El Criticón

Opinión de cine y música

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El lobo de Wall Street


The Wolf of Wall Street, 2013, EE.UU.
Género: Aventuras, biografía.
Duración: 180 min.
Dirección: Martin Scorsese.
Guion: Terence Winter, Jordan Belfort (novela).
Actores: Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Kyle Chandler, Jon Bernthal, Cristin Milioti.

Valoración:
Lo mejor: Buena factura, aventura entretenida y con tramos espectaculares.
Lo peor: No sorprende, no aporta nada nuevo, le sobra muchísimo metraje.

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El público se pregunta si es comedia o drama de denuncia, como si la comedia no sirivera para criticar. En realidad es más bien una de aventuras. No tienen estas por qué estar ambientadas en la antigüedad, en lugares exóticos o imaginarios. Hay tiempo para el humor, para la crítica irónica, para el espectáculo, el drama… El guion de Terence Winter (Los Soprano, Boardwalk Empire) es enorme, hablando de tamaño y detallismo. Abarca las distintas etapas del viaje de Jordan Belfort dedicándole un montón de tiempo a cada una, rodeándolas de mil anécdotas que muestran a fondo la vida de los protagonistas. La descripción de estos personajes, destacando a la figura central, es muy buena, con momentos brillantes. Leonardo DiCaprio está muy esforzado en su papel, aunque es un personaje más de gritar y cometer locuras que de evolución psicológica importante; es decir, que ha tenido mejores roles donde lucirse, como en Infiltrados. Jonah Hill se ha afianzado ya como secundario de calidad, y el resto cumple de sobras incluso con apariciones breves (como Matthew McConaughey).

Que Scorsese es un director magnífico no hace falta ni decirlo. El lobo de Wall Street es otra muestra de su experiencia y habilidad. Escena tras escena muestra un despliegue impresionante de dominio cinematográfico, incluyendo la adaptación a técnicas modernas (su edad no es impedimento para que haya abrazado las nuevas tecnologías como un recurso más, no hay más que ver La invención de Hugo). Las partes intimistas y pausadas se alternan muy bien con las más efectistas, teniendo cada una por separado la fuerza necesaria para resultar como mínimo atractiva, y en varios casos son bastante impactantes. La visita del agente al yate es tan intensa como la espectacular tormenta en alta mar, por ejemplo. Pero ni Winter ni Scorsese están libres de errores. Dos problemas importantes limitan el alcance (tanto emocional como cualitativo) de la película: trascendencia y longitud.

La odisea del joven triunfador, del empresario exitoso hecho a sí mismo abusando del sistema que sube a lo más alto para luego caer desde la cumbre, no es una historia novedosa, la hemos visto infinidad de veces. La propia Uno de los nuestros (Goodfellas) del mismo Scorsese narra más o menos lo mismo. Y El aviador, como biografía de un gran personaje, también tiene numerosos puntos en común, sobre todo el estilo de epopeya de grandes proporciones. Así pues, El lobo del Wall Street no sorprende, y en la carrera del director aún menos. Se afila y exagera el estilo a lo bestia, como buscando una película distinta, pero por muchas palabrotas, sexo y burradas que haya (hasta el punto de luchar por evitar la calificación de exclusiva para adultos), no se consigue romper la barrera de “esto ya lo he visto”. De hecho los excesos del protagonista también se convierten a veces en excesos de la narración.

Tres horas para una historia que no es original ni realmente compleja resulta a todas luces demasiado. No es que llegue a resentirse como para hablar de que se hace muy larga, pero le sobran minutos a muchas escenas e incluso pasajes completos resultan claramente innecesarios. Hay numerosas anécdotas que no aportan nada esencial (como el vuelo en helicóptero), los personajes secundarios a veces están mucho tiempo en pantalla para mostrar cosas obvias, y algunas salidas de madre aportan bien poco. Por ejemplo los efectos de las pastillas caducadas se alargan durante minutos y minutos cuando con un par de planos ya quedaría bien claro lo que ocurre. Y tampoco puedo dejar de pensar que con tanto metraje el agente del FBI merecía más protagonismo, que sus breves apariciones son jugosas pero en general queda muy descolgado. También podríamos preguntarnos: ¿qué aporta el padre del protagonista?

Ni Winter supo ir al grano ni Scorsese recortar morralla. Los tres actos de la narración (presentación, nudo y desenlace) se estiran y estiran, se difuminan y no parecen llegar nunca. Demasiado tiempo reincidiendo en que Jordan es un vividor que no piensa en las consecuencias de sus acciones, demasiado relegando la cacería del agente, demasiadas vueltas para lanzarnos de una vez a su batacazo final. Sí, estoy entretenido en el proceso… pero esos minutos sobrantes suponen la diferencia entre lo correcto y lo extraordinario. Con cuarenta, cincuenta o incluso sesenta minutos menos (seguiríamos teniendo dos largas horas) podría haber sido un filme mucho más directo, intenso, cohesionado, fluido… y por lo tanto más efectivo y memorable. Y además así sería atractiva para verla otra vez, porque hay que tener valor para ponerse de nuevo tres horas de una sucesión de gags de ricos cometiendo excesos sabiendo que en el fondo nos van a contar lo mismo de siempre.

De hecho el final cuando por fin llega no es muy potente. No sorprende la forma en que Jordan cae, ni cómo será el intento de redención. No conmueve como debería, no deja un personaje para el recuerdo ni una odisea que citar como inolvidable. Así pues, no veo en El lobo de Wall Street material para hablar de una gran película, esa que muchos han visto hasta encumbrarla como una de las diez mejores del año y una de las grandes del realizador. Es entretenimiento en estado puro que derrocha profesionalidad por los cuatro costados, pero no aporta nada con sustancia y originalidad suficiente como para dejar huella.

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La invención de Hugo


Hugo, 2011, EE.UU.
Género: Acción, aventura, drama.
Duración: 126 min.
Dirección: Martin Scorsese.
Guion: John Logan, Brian Selznick (novela).
Actores: Asa Butterfield, Chleë Grace Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Ray Winstone, Emily Mortimer, Christopher Lee, Jude Law.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: La exquisita puesta en escena, que ofrece un aspecto visual deslumbrante. La fuerza de muchas secuencias.
Lo peor: Al guion le faltan unas puntadas para ser perfecto, y la propia dirección no atina a rematar algunas partes: el ritmo es irregular, hay pasajes algo fallidos.
La pregunta: ¿Por qué no se considera un fracaso comercial? 170 millones de presupuesto, 180 millones recaudados en la taquilla mundial… Teniendo en cuenta un puñado más de millones en publicidad y que no todo lo recaudado va para la productora, me sorprende que no se considere un fiasco.

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La invención de Hugo resulta un giro sorprendente en la carrera de Martin Scorsese, pues se ha decantado por una cinta de carácter familiar (una aventura para todos los públicos) en plan superproducción de apariencia comercial. Como hiciera en su momento el aquí homenajeado George Méliès, Scorsese exprime toda su técnica, experiencia e imaginería a la hora de dar vida a su creación. La mezcla de su pericia tras las cámaras (qué buen partido saca de la estupenda fotografía, menudos trávelings de esos suyos tan míticos se marca), lo bien que aprovecha el enorme presupuesto disponible (vestuario y decorados magníficos) y la habilidad con que maneja las nuevas tecnologías (el 3D dicen que es el mejor desde Avatar, de hecho el propio James Cameron lo aplaudió, y la recreación digital de París y la estación es impecable) proporcionan al filme un acabado fastuoso y de gran belleza. El único punto negativo sería que se excede en el uso de la música, pues aunque la composición de Howard Shore es de gran calidad y sensibilidad, es evidente que Scorsese busca conseguir intensidad y formar un aura de magia mediante ella, pero su uso constante acaba notándose más de lo debido y termina sobrecargando algunas escenas. Para redondear la producción el reparto consigue grandes interpretaciones: los dos chavales protagonistas están fantásticos (Chloë Moretz tiene un buen currículo y experiencia que demuestra aquí sobradamente, pero Asa Butterfield era más desconocido y ha resultado un gran hallazgo) y el veterano Ben Kingsley se marca un papelón que quita la respiración (cuánta melancolía y tristeza transmite).

Los personajes son encantadores y sus aventuras resultan apasionantes además de estar envueltas en un halo cuasi mágico precioso (no hay fantasía, pero resulta casi un cuento). El chico sin padre que pone en hora los relojes de la estación, su encuentro con la chica empollona y solitaria que sueña con vivir las aventuras que lee, el misterioso y afligido padre de ella y luego mentor de él, los problemas de supervivencia, el giro que imprime a sus vidas el secreto que desvela el autómata… La trama transmite emoción y vitalidad, los protagonistas son identificables y adorables, y encontramos no pocos instantes trepidantes cuando no impresionantes (persecuciones por las entrañas de la estación rodadas con una pericia sólo al alcance de Scorsese) y otros tantos arrebatadores cuando no bellísimos (prácticamente todo lo relativo a los hallazgos sobre Méliès).

Pero tengo la impresión de que, y esto es algo que también sucede en otros filmes recientes de este autor (Gangs of New York, El aviador), se pasa de largo en grandilocuencia y longitud y quizá por ello no es capaz de rematar la película, quedándose a las puertas de obtener una obra memorable. Me explico: este intento de conseguir una gran película que abarque muchas ideas e historias resiente la naturalidad del relato, porque no consigue centrarse del todo en narrar una aventura concreta de forma fluida. Le sobran subtramas, como el ligoteo del encargado de seguridad o el del gordo con la señora del perro, fallidos intentos de otorgar aún más magia a la estación y a la vez homenajear a las clásicas comedias de tortazos del cine mudo. También me pareció que la vida del chaval se estira más de lo debido, perdiéndose en aventurillas no del todo conectadas con el hilo central (qué aporta la presencia de Christopher Lee, por ejemplo, aparte de ser en sí mismo otro homenaje al cine, claro). De hecho diría que en la sala de montaje han metido buenos recortes, porque hay instantes en que parece haberse eliminado alguna secuencia entera, dejando un par de transiciones raras donde se salta de una parte a otra de forma extraña. Y por el lado contrario, también tuve la sensación de que a prácticamente todas las escenas le sobran treinta segundos o un minuto, como si Scorsese o el encargado del montaje no supieran cogerle del todo el pulso al tempo narrativo, y eso a la larga resiente el ritmo y estropea algunos momentos: hay secuencias de acción que se alargan demasiado, perdiendo intensidad, y otras quedan muy raras o forzadas, como el sueño que acaba en accidente de tren.

Añadiendo imperfecciones al asunto, cabe pensar que el autómata tiene más protagonismo del que finalmente posee. Se debe tanto a unos cuantos momentos confusos (algunos instantes donde parece que va a pasar algo o incluso que va a cobrar vida) como a la campaña publicitaria no del todo clara (viendo los avances no se sabe muy bien a qué público va dirigido el filme ni de qué va). El segundo punto es claramente fallo de la distribuidora, pero el primero es resultado de que, aunque se basa en una novela de Brian Selznick que se centra en el crío y los autómatas que coleccionaba Méliès, Scorsese, el guion de John Logan se inclina más hacia la historia del nacimiento del cine, y a veces la conexión entre la historia de Hugo con el autómata y su acercamiento al anciano y por extensión hacia el descubrimiento de la obra de Méliès no conecta con la fluidez necesaria. Y también está el título: ¿qué se supone que inventa Hugo? Lo más cercano es reparar el autómata.

Por todo ello, aunque La invención de Hugo visualmente cautiva y la aventura por tramos es un torbellino de emociones, magia y belleza, hay veces en que el ritmo decae demasiado, y el conjunto en general anda un poco desequilibrado en ideas, intenciones y resultados. Pero aun con sus imperfecciones resulta una película notable, y sobre todo se nota la huella de un genio apasionado del cine. De hecho, como homenaje al cine resulta maravillosa. La cantidad de escenas realizadas expresamente para referenciar o recordar alguna secuencia, película o hecho relacionado con este arte es abrumadora. Algunas son descaradas (el niño colgando del reloj como en la famosa escena de Harold Lloyd en El hombre mosca), otras están más en segundo plano (El maquinista de la general, Tiempos modernos) y habrá otras tantas que son fugaces o de cintas menos conocidas y que no he sabido ver. Y el tramo final, cuando se centra en Méliès, es precioso.

Infiltrados


The Departed, 2006, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 151 min.
Dirección: Martin Scorsese.
Guion: William Monahan.
Actores: Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Martin Sheen, Jack Nicholson, Mark Walhberg, Ray Winstone, Vera Farmiga, Alec Baldwin.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Más consistente en el argumento y con personajes mejor desarrollados.
Lo peor: Pero algo menos impactante en lo audivisual. También tira de sensacionalismo más de la cuenta.
Mejores momentos: El tiroteo a la caravana entre fronteras.

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Scorsese ha orquestado con un resultando difícilmente mejorable una película grandiosa, complejísima en contenido y forma, con una historia llena de numerosos y logrados personajes, con intrincadas tramas de corrupción, delincuencia y persecución de delincuentes, amoríos, crecimiento y superación personal, supervivencia… Estamos, salvo sorpresa de última hora, ante la mejor película del año.

La producción se inicia con un montaje confuso de planos intercalados de personajes: jóvenes policías en su graduación. La narración va cobrando forma, siguiendo a los protagonistas en sus recién iniciadas carreras. Unos comienzan a labrarse un futuro de prestigio y riqueza con el ascenso en cuerpos especializados en la vigilancia y detención de mafias, otros ven cómo su pasado relacionado con dicha organización criminal sirve como pretexto para que sus superiores les endosen delicadísimas misiones de infiltración entre los mafiosos. Por si fuera poco, entre la policía también hay infiltrados en los departamentos menos esperados… Asistimos así a un impresionante y perfectamente escrito juego de espionajes, traiciones y crímenes donde mafia y policía danzan el uno al lado del otro cada uno según sus reglas, donde las sorpresas que dan giros completos a la historia están a la orden del día.

Infiltrados es una película cien por cien Scorsese: planos rápidos, montajes extraños, fotogramas congelados, movimientos de cámara ingeniosos, diálogos ágiles, sangre por doquier… No soy experto en la filmografía del autor, pero la realización es una auténtica maravilla, superior a otros trabajos suyos tan famosos como El aviador o Uno de los nuestros. Por si fuera poco, el director de fotografía Michael Ballhaus nos deleita con una labor estupenda y llena de recursos, aunque aun más destacable es el montaje, uno de los más difíciles que he visto en años, resuelto con perfecta sincronización por Thelma Schoonmaker.

El guion es una versión de una película china de hace muy poco, del año 2002, Mou gaan dou (Juego sucio), escrita por Alan Mak y Felix Chong y dirigida por Andrew Lau. De la adaptación se ha encargado William Monahan, un escritor con muy pocas películas en su haber (la más conocida, El reino de los cielos). El resultado es prodigioso, sobre todo teniendo en cuenta la enorme complejidad de la historia: los personajes, los diálogos, la forma narrativa que alterna con rapidez y mucha claridad y fluidez los distintos frentes de la acción… Es cine del inteligente de primer nivel, pero el espectador medio disfrutará igualmente, pues el ritmo es infernal, los personajes fácilmente identificables y simpáticos, y las dosis de humor, drama y acción están perfectamente medidas.

En un reparto tan amplio, con el tiempo en pantalla tan repartido y el protagonismo compartido, no era fácil obtener actuaciones inolvidables. El resultado en general es muy bueno, con profesionales ofreciendo actuaciones de primer nivel (Nicholson, Damon, Sheen…)… pero sin embargo entre todos ellos destaca alguien que ya apuntaba bien alto desde sus últimos trabajos: Leonardo DiCaprio. El joven guaperas que inició su carrera con producciones donde encarnaba a personajes insoportables (Titanic el mejor ejemplo) con interpretaciones muy limitadas ha ido ganando en experiencia y ha realizado grandes papeles. En El aviador fue uno de los actores más destacables de aquel año, y en Atrápame si puedes también se lució. En Infiltrados vuelve a sorprender, metiéndose muy bien en la piel de un joven con un futuro incierto y un presente difícil, donde su vida pende siempre de un hilo. Sus frustraciones e inquietudes están representadas con gran efectividad por el actor, y tiene algunos momentos muy llamativos, como cuando su jefe en la mafia (un siempre histriónico Jack Nicholson) le interroga cara a cara para tratar de averiguar si es la rata traidora: DiCaprio transmite toda la desesperación y temor del momento.

Scorsese y Monahan mantienen sumido al espectador en una sensación de asombro constante durante más de dos horas. La tensión en los momentos cumbres era palpable en la sala donde vi la película, y las risas acompañaban al humor rápido y nada fácil de los diálogos y situaciones. Infiltrados es absolutamente imprescindible para cualquiera que tenga algo de interés en el buen cine, aunque como sucedió el año pasado con Crash, es una producción distinta, con un estilo muy personal que probablemente no guste a todos, pero cuya calidad debería estar fuera de toda duda.