El Criticón

Opinión de cine y música

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Interstellar (con spoilers)


Interstellar, 2014, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, drama.
Duración: 169 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Jonathan Nolan, Christopher Nolan.
Actores: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Mackenzie Foy, Michael Caine, Casey Affleck, Timothée Chalamet.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Como ensayo sobre el ser humano es fascinante, como cinta de aventuras y ciencia-ficción es potente y cautivadora.
Lo peor: Una leve tendencia a explicar más de la cuenta, algún detalle menor y un final un poco comercial.
Mejores momentos: La despedida, el viaje y los fenómenos espaciales, el cobarde, el acople, la singularidad, el contacto…
El plano: Mirando debajo de la manta.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Describo los pilares del argumento evitando revelar cosas concretas de la trama y más aún sorpresas y giros. Pero su trasfondo y mensajes los analizo a fondo, y repito que es una película para ver en blanco y dejarte embargar por su complejidad y capacidad de asombro. Ver también: Interstellar sin spoilers.–

Interstellar no es sólo una aventura espacial arrebatadora y un drama familiar de proporciones épicas y gran emotividad, también es una oda a la humanidad. Su trama nos sumerge en cómo enfrentamos las dificultades de la vida, pero llevándolo al extremo último, la cercanía de la extinción. ¿Conseguirá la humanidad sobreponerse a la estrechez de miras, las trabas morales, intelectuales y emocionales que han mostrado sus miembros en toda su existencia?

Anhelos, pensamientos, limitaciones y grandes gestas del hombre van pasando ante nuestros ojos conmoviéndonos, llevándonos a la reflexión. Nolan expone situaciones varias a través de los personajes y sus vivencias, y de algunas nos ofrece las dos caras, dejándote claro que nada es blanco o negro, que no existe una solución única como en las matemáticas, porque el hombre es un ser emocional. El mejor ejemplo es la mentira con que quieren educar a los jóvenes para que la supervivencia inmediata esté garantizada: no miréis al espacio, sino a la tierra, que la agricultura que nos da de comer es más importante que soñar con las lejanas estrellas. Y a la vez, quien mira a las estrellas como única salvación sustenta las esperanzas de su gente en una mentira igual de tétrica.

Se trata inevitablemente la eterna dualidad de la sociedad, progresistas contra conservadores. El choque entre la hermana, valiente y decidida a cambiar las cosas, con el hermano, cuya limitada visión lo lleva a esperar que todo se arregle solo, aferrándose al sueño de que lo que funcionaba antes en circunstancias sociales, políticas y económicas distintas, debería volver a funcionar, porque si no el mundo deja de tener sentido para él (demasiado complejo para entenderlo y asimilarlo, el problema básico de los conservadores), genera grandes momentos de tensión, y señala también que la ciencia siempre tiene algo que aportar, por mucha fobia que le tengan los estrechos de miras.

El mundo que queda es el de los mediocres y cobardes, el del gobierno que manipula para mantener a la población sumisa y señalando la ciencia como causante de los excesos pasados. La ciencia sobrevive como una organización clandestina por su cuenta. Esto no está muy lejos de la realidad actual, sobre todo en España, que hipoteca su futuro tirando de lo malo conocido por miedo a invertir en ciencia, un ente demasiado abstracto para las mentes simples. Los héroes como siempre son los que tienen mayor amplitud de miras, los visionarios, exploradores, científicos… El protagonista apunta maneras con su maquinaria agrícola dirigida por GPS, que le garantiza mejores cosechas mientras los demás se ríen de su afán por la tecnología y pretenden que sus hijos rebajen sus intelectos para amoldarse a una sociedad inmovilista, conservadora. Evidentemente esto tampoco está muy lejos de la realidad.

Como extensión de las heroicidades tenemos el conflicto entre el protagonista y un personaje que aparece en el tercer acto, que ciertamente Nolan se empeña en recalcarlo más de la cuenta, como se ha criticado hasta la saciedad por los detractores que se sustentan en un solo fallo para tratar de tumbar el conjunto. Y está lejos de hacerlo, porque la dualidad del cobarde que sólo piensa en la supervivencia propia inmediata contra el responsable que mira por otros y a largo plazo es muy interesante aunque sea obvia, y además da pie al gran y fantástico clímax de acción, que resulta sobrecogedor, dejándote aplastado por la tensión como pocas secuencias han logrado en el cine.

Está claro a estas alturas que el alegato a favor de la ciencia es muy completo y contundente, pero cabe destacar también que Nolan se acerca a la fe y al humanismo sin chorradas religiosas de por medio, aunque lo cierto es que siguiendo con la tónica de mensajes tratados con inteligencia y sensibilidad podría haber hecho alguna mención, porque es uno de los grandes motores sociales, culturales y espirituales de la humanidad, y también uno de sus peores defectos. En Contact por ejemplo sí lo tuvieron en cuenta.

Finalmente, no puede faltar la emoción más importante en las relaciones humanas, el amor. De primeras el discurso que suelta el personaje de Anne Hathaway me pareció un poco salido de madre, pero pronto se ve que la idea es esencial en el relato. Sí, podría haberse sintetizado mejor, de forma más sutil, pero como indicaba en la crítica sin spoilers, el realizador apuesta por llegar a todos los públicos. El amor nos une y guía frente de la adversidad incluso en los peores momentos, nos empuja a llegar más allá de donde la razón dicta, a sacrificarnos por los nuestros. En el onírico final este pensamiento resulta crucial.

Como indicaba, todo esto está sumergido en una aventura de supervivencia y descubrimiento deslumbrante. El primer acto en la Tierra está impregnado de intriga y desazón. La investigación que lanza el segundo acto va cambiando esa sensación por la magia, llevando un relato ya de por sí absorbente a un nuevo nivel de fascinación. El viaje espacial nos trae pura poesía audiovisual, una combinación de imágenes y música (Hans Zimmer pletórico) que ofrece las escenas más bellas y cautivadoras vistas en años. Y cuando se lanza de lleno a la trama filosófica todo lo visto hasta entonces adquiere nuevos sentidos, nuevas capas. Christopher Nolan, como ha demostrado en varias ocasiones, tiene una vena de visionario única y rueda con una técnica de primer nivel. Así, toda la película, casi tres horas, es un crescendo multinivel con una fuerza visual y emocional inenarrable. El largo clímax que hay desde el planeta helado, donde cabe destacar más que nunca la soberbia banda sonora de Hans Zimmer, confirma definitivamente a Interstellar como una obra maestra.

En cuanto a influencias hay que señalar lo obvio: está todo inventado, tratar de hundir la cinta porque una escena recuerda a tal o cual cosa es sencillamente absurdo; ninguna obra es cien por cien genuina y revolucionaria, siempre se parte de conocimientos previos. Las influencias y referencias más notables son las novelas y películas de Solaris, Contact y sobre todo 2001, en algunos elementos visuales y argumentales inevitables tratándose de mezclar espacio, filosofía e ideas sobre la humanidad (amor, destino, evolución, etc.). También fruto del género son conceptos básicos de ingeniería espacial como los ya imaginados entre otros por Arthur C. Clarke (Cita con Rama). Y se pueden citar otras probablemente casuales: la obstinación por lanzarse a lo desconocido a ciegas por pura curiosidad me recordó a Regiones apartadas, de William Gibson.

Alerta de spoilers: En este último párrafo comento algunos detalles más concretos, incluidos del final, que quizá quieras evitar.–

Y sí, como también indiqué en el artículo sin spoilers, hay aspectos criticables. Aparte de los allí citados añado un par más que, aunque destacables, no empañan las cualidades globales de la obra. Pienso que se podría haber reducido bastante el prólogo de presentación de la familia, porque la aventura del drone perdido en plan persecución no aporta nada esencial, y se podía haber dedicado este tiempo a los hallazgos que llevan al protagonista a la NASA, que van muy precipitados. No entiendo por qué ponen tanto empeño en la dirección artística (bueno, es un decir, el robot es grotesco) pero luego el maquillaje lo descuidan: no parece que Michael Caine envejezca, podían haberlo maquillado un poco. Los peros más importantes son la sensación de que reincide un poco más de la cuenta en algunas explicaciones y la discutible inclinación hacia un final casi palomitero: aunque me parece verosímil tal y como se expone (desarraigo en plan Frodo al volver a la Comarca y verla totalmente cambiada: he salvado el mundo, pero no para mí), desentona un poco que tras tanto esfuerzo por salvar a su familia y reunirse con ella, el protagonista se vaya tan rápido en pos de una mujer con la que no me parece que haya congeniado más allá de en lo profesional. Y un detalle que pocos han visto: por qué, si tienen una lanzadera con capacidad de despegar y aterrizar en planetas, el lanzamiento inicial se hace con ella acoplada a un cohete estándar de los que usamos ahora.

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Interstellar (sin spoilers)


Interstellar, 2014, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, drama.
Duración: 169 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Jonathan Nolan, Christopher Nolan.
Actores: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Mackenzie Foy, Michael Caine, Casey Affleck, Timothée Chalamet.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: No es sólo una obra maestra del cine, trasciende más allá de las imágenes, su mensaje es universal.
Lo peor: Algunos fallos puntuales son dignos de citar. Tan compleja y arriesgada que es y será incomprendida por muchos.
El título: ¿Pero qué costaba traducirlo?

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Alerta de spoilers: La crítica no tiene ningún dato revelador de ninguna clase.–

¿Cómo abordar la crítica de una maravilla como esta, sobre todo cuando su virtud más llamativa es su capacidad para sorprender? Nada quiero desvelar de ella, ni de argumento, ni de estilo, ni de lo que oculta detrás, toda la magia y mensajes. Es imprescindible que cualquiera que piense en ir a verla lo haga sabiendo lo menos posible del argumento, no digamos de imágenes, sorpresas, ideas subyacentes, etc.

Qué difícil es esquivar información hoy en día. Hay películas que sabes que irás a ver sí o sí y quieres llegar más o menos sin saber nada. O al menos eso hacemos muchos cinéfilos: con conocer quiénes son sus autores o si es parte de un género o una saga que nos interesa la veremos indistintamente de lo que resulte al final. Pero con internet y la televisión es casi imposible llegar virgen. Te cuelan reportajes por todas partes. Te revientan claves del argumento en titulares sólo por conseguir clics rápidos. Y mira que esta vez hemos tenido la suerte de que los productores han sido cuidadosos y no han dejado pasar tráileres que te cuentan todo, que son cada vez más comunes y odiosos. Pero también son imperdonables las críticas que dicen no revelar nada y lo hacen con todo descaro, o las que lo hacen sin avisar. No lo entiendo. ¿Qué ganas con esa actitud? Ni visitas ni respeto.

Pero sí, conseguí llegar al cine sabiendo casi únicamente que Christopher Nolan se iba al espacio; sólo un detalle de la trama me jodieron con un titular mierdero. Y no me entendáis mal, no soy un adorador ciego de este realizador, de esos que ponen de obra maestra todo lo que hace. No compartí el entusiasmo desmedido por Origen o El prestigio, a las que les faltaba mucho para el sobresaliente, y me decepcionó mucho su forma de acabar la trilogía de Batman después de apuntar tan alto. Pero tiene cualidades que pocos poseen hoy en día, tanto porque parece estar todo inventado como por la falta de riesgo que corren autores y productoras. La capacidad de innovar y sorprender son virtudes prácticamente desaparecidas desde los Steven Spielberg y James Cameron de finales de los ochenta y principios de los noventa, pero Nolan ha recuperado ese espíritu muy bien. Soy seguidor suyo desde que deslumbró con Memento, no uno de esos que se suben a la moda cuando ya tiene bien asentada su carrera (El Caballero Oscuro sería su punto álgido), y asisto a cada nueva proyección con sumo interés porque sé que todas van a conseguir algo cada vez menos habitual en el cine: asombrarme y dejarme pensando durante días, indistintamente de que consiga filmes redondos o no.

Así pues, iba sin saber nada y ni siquiera esperando ver una gran película, sólo sabía que con toda probabilidad iba a disfrutar bastante. Y qué bofetón me he llevado. Ni El Caballero Oscuro, en toda su grandilocuencia y magnificencia, me caló tan hondo, ni la narrativa insólita de Memento me dejó tan impresionado. Porque Interstellar es una obra maestra, pero también mucho más. He vivido el nacimiento de un clásico, algo que ocurre dos, tres o cuatro veces por década como mucho. He estado en el estreno de otras obras maestras (El pianista a la cabeza), pero pocas de esas que rompen esquemas de tal manera. Por ejemplo American Beauty dio la vuelta al drama y la crítica social tal y como se conocían hasta entonces, y Seven inventó varios géneros nuevos. Matrix sería la más cercana, por género y capacidad de impacto, porque genialidades como Hijos de los hombres por desgracia no han logrado un reconocimiento global y se limitan a ser “obras de culto”. He sentido lo que seguramente sintieron las generaciones anteriores ante el estreno de La Guerra de las Galaxias y de 2001: asombro por ver cómo se destrozan las fronteras del cine tal y como se conocían, y, como en el segundo caso, se llevan además a terrenos alejados de lo normal en el séptimo arte: la metáfora y la filosofía.

Interstellar resulta más introspectiva, profunda y emocional que directa y convencional. Es decir, como 2001 (por citar el referente más conocido, hay otras obras que se podrían señalar, Tarkovsky y Fritz Lang a la cabeza), es difícil de catalogar tanto en géneros como en corrientes de pensamiento. Y por apuntar al corazón y empujar a la reflexión, las obras de este estilo generan respuestas muy polarizadas. O entras en su juego y entiendes algo del trasfondo filosófico, o puedes chocarte de lleno contra una barrera invisible. Así, hay no pocos enfrentamientos entre críticos y aficionados sobre su alcance: ¿es una obra maestra o un timo?, ¿sus cualidades en conjunto la hacen inmortal o sus fallos derrumban la película?

Para mí es sin duda una obra maestra… y no por eso ignoro o niego los fallos que se le pueden sacar. No hay largometraje por bueno que sea al que no se le pueda señalar algún aspecto mejorable, o incluso algún gran agujero (¿verdad, Alien y La diligencia?). Sólo quizá Casablanca es tan jodidamente perfecta que parece librarse de ello, o quizá es que es tan vieja que se ha convertido en leyenda; y lo mismo se aplica a Metropolis y otras tan antiguas. Interstellar tiene algunos puntos dignos de citar como mejorables, y unos son más perdonables que otros.

Hay una muerte lastimera allá donde el agua (si la has visto sabrás qué escena es); en un principio con la intensidad del clímax quizá no te das cuenta, pero es que el personaje se queda como esperando la muerte, perdiendo bastante credibilidad la situación. No me gusta nada el diseño del robot, que es esperpéntico e ilógico (aunque lo mismo pretendían homenajear el monolito de 2001), y da la sensación de que tratan de esconder sus interacciones (movimiento, agarre, etc.) porque veían que efectivamente no quedaba bien. También pienso que el sentido del humor que intentan colar en algunas escenas queda un poco forzado.

El otro aspecto largamente criticado es uno muy subjetivo y que se puede mirar desde varios prismas: el exceso de explicaciones. A mí como a otros me rompe ligeramente el ritmo algunas ocasiones en que Nolan se empeña en explicar con pelos y señales algunas cosas… pero es que tampoco podía irse al otro extremo, que hay pilares de la trama sólo entendibles por amantes de la ciencia-ficción y la ciencia espacial. Quizá había un punto intermedio más comedido, pero yo entiendo y defiendo la posición de Nolan, aunque hubiera preferido algo más sutil. Apuesta por apuntar al público generalista, no solamente a los más inteligentes y además a los cultos en esta temática. Y como tal debe ser bastante expositivo, debe exponer las reglas básicas de la ciencia del relato y señalar el trasfondo que persigue, para que casi todo el mundo pueda aspirar a entender los planteamientos y mensajes desarrollados.

A mí me da la sensación de que a algunos les jode que no sea un producto intelectual exclusivo al que aludir para sentirse superiores. Nolan juega en la liga de Spielberg, no en la de Malick o Lars von Trier. Sabe que el cine es entretenimiento, y quiere entretener a todos, no mostrar su arte más abstracto y que sólo unos cuantos alcancen a comprenderlo (o a tragarse sus paridas). Y me parece tan digno como loable. ¿Es que no se dan cuenta del gran logro que ha conseguido? Ha colado ciencia-ficción dura y filosofía trascendental como si fuera una cinca comercial. Casi 700 millones ha recaudado en la taquilla, no se ha estrellado como Solaris, que contaba con el tirón de George Clooney pero luego la gente se salía del cine porque era demasiado poética y rebuscada. Y este éxito, más los recientes de Gravity y Guardianes de la galaxia, puede abrir muchas puertas a un género siempre denostado y tratado como de segunda categoría. Quizá próximas maravillas tengan una mejor recepción que joyas ignoradas como Hijos de los hombres, La carretera y otras.

Pero ninguno de los fallos que podamos atribuirle empaña un conjunto que va más allá de resultar una obra maestra del cine, pues también es una oda sobre la humanidad, una reflexión sobre nuestro potencial, nuestras limitaciones y nuestro sino. Interstellar lo tiene todo. Conjuga el drama cercano e introspectivo (conocemos a fondo los anhelos y miedos de los protagonistas) con una épica de aventuras y supervivencia deslumbrante. Cuando se lanza a la intriga y acción te atrapa hasta dejarte sin aliento en un espectáculo del estilo del director: grandilocuente, sí, pero también donde hace gala de una desbordante imaginería visual y gran dominio de la técnica. Y entre medio expone con sensibilidad y a la vez mucha fuerza mensajes de gran calado, pensamientos e ideas de diversa índole, en un relato que rebosa filosofía y metafísica sin notarse desigualdad con todo lo demás.

La fuerza inenarrable de las imágenes (en especial en sus sobrecogedores momentos álgidos) y la belleza del universo comparten mérito entre el realizador y el equipo artístico, pero hay un elemento crucial: el portento de banda sonora. Tras años en una línea comercial un tanto decepcionante recuperamos al Hans Zimmer más inspirado y esforzado, el que se implica de lleno en la narrativa y logra una partitura bella y poderosa que forja una simbiosis perfecta con las imágenes. No escuchaba algo tan hermoso y a la vez estremecedor desde La delgada línea roja.

El personaje principal es de esos inolvidables por su dibujo sencillo pero magnético, y también gracias a la estupenda interpretación de Matthew McConaughey. Otros pocos principales son esenciales para las muchas aristas de la historia, en especial Jessica Chastain, pero la historia fluye principalmente a través de él. No puedo decir más para no revelar nada, pero las sorpresas que guardan algunos de los secundarios son fantásticas, aunque el espectador avezado podrá intuir alguna con antelación (y hay que señalar que en este caso es prueba de que están bien planteadas, no de que sean previsibles). Pega, de haber una, es que un par de personajes en un momento dado son catalizadores de esas explicaciones largas, y puede molestar un poco a quien no las necesitara. El problema más destacable viene del doblaje: primero porque se ve que les cuesta doblar a McConaughey, que habla con la boca cerrada y farfullando, y segundo porque el de las féminas Anne Hathaway y Mackenzie Foy (la niña) es verdaderamente horrendo.

Como se veía venir, los festivales de premios de cine más famosos, en su conservadurismo y vicios (qué obsesión con los telefilmes simplones de superación personal), han pasado de semejante obra de arte, a pesar de que había antecedentes que hacían pensar en que podría tener opciones, porque Gravity y su director obtuvieron mucha representación el año pasado. Quizá fue porque era más simple, una aventura de supervivencia sin más complejidad, pero la ciencia-ficción reflexiva se les atraganta curiosamente tanto como la más comercial: Guardianes de la galaxia y esta Interstellar han sido con diferencia las mejores películas del 2014. Es más, no me cabe duda de que las dos, sobre todo la aquí analizada, son hitos cinematográficos que marcarán una época, mientras la decena de títulos seleccionados por estos supuestos referentes del cine estarán olvidados para el año que viene. Y otra broma suprema es el robo a Hans Zimmer, que se ha marcado la mejor banda sonora de la década y tampoco ha tenido la recepción merecida.

Ver también:
Interstellar con spoilers.

The Conjuring (Expediente Warren)


The Conjuring, 2013, EE.UU.
Género: Terror.
Duración: 115 min.
Dirección: James Wan.
Guion: Chad Hayes, Carey Hayes.
Actores: Patrick Wilson, Vera Farmiga, Ron Livingston, Lili Taylor, Mackenzie Foy, Joey King.
Música: Joseph Bishara.

Valoración:
Lo mejor: Tradicional y efectiva. Bien rodada. Personajes interesantes.
Lo peor: Lo tradicional a veces es también previsible, muchas escenas se ven venir de lejos.
Mejores momentos: La visita al sótano. El aplauso.

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Inesperadamente The Conjuring ha resultado un título muy recomendable, una grata resurrección de un género ahogado en películas menores y mediocres. De hecho, el propio realizador James Wan ha sido artífice de sagas populares pero de baja calidad, como Saw o Insidious.

Hay metraje más que de sobra dedicado a describir a los protagonistas, sus puntos débiles y fuertes, sus problemas y esperanzas, de forma que cuando empiezan a ocurrir desgracias tenemos en quien fijarnos, con quien sufrir. Cuando un personaje se acerca a un momento de peligro, la conexión establecida con el espectador funciona mil veces mejor que cualquier efecto sonoro forzado para asustar.

Y esa buena base no se desaprovecha. James Wan maneja el tempo narrativo con gran paciencia, controlando la secuencia milimétricamente usando la combinación más acertada de fotografía, iluminación, sonido y dirección de actores. Juega con el miedo a lo desconocido, con el sugerir más que el mostrar (la niña gritando que hay alguien ahí resulta espeluznante), pero también con los miedos clásicos: el fantasma, la posesión, el monstruo bajo la cama o en el armario, el sótano oscuro, el muñeco inquietante… Sin altibajos o recesos donde pierda fuelle, salvo quizá el breve cambio de escenario (el salto a la casa de los Warren), minuto tras minuto The Conjuring va sembrando la semilla del desasosiego, logrando inquietar aunque se sepa de sobras que va a pasar algo. La visita al sótano es uno de los mejores momentos del género en los últimos años, y rematada con el aplauso resulta verdaderamente sobrecogedora, una de las pocas veces que una cinta de terror ha logrado asustarme de verdad.

Con este panorama no importa mucho que la falta de originalidad sea evidente, que tome sin vergüenza ideas de clásicos del género. La pelota al estilo Al final de la escalera, el grupo de tipos raros con cachivaches a lo Poltergeist o la esencia misma de la casa encantada están a disposición de un relato consistente, bien escrito y sobre todo muy bien narrado. The Conjuring no va a sorprender, pero sí asusta, que es su cometido. Queda por ver si el director James Wan sigue por este camino de maduración o se aferra a los títulos más facilones, porque The Conjuring da esperanzas, pero la inmediatamente posterior Insidous 2, filme comercial barato a la estela de una primera entrega ya de por sí pobretona, las quita.