El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: Mark Wahlberg

Día de patriotas


Patriots Day, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense, acción.
Duración: 133 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg.
Actores: Mark Wahlberg, Michelle Monaghan, John Goodman, Kevin Bacon, Rachel Brosnahan, J. K. Simmons, Christopher O’Shea, Jimmy O. Yang, Alex Wolff, Themo Melikidze, Michael Beach.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Excelente en lo audiovisual, correcta en el drama, neutral en los hechos, con tramos tensos y espectaculares.
Lo peor: Por decir algo, quizá había potencial para más.
Mejores momentos: La entrada del FBI. Las discusiones sobre si publicar información en los medios. El tiroteo contra el todoterreno.

* * * * * * * * *

El maratón de Boston es la carrera más antigua y popular de Estados Unidos, y se da todos los años en abril en el festivo Día del Patriota. En 2013 sufrió un atentado que provocó por suerte sólo tres muertos, pues fue bastante aparatoso: dos atacantes con dos ollas con explosivos y metralla dejaron casi trescientos heridos y la cuidad se sumió en el terror durante días hasta que la amenaza fue neutralizada.

Peter Berg por entonces era un guionista y director (y a veces actor) que aparte de la atípica obra de culto Very Bad Things (1998) no daba muy buenas sensaciones. La sombra del reino (2007), Hancock (2008) y Battleship (2012) eran bastante flojas, y las series en que participó también. Pero la cosa ha cambiado desde entonces. Con El único superviviente (2013) y esta Día de patriotas se ha alzado como uno de los referentes de la acción con tintes dramáticos e históricos del momento, mostrando una madurez que bien le podía haber garantizado más reconocimiento y premios de los ha obtenido. Pero su estilo huye de la sensiblería y el ensalzamiento patriótico estándares de los Oscar y Globos de Oro, que sí cumplió por ejempelo una cinta menor pero multipremiada como En tierra hostil (2008).

Hay que recalcar que es todo un logro que Día de patriotas sea tan objetiva y neutral, porque la idea era hacer un homenaje a las víctimas y a la ciudad, y porque Estados Unidos es muy egocéntrico por lo general y esa herida caló hondo en la sociedad, así que cabría esperar un tono más lacrimógeno y a la vez vengativo, y por extensión sesgado. Pero Berg trata de mostrar qué ocurrió, quién lo sufrió y cómo la ciudad sobrepuso a la desgracia sin tomar partido emocional excesivo (sólo encontramos esto en los créditos finales, con las entrevistas a los implicados) ni meterse en berenjenales ideológicos. Así, no entra en la cuestión de cómo nace un terrorista, cómo se les pasó a las agencias de seguridad (uno de ellos estaba en las listas de distintas agencias y gobiernos como más que posible terrorista), de cómo la ciudad estuvo de facto bajo la ley marcial, algo impensable por ejemplo en Detroit con mucho más asesinatos al año, o cuando un supremacista blanco la lía parda, que ocurre muchas más veces de las que hay atentados de radicales islamistas y ni siquiera lo llaman terrorismo.

El único apunte crítico que hay emerge inevitablemente del relato de los hechos. Con tantas agencias trabajando juntas se provoca algún roce y retraso en toma de decisiones, mientras que por el lado contrario los medios hacen su agosto señalando incluso falsos culpables con las prisas. Sin embargo, no se para a ahondar y criticar esa problemática de las excesivas agencias con agendas propias y muchas fallas, que es bien patente desde el 11-S y el Katrina, ni que ningún medio de información pagó por la terrible injusticia de señalar a un ciudadano cualquiera como terrorista sin pruebas tangibles, sólo para vender más. Lo menciona porque ocurrió y pasa a otra cosa.

También es inevitable que haya algo de cursilería (las parejitas y sus frasecitas románticas, el intento de ligar del chino…), porque no hay mucho margen de maniobra al mostrar el día a día de gente corriente sin salirse por la tangente contando cosas más rebuscadas. Pero quizá el propio Berg lo sabía y desarrolla un personaje central ficticio que dirija mejor la historia y conecte mejor con el espectador que esas anécdotas. El personaje es muy sólido, funciona como nexo de toda la historia, centraliza y visibiliza el esfuerzo de la policía local, y Mark Wahlberg está más esforzado que de costumbre… pero aun así se llevó algunas críticas por no ser real; está claro que no llueve al gusto de todos.

El reparto es llamativo, pero con tanto personaje y salto de escenario pocos tienen tiempo para lucirse. Aparte del correcto Wahlberg el que más destaca es un sombrío e imponente Kevin Bacon como agente especial del FBI: con su mirada ya deja claro que está al mando.

Pero el nombre a recordar es Peter Berg, que construye este complejo, caótico y trágico evento como si fuera fácil. El ritmo es ágil en las partes menos intensas, los cambios de escenario no hacen que pierdas el hilo, y sintetiza bien incluso cuando se encuentra ante alguna dificultad importante: hay individuos cruciales en la parte final de los hechos, como el agente encarnado por J. K. Simmons y el estudiante chino en manos de Jimmy O. Yang, pero el realizador los presenta poco a poco sin dar la sensación de que rompen el flujo de acontecimientos.

Para la parte final nos trae un colofón de infarto. El intento de los terroristas de viajar a Nueva York pega un subidón en el factor suspense, y aunque conozcas más o menos el final de los acontecimientos sufres por los implicados y la tensión en el ambiente es palpable. El tiroteo que acaba con la vida de uno es memorable, de lo mejor en acción realista que se ha visto probablemente desde Heat (Michael Mann, 1995), pero cuando el hermano superviviente huye no hay sensación de bajón, sigue manteniendo la expectación.

Atención también al sorprendente y magnífico trabajo con efectos digitales. No se rodó en la calle, sino en un decorado con pantallas verdes que luego fueron sustituidas con ordenador por los bloques de edificios. No me di cuenta hasta que vi por casualidad una fotografía del rodaje.

Día de patriotas se puede disfrutar de varias maneras. Como homenaje, como drama, como thriller, como cinta de acción, y en todos los ámbitos cumple sin problemas cuando no impresiona.

Anuncios

Milla 22


Mile 22, 2018, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 94 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Lea Carpenter, Graham Roland.
Actores: Mark Wahlberg, Lauren Cohan, Iko Uwais, John Malkovich, Ronda Rousey, Sam Medina.
Música: Jeff Russo.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo vertiginoso, tiroteos espectaculares, protagonistas carismáticos.
Lo peor: En escenas pausadas el director abusa del montaje rápido, resultando caóticas. Le faltan villanos de peso. El giro final es bastante fallido.

* * * * * * * * *

Un comando especial se dedica a neutralizar amenazas terroristas en todo el globo. Por un lado, están los mercenarios, curtidos en cualquier escenario bélico, y por el otro, el jefe con los analistas y técnicos controlan las operaciones desde la sombra.

Viendo las últimas obras del realizador Peter Berg, El único superviviente (2013), Marea negra (2016) y Día de patriotas (2016), pensaba que Milla 22 también se basaba en hechos reales, pero no es el caso, aunque sí es muy parecida en argumento, personajes y estilo narrativo. Como en las citadas, intenta mostrar realismo dramático mezclado con acción aparatosa, esforzándose con los personajes más de lo habitual en el cine de acción contemporáneo, otorgándoles conflictos y características destacables, lo cual es muy de agradecer aunque no termine de alcanzar los niveles de grandes del género, como La jungla de cristal (John McTiernan, 1988).

En este caso se puede achacar que por mucho drama y tics que ponga sobre el rol encarnado por Mark Walhberg termina siendo Mark Walhberg, y aunque ofrece bastante simpatía y carisma, es evidente que un actor con mayor registro le vendría mejor; pero claro, es también uno de los productores principales, así que se aseguraría el puesto. Lauren Cohan (The Walking Dead, 2010) me convence más precisamente porque su papel es bueno y te crees su estrés en el trabajo y sus problemas en casa. Los secundarios cumplen con lo justo: escenas de camaradería, peleas y muertes que no dan vergüenza ajena son también poco habituales hoy en día. Donde anda más corta es en los malos, pues no tenemos un enemigo que dé la talla, que suponga un rival digno para los héroes: el líder de los comandos a pie de calle es muy soso, y los misteriosos individuos del avión resultan un pegote artificial.

El reto de los protagonistas no es gran cosa, simplemente avanzar disparando por las calles hasta llegar al destino seguro. No hay mucho más en la función, porque la intriga de política y espionaje es una excusa para justificar el lío, y además acaba en un giro surrealista que le hace perder la poca consistencia que tenía. Pero en su propósito funciona bastante bien porque Berg se centra en exprimir la acción frenética, el terreno donde mejor se mueve.

Con ello se perdonan bastante los excesos, como la cámara en mano a veces demasiado agitada, salvo en un par de instantes que deberían ser más tranquilos pero te marea igual, como la conversación de los dos protagonistas en la azotea. Y con ello se notan menos las carencias, como esos malos que llegan en oleadas cual videojuego. Calles, coches, tiendas, bloques, pasillos, pisos… escenario tras escenario encontramos tiroteos de impresión, carreras para salvar la vida, y alguna situación tensa muy lograda, como la protagonista atrapada en un piso.

La pena es que los guionistas meten con calzador una idea que supone el mayor fallo de la propuesta, y ni Berg ni Walhberg ni otros productores han sabido verlo. Quizá pensando en que el argumento no dejaría huella y no daba para llegar al metraje mínimo (al final se queda en una hora y media, nada común en estos tiempos), intentan estirar como pueden y aportar un giro que cause sensación. Pero la narración paralela del protagonistas patina bastante. La cháchara metida entre medio de la aventura no genera intriga sino reiteración (te cuenta lo que vemos) y salidas tangenciales innecesarias (aporta datos irrelevantes), y al final resulta que está para justificar la revelación forzada que supuestamente cambiará nuestra percepción de todo lo que hemos visto. Pero me temo que es tan rebuscada y tramposa y a la vez tan intrascendente que produce el efecto contrario, hace que acabes con cierto mal gusto una proyección que iba siendo la mar de entretenida.

Aunque Día de patriotas tuvo buena recepción crítica no se transmitió a la taquilla, y esta, que se ha recibido con tibieza, difícilmente podría tener mejor suerte. Al menos en cines, porque son cintas que aguantan muy bien los revisionados en televisión y dvd/bluray. No sé por qué no les dan distribución y publicidad suficientes, pues Berg arrasó con Hanckok (2008) y Walhberg es un rostro conocido, así que ambos tienen tirón de sobras para atraer gente, y más con títulos más que decentes en un género saturado de fantasías y sagas clónicas.

Todo el dinero del mundo


All the Money in the World, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 132 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: David Scarpa, John Pearson (novela).
Actores: Michelle Williams, Christopher Plummer, Mark Wahlberg, Romain Duris, Charlie Plummer, Andrew Buchan.
Música: Daniel Pemberton.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante entretenida.
Lo peor: Irregular, no se decanta por un género concreto. Un tanto pagada de sí misma para lo poco que ofrece: nada destaca, nada deja huella. Abandona a veces la fidelidad a los hechos pero sin terminar de aportar algo llamativo con los cambios.
El dato: Empieza la narración afirmando que fue el más rico de la historia, lo cual es falso. Ni entre los diez primeros entraría.

* * * * * * * * *

La historia real es bastante peculiar e impactante, teniendo material de sobras para lograr una película muy jugosa ya se inclinara por la crítica social (ricos y pobres, ambición y fracaso), por la comedia (todo fue bastante salido de madre), por el suspense (la investigación del secuestro) o por el drama (la tragedia familiar), o incluso por una combinación de un par de ellos, porque una mezcla más amplia garantiza casi seguro un resultado caótico o todo lo contrario, no llegar a nada de lo que se pretende. Esto último es lo que le ha pasado a esta adaptación de David Scarpa y Ridley Scott. No se deciden a elegir un género y explotarlo al máximo, quedándose en tierra de nadie, en un entretenimiento pasajero sin mucha pegada ni una personalidad concreta.

En su primer acto apunta maneras, pero las buenas sensaciones no duran mucho. Tiene un punto de humor negro bastante correcto, ironizando con la situación sin parodiarla ni criticarla en un sentido concreto, sino simplemente jugando con su extrañeza. De hecho, se agradece la perspectiva neutral, que no toma partido por un personaje u otro. Lo fácil hubiera sido mostrar a la mujer de víctima y al viejo de villano. Pero desde el primer momento quedan claras las motivaciones, el estilo de vida de cada uno, con una naturalidad muy certera. El anciano se ha cerrado sobre sí mismo sin confiar en nadie, encontrando consuelo en lo material, el arte, porque las relaciones humanas directas requieren mucho esfuerzo y solo traen vaivenes emocionales. Con ello logran que empaticemos con su soledad y comprendamos sus decisiones. La protagonista, nuera de aquel, no quiere vivir a la sombra de otros, pero en este mundo, sea por machismo o por otras dificultades de la vida, acaba siempre necesitando ayuda, y su odisea siempre tiene algo nuevo que echarle encima. El principal secuestrador es un maleante de tres al cuarto, pero honorable, no un psicópata, y pronto resulta simpático aunque la relación con el secuestrado no ofrezca ninguna novedad.

Pero el repertorio de protagonistas con enjundia acaba aquí, desaprovechando el potencial que había para explorar otras personalidades muy dispares y su implicación en la maraña de acontecimientos. El hijo secuestrado es un pelele sin profundidad, no nos interesamos nunca por su porvenir. El padre queda más infrautilizado aún, cuando se implicó en realidad bastante más. Y el jefe de seguridad, a pesar de su amplia presencia, no transmite nada, ni si quiera termina de quedar claro qué aporta al desarrollo de la historia.

La desgana que se pone en estos personajes se termina contagiando al relato, que no logra adentrarse en ninguno de los muchos ámbitos que toca. No causa intriga en el thriller (la trama detectivesca es insulsa), el drama no cala hondo ni tiene sorpresas, la comedia negra parece emerger por su cuenta a pesar de las trabas que le ponen. Funciona aceptablemente bien como entretenimiento porque siempre va hacia adelante saltando con velocidad de una situación a otra y los personajes principales despiertan cierta simpatía, pero al no perseguir un estilo concreto y con fuerza se va viendo cada vez más su armazón, de forma que el tercer acto resulta muy predecible, tanto en los hechos como en la narrativa que imprime Scott, un tanto encorsetada y blanda: se ve a la legua cuándo va a intentar un momento dramático, cuándo uno de tensión, cuándo un personaje hará tal cosa o sufrirá algo. La música en concreto es especialmente cargante, tan empeñada en remarcar las emociones de cada escena.

Da la sensación de que el guionista, el director o ambos pensaban que el desenlace no era muy cinematográfico y deciden apartarse de los hechos reales para buscar algo más potente, pero acaban incluyendo una persecución artificial y un final feliz muy falso que no consiguen levantar el interés. En realidad el joven secuestrado acabó hecho polvo y volcado en las drogas con graves secuelas, el viejo murió años después, no a la vez que acaba esta tragedia abrumado por sus decisiones, y no hubo una caótica persecución.

El reparto es irregular. Christopher Plummer está bien pero no destaca como para merecer tantas alabanzas. Michelle Williams sobreactúa un tanto, no me creo su tragedia; es una actriz que puede conseguir mucho más. Mark Wahlberg está perdidísimo, a años luz de resultar verosímil como un mercenario curtido y sin alma que poco a poco va despertando; que se siga centrando en la acción y la comedia, que le van mejor. Al final, el más destacado es el más ninguneado, el francés Romain Duris que encarna al secuestrador italiano (¿no encontraron intérpretes italianos?): su papel es el más complejo y certero.

Cabe mencionar también el cambio de actores en el último momento: Kevin Spacey por Plummer. No lo entiendo de ninguna manera. Que cogieran a Spacey y lo maquillaran de viejo, habiendo actores con la edad adecuada de sobras. Que lo despidan por acusaciones verbales, sin juicio ni nada, y como si hubiera que censurar el trabajo de alguien por un presunto crimen que no tiene que ver con el mismo. También es lamentable lo de, en el rodaje de escenas adicionales, pagarle mucho menos a Williams que a Wahlberg, lo cual remarca el machismo y la hipocresía imperantes en Hollywood: apartan a Spacey para esquivar polémicas y se meten ellos solitos en otra igual. En cuanto al resultado, han tenido suerte de que es una película fácil, de gente sentada hablando en escenarios cerrados, y pudieron volver a rodar sin mucho jaleo. Sólo un plano de exteriores en el desierto (nada más empezar la proyección) da el cante, porque ahí metieron a Plummer en postproducción.

En estas mismas fechas se ha estrenado una serie de la HBO de diez capítulos. Sin haberla visto, parece inclinarse directamente por un tono más alocado y cómico.

Transformers: El último caballero


Transformers: The Last Knight, 2017, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 149 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Art Marcum, Matt Holloway, Ken Nolan, Akiva Godlsman.
Actores: Mark Wahlberg, Anthony Hopkins, Laura Haddock, Isabela Moner, Josh Duhamel, Santiago Cabrera, John Goodman, Ken Watanabe, Frank Welker, Peter Cullen, Jim Carter.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Parece que cada vez cogen actores más competentes.
Lo peor: El guion es incluso peor que en las anteriores. La puesta en escena muestra desgana. La parte del submarino, ridícula e infumable en una cinta ya de por sí penosa.

* * * * * * * * *

Las dos primeras entregas tuvieron su aquel porque eran locas y espectaculares, aunque el exceso de idioteces y los tics de Michael Bay lastraban más de la cuenta entretenimientos que podían haber salido mejor parados. La tercera pecó de repetir la fórmula otra vez y con la simple idea de maximizarlo todo, resultando una cinta demasiado irregular y larga, aunque en el tramo final la más asombrosa de todas. La cuarta era otra vez lo mismo, pero ya no tenía nada con lo que emocionar, no digamos impactar, y resultó soporífera. Esta quinta es más de lo mismo, pero el desgaste se agrava, y su visionado resulta incluso insoportable.

La taquilla por fin empieza a resentirse. Han hecho falta cinco películas clónicas y estúpidas para agotar a la masa de espectadores. Ha recaudado unos potentes 600 millones de dólares en todo el mundo… pero es que eso es la mitad que las anteriores. Pero por ahora no hay señal de que este aviso haya llegado a Michael Bay, que sigue anunciando muchas secuelas más: al menos tres están prácticamente confirmadas, incluyendo una centrada en Bumblebee. Eso sí, parece que empezará a relegar las labores de dirección. No sé qué opinar respecto a eso último: Bay era el mejor aliciente y a la vez un gran lastre… Pero el mayor problema siempre ha sido el guion, y dudo que cambien el estilo a estas alturas, como mucho quizá se atrevan por fin a contar cosas distintas, y ya veremos si es suficiente para recuperar al público.

El último caballero desde luego no aporta nada nuevo. Lo de meter al Rey Arturo es anecdótico, sólo sirve para canalizar la misma historia de siempre: robots malos vienen a destruir la Tierra porque les apetece y alguien guarda el secreto de un arma que los puede frenar. Un paria acaba metido en todo el meollo, una chica atractiva se ve arrastrada con él, tenemos unas pocas apariciones anecdóticas de militares y de algún secundario tonto, y todo se desarrolla con el caos y las subtramas irrelevantes de siempre que retrasan y enmarañan una trama simplísima, hasta el punto de que parece que estamos ante varias películas mal mezcladas y resumidas. Demasiada sobre explicación de las mismas cosas, demasiado intento de fingir investigación cuando no están haciendo nada llamativo (el mayor esfuerzo es registrar una habitación), transiciones entre escenarios malamente justificadas, decepticons que aparecen aleatoriamente para reforzar las escenas de acción de relleno, y agujeros de guion en cantidad (que ella aparezca con distinta ropa cada rato es lo de menos), a lo que hay que añadir el tono rancio de siempre: machismo cutre y mensajes anti-ciencia; al menos ya no hay ramalazos xenófobos.

La definición de los protagonistas sigue anclada en estereotipos, con mucho diálogo y chiste vulgar y esas subtramas absurdas que todavía Bay no se entera que debería ahorrarse. Se recupera levemente porque la chica, aparte de ser un clon de Megan Fox, esta vez es una mujer capaz, inteligente, y la actriz, Laura Haddock, muy competente. Pero claro, como es de esperar acaba en la aventura por casualidad y la conexión con la trama es una parida, sólo sirve para lucir cuerpo y correr. Eso sí, su contrapartida masculina igual. De nuevo tenemos a Mark Wahlberg como el paquete que no quiere ser un héroe pero acaba metido en todo y lo resuelve todo porque sí. Y el romance forzado entre ambos sorprende para mal a pesar del bajo nivel que ha mostrado la serie: la de chistes adolescentes y escenas estultas que tenemos que soportar. La cena en el submarino (y bueno, todo lo de alrededor) llega a un nivel alucinante.

El único esfuerzo que se notó en los últimos capítulos fue mejorar el nivel de los personajes secundarios, reduciendo los payasetes supuestamente cómicos y tratando de otorgarles más personalidad. La presencia de Anthony Hopkins, aunque sorprenda ver a semejante actor en esta mierda, es enriquecedora, y Bay le intenta dar todo el protagonismo que puede, aunque la mitad de las veces no pinte mucho más allá de ser un comodín para explicar las cosas. Hopkins se come la pantalla y saca buen partido de los únicos chistes y situaciones graciosetes de la cinta: la dinámica absurda con su empleado robótico, a quien le pone voz el estirado jefe de mayordomos de Downton Abbey, Jim Carter, lo que es un gran chiste en sí mismo. Pero, como siempre, Bay lo estira tanto que termina agotando. También mantiene a unos pocos robots con el suficiente carisma como para que puedas acordarte de ellos (intenta citar alguno de los primeros capítulos aparte de los tres protagonistas…), el veterano guerrillero Hound (John Goodman) y el ninja (Ken Watanabe), a los que se suman otros pocos que cumplen en su cometido de pulular por el fondo siendo medio identificables.

Pero esto no es suficiente, porque sigue pesando la sensación de que se desaprovechan otros muchos personajes que se presentaban cruciales en las tramas pero acaban siendo meros objetos de las mismas. Megatron y Optimus siempre han sido unos sosos de cuidado, lo que aquí se lleva al extremo, porque apenas tienen presencia y la justificación de sus motivaciones es lastimera. Después de cinco episodios seguimos sin conocer la personalidad del militar, Lennox (Josh Duhamel), que aparece porque sí de nuevo. Pero para incomprensible la reaparición del agente Simmons (John Turturro), que no estuvo en el anterior y aquí sólo suelta unos pocos intentos de chiste por teléfono. Aunque el peor de todos te da en la cara bien pronto: Merlín (Stanley Tucci) representado como un patán borracho puede acabar con la paciencia de cualquiera nada más empezar la película. Viendo el panorama, es de agradecer que la presencia de los caballeros de la mesa redonda sea tan breve.

En un mundo aparte está la adolescente. No sé por qué Bay no repitió con la hija del protagonista, encarnada por Nicola Peltz, pero, siguiendo la escala decreciente de edad, esta vez es incluso menor: Isabela Moner tendría quince años durante el rodaje. En la historia pinta menos que todos los demás, pero ahí está, metida en casi todo sin venir a cuento, luciendo palmito. Aunque es justo decir que como actriz muestra maneras, es obvio que no está aquí por sus dotes interpretativas, sino para enganchar a la generación más joven; el robot infantil que la acompaña es buena prueba de ello.

En cuanto a la puesta en escena, a la falta de novedades también se le añade la sensación de cansancio, de que Michael Bay va con el piloto automático puesto. Los efectos especiales dan la talla, hay unas cuantas buenas explosiones, ofrece espectaculares panorámicas… pero en general la dirección se muestra ahogada en unos pocos recursos muy básicos y en una asombrosa falta de ambición. La fotografía tira de nuevo de la penosa regla del naranja, eso de saturar la imagen al verde y al naranja, colores cálidos que se supone resultan agradables y engañan al espectador con que está viendo algo bonito cuando es un efecto barato. Pero sobre todo abusa del movimiento constante con objetos de por medio, para dar la sensación de ritmo y de profundidad (sobre todo de cara al 3D), y del montaje rápido que potencie aún más el ritmo. Sin trabajo real detrás, sin planificar y componer escenas con un sentido global, sin pensar en que de un tráveling hacia la izquierda no podemos pasar de golpe a otro hacia la derecha, pues te deja descolocado, la narrativa resulta caótica, se hace cargante a los pocos minutos.

Y las secuencias de acción son todas iguales. Vale, en las anteriores no eran el colmo de la novedad, pues repetía con la destrucción de grandes ciudades, pero se trabajaba cada escenario a fondo, recorriendo calles y edificios de distinta manera, mostrando una guerra de grandes proporciones como pocos directores son capaces; de hecho en la tercera entrega dejó momentos memorables. Pero aquí apenas tenemos unas par de persecuciones en coche y unos monótonos escenarios bélicos, incluyendo el final, pues aunque sea en el aire, en plan un pedazo de tierra enorme arrancado como en Los Vengadores: La era de Ultrón, en su desarrollo no sorprende lo más mínimo. Las persecuciones van a cachos, parecen resúmenes en plan videoclip acelerado. Las batallas son tremendamente monótonas, un plano amplio del escenario y añadir las explosiones y efectos digitales de rigor, para luego pasar a los personajes y sus diálogos llenos de chistes primarios y explicaciones redundantes.

Como resultado, El último caballero es el peor episodio en una serie que ya agonizaba, un título de acción infame que trae lo peor de Michael Bay, un autor al que he defendido a veces por su capacidad de lograr grandes cintas de acción cuando tiene un guion de más calidad (La roca, Dolor y dinero). La película es mareante, pero a la vez no es capaz de impedir que el sopor te abrace pronto. He tenido que verla en dos partes para acabarla. Sí, seré un masoquista, pero qué queréis que os diga, me gusta la acción, la ciencia-ficción y la fantasía, y termino dándole una oportunidad a casi todo. La curiosidad me puede.

Serie Transformers:
Transformers (2007)
Transformers: La venganza de los caídos (2009)
Transformers: El lado osucro de la Luna (2011)
Transformers: La era de la extinción (2014)
-> Transformers: El último caballero (2017)

Deepwater Horizon (Marea negra)


Deepwater Horizon, 2016, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 107 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Matthew Michael Carnahan, Matthew Sand.
Actores: Mark Wahlberg, Kurt Russel, John Malkovich, Gina Rodríguez, James DuMont, Kate Hudson, Dylan O’Brien.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo es algo intenso, sin bajones ni en las partes más expositivas.
Lo peor: No termina de arrancar nunca, esperas que llegue algo grande pero acaba sin dejar huella.
El título: La distribuidora le ha puesto Marea negra. Con la afición que suelen mostrar por los títulos en inglés, ¿qué tenían en contra de mantener el nombre de la plataforma? Es pegadizo y fácil. Y desde luego, la marea negra no es la protagonista de la película, sólo se menciona al final en texto en pantalla.

* * * * * * * * *

Tras deslumbrar en su presentación en la pantalla grande con Very Bad Things, Peter Berg no volvió a ofrecer nada tan original y redondo, decantándose por un cine más comercial donde no exprimía su potencial: El tesoro del Amazonas, Hancock, La sombra del reino y Battleship son bastante olvidables. Pero en su siguiente obra personal retornó ese realizador habilidoso y comprometido: El último superviviente. Su guion no es complejo ni profundo, pero es que tampoco se requería, así que cumple de sobras; ni tampoco se veía algo esperable en una obra hollywoodiense sobre el ejército: el patriotismo aparece en su justa medida. Pero en lo visual resultó un ejercicio narrativo impresionante, regalándonos una de acción bélica memorable.

Su siguiente largometraje, Deepwater Horizon, llegaba con unos avances bastante espectaculares. ¿Tendríamos al Berg comercial o al inspirado? Pues me temo que se inclina por lo primero. A pesar de que el argumento amaga con mostrar un drama serio y de grandes pretensiones y calado, tanto el guionista Matthew Michael Carnahan (con el que colaboró también en La sombra del reino) como el propio director parecen empeñados constantemente en limitar sus posibilidades, optando por a una de acción al uso. Me recuerda mucho a United 93: una historia real tratada con demasiada distancia y frialdad, soltando unos pocos datos y acción en fila a toda leche pero sin trabajarse lo más mínimo el espectro emocional ni tampoco el alcance, porque requería una complejidad que no parecen buscar.

Tenemos decenas de personajes en distintos puestos de la plataforma, el barco de los residuos, las agencias de emergencias… Pero sólo unos pocos van más allá de simples elementos de la trama, y no es que se haga un gran trabajo con ellos. El empresario villano, el jefe responsable y el héroe protagonista tienen un dibujo extremadamente superficial, y apenas tenemos secundarios dignos de mención: la mujer del prota, el currante simpático y otros trabajadores con mucha presencia carecen de personalidad, aparecen en muchas escenas pero sin dejar huella alguna. No puedes formar un drama coral sin darle entidad y una historia a cada protagonista. Así, la cinta va avanzando saltando constantemente entre grupos de trabajo, pero sin que llegue a narrar ninguna odisea personal concreta. Llega el accidente, corretean y se salvan o mueren, no hay más. Demasiada anécdota, frase chorra suelta (“He dejado el café”), y poca, o más bien ninguna, concreción y profundidad, y por extensión, muy poca o ninguna conexión emocional. La trama más o menos igual. Parece que iban a poner algo de esfuerzo en explicar cómo funciona la plataforma, pero se limitan a cuatro datos vagos que describen el accidente, sin llegar a transmitir una idea clara del trabajo y el ambiente en general. Por supuesto, en este panorama no esperes un gran retrato del entorno y un análisis crítico de los hechos. Cumplen mostrando un par de escenas del empresario ambicioso contra el jefe prudente, y ya está.

Pero la narrativa es también veloz y algo enérgica, con lo que, aunque no se ahonde en nada al menos te dejas llevar. Y la acción, aunque tarda en aparecer y no destaca especialmente, mantiene un nivel de intensidad constante y Berg no se pierde entre los varios los frentes abiertos, siempre sabes dónde estás y siempre hay algo movidito a lo que atender. Además Mark Walhberg desprende una simpatía contagiosa en todas sus películas, con lo que incluso con su esquemático personaje te engancha.

Así pues, esto no está en la onda de El coloso en llamas, una de catástrofes que combinaba el drama serio con la acción aparatosa logrando un por lo visto inigualable referente para el género. Pero si haces la vista gorda a todo su potencial ignorado queda un entretenimiento sin pretensiones e inofensivo con el que pasar el rato.

El estreno casi se junta con el nuevo proyecto del realizador, Patriots Day (Día de patriotas), que tendría una postproducción mucho más corta. Por los avances, tiene pinta de ser el mismo estilo de película, y esta vez también promete un tono patriota claro.

Ted


Ted, 2012, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 106/112 min.
Dirección: Seth MacFarlane
Guion: Seth MacFarlane, Wellesley Wild, Alec Sulkin.
Actores: Mark Wahlberg, Mila Kunis, Seth MacFarlane, Joel McHale, Giovanni Ribisi, Jessica Barth, Patrick Warburton, Matt Walsh.
Música: Walter Murphy.

Valoración:
Lo mejor: Buena visión de las clásicas relaciones amorosas gracias a un sentido del humor original y constante: gamberro, bestia, friki…
Lo peor: El desenlace no impresiona.
Mejores momentos: Las entrevistas en el supermercado. La fiesta con Flash Gordon. El móvil con la melodía de la marcha imperial. Norah Jones.
Versiones: Existe una versión “sin censurar” con seis minutos más, es decir, que incluye las breves escenas que tuvieron que quitar en cines para no terminar restringida para adultos.

* * * * * * * * *

Ted fue un inesperado y enorme éxito de taquilla. Con cincuenta millones hizo quinientos cincuenta (¡!) gracias al boca a boca de los que se aventuraron a verla sin saber muy bien qué esperar. Es por definición una comedia romántica sobre la maduración (el paso de joven vividor a adulto responsable) y las relaciones amorosas, una descripción que asusta dado lo poco que da de sí el género en Hollywood. Pero resulta que su guionista y director es el loco de Seth MacFarlane, autor de Padre de familia y American Dad, donde muestra su afición por un humor extraño y caótico que mezcla lo friki, lo absurdo y lo bruto muchas veces sin una trama consistente, pero otras con historias originales y atinadas perspectivas de distintos temas. Por suerte Ted está en la onda del MacFarlane centrado, de hecho, más centrado que nunca.

Un inciso hago aquí. Lo de ir sin saber qué esperar algunos lo cumplieron a rajatabla. No pocos padres se metieron a ciegas en “esa peli de un osito de peluche animado” arrastrando a sus hijos a una orgía de palabrotas y escenas obscenas.

La pareja protagonista, interpretada con gran vitalidad y química por Mark Wahlberg y Mila Kunis, es una fantástica parodia del prototipo del género. Él, inmaduro y torpe pero majete y buenorro, que solo quiere seguir viviendo la vida como la conoce: de juerga en juerga con los amigos. Ella guapa y algo más centrada, que exige más responsabilidad y sentar la cabeza. El conflicto está garantizado, y más con el también clásico amigo que arrastra al prota por el mal camino. En la vena salida de madre de MacFarlane éste es un osito de peluche que cobró vida y que lejos de la simpatía esperable ha crecido siendo un juerguista cabroncete y malhablado.

La consistencia y profundidad del guion es como decía bastante inesperada dado el autor. Sorprende mucho la fluidez y naturalidad con que se exponen las relaciones amorosas y amistosas y el realismo que emerge de cada escena aunque ésta sea una parodia demencial. Así, aunque la trama no vaya por senderos muy novedosos, porque pasa por los puntos clave habituales de cualquier vida, la perspectiva ofrecida le da nueva savia y la citada química entre personajes y actores realza tan bien a los protagonista que termina resultando un cinta romántica más creíble y emocionante de lo habitual.

Y además es divertidísima. La combinación de distintos tipos de humor funciona a las mil maravillas, sobre todo porque apoya muy bien el dibujo de los protagonistas y la evolución de la trama. No pocos chistes, como lo de recitar nombres de niñatas rednecks (o canis/bakalas), son esenciales para entender la dinámica entre personajes. Acierta de lleno también en el uso de chistes recurrentes, que ofrecen una genialidad tras otra: el jefe del supermercado, el jefe de la chica, las menciones a Tom Skerrit, etc. Pero lo mejor es que salta cada dos por a la vena cómica bestia sin que desentone lo más mínimo. La cagada en la alfombra, el concierto de Norah Jones (el mejor cameo que he visto en mi vida), el acosador psicópata y su hijo malcriado… Y siendo MacFarlane no podía faltar la vena friki, las mil referencias a la cultura popular, que también encajan perfectamente en el relato. La marcha imperial como tono de teléfono para cuando llama la novia y otras tantas alusiones tronchantes no son nada comparado con el lío que se traen con Flash Gordon; la fiesta donde aparece el actor es uno de los grandes momentos de la película.

Sin embargo hay que decir que el ritmo no es perfecto, a veces se ve que MacFarlane encaja como puede algún chiste suelto o incluso escenas necesarias. Por ejemplo la presentación del loco (Giovanni Ribisi haciendo de zumbado como siempre) y su hijo se cuela de mala manera. Pero no llega al punto de resultar demasiado irregular. Solo el final, tanto el clímax como el epílogo, es quizá algo menos intenso de lo que debería, en parte porque opta por un desenlace clásico (acción, tragedia ligera, redención y a comer perdices), en parte porque en esos momentos no logra un humor tan chispeante (salvo la genial hostia al niño) y una lectura tan original de la situación. Aun así, no es un desenlace que deje malas sensaciones más allá de pensar que podría haber sido más emocionante y divertido.

Ted logra dar nueva vida a las comedias románticas juveniles, resultando un título muy recomendable. La pena es que MacFarlane no siguiera tan inspirado en su siguiente largometraje, pues Mil maneras de morder el polvo resultó infumable, completamente opuesta a lo aquí visto.

Transformers: La era de la extinción


Transformers: Age of Extinction, 2014, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 165 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Ehren Kruger.
Actores: Mark Wahlberg, Nicola Peltz, Jack Reynor, Stanley Tucci, Kelsey Grammer, Titus Welliver, Sophia Myles.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Elimina o pule algunos errores de la saga (las subtramas irrelevantes alargadas hasta el infinito).
Lo peor: Pero estira el resto de elementos hasta resultar repetitiva, insustancial y muy aburrida.

* * * * * * * * *

La fórmula no podía estar más gastada, y eso que evita algunos de los peores fallos de las dos entregas anteriores. Las subtramas con exceso de humor inmaduro que no tienen relación con las líneas principales se han eliminado. Ya no tenemos las largas y cansinas tontadas tipo el viaje universitario o la búsqueda de trabajo de Sam Witwicky; recordad cómo se fue de madre esta última. Pero eso implica rellenar el metraje que ocupaban estirando lo demás, porque Michael Bay sigue empeñado en llegar a las dos horas y cuarenta minutos. Además cabría esperar que con actores nuevos el relato fuera más atractivo y novedoso, pero el hechizo dura poco, porque los personajes son prácticamente los mismos. Y en la trama Bay y el guionista Ehren Kruger ponen cero esfuerzo. Tenemos otra vez el grupo de invasores, el gobierno molestando más que ayudando y los héroes casuales salvando el planeta, todo siguiendo los mismos pasos de siempre: corretear en busca del objeto de rigor (maletín, anillo, arma, sustancia… el que toque) para salvar el mundo mientras los robots se hostian alrededor.

La línea principal es la del ciudadano del montón, torpe y tontorrón (Mark Wahlberg), acompañado de la chica (en este caso su hija) que será la mujer florero (más barely legal que nunca: 18 añitos tenía Nicola Peltz durante el rodaje) y algún otro guaperas para meter más carne (el novio que pretende ser simpático pero resulta intrascendente), quienes se verán cómo no metidos en el entuerto, de hecho hagan lo que hagan siempre les cae un robot encima, y terminarán siendo los héroes de la función. Por otro lado está la sección del empresario ambicioso (Stanley Tucci) que por sus pecados pondrá a la humanidad en bandeja para la invasión de los robots malvados. Como para intentar diferenciarlo algo de los villanos previos (es igualito al de Transformers 3), en el tramo final se vuelve bueno, pero no cuela, porque el cambio es tan brusco que resulta incongruente: de malvado capitalista a secundario cómico estúpido en un abrir y cerrar de ojos. También va acompañado de un par de mujeres metidas con calzador: ¿qué aportan Sophia Myles y Bingbing Li a la trama? Y finalmente está el plan enemigo, que no es otro que ser malo porque sí. En este caso hay dos frentes, la conspiración del gobierno (la facción dirigida por un tirano –Kelsey Grammer– que quiere imponer su propio orden mundial) y el robot invasor alienígena de turno. Este último como figura enemiga tiene algo de fuerza, pero en motivaciones anda tan seco como los anteriores: matar y conquistar porque puede. Megatrón está en segundo plano, algo que se agradece porque está muy exprimido, pero me temo que al final renace para prometer aburrirnos en otra secuela.

Las tres líneas tardan muchísimo en unirse, demasiado, y cuando lo hacen no es que la película adquiera un nuevo nivel de trascendencia o mísero interés, porque todo se mantiene igual. El tono como cabía esperar es el habitual de Bay: mensajes conservadores (penoso el discurso anticientífico), vicios infectos (machismo, patriotismo, xenofobia -atención al chino del ascensor: cómo no sabe artes marciales-), mucho colorido (con predilección por el naranja), explosiones exageradas, coches deportivos, destrucción por doquier… La narración es una sucesión de piezas de acción alternadas con una paupérrima exposición de personajes y tramas. Cuánto metraje para decir cosas tan obvias, cuánto tarda en lanzar el grueso de la trama y hacer avanzar el conflicto y la evolución de personajes. Vamos, en eso tampoco sorprende. El problema es que como espectáculo palomitero no cumple. Es imposible causar la misma impresión que en las dos primeras entregas si no pone el esfuerzo por aportar algo más que puso en la tercera, donde las escenas de acción eran inconmensurables y aunque no bastaran para salvar la cinta al menos ofrecían algo de entretenimiento. Aquí Bay anda muy desgastado, acomodado a la rutina. Por mucho que los efectos especiales y sonoros sean impecables ninguna de las secuencias importantes aporta algo nuevo, ninguna resulta impactante porque ya hemos visto exactamente lo mismo en numerosas ocasiones: robots enormes dándose puñetazos, persecuciones a tiros, guerra en ciudades, edificios rompiéndose, naves sobre rascacielos… Ningún escenario es original, la trama no aporta una base desde donde ofrecer algo novedoso, y ahora más que nunca los humanos son un pegote injustificado en plena batalla. Lo único digno de mención es la estancia en la nave, que ofrece una atmósfera algo distintiva; pero como siempre, el guion lo hecha a perder con su vena cómica infantil.

Además se repiten otros errores previos. Cansa ver que Optimus esté en todo momento al borde de la muerte, hecho pedazos, y siempre encuentre energías nuevas para levantarse y derrotar al enemigo en el último momento. Nunca han logrado con él el gran personaje que los fans esperaban, pero aquí queda muy relegado a objeto de la trama. De hecho hay un par de instantes de vergüenza ajena: cuando de camión destrozado se transforma y cura por arte de magia, o cuando después de tanta batalla sale volando sin más. Por el lado contrario puedo decir que al menos este capítulo tiene secundarios robots con algo más de presencia y atractivo. Los personajillos tontos han desaparecido (difícil olvidar a los gemelos macarras) y han sido sustituidos por figuras con algo más de carisma y gracia: el gordo militar y el samurái son tópicos andantes, pero valen como secundarios sencillos. El villano igual: quizá sus motivaciones no convenzan, pero algo de impresión si causa, más que el anodino Megatrón de entregas anteriores; el imponente diseño sin duda tiene algo que ver.

Es entendible que el público no le esté dando buenas notas… pero lo que falta ahora es que le den la espalda en la taquilla, que ha vuelto a recaudar más de mil millones de dólares. Mientras tenga éxito, por mucho que lloriquee luego la gente Bay seguirá con el mismo infame guionista y rodando con el mismo estilo y tics.

Serie Transformers:
Transformers (2007)
Transformers: La venganza de los caídos (2009)
Transformers: El lado osucro de la Luna (2011)
-> Transformers: La era de la extinción (2014)
Transformers: El último caballero (2017)