sea, de los sentimientos, anhelos y esperanzas que nos distinguen del frío cálculo de una inteligencia artificial… Y por ello es bastante gracioso que en esta nueva versión estemos ante un gélido producto comercial, una copia sin alma ni personalidad propia, pues es un refrito de las dos películas originales como es habitual pasado por esta expresión a la que me he aficionado: la batidora intelectual. Carece de reflexiones complejas que analicen el porvenir de la humanidad, no nos ponen ante la visión de una sociedad futura tangible, verosímil, que nos conmueva y haga pensar. El relato se apoya únicamente en el clásico viaje dramático del protagonista, que quiere averiguar quién es, de dónde viene. Lo de que sea una cíborg que lucha contra crímenes cibernéticos casi es irrelevante, es un adorno sobre el clásico rollo de trauma a superar y búsqueda del pasado.

Por extensión, el entorno futurista parece un envoltorio artificial, en plan “hay que cumplir con el género, así que meted tecnología por todas partes”. La infinidad de planos de la ciudad llena de modernidad y hologramas-anuncio no logra funcionar del todo, y no porque la ambientación no sea buena, que lo es, sino porque no ofrece novedad alguna, pero sobre todo porque carece de profundidad, no se crea una conexión férrea entre la descripcón de la sociedad y la trama y los personajes. Las menciones sobre que la gente se “evoluciona” el cuerpo con tecnología no aportan nada a los protagonistas ni sirven para abordar algún tema existencialista, y los diálogos al respecto son bastante cutres, no consiguen la naturalidad necesaria. La Mayor es la única a través de la cual se habla en algún momento del yo versus la creación artificial (como cuando se busca una prostituta y tantea qué nos hace humanos: el físico, los sentimientos…), pero son recesos puntuales en una progresión dramática como digo ahogada en dilemas terrenales muy vistos. El individuo al que persiguen termina inclinándose también por el mismo, exactamente el mismo, camino: su búsqueda de identidad, la percepción que tiene del mundo y el hombre, la anunciada transformación en algo nuevo, se dejan muy de lado por una simplona obsesión por vengarse de sus creadores y esclarecer su pasado.

Así pues, la temática sobre la frontera entre máquina y ser humano no da nada de sí en las pocas ocasiones en que parece emerger a través de un guion que se empeña en relegarla. El manga, las películas y las series nos llevaban a un futuro donde hombre y máquina se fusionan en simbiosis y dependencia, donde cada situación ofrece ejemplos y dilemas sobre las distintas repercusiones. La definición de inteligencia artificial y seres humanos, la manipulación de recuerdos y la percepción, la pérdida de identidad propia y social… Nada de eso se ve aquí más allá de unos pocos apuntes superficiales. Y para colmo, el único aspecto que parecen seguir con cierta determinación (el quién soy) acaba con filosofía barata (me extiendo en el párrafo de spoilers más abajo).

Y sinceramente, creo que no era tan difícil superar a las dos películas previas, porque tenían unos problemas narrativos serios (ritmo moroso, sensación de desequilibrio entre la línea filosófica y la trama policíaca) que en nada que los arreglaran con una puesta en escena más vibrante y un caso un poco mejor cuidado podía haber dado un título más redondo. Pero claro, hablamos de Hollywood, y han descartado lo que las hacía buenas: la inteligencia y sensibilidad a la hora de abordar temas trascendentales complejos. Así pues, tenemos otra de acción sin más relevancia ni calado, otro remake innecesario; para hacer esto mejor reestrena aquellas en cines. Me ha recordado bastante a Desafío total. Funciona aceptablemente bien como entretenimiento, pero está a años luz del ingenio y carácter del original. Ni siquiera se han esforzado en aplicarle una pequeña actualización para que sorprenda un poco y encaje mejor en nuestros tiempos, como hicieron con Robocop (con la que guarda muchísima similitud en cuanto a trama).

La odisea de la Mayor Mira Killian por encontrar respuestas no cala hondo pero tampoco cae en la indiferencia, y Scarlett Johansson se toma el papel bastante en serio, con lo que sustenta bien el viaje. Su pose derrotista, sus miradas apesadumbradas… Se ve un halo sombrío sobre ella, un ansia por hallar razones por las que sentirse viva y parte de este mundo, y ha decidido no parar hasta encontrarse a ella misma, es decir, conocer su pasado y aclarar su sentimientos. La pena es, como digo, que su recorrido emocional se estanque en algo tan visto y que desprecia las pobilidades de las obras en que se basa. Batou es un compañero simpático, y la química entre ellos es aceptable; no deslumbra ni tiene mucho recorrido, pero no está mal. El resto del equipo sin embargo no da la talla, ni si quiera Aramaki el jefe, interpretado por un apático Takeshi Kitano (por cierto, parece que tiene por contrato salir en todas sus películas en un contrapicado apuntando con un arma). Y los villanos son más pobres aún, están enquistados en los clichés: el empresario es un caso grave de “soy malo porque sí”, y el misterioso hacker es un simple objeto para empujar a la protagonista, queda a años luz del sugerente Titiritero.

El ritmo es correcto, no tiene bajones graves más allá de un final mejorable. El problema es que de ahí a impactar hay un buen salto. El diseño artístico y la fotografía son lo que mejor funciona, de hecho realzan bastante una dirección y una banda sonora un tanto limitadas, incapaces de exprimir el potencial del género y el argumento. Las calles y la fauna de la ciudad están muy cuidadas, cada escenario es bastante vistoso gracias al esmero en llenarlo de información, detalles y colorido y al buen trabajo de decorados, vestuario y maquillaje, aunque el ordenador se queda bastante atrás, pues los planos lejanos de edificios y coches cantan mucho. Pero a la larga también da la sensación de que el escenario está sobrecargado en lo audiovisual: mucho arte y efecto especial, mucha música, mucho sonidito, pero tenemos un nivel muy justo en el acabado global porque el guion no llega y la dirección (Rupert SandersBlancanieves y la leyenda del cazador-) cumple sin más. En resumen, otro filme hecho únicamente con dinero y en postproducción. Y también entra de nuevo en juego la inevitable comparación. Si no conoces la obra original y no has visto las escenas de acción y otros momentos que se empeñan en imitar con desgana, le sacarás más partido. Si no, queda poca cosa por disfrutar en un relato que va hacia adelante sin tropezarse pero también sin despertar pasiones.

El asalto inicial a una reunión y la persecución por el canal son efectivas, pero a estas alturas no impresionan, y menos con Matrix de por medio, que exprimió a lo grande las peleas de cámaras lentas y planos elaborados. Poniendo una cutre musiquita de campanillas, como para tratar de enfatizar la magia del momento, no se arregla la cosa, hay que buscar una atmósfera más efectiva que te vaya atrapando para que cuando llegue un momento cumbre este, aunque no sea revolucionario, impacte con contundencia. Así, la mejor parte de la cinta es el arco central, con menos acción pero más contenido y emoción: la Mayor tratando de entenderse y encontrarse a sí misma (la relación con la doctora o ingeniera que la cuida, la búsqueda de experiencias humanas -la prostituta- y otros momentos -la visita a una mujer-), la agradable relación con Batou (la escena de los perros, la del buceo), así como el complot que afecta a la Sección 9, donde parece que los secundarios van a cobrar relevancia por fin, mantienen correctamente el interés.

Por desgracia, esto último, los problemas globales de la Sección 9, o sea, de sus compañeros, se queda en poca cosa, pues lo dejan de lado para aferrarse de nuevo a la imitación innecesaria. Precisamente el desenlace es el momento en que más deberían diferenciarse, para poder sorprender y dejar buen recuerdo… Pero se empeñan en meter el tanque araña, el tiroteo y otros planos míticos de la primera película. Y no queda nada bien. No tiene la mitad de pegada visual, pues lo localización es poco atractiva y la secuencia en sí no tiene savia, y en general todo parece ocurrir porque hay que cumplir con ello. Así que resulta un final anticlimático, forzado y poco llamativo. Las revelaciones sobre ella se veían venir muy de lejos, el lío del hacker también, y el villano empresario tiene el destino que sabíamos que iba a tener desde su primera aparición con mirada aviesa y música intrigante que lo señaló como el malo de la función. El tanque aparece de la nada sin vergüenza ni lógica alguna. El complot contra la Sección se deja de lado por completo, no sabes dónde han ido los demás agentes y de repente aparecen de nuevo en todo el jaleo, por supuesto en el momento justo: la escena del francotirador es ridícula.

A lo largo del relato tenemos unos cuantos agujeros de guion, o al menos unos saltos poco fluidos, algo que también pesaba en las originales, dicho sea de paso.
Alerta de spoilers: Comento muchos detalles concretos. Pasa al siguiente párrafo si quieres evitarlos.–
¿Por qué van al bar de la yakuza? Tras conectarse la Mayor a la geisha, despierta diciendo sin más Sé dónde hay que ir, y juraría que tampoco se explica qué relación tiene el local y la mafia con el hacker. En el encuentro con él más tarde, ¿por qué nadie lo persigue a pesar de haber cantidad de agentes a pocos metros? ¿Y se habían perdido? Que se ha tirado como quince minutos de cháchara con la Mayor sin que aparecieran. Pero esto de que el equipo llegue tarde pero justo a tiempo para salvar la situación también ocurre en el citado final, y también en el prólogo: ella está en posición desde hace rato antes de entrar en acción, pero ellos están a tomar por culo no se sabe por qué. Vaya inútiles. Pero hay más cuestiones. ¿Ella vuela? Se deja caer desde las azoteas y luego aparece entrando por las ventanas sin cuerdas ni nada. No sé por qué el tanque explota al forzar la puerta. Ni por qué Kuze, un experimento malogrado, se convierte por arte de magia en un hacker sin igual. Y telita con la celda donde conectar a los interrogados, que permite suicidios tan fáciles mientras todos miran sin hacer nada. En cuanto a la temática filosófica que comentaba al inicio, hay poco que rescatar, la cinta llega a unas conclusiones lastimeras. Uno se define por sus actos, no por sus recuerdos. Menuda sandez. Todo lo contrario, uno se define por todo lo que ha vivido, experimentado y aprendido, y sin ello sus actos no son humanos, sin recuerdos, sin memoria y aprendizaje, uno es un vegetal, un cascarón vacío. Y el Yo sé quién soy con el que acaba la Mayor, cuando lo único que ha encontrado es un recuerdo concreto… el resto de su vida, y sus sentimientos respecto a sí misma y al resto de gente que la rodea, ¿se arreglan sin más con saber qué hacía de joven?

Tampoco me gusta lo de Japón sin ser Japón. Parece que estamos allí, pero el único que habla japonés es el jefe, y el equipo está compuesto por más gente extranjera que locales, lo cual sorprende en una organización de seguridad nacional. Se justifica de mala manera que la protagonista no sea japonesa (es un cíborg), pero el resto no. Si estás haciendo una versión occidental, no te andes con medias tintas absurdas. Los estudios quieren una versión occidental para venderla en todo el mundo pero que a la vez recuerde mucho a la japonesa, y una versión simplificada pero con sus mejores momentos, que hay que llegar a los viejos fans aparte de atraer a nuevos espectadores en masa. Y se hacen la picha un lío, y el lío se agrava conforme van añadiendo más ideas y cambiando de guionistas, y se agrava a medida que van metiendo escenas para atraer a distintos rangos de público a la vez. No tengo en principio nada en contra de nuevas versiones y adaptaciones, pero con la tendencia habitual de Hollywood es normal que haya recelos. Y Ghost in the Shell ha resultado otro gran ejemplo de este mal hacer, a pesar de ser una saga que podía extenderse, ampliarse y renovarse con facilidad, dado su género tan abierto y los avances tecnológicos que ha habido desde el manga y el primer anime, que permiten nuevas relecturas del tema. Cualquier capítulo de la serie (Ghost in the Shell, Stand Alone Complex, 2002) ofrece ideas más originales y planteamientos más trabajados en los veinte minutos que duran.

En la taquilla no parece responder a pesar de la insistente campaña publicitaria, y desde el estudio ya están diciendo que es culpa del casting blanco en personajes originales japoneses y del varapalo de la crítica (lo mismito pasó en Dioses de Egipto). Toma, pues claro: haces una película poco respetuosa en fidelidad y mediocre en calidad… ¿qué respuesta esperabas? Visto lo visto es una suerte, quizá así nos libramos de remakes insípidos de otros títulos que llevan años planeando, como Akira y Cobwoy Bebop, o, mejor aún, de hacerlos quizá se los tomen más en serio.

Ver también:
Ghost in the Shell.
Ghost in the Shell 2: Innocence.

13 horas: Los soldados secretos de Bengasi


13 Hours: The Secret Soldiers of Benghazi, 2016, EE.UU.
Género: Acción, bélico, drama.
Duración: 144 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Chuck Hogan, Mitchell Zuckoff (novela).
Actores: John Krasinski, James Badge Dale, Pablo Schreiber, David Denman, Dominic Fumusa, Max Martini, David Costabile, Alexia Barlier, Peyman Moaadi, Toby Stephens.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Muestra a un Michael Bay sorprendetemente maduro y crítico. El presupuesto luce como si fuera el doble en notables escenas de acción.
Lo peor: No rasca mucho en un material más prometedor. Ritmo irregular, con tramos aburridos.
Mejores momentos: La persecución al coche blindado.

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13 horas no es una gran película, pero permite hacer un interesante análisis sobre la trayectoria de Michael Bay, denostado por unos por su inmadurez intelectual y admirado por otros por su habilidad para rodar escenas de acción colosales.

Con Dolor y dinero me dio una grata sorpresa, pues demostró que teniendo un buen guion y dejando atrás (aunque sea en parte) sus manías, podía hacer muy buen cine. De hecho empezaba a mostrar cierta madurez: era una ácida parodia del sueño americano, algo inesperado en quien hasta entonces rodaba con un tono conservador rayano al fanatismo. Por la apariencia, 13 horas parecía seguir ese buen camino, y su estreno confirma ese proceso de madurez y el riesgo por huir de los tópicos que lo llevaron al éxito. Vemos a un Bay muy cambiado, más reflexivo y crítico. Su amada patria ya no es impoluta e inquebrantable. El ejército no está compuesto por superhéroes infalibles. El machismo y la xenofobia se diluyen bastante.

Lo primero que salta a la vista es un desencanto con su gobierno y su adorado ejército. El realizador ha abierto los ojos, viendo la complejidad y fallas de su país y también del mundo en general. Así, desde el inicio de este drama basado en hechos reales la administración es puesta a parir sin muchos miramientos. El jefe de la delegación de la CIA en Bengasi es un oficinista inútil y los embajadores se meten en un berenjenal que no entienden. La cadena de mando, hasta llegar al Presidente, es inefectiva y una de las causas principales por las que los protagonistas quedan aislados al borde de la muerte. Y estos no son héroes arquetípicos como de costumbre, sino que trata de definir seres humanos con aristas en su personalidad, con miedos, con familias que echan de menos… Por supuesto, como los buenos de la función, son superiores moral y físicamente a los demás, pero no hasta deshacer los pasos bien dados: ni siquiera el torpe jefe de la CIA acaba como un malote tontorrón a su lado, sino que tiene bastante que decir. Además incluye una mujer que no es un florero, sino que forma parte de los acontecimientos y evoluciona con ellos. También intenta construir un entorno realista y enmarañado. Libia es un desastre, EE.UU. no pinta nada ahí, y los soldados no saben quiénes de los locales son aliados y quiénes hostiles.

Pero que Michael Bay haya dejado atrás la adolescencia (ya iba siendo hora) no implica que directamente estemos ante una gran película. Es sólo un hecho interesante a constatar en su carrera y en el cine de acción actual, en el que es un destacado representante. Que algunas las obras del género más taquilleras fueran engendros intelectuales como Transformers es una lástima. Pero si sigue creciendo podría ofrecer cosas muy interesantes. Ahora bien, acertó de lleno con Dolor y dinero pero 13 horas es un intento algo fallido: ni tiene un guion tan redondo ni le imprime un ritmo tan eficaz. Se queda bastante corta ante los títulos recientes más destacables, como Black Hawk Derribado, La noche más oscura o El único superviviente, manteniéndose en la onda de otros muchos que quedaron en tierra de nadie: Corazones de acero, En tierra hostil (sigue pareciéndome inexplicable su tirón mediático), El francotirador

El ritmo es el peor problema. Se atasca mucho a pesar de tener numerosas escenas de acción. La presentación se alarga más de la cuenta, los clímax de tensión no siempre funcionan, y en definitiva, le falta garra a un relato con mucho más potencial. Y es curioso, porque visualmente luce como si tuviera 100 y no 50 millones de presupuesto, con tiroteos y explosiones en cantidad muy bien rodados en colaboración con un gran experto en fotografía nocturna, Dion Beebe (Collateral, Corrupción en Miami). Pero ni ese buen sentido del espectáculo, ni unos personajes simpáticos con actores competentes, ni la sencilla pero correcta crítica, bastan para hacer una buena película. Porque aunque Bay lo haya intentado, en todo anda muy justo.

Qué cansina se hace la escena de los soldados hablando con las familias antes del meollo, sobre todo porque reincide en cosas ya vistas, con lo que el pretendido suspense en el inicio del conflicto se diluye más de la cuenta; la horrible banda sonora de Lorne Balfe (uno de los más recientes y peores compositores paridos por la factoría Zimmer) tampoco ayuda a matizar la tensión en los momentos clave; en las batallas más intensas cuesta distinguir con quién y dónde estamos, a pesar de que el escenario no es tan amplio como el de Black Hawk derribado, quedando claro que una cosa es grandilocuencia y espectáculo y otra saber narrar escenas más exigentes; el conflicto de hecho termina siendo muy repetitivo: una vez pasados los buenos momentos (la salida a la desesperada de la casa, la persecución al coche blindado) se limita a ofrecer varias oleadas de ataques al complejo, todas muy parecidas y que en vez de mantener una progresión creciente de intriga y desazón van dirigiéndose hacia el previsible desenlace con aparentemente cada vez más desgana: las muertes de varios protagonistas me resultaron poco o nada impactantes, de lo lejos que se ven venir; es decir, le falta una buena atmósfera a la narración más allá de ofrecer escenas de acción bien rodadas, no se termina de aprovechar eso de que el enemigo puede ser cualquiera y aparecer por cualquier parte; el análisis de Libia es superficial, después de todo, y las motivaciones del enemigo ni se contemplan; los intentos de filosofar (con una cita de una novela que repiten varias veces) son flojetes; y alguna salida cutre sigue habiendo, como ese “Arreglad vuestro país” que dicen los protagonistas al irse, zanjando de forma lastimera el tema político, o el absurdo “Estoy dispuesto a morir por mi país, ¿y tú?” que suelta otro yanqui ante un control de fanáticos armados, cuando la situación real es obviamente a la inversa.

Terminator Génesis


Terminator Genisys, 2015, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 126 min.
Dirección: Alan Taylor.
Guion: Laeta Kalogridis, Patrick Lussier.
Actores: Arnold Schwarzenegger, Jason Clarke, Emilia Clarke, Jai Courtney, J.K. Simmons.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene si te la tomas como una de acción y ciencia-ficción para pasar el rato.
Lo peor: No parece una película de la saga, ni en calidad ni en esencia. La trama es un galimatías lleno de agujeros de guion, los personajes muy flojos, el reparto mediocre, la puesta en escena normalita. La negligente campaña publicitaria: destripan toda la película en los tráileres… ¡incluso en el póster!

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hay algunos spoilers sobre la trama… pero nada que no se viera en los tráileres, que te lo contaban todo. Al final hago una lista de fallos que sí incluye más detalles.–

Otra superproducción de estudio realizada con prisas para exprimir una saga famosa justo antes de que se le caduquen los derechos. Cogen a unos cuantos guionistas y los martillean entre varios ejecutivos con ideas variadas, muchas de ellas sin pies ni cabeza. Seleccionan a un director con poco renombre (corta carrera y sin contactos en la industria) que quiere ganarse algo de fama y amigos y se deje manipular. El resultado, otra película que no debería haber existido. Un caos de argumento, unos personajes queridos destrozados, un aspecto visual que está lejísimos de dar la talla.

Si fuera una cinta de acción cualquiera seguramente habría calado mejor, pues tiene la gracia que consiguen algunas películas flojas pero divertidas. El ritmo no es malo porque salta de una cosa a otra constantemente, al argumento no le haces caso porque de primeras se presenta absurdo, la acción es básica pero vale para entretener, te ríes con sus chistes facilones y también con los agujeros de guion, y a otra cosa. Tiene un presupuesto descomunal que no luce y unas pretensiones que no llegan a nada, pero para fans del género valdría aceptablemente como pasatiempo de bajo nivel, de ver y olvidar. Pero teniendo en cuenta que debe ser el relanzamiento y reinicio de una saga de alta calidad y muy querida no puedes hacer la vista gorda a su falta de personalidad y calidad, de hecho, anda tan escasa de ambas que resulta un insulto al fan de la serie. Ya la tercera y cuarta partes se llevaron un buen varapalo porque cumplían por los pelos con los preceptos obligados de la serie. ¿Por qué no aprenden de los errores? Pues porque es algo esquivo para los magnates que buscan reventar la taquilla con productos y no con cine de verdad.

Tres son esos puntos clave que deberían haber mantenido de una forma o de otra. Personajes fuertes y carismáticos con los que pudieras conectar y sufrir. Una aventura de supervivencia al límite que roce el terror psicológico. Una puesta en escena sobresaliente que deje al resto del género en ridículo. La tercera entrega cumplía lo justo pero al menos era un buen título de acción, y la cuarta se acercaba bastante en todos los elementos, aportando además un nuevo camino que seguir, porque por fin vieron que repetir la fórmula de “Terminator al pasado más persecución” estaba agotada. No fue una obra redonda, y con lo exigente que es el fan tardaron en apreciar sus muchas virtudes, pero no me cabe duda de que por ahí deberían haber seguido, el camino estaba bien allanado: buena trama, buenos personajes y nuevas ideas que respetan el concepto original, amén de un aspecto visual con gran nivel y bastante estilo. Pero en Génesis dan un paso atrás… con tirabuzón, tropiezo y fractura de tobillo. Y aún pretenden arrastrarse para realizar más secuelas. Espero que la taquilla, que no va bien, y las flojas críticas, les sirvan de aviso y dejen la saga en paz, porque para verla agonizar mejor dejarla ir. Para colmo este reinicio llega considerando que la tercera y cuarta partes no existen. La han vendido así y se puede observar en algunos detalles; el encuentro entre Reese y Connor es distinto a lo visto en Salvation, por ejemplo. Es decir, tienen los santos cojones de decirte que esta película y no las anteriores es la buena. Pero es que una vez vista te das cuenta de que los Terminator enviados a los 90 ya no existen, ergo es como decir que Terminator 2 también la puedes sacar de la serie, que ya no es válida. Pues obviamente va a ser al revés: Génesis es la que nadie va a incluir en la cronología de la saga, por estúpida e insultante. Para rematar, engancharon y engañaron a James Cameron (no sé cómo, dinero no necesita; ¿alguna obligación contractual?… porque sencillamente, no hay quien se crea sus palabras) para hacer un anuncio donde decía “Esta es la secuela de Terminator que yo habría hecho”. Pues no, coño, no me toméis el pelo así.

Los personajes son lo contrario a lo esperado. Oscilan entre la indiferencia, el aburrimiento y lo cargante, con lo que gran parte del tiempo resultan repelentes y quieres que mueran de una vez. Es problema de un libreto blando e indeciso tanto como de interpretación: qué horror de casting. Kyle Reese es un soldado de escasa personalidad, y Jai Courtney se ajusta a ello con su actuación sin savia ni sentimientos, con lo que termina resultando una versión cutre y anodina del carismático y sufridor Reese de Michael Biehn y el encantador Anton Yelchin que representó su versión joven en Salvation. La Sarah Connor dura que yo conocía era eso, una mujer de armas tomar, decidida y violenta como los tiempos requieren, pero a la vez se la veía llena de cargas y miedos como madre y como salvadora de la humanidad. No hay conflicto interno alguno en la Sarah actual, y la falta de carisma empeora las sensaciones. Aquí el fallo es principalmente de casting, porque al menos dura sí la muestran, y seguramente podría haber funcionado con una actriz que le diera fuerza… Pero Emilia Clarke no de la talla, literalmente porque tiene complexión de niña, pero sobre todo porque se la ve forzada. Y peor está en los momentos emocionales, que no los hace creíbles y en los que carece de la más mínima química con Courtney, y mira que era necesaria dado el obligado romance. En Juego de tronos no deslumbra pero cumple de sobras, aquí no se hace en ningún momento al personaje.

A John Connor directamente que le hubieran cambiado el nombre. El Connor del tramo inicial es insípido, nada que ver con la excelente representación de Christan Bale, verosímil como líder con un gran peso encima. Jason Clarke me parece buen actor desde que lo conocí en The Chicago Code, pero no logra captar al personaje, primero por sosainas y luego por la cosa sin pies ni cabeza en que lo convierten. Arnold Schwarzenegger como el Terminator (¿de verdad hacía falta decirlo?) está correcto en un papel que no requiere más que un toque de seriedad, el problema es exclusivo del guion: mientras que la idea de que envejece es simple pero efectiva, el resto de aportes que lo alejan del concepto original son una cagada. Como en la tercera parte, lo convierten en un secundario cómico, y esta vez peor, porque los chistes son repetitivos y sin gracia alguna. Pero también lo humanizan más de la cuenta con una sensiblería que no resulta creíble. Por ejemplo, el pique con Reese cuando cargan las armas: se ve a una persona que intenta esconder su vejez y hace un chiste con un nuevo amigo, algo incompatible con el tipo de robot que conocíamos. Y lo rematan otorgándole conocimientos que de ninguna manera podrían estar a su alcance: ¿un Terminator, una unidad de combate e infiltración, tiene conocimientos avanzados de las armas secretas de Skynet? Ni de coña. Una unidad que tiene muchas posibilidades de ser capturada por el enemigo no lleva información vital que además le es inútil en su misión. Que el Terminator construya una máquina temporal con tecnología de 1984 mientras la Skynet del futuro sudó de lo lindo es totalmente absurdo e inverosímil, una excusa forzadísima para que viajen a la nueva línea temporal en nuestro presente.

El argumento es un despropósito, y no sólo porque la premisa parte de ese sinsentido. Sueltan ideas a puñados sin llegar a decantarse por ninguna, sin desarrollarlas completamente. Alguna no lleva a nada, otras son agujeros de guion, otras dan subtramas anodinas, y todo se mezcla caóticamente y sin rastro alguno de la esencia de la saga. Hay como dos películas en una. La primera es el intento de relanzar la serie sin faltar a las ideas originales. La segunda es el intento de hacer una nueva saga bastante distinta. Ninguna de las dos funciona, y la obligación (autoimpuesta) de combinarlas deja ambas a medias: sin ritmo, rumbo ni coherencia. Para colmo, nos jodieron las escasas sorpresas relevantes en la penosa campaña publicitaria, la más negligente e insultante que recuerdo haber visto: los tráileres te cuentan absolutamente todo, y hasta el póster (que encima es horrendo) te destripa el giro con John Connor.

Partimos desde un punto ya conocido: en la victoria final sobre Skynet esta inteligencia artificial despliega su último recurso, la máquina del tiempo con la que envía un Terminator a 1984 para asesinar a Sarah Connor e impedir así que nazca su mayor rival, John Connor. Pero la Resistencia logra enviar también un defensor, Kyle Reese. Sin embargo en esta película cambian las cosas. Reese se encuentra con una línea temporal reescrita porque otra pareja de Terminator (un T-1000 malvado y un T-800 reprogramado como aliado) ha sido enviada a la infancia de Sarah. Así pueden colar la excusa de que el T-800 envejece y mantienen a Schwarzenegger en el papel. Pero no esperes que te expliquen quién, cómo y cuándo envía esos robots a los años setenta, de la misma forma que no se esfuerzan por hacer verosímil la máquina temporal del 84 con la que se permiten el borrón y cuenta nueva de tramas y fechas. Es la excusa para montarse este burdo reinicio, y punto.

Una vez reseteada de mala manera la serie, empieza el caos. Skynet es ahora Génesis, John es Skynet, Génesis es un niño pesado… y todo esto da igual, porque no se explica ni desarrolla nada, no lleva a ninguna trama elaborada. Los personajes deambulan de un escenario a otro y todo les cae encima, hacen lo que sea, y siguen adelante como si nada hubiera ocurrido. No hay una evolución del drama personal llamativa, emocionante, y el romance tira de topicazos inmaduros bastante cargantes. La trama finge ser compleja pero es superficial e intrascendente y se da mascadita en pequeñas dosis porque se asume que el espectador es tonto. La narración se limita a escena de acción tras escena de acción, que para colmo no dan la talla, sea por los agujeros de guion (a casi todas se les puede sacar alguna incoherencia importante; al final del artículo pongo una lista con las más llamativas) o el flojo nivel visual. Esta forma de narrar, cada vez más común en el cine contemporáneo, es algo que detesto. Sobre todo me resulta insoportable lo de que los personajes no se esfuerzan realmente por nada. Reese capta recuerdos por arte de magia, y estos le indican hacia dónde tiene que ir; fuera de escena el Abuelo (el T-800 enviado a los setenta) monta y desarrolla un gran plan de forma que al final lo único que tienen que hacer para acabar con Skynet en 2016 es poner unas bombas. No hay más línea argumental que pegar tiros hacia delante, salvo esa delirante subtrama con el personaje secundario tonto de turno (otro cliché del cine actual), el policía-chiste que aparece de vez en cuando sin aportar nada.

Y por supuesto olvídate de cualquier rastro de inteligencia. ¿Alguna pensamiento filosófico sobre el destino de la humanidad con la tecnología? No. ¿Entonces para que convierten a John en Skynet? ¿Qué revelación ha tenido, cuál es su objetivo, por qué aparece y desaparece y sus intenciones para con los héroes cambian cada dos por tres? El galimatías resultante sólo consigue aburrir, porque habla y habla pero ni dice ni lleva a nada. Estropean también el concepto de Skynet para convertirlo en Génesis, una inteligencia artificial que parece un niño mimado con un arrebato. ¿Cómo pretendes que esos hologramas estúpidos den miedo y sensación de peligro? En las tres primeras partes no veíamos directamente el enemigo principal y aun así lo temíamos, y aunque en la cuarta ya flojeó al mostrar un núcleo al que parecía demasiado fácil acceder, al menos mostraba inteligencia sin igual que aquí no llega a verse ni en el Connor tuneado.

Para rematar el despropósito, como decía tampoco parece que se esfuercen por mantener el sello de la saga en su esencia más importante: no llegan a aparecer las exigibles grandes secuencias de acción y persecución que ponen a los protagonistas al borde de la muerte, con huidas por los pelos, un clima de intriga que roza el terror (al menos en las dos primeras entregas) y donde no se olvidaban de desarrollar personajes humanos que te calen hondo. Sólo salvo la escena del ácido, el resto son anécdotas enlazadas donde no son capaces de formar una trama sólida e impactante y menos exponer buenos caracteres. Los tiroteos son breves e insípidos, y la gran pieza de acción central es la vista en los avances: unos pocos minutos correteando con el autobús para acabar de forma súper exagerada. Intriga y tensión y sentido del espectáculo y del asombro no llegan a aparecer.

Gran parte del problema es el infame libreto, pero 155 millones daban para bastante más. El director Alan Taylor, por mucho que deslumbrara en televisión (desde Homicidio a Juego de tronos, pasando por varios clásicos: Oz, Los Soprano, Mad Men…), no logra el nivel requerido, y eso que se entrenó en superproducciones con la más que correcta Thor: El mundo oscuro. Jonathan Mostow y sobre todo McG nos regalaron secuencias de acción impactantes y superiores a la media del género, y aunque no llegaran al nivelazo del genial James Cameron se veía talento y en el segundo caso también esfuerzo por buscar el tono de tensión constante, por lo que Salvation mantenía el sello de la saga de forma aceptable. Pero Génesis es una obra sin alma, sin sentido del espectáculo ni como señalaba capacidad para transmitir ni una de las emociones que se esperan encontrar. Las peleas a puñetazos son muy simplonas, carecen de energía y vitalidad, tanto por la falta de originalidad como por la monótona forma de rodarlas (el montaje es bastante malo). La corta y simple persecución con el autobús tampoco impacta nada a pesar de ser la más relevante, y el resto son unas breves escaramuzas con aún menor capacidad para causar alguna impresión, como la persecución con helicópteros, que se limita a mostrar borrones digitales movimiento y mucho ruido pero no llega a narrar nada. El largo e insustancial desenlace es lo peor de todo. Deberían haber buscado algo más ambicioso, que pegar tiros a las cámaras para que Skynet no moleste con su monólogo de humor mediante hologramas mientras ponen cargas explosivas no es un clímax digno de la serie. Así que, si estaba siendo una de acción normalucha, el interés acaba por los suelos, dejándote sin nada que recordar. Y en las partes pausadas está peor, con una dirección apática; hay momentos muy flojos, como esos torpes primeros planos en los momentos románticos.

Los efectos especiales son muy limitados en una serie donde se espera que deslumbren, de hecho, ni llegan al mínimo aceptable como superproducción. El futuro se asemeja a un videojuego, es realmente penoso, parece que estás viendo el clon de The Asylum en vez de la película oficial. Luce muchísimo mejor el futuro de Terminator 2 de hace… ¡casi veinticinco años!, no digamos ya el de Salvation. Parecen haber echado todo el dinero y esfuerzo en la recreación de Schwarzenegger de joven, que está bien conseguida pero se sigue notando falsa (no resulta tan creíble como los Na’vi de Avatar). Es que ni siquiera convence el nuevo exoesqueleto, con una mandíbula distinta que le confiere un aspecto de robot demente más que temible. Y para terminar, la banda sonora es insistente y chapucera, cuando las demás han sido sencillas pero sumamente efectivas a la hora de reforzar la intriga y tensión.

Cuando vi Mad Max: Fury Road, me dije: “no he visto una película de acción y ciencia-ficción de semejante nivel desde Matrix y Terminator 2“. Que sea una obra ajena a la saga la que más recuerde en sensaciones y calidad a la misma…

Alerta de spoilers: Termino con la larga lista de preguntas, inconsistencias y agujeros de guion, que obviamente señalan detalles muy concretos de la película.–

-Tanto repetir la fórmula de enviar un Terminator al pasado empieza a generar preguntas. En Terminator se suponía que el envío de un robot y un héroe para frenarlo fue un movimiento de última hora y a la desesperada, pero si siguen mandando robots de uno en uno cuando les place (y la Resistencia averigua sin problemas la fecha y envía también un solo defensor), pues parece que realmente no tienen tantos problemas para enviarlos, así que… ¿por qué cada bando no manda un puñetero comando? Y en esta película en concreto se nota más el patinazo, porque vemos a Skynet coger un solo Terminator de todo el lote que tiene y a la Resistencia hacerse con la máquina con bastante tranquilidad y enviar a Reese sin prisas, pero luego además resulta que alguien envía otra pareja más. Manda a veinte hombres fuertes, John Connor, que pareces imbécil, y no dejes sin vigilancia la máquina para que Skynet siga fastidiando.
-También cabre preguntarse por qué si Skynet tiene la máquina del tiempo lista, en vez de usarla y acabar con la Resistencia de una vez sigue extendiendo la guerra.
-La gilipollez de que una vez derrotada Skynet los Terminator y naves se desconecten y caigan… ¿entonces como funciona el Terminator en el resto de la película, y por qué no activa el resto del lote para defender la máquina?
-Señores guionistas (y productores mete mano), si vais a extender o justificar las escenas con trucos baratos, intentad que no se noten tanto, que hay innumerables capítulos, en especial de acción, cuya justificación parte de o tiene una cagada muy clara: si Sarah sabe en qué momento y lugar aparece el Terminator en el 84, qué demonios hace que no está preparada esperando en vez de arriesgarse a un enfrentamiento directo; con Reese igual, espera a que esté a punto de morir en la tienda de ropa porque sino no tenemos el momento de tensión cutre; en la huída con el cambión Kyle tiene un lanzagranadas y no lo usa hasta que el T-1000 ha cumplido con la filigrana molona buscada; en la trampa para el T-1000 el Abuelo está desparecido en vez de proteger a Sarah, para aparecer porque sí al final de la escena, pues con él presente habría durado un minuto; el Abuelo ha tenido veinte años para armar los cargadores y preparar bombas, pero no lo ha hecho sencillamente porque querían meter una escena de transición y otra cómica; habiendo un montón de coches, más manejables y mejores para pasar desapercibidos, cogen un autobús, que da más espectáculo; ni el lógico T-800 ni el entrenado Reese son capaces de prever que si dejan otro helicóptero lo pueden usar policías o John-Skynet para perseguirlos si averiguan que han tomado ese camino; qué casualidad que el poli tonto se trasladara de LA a San Franscisco y deduzca tan rápido de un fotograma borroso que dos gamberros en un puente son los misteriosos tipos que busca; qué conveniente la explicación de que John-Skynet sea único: los demás sujetos que quiso convertir Skynet se murieron, él no… por que sí y punto; persiste la manía de coreografiar peleas lanzando al contrincante lejos cuando lo tienen agarrado dispuesto para ser machacado a puñetazos y cuchilladas: vemos que John-Skynet le puede cortar un brazo al Abuelo, y en vez de seguir destrozándolo se dedica a tirarlo de acá para allá lejos de su alcance, como si una caida o choque contra una pared demostrara hacerle daño, y como si no pensara que le está dando tiempo a encontrar una escapatoria o arma; etc., etc.
-En Cyberdine construyen un par de proyectos secretos revolucionarios, la poliaelación y la máquina del tiempo… y los tienen tras cristaleras desde donde cualquier currante del resto de la empresa lo ve todo; toma seguridad y secreto.
-¿Por qué se apagan los carteles publicitarios de Génesis?
-El Abuelo al final es capaz de regenerarse… pero mantiene su aspecto viejo.
-“No tenemos armas para luchar contra esta nueva clase de Terminator”… “No pasa nada, me fabrico un súper imán con un megáfono viejo”.

Ver también:
Terminator Salvation.
Terminator 3: La rebelión de las máquinas.