El Criticón

Opinión de cine y música

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Detroit


Detroit, 2017, EE.UU.
Género: Drama, histórico.
Duración: 143 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guion: Mark Boal.
Actores: John Boyega, Algee Smith, Will Poulter, Jack Reynor, Ben O’Toole, Hannah Murray, Anthony Mackie, Jacob Latimore, Jason Mitchell, Kaitlyn Dever, John Krasinski.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto.
Lo peor: Un retrato superficial y descentrado de unos hechos muy graves y relevantes: tenía potencial para mucho más y resulta una película fría, previsible, sin miga alguna

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Pensaba que Detroit iba a ser una de las preferidas para encabezar la temporada de premios… aunque sí, eso por lo general no garantiza que sea buena película, pero al menos me mantengo al día. También me atraía por su aparente temática de análisis sociopolítico. Y, a pesar de que En tierra hostil fue un tanto floja y La noche más oscura podía haber sido mejor, Kathryn Bigelow me parece buena directora y todavía tengo la esperanza de que encuentre un guion con el que pegue un pelotazo… uno real, porque, de nuevo, las sobrevaloraciones de los Oscar pronto se ponen en su lugar: ¿alguien se acuerda a estas alturas de En tierra hostil, ha influido en el cine, en la sociedad, a pesar de sus churricientos galardones?

Pero para mi sorpresa, a pesar del caché de su autora y el éxito de sus obras, el estudio no la ha apoyado esta vez. Con su limitada distribución y la escasa campaña publicitaria, Detroit ha pasado completamente desapercibida: apenas se habla de ella y ha dejado unos ridículos 16 millones de dólares de recaudación mundial. Sería muy raro que la academia Oscar, que se apoya sobre todo en la presión de los medios y la insistencia de los estudios, la resucite de la nada. ¿La temática de policía racista ha asustado al estudio? Es posible, pues a pesar de los años pasados desde los hechos narrados, en Estados Unidos siguen más o menos igual, dando la sensación de que en cualquier momento podría ocurrir algo parecido otra vez.

Una vez vista, tampoco cumple como ensayo analítico, y aunque esto no debería sorprenderme tanto, algunas esperanzas me había hecho. Es de hecho combinación de La noche más oscura y En tierra hostil. Como la primera cinta, es un resumen de los eventos que intenta ser neutral y acaba resultando fría y superficial, y como la segunda, intenta abarcar distintas etapas de una situación sin ser capaz de hacernos entrar en ella, es decir, resultando caótica y poco emocionante. En la caza de Bin Laden podía perdonarse, porque era una acción militar concreta y se narraba con ritmo y garra, pero hablando de unos disturbios sociales tan grandes no puedes quedarte tan al margen de los condicionantes, los conflictos latentes, las personalidades de los protagonistas, las respuestas y repercusiones…

Me puse con ella sin haber visto ni un solo avance, es decir, sin saber exactamente qué perspectiva del tema iban a abordar, y conforme avanza se observa que van cambiando el ángulo y el tono varias veces, quedando un relato incapaz de ir al grano y de sacar jugo de una situación que permitía muchos rangos de análisis y crítica. Los veinte primeros minutos se dedican a exponer anécdotas y situaciones varias de los disturbios, dando la impresión de que se pretende dibujar un panorama completo del asunto. Pero la frialdad con que los hechos son expuestos me impidió entrar en el ambiente: estaba aburriéndome bastante. De repente saltamos a un estilo completamente distinto: hay que soportar otros treinta minutos siguiendo a una pandilla que busca su oportunidad para triunfar como músicos, y a la vez conocemos a un policía sin preparación y racista. El drama es ahora demasiado localizado e intrascendente (qué cansina la escena de ligoteo), y la construcción de los personajes (en especial el estereotipado agente) no llama como para interesarse por el esperable momento en que caerán en algún problema relacionado con las revueltas.

Está claro que querían ofrecer una introducción global a la situación y luego presentar a los personajes implicados en el caso que van a abordar, pero ninguno de los dos segmentos funciona, tanto por su poca pegada emocional y su escaso calado como porque son dos secciones demasiado separadas, incapaces de formar un todo superior. Así que se puede decir que la película de verdad tarda cincuenta eternos minutos en empezar. Y cuando lo hace, no ofrece nada arriesgado (por ejemplo, Perros de paja viene pronto a la memoria) ni tampoco provoca la necesaria sensación de desasosiego e imprevisibilidad. Los policías racistas asaltan un hotel lleno de negros y pierden los estribos y el control de la situación, los otros cuerpos de la ley (policía nacional, ejército) se desentienden, y se convierte en una pesadilla para los inocentes ahí atrapados. Es el mejor tramo, porque es más activo y concreto y por extensión entretenido. Pero aun así le falta componente emocional y crítico: seguimos ante una exposición sin sustancia alguna de los hechos, y, por mucho que fuera una situación real, no me he importaba mucho quién muriera.

El cuarto segmento, muy largo también, parece que por fin va a mojarse… pero las consecuencias (investigación, juicio, respuesta del público) siguen sin rascar en las muchas capas y caras de contenido que hay latente, se mantiene la línea entre desganada y gélida. Sinceramente, para esto me veo un documental. No entiendo la necesidad de tanto metraje y tanto detalle y las dosis de siempre de clichés y sensacionalismo si lo único que van a hacer es narrar en imágenes la entrada de la Wikipedia del caso. De hecho, parte de los acontecimientos los exponen en texto en pantalla al inicio y al final de la proyección, quizá porque vieron que faltaba contexto o claridad. Llegamos al desenlace y no ha dejado nada en que pensar, ni tan siquiera puedes hacerte una idea del ambiente social, político y económico que provocó los disturbios, ni si dejó secuelas, si se aprendió algo y se trató de solucionarlo de alguna manera.

Tampoco funciona en el drama: los personajes no han tenido una profundidad y una evolución con la que conectar. El policía era gilipollas entonces y lo es ahora, ni se ha tratado de entender su actitud ni analizar la situación que permite que gente tan descarriada llegue tan lejos y luego se salga con la suya; el negro indeciso y cobarde lo era antes del asalto y lo sigue siendo después, y me da completamente igual la siguiente etapa de su vida, a la que dedican muchos minutos; el resto de la banda me atraen menos, pero no ocupan tanto tiempo… aunque claro, eso significa que son tratados como meros figurantes; el vigilante privado, aunque parece estar triste por el resultado del juicio, no sirve para exponer ninguna reflexión, así que sus esporádicas apariciones no parecen haber servido para nada.

El reparto se lo toma en serio, eso sí, y salva bastante una narración tan poco emocionante. La mayor parte son desconocidos pero cumplen bastante bien con el repertorio de personajes-cliché: los policías dan miedo, los negros pena; John Boyega (el vigilante) es el más destacado, pues aunque su rol es de los menos llamativos deja un par de escenas muy intensas; por cierto, es clavadísimo a Denzel Washington en versión joven. Kathryn Bigelow es buena realizadora, y como tal es capaz de dotar de cierta tensión a los momentos clave del asalto al hotel, pero no hay más enjundia en el guion, así que el resto del metraje parecen minutos tirados en introducciones y epílogos fallidos.

Al final da la impresión de que estamos ante un incidente aislado de tres policías racistas, cuando fallaron la política, todos los cuerpos de la ley, e incluso la sociedad en general. Pero claro, esto no es The Wire, es una obra sin personalidad, sin coraje, sin contenido, con un poco de acción y una pizca drama de amarillista y superficial para que la masa de espectadores se indigne un poco pero no sepa realmente por qué y pueda aplicarlo a un cambio de pensar real, es decir, para que impacte sólo el tiempo suficiente para ganar dinero y premios; y lo gracioso es que, como decía, le han quitado esa posibilidad al no darle apoyo desde la industria; por suerte, no es un caso que lamentar.

En el mismo estilo semidocumental que narra una crisis (el atentado islamista del maratón de Boston) tenemos la reciente Día de patriotas de Peter Berg, que resulta mucho más recomendable: se lo toma como una de acción y aun así es capaz de dar una impresión global de los hechos más compacta y cercana, y sobre todo, es una cinta muy entretenida.

La noche más oscura


Zero Dark Thirty, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, histórico.
Duración: 157 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guion: Mark Boal.
Actores: Jessica Chastain, Jason Clarke, Kyle Chandler, Jennifer Ehle, Mark Strong, Stephen Dillane, James Gandolfini, Fares Fares.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena, ritmo estable y con un pico final excelente.
Lo peor: Narración fría, personajes poco definidos.
Mejores momentos: El tramo final, desde que localizan la casa hasta el fin del asalto: Maya apuntando los días, las reuniones, los helicópteros, la tensión en cada puerta y pasillo de la casa.

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Zero Dark Thirty es una película atrevida. Primero, porque Kathryn Bigelow se la jugó sacando a la luz información que la CIA consideraba secreto de Estado, lo que le podría haber acarreado notables problemas legales. Por suerte, o no eran secretos tan importantes (los helicópteros si acaso, el resto se ve tal cual en el documental de National Geographic), o han pasado de complicarse la vida persiguiendo a alguien famoso. Segundo, porque la historia tiene una carga política y moral que tanto dentro como fuera de Estados Unidos podría tocar la sensibilidad de muchísima gente. Pero Bigelow ha sido muy inteligente al hacer un relato casi documental, limpio de juicios y valoraciones, que se limita a narrar hechos tal y como ocurrieron. Esto no ha impedido que los lloricas habituales hayan atacado a la película diciendo que vende tal o cual mensaje, cuando evidentemente no lo hace, pero allá ellos, pues así quedan en evidencia. Las cuestiones y críticas que las haga cada uno como le plazca, pero sobre EE.UU., no sobre la película: el asesinato de Osama Bin Laden sin juicio, la invasión de un estado soberano como Pakistán sin pedir permiso, las cárceles secretas de la CIA por todo el mundo, las torturas inhumanas… Estoy sorprendido y agradecido de que una obra proveniente de Hollywood, y más con esta temática, no incluya los habituales mensajes más o menos descarados o maquillados que aparecen en muchas de sus producciones.

El problema es que este estilo es difícil de manejar, pues de aséptico y neutro es fácil pasar a frío y distante. Aunque la cinta tiene un ritmo excelente y el avance de la investigación resulta bastante fluido, desde el principio hasta el final le pesa bastante la sensación de frialdad, de lejanía. No se pierde el tiempo en describir personajes secundarios, en situarlos por la trama y llevarlos de un punto a otro. Salen y entran de la historia constantemente, algunos tienen una sola escena, y muchas veces ni se indica quiénes son, con lo que todos parecen usarse únicamente como canalizadores de alguna parte de la trama, sin darles entidad ni hacerlos atractivos de cara al espectador. Cuesta hacerse una idea de quién es quién en la cadena de mando de la CIA: el director, el enlace con el gobierno, el ayudante de uno u otro, algún director de destacamento, agentes varios… También tengo que decir que cuando uno de esos roles secundarios cobró un repentino protagonismo estaba claro que era para forzar que su muerte resultara impactante… pero el tiro sale por la culata: el personaje tenía que haber sido atractivo desde el principio, darle tanta importancia de golpe sólo anuncia descaradamente que va a morir.

Siguiendo con la falta de claridad, se sueltan datos sin hacer el más mínimo esfuerzo por dar pistas sobre su significado: las siglas de agencias y organizaciones con toda probabilidad te sean desconocidas, y parece que a Bigelow le da igual, apáñatelas como puedas. Y qué quieres que te diga, pero si no sabes que el ISI es el servicio de inteligencia paquistaní, o qué demonios es eso de KSM que tanto mencionan (un terrorista capturado, uno de los principales artífices del 11S y otros atentados), muchas escenas y averiguaciones no podrás entenderlas del todo.

Por todo esto decidí ver la película por segunda vez, para comprobar si con la Wikipedia y la ficha de IMDB a mano, buscando cosas, mirando los rangos o trabajos de cada rol, le sacaba más jugo a un filme que me resultó entretenido pero bastante inerte, incapaz de emocionarme como para recordarlo con agrado. ¿Puedo decir entonces que Bigelow erige un thriller que se puede disfrutar en dos niveles, primero dejándose avasallar los acontecimientos y luego analizándolos a fondo? Pues no, porque todos estos caracteres siguen siendo entes sin alma que entran y salen de la gélida narración sin aportar mucha esencia.

Sin embargo, siendo Bigelow y el guionista Mark Boal conscientes de que sin un personaje con el que el espectador congenie no hay manera de hacer interesante la historia, es evidente que pusieron esfuerzo en mostrar un rol central más fuerte. Y la jugada sale bien, pero no espectacular, pues este clásico protagonista contra el mundo también peca de ser demasiado distante y superficial. Sí, es consistente y atractivo (su evolución está bien desarrollada), y tiene algunos buenos momentos, pero no puedo quitarme de encima la impresión de que le falta definición (qué la motiva, qué piensa en los momentos clave) y de que en definitiva no es un personaje con el carisma y fuerza suficiente como para hacer que su aventura sea capaz de dejar huella en el espectador. Además hay que decir que, si ella es el foco de la narración, por qué demonios la olvidas en el momento cumbre de su carrera: en el asalto final casi no sale, cuando era crucial ver su reacción en cada paso del mismo. Y lo contrario ocurre en el epílogo: para qué me la sacas llorando cuando ha acabado todo si no me das algo que explique la situación. ¿Llora de alivio porque ha terminado su difícil odisea? Tampoco me explicaste por qué puso tanto empeño en ella, así que no esperes que ahora de repente me interesen sus tribulaciones. La película hubiera debido acabar cuando mira el cadáver de Bin Laden y sale por la cortina: ya no hay más que contar sobre Maya. También tengo claro después de haber visto a Jessica Chastain en algunos muy buenos papeles (en especial en Criadas y señoras), no entiendo por qué ha causado tanta sensación, si su interpretación es correcta sin más.

Si la película destaca como entretenimiento de calidad es por su milimétrica puesta en escena, capaz de mantener el ritmo e interés incluso en largos tramos donde no está ocurriendo realmente nada extraordinario. Los pasos de la investigación se atacan todos con intensidad, consiguiendo que los saltos de uno a otro no pierdan fuelle. Aun sin mostrar algo con mucha esencia (ninguna escena impacta: el interrogatorio es sencillo, las averiguaciones iniciales no son muy trascendentes) la proyección avanza sin achaques. Y desde que se descubre la casa sospechosa, el subidón es notable, pues por fin hay un rumbo más claro, una trama más consistente y varios personajes secundarios con presencia más concreta y definida. Cómo suben y bajan los datos por la cadena de mando, cómo luchan y dudan por la viabilidad del asalto, la insistencia de Maya marcando los días en el cristal del despacho de su superior, las averiguaciones sobre la casa basadas en una observación externa y finalmente el espectacular asalto garantizan un entretenimiento de primera.

En estos momentos de mayor trascendencia la puesta en escena realza la narración de forma impresionante: en realidad el asalto a la casa son cuatro tiros, pero Bigelow llena media hora con ello y consigue que sea trepidante e intensa como la mejor cinta de acción. La excelente planificación, la cámara siempre puesta en el mejor sitio posible, el montaje perfecto, la fotografía e iluminación de calidad, el uso del sonido (efectos sonoros de impresión), la excelente y sutil banda sonora de Alexandre Desplat… No hay duda de que Bigelow es una directora de gran calidad, y de que Zero Dark Thirty sin esta realización de tan buen nivel podría haber sido un telefilme anodino.