El Criticón

Opinión de cine y música

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Hasta el último hombre


Hacksaw Ridge, 2016, EE.UU.
Género: Drama, bélico.
Duración: 139 min.
Dirección: Mel Gibson
Guion: Robert Schenkkan, Andrew Knight.
Actores: Andrew Garfield, Sam Worthington, Hugo Weaving, Vince Vaughn, Teresa Palmer.
Música: Rupert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La parte bélica es impresionante. Buenos actores secundarios.
Lo peor: Es un panfleto yanki descarado. Resulta simple, manipuladora y predecible.

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Soy de los que prefieren separar la obra de un artista de su vida privada. Más que nada, porque te puedes llevar muchas malas sorpresas al descubrir cómo piensan algunos a pesar de que sus trabajos te hayan gustado mucho. Si su labor tiene un sesgo muy marcado, pues paso de ella y ya está. No voy a irme al lado opuesto y montar campañas para prohibirlas como hacen algunos, porque es lo mismo, fanatismo. Pero a veces es difícil hacer la vista gorda, porque alguna de sus mamarrachadas puede ser tan grave que provoque gran rechazo, o peor, directamente afecte a la vida de mucha gente. Mel Gibson de hecho la lio tanto que prácticamente acabó vetado en Hollywood. Es un ultraconservador, homófobo y antisemita de cuidado, y tuvo algunas salidas de tono muy gordas paralelas a una recaída en su alcoholismo, más una condena por conducir borracho (sin cárcel pero con libertad condicional muy vigilada), con lo que su carrera, muy pública y dependiente del apoyo del gremio, quedó truncada.

Tras aparecer como actor en algunos títulos menores y olvidados parece que consiguió la confianza suficiente para tener financiación y distribución de su próxima cinta como director. Y en este retorno ha tenido claro su objetivo: un título de los que gustan en Hollywood, que dé premios (tres nominaciones gordas a los Globos de Oro por lo pronto), y de paso que ensalce también su ideología, pues a pesar del desprestigio que le dio el berrinche también sabe que mucho de lo que defiende está en la onda del pensamiento general de Estados Unidos.

Así, Hasta el último hombre es el clásico relato del hombre contra el sistema, la fe que todo lo puede, y la loa patriótica, donde se habla de lo dura que es la guerra… pero para ensalzar al país como salvador del mundo, el único que tiene entereza moral y héroes dispuestos a sacrificarlo todo por los demás. Y como tal, es un filme de mirada estrecha y tendencia manipuladora, y por extensión no hay ni un solo momento en que no sea harto predecible. Cada personaje cumple un rol: el protagonista capaz e inquebrantable pero que es tomado por tonto por todos por ser diferente, la chica dócil y guapísima que acepta a ese hazmerreír, el sargento malvado y el matón que luego verán el valor del héroe, la pandilla definida con cuatro estereotipos… Tenemos la familia difícil, el romance fácil (en dos frases la conquista) tan pasteloso y forzado como el de Pearl Harbour, las escenas de rigor de rechazo en el ejército, la obvia lucha incansable que pone a prueba el sistema, el momento decisivo, y los perdones y adulaciones esperables.

Lo triste es que está basada en hechos reales, pero no hacen ni un amago de ofrecer un relato menos idealizado y maniqueo, un ensayo que abordara de forma más realista la situación de la época, la formación de personalidades según los entornos, el nacimiento de sentimientos religiosos y el fanatismo, las distintas posturas sobre la guerra, etc. Para la película las cosas son como son y punto, no hay un trasfondo complejo, y obviamente no hay análisis ni crítica.

Se hace una mitificación del héroe demasiado idílica. Incluso a pesar del tiempo que ocupa, el personaje carece de aristas, de evolución, de escenas que describan cómo llegó a ser quién es. La única visión a su pasado es para ensalzar sus virtudes: el padre era malo malísimo pero él supo sobreponerse. La chica y la boda no pintan nada en el relato, bastaba cumplir con algún flashback a modo de resumen si querían mencionar que estaba casado, porque al personaje y su historia no le aportan nada. Los incluye porque hay que cumplir con el estereotipo: el héroe patriota ha de ser completo, o sea, también padre de familia; por lo menos no cuelan niñitos monos. Es demasiado obvio el contraste entre la vida en el pueblo y la guerra: el ambiente en casa es agradable, luminoso, sacado directamente de un cuento (salvo por el padre borracho), la guerra es oscura, caótica, terrorífica, y con la muerte acechando en todo momento. Por supuesto, los japoneses son un ente indefinido, un mal a extirpar, mientras que el ejército yanqui está lleno de grandes líderes que ponen en forma a los jóvenes inmaduros pero prometedores, y una vez en guerra estos mueren como héroes o salen airosos por su superioridad ética y religiosa, en esa combinación ultraconservadora que casi parece decir “ganamos porque nuestro dios es el real”.

Y vamos a decirlo claramente: si hacemos caso a lo que nos han mostrado aquí, el protagonista era un fanático con un trastorno de la adolescencia (odia las armas por una pelea con su padre), y si acabó siendo un héroe fue por una conjunción de acontecimientos muy improbables. No quiero matar, pero me apunto a una guerra donde mis compañeros matan a decenas de personas y me voy a la batalla sin armas, poniendo en peligro a todo el pelotón al ser un lastre inútil. Si quería contribuir al país, pero no en el lado bélico, podía haber trabajado en fábricas que ayudaran en la crisis que dejó la guerra en casa: industria textil, alimenticia, automovilística… o, por hilar con la enfermería, el cuidado de los soldados que vuelven heridos. Ciertamente acaba metido a enfermero, pero ni siquiera nos muestran que estudie algo de enfermería en el entrenamiento. Es decir, con lo visto aquí me resulta un personaje tan irreal (sin profundidad ni motivaciones, casi una máquina) que no me lo creo. Hacía falta un relato más inteligente, profundo y sobre todo objetivo, es decir, con los pies en la tierra, para dar forma a una historia tan atípica e inesperada. Pero está claro que han cogido “el milagro” para vender ciertos ideales, y lo demás no importa.

La cinta se salva porque los autores ponen mucha pasión en lo que están contando y además Mel Gibson es un narrador de primer nivel y parece que su exilio no le ha afectado. El esfuerzo se agradece mucho en el mimo al detalle. Los diálogos son sorprendentemente ingeniosos para un guion tan superficial y previsible, y se nota mucho la mano de Gibson en la dirección de actores y el manejo de emociones a transmitir al público, con lo que logran dotar de algo de entidad a unos personajes en el fondo sin historia ni rumbo, o sea, puestos al servicio de la narración, y sacan algo de partido, aunque sea poco, hasta de las escenas más ñoñas. Así, la vida en el pueblo es demasiado de color de rosa, pero el protagonista cae bien sin muchos problemas y se sobrelleva mejor. El sargento está sacado con todo descaro de La chaqueta metálica, pero tiene pegada, y el pelotón está definido a base de clichés y anécdotas irrelevantes y superficiales, pero pasa el corte. En los actores destacan los excelentes papeles de Hugo Weaving (en un rol demasiado limitado consigue resultar verosímil) y Vince Vaughn (fantástico como el sargento cabrón), más el entusiasmo de Andrew Garfield, aunque anda todavía falto de experiencia y carisma.

Pero más que nada destaca la pericia del director con la acción, que se explaya a gusto cuando la guerra hace acto de presencia. Apoyado en unos efectos de sonido y un montaje extraordinarios Gibson hace gala de un dominio narrativo de quitarse el sombrero. La batalla es una auténtica pesadilla, te ves envuelto una carnicería que resulta un espectáculo muy gratificante para los amantes del género, pero también un drama capaz de ponerte los pelos de punta. Lo único malo del acabado es la banda sonora de Rupert Gregson-Williams, pues básicamente coge composiciones previas y las pega aquí y allá una y otra vez sin mucho tacto, con lo que no hay una buena simbiosis entre música e imágenes y termina siendo molesta.

En resumen, tengo sensaciones encontradas. Por un lado, es un entretenimiento simpático en su tramo inicial, y se torna impresionante y acongojante cuando se pone serio. Por el otro, le pesa demasiado la sensación de que están metiéndote a la fuerza un mensaje y unos sentimientos concretos. Esto último no parece pesar en las críticas y el público, todo sea dicho; no hay más que ver cómo muchos se han creído que es una obra sobre el pacifismo, cuando es precisamente lo contrario: qué grande es nuestro país que hasta un pacifista puede ser un héroe militar que ayuda a la cruzada para salvar el mundo e imponer nuestro fantástico modelo de vida. Mel Gibson la ha colado pero bien.

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Mad Max 2, el guerrero de la carretera


Mad Max 2, 1981, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 95 min.
Dirección: George Miller.
Guion: George Miller, Brian Hannant, Terry Hayes.
Actores: Mel Gibson, Bruce Spence, Michael Preston, Max Phipps, Vernon Wells, Virginia Hey, Kjell Nilsson.
Música: Brian May.

Valoración:
Lo mejor: Entretenimiento asegurado. Universo imaginario bastante interesante. Personajes simples pero efectivos.
Lo peor: La trama y sus habitantes son arquetipos, poco margen hay para sorprender.

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Como ocurre algunas veces, una película adquiere un estatus de culto no por su calidad, sino por su cualidad de extrañeza u originalidad. Mad Max es un bodrio de cuidado al que los años le pasan factura (el ritmo es lentísimo, la trama no sabe ir al grano), pero el ambiente sucio y violento en plan distopía con tintes del Salvaje Oeste y la caída al infierno del protagonista impactaron bastante en su momento, pues naciendo como producción barata en la recóndita Australia llegó a amasar cien millones en el mundo entero. La segunda parte asentó el culto ofreciendo una cinta mucho más amena y vistosa donde el creador de la serie George Miller reforzaba muy bien sus elementos definitorios, si bien tampoco me parece que llegue a ser una gran obra. El tercer capítulo fue un paso atrás en carisma y calidad, y se ganó el odio del público. A la hora de publicar esto es inminente el estreno de una nueva versión que promete bastante.

Es descarado que el guion tira de lo más básico y conocido. El héroe silencioso afligido por tragedias del pasado que pretende ir de solitario pero tarde o temprano recobrará su humanidad, la chica luchadora, fría y distante porque no puede perder el tiempo en romances (aunque aquí tiene un papel muy secundario), el líder que intenta sacar al pueblo adelante, el viejo sabio, el amigo simpático, el niñito majete (en sentido de simpatía también, porque parece Ron Perlman en miniatura), el villano monocromático que es malo porque sí y su panda de zumbados…

Se puede comparar punto con punto con decenas de producciones previas (sobre todo del Oeste) y posteriores (Waterworld hizo lo mismito cambiando sólo el entorno), y como tal no va a sorprender. Por mucho que ofrezca un escenario imaginario propio todo se expone y desarrolla de la forma más clásica y vista posible. Y aun así logra una combinación de elementos que engancha.

El universo es sencillo pero aporta las dosis justa de aventura, intriga y pesimismo sobre el futuro de la humanidad. Los villanos, histriónicos hasta parecer sacados de un cómic, resultan repelentes, divertidos, inquietantes… todo a la vez. Y está claro que los arquetipos de héroes y villanos funcionan, sea porque apelan a instintos básicos de la humanidad o porque con un poco de carisma vale para lograr protagonistas atractivos. Así, incluso sabiendo todo lo que va a pasar (es que no hay un solo giro que no se vea venir), es fácil interesante por la odisea del pueblo hostigado por esos dementes y por ver cómo actúa el sombrío pero intrigante Max.

La dirección de Miller funciona, pero sin deslumbrar. Los paisajes desérticos están bien aprovechados, introduciendo en ellos esta cultura de supervivencia sobre la chatarra dejada por el viejo mundo: los vehículos y el vestuario son bastante buenos. Fallos no hay muchos, pero se puede señalar alguna cámara acelerada malograda y la sensación de que al final atacan de uno en uno para alargar el clímax. Pero hay que decir que no tiene que ser fácil basar media película sobre vehículos en movimiento, y en general cumple bien en su aspecto más importante: las persecuciones, peleas y accidentes son bastante espectaculares. Crucial era también la música, pues el relato es de pocos diálogos. Repite Brian May mejorando lo escuchado en el primer capítulo pero quedándose igualmente algo corto; hubiera estado bien una partitura de primer nivel que diera más personalidad y fuerza al filme.

Sin duda es una buena cinta de acción, entretiene de sobras y no envejece mal más allá de no sorprender en el argumento, pero no le veo tanto valor como para que merezca tanta adoración.