El Criticón

Opinión de cine y música

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Ártico


Arctic, 2018, EE.UU., Islandia.
Género: Aventuras.
Duración: 98 min.
Dirección: Joe Penna.
Guion: Joe Penna, Ryan Morrison.
Actores: Mads Mikkelsen, Maria Thelma Smáradóttir.
Música: Joseph Trapanese.

Valoración:
Lo mejor: Una de aventuras clásica, sencilla pero efectiva. El carisma de Mad Mikkelsen.
Lo peor: De clásica resulta demasiado predecible, y el final un tanto manipulador.

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El danés Mad Mikkelsen es uno de esos actores por los que me lanzo a ver casi cualquier cosa que haga. Ya lo conocía de antes, pero en la serie Hannibal (Bryan Fuller, 2013) se convirtió en uno de mis favoritos. Y sin encima me ofrecen una de aventuras con sabor a clásico, más tienen mi atención.

El director y guionista brasileño Joe Penna empezó en Youtube con un canal de humor y música, pasó a hacer algunos anuncios, luego cortos y series, y finalmente ha saltado al cine con esta Ártico. Es una coproducción entre EE.UU. e Islandia, y se estrenó en Cannes en 2018, avanzando lentamente por el resto del mundo. En España tiene previsto estrenarse el 31 de mayo, pero dudo que lo haga en muchas salas.

Un piloto estrellado con su avioneta en el ártico intenta sobrevivir en la hostil naturaleza mientras espera el rescate. El rodaje duró 19 días, pero son suficientes para que Mikkelsen se refiera a él como el más duro de su carrera. Desde luego, lo da todo en la representación de un aventurero (pronto descubrimos que no es la primera vez que vive una odisea semejante) que no pierde el valor ni las ganas de vivir le caiga lo que le caiga encima. Poco diálogo, hermosos e inhóspitos paisajes, lucha constante en distintos escenarios, un par de giros inesperados que ponen las cosas más difíciles… La cinta mantiene buen ritmo y la expectación bastante alta en su primera mitad.

La pena es que no es capaz de ir creciendo, e incluso se diluye en el tramo final. Para empezar, me hubiera gustado que la chica con la que carga interactuara con él al menos un tiempo, en vez de estar inconsciente todo el tiempo. Habría dado más juego a la parte central y reforzado la conexión con el espectador en las penurias de la pareja, porque una vez inmerso en el viaje en busca de salvación ya no hay novedades. Conocidos el personaje y sus habilidades y pasados los primeros retos, Penna no es capaz de mantener la tensión, cada nuevo problema llega sin aportar algo más que subir el listón de las dificultades gradual y previsiblemente.

El desenlace no podía sorprender, pero lo hace para mal. Sabiendo que no había mucho margen debería haber ido al grano, pero en vez de eso el realizador intenta forzar el drama con sensacionalismo barato, amagando con si hay rescate o no de forma burda.

Con todo, resulta bastante entretenida si te gusta el género.

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Polar


Polar, 2019, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 118 min.
Dirección: Jonas Åkerlund.
Guion: Jonas Åkerlund, Víctor Santos (novela gráfica).
Actores: Mads Mikkelsen, Vanessa Hudgens, Katheryn Winnick, Matt Lucas, Fei Ren, Ruby O. Face, Robert Maillet, Anthony Grant, Josh Cruddas.
Música: Deadmau5.

Valoración:
Lo mejor: Personajes con pegada, buena combinación de drama, thriller y comedia gamberra.
Lo peor: Es muy predecible, no hay margen alguno para la sorpresa.

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Uno de los asesinos a sueldo más reverenciados del gremio está cerca de la jubilación forzosa a la que lo obligan sus peculiares patrones, pero estos ni quieren pagar la gran suma que le deben ni dejar cabos sueltos, así que ponen precio sobre su cabeza. Él encara el retiro con ideas de redimirse por algunos excesos, pero con este panorama no parece encontrar la paz.

Quien espere algo serio, saldrá escaldado. Cogemos un poco de Snatch (Guy Ritchie, 2000), Lock and Stock (ídem, 1998) y semejantes, una pizca de John Wick (Chad Stahelski, David Leitch, 2014), y mucho de la serie Happy! (Grant Morrison, Brian Taylor, 2017), de hecho también se basa en una novela gráfica, y tenemos la alocada Polar. Acción, drama, humor negro y violencia sin mesura se combinan sin el ingenio de primeras las cintas citadas, pero con la suficiente gracia como para conseguir un entretenimiento muy digno. Tiene más personalidad y solidez que la inexplicablemente exitosa John Wick, por ejemplo.

Lo mejor es que el protagonista engancha rápido. Soy fan de Mad Mikkelsen desde Hannibal (Bryan Fuller, 2013), y me lancé a verla sólo por él. No defrauda en un personaje clásico pero del que sacan mucho partido. Te atrapa con su personalidad meticulosa, su resistencia, su visión de la vida, y aunque sea un asesino, poco a poco se ve algo de humanidad, o más bien el intento de reencontrarse con ella. La chica desvalida de turno no sorprende como personaje, pero sí su intérprete, Vanessa Hudgens, quien trata de dejar atrás el estilo Disney Channel donde se formó y consigue un papel dramático muy intenso. El resto del repertorio es también atractivo, asesinos y mafiosos cada cual más estrafalario.

El esperado choque se materializa con calma, exprimiendo las situaciones absurdas donde se meten los matones contratados para acabar con el protagonista mientras se da suficiente espacio al drama personal de este y la chica. Las dos líneas tienen un tono bastante dispar, pero por extraño que parezca el conjunto funciona. El colofón final también es bastante correcto. Tiroteos espectaculares y delirios varios (chistes brutos y violencia en general) mantienen el nivel.

Lo malo es que incluso en la perspectiva surrealista que proponen hay momentos en que rechinan algunos patinazos y también huecos. El villano, encarnado por el rarito de Matt Lucas (visto en un par de temporadas de Doctor Who) está tan pasado de rosca que no convence, hacía falta alguien que causara aunque fuera un poco de inquietud. No pude dejar de preguntarme por qué siguen a ese espantajo, pues hasta el frío personaje de Katheryn Winnick (Vikingos, 2013) impone más. En cuanto a los agujeros de guion, alguno es bastante llamativo. Por ejemplo, en la introducción se cargan a un objetivo con un francotirador… ¿entonces para qué envían a la vez a un equipo, arriesgándose a ser descubiertos? Es evidente que la idea es presentar al grupo que luego tomará relevancia, pero había formas mejores de hacerlo. También podría decirse que en una parte de los tiroteos finales, la del pasillo, se pasan de frenada y acaba siendo un poco pesada.

Pero el único fallo grave es que resulta muy predecible, en cada giro de la historia el camino que se abre se vislumbra por completo sin problemas, sobre todo en la línea dramática. Si tuviera tramos más imaginativos y soluciones más inteligente podría haber dejado huella, pero a pesar de todo los artificios se acomoda demasiado a lo de siempre y no termina de deslumbrar.

Rogue One


Rogue One, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: Gareth Edwards.
Guion: Chris Weitz, Tony Gilroy, John Knoll, Gary Whitta.
Actores: Felicty Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Wen Jiang, Guy Henry, Alan Tudyk, Riz Ahmed, Forest Whitaker, Mads Mikkelsen, Genevieve O’Reilly, Alistair Petrie.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Apartado visual inconmensurable. Banda sonora magnífica. Historia muy atractiva con infinidad de grandes momentos.
Lo peor: Algún estereotipo cargante con personajes secundarios. Unas pocas frases explicativas innecesarias.
Mejores momentos: La gran batalla. El épico y trágico final que enlaza con Una nueva esperanza.
El plano: La Estrella de la Muerte apareciendo tras un destructor. La silueta de la Estrella de la Muerte sobre el horizonte.
El título: ¿Qué costaba llamarla “Rebelde Uno”? Además, para variar llega a España con una coletilla: Rogue One: Una historia de Star Wars. Por no decir que ahora se empeñan en que sea Star Wars en vez de La guerra de las galaxias
La traducción: “Stardust” lo traducen como “Estrellita”, que resulta demasiado obvio. Pero hay que decir que tampoco era fácil: “Polvo de estrellas” como que no; “Lucero” quizá hubiera sido mejor, pero también suena un poco raro.
Las frases:
1) -Gerrera: ¿Puedes soportar ver la bandera imperial reinar por toda la galaxia?
-Jyn: No es un problema si no miras hacia arriba.
2) He colocado una debilidad, bien dentro del sistema. Una falla tan pequeña y poderosa que nunca la encontrarán. -Galen.

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Alerta de spoilers: Intento no dar datos concretos y ser ambiguo, pero al hablar a fondo de la temática y la narrativa termino describiendo partes del argumento, así que si quieres verla completamente en blanco quizá sea mejor no leerme.–

Rogue One es una cinta bastante completa, toca varios géneros (aventuras, bélica, comandos…) y aborda diversas temáticas (guerra, dictadura, rebelión, terrorismo, ideales, redención…), y todo ello sin agobiarse con las restricciones impuestas (ser fiel a la serie -estilo e historias-, ser taquillera), de hecho es asombroso que nos ofrezcan una obra relativamente oscura y adulta, algo difícil de ver en estos tiempos donde se quiere abarcar todo el grupo de espectadores posibles, y más aún si tenemos en cuenta que estamos en manos de Disney, y los jóvenes e incluso niños son primordiales en su estrategia comercial. Rogue One rivaliza con El Imperio contraataca a la hora de describir un ambiente opresivo, fatalista, con calamidades inminentes a la vista. De hecho, guionistas y director idearon inicialmente un final feliz, convencidos de que no les iban a dejar reflejar el desenlace dramático que el relato exigía, tanto por argumento como por continuidad.

Comienza como una película de grupo, un concepto narrativo básico pero difícil de evitar, pues la propia realidad se mueve muchas veces por la unión de personas dispares con un objetivo común. El pionero en ver su potencial en una época en que los protagonistas solían ser héroes solitarios fue el gran Akira Kurosawa, con Los siete samuráis (1954). Recordemos que Lucas también se inspiró en su legado para Una nueva esperanza (en concreto en La fortaleza escondida, 1958), así que no es un referente nuevo en la saga. Pero más que de la estela potenciada luego por Los siete magníficos (1960), la presente bebe de la rama centrada en conflictos bélicos, como Doce del patíbulo (1967) y Los violentos de Kelly (1970): convictos, renegados o desertores embarcados, en medio de una guerra, en una misión con un futuro muy negro.

Poco a poco vamos conociendo a cada integrante de esta banda que, en tiempos más estables, tendrían vidas muy diferentes y separadas. En principio temía que Jyn se pareciera demasiado a Rey, la protagonista de El despertar de la Fuerza. Pero ni es la protagonista absoluta ni resulta un carácter simple, como tampoco lo fue Rey, pero sobre todo no se parece en nada a ella en personalidad y recorrido aunque su odisea parta de una separación violenta. Esa tragedia en la infancia forjó en Jyn Erso una personalidad huidiza, vive improvisando día a día su supervivencia y libertad, huyendo del dolor que significaría pararse a pensar y luchar. El resto del universo le importa un bledo, no cree en nadie ni en nada. Pero las circunstancias actuales la llevan hacia un camino donde debe replantearse sus miedos, convicciones e ideales. Felicity Jones había demostrado talento de sobras (La teoría del todo) además de experiencia (su carrera es bien larga), y expone bien esa personalidad derrotista que va ganando fuerza. Eso sí, en la comparación con Daisy Ridley (Rey), se queda bastante lejos de su arrebatadora interpretación.

En el otro lado del espectro está Cassian Andor, que en su primera escena es definido en un instante brillante como un veterano de la parte más dura de la rebelión: las misiones de infiltración, sabotaje, asesinatos… Su dilema interno se va exponiendo con una sutileza que ya querría George Lucas haber mostrado en las precuelas (o mejor: ya querríamos nosotros). Las nuevas órdenes le pesan cada vez más debido a la relación incipiente con sus compañeros, y los acontecimientos lo van dirigiendo hacia un punto de inflexión en el que tendrá elegir entre lo que se espera de él y lo que le susurra su conciencia. La única pega de una figura tan atractiva es que el actor Diego Luna no tiene el carisma y el registro necesarios, o el director no sabe guiarlo, para llegar a dar el personaje memorable que hay latente. A este lo acompaña el robot de turno, introducido sin duda porque hay que mantener el tono de la serie: un androide entre gracioso y pesimista, en la línea de C-3PO pero sin ser un clon descarado. Sin embargo, esta onda de chistes casi infantiles desentona un poco en el conjunto, y pocos me hicieron reír. Les ha faltado ingenio en sus diálogos, pero al menos dista de ser molesto como C-3PO y R2-D2 en las precuelas.

La introducción de los miembros secundarios del comando es también muy certera. En seguida sabes cuál el entorno en el que se movían y cómo este se ha visto afectado por el Imperio. Vuelvo a una comparación que hago mucho: ¿cuántas veces en el cine reciente hemos visto películas corales que sepan presentar a sus protagonistas adecuadamente? Mad Max: Furia en la carretera, Guardianes de la galaxia y para de contar. Hasta la versión nueva de Los siete magníficos, partiendo de las obras fundacionales del género, hizo bastante el ridículo (y no hablemos del desastre de Escuadrón suicida…). En Rogue One estamos rozando el cielo. La escena en que conocemos a Chirrut (el ciego) y Baze (el del arma gorda) vale su peso en oro: un diálogo de Cassian, un plano que los muestra al fondo en una pose muy descriptiva (sin nada que hacer, abatidos), más lo poco que conocemos de Jedha (la represión del Imperio), basta para conocer en un instante su situación. Y en la siguiente aparición ya los tenemos expuestos por completo y con un pie en la banda.

Pero me temo que lo de “por completo” es literal: ya no dan más de sí. El cielo no se alcanza, pues la historia personal de ambos no va más allá, se estanca demasiado en estereotipos un tanto vulgares. El tipo grandote y simpático con un arma tocha puede pasar porque tiene carisma aunque no aporte nada más, pero el asiático ciego experto en artes marciales está demasiado visto y parece fuera de lugar, hasta el punto de acabar siendo muy molesto. Además, obedece demasiado a “la cuota China”, eso de meter subtramas de corte asiático (el actor además es famoso en el género de las artes marciales) para vender la cinta en aquel país. En seguida aparece también el piloto que busca redención por los remordimientos de haber servido al Imperio, pero su recorrido psicológico también es muy limitado, tiene un par aportes al grupo y ya está, quedando como un simple nexo de unión entre personajes y partes de la historia.

La trama global se va configurando de manera bastante dinámica. Los saltos entre planetas y ciudades exponen con celeridad y claridad el entorno, sus habitantes, y la pieza correspondiente del argumento. El más destacable, Jedha, tiene muchísima personalidad, con una historia y una vida tangibles como se espera en la saga. Como señalaba, este lugar y sus habitantes se retroalimentan: la dominación del Imperio, la cultura medio destruida, las gentes perdidas, la resistencia en plan terrorismo liderada por Saw Gerrera… Algunos espectadores se quejan de que esta figura aparece muy poco, de hecho parece ser que Forest Whitaker vio reducido su protagonismo. Pero para mí cumple su función de sobras. Es el mentor de la protagonista, el que la educa en sus primeros pasos y luego su ausencia la libera de ataduras, permitiéndole desplegar su potencial. Si hubieran remarcado más ese rol hubiera resultado con bastante seguridad otro estereotipo muy claro y muy repetido en capítulos previos. Pero muestran lo justo de ese aspecto y abordan otro que le otorga un aire renovado: es un terrorista, no un héroe, abordando así una cara menos idílica de la resistencia.

Esa descripción ambigua de la moral de la rebelión es lo mejor del filme. Lejos de la luminosidad con que nos la describía Lucas (hasta las naves eran de un blanco reluciente), aquí conocemos las distintas facetas que tiene una lucha armada. Aparte de ideales loables, de políticos inquebrantables y héroes que admirar, también hay generales curtidos que no dudan en doblar la ética en la búsqueda de la victoria, secciones que abordan directamente el terrorismo, fanáticos, gente quemada, políticos cobardes, ciudadanos que miran para otro lado… Y a pesar de este llamativo crisol la trama política se expone con inteligencia: la posición de cada grupo (ubicación, planes, recursos) queda bien determinada en todo momento, superando la falta de definición que lastraba el Episodio VII y el poco partido que Lucas sacaba en las precuelas a pesar de tener mucho más protagonismo.

La parte del Imperio también tiene su miga. El villano principal, Krennic, deja muy buena impresión, en gran parte por el entusiasta papel de Ben Mendelsohn. Este actor lleva en el mundillo desde los ochenta, pero hasta hace pocos años no empezó a hacerse notar en algún rol secundario que le permitía explotar su potencial: Mátalos suavemente, El Caballero Oscuro, la leyenda renace y, sobre todo, Slow West, donde estaba espléndido como bandido. Tiene entre manos un tirano clásico pero al que da vida con gran intensidad: la falta escrúpulos y la ambición desmedida lo convierten en una figura a temer. Pero esto es el Imperio, y hay más como él que le pondrán las cosas difíciles en la guerra sucia entre altos mandos. En cuanto a su relación con los buenos, es más bien tangencial (más de resultado de las acciones de ambos bandos que de choque directo), y los momentos en que se cruzan son desiguales. La relación con Galen es inquietante, pues como buen invasor fuerza una amistad que en realidad es una jaula. Pero el encuentro final con nuestros protagonistas es demasiado clásico, facilón, se hubiera agradecido algo más original e impactante.

Con tanto salto de escenario, algunos se han quejado de que el primer segmento de la cinta va a trompicones, pero no lo comparto, pues enseguida se observa que nada está puesto al azar, que no hay minutos desperdiciados sino que, como decía, todo se va presentando e hilando con cuidado. Es más, en un segundo visionado incluso me gustó más este tramo inicial, porque vi desde el principio el trasfondo de guerra y desesperación que está ahí latente hasta el gran clímax. Hay que sentar unas bases argumentales y generar una atmósfera emocional concreta, y aquí lo hacen bastante bien. Sí, podía ser mejor, sin ir más lejos El despertar de la Fuerza me absorbió por completo desde el mismo prólogo. Pero en líneas generales el primer acto cumple de sobras. Es el acto central, el nudo, el que no da la talla.

A la salida de Jedha se estanca un poco la narrativa, en la larga escena en Eadu el ritmo pierde fuerza y se torna a la vez caótico. Los autores nos llevan a un escenario que, por conjunción de acontecimientos, resulta previsible, y no logran conferirle un interés extra en los eventos ni en el desarrollo de caracteres que aproveche el receso y lance mejor la entrada del tramo final. Unos van muy despacio (los protagonistas enredando en la nave y andando por ahí) y otros demasiado rápido (el escuadrón de refuerzo llega instantáneamente, y de forma muy forzada quedan incomunicados para que la situación explote). Y sobre todo, la escenas de disensión en el grupo y la catarsis crucial que viven Cassian y Jyn carecen de la emoción y fuerza necesarias.

Por suerte, en cuanto entramos en el largo tercer acto el subidón es espectacular. La reunión de la rebelión para rehacer sus planes, o más bien toda su organización, es magnífica, expone un sinfín de elecciones y visiones del mundo, y los miedos que amenazan con deshacer la endeble unión quedan muy bien reflejados. Recordemos que en El despertar de la Fuerza había una reunión semejante y se saldaba precipitadamente. Con este buen nivel, la evolución y la toma de decisiones finales de los protagonistas, aunque inevitablemente predecibles, resultan también verosímiles. Y de ahí, a la memorable batalla final. Sin las salidas de tono infantiles de las precuelas, ni su puesta en escena saturada de colores y muñequitos digitales, sino con un sentido del espectáculo encomiable.

La dirección de Gareth Edwards no está exenta de polémica, pues hubo semanas adicionales de rodaje y el realizador Tony Gilroy tuvo una participación que no sabemos hasta qué punto llega (acabó acreditado como co-guionista) ni cuánto se relegó a Edwards. ¿Ha afectado al resultado final el mal endémico de las grandes productoras de Hollywood, o sea, meter mano y coartar la libertad de los autores, o han salvado los trastes? Es probable nunca lo sepamos con exactitud, pero la verdad es que de haber problemas dudo que fueran por la labor de Edwards, que demostró con Godzilla ser un director de primera en cuanto a superproducciones, sino con toda probabilidad del guion, en plan de seguir reescribiéndolo incluso durante el rodaje. Y desde luego este impecable acabado visual recuerda a Edwards y su habilidad para componer planos que combinan elementos de muy distinto tamaño, además del tono intenso y claro que imprime a los momentos de acción, lejos del estilo vago actual de cámaras en mano excesivas y borrones digitales. En un momento estamos hundidos el barro en la playa, en otro levantamos la cabeza para ver la amenaza gigantesca de los AT-AT, a continuación volamos entre ellos con el escuadrón de cazas; entre medio pasamos al frío y mortal espacio, donde la amenaza enemiga llueve por todos lados mientras la flota se esmera por hacer mella en las defensas; ahora saltamos a una incursión a la base improvisada desde la desesperación…

Sólo un detalle reincidente pone una tibia sombra sobre este gran clímax, y precisamente viene de parte del guion: las frases explicativas que sueltan los personajes son demasiado evidentes, antinaturales, secas. ¿De verdad había que matizar tanto las cosas? Que la trama no es complicada. Ese almirante que se explica como si fuéramos niños tontos, mirando además para abajo (al planeta) para que quede más claro aún con quién habla, ese general que casi mira a la cámara para recalcar que “hay que matar al objetivo”, como si no estuviera claro, la descripción repetida del lío de la antena, etc. Por lo general los diálogos son bastante correctos (aunque de ahí a la genialidad hay un buen trecho, claro), pero en ocasiones puntuales meten estos patinazos que pueden afearte un poco la conexión con los acontecimientos.

Quien pensara que por ser una entrega paralela iba a ser una película más pequeña se llevará un sorpresón al encontrarse tanto escenario recreado con una magnitud y un detallismo espectacular, más una batalla colosal, a la altura de El retorno del Jedi. El titánico esfuerzo del equipo artístico da resultados extraordinarios, destacando el realismo de Jedha o el impresionante resultado de la compleja batalla. Un diez redondo para vestuario, decorados y efectos especiales en sus distintas técnicas (sobre todo los digitales, y más en los personajes hechos por ordenador).

Y un notable alto para Michael Giacchino, que tuvo la difícil labor de sustituir tanto a John Williams (la avanzada edad le impide realizar estos esfuerzos), el gran maestro, autor del sello más reconocible de la serie, como a Alexandre Desplat. El francés era la primera elección para cualquiera, por ser sin lugar a dudas el compositor más dotado y versátil del momento, pero no pudo adecuarse al calendario cambiante y precipitado que rige el mundo de la música de cine. Giacchino era la segunda elección también para casi todo el mundo, dada la clarísima influencia de Williams en sus trabajos, aunque yo pondría en liza también a James Newton Howard. El caso es que se ha enfrentado a dos autores con un renombre y un currículo intimidantes, y además tuvo que componer, orquestar y editar a toda prisa. Si con esas nos ha regalado un trabajo sobresaliente, qué hubiera hecho con más tiempo. Nos ofrece una versión de la marcha imperial soberbia, revisitaciones y reinvenciones estupendas de los temas de la rebelión y la esperanza, y un sinfín de inspiradísimos motivos de acción.

A lo largo del relato habíamos visto cantidad de referencias a la serie muy bien ubicadas (algunas incluso aparentemente innecesarias pero muy agradecidas, como la fugaz visión de la pareja del tipo deforme y el alien con aspecto de foca que Obi-Wan se carga en la cantina de Tatooine en Una nueva esperanza), pero el repertorio final es glorioso. Tenemos algunas muy escondidas (muere el piloto Rojo 5, el puesto que luego tomará Luke, y además hay apariciones de otros pilotos del Episodio IV, tomadas de metraje descartado del mismo), otras más claras (como es obvio se mantiene un entorno común: desde el robot negro que parece un coche teledirigido y hace un ruido muy característico, a los AT-AT), y como colofón final tenemos unas escenas que enlazan de forma inesperada y férrea con Una nueva esperanza, unas escenas que ponen los pelos de punta y cierran la película con ganas de aplaudir.

Hay que agradecer la genialidad que supone dar sentido a los dos únicos pero claros agujeros de guion que tenía Una nueva esperanza: la falta de una flota rebelde que diera guerra a la Estrella de la Muerte, y su punto débil tan inverosímil. Pero sobre todo hay que admirar la solución de continuidad tan cohesionada que han logrado, al contrario que Lucas, quien acabó La venganza de los Sith, a pesar de que tuvo un montón de años para pensar cómo unir las trilogías, con agujeros e incongruencias en cantidad. La única queja podría ser que hay demasiada mención a la Fuerza y los Jedi, en comparación con el aura de lejanía y misticismo que se les da en el Episodio IV. Pero esto más bien fue problema del propio Lucas, al hablar ellos como si hubieran desaparecido hace doscientos años y no veinte. Aun así es cierto que podrían haber tratado mejor el tema, pues parece que están empeñados en repetir cada dos por tres que es una entrega de La guerra de las galaxias. Por no decir que el amago de Jedi que hacen con Chirrut es confuso y mucha gente terminará pensando en que es un aprendiz de Jedi, o incluso que los poderes se pueden adquirir con fe y entrenamiento.

En cuanto al doblaje, este sale bastante bien parado en los actores principales y en la voz de Vader, donde el sustituto de Constantino Romero casi no se nota (y mira que yo soy muy quejica con estas cosas). Pero en algunos secundarios rechina demasiado: la voz de Chirrut y su acento marcado no convencen, pero es que la del piloto es muy histriónica, parece un doblaje de comedia.

En resumen, Rogue One, como película de grupo, se queda sin explorar todo el potencial que guardaba, pero en su trasfondo se iba exponiendo una obra bélica mucho más inteligente, una que en el tramo final explota a lo grande. Hay partes en las que el contraste entre ambas líneas se nota bastante. Conforme la trama bélica gran protagonismo conocemos a otros muchos personajes secundarios (generales, políticos, pilotos, soldados), unos con presencia breve, otros con más tiempo, pero los autores son capaces de dotar de cierta entidad a casi todos en pocos segundos y conseguir que nos interesemos por sus esfuerzos y, en el caso de haberlos, sus trágicos finales. Casi me apena más la muerte del líder del escuadrón que defiende al grupo de asalto desde el aire que la caída de varios del comando, con sus escenas largas tan típicas y artificiosas. Por ello pienso que le habría venido muy bien prescindir un poco del tono de aventura de grupo para embarcarse de lleno en una cinta bélica con numerosos individuos esparcidos por todas partes, en plan Un puente lejano. Un par de escenas menos para el asiático fanático, el robot tonto, el grandote y el piloto hiperactivo a la vez que se potencia a todos esos habitantes tan atractivos, se me antoja muy jugoso. Por supuesto, todo esto es especular sobre posibles cambios y mejoras, de forma bastante subjetiva además, y huelga decir que un guion mejor también nos vale para exprimir al máximo la opción del grupo reducido. En otras palabras, hablar de lo que habríamos hecho o deseado no lleva a nada. La película resultante es la que tenemos ante nuestros ojos, o la disfrutamos como tal o no, y pienso que tiene calidad de sobra como para que sus limitaciones no echen por tierra una gran experiencia.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
-> Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

Doctor Strange


Doctor Strange, 2016, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 115 min.
Dirección: Scott Derrickson.
Guion: Jon Spaihts, Scott Derrickson, C. Robert Cargill.
Actores: Benedict Cumberbatch, Tilda Swinton, Chiwetel Ejiofor, Benedict Wong, Mads Mikkelsen, Rachel McAdams.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de calidad. Entretiene sin problemas graves.
Lo peor: El pobre y esquemático guion, incapaz de profundizar en un material muy potente o tan siquiera salirse de una línea muy predecible. El infame doblaje.
Mejores momentos: La batalla con el tiempo hacia atrás.
El título: Ha España ha llegado como Doctor Extraño ¿Por qué no tradujeron Civil War pero sí traducen el nombre propio de un personaje? No hay quien entienda a las distribuidoras.

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Me sorprende mucho la estupenda recepción que ha tenido en los medios (más teniendo en cuenta que es acción y fantasía). Que si deslumbrante, renovadora, carismática, única, diferente a todas las de la serie Marvel… Yo he visto lo mismo que muchos fans, otra entrega sobre el nacimiento de un héroe hecha con la misma plantilla de Iron Man y donde las supuestas virtudes visuales no son suficientes para enmascarar una clara falta de contenido.

La escena del prólogo es una buena forma de introducirnos en el potencial visual de la propuesta. Los edificios de geometrías cambiantes y los intrigantes magos auguran un festín de impresión… Pero a la larga se muestra como el único valor destacable que tienen los realizadores, y se aferran con miedo a él. Casi todas las demás secuencias de acción repiten lo mismo, estirando hasta cansar con tanto saltimbanqui digital sobre fondo digital. Y me temo que una vez pasado el asombro se empiezan a ver las costuras. Primero, realmente no ofrece nada rompedor, es una pequeña evolución respecto a Matrix y Origen combinado con fractales y la obra de Escher. Y en cuanto efectos especiales no hay novedad que asombre, de hecho lo ofrecido es mejorable: desde Los Vengadores dominan las recreaciones digitales de ciudades y de dobles de humanos, pero aquí hay algunos planos donde dan el cante, sobre todo estos últimos. En conjunto el trabajo artístico es muy bueno, pero con tanta experiencia y tanto presupuesto me parece que podrían hacerlo mejor.

En la visión iniciática de Strange como mago explotan todo lo que podrían el jueguecito visual, con lo que apoyarse casi exclusivamente en ello otra vez para las batallas principales no pinta bien. Y se viene abajo pronto porque la trama es muy floja y los personajes tampoco cumplen del todo, así que la conexión con las imágenes es endeble. Otra vez un ente lejano apocalíptico y un secuaz anodino con tropas de papel, otra vez la Tierra amenazada y una gran ciudad en peligro con la destrucción de rigor. ¿Qué más da que los edificios se doblen en vez de caer en pedazos? Lo hemos visto demasiadas veces ya. Por suerte el clímax recupera un poco el interés perdido: la única escena que realmente me ha dejado buenas sensaciones es la de la pelea con el tiempo al revés, bastante bien resuelta y la única vez que se alejan de la fórmula; y el desenlace, el duelo Strange versus súpervillano de nombre rimbombante, no deslumbra, pero al menos tira más de guion, de astucia del protagonista, que de súper arma sacada de la manga, algo que temía dada tanta presencia de magia.

El Doctor Strange es Tony Stark de arriba abajo. No se esfuerzan lo más mínimo en llevarlo por un camino algo distintivo que disimule el mismo patrón de millonario obsesivo, engreído, egoísta y que esconde sus miedos tras una máscara de tipo habilidoso y graciosete. Se encuentra ante problemas que lo sacan de su rutina y se trabaja una salida; Stark se monta el traje, este se lía con la magia. Luego va medio por libre un rato hasta que abraza la responsabilidad. Y el proceso no da ni una sola escena o giro que no se vea venir muuyyyyy de lejos. ¿Para qué me lo tienes en la puerta aporreando durante un rato si todos sabemos que va a terminar siendo aceptado? ¿No puedes sustituir ese tópico por un par de diálogos más trabajados? Así todo el rato. El carisma nato de Benedict Cumberbatch levanta un poco el nivel… menos en castellano, donde le han encasquetado una voz infantil y chillona, un registro opuesto al del actor, y se cargan completamente su interpretación.

En su círculo cercano sólo tenemos a la chica florero de rigor (Rachel McAdams), que sirve únicamente de apoyo puntual para algunas acciones, pero en el drama personal no aporta nada; al menos no es cargante como el viejo cliché del rival cómico, el otro médico. Mucho más interesante es la mentora que lo guiará en el aprendizaje, la Anciana. También parte de un estereotipo muy visto, el del sabio críptico y exigente, pero el rol ofrece algo de carisma (lo que se ve realzado por la interpretación de Tilda Swinton) y unos cuantos momentos reflexivos bastante potentes, con lo que al menos deja huella. Pero esto tampoco lo logran los otros dos únicos miembros de la orden que vemos: el bibliotecario y Mordo ocupan muchos minutos pero no transmiten nada. ¿No podían dedicar un par de escenas a matizar sus personalidades en vez de rellenar con chistes tontos? Por cierto, es impresionante la cantidad de películas en las que aparece Chiwetel Ejiofor; es buen actor, pero leches, yo estoy cansado de verlo por todas partes. Para cumplir con la plantilla a la que hacía alusión, el villano es un mero trámite a superar y no se esmeran en darle una personalidad magnética y temible con la que podamos sentir admiración y miedo. Kaecilius queda pues a años luz de Loki, de hecho aburre más que Aldrich Killian (el de Iron Man 3, que seguro no te acuerdas de quién era). Vaya forma de desperdiciar a un talento como Mads Mikkelsen, lo que empeora también en castellano.

Y para terminar, no me convence el estilo tan fantasioso: los magos pueden hacer prácticamente todo lo que el guionista quiera, destacando los viajes en el tiempo y los universos paralelos, lo que abre una puerta a giros que detesto: resucitar personajes y reiniciar series. ¿Cómo va a haber tensión en las dificultades a las que se enfrenta el protagonista si puede rehacer las cosas a su gusto?

A Doctor Strange le ha faltado épica, ingenio y profundidad. Se echa de menos un arco central más complejo que explique mejor la maduración del héroe, la aceptación de su destino, que exprima unos dilemas personales y éticos apenas expuestos. Strange pasa de no querer saber nada a ser el líder sin que quede claro por qué ni cómo, pues aprende y derrota a magos expertos con demasiada facilidad. Esto último lleva también a señalar que deberían haber matizado mejor el rango de poderes, hechizos y demás: para ser algunos libros tan peligrosos los tienen ahí al alcance de todos, los magos sólo conjuran armas de mano y edificios rarunos (se ve que les gusta la arquitectura), y como digo, parece que con un chasquido de dedos pueden rehacer las situaciones sin mayor esfuerzo y secuelas. Volviendo a la complejidad de la historia, tendrían que haber potenciado la dualidad Mordo-Strange respecto a la moral y la ideología de la banda, que se queda en un rango muy restringido y en un desenlace un poco forzado (¿de verdad vas a criticar el método de salvar la Tierra, cuando está claro que no había más opciones?); hay demasiado humor tontorrón, que más o menos funciona, pero que también señala la clara inclinación por lo fácil y sencillo cuando el argumento merecía lago más profundo, una reflexión más seria sobre el yo, el destino, las razones por vivir, etc; como extensión, se echa de menos una aventura más terrenal, que implicara más a los personajes y sus dilemas internos en vez de tener otra vez la destrucción del universo en ciernes (¿de verdad no podían haber empezado por algo más sencillo y menos visto, qué van a dejar para la segunda parte?).

El resultado es una superproducción correcta y entretenida, sin fisuras graves, pero tan limitada y falta de carisma que no puede impresionar. Y es una pena, se veía un potencial mucho mayor.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El soldado de invierno (2014)
Guardianes de la Galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
-> Doctor Strange (2016)
Guardianes de la Galaxia Vol2. (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Pantera Negra (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la Galaxia Vol. 3 (2020)

The Salvation


The Salvation, 2014, Dinamarca, Reino Unido, Suiza, Bélgica, Sudáfrica.
Género: Western.
Duración: 92 min.
Dirección: Kristian Levring.
Guion: Anders Thomas Jensen, Kristian Levring.
Actores: Mads Mikkelsen, Jeffrey Dean Morgan, Mikael Persbrandt, Eva Green, Eric Cantona, Jonathan Pryce.
Música: Kasper Winding.

Valoración:
Lo mejor: Va al grano con determinación y firmeza, resultando un título clásico pero efectivo.
Lo peor: No va a sorprender. La iluminación nocturna es irreal, casi desastrosa, resultando un inesperado y confuso contraste con la buena fotografía diurna.

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Un emigrante danés huye de la guerra en su país para perseguir el sueño de forjar una nueva vida en el Oeste americano. Pero cuando consigue traer a su familia se tropieza con la banda de pistoleros que aterra la zona, y la cosa acaba en tragedia y en un conflicto del que no ve salida.

Como indicaba en el cuadro resumen, no es una película que pueda sorprender, pues parte de un argumento muy sobado en el western, llega con décadas de retraso y no intenta en ningún momento aportar algo nuevo. Además es curioso que en una coproducción europea se embarquen en una historia tan estadounidense, sobre todo porque no aportan un toque distintivo o una historia más enfocada en los colonos y sus vicisitudes, porque al final el origen de los protagonistas resulta irrelevante y la historia es como digo la de siempre. Pero como también repito muchas veces, un relato, del género y formato que sea, puede valer la pena sólo con estar bien narrado. Y ahí The Salvation funciona francamente bien. Los clichés del género están presentes, muchas escenas se ven venir de lejos y el destino de los personajes es evidente desde que son presentados, pero el realizador Kristian Levring se esmera en construir una aventura sólida y con garra suficiente para que esas bases no se conviertan en un lastre.

Todos los personajes logran resultar entre aceptables y atractivos. Los más estereotipados, como el adolescente que quiere ayudar, no entorpecen ni resultan cargantes. Los villanos tienen una pizca de sentido más allá de ser malos porque sí: las clásicas ambiciones de terratenientes combinadas con el disfrutar de ser el matón más fuerte. No esperaba que Jeffrey Dean Morgan, un secundario de series ñoñas (Anatomía de Grey por ejemplo) pudiera llegar a imponer tanto, pero logra un enemigo que causa miedo aunque se pueda deducir su destino. Los aldeanos muestran varias caras de la cobardía, siendo el más interesante el alcalde, sobre todo por el estupendo papel de un valor seguro como es Jonathan Pryce. El protagonista, Mads Mikkelsen, tiene carisma de sobra para sobrellevar un rol tan clásico, el del padre de familia que se enfrenta solo al peligro. Este actor fue de hecho quien me empujó a ver la película, pues su papel en Hannibal como el asesino caníbal me tiene fascinado. En cambio la siempre atractiva Eva Green no tiene mucho que hacer: si partes de un cliché y encima haces que sea un personaje mudo, poco que aportar tiene si no le das una historia llamativa, cosa que no hacen.

El tono y el ritmo son muy buenos, la cinta fluye bien sin atascarse en ningún pasaje, y mira que muchos son muy básicos, y las escenas de acción y tiroteos son emocionantes y no escatiman en violencia. En el gran conflicto final maneja muy bien la situación de cada personaje y la intriga sobre por dónde sobrevendrá la muerte de cada uno (las esquinas, los suelos, los planos amplios para ubicarte), de forma que tenemos un tiroteo espectacular y tenso a partes iguales.

Pero hay un detalle extraño y malogrado en la por lo general buena puesta en escena. A pesar de su acertada fotografía diurna, con una excelente iluminación, grandes planos y algún tráveling muy eficaz, en la fotografía nocturna hacen una cosa extrañísima. No sé si han rodado de día con filtros o aplicando un tratamiento digital posterior, o si lo han hecho de noche fallando estrepitosamente en la iluminación, porque el resultado es bastante fallido, parece que la imagen está mal. Tampoco funcionan un par de efectos digitales cutres: el fuego y los pozos petrolíferos no llegan a un mínimo aceptable de calidad.

El entusiasmo con que se narra una propuesta tan poco novedosa se contagia: a mí me ha resultado una película muy emocionante e intensa, lo suficiente como para que su estructura a base de topicazos consiga saber más a nostalgia y homenaje que a imitación. Ahora bien, es inevitable que al acabar la proyección te pongas a pensar que es una lástima que no aportaran ni una idea o giro que le diese un poco más de originalidad y “recordabilidad”.