El Criticón

Opinión de cine y música

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The Equalizer (El protector)


The Equalizer, 2014, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 132 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guion: Richard Wenk, basado en la serie de Michael Sloan y Richard Lindheim.
Actores: Denzel Washington, Marton Csokas, David Harbour, Chloë Grace Moretz.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: No está mal rodada y los actores son buenos.
Lo peor: Guion de risa y tono manipulador inaguantable.

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El protector parece una parodia involuntaria. Para empezar, el protagonista resulta un superhéroe: ralentiza el tiempo (parece que gracias al reloj mágico), ve el futuro de la escena y lo reproduce fielmente, se mueve más rápido que las explosiones y las ondas expansivas, monta trampas que ni McGyver (ayudado por la supervelocidad)… Vamos, un coladero de incongruencias para ensalzar a un héroe imposible.

La trama tampoco da mucho de sí, es un refrito de todo lo visto en el género de acción más clásico. Tipo solitario, chica desvalida y villanos de cómic con secuaces ineptos que morirán en cantidad cuando el héroe decida ir a por ellos. Además carece de ritmo, porque se empeñan en darle un tratamiento de drama serio cuando es acción, perdiéndose en una larga exposición de personajes y relaciones que no pueden sorprender, con lo que saben a metraje estirado con pompa innecesaria.

Pero lo peor es que es un panfleto vomitivo del sueño americano: salvaje oeste, neoliberalismo y sueños imposibles. Que si tienes un trabajo de mierda es exclusivamente culpa tuya (el final de la prostituta es de risa, del mundo de la piruleta); el protagonista es un americano superior, de esos hechos a sí mismos contra el hombre y el sistema, y para realzarlo, todos a los que ayuda son desechos de la sociedad o inmigrantes (aaah los pobres mejicanitos); los villanos por supuesto son topicazos viciosos sobre extranjeros, que el país no genera gente así, oye; y los mensajes sobre la justicia a base de violencia son demenciales: vigilantes callejeros y vengadores, nada de proceso legal ni hostias, pues tiene pruebas de los delitos y aun así se encarga de aplicar su justicia del ojo por ojo.

Y así hasta el infinito. Si fuera intrascendente, o de cachondeo, como las buenas pelis de acción de los ochenta (a las que emula bastante), o como El fuego de la venganza (Tony Scott, 2004), a la que se parece mucho, pues sería divertida, pero al menos a mí me ha dado la sensación de que va en plan serio (aunque en el clímax final se va de madre), con lo que resulta esperpéntica y un insulto para la inteligencia del espectador. Por suerte para Antoine Fuqua, eso último no abunda, y no está teniendo mala recepción.

El reino de los cielos (Director’s Cut)


The Kingdom of Heaven, 2005, EE.UU.
Género: Histórico, aventuras, drama.
Duración: 190 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: William Monahan.
Actores: Orlando Bloom, Eva Green, David Thewlis, LIam Neeson, Jeremy Irons, Edward Norton, Marton Csokas, Brendan Gleeson, Ghassan Massoud, Alexander Siddig.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La excelente puesta en escena de Ridley Scott, la fotografía, la música, el vestuario, los decorados, las localizaciones y los efectos especiales.
Lo peor: Cierta falta de energía y ritmo, de grandeza y épica, tanto en la trama como en los personajes, que impide que, aun teniendo una buena base y esté rodada de forma magistral, llegue a ser una gran película.
Mejores momentos: La primera batalla (en los bosques, al poco de partir del hogar de Balian) y el asedio al completo.
La música: Aparte de la compuesta para la película aparecen temas de otras bandas sonoras, quizá por falta de tiempo: cuando Balian da los discursitos de turno suena claramente (tanto que molesta) un tema de Jerry Goldsmith de El guerrero número 13, y en otras ocasiones se oyen partes Blade II, Hannibal y El Cuervo.
La curiosidad: El actor que está tras la máscara del rey leproso es Edward Norton.
Comparativa entre versiones: movie-censorship.
La frase: Qué hombre es aquél que no quiere mejorar el mundo.

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Cuando vi en el cine El reino de los cielos salí algo decepcionado. La película de Ridley Scott estaba coja, se notaban algunos agujeros en el guion y una falta de fluidez en la narración que hacían pensar en un gran recorte de metraje antes de su estreno. Por ejemplo, el personaje de Balian salía muy mal parado, con una descripción pobre y una evolución mal desarrollada (pasaba de joven herrero a caballero dotado sin explicación alguna). Esta falta de equilibrio y profundidad se hacía notar, forzando que un relato visualmente impecable y con aparente potencial en la historia dejara cierto mal sabor de boca. Las críticas fueron tibias, y la recepción del público también.

Por suerte, para el dvd Ridley Scott pudo sacar la versión que él y el guionista William Monahan tenían en mente. Lo que ocurrió fue lo de siempre: la productora pensó que la película era muy larga para ser vendible, y exigió un montaje cercano a las dos horas que se centrara en la acción y además eliminara violencia para hacerla para mayores de 13 años. La versión Director’s Cut (corte o montaje del director) añade alrededor de cuarenta y cinco minutos (llevando la proyección hasta las tres horas diez) y forman una cinta más redonda y equilibrada, hasta el punto de que no recomiendo ver la versión corta, pues en comparación parece una chapuza donde se omiten datos cruciales. Ahora se explica que Balian tiene experiencia en combate y que sabe construir maquinaria de guerra, se añade una subtrama muy interesante con el hijo de Sybilla, se profundiza en la relación entre ella y Balian, se detalla la política de reyes y facciones y se potencian numerosos tramos con pequeñas escenas que matizan y redondean personajes y situaciones, incluyendo escenas tan interesantes como el duelo de espada entre Balian y Guy de Lusignan. Además se recupera toda la sangre y violencia que fue eliminada, dotando a las batallas de mayor realismo y crudeza.

Sin embargo debo decir que este Director’s Cut llega a pecar de excesos en algunos momentos, y pienso que con unos quince minutos menos ganaría. Sin duda el ritmo es bueno, y su larga duración no se hace pesada, pero lo cierto es que hay pasajes algo faltos de intensidad. Algunas secciones creo que se podrían haber resumido para hacerlas más ligeras y directas (la partida de Balian al comienzo, su adaptación al nuevo hogar, alguna intriga política algo lenta) y desde luego breves escenas aquí y allá que no aportan nada consistente no deberían haberse incluido (como que el sepulturero del pueblo de Balian -el de la oreja cortada- aparezca en plena batalla).

Hay suficiente calidad en El reino de los cielos como para hablar de un filme notable que no sólo aguanta sino que gana con los sucesivos visionados. El problema más grande, agravado además por el daño que ha hecho la versión corta, es esa sensación constante de que nunca llega a dar todo lo que parece querer ofrecer: por su género y estilo, por la clara grandilocuencia que destila la trama y la ejecución (la excelsa puesta en escena), es una película que clama a los cuatro vientos que te ofrecerá una obra maestra tipo Braveheart, Gladiator o Espartaco. Y se queda a bastante distancia de ello. Es una pena que, aunque Scott disponía de los medios necesarios además de su notable habilidad tras las cámaras, al guion de William Monahan le falte algo de calidad y fuerza y sea incapaz de desarrollar todo el potencial latente. El resultado es una producción de aventuras medievales muy vistosa y entretenida, pero apenas hay grandeza en un relato que debería tenerla y a los personajes le falta algo de garra que los ensalce como roles capaces de dejar huella en el espectador. ¿Alguien se emociona o sufre intensamente siguiendo a Balian, Sibylla o cualquier secundario? Aprovechando una escena sacada directamente de Lawrence de Arabia, aquella en que el protagonista, perdido en pleno desierto, se encuentra con uno de sus rivales antes de meterse en todo el jaleo, hilo una comparación entre ambas: la cinta de David Lean sí mostraba un aura de grandeza donde tanto el rol principal como todo secundario que iba apareciendo en la historia dejaban grato recuerdo en el espectador.

Los actores, quitando a un siempre mediocre Orlando Bloom, que no tiene el carisma suficiente para ser protagonista aunque por suerte está mucho mejor que en otros títulos (Troya, Piratas del Caribe), son buenos profesionales, pero salvo Eva Green ninguno resulta muy destacable, quizá porque sus personajes no tienen el trasfondo suficiente como para conseguir algo notable de ellos.

Lo que está claro es que Ridley Scott no desaprovecha la oportunidad que ofrece el género y levanta una producción colosal que resulta deslumbrante en general y sobrecogedora en algunos tramos. La fotografía de John Mathieson capta muy bien lo buscado por Scott: los paisajes europeos son bellos y fríos (los tonos azulados otorgan una insólita belleza a los bosques), los desiertos de Jerusalén son cálidos (el colorido luminoso contrasta mucho con el tramo inicial de la cinta, y remarca muy bien la nueva vida o renacimiento del protagonista), las secuencias de batalla tienen planos amplios espectaculares, etc. La música de Harry Gregson-Williams es excelente y ofrece temas enérgicos y hermosos. El vestuario, las localizaciones, los decorados y los efectos digitales son perfectos y Scott los usa con maestría para erigir esta épica de grandes proporciones.

En el momento cumbre, el asedio, todo explota en un tramo de una fuerza visual increíble. Los ejércitos, las torres de asalto, las catapultas, las piedras golpeando los muros y los magníficos planos desde tierra o desde el aire mostrando toda la envergadura del asalto dejan sin aliento. El detallismo con que se muestran los pasos de la batalla, sin perder en ningún momento el ritmo y objetivo de la narración, son loables (un inconmensurable trabajo desde la escenificación en el rodaje al montaje en postproducción), y la nitidez y espectacularidad con que se muestra todo es extraordinaria. Y todo ello además en un tono realista muy de agradecer: sin abuso de efectos especiales, sin florituras absurdas, mostrado con claridad cada escena, golpe, finta, herida, etc. Comparen este asedio con la horterada llena de ruidos y efectos especiales de El retorno del rey

Sin duda será muy difícil superar lo que aquí se ha logrado. Con un presupuesto bastante ajustado comparado con lo que se ve en pantalla (nada más que 130 millones), Scott levanta una producción de una complejidad y dificultad que no está al alcance de muchos, y consigue además un acabado de una calidad impresionante. Sin embargo hay un título cercano en fechas (2004) digno de comparar: Troya. La obra de Wolfgang Petersen también es una producción de las difíciles y de acabado ejemplar que merece citarse y compararse. Es curioso que tal y como ocurre con El reino de los cielos falle lo justo en su guion (mejorable confección de personajes, falta de trascendencia de la trama) como para que, siendo bastante buena y teniendo un acabado exquisito, tampoco termine de resultar una gran película.

El trabajo de Scott me parece tan admirable que pienso firmemente que no se ha sabido valorar la calidad de esta producción: las labores de dirección, fotografía, música, montaje, vestuario, decorados y efectos especiales no obtuvieron ninguna nominación a premios importantes. ¿Cómo es posible que una película que resulta ejemplar en cuanto a realización pasara tan desapercibida? Es más, me pongo a pensar que la mediocre El retorno del rey arrasó por donde pasó un par de años antes, y la comparo con esta… y no soy capaz de entenderlo, ni de asimilarlo. Es evidente que los Oscar, Globos de Oro y demás carecen de sentido objetivo y se mueven por fama y moda (y El reino de los cielos no causó mucho impacto mediático), pero claro, aun así no puedo evitar citar la injusticia cometida.

El Señor de los Anillos: El retorno del rey


The Return of the King, 2003, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 251 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler, John Noble.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion (personajes, incoherencias, equilibrio narrativo), dirección (tosca, irregular).
Mejores momentos: Sam y Frodo en las faldas del Monte del Destino, tanto en el ascenso como en el descenso.
Peores momentos: Toda aparición de Aragorn. La lluvia de calaveras. Los muertos verdes fluorescentes. La muerte de Denethor. Las almenaras. Legolas y el olifante.
El plano: Frodo y Sam en las faldas del Monte del Destino rodeados de lava.
La frase a destacar: No puedo llevarlo por usted, pero puedo llevarlo a usted junto con él -Sam.
La frase a repudiar: ¡Ese cuenta como uno! -Gimli.

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Más que en Las dos torres resulta evidente que Peter Jackson trabajó casi sin guion, siguiendo el libro sobre la marcha mientras rodaba reescribiendo escenas a diario y cambiando de idea sobre tramas y otros aspectos con la cinta a medio terminar (todo esto se puede ver claramente en los extras, por si alguno no lo nota en la propia trilogía). En una película tan compleja, esto es sencillamente impensable, insostenible, incomprensible. Así pues, la trama carece totalmente de rumbo y consistencia, se apelotonan escenas unas detrás de otras sin coherencia ni equilibrio y se dilata el avance de la narración de forma fatídica, haciendo que el ritmo, a pesar de haber mucha acción y unos cuantos momentos impresionantes, sea tan tosco que el abultadísimo metraje se hace eterno e insoportable. Y todo lo que iba venía mal en cuanto a la adaptación aquí explota por todos lados. Los personajes irreconocibles y la atmósfera de la novela no se halla por ningún lado o está completamente deformada, sólo toman de ella los nombres de protagonistas y lugares.

Empezamos con un prólogo dedicado a Gollum que, como es habitual, resulta excesivo, por largo, por simple y por explícito. Como si no hubiera formas más hábiles y breves de mostrar esa historia sobre el personaje, y como si sirviera de mucho, puesto que no añade ningún matiz notable a una personalidad que no pasa de representar al loco gracioso en vez del ser miserable y lastimero de las novelas. Además, como se ve que Gollum gustó a la gente, aquí se alargó su presencia y se infló aún más su cansina doble personalidad, con escenas larguísimas para lo poco que dicen construidas con recursos paupérrimos: la cámara moviéndose a cada lado de la cara, como si fuéramos tontos y no supiéramos cuál es cada personalidad, la escenita en que mata un bicho sin querer…

A continuación nos vamos a uno de los despropósitos más notables y criticados (incluso por el propio Christopher Lee, y no sin razón): la muerte de Saruman es de risa. Que el villano principal de media saga se elimine con tan poco tacto es imperdonable. Y por si fuera poco en la versión de cines ni siquiera se incluía su última escena, dejando ahí un agujero de guion enorme (y no es el primero, recordemos el caballo de Aragorn). Le siguen otras secuencias tan mal escritas que resultan moralla sin sentido ni garra y funcionan de manera muy pobre como transición de la parte de Rohan a la de Gondor. La fiesta con un Legolas de nuevo convertido en superhéroe (¡con el poder de no emborracharse!) y capaz de sentir a Sauron (¡ni Gandalf lo hace!), la visión de Pippin en la Palantir como justificación-apaño para hacer avanzar la trama, y los diálogos en los que intentan convencer a Theoden para que haga algo (otra película más donde sigue siendo gilipollas perdido) dan vergüenza ajena.

No menos horrenda es la persistente manía de meter a Arwen y más Arwen en un relato ya de por sí demasiado largo. Por fin van a incluir la espada de Aragorn en la historia, es decir, por fin parece que le van a endosar a este paria su destino, pero se hace de forma que parece otro apaño de último momento (y van…). Y para rematar el despropósito, de nuevo tenemos elfos paseando por media Tierra Media: ¿qué pinta Elrond yendo hasta Rohan, por qué no ha ido antes, por qué abandona a su gente en esos momentos (si es que vive alguien con él, que no lo parecía), y por qué luego vuelve a desaparecer?

Pero no se queda ahí la cosa con el tema de Aragorn y familia. Más adelante resulta que el destino de Arwen está ligado al del Anillo. ¿Esto qué es? ¿De dónde cojones sale? Enorme y sorprendente giro de acontecimientos (nótese la ironía) para seguir haciendo malabarismos para mantener el dichoso personaje en la película. Es impresionante la cantidad de recursos y la capacidad para ser fieles hacia las novelas y coherentes en la propia película la que muestran los guionistas (nótese de nuevo la ironía, por si no era evidente). Y por supuesto, todo esto se orquesta con escenas que duermen a cualquiera y con Liv Tyler torturándonos con una interpretación esperpéntica. Pero sí, parece que por fin Aragorn acepta quién es y su destino, y se va a buscar unos fantasmitas que se esconden tras cataratas de calaveras. Esta última es probablemente la escena más estulta de toda la saga, y las hay bien penosas, y además uno se pregunta por qué con todo lo que había para contar no eliminan este pasaje tan fácilmente sacrificable, más aún cuando su resolución es espantosa, pues la marabunta de muertos que salva Minas Tirith es un recurso torpe y feo (tanto en lo argumental –anticlimático total- como en lo visual –indescriptiblemente cutre-) que además genera otro error de guion inmenso: ¿por qué los liberan?, ¡podían haber acabado con todos los ejércitos de Mordor en unos minutos!

La presentación de Minas Tirith se realiza con acertado esmero. El lugar se muestra en una secuencia larga con buen uso de efectos especiales y una pletórica banda sonora. Sin embargo, debo decir que es el elemento del diseño artístico más desacertado, pues no refleja en absoluto las descripciones de las novelas. En el universo de Tolkien es una gran ciudad amurallada en siete niveles, una muestra del apogeo de la civilización de los hombres, llena de mansiones y belleza y con una población importante en sus buenos tiempos. Lo que se muestra en la película es un castillo o fortaleza, grande para ese tipo de construcciones pero ni por asomo una ciudad, pues posee cuatro casas estrechas y nada de grandeza. Y mantiene los siete niveles por cumplir, porque los tres últimos es como si no existieran, ocultos en una verticalidad imposible y antiestética.

La aparición de Denethor funciona también, pero porque el actor John Noble borda el papel de tal manera que una sola mirada acojona. Por unos instantes se ve al Denethor de Tolkien, una figura imponente capaz de hacer frente a alguien tan poderoso como Gandalf. Pero es un espejismo, porque pronto se ve que el personaje se ha caricaturizado como tantos otros. Y su relación con Faramir se afila y amplía en exceso. Faramir, quien tras chupar metraje en cantidad en Las dos torres aquí no aporta casi nada, sólo esa misión suicida que mete más metraje innecesario. Luego se olvidan de él, y aparece al final de refilón con Eowyn, y quien no se haya leído los libros no entenderá qué pasa ahí. Con lo hermosas que eran las escenas en que se enamoran… y se podían haber metido perfectamente en vez de esos paseos innecesarios a Osgiliath y ese Pippin cantando bobadas.

Una de las mejores partes de la cinta, aunque por desgracia breve, es la llegada de Frodo y Sam a Mordor. El paso por Minas Morgul es espectacular, con la inquietante salida del ejército y el líder de los Jinetes Negros (el Rey Brujo, con un feo yelmo que no le hace justicia). La aparición de Ella-Laraña no es menos impresionante, otro instante donde se lucen con los efectos especiales y la música, aunque se queda como un capítulo interesante suelto entre dos fallos garrafales. El primero es la partida de Sam, que abandona a Frodo en el momento de mayor necesidad. Se cargan de un plumazo al fiel personaje, destrozan sin miramientos todo lo que han construido con él, y todo para crear un penoso momento de expectación o tensión; como si la araña fuera a ser menos interesante si entran los dos hobbits juntos. También es ridícula la escena de Galadriel “levantando” a Frodo, otro flipante recurso del genial Jackson. Pero más gordo es el segundo aspecto problemático que quería citar: estamos todavía en media película y estos dos hobbits apenas han avanzado. Según dicen los guionistas, dejaron Ella-Laraña para la tercera parte porque en la segunda no les cabía y al parecer aquí no tenían material suficiente para la trama de Frodo. Pero se ve rápido que es falso, que la quitaron forzosamente porque allí les sobraba después de perder el tiempo con los paseos con Faramir y ahora aquí tampoco pueden encajarla muy bien, pues para forzar su inclusión se ven también forzados a quitar metraje de otra parte. Y esa parte es ni más ni menos lo mejor de toda la novela: casi todo el trayecto a través de Mordor desaparece, y sólo se ven escenas fugaces en la versión extendida. Cuando se unen al pelotón de orcos en el libro se te cae el alma al suelo, aquí casi ni te enteras, resultando así el enésimo despropósito propiciado por la falta de planificación y de guion.

Y hablando de media película, todavía no ha partido Theoden. Otra vez se hace evidente lo que le cuesta a Jackson hacer avanzar los personajes y las tramas. Cuánto metraje abultado o directamente innecesario nos hemos comido hasta que parece que por fin va a pasar algo. Aunque no se sabe por qué ahora sí decide ir, pues simplemente lo hace. Como todos los personajes: no quieren pero lo hacen. Toma evolución y conflicto interno de calidad. En fin, que para se mueva de una vez tenemos que tragarnos la escena de las almenaras, esas que llegan hasta el corazón de Rohan y se ven desde los aposentos del Rey (tras recorrer medio continente): ¡tienen espías oteando desde una montaña al lado de la corte y les da igual! Al menos la música es de gran belleza. Y bueno, lo de partir no es definitivo: aún hay un montón de escenas que dicen más bien poco, como reuniones de ejércitos que se podrían haber resumido o el intento de dar interés y misterio a la partida de Aragorn por los senderos de los muertos.

En Minas Tirith estamos ya en pleno asedio. Como ocurrió en el asalto a Helm, hay algunos buenos momentos logrados gracias al equipo técnico (música, vestuario, efectos especiales, sonido…), pero en general el potencial de la situación está notablemente desaprovechado cuando no destrozado por completo por el inútil del director. Así, el asedio y la batalla son un conglomerado inestable de quieros y no puedo. La tensión y espectacularidad latentes se echan a perder por el nulo comedimiento del director a la hora de abordar la batalla y su incapacidad para planificar el desarrollo de las secuencias. Las catapultas increíbles (lanzan trozos imposiblemente grandes de castillos o casas), la Minas Tirith que se cae a cachos cual castillo de naipes (¿esta es la gran ciudad de los hombres que resiste durante siglos?) y la exagerada y ridícula aparición de los olifantes se contraponen torpemente a la efectiva tensión creada en el previo al combate, la asombrosa aparición del ariete acompañado de unos coros impresionantes (los efectos sonoros dejan sin aliento) y el acoso de los Nazgul con el inmejorable acompañamiento de la ostentosa y gloriosa música de Howard Shore.

Las tramas que se desarrollan durante la batalla son todas el desastre en su máximo esplendor, la catástrofe definitiva. El caos de secuencias es abrumador. Sí, por ritmo alocado y ruido constante hay algo de acción y espectáculo, pero es una mezcla de morralla incoherente cuando no totalmente hueca. La llegada de Theoden con un innecesario discurso (vaya forma de destrozar por completo la ventaja del factor sorpresa) y unos efectos especiales que dejan bastante que desear (esa es otra: los efectos han bajado de nivel de forma alucinante, por el abuso de los mismos y las prisas por acabar a tiempo), la aparición de Aragorn con los muertos fluorescentes, las frases infantiles de Gimli y las salidas de tono con súper Legolas (lo del olifante va al olimpo de fantasmadas que no vienen a cuento ni encajan lo más mínimo en la película: ¿por qué Legolas tiene esos superpoderes?)… Tenemos también la absurda conversación de Gandalf con Pippin sobre las Tierra Imperecederas, un interludio que rompe toda la tensión y que no se entiende: ¿por qué le habla de algo que nunca va a ver, por qué meten algo que ningún no lector puede entender? No menos incongruente y molesta es la escena de Gandalf con el Rey Brujo (otro de los grandes momentos de la novela tirado a la basura), que resulta estúpida de narices: si Aragorn venció a varios Nazgul sin muchos problemas en La Comunidad del Anillo, ¿cómo es que Gandalf se acobarda y pierde ante uno? También dolorosamente desaprovechada está la confrontación entre Eowyn y el mismo Rey Brujo. Mi momento favorito de la novela, donde resulta sobrecogedor, aquí se resulta un enfrentamiento torpe, intrascendente y que encima se corta negligentemente en su mitad porque sí para luego retomarlo cuando ha perdido la poca fuerza que tenía. Y no menos triste es que se olviden de la caída de Eowyn y su posterior curación con el mencionado enamoramiento con Faramir; en la versión extendida apañan cuatro planos para tratar de incluirlo, pero queda fatal. Y finalmente, para seguir jodiendo personajes se termina de destrozar el carácter de Denethor, con su muerte propia del cine cutre, que resulta peor que la de Saruman, de un nivel que no soy capaz de describir: el tío recorre quinientos metros envuelto en llamas, y el plano que sigue su caída y enlaza con la batalla debe ser producto de alguna droga, porque no puedo creer que semejante parida se realice estando sobrio.

Como maravillas posteriores a la batalla disfrutamos con el golpe de estado de Gandalf con el que toma Gondor a su antojo para ceder el poder a Aragorn. Sorprendentemente el pueblo no se queja, pero qué más da, aquí no se explica nada. Y la escena en que Aragorn vacila a Sauron por la Palantir da risa. Se rematan estos involuntarios momentos cómicos cuando Gandalf de repente se da cuenta de que enviar a Frodo a Mordor es un suicidio… ¿Ahora saltan con esas? ¡Pero si era el plan!

Todo lo que acontece en adelante parece más forzado que nunca, puesto ahí por obligación porque sale en el libro, sin que supieran entenderlo y manejarlo debidamente. El desenlace de las tramas principales resulta anticlimático comparado con la batalla central. Falta la creación del ambiente adecuado de tensión y desesperación en la escena ante la Puerta Negra, y el abuso de flojos efectos digitales empeora la situación, porque acaba siendo todo demasiado irreal y exagerado. Se acumulan tantas barbaridades sin sentido que merecen ser analizadas una a una:
-Los planos de unos pocos hombres rodeados por millones de enemigos ante Mordor son espantosos, y se remata con el ridículo terremoto selectivo que sólo se carga a los malos.
-Aragorn matando porque sí a un emisario, Boca de Sauron: ¿este es el rey de los hombres, este mercenario sin escrúpulos ni honor? Menudo insulto hacia el libro.
-El trol que ataca a Aragorn a cámara lenta resulta una escena inconexa, desubicada, porque en realidad era Sauron y no un trol quien aparecía a pegarse guantazos. Jackson se rajó por la presión de los fans, no porque careciera de sentido en la película (¿no se suponía que en la visión del neozelandés Sauron era un ojo?) y fuera una cagada enorme como adaptación.
-El infame Sauron-faro es una estupidez antológica que no hay manera de describir. Ese Sauron que se suponía que no tenía forma pero sí tiene forma de ojo (que me expliquen la lógica de esto), como un cartel luminoso y hortera encima de una torre. Otra vez no entendieron nada de lo que leyeron: Sauron tiene forma humanoide, claro que la tiene, y está en su torre dirigiendo sus ejércitos. Para rematar la jugada tenemos a Frodo atrapado por la luz (un haz de tracción digno de Star Trek) y luego soltado porque sí cuando aparece la tropa de Aragorn en la puerta. ¿Es que Sauron es monotarea? ¿Y hemos de suponer que no ha detectado amenaza en Frodo? ¿Y el hobbit es tan memo como para pasearse por delante de un ojo gigante?
-El diseño de estos dos seres (Sauron y Boca de Sauron) resulta otra gran muestra de que Jackson no comprendió nada de las novelas y se tomaba cada frase de forma literal: si el poder de Sauron lo representaba Tolkien como un ojo que todo lo ve cuando ataca las mentes de sus víctimas (en especial a quienes llevan algún anillo de poder), pues lo convertimos literalmente en un ojo (con todas las incongruencias citadas que eso genera); que a uno lo llaman Boca de Sauron porque es el emisario, pues lo hacemos de forma que se le vea sólo la boca. Ridículo, ridículo.

Pero en estos momentos también tenemos las escasas escenas salvables de la película: Frodo y Sam en el Monte del Destino. El ascenso (Puedo cargar con usted), la lucha en el interior (¡qué música!), la aceptación de la llegada del final cuando la lava los rodea es un oasis de belleza y emoción entre un sin fin de meteduras de pata. Si el resto de la película hubiera mantenido ese nivel de sensibilidad, intensidad narrativa y fidelidad…

Con la habitual incapacidad de Jackson para resumir, para mostrar cosas con una o pocas escenas, los epílogos y despedidas se alargan hasta el infinito. Se empalman de mala manera, de forma que parece haber muchos finales, y todos son tan lentos y forzadamente sensibleros que este tramo se eterniza. Algunas secuencias no aportan absolutamente nada, como ese Sam al que casan sin venir a cuento, claramente para esquivar los comentarios de que Frodo y Sam serían homosexuales (típicas tonterías infantiles a las que no hay que hacer ni caso, pero ya se sabe que Jackson se empeñó en tratar de contentar a todas las voces). Y en qué cabeza cabe eliminar el saneamiento de la Comarca, una de las mejores partes de la novela y un final sublime, pero dejar la parte de los Puertos Grises, que resulta confusa e innecesaria sin un contexto adecuado. Vamos, que eso sí sobraba en la adaptación. ¿Por qué se van? ¿Adónde? ¿Al cielo o paraíso o de vacaciones? ¿Para qué salvan la Tierra Media y se largan? Todo tan mal explicado, puesto ahí porque sí, que por enésima vez me pregunto si Jackson se enteró de algo de lo que leyó en la novela y cómo puede ser tan mediocre guionista y realizador. Es más, me pregunto qué cara se les quedaría a los no lectores al ver un epílogo tan incomprensible.

Decía que la labor de dirección en La Comunidad del Anillo no pasaba de normalita, pero al igual que ocurre con el guion, cuando la historia ganó en complejidad en las dos siguientes entregas se hizo patente la poca experiencia de Peter Jackson. Su dirección es plana, escasa en recursos (repite clichés y tics insoportables, como los primeros planos a cámara lenta o las falsas muertes -no sabe sacar drama de escenas sencillas si no es con sensacionalismo barato-) y poco hábil a la hora de unir distintos tipos de narración (conversaciones tranquilas y drama, acción y efectos especiales). Pasa de excesivos primeros planos a excesivos planos aéreos (¿cuántas veces hemos visto Isengard desde el aire?) sin una conexión eficaz, con lo que la película no muestra un aspecto visual constante, equilibrado, y parece hecha a trozos: ahora es un telefilme, ahora un videojuego, ahora sí consigue una correcta escena con actores y efx, pero en la siguiente parece todo apañado de mala manera. En las batallas grandes se nota mucho más, puesto que a su ineficacia se le suma la falta de planificación, siendo en su mayor parte secuencias digitales puestas sin mucho orden. Tan caótico resulta todo que en El retorno del rey hay un plano de orcos luchando repetido, uno que aparece en la batalla de Osgiliath y luego de nuevo en la de Minas Tirith. La propia interacción con los efectos digitales es endeble, abusándose de ellos en demasiadas ocasiones, muchas de ellas con resultados bastante mediocres: se notan las pantallas de fondo, quedan bastante mal los ejércitos de muñequitos enanos y se nota mucho la presencia de los dobles digitales; y las transiciones entre lo digital y lo real tampoco funcionan, por ejemplo, cuando Ella Laraña lanza a Sam por los aires queda fatal por el penoso el corte que hay para disimular. En resumen, comparar el trabajo de Jackson con cintas de aventuras de auténtica calidad como Indiana Jones (Steven Spielberg, 1981), El guerrero nº 13 (John McTiernan, 1999) o El hombre que pudo reinar (John Huston, 1975), es inducir a la carcajada.

El retorno del rey es el desastre, la debacle final, de un proyecto que le vino grande a sus autores, tanto Peter Jackson, como sus colaboradoras, Fran Walsh y Philippa Boyens. Es un producto comercial digno de nuestros tiempos, una hipertrofiada y confusa amalgama de efectos especiales y ruido que ahonda poco en los personajes y no sabe llevar una trama de forma coherente, es decir, que ofrece muchos fuegos artificiales en el aspecto visual y sonoro pero posee carencias enormes en el narrativo. Este tercer y último episodio es un bodrio infumable, lleno de agujeros e insultante hacia la sublime novela que dice adaptar. Han pasado la tira de años y sigo siendo incapaz de entender que haya una sola persona que diga que es una buena película, o peor aún, que de alguna forma sea capaz de tratar de defender que sea una supuesta obra maestra. Y no hablemos de defender su supuesta fidelidad, que es sencillamente imposible sin mentir con descaro.

Pero no es menos alucinante que la crítica también se volcara en ella después de despreciar la fantasía durante décadas. Y el colmo fue la entrega de los Oscar. Es de sobras sabido que no son premios a la calidad, sino adulaciones que se otorgan entre los propios artistas del gremio, influenciados notablemente por los medios, la taquilla y las modas (vean mi extenso y artículo poniéndolos a parir), pero aun así cabe preguntarse cómo un esperpento de acción ruidoso y vacío como El retorno del rey pudo arrasar de tal manera. Hemos visto robos descarados (Titanic frente a L.A. Confidential, por ejemplo), pero que joyas como Mystic River o Master and Commander (¡esto sí es una cinta de aventuras de calidad!) se fueran de vacío frente a esta memez no hay manera de entenderlo ni de perdonarlo. Se puede pensar que quisieron agradecer el esfuerzo titánico de llevar a cabo la trilogía, de compensar los premios que merecía en anteriores entregas pero no les dieron (técnicos todos, salvo alguno más importante como el de actor a Ian McKellen, o incluso el de película a La Comunidad del Anillo si nos ponemos, que no tenía competencia alguna), pero aun así es excesivo.

Como fanático de la obra de Tolkien y como friki pasé años en foros de internet siguiendo la creación de las películas y comentándolas, pero a pesar de ese tiempo de diversión me apena y duele que una obra que empezó tan bien perdiera tantísima intensidad y calidad. Es más triste aún viendo que se rodó todo de golpe, pero no me sorprende, ya lo he descrito claramente en las críticas: no se puede abordar un proyecto de semejante calibre sin tener las ideas claras, sin contar con un guion bien cerrado y sin la experiencia y cualidades mínimas como director. Pero lo que verdaderamente me duele, la espina que no me puedo quitar, es ver que esta trilogía sea considerada la adaptación definitiva y pensar que probablemente nadie más se atreva a hacerlo de nuevo y bien. Sólo queda soñar… Y leer de nuevo la novela.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo (2001)
Las dos torres (2002)
-> El retorno del rey (2003)
EL HOBBIT
Un viaje inesperado (2012)
La desolación de Smaug (2013)
La batalla de los cinco ejércitos (2014)