El Criticón

Opinión de cine y música

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Cristal


Glass, 2019, EE.UU.
Género: Suspense, drama, superhéroes.
Duración: 129 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: M. Night Shyamalan.
Actores: James McAvoy, Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Ana Taylor-Joy, Sarah Paulson, Spencer Treat Clark, Charlayne Woodard, Adam David Thompson, Luke Kirby.
Música: Dylan Thordson.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante original, con situaciones y giros muy sorprendentes. Todos los personajes son atractivos…
Lo peor: …pero se desaprovechan en un relato irregular y falto de la garra esperada.

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Alerta de spoilers: Sin dator reveladores hasta el próximo aviso.–

Con el insólito giro final de Múltiple (2016), M. Night Shyamalan unió esa cinta con El protegido (2000), aspirando a que si alcanzaba éxito suficiente podría realizar la trilogía que tenía planeada en aquellos años. Según él, el protagonista de numerosas personalidades de Múltiple estaba en el guion inicial de El protegido, pero lo dejó para las secuelas pensando que no encajaba del todo en ella, y luego su carrera se hundió bastante y no tuvo la libertad y recursos para terminar con el proyecto.

Aunque ninguna de aquellas dos fueran obras para el gran público sí consiguieron enganchar a millones de espectadores abiertos a propuestas arriesgadas y originales. Y con el paso del tiempo se ha forjado alrededor de El protegido ese estado de “cinta culto” que tiende a sobrevalorar y rechazar críticas negativas. Así pues, las expectativas de sus admiradores estaban por las nubes, quizá demasiado altas para que una tercera parte pueda satisfacer con suficientes sorpresas, con un desarrollo de personajes que llene por igual a todos, y una historia con pegada suficiente para sacudirte de nuevo.

Fui sin saber nada, sin ver tráileres e imágenes, como debe ser en estos casos. No tenía ni idea de cómo iba a ser el encuentro entre David Dunn, la Horda y Don Cristal, solo era capaz de pensar en el típico enfrentamiento a tortas de toda la vida, así que confiaba en que Shyamalan me llevara por otra dirección. Cuando ese choque clásico parece suceder a los pocos minutos de proyección me vine un poco abajo: ¿a tan poco aspiras, y qué vas a dejar para el resto del metraje? Pero de repente corta por lo sano con ese camino tan previsible y nos traslada a un escenario nuevo y sugerente que reavivó a lo grande las esperanzas. Hay planteamientos muy jugosos e ingeniosos, y la intriga por cómo superarán esa situación y volverán a encauzar el conflicto entre ellos recobra nuevas fuerzas.

Destaca de nuevo el factor sorpresa, la valentía y el talento Shyamalan para deconstruir el mundo de los superhéroes, ponerlo patas arriba, y después de todo ello incluso seguir siendo capaz de aportar giros finales que vuelven a rizar el rizo con gran acierto. Como en El protegido, analiza las premisas y giros comunes del género, ofreciendo otra vez tanto un homenaje como una perspectiva más humana y dramática que la habitual línea fantasiosa y basada en el espectáculo directo. Juega con lo que prevee el espectador y los personajes para luego resolver las situaciones con una vuelta de tuerca más novedosa e inteligente. Así, cabe pensar que no veremos batallas y victorias épicas, sino aceptación del quiénes somos, de nuestras capacidades y nuestro lugar en el mundo

Pero me temo que el escenario donde se reúnen los protagonistas, que es donde se desarrolla la mayor parte de la historia, también deja ver todas sus carencias. Una importante falta de credibilidad y de ritmo se va adueñando del relato, siendo grave en varios momentos, mientras a la vez da la sensación de que no exprime del todo a los personajes y el choque entre ellos. También se nota que el indio no están tan inspirado como de costumbre con la cámara.

Las diatribas de la nueva figura que cambia las reglas del juego, Ellie Staple (Sarah Paulson), se alargan demasiado mientras no hay señales de que los protagonistas se vayan a mover de una vez por todas. Don Cristal/Elijah Price se tira demasiado tiempo parado, y aunque cuando entra en acción desde luego es lo mejor de la cinta, da la impresión de que el realizador no sabía qué hacer con él el resto del tiempo. Los secundarios se dejan demasiado de lado después de prometer más relevancia: Casey aparece como para cumplir, el hijo de David tiene más presencia pero no termina de pasar a primer plano, la madre de Elijah no aporta nada. Y David Dunn, llamado por la gente “el protector” (haciendo más evidente que nunca la ridícula traducción de “Unbreakable” como “El protegido”), no tiene un desarrollo tan cuidado y detallista como en su presentación, a pesar de que el dilema ante el que es puesto (¿es un superhéroe o tiene delirios fruto de traumas?) es muy prometedor: Shyamalan debería haber ahodando más en su pérdida de fe, su frustración, y su renacer, pero se queda en cuatro escenas un tanto básicas.

Conforme se va materializando el desenlace, los agujeros en la credibilidad se hacen demasiado visibles. La falta de vigilancia y seguridad de ese escenario principal es vergonzosa, dejando claro que Shyamalan se ha esforzado menos de lo necesario. El encuentro final es lento, desganado y un poco engañoso, no termina de cumplir como ese esperado duelo dramático e intelectual que te haría olvidar las aparatosas batallas del género. De hecho, el realizador hace un extraño amago, anunciando un gran clímax en un entorno llamativo, como queriendo desviar la atención sobre lo que cabía esperar dada la naturaleza de las dos entregas previas. Pero a la hora de la verdad no tenemos ni una cosa ni otra. Hay pelea final con acción, pero en un entorno anodino, con escenas poco espectaculares, y la exposición dialogada carece de la garra esperada, del calado dramático y las lecturas inteligentes, todo es más o menos lo que se veía venir; hasta revelaciones que prometían cambiarlo todo, como la verdad sobre el accidente de tren, pasan sin pena ni gloria. Si no fuera por los varios giros posteriores que le dan la vuelta a todo y aportan nuevas ramificaciones a la historia, quizá el recuerdo que deja la proyección hubiera sido menos grato, pero echando la vista atrás, la anhelada contienda final entre los tres protagonistas tiene las de defraudar a muchos espectadores.

James McAvoy está fantástico en la complicada tesitura de interpretar no sólo varias personalidades, sino cambiando a toda leche entre ellas en los momentos álgidos. Samuel L. Jackson se luce a lo grande también pero por el lado contrario, el de la contención: sus miradas reflejan muy bien el cambio de la frustración y la ira al éxtasis de la revelación. El resto queda bastante por debajo. Bruce Willis no tiene un rol con recorrido suficiente como para lucirse. Sarah Paulson no convence como la mujer de aspecto afable pero rígida. Anya Taylor-Joy y Spencer Treat Clark cumplen de sobras, pero eso aumenta la sensación de que los podría haber aprovechado más. Cabe señalar también que uno de los secundarios, Luke Kirby, está muy pasado de rosca, pero se podría decir que el director debería haberlo controlado mejor.

En lo visual Shyamalan muestra también cierta dejadez. El acabado es más que correcto, pero del indio se espera que nos deslumbre con belleza y también que las propias imágenes sean un complemento de la narración. En El protegido innumerables planos asombrosos se combinaban con otros que transmitían muy bien el progreso emocional de los protagonistas. Aquí, el único complemento en ese sentido es la banda sonora de Dylan Thordson, efectiva unas veces pero otras tomando demasiado protagonismo en escenas que deberían haber contado con mayor esfuerzo por parte del realizador. Múltiple tampoco era muy virtuosa en el acabado, pero al menos conseguía ser profunda y emotiva a través de unos protagonistas mejor desarrollados.

Cristal tiene más carencias que los dos capítulos previos, pero también sus principales virtudes, su gran personalidad y la inventiva sin igual con salidas atrevidas e inesperadas, así que supone un cierre bastante interesante aunque no cumpla del todo las expectativas.

Alerta de spoilers: A partir de aquí destripo a fondo detalles, cosas clave y el final.–
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El protegido


Unbreakable, 2000, EE.UU.
Género: Suspense, drama, superhéroes.
Duración: 106 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: M. Night Shyamalan.
Actores: Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Robin Wright, Spencer Treat Clark.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Original, sugestiva, hecha con mucho mimo.
Lo peor: Lenta en un primer visionado, se puede hacer pesada en los siguientes, porque se basa mucho en golpes de efecto y el aspecto audiovisual es superior al contenido.

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Tras deslumbrar a medio mundo con El sexto sentido en 1999, M. Night Shyamalan tomó un camino que descolocó a los que esperaban más de lo mismo, suspense y terror. De hecho, el primer tráiler parecía anunciar una de miedo, y el segundo no dejaba muy claro de qué iba. El protegido es una obra muy arriesgada y personal, con lo que llega con intensidad a algunos espectadores y choca frontalmente con otros, sobre todo si se va con ideas preconcebidas y la mente cerrada. Ofrece un perspectiva insólita del género de los superhéroes tanto en forma como en contenido, pero la cinta tiene más capas, porque también es un drama bastante certero.

Huyendo de mundos de fantasía y personajes con superpoderes grandilocuentes representados con muchos efectos especiales en aparatosas escenas de acción, el indio apuesta por tomar una perspectiva más realista y contenida, centrando el relato en el drama de dos individuos bastante normales y un entorno mundano y aburrido. Las bases, el argumento más clásico y muchos clichés del género de superhéroes están presentes, pero mostrados desde este ángulo tan humano. También es evidente que quiere homenajear al género, no sólo darle vuelta de tuerca. Las referencias a los orígenes, los cánones y otros detalles de este arte son constantes en todo el metraje, y además se funden con naturalidad con la trama y la descripción de los protagonistas.

El héroe es superior en lo moral y lo físico al hombre común, y por lo general también al supervillano, que se apoya en su intelecto retorcido para buscar ventaja exprimiendo diversos recursos y tecnologías y tratando de adelantarse a los planes de su némesis. El héroe es bueno de corazón, pero debe elegir entre una vida normal y la sacrificada responsabilidad de estar de guardia para salvar a desconocidos cada dos por tres, con lo que su viaje no está exento de dilemas; además, su contrincante suele ponerlo ante problemas y elecciones complicados. El enemigo se divide en dos tipos, los criminales comunes y el supervillano. Los primeros suelen servir únicamente para presentar al héroe y su aprendizaje. El villano emerge de una vida dura que se complica por los fallos del sistema, y actúa con rabia destructora que se agrava porque el bueno desbarata sus proyectos cada dos por tres. El autor reincide en la idea de que la dualidad es necesaria para el nacimiento y maduración de ambos: sin uno, el otro no tendría mucha razón de ser, y los dos se retroalimentan.

Estos conceptos están desarrollados a través de un drama sencillo, combinados con los problemas cotidianos de la gente de forma que vemos más de cerca que nunca a la persona real tras el superhéroe. En algunos cómics, como Superman o Spider-Man, se ha abordado ese aspecto, pero casi siempre es para poner en apuros al protagonista, con familias y amigos en peligro por culpa de los malos, y también para aportar algo de comedia con los choques entre las dos vidas. Shyamalan va a conflictos más oscuros y profundos pero que cualquier persona ha sufrido o puede sufrir alguna vez.

David Dunn es un guarda de seguridad que ve pasar los años sin que la existencia termine de llenar su vacío. Elecciones pasadas le hacen recordar que podía haber tenido otra vida, una de ensueño como deportista, y por ello es incapaz de ver lo que tiene delante. El matrimonio hace aguas, el niño es una carga, el trabajo lo aburre… Elijah Price en cierta manera va en sentido contrario. Se atribuye un lugar en el mundo, pero su vida y sus ambiciones chocan con sus limitaciones, y la frustración marca su personalidad. El encuentro entre ambos promete despertar el potencial de cada uno, pero antes tienen que enfrentar sus demonios internos y los efectos secundarios en su círculo cercano. Cabe destacar la parte del hijo de David, que sufre las consecuencias en algunas escenas muy potentes.

Bruce Willis nos dejó a cuadros en El sexto sentido con una interpretación seria y muy conmovedora después de estar décadas interpretando a distintas versiones de John McClane (La jungla de cristal, 1988), y aquí se mantiene en esa línea, aunque quizá un peldaño por debajo. Samuel L. Jackson capta muy bien la aflicción y cólera de Elijah. El joven Spencer Treat Clark está estupendo como niño confundido. Sólo Robin Wright queda un poco descolgada, pero también es cierto que su personaje es más secundario.

Con la contención citada, el relato avanza sin vistosos encuentros entre los dos protagonistas, sino con mucho diálogo y mucha exposición sutil que desgrana poco a poco los sentimientos, los miedos y los apáticos esfuerzos que hacen cuando la realidad trata de imponerse. Por ejemplo, desde la magistral presentación donde David se guarda el anillo esperando tener una aventura romántica se hace palpable su melancolía y el distanciamiento con su familia, y el accidente de tren no se ve, se muestra como lo viviría él, haciéndonos partícipes del cambio inesperado y cómo le afecta. Pero infinidad de detalles visuales y algunos diálogos muy certeros abundan por el relato; me gustan especialmente aquellos planos donde David mira algo y la cámara tarda unos segundos en acercarse a ello, matizando el estado de ánimo del personaje (expectante) y también el suspense.

Y es que el esfuerzo en la puesta en escena hace gala de una inteligencia y una cantidad de recursos asombrosa. Plano a plano Shyamalan compone un mosaico de sensaciones y belleza muy singular, y demostró que El sexto sentido no fue un momento puntual de inspiración sino la presentación de uno de los mejores directores del momento. La música de James Newton Howard, con una efectiva base electrónica, termina de realzar tanto el drama como la intriga, y brilla en los momentos de revelación, como la escena de David en la estación abriendo los brazos para conectar con la gente.

Pero, después de todo, la película se queda corta. Por la razón que fuera, Shyamalan va a un mínimo muy justo. Con el guion que desarrolla da la sensación de que no hay suficiente para un largometraje, sino que iría mejor en un capítulo de una serie tipo Dimensión desconocida (1959) o Más allá del límite (1963 y 1995). Así, rellena bastante, reincidiendo en algunas cosas (los encuentros con Don Cristal se repiten más de la cuenta), estirando el drama de la separación (alguna conversación, sobre todo la de la cita reconciliadora con la esposa, se alarga mucho)… y en cambio, donde debería haber más metraje, en el final, corta por lo sano porque prefiere terminar con el subidón del giro sorpresa. Resume con texto en pantalla lo que deberíamos ver, de forma que, aunque salieras del cine asombrado por el golpe de efecto, en los revisionados empieza a pesar la impresión de que después de todo no es un giro tan efectivo y faltaban por contar cosas. Cabe pensar que agilizando el ritmo mejoraría la experiencia y además cabría un enfrentamiento entre héroe y villano mejor trabajado, pues después de tanto tratar el tema y prometer termina abruptamente sin abordarlo.

Por ello no veo la obra maestra que defienden algunos, pero El protegido sin duda se ha de considerar una cinta de culto, original como pocas, hecha con gran amor al arte y a lo que se está contando.

Más tarde Shyamalan afirmó que tenía en mente una trilogía, pero quedó en el aire con el posterior declive de su carrera. Pero se atrevió a volver a tantear esa idea en Múltiple (2016), y con su arrollador éxito puso pronto en marcha una nueva película que combinara ambas, Glass (2019), formando dicho tríptico.

Múltiple


Split, 2016, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 117 min.
Dirección: M. Night Shyamalan
Guion: M. Night Shyamalan
Actores: James McAvoy, Anya Taylor-Joy, Betty Buckley, Jessica Sula, Haley Lu Richardson.
Música: West Dylan Thordson.

Valoración:
Lo mejor: Las capas y sorpresas de la trama y los personajes.
Lo peor: La falta de ritmo en algunos momentos. Otro maldito tráiler que te cuenta casi toda la película, otra vez el estudio tratando de vender una obra de Shaymalan como si fuera de terror puro, cuando es de suspense.
Mejores momentos: “Méate encima”. La psiquiatra sospechando que está ante una personalidad hostil. La protagonista intentando usar al niño para salir. “Juguemos a los animales”. El nacimiento. La pared. El final, lleno de sorpresas, destacando el epílogo.

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Alerta de spoilers: No hay datos reveladores. —

La mejor virtud de Múltiple es el sello Shyamalan que hemos visto en todas sus obras personales, excepto en la fallida El incidente (2008): te pasas gran parte del visionado expectante, con incertidumbre por el devenir de acontecimientos y el destino de los personajes, e intentas ir deduciendo qué está pasando y cómo va a resolverse todo. ¿Cuántas películas de los últimos veinte años o así te han hecho pensar? ¿Cuántas te han sorprendido por romper las barreras conocidas del género al que se adscriben a pesar de que no esperabas que a estas alturas fuera posible? El sexto sentido (1999), El protegido (2000), Señales (2002), El bosque (2004), La visita (2015) e incluso pasajes de La joven del agua (2006) tenían unas ideas muy originales y unas soluciones narrativas únicas, tanto en escritura como en dirección.

Múltiple es como la mente del villano protagonista: tiene una fuerte personalidad y muchas capas que explorar. No es una simple cinta de secuestro por demente o gente aislada acosada por un asesino. Shyamalan retuerce y exprime el argumento y ofrece una propuesta muy ingeniosa y distintiva. Tiene parte de drama (y bastante complejo), parte de suspense y una pizca de terror de tintes fantásticos. La combinación funciona muy bien y cada aspecto por sí solo posee momentos deslumbrantes.

Los personajes tienen dimensión y una evolución muy atractiva, al contrario de lo habitual en este tipo de títulos. Sí, quizá le podría haber sacado más partido a las otras jóvenes retenidas, pero tampoco había obligación de hacer un relato coral, lo que pretendía es contar la vida de dos figuras opuestas: la chica que sufre en solitario traumas varios pero no pierde su brújula moral, y el tipo también jodido que va en el sentido contrario por mucho que otros intenten ayudarlo. Y ahí acierta de lleno, describiendo unos protagonistas que terminan resultando fascinantes. Aun teniendo en cuenta que es un escenario exagerado y que además acaba con elementos entre la ciencia-ficción y la fantasía, la profundidad y detallismo de los caracteres garantiza verosimilitud y gran capacidad de empatía. Incluso este desgraciado que va perdiendo la cordura con múltiples personalidades y amenaza con matar a gente inocente despierta nuestras simpatías, y no sólo porque algunas de las personalidades, como el niño, sean agradables, sino porque esperas que sea capaz de sobreponerse a sus miserias y conseguir una vida normal. ¿Cuántos villanos de los últimos te han llegado hondo, no han sido simples clichés? Así, el sufrimiento de ambos, al que sumo la psiquiatra, que pronto se libra de su apariencia previa de objeto de la trama y resulta muy interesante, llega con mucha intensidad. La situación límite, los flashbacks que desgranan sus vidas (algunos con revelaciones impactantes), los esfuerzos por salir adelante… Llegan al término de la historia habiendo cambiado, presentan batalla porque han aprendido o madurado, no a simples tortas como suele ser común en gran parte del cine contemporáneo. Es comparar con bodrios como Saw (James Wan, 2004), por desgracia un referente de este subgénero, y menuda lección de escritura. Y los giros finales son el tiro de gracia, porque surgen de cosas planteadas sutilmente a lo largo del metraje, no es una mongolada salida de la nada como el lastimero final que tuvo aquella. Y por seguir con el ejemplo de Saw, Múltiple es capaz de ponerte los pelos de punta sólo con diálogos, sin casquería alguna.

Los actores son obviamente cruciales en la ecuación. Anya Taylor-Joy se dio a conocer en otra de suspense digna de ver, La bruja (2015). Como allí, su físico de aspecto joven y frágil (tiene veinte años, pero pasa por adolescente sin problemas) va como anillo al dedo al personaje, pero aquí también tiene un papel más exigente: la angustia, el miedo y la gradual maduración los muestra muy bien, y consigue no quedar eclipsada por los veteranos. A pesar de su avanzada edad, Betty Buckley no tiene una carrera muy larga ni llamativa, siendo sus paples en Frenético (1988) y la serie Con ocho basta (1977) quizá los más destacados. Shyamalan la conoció en el El incidente y aquí ha contado otra vez con ella, lo cual es todo un acierto, porque está estupenda como la doctora inteligente y competente que trata con sumo cuidado, con temores pero también con sagacidad, al peculiar paciente protagonista. James McAvoy (Expiación -2007-, X-Men: La nueva generación -2011-) tiene un papel muy jugoso (registros variados, algunos extremos) que no desaprovecha, siendo capaz de hacer verosímil hasta los momentos más pasados de rosca (el niño pequeño). El doblador se esfuerza, pero hay momentos que rechinan, así que como es habitual recomiendo la versión original.

Hay que recalcar que las explicaciones y pistas están bien colocadas. Algunas son evidentes (al menos para un espectador curtido, porque en internet he visto mil preguntas con respuestas que me parecían muy claras, como por qué va a la estación de tren), otras están genialmente veladas y te las tienes que trabajar. En este último caso entran muchas conversaciones que tienen más miga de la que aparentaban en principio. Incluso hay algún detalle que puede parecer intrascendente pero luego te das cuenta de que era necesario, como la charla de la psiquiatra con una vecina, que sólo sirve para que sepamos que ella y su entorno son reales, no imaginación del protagonista, y Shyamalan se la toma como lo que es, un relleno: la conversación es un tanto absurda, como hablar del tiempo, recuperando un poco de ese humor negro visto en La visita.

Por buscarles las cosquillas, se pueden puntualizar un par de aspectos mejorables. Le falta algo de garra en su inicio, pues la presentación es muy básica, pero en el tramo central a veces también da la sensación de que podría haber explorado escenarios más variados. Hay algunas cosas explicadas por conversaciones largas en vez de por acciones, y a veces tiene que recurrir a unas sutilezas muy ingeniosas (me gusta que no lo den todo mascado como si fuéramos imbéciles), pero también pueden hacerse algo pesadas, alguna incluso resulta reiterativa (las visitas a la psiquiatra se podrían haber resumido mejor), con lo que el ritmo se resiente un poco. Creo que en el tramo inicial le habría venido bien anécdotas de supervivencia (las chicas sufriendo e intentando escapar) más moviditas que engancharan más rápido, mientras que en el nudo podría habler explotado más los flashbacks y otras situaciones para exponer la relación del loco y la psicóloga de forma visual, ergo con más nervio y capacidad de impacto. Es una regla básica del cine: muéstralo, no lo cuentes. Pero quizá también ha entrado en juego que el presupuesto es casi una broma, nueve millones de dólares; por ejemplo, ese congreso en que participa la psiquiatra por videoconferencia en vez de estar presente en la sala parece apuntar a ello. Quizá por ello también Shyamalan no deslumbra con la puesta en escena, mostrándose más comedido, sin soluciones sorprendentes y rebuscadas como los juegos de cámara constantes de El protegido.

Múltiple es una película en la que no dejas de pensar durante días tras el visionado. Shyamalan nos regala un sugestivo crescendo de tensión e inquietud a través de personajes cautivadores embarcados en un viaje tétrico y de futuro incierto donde abundan golpes de efectos bien medidos y tramos muy potentes que se quedan anclados en la memoria. El clímax final es soberbio, te deja tiritando (más de nerviosismo que de miedo puro), y no defrauda en su genial resolución, con alguna idea dejada en el aire para tu imaginación y su inesperado y asombroso epílogo. Este último es “el giro Shyamalan“, que a esas alturas todos dábamos por perdido pero de repente te lanza a la cara uno que te deja a cuadros, así que sales de una proyección fascinante con un subidón de los que hacen época.

PD: Esta vez no ha contado con James Newton Howard para la banda sonora, y el trabajo del desconocido West Dylan Thordson es muy básico pero no funciona nada mal.

La visita




The Visit, 2015, EE.UU.
Género: Suspense, terror, drama.
Duración: 94 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: M. Night Shyamalan.
Actores: Olivia DeJonge, Ed Oxenbould, Deanna Dunagan, Peter McRobbie, Kathryn Hahn.

Valoración:
Lo mejor: Una atmósfera inquietante con tramos perturbadores. Una combinación de géneros (sólido drama, inesperada comedia negra) que ofrece un filme con bastante personalidad y originalidad.
Lo peor: No ha alcanzado la fama merecida, mientras infinidad de títulos de escasa calidad han tenido más éxito.
Mejores momentos: Los bajos de la casa. La última noche juntos: juegos, sótano, revelaciones…
Versiones: Al parecer Shyamalan rodó dos versiones opuestas de la película, una en plan comedia, otra de terror puro. Al final optó por un término intermedio.

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Después de las numerosas mediocridades que ha dado el cine de “metraje encontrado”, eso de que vemos la película como si hubiéramos hallado una grabación amateur e improvisada de los hechos, y de lo bajo que estaba cayendo la carrera de M. Night Shyamalan después de empezar tan, tan alto, no tenía esperanzas en La visita. Pero me he llevado una grata sorpresa. Alejándose de las limitaciones artísticas que implica trabajar para un gran estudio (te obligan a seguir una línea –como él dice, le gusta experimentar, como es obvio viendo cómo jugó aquí con el terror y la comedia para ver qué le gustaba más-, te imponen ideas sobre la marcha, te quitan el montaje final, te publicitan la película como algo que no es –El bosque no era de terror, mucha gente fue engañada y no la entendió-), volviendo a sus raíces de cine de autor, recuperamos a la mente inspirada y al hábil artesano de misterio y horror que es capaz de llevar el género a nuevas fronteras, de sorprender con ideas y argumentos tremendamente originales.

La narrativa a lo grabación casera fluye de forma más verosímil y efectiva que de costumbre, logrando alejar la cinta de todos esos engendros que van de originales pero resultan forzados y llenos de viejos clichés mal disimulados. Sí, hay algún momento donde parece que el chaval consigue planos muy artísticos a pesar de estar en situaciones de tensión, o donde aparece un efecto sonoro de la nada para terminar de meter miedo (debajo de la casa suena un murmullo de origen desconocido), pero por lo general el relato se desarrolla de forma más espontánea, verosímil, hasta en los instantes de mayor caos. De hecho va incluso más allá, porque también logra distanciarse de los problemas que arrastra el terror en general: historias repetitivas, personajes planos, y abuso de sustos básicos.

El suspense y el terror se manifiestan a través de situaciones más o menos cotidianas y terrenales, pero realzadas en su versión más perturbadora, es decir, mantiene una conexión con la realidad, no hay entes fantasiosos cuyas reglas tienes que definir si no quieres que resulte confuso (por ejemplo It Follows e Insidious no tenían ni pies ni cabeza), sino una sensación desagradable de “eso podría pasarme a mí”. Los entrañables abuelos se convierten poco a poco en la peor pesadilla de los chavales: un rasgo de demencia por aquí, una situación incómoda por allá (los pañales), y Shyamalan te empieza a poner nervioso. Cuando la cosa comienza a irse de madre, con la abuela sonámbula y el abuelo haciendo otras cosas raras, acabas sumergido en un ambiente de terror psicológico de muy buen nivel: desasosegante, desagradable a veces, imprevisible en muchos momentos, y con sustos bastante efectivos. Sólo con un cuento relatado por la abuela es capaz de dejarte mal cuerpo, así que las escenas más explícitas dan bastante canguelo. En estas condiciones no se puede criticar negativamente que termine recurriendo a algún cliché del género: la visión nocturna no parece forzada, sino que llega en el momento justo en que permite rematar la escena pasando de la congoja a las ganas de salir corriendo. Y no falta el giro final que pone patas arriba todo lo que llevamos visto y te deja, como se suele decir, con el culo torcido.

A través de los protagonistas construye un drama con la suficiente profundidad e interés como para llegar con fuerza al espectador. Los chicos sufren las secuelas de la separación familiar, con sentimientos como ansiedad y culpabilidad que explotan en forma de tics y limitaciones de funcionamiento social (ella no se mira al espejo, él está obsesionado con los gérmenes). La madre no está mejor, porque arrastra la lejana y dolorosa separación con los padres. Es decir, se habla, más o menos sutilmente, de problemas de relaciones: familias rotas, soledad, perdones, orgullo mal entendido… Así pues, el terror psicológico sale muy reforzado al tener unos roles con los que identificarse férreamente, mientras que en el subgénero de “metraje encontrado” se alza como la única propuesta seria y sólida, lejos de los artificios vacuos habituales. No hay más que comparar con Cloverfield (Monstruoso), incomprensiblemente una de las más exitosas de este estilo, cuyos caracteres oscilaban entre lo insustancial y lo cargante y se convertían pronto en una barrera a la hora de sumergirte en una historia que al final también se quedaba en dos topicazos cutres a pesar de tanto enredo visual. Y cabe destacar el impecable papel de los ancianos Deanna Dunagan y Peter McRobbie y la asombrosa naturalidad de los dos jóvenes intérpretes, Olivia DeJonge y Ed Oxenbould. Es una vergüenza que no hayan tenido en cuenta a los últimos en la temporada de premios.

Además Shyamalan también se atreve con la comedia, alegrando pasajes de transición, tirando hacia un humor negro que descoloca (el chiste del crío justo después de uno de los sustos más gordos, el de la abuela desnuda: “¡Me he quedado ciego!”), e incluso soltando algunos destellos de auto parodia extraños pero efectivos (el típico trueno que llega en el momento justo para rematar un susto consigue, en una de las apariciones más locas del abuelo, terminar de formar una escena desconcertante). Por último, también se podría señalar alguna referencia a cuentos clásicos (de esos inicialmente de miedo pero de los que han ido calando más las versiones infantiles, por Disney principalmente), sobre todo Hansel y Gretel de los Hermanos Grimm. La escena de la abuela (bruja) y el horno es el mejor ejemplo, y no está excenta del tono de recochineo tan peculiar.

Lo único que acusa La visita es la maldición propia del cine de terror: en siguientes visionados obviamente los sustos no te acojonarán tanto. Pero, al contrario de lo que suele ser también habitual, al abordar con inteligencia y gran originalidad otros géneros permite que se pueda disfrutar una y otra vez. Shyamalan añade a su currículo otra de suspense y terror original y con personalidad bastante superior a la media… pero que también ha sido bastante incomprendida, como las magistrales Señales y El bosque. Al menos costó poquísimo (cinco millones de dólares) y casi llega a los cien, así que rentable ha sido. Espero que el tiempo la vaya poniendo en su lugar.

After Earth


After Earth, 2013, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 100 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: Gary Whitta, M. Night Shyamalan.
Actores: Jaden Smith, Will Smith.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Buenos efectos especiales, paisajes y dirección artística.
Lo peor: Personajes aburridos, aventura sin contenido ni emoción.

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El problema principal de After Earth es que carece de alma, de emoción, de contenido. Es superficial, anodina e intrascendente en el sentido completo de cada término: no parece pasar casi nada, y lo poco que hay no despierta interés alguno. La aventura carece de garra, a pesar de las infinitas posibilidades que abre la fantasía presentada (es más, no tiene peso alguno en el argumento que se estrellen en la Tierra, podría ser cualquier planeta). Solo tenemos un par de problemas con animales, poco interesantes cuando no ridículos (ese águila perdona vidas sacado de una película de Disney), y el resto de la odisea de supervivencia es prácticamente corretear por los bosques. La conexión con los protagonistas es débil: la familia es un tópico andante, el padre demasiado aburrido y pesado, y sobre todo el chaval, protagonista absoluto, resulta repelente. Una cosa es mostrar a un adolescente con problemas varios en su proceso de maduración, y con ello lanzar mensajes sobre la familia, la responsabilidad, etc., pero el guion salió torcido y el niño resulta muy cargante, y la labor patética del actor Jaden Smith lo empeora hasta hacerlo insoportable. En vez de sentir empatía con el protagonista se genera distanciamiento e incluso odio.

Además, la estructura en capítulos, cual fases de videojuegos, se adivina muy pronto y hace que toda escena por venir resulte extremadamente previsible. Y las descripciones de situaciones y elementos del mundo representado tienen algunos momentos de vergüenza ajena. Por ejemplo, a las explicaciones de los poderes de los personajes solo les falta indicar qué combinación de teclas hay que usar, y el accidente que les lleva a la Tierra se desarrolla con unos diálogos realmente estúpidos llenos de tecnojerga absurda que claramente intentan esconder lo poco verosímil que resulta acabar en dicho planeta.

En la puesta en escena destaca el gran presupuesto de forma notable, sobre todo en la breve estancia en el otro mundo, que resulta espectacular para lo poco que sale, y Shyamalan resuelve cada secuencia con gran profesionalidad, sin caer en el abuso de efectos especiales, sacando buen partido de las sencillas escenas de acción. Pero arrastra dos limitaciones: una es que del libreto se puede sacar poco jugo, con lo que ni en los momentos más difíciles de la aventura del personaje podemos sentir emoción alguna, es decir, se ve en las imágenes que la cosa debería funcionar, pero al no haber contenido la narración no llega con intensidad. La otra es que Shyamalan va con el piloto automático: en ningún momento nos hace pensar que estamos ante el genio visionario que parió joyas como El sexto sentido, El protegido, Señales y El bosque (The Village), donde aparte de sus excelentes guiones deslumbraba con una puesta en escena imaginativa y absorbente. Otra triste sorpresa es que la banda sonora del siempre eficaz James Newton Howard es muy floja, algo que sin duda pone una gota extra en el escaso interés que despierta el relato.

Por su falta de emoción y espectacularidad no pasa el corte como cinta de acción veraniega, pero lo cierto es que es más insípida y aburrida que realmente mala. Lo que está claro es que es un nuevo batacazo de Shyamalan en su cada vez más errática y decepcionante carrera.