El Criticón

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El mundo perdido: Parque Jurásico


The Lost World: Jurassic Park, 1997, EE.UU.
Género: Acción, aventuras.
Duración: 129 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (novela).
Actores: Jeff Goldblum, Julianne Moore, Pete Postlethwaite, Vince Vaughn, Vanessa Lee Chester, Peter Stormare, Richard Schiff.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que ya es algo.
Lo peor: Le falta todo lo que hizo buena a la primera entrega: originalidad, tensión, asombro, personajes con los que conectar.
El idioma: En el doblaje para España, el castellano que hablan con los costarricenses se convierte en algún lenguaje que no consigo identificar (no parece portugués, lo habitual en estos casos).
La curiosidad: En la novela Chrichton tuvo que resucitar a Malcolm porque en la primera moría. “Los médicos lo salvaron”, vino a ser la excusa.
Mejores momentos: La cacería motorizada. El tiranosaurio causando estragos en la ciudad.

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El éxito de Parque Jurásico fue abrumador, por lo que la secuela era bastante inevitable. Tanto los fans como los productores prácticamente le exigieron a Michael Crichton la segunda novela, estos últimos supongo que pensando en ir sobre seguro partiendo de nuevo de una novela con el renombre del autor. En ese sentido cabía esperar que tomando Steven Spielberg las riendas del proyecto no podía salir algo malo, pero lo cierto es que El mundo perdido decepcionó bastante. Viendo el acabado da la impresión de que la rodó como obligado, quizá para que no fuera otro quien le pusiera las zarpas encima y ensuciara su legado, pues las imágenes manifiestan una gran falta de inspiración y pasión, hasta el punto de no parece una película suya. Tanto en el guion, encargado de nuevo a David Koepp, como en la dirección se observan serias carencias, la mayor parte fruto de un fallo clásico: basar las continuaciones en la máxima “más y más grande”. En ese proceso se pierde el elemento que hizo que la primera parte calara tan hondo (y la inspiración obvia de esta segunda, El mundo perdido -1912- de Arthur Conan Doyle, también): el factor sorpresa, el asombro que despertó un relato muy original donde exprimían la intriga muy bien y mejor aún aprovechaban el espectáculo que ponía en bandeja tan buena recreación de los dinosaurios.

La trama se queda en un simple ir andando mientras llegan ataques puntuales, esto es, la típica premisa de “gente muriendo en fila” sin más calado, los diálogos son ramplones, con un humor fallido (se paran en medio del caos a soltar chascarrillos), los personajes principales son anodinos y los secundarios lamentables en su mayoría y con muertes y situaciones cada cual más vergonzosa. En lo visual no termina de desplegar el espectáculo que se espera, o sea, al nivel del episodio anterior. Aferrándose al “más y más grande” encontramos infinidad de dinosaurios nuevos, pero parecen hechos con prisas, los animatronics apenas se mueven, lo digital se nota bastante en algunos planos, y la pantallas de fondo y los matte paintings cantan un montón (la jaula colgante y el precipicio donde cae la caravana). Es decir, inesperadamente no tenemos una mejora sino una pérdida de calidad en el acabado. Y lo más grave, la desgana de Spielberg se disimula un poco en las partes más intensas, pero aun así no encontramos el despliegue de recursos que ofreció en Parque Jurásico. La inspiración que nos regaló infinidad de planos geniales, la construcción metódica de la atmósfera y la ejecución pasmosa de las escenas de acción se cambian por falta de nervio y de imaginación.

El retorno a la isla se hace esperar, con varias escenas anidadas de cháchara y reencuentros con viejos personajes que no despiertan interés alguno. De hecho, pueden provocar frustración: los simpáticos chavales del primer capítulo aparecen para luego no ser protagonistas, sino que los sustituye una niña repelente, y Hammond tiene una escena tan monótona que no deja huella. La información dada en esta introducción es muy sencilla (hay otra isla, vamos a ir a estudiar a los dinosaurios antes de que los cacen gobiernos o mercenarios) pero se reincide en ella minutos y más minutos sin crear la atmósfera adecuada de intriga y despertar en el espectador el deseo de vivir otra peligrosa aventura. Malcolm (Jeff Goldblum), protagonista principal ahora, repite varias veces no querer ir, pero sabemos que irá, así que es perder el tiempo aún más. Spielberg rueda con una pasividad asombrosa estos prólogos, con unos planos estáticos que confieren un ritmo aletargado. Las excusas para tener otra isla con más dinos parecen muy cogidas por los pelos: nunca se mencionó que nacieran y los criaran en otra parte, de hecho, vimos los huevos y un nacimiento en Nublar como si fuera habitual; y la dependencia de lisina se la quitan de encima con todo descaro. Y finalmente, cuesta creer que ningún gobierno realice acciones tan obvias como un bloqueo a la isla y exterminar o reubicar a los dinosaurios por ser una fauna muy peligrosa tanto en el factor ecológico como en el humano. Los prólogos de Parque Jurásico eran reiterativos, pero te enganchaban y animaban a seguir, mientras que aquí sucede lo contrario.

Cuando por fin llegamos no lo hacemos de la mano de unos protagonistas que despierten nuestro interés. Malcolm es bastante simpático, pero parece que recurren a él como reclamo publicitario, como nexo con la serie, porque no se lo trabajan mucho. Como motor dramático se apoyan en un concepto muy básico y trillado, de hecho, ya se vio en la primera parte y por desgracia también lo han ido repitiendo en la tercera y en Jurassic World: divorcio y niños sufriéndolo. Si la premisa es sobrevivir a los dinosaurios, ¿por qué lo adornas con cosas tan mundanas y estereotipadas? Entiendo que fuercen la presencia de infantes, es una obra comercial, pero qué obsesión tienen en Hollywood con que el único conflicto que puede tener un niño es la separación de los padres. Al menos, en Parque Jurásico este tema se mencionaba con naturalidad, para darle vidilla a los personajes, y cuando se volvía sobre las relaciones humanas era como reacción a eventos del parque: Alan Grant, que no traga a los niños, va acercándose a ellos, estos, con líos en casa, encuentran una figura paterna con la que sentirse más seguros… Aquí los problemas de Malcolm con la ex y la petarda de la hija son un culebrón paralelo a los demás acontecimientos, no aportan sustancia al viaje, es decir, tienen largas escenas sueltas que se hacen muy cargantes y en la acción no hay desarrollo emocional relacionado con ello.

El resto de protagonistas tampoco terminan de tomar forma. El fotógrafo (Vince Vaughn) no tiene dimensión y anda justo de carisma; cuando se descubre su misión secreta, esta no da mucho juego después de todo, y para colmo, en la parte final en la ciudad desaparece sin más. Eddie Carr (Richard Schiff) es más simpático, pero tampoco termina de estar justificada su presencia: ¿cuál es su trabajo, su especialidad, su personalidad? Con Sarah Harding (Julianne Moore) intentan mostrar a una mujer independiente y capaz, pero termina pareciendo un poco boba o inconsciente a veces, vagando por la isla con un entusiasmo un tanto infantil, sin mirar por su seguridad; cuando empieza la odisea, se queda atascada sin hacer nada interesante aparte de ir de acá para allá, hasta el punto de olvidarte de ella cuando no está en pantalla.

Con este panorama es difícil implicarse: no te interesa el destino de ninguno de los protagonistas, con lo que no se siente el peligro. La primera secuencia de acción importante, el ataque de los tiranosaurios a la caravana, es un desastre. Es un clon del mítico momento del coche de Parque Jurásico, pero sin savia, sin alma. Todo es ruido y caos alargado y exagerado hasta resultar pasado de rosca e inverosímil (los T-Rex que van y vienen según quieran incluir un descanso o más acción). Para rematar, toma un penoso cariz cómico involuntario con Eddie intentando enganchar la cuerda y cayéndose una y otra vez; sólo le faltó la música de Benny Hill. La escena termina haciéndose bastante pesada, porque parece que no va a terminar nunca.

A mitad del camino viene un giro que promete traer novedades a una proyección repetitiva y poco emocionante. La entrada de los mercenarios, con la persecución a los dinosaurios mientras son presentados por encima, tiene bastante pegada. Encabezados por el cazador experimentado, captado muy bien por un siniestro Pete Postlethwaite, tenemos un repertorio de personajes nuevos bastante intrigante. En seguida te preguntas por qué la película no se centró en este grupo, por qué esta no fue la escena inicial y pasaron la trama (sobrevivir, básicamente) a ellos, prescindiendo de Malcolm y demás, que ahora parecen ajenos a la proyección. Sí, terminan uniéndose, pero el conflicto entre ellos tampoco es muy jugoso, el argumento sigue limitado a la huida. Y me temo que en vez de exprimir su potencial los van ahogando en estereotipos y pronto son puestos en el otro lado del simplón espectro moral de la saga: los avariciosos y poco ecologistas son los malos, y tendrán muertes crueles y graciosas en las fauces de los dinosaurios. El empresario (Arliss Howard) cada minuto que pasa se vuelve más idiota, los mercenarios secundarios son directamente retrasados, e incluso el atractivo líder tiene algún patinazo. Atención al vigilante del perímetro escuchando música con auriculares, o al avezado cazador que se planta delante de la peligrosa presa para disparar, mientras que la protagonista al final, sin tener ni idea de caza, se busca como es lógico un lugar apartado y elevado.

No sorprende que el siguiente gran clímax sea también poco satisfactorio. Repetimos con una persecución de los velocirraptores en un complejo que sólo se diferencia en que está abandonado. De nuevo sin interés por el destino de los personajes, todo se resume en saltos, golpes y rugidos, y el abuso de estos conforma otra escena que termina haciéndose larga y poco atractiva. Los raptores han dejado de ser una amenaza, por peligrosos e inteligentes, para convertirse en unos animales tontos y pesados: parece que cazan por diversión, pues a pesar de la manada de humanos que han cogido en el herbazal persiguen a más por ahí con un ahínco desmedido, tropezándose y chocándose con todo como perros atontados. En cambio, en la tercera y las nuevas entregas vuelven al camino de que son inteligentes, pero se pasan de frenada, pues casi hablan. Si la situación estaba siendo vulgar, termina desbarrando con la hija acróbata derrotando al velocirraptor; ya de por sí la idea es ridícula (una niña de 30 kilos lanzando por los aires 150 de un bicho ágil), pero es que se pone a preparar la acrobacia antes de que el velocirraptor se coloque donde ella apunta… vamos, que ha visto el futuro.

Inesperadamente, cuando parece que la cinta ha terminado, nos ofrecen un nuevo arco argumental. El viaje Estados Unidos con el tiranosaurio no es original (inspirado sin disimulo en King KongMerian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, 1933-) pero en una película tan limitada supone un soplo de aire fresco. El caos en que se sumerge la ciudad es más movidito e interesante que las otras piezas de acción, y aunque la solución no es sorprendente (la cría como cebo se veía venir) hay suficiente tensión como para garantizar un buen escenario. Pero tiene todavía demasiadas carencias que frenan sus posibilidades. Se afea un poco con el destino del último “villano”, el empresario avaricioso que no puede acabar sin su muerte estúpida, y con la incomprensible ausencia de unos de los protagonistas principales, el fotógrafo, pero son minucias al lado de la cagada monumental con que se da pie a esta situación. Resulta que el T-Rex se libera durante el viaje, mata a todos los del barco, incluyendo a los que estaban en la minúscula cabina donde evidentemente no cabe, y luego se mete en la zona de carga y un tipo moribundo lo encierra; y al llegar a puerto todos suben a bordo sin acordarse de su existencia, ¡y se sorprenden de que esté cuando abren las compuertas! No voy a entrar en que el barco no llevara escolta ni tuvieran un plan b en el puerto por si el dinosaurio despertaba, que visto lo visto es pedir demasiada lógica.

El mundo perdido acaba siendo, por muy generoso que fuera su presupuesto y el renombre de sus autores, una serie b cualquiera con ramalazos de cine cutre que se salva por los pelos porque resulta lo justo de entretenida y simpática (aunque a veces esto último sea involuntariamente). Gracias al efecto arrastre obtuvo una taquilla muy buena, pero la decepción del público dura desde entonces, y las siguientes secuelas no hacen sino extender la agonía, porque todos queremos ver una nueva Parque Jurásico pero no dejan de parir tonterías comerciales sin alma.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
-> El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)

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Parque Jurásico


Jurassic Park, 1993, EE.UU.
Género: Aventuras, suspense.
Duración: 127 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: David Koepp, Michael Crichton (también autor de la novela).
Actores: Sam Neill, Laura Dern, Jeff Goldblum, Richard Attenborough, Joseph Mazzello, Ariana Richards, Samuel L. Jackson, Wayne Knight.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Atrapa de principio a fin, asombra y emociona como pocas películas consiguen hacerlo. Dirección excelente, efectos especiales y sonoros rompedores, música magistral, grandes personajes, escenas y planos míticos por doquier…
Lo peor: Nada grave. Alguna conversación parece innecesaria o alargada, y hay unos pocos gazapos notables que pueden afear los revisionados.
Mejores momentos: La llegada a la isla con la música. El ataque del tiranosaurio al coche. Los velocirraptores dentro del complejo persiguiendo a los niños.
La frase: No hemos reparado en gastos– Hammond.

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Una de las producciones más recordadas, aclamadas y exitosas de los noventa así como una de las obras más reconocidas de Steven Spielberg (y esto es como decir que está entre por lo menos diez títulos memorables) fue Parque Jurásico. El fenómeno social que supuso fue impresionante. Rompió el récord de película más taquillera mantenido por E.T. desde 1982, rozando los mil millones de dólares mundiales (de los que 250 fueron para Spielberg), y duró hasta el estreno de Titanic (James Cameron, 1997). Creó una moda de dinosaurios que hinchó las arcas del estudio a base merchandising, y seguramente llenó carreras universitarias de paleontolgía al estilo Indiana Jones (1981-1989) con la arqueología.

Michael Crichton era por aquel entonces un escritor de best-sellers bien asentado en su gremio y bastante en el cine, porque casi todas sus novelas solían ser tanteadas los estudios y algunas adaptaciones llegaron a ver la luz (la primera, La amenaza de andrómedaRobert Wise, 1971-), pero, sobre todo, él mismo hizo sus pinitos como guionista e incluso director (por ejemplo, Westworld, Almas de metal -1973-, o El primer gran asalto al tren -1978-). En 1990 estaba ultimando su nuevo libro, Parque Jurásico, cuya atractiva temática atrajo la puja de las majors por los derechos antes si quiera de editarlo, con Steven Spielberg, Tim Burton, Joe Dante, Richard Donner y James Cameron en cabeza de lista de cada uno. Cameron afirmó que planeaba una versión más adulta y oscura, tipo Aliens (1986), pero lo cierto es que los noventa eran otros tiempos y la versión de Spielberg fue inquietante y sangrienta en su justa medida.

Universal Studios se hizo con el premio gordo, y Amblin Enterntainment, la productora fundada por Spielberg, Kathleen Kennedy y Frank Marshall, desarrolló el proyecto. El guion le fue encargado al mismo Crichton, pero el director decidió pulirlo, para lo que trajo a David Koepp, quien hay que decir que no tenía nada llamativo en su currículo. Como adaptación es notable, pues captura lo mejor de la novela y resume o elimina lo innecesario (algunas cosas que no cabían aquí se recuperaron en las siguientes entregas) o lo que no concuerda con el lenguaje cinematográfico, y todo ello sin perder fidelidad. Este uno de esos pocos casos donde se puede decir que se supera a la obra original, pues resulta mucho más intensa e impactante. El único cambio notable es el abuelo, representado por Chrichton como un empresario capitalista que sólo piensa en el dinero y en esta versión como un abuelito simpático que quiere traer felicidad a los niños del mundo. Pero lo cierto es que resulta entrañable aunque sea claramente una treta comercial para atraer al público joven.

La única licencia notable viene de la propia novela, que modifica a su antojo la anatomía de los velocirraptores para hacerlos más peligrosos y temibles. En realidad no eran así, sino que medían medio metro de altura y con toda probabilidad estaban cubiertos de plumas. Está claro que ver a los protagonistas luchando contra unas gallinas, por muy carnívoras que fueran, hubiera sido más bien un chiste, pero también es cierto que si pretende ser una ficción científica resulta una decisión muy cuestionable: ¿no hubiera sido mejor elegir otra especie? Así, atados a la continuidad, todas las entregas mantienen esta fantasía. Por no decir que casi todos los dinosaurios que aparecen son del cretácico…

La visión comercial y narrativa de Spielberg dio sus frutos en una aventura deslumbrante en todos los sentidos. Cabe señalar que fue uno de los trabajos más difíciles y agotadores a los que se enfrentó, principalmente porque estaba ante retos técnicos nuevos y un rodaje muy complicado, pero también porque compaginó la postproducción con la grabación de La lista de Schindler (1993). La sensación de asombro, maximizada por unos efectos especiales extraordinarios, el ritmo excelente con picos de tensión y acción sublimes, y la simpatía que despiertan los personajes conforman una película que rompió moldes y cautivó a toda una generación, y además aguanta el paso de las décadas sin problemas.

El director exprime cada pasaje al máximo. Mediante una metódica construcción de la atmósfera de intriga y tensión garantiza un visionado absorbente de principio a fin. Se trabaja las partes acción logrando unas secuencias insólitas, lo que, unido al paso previo, la creación del ambiente adecuado, garantiza que llegas ya con los nervios a flor de piel, con lo que acabas aturdido más que asombrado. Entre medio dibuja los personajes sin prisas, con presentaciones llamativas, relaciones que se modelan incluso en los momentos más aparatosos, y detalles por todas partes que van provocando un cambio gradual; además, los actores están todos estupendos. Vemos gente real, por muy exagerado que sea el escenario, con lo que conectas con la odisea con fuerza; incluso los niños caen muy bien, algo que rara vez ocurre en el cine. Sientes estar en el parque con ellos, descubriendo los fascinantes logros que han dado vida a los dinosaurios, embargándote la sensación de apremio y de peligro cuando se tuercen las cosas, y manteniéndote en vilo, incluso aguantando la respiración, en los momentos más difíciles.

Esta producción es el ejemplo perfecto de algo que repito muchas veces. Hay dos factores clave a la hora de conseguir una buena escena de acción. Primero, hay que tener unos personajes atractivos y que estos sean el centro de los acontecimientos, porque sin establecer una conexión la situación es muy probable que se reduzca a simple caos y ruido. Segundo y no menos importante, los efectos especiales deben ser un medio narrativo y no un protagonista forzado.

No se veían escenas de acción tan contundentes y asombrosas desde las obras maestras de James Cameron, Terminator II (1990) y Aliens. El ataque del T-Rex ha pasado merecidamente a los anales del cine como una de las escenas más impactantes y recordadas. La huella, el rugido, los chavales gritando mientras sujetan el cristal, el coche aplastado, la caída por el árbol… Y no se queda atrás el tramo final en las cocinas, con la persecución de los velocirraptores: el raptor levantando a la chiquilla al golpear la rejilla, la treta con el reflejo…

Spielberg dirige la mezcla de técnicas de efectos especiales con gran control y visión, sacando adelante escenas y criaturas que parecen imposibles, más cuando piensas que requerían procedimientos apenas desarrollados o muy complejos. El avance en estos campos marcó un hito, y de hecho ha envejecido bastante mejor que superproducciones que han ido llegando muchos años después. En principio todo iba a ser con animatronics (muñecos mecanizados), pero tras ver unas pruebas de cómo resultaría por ordenador decidieron repartir esfuerzos. La combinación se usa con sabiduría, manteniendo en primer plano los animatronics y gente disfrazada (los velocirraptores), y en los lejanos, donde se requería movimiento completo, se usaba el ordenador; en la página www.stanwistonschool.com se pueden ver algunos videos del proceso. Cruciales fueron también los efectos sonoros, con rugidos que te hielan los huesos. Los dinosaurios resultan tan realistas que cada vez que aparecen te olvidas de que estás ante un truco.

Aparte de que la composición de numerosos planos es crucial para forjar la sensación adecuada en cada instante (por ejemplo, la aparición del T-Rex la vemos desde dentro del coche, al lado de los protagonistas), Spielberg también nos deleita con un detallismo muy cuidado que termina de formar ese aura de película única y con gran personalidad. Algunos planos son muy cinematográficos y otros incluso juegan con la ironía, es decir, podrían resultar poco naturales, pero lo cierto es que ninguno desentona, o refuerzan la épica o son detalles curiosos. Cito mis favoritos: el logotipo del parque en la puerta del coche flamante al llegar pero lleno de barro al irse, el frasco de material genético robado perdido en el barro (fosilizándose), el velocirraptor con las secuencias genéticas de la pantalla del ordenador (ATGC) reflejándose en su piel, el T-Rex suplantando a su esqueleto…

El aderezo final lo pone la seductora y épica banda sonora del maestro John Williams, quien se marcó otro hito a través tanto de un tema inolvidable como de una serie de motivos que realzan todas las emociones de la cinta de forma magistral. Sus notas son inseparables en el imaginario popular de escenas como la llegada a la isla o la apertura de las puertas, de hecho en cuatro secuelas que llevamos nadie ha estado a esa altura… ni siquiera él mismo en la segunda parte.

Hay muy pocos momentos en que se pueda romper el hechizo que provoca esta colosal película… pero los hay. No deifiquemos, como hacen muchos con algunas que marcaron nuestra infancia o del cine clásico, hay que ser objetivos. El equilibrio narrativo, el ritmo y la fuerza de cada escena es magnífico, pero no tanto como para alcanzar el apelativo de obra maestra, hay algunos deslices (en tono y en contenido) que pueden empañar algunos tramos, sobre todo en los revisionados.

En el tono, está claro que Spielberg y demás productores querían un estilo familiar con mensajes sencillos, pero en una propuesta tan seria, trágica y terrorífica en muchos instantes, desentonan bastante algunas ideas propias de títulos intantiles llenos de estereotipos. Sólo los avariciosos sin posibilidad de redención mueren (el abuelo no, porque tenía buenas intenciones y aprende), además con una mezcla de crueldad y humor que no me convence, como el abogado en el váter o Nedry tras una serie de calamidades dignas de una comedia tontorrona. También hay algunos discursos un tanto anticientíficos que chocan con otras partes donde se muestra amor por descubrir y comprender el mundo que nos rodea, incluyendo el fascinante pasado; sí, se podría decir que muestran distintas visiones del asunto, y que además es raro ver debates intelectuales en cintas comerciales, pero mi sensación es que pretende sentarse cátedra en un único sentido: principalmente en boca Malcolm, a veces de otros, parecen querer meter miedo con que la naturaleza es como dios la hizo, o es dios, y si la cabreas te castiga, de forma que el más que respetable mensaje ecológico de cuidar nuestro entorno se pervierte con un giro religioso que no me gusta nada; esto se puede enlazar con las muertes absurdas: pórtate bien porque dios te vigila. Aparte de la moral, también se refuerzan las capacidades de los protagonistas de mala manera: el veterinario del parque lleva meses tratando a una triceratops pero tiene que venir una invitada a darse cuenta de síntomas que ha pasado por alto (por cierto, el misterio de qué la enferma no tiene solución, es una escena para fardar de dinosaurios).

En cuanto al contenido en sí, el primer aspecto es un tanto ambiguo, es decir, no me parece un fallo grave, sino una posible mejora, y entiendo que alguien no lo comparta. Si no fuera porque es una película muy querida que he visto muchas veces seguramente no haría un análisis tan profundo y detallista y habría pasado por alto este punto.

Los prólogos encadenados combinando la chispa del misterio con pequeños datos argumentales son un sello clásico del realizador, eficaces unas veces (Indiana Jones, En busca del arca perdida -1981-) y bastante mejorables otras (Encuentros en la tercera fase -1977-). Aquí diría que están en un término medio. Vistos ahora, a veinticinco años del estreno, me parecen fácilmente sacrificables, el primero (el caos con la jaula) por innecesario, y el segundo (el hallazgo de un mosquito) por redundante, pues lo que en él se dice está fuera de contexto (información de personajes que no han aparecido todavía, es difícil asimilarla toda) y se explicará mejor luego. Al menos el segundo lo quitaría, porque el inicial funciona bien en el factor suspense, siendo amenazador e intrigante a partes iguales. Incluso la siguiente escena, ya entrando en materia, se me antoja un poco cursi (el niño respondón) y tiene un fallo importante por culpa de buscar un efectismo innecesario: el aterrizaje del helicóptero sólo sirve para poner un énfasis artificial en la presentación de Hammond, pues él ya está en la caravana.

Pero como iba apuntando, estas cosas son difíciles de ver a la primera, porque Spielberg puede optar más de la cuenta en muchas de sus obras por lo emocional antes que por la concreción y la lógica, pero en la mayor de las veces parte lo hace tan bien, te embauca con tanta facilidad, que te dejas llevar. La atmósfera de misterio y descubrimiento te envuelve desde los primeros rugidos y sorpresas (la grúa apareciendo cual animal entre los árboles), y en seguida pasamos a la presentación de los personajes con una exposición que también tiene buenos aciertos. El niño repelente y la historia de Allan definen en un visto y uno visto a la pareja protagonista y su dinámica, y lo del helicóptero muestra bien la grandilocuencia alternada con cercanía de Hammond. Aun así, es evidente que todo lo que se cuenta en estas escenas se expone suficientemente bien en el viaje hacia la isla y los primeros pasos por ella: quién es quién, el parque y sus problemas, el comité evaluador, el divorcio de los padres de los niños… Puedes empezar a verla en el vuelo y no perderte nada… pero claro, quizá entonces no se hubiera creado tanta expectación por la llegada.

Otros aspectos sí son claramente un pequeño lastre. Hay unas pocas conversaciones que se alargan más de la cuenta para decir bien poco. La del caos es puro relleno, no aporta novedades a ninguno de los personajes, y la cena donde critican a Hammond (donde por cierto no llegan a comer nada) rompe el ritmo demasiado para ser una pequeña ampliación de lo que ya discutían en el helicóptero y otros momentos (amén del citado tono del discurso). También hay una situación que podría haberse resumido pero en cambio intentan realzarla más de la cuenta: el salto a la valla del perímetro (donde Tim se da el calambrazo) paralelo a la reactivación de la energía se exagera demasiado, con tensión forzada para alargar el clímax (tan forzada que incluso Ellie pasa dos veces la misma palmera, se ve que les faltaba metraje para estirarlo como querían). No puedo dejar de pensar que esa parte era para el cazador y los velocirraptores, un escenario más interesante que saltar una valla y pulsar unos botones y un personaje infrautilizado, pero se olvidan de él y lo recuperan más tarde para darle una muerte muy rápida.

Es indudable que con el paso del tiempo Parque Jurásico no ha perdido nada de su capacidad para entretener e incluso asombrar, pero sí puede ocurrir que de tanto verla encuentres algún gazapo que le quite algo de gracia a alguna escena, y lo cierto es que hay unos cuantos bastante gordos. Ya he citado la cuestión de por qué aterriza el helicóptero si el Hammond ya está en tierra. Por mucho que lo digan los personajes, se ve en todo momento que los coches no van sujetos al rail (podían haberse inventado que son magnéticos o algo así), y además en algún plano se ve a los conductores. Qué conveniente que aparezcan unos vasos de agua justo antes del ataque del T-Rex. Hay un baño público en el recorrido del T-Rex a pesar de que se supone que los visitantes no bajarán de los coches. También, si indagas un poco, encontrarás cagadas que eran fácilmente evitables, como por ejemplo que pongan San José, Costa Rica, con playa a pesar de ser una ciudad de interior.

Pero lo más notable es la gran trampa que esconde la escena del T-Rex. El coche de los niños está a la vista de la cabra cebo, por donde entra el tiranosaurio, y en toda la secuencia del ataque se ven plantas y árboles, ergo ese lado de la valla está al mismo nivel que el camino… Pero cuando tienen que huir saltando el muro bajo de la valla resulta que el suelo se ha convertido en un desnivel de diez o veinte metros, y los árboles se ven abajo a lo lejos. Una vez descubierto el engaño resulta muy descarado y difícilmente justificable, pero lo cierto es que esa parte es tan absorbente que es difícil darse cuenta. Es la magia del cine, depende de cada uno perdonar y aceptar el truco o no.

Parque Jurásico, como obra que marca una generación, es tan buena y tan querida que puso complicado que una secuela pudiera llegar a su nivel, y desde luego no lo hacen las dos entregas tan poco trabajadas que la siguieron El mundo perdido: Parque Jurásico, del propio Spielberg en 1997, y Parque Jurásico III de la mano de Joe Johnston en 2001. Pero tampoco da la talla la resurrección reciente, por ahora con otras dos partes, Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) y Jurassic World: El reíno caído (2018, J. A. Bayona), más entretenidas que las anteriores pero también muy mejorables.

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Saga Parque Jurásico:
-> Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
Jurassic World 2: El reino caído (2018)