El Criticón

Opinión de cine y música

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Batman vuelve


Batman Returns, 1992, EE.UU.
Género: Superhéoes.
Duración: 126 min.
Dirección: Tim Burton.
Guion: Daniel Waters, Sam Hamm. Bob Kane (cómic).
Actores: Michael Keaton, Christopher Walken, Danny DeVito, Michelle Pfeiffer, Michael Gough, Michael Murphy, Pat Hingle.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El despliegue de imaginación en diseño artístico, vestuario, banda sonora y dirección.
Lo peor: No tiene rumbo ni lógica en trama y personajes, es un caótico y agotador repertorio de encuentros aleatorios entre seres estrafalarios.

* * * * * * * * *

LAS PRISAS NO SON BUENAS

La creación de Batman vuelve también fue movidita a pesar de que Warner Bros. esta vez no iba a dejar que el proyecto se alargara y perdiera el empuje del gran éxito de la primera parte. Tim Burton no quería repetir, estaba muy a gusto rodando Eduardo Manostijeras (estrenada en 1990), y es uno de esos directores que piensan que gastan tiempo y creatividad haciendo secuelas y películas por encargo. Pero lo convencieron dándole más libertad creativa que en aquel episodio y es de suponer que un buen aumento de salario.

A pesar del buen resultado con el guion de Batman, aquí el trabajo de Sam Hamm fue rechazado por Burton y se trajo a un escritor que estaba dejando buenas impresiones con algunas comedias de humor negro, Daniel Waters (Escuela de jóvenes asesinos -1988-, Las aventuras de Ford Fairlane -1990-). Entre Burton y Waters alejaron la cinta de los planes iniciales, dejando de lado tanto el potencial de los cómics como la continuidad con la primera parte. Pero además, a última hora, viendo carencias en el desarrollo de algunos protagonistas, contrataron a Wesley Strick (Solo ante la ley -1989-, Aracnofobia -1990-, El cabo del miedo -1991-) para arreglarlo, aunque al final no se llevó crédito. Este tanteó incluir a Robin, el clásico compañero de aventuras de Batman, pero la idea se desechó.

Las prisas y la mezcla inacabada de varios guiones se notan mucho en el resultado final. En el primer episodio el equilibrio no era perfecto, pero el conjunto fue tan deslumbrante que se disimulaban bastante sus debilidades. Sin embargo, en este nada llega a cuajar, a combinar con lógica y garra suficientes como para que la película no resulte un caos con momentos que dan vergüenza ajena.

El desarrollo de los personajes y la historia tenían algún agujero, pero nada como el galimatías que aquí encontramos. El humor negro, el tono surrealista, la hipérbole y parodia se sostenían por su inventiva e ingenio y porque unidos servían como reflejo perverso de la sociedad, pero aquí apenas algunos apuntes sobre corrupción emergen de una narrativa que nunca encuentra el tono. El presupuesto fue el doble que el anterior, pero no luce el doble de bien, aunque la orgía visual de Tim Burton sigue siendo digna de ver.

LOS PERSONAJES, DANDO TUMBOS SIN RUMBO

No vuelven a aparecer algunos protagonistas tan relevantes como Vicki y Knox, lo cual descoloca bastante, ni se aportan novedades con los secundarios esenciales, el comisario Gordon y el mayordomo Alfred. Pero lo más grave es el estancamiento en el desarrollo de Batman/Wayne. Centrando la historia tanto en los villanos y dejando casi fuera de juego a los otros personajes con los que interacciona, el héroe esta vez sí queda como un secundario de menor relevancia e interés. Wayne directamente no existe, aparece sin máscara alguna vez, pero no se explora ninguna historia con esa parte de su vida, pues en casi todas las escenas está trabajando como Batman. El hombre murciélago entra en juego para soltar hostias a los payasos y tener varios encontronazos aleatorios con Catwoman, pero todo ello parece de relleno mientras esperas que plante cara en algún momento al Pingüino. La invesitagación que hace sobre esa figura misteriosa, como en el capítulo precedente, carece de interés. El clímax final, con la persecución por las alcantarillas y la pelea en la guarida del villano, funciona bastante bien en la parte del espectáculo, pero no se trabajan nada el guion. El héroe no enfrenta retos intelectuales y éticos, sus motivaciones y determinación no cambian lo más mínimo. Así, no parece que haga nada tangible en toda la película, incluso da la sensación de que la relación entre los villanos y sus planes estaban abocados al fracaso por sí solos debido a los problemas que iban teniendo, y por tanto Batman aparece para cumplir con el título.

El protagonismo se reparte entre Shreck, Pingüino y Selina Kyle, alias Catwoman, pero los dos primeros parecen estar en una película y ella en otra. La presentación de Selina como mujer capaz pero tímida y descuidada se pasa de rosca, la parodia patina hacia lo infantil de forma penosa. Su transformación es vulgar, no resulta impactante. No entiendo qué intentan hacer con Catwoman, va de feminista asqueada de los hombres y la cosificación de la mujer… y se viste de cuero como un putón y va flirteando con todos… para luego cabrearse porque son hombres. Los encuentros entre Batman y Catwoman son bastante vistosos y emocionantes (unos por las escenas de acción, otros por el humor gamberro), pero en cuanto a contenido son un sin dios. No se entiende por qué ella adquiere tanta obsesión por destruir a Batman, si no tuvo nada que ver en su nacimiento ni parece que haya chocado tanto con sus planes… Bueno, tampoco se observa un plan y unas motivaciones concretas. ¿Qué pretente, perseguir machistas y propagar su feminismo, vengarse de Shreck, acabar con la corrupción de los poderosos? Pero hay más incongruencias: ¿cómo averigua que Pingüino es malvado, si Batman con una investigación detrás no ha podido probarlo todavía?, ¿por qué se alía con él, si representa mucho de lo que desprecia? Y anda que este contándole sus planes terroristas a la primera de cambio. Sólo queda la vaga noción de que ambos son agentes del caos y se toleran. Finalmente, no entiendo tampoco la obsesión que hubo con Michelle Pfeiffer. Muy guapa, sí, pero su interpretación histriónica y repetitiva (todo el rato con la boca abierta) es muy cargante.

Desde que el primer capítulo tuvo luz verde estaba previsto que Harvey Dent (interpretado por Billy Dee Williams entonces) continuara en los siguientes. En los primeros libretos del presente veía aumentado su protagonismo, y acabaría convirtiéndose en Dos Caras al final para ser villano en la siguiente película. En cambio, esta figura terminó transformada en Max Shreck, inexistente en los cómics, un multimillonario que “da alas” al Pingüino para tapar su corrupción.

A pesar de la decepción inicial por traicionar a los cómics (que no fue muy lejos, no había internet para dar voz a los ofendiditos), Shreck es bastante bueno como villano. Trabajando sutilmente desde las sombras, haciendo que pringuen otros, Shreck vive para manipular a todos, en una mezcla entre maldad y diversión. Y la interpretación de Christopher Walken es estupenda, pilla el punto de psicópata excéntrico esperable en este género. Pero aun así, sus motivaciones finales son mejorables. Su plan es construir una central eléctrica que Gotham no necesita, algo quizá muy mundano para un supervillano, pero que hubiera funcionado en la temática de ambición y corrupción si hubiera tenido más atractivo y relevancia, pues tampoco convence su obsesión con ello, y en la parte final se olvida por completo.

Oswald Cobblepot, el Pingüino, quizá el segundo enemigo más conocido de Batman, resulta un personaje grotesco, unas veces porque consiguen que dé asco y pena a la vez, que resulte un villano trágico, pero otras porque es una amalgama de ideas sin conexión ni dirección. Se supone que las últimas reescrituras del guion fueron para dar más solidez al rol y sus motivaciones, pero lo que hicieron fue añadir capas que no terminan de conformar algo coherente. Unas veces parece un tipo resentido que sólo quiere vengarse de la sociedad, otras se ve nacer una ambición en él por llegar a ser algo en dicha sociedad, otras es un paria manejado por Shreck sin que el pobre se entere… Y entre estas opciones va dando tumbos, haciendo chistes malos, con escenas de acción y encuentros con Batman y Catwoman sin justificación clara, hasta que en el acto final se deja todo de lado para perseguir el típico plan genocida de supervillano del montón. Además, tomar esa dirección supone que Shreck deja de tener sentido, pues su plan empresarial al lado de esto es una nadería, y los guionistas lo apartan y reservan de mala manera hasta que creen que es el momento de matarlo. Danny DeVito está rozando la sobreactuación algunas veces, pero en general muestra bien a un ser atormentado y patético.

MENOS INGENIO Y FALTA DE NOVEDADES

Otro problema es que el grupo de matones del Pingüino se compone de nuevo de payasos, como los seguidores del Joker, y aparte de la falta de novedades esta vez no tiene sentido alguno. ¿Qué hacen con el Pingüino, cómo los ha reclutado y por qué lo siguen? Para lo único que sirven en la película es para rellenar escenas de acción aquí y allá. Y no soporto el ejército de pingüinos; no sé qué pensará el resto del mundo, pero me parece demasiado infantil.

Los diálogos no tienen la mitad de ingenio que en el capítulo precedente, incluso algunos que sí son graciosos parecen muy forzados, como en los combates entre Catwoman y Batman y los encuentros entre esta y Pingüino, donde a veces los personajes parecen escupirlos de mala gana mientras hacen pausas entre golpe y golpe. También repiten un error, aunque en menor medida que entonces: hay detalles importantes sin explicar, como de dónde saca Pingüino los planos y especificaciones del batmóvil.

En el acabado, Burton y el equipo artístico vuelven a deleitarnos con un despliegue de escenarios, vestuario y especiales alucinante. Pero no encuentro mejoras respecto al primer episodio en el sentido de ampliar horizontes, de ir más allá con el espectáculo, porque la ciudad parece haber empequeñecido, está representada por una plaza minúscula y dos callejones. El problema es que los escenarios de interiores sí son más numerosos, y salvo la cúpula del zoo donde se esconde el Pingüino ninguno luce mucho; deberían haber hecho como en la primera parte, usar interiores reales y gastar más en decorados y fondos pintados que le dieran más espacio y versatilidad a Gotham. La ciudad pierde personalidad también porque los políticos parecen cuatro pringados diciendo tonterías y el pueblo son pocos extras, no se ve un ambiente complejo y verosímil como en la primera parte.

Tampoco hay mejoras llamativas en cuanto a la tecnología de Batman. Aparece una especie de deslizador, pero no impresiona, y el coche hace cosas muy raras: el gato para dar la vuelta y lo de que se estrecha soltando partes para pasar por lugares angostos parece demasiado conveniente, y para rematar, Batman pulsa unas cuatro o cinco veces el mismo botón para distintas cosas.

Aparte tenemos a Danny Elfman, quien estuvo incluso más inspirado con la banda sonora. La labor del músico quizá no causó tanta sensación entre el público, pues el tema de Batman ya era conocido, pero en lo musical trascendió más allá de las imágenes, pues si su composición es brillante, su orquestación es memorable, una de las mejores de la historia del cine, aclamada con pasión incluso por compañeros del gremio.

Y TIM BURTON NO VOLVIÓ

El galimatías resultante es tal que me cuesta mucho darle nota. Puede pasar como entretenimiento, pero como te coja de malas tanta tontería e incongruencia se te atragantará por completo.

Gracias a la fama de la primera entrega, Batman vuelve consiguió arrastrar a mucha gente al cine con gran entusiasmo, pero el boca a boca enfrió poco a poco su recorrido y se quedó en 200 millones de dólares mundiales de recaudación, la mitad que aquella. El estudio pasó de venerar a Burton a tener miedo de sus delirios, y buscó algo más comercial para seguir la serie, eligiendo repartos de grandes estrellas y un tono para todos los públicos, y aunque no hicieron malos números con las dos cintas dirigidas por Joel Schumacher, la calidad y el prestigio se fueron por el retrete y propiciaron que el personaje quedara en suspenso durante una década.

Batman de Tim Burton:
Batman (1989)
-> Batman vuelve (1992)
Batman de Joel Schumacher:
Batman Forever (1995)
Batman y Robin (1997)
Serie El Caballero Oscuro:
Batman Begins (2005)
El Caballero Oscuro (2008)
El Caballero Oscuro: La leyenda renace (2012)
Serie La liga de la justicia:
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
La liga de la justicia (2017)
Independiente:
Joker (2019)

Batman


Batman, 1989, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 126 min.
Dirección: Tim Burton.
Guion: Sam Hamm, Warren Skaaren. Bob Kane (cómic).
Actores: Michael Keaton, Jack Nicholson, Kim Basinger, Robert Wuhl, Pat Hingle, Michael Gough, Billy Dee Williams, Jack Palance, Lee Wallace.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual y banda sonora sin igual. Personajes intrigantes o estrafalarios difícilmente olvidables.
Lo peor: Al guion le faltan unas puntadas para ser redondo, algunas escenas quedan muy por debajo del nivel medio en relevancia y fuerza.

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LA PRODUCCIÓN

La franquicia cinematográfica de Superman, iniciada por Richar Donner en 1978, tenía bastante tirón y buen prestigio a pesar de su estilo simplón y en cada nueva secuela más cutre, así que en Hollywood iba aumentando el interés en hacer lo mismo con el siguiente personaje en cuanto a fama en la marca DC Comics, Batman. Pero como suele pasar, la idea dio vueltas durante años y años tomando muchas formas distintas hasta que llegó a concretarse algo.

Los productores que se hicieron con los derechos en 1979, Benjamin Melniker y Michael E. Uslan, querían desde el principio una adaptación fiel al personaje creado por Bob Kane y Bill Finger en 1940, una figura atormentada en un mundo sombrío, pero los estudios los iban rechazando porque esperaban algo más cercano a la serie de televisión de 1966 de Lorenzo Semple y William Dozier protagonizada por Adam West, una blanda comedia para todas las audiencias, que era la visión que tenía el público generalista del héroe.

Warner Bros. se interesó por el proyecto y puso al frente al veterano guionista Tom Mankiewicz (que participó en Superman y James Bond) y luego al menos a una decena más para hacer reescrituras, pero no terminaba de ver la luz. La cosa cambió a partir de 1986. La publicación de la novela gráfica El regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller, provocó una conmoción en el mundo del cómic e hizo revivir el interés por la adaptación. La contratación de Tim Burton, un joven director que llamó la atención del estudio con su primer largo, La gran aventura de Pee-wee (1985), concretó un poco más el proyecto. Pero el guion seguía dando tumbos y el realizador se centró en Bitelchús (1988), y fue su éxito el que propició por fin que pusieran fecha al rodaje.

Después de todas las vueltas que dieron con el librero, Burton descartó el trabajo previo y se buscó a un guionista fans de los cómics, Sam Hamm, pidiéndole que se centrara sobre todo en la nueva serie limitada que estaba causando sensación, La broma asesina (1988) de Alan Moore, pues quedó cautivado por la rivalidad Joker-Batman. Pero aun así hicieron falta más reescrituras por distintas manos, que quedaron acreditadas a un colaborador de Burton, Warren Skaaren (Top Gun -1986-, Superdective en Hollywood II -1987- y Bithelchús). A pesar de la estupenda recepción de la película, Hamm, aparte de trabajar en la secuela, sólo consiguió participar en un par de series de nulo impacto y en pocos números de cómics del personaje; Skaaren tuvo peor suerte, pues falleció de cáncer de huesos al poco de estrenarse el filme, con sólo 44 años de edad; y los productores que compraron los derechos, Melniker y Uslan, se habrán hecho de oro, porque cualquier nueva adaptación relacionada con Batman ha de pasar por ellos.

La visión y valentía de Burton, Skaaren y Hamm al apoyarse en cómics tan adultos y recientes para realizar una adaptación que atrajera al gran público fue loable, y que en el estudio aceptaran un tono tan oscuro fue una suerte. Burton también se mantuvo firme con Michael Keaton, un actor denostado por venir de comedias y una elección que causó gran polémica, pero en el que vio gran potencial. Los ejecutivos por su parte se empecinaron en tener a una estrella como Jack Nicholson a costa de soltar billetes y permitirle exigencias locas durante el rodaje. Su sueldo, entre el pago inicial y una parte de la taquilla, terminó siendo uno de los más grandes de la historia del cine, unos 60 millones de dólares.

LA PELÍCULA

Batman nos introduce primero en el ambiente y luego en los protagonistas, jugando con el misterio y la expectación, en vez de tirar por la típica fórmula más lineal de la que se abusa mucho en este género, donde se suele empezar por un prólogo que presenta al protagonista y sus capacidades sin dejar margen a la ambigüedad y la intriga. Políticos manchados por la crisis económica y moral, la corrupción campando a sus anchas y el crimen desbordado hacen de Gotham un estercolero donde el ciudadano de a pie ni es capaz de levantar cabeza ni tiene esperanzas de hacerlo en el futuro. Un vigilante nocturno surge entre las sombras, el hombre murciélago, Batman. ¿Es un héroe, un pirado, o un criminal? Nos alejamos así también del concepto más básico de los superhéroes, el clásico enfrentamiento entre el bien y el mal, lo incorruptible contra lo irremediablemente malvado, y nos adentramos en una visión más compleja y sórdida.

El guion es certero, pero el acabado visual es lo que termina de conseguir que Gotham emerja como una ciudad imaginaria con vida propia, grotesca e hipnótica, y también atemporal, tanto en estilo artístico como en lo narrativo, pues sirve para describir la decadencia de las sociedades en cualquier época relativamente moderna. Bryan Singer intentó algo parecido en Superman Returns (2006) y quedó una amalgama de épocas poco atractiva y que confundía al espectador.

Burton, demostrando que lo de Bitelchús no fue una inspiración momentánea y tenía tanto imaginación como conocimientos de cine de sobra, confirió al relato un aura única y completamente diferente a la juguetona representación de la muerte y el más allá de aquel título. Combina el cine negro de los años cincuenta, emulado con fantásticos juegos de luces y sombras y un ambiente intrigante, con los thrillers criminales de los años setenta, donde la decadencia de la sociedad está presente en todo momento y las escenas de acción son sucias y caóticas.

Todo ello además acaba bañado con un estilo arquitectónico y tecnológico difícil de describir, donde el diseñador Anton Furst elevó la inventiva de Burton a algo inclasificable: con una complicada pero magistral combinación de decorados, maquetas y fondos pintados, Gotham resulta una ciudad pesadillesca pero fascinante que mezcla zonas que recuerdan a la revolución industrial, bastos edificios de piedra propios de los años cincuenta, y rascacielos inspirados en lo que a principios del siglo XX imaginaban para el futuro. Y el Batmóvil y el avión, también nacidos de la mano de este artista, hasta la fecha siguen siendo los mejores vehículos del hombre murciélago. Furst tampoco disfrutó de la fama, pues se suicidó en el 91 tras una etapa de depresión y drogas. Para terminar de deslumbrar con el acabado, la banda sonora de Danny Elfman en su mejor época es también de rasgos muy singulares, original y espectacular hasta resultar inolvidable.

En cuanto a cómo le ha afectado el paso del tiempo, solo se nota un envejecimiento claro en algunas secuencias de complicados efectos especiales, donde puede cantar algún plano. En concreto, en bluray se nota muchísimo la maqueta que recrea el helicóptero de la banda de Joker, y quizá algún fondo pintado parezca un poco anticuado.

Fue idea de uno de los escritores, Hamm, la de sacar de la historia a algunos roles habituales del cómic (como la compañera romántica planteada inicialmente para el protagonistas, Silver St. Cloud) e inventar otros que facilitaran el trabajo dando más margen de movimiento, y ninguno de los implicados se quejó ni el público friki, una minoría por entonces, puso el grito en el cielo por una supuesta traición antes si quiera de ver el resultado. Hoy en día se habría liado parda. En cambio, mantuvieron al mayordomo Alfred (Michael Gough), aunque poco aporta, y presentaron algunos secundarios pensando en extender sus historias en las secuelas, el fiscal Harvey Dent (Billy Dee Williams) y el comisario Gordon (Pat Hingle), aunque finalmente no cumplieron con los planes iniciales.

Vicki Vale y Alexander Knox son dos periodistas intrépidos que resultan encantadores desde su primera aparición, en parte por el guion, repleto de diálogos ingeniosos, y en parte por la desbordante simpatía y carisma de sus actores, Kim Basinger y Robert Wuhl respectivamente. Además, manteniendo la idea de jugar con la intriga, son ellos quienes nos introducen poco a poco en el mundo de Bruce Wayne y su alter ego Batman. Por ello y la arrolladora presencia de Joker, se suele decir que Batman queda como un secundario y Michael Keaton fue engullido por el resto del reparto. No estoy de acuerdo con ninguna de las dos afirmaciones. Acertadamente tenemos una obra coral, y Keaton combina muy bien la torpeza del ricachón antisocial y la rudeza y frialdad del héroe en la sombra. Donde no convencen ni él ni Basinger es en su incipiente relación, pero quizá es porque ahí el guion se queda corto.

La veneración a este primer gran Joker me parece un poco inflada, pues aunque como villano resulte tan inesperado como espeluznante (en su época fue todo un shock), su historia global tiene muchos flecos y prefiero al trío Batman-Vicki-Knox. Su presentación podría haber estado mejor desarrollada, no queda muy clara la posición de Jack Napier en la mafia, al principio parece un pez gordo, luego un encargado de poca monta, ni su personalidad, pues de una escena a otra pasa de mafioso imponente a un pringado miedica: el jefe lo manda a una misión de bajo rango riéndose de él y no rechista. Eso sí, una vez como Joker se torna espectacular, Jack Nicholson nos deleita con una interpretación desatada y loca y el rol es un psicópata megalómano totalmente impredecible. Deja unas pocas escenas icónicas para el recuerdo, como su nacimiento mirando el espejo y riendo como un desquiciado, la delirante entrada en el museo, los globos con los que pretende envenenar a toda la población… Sin embargo, en el final vuelve a desinflarse mucho. Al clímax en la catedral le falta sentido del espectáculo, sobre todo después de ver el despliegue de medios para recrear la ciudad, y como confrontación final ofrece muchas tortas (a las que le falta tensión, sobre todo en instantes cruciales, como cuando cuelgan de las gárgolas) pero poco duelo intelectual o algún giro que le confiera algo más de garra y termine por todo lo alto tanto en asombro visual como en el arco de los personajes.

BRILLANTE PERO IMPERFECTA

Ese es el problema de Batman: hay un talento sin igual entre sus creadores que nos pone ante una película fascinante y rompedora, pero se acumulan escenas y situaciones un tanto descuidadas que van restando puntos aquí y allá.

Encontramos algunas partes un poco torponas, como el prólogo, con el rico incapaz de coger un taxi y que acaba perdido por los peores callejones de la ciudad, que están ahí mismo al lado de lo que parece el barrio cultural más próspero, o la entrada de Joker en la guarida del mafioso, tomando el mando él solito sin encontrar resistencia alguna.

Se puede señalar que el romance de rigor entre los protagonistas, Bruce Wayne y Vicki Vale, va más rápido de la cuenta, sin que termine de quedar claro si salta la chispa o si ambos están en la relación por otros motivos, ella por investigar al rico extraño, él por socializar y controlar la historia. No me parece que los realizadores buscaran que la cosa resultara ambigua, dejarlo para la imaginación del espectador, sino que más bien falta una pizca de naturalidad en el guion y de química entre los intérpretes. Por suerte, tiene muchos buenos momentos que disimulan su escaso recorrido: los encontronazos entre la chica y el héroe son graciosos sin parecer simplones, la escena en que ella descubre la muerte de los padres de Wayne es muy emotiva, la cena en la mesa larga y el intento de Wayne de sincerarse y decir que es Batman son tronchantes. La relación entre Vicki y Knox es encantadora y se refuera muy bien con la entrada en juego de Wayne, pero el trío se hubiera rematado mucho mejor si Knox hubiera aportado algo más sustancioso al final.

Pero lo que peores sensaciones me deja es que Joker y Batman pongan en marcha planes y ejecuten cosas importantes fuera de pantalla y en cambio se dedique mucho tiempo a otros aspectos menos relevantes de sus historias y la trama. Hubiera cambiado una escena tan larga como es la visita de Joker a Vicki en su piso, redundante a la hora de mostrar su interés por ella y un receso de humor teatral un poco facilón (por eso de forzar la presencia de Wayne en el mismo momento y lugar), por ver más elaborado el ascenso de Joker y las indagaciones de Batman.

La reunión con los otros mafiosos queda muy coja, matando a un jefe y amenazando a los demás no basta para que me crea que no se van a aliar contra él. Pero en realidad hubiera sido mejor eliminar esa parte por no aportar nada a la historia, ya que en el ataque de Joker a la ciudad no pintan mucho otras mafias; quizá quisieron ser fieles al cómic, con Joker dominando el mundo del crimen, sin darse cuenta de que no era una subtrama útil. Mejor hubiera sido explicar cómo consigue ganarse a los matones de su banda y algo tan importante como interrumpir la emisión de televisión. En cuanto a Batman, habría aportado mucha consistencia a la trama y al personaje ver su investigación sobre Joker con más detalle, que siguiera pistas más llamativas, que tuviera algún encontronazo con los matones, algo que perfilara mejor la confrontación. Con meter en el ordenador una muestra de artículos de cosmética infectados ya tiene todo hecho.

EL LEGADO

Para los tiempos que corrían, viniendo de la serie televisiva familiar y teniendo como referente al ingenuo Superman de Reeve y Donner, la perspectiva más oscura de Burton fue toda una revolución en el cine, consiguió cambiar la visión sobre un género considerado infantil, y sus orígenes para muchos ni siquiera válidos como literatura, y dar a conocer la cara más auténtica de uno de sus personajes más serios y oscuros.

Por su estilo entre desenfadado y surrealista se le perdonan algunas cosas menores (la nave de Batman tiene unas tijeras perfectamente diseñadas para los globos de la banda de Joker, el estereotipo de que una mujer lista debe llevar gafas, alguna secuencia un poco falta de garra), pero los bajones en ritmo y la impresión de que falta desarrollo en algunas partes son muy notorios. Si Batman causó un impactó tan grande y aguanta bien el paso de los años es por su arrolladora originalidad y personalidad.

De hecho, es tan marcada en cuanto a estilo que no me parece apta para todos los públicos, pero aun así tuvo un gran éxito y se mantiene muy bien en la memoria colectiva a pesar de que Batman vuelve (1991) fue un desvarío total. También es cierto que a las dos siguientes adaptaciones, Batman Forever (1995) y Batman y Robin (1997), oficialmente de la misma serie pero que nadie las cuenta como tal, se les confirió un tono tan distinto, tan comercial y hortera, que dio dos títulos estúpidos, lo que ha ayudado a ensalzar la visión de Tim Burton.

Hizo 400 millones de dólares en la taquilla mundial (ajustado a hoy en día serían 800), por encima de títulos tan esperados como eran Regreso al futuro II (Robert Zemeckis) y Cazafantasmas II (Ivan Reitman), siendo superada sólo por Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg), menos en Estados Unidos, donde se mantuvo imbatible.

Batman de Tim Burton:
-> Batman (1989)
Batman vuelve (1992)
Batman de Joel Schumacher:
Batman Forever (1995)
Batman y Robin (1997)
Serie El Caballero Oscuro:
Batman Begins (2005)
El Caballero Oscuro (2008)
El Caballero Oscuro: La leyenda renace (2012)
Serie La liga de la justicia:
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
La liga de la justicia (2017)
Independiente:
Joker (2019)

Spider-Man: Homecoming


Spider-Man: Homecoming, 2017, EE.UU.
Género: Acción, comedia, superhéroes.
Duración: 133 min.
Dirección: Jon Watts.
Guion: Jonathan Goldstein, John Francis Daley, Jon Watts, Christopher Ford, Chris McKenna, Erik Sommers.
Actores: Tom Holland, Jacob Batalon, Michael Keaton, Robert Downey, Jon Fabreau, Laura Harrier, Tony Revolori, Marisa Tomei, Zendaya.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Ingeniosa, divertidísima. Capaz de darle la vuelta de tuerca justa para pasar como fresco a un personaje muy exprimido.
Lo peor: Aunque todavía se nota cierta cobardía, y hay pequeños cambios que no serán del agrado de todos. La confrontación final peca de ruidosa pero poco emocionante.
El anuncio: Descarada la promoción de Lego Star Wars…
La frase: Si no eres nada sin el traje, entonces no deberías tenerlo.

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No iba con muchas esperanzas. Empezar la tercera serie de Spider-Man en tan pocos años no auguraba nada bueno. Dolió que no fueran capaces de continuar la etapa dirigida por Sam Raimi (2002-2007), pues a pesar de haber nacido con un capítulo inicial bastante mediocre pegó un subidón enorme en el segundo y tercero, por no decir que contaba con una historia y unos personajes bien maduros y unos actores muy implicados. Hurgó más en la herida que reiniciaran al arácnido apresuradamente en dos nuevas entregas (encargadas a Marc Webb en 2012 y 2014) en las que los productores no habían aprendido nada de errores ya superados en un género que entraba ese año en su punto álgido con Los Vengadores: las injerencias del estudio en la labor creativa de guionistas y directores, la obsesión por cumplir con todos los clichés del género y el personaje sin buscar una solidez y una personalidad concretas, no planificar la serie a largo plazo y no cuidar la elección de los actores, pues los nuevos rostros resultaron bastante lamentables. Al menos en Sony, poseedores de los derechos del superhéroe, se dieron cuenta por fin de lo mal que lo hicieron y cedieron la parte creativa a Disney/Marvel.

Pero no sirvió para levantarme las expectativas. Las últimas entregas de la saga Marvel destinadas a presentar nuevos personajes fueron un tanto conservadoras. Ant-Man y Doctor Strange cumplían muy justitas, y si funcionaban era porque lograban que cada protagonista tuviera cierto magnetismo. De hecho, en Doctor Strange fue decepcionante que se aferraran tanto a la fórmula cuando tenía tantas posibilidades. Pero claro, qué iba a hacer, ¿saltarme un capítulo a estas alturas? Aparte de quedarme al margen en temas de conversación me arriesgo a perder parte de información de la serie. Así que al final caí… Y me ha sorprendido muy gratamente. No será la mejor versión de Spider-Man, pues Spider-Man 2 dejó el listón muy alto, pero como episodio inicial cumple muy bien a pesar de las dificultades que enfrentaban y abre las puertas a la confianza en que en las secuelas lleguen más lejos.

Lo primero que salta a la vista es la actualización de la historia a los tiempos actuales, teniendo como objetivo además un público incluso más juvenil que el habitual en Marvel, pues el tono y el contenido se dirige claramente a críos de diez años para arriba. Y por ello sorprende que en EE.UU. tenga calificación +13 en vez de PG, donde a partir de los diez años pueden entrar con los padres. Y mientras, Guardianes de la galaxia Vol. 2 tiene escenas inquietantes, palabrotas gordas y referencias sexuales y es +13 también. En España Spider-Man: Homecoming se ha considerado para mayores de 7 años y Guardianes de la galaxia Vol. 2 +12. Lo único malo de esto es que quizá hay que aguantar demasiadas canciones, aunque aquí me ponen ante una disyuntiva: ¿qué es preferible, escuchar otra vez los temas más sobados de los Ramones y The Rolling Stones, o que hubieran metido Justin Biever y “requetón”?

Las generaciones de preadolescentes y adolescentes actuales están muy bien representadas y el mensaje clásico del cómic se maneja con inteligencia. Peter Parker juega a ser youtuber, se obsesiona con imitar a los famosos (Los Vengadores), deja de lado sus responsabilidades por seguir los deseos inmediatos, y espera que todo se arregle solo mientras no se preocupa de lo que tiene delante. Bajo la batuta de Iron Man y los encontronazos de la vida deberá ir madurando y aceptando la responsabilidad. Por ello resulta realmente ridículo que haya críticas diciendo que esto no es Spider-Man porque “no se habla sobre responsabilidad”. Toda la película lo hace, todas las situaciones en que se ve metido el protagonista lo empujan hacia la maduración: enfrenta dilemas, mete la pata, se lleva no pocas lecciones, y crece poco a poco. Y el eslogan ineludible, “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”, se incluye con tacto después del ridículo que hicieron en The Amazing Spider-Man con que si lo decían o no: “Si no eres nada sin el traje, entonces no deberías tenerlo”.

El conflicto interno de Peter queda muy bien materializado, la relación con Tony Stark y Happy y con los demás chavales se trata con naturalidad y sin cursiladas, con lo que estamos ante una anomalía muy de agradecer, una cinta juvenil, una de institutos, sin tonterías ni estereotipos vulgares. El drama es sencillo y obviamente centrado en la acción de superhéroes, con lo que es inevitable imaginar por dónde irá la aventura. Pero con el tirón de los personajes engancha muy bien, y el ritmo enérgico y el sentido del humor ingenioso e inagotable terminan de perfilar una película muy divertida.

Se despacha rápido el origen. Parker dice “Me picó una araña”, y a otra cosa, que ya lo conocemos bien. El tío Ben no nos tortura con su drama, sacrilegio para unos, una liberación para otros por no atarse a lo mismo de nuevo. Pero estamos hablando de un capítulo en la vida de Peter donde es crucial. O dices a las claras que en esta adaptación no existe el tío, o lo muestras de pasada (un diálogo, una foto) para que sepamos que sí, porque como es de esperar no indicar nada está confundiendo y decepcionando a muchos. Igualmente, la queja de que Tony Stark le hace el traje la entiendo, pero esta no me parece una transgresión grave, lo raro sería que Stark lo coja como pupilo y no le ofrezca nada de ayuda; y mientras, Peter se hace las telas de araña y se describe bien como un genio.

En cuanto a la presencia de Iron Man, pues sí, se la podían haber ahorrado, se nota el miedo a que no funcionara y que lo han usado para darle un empujón a la confianza del público. Pero una vez vista sólo puedo ponerle pegas al innecesario epílogo dedicado a Tony sin venir a cuento, mientras que en el resto de la cinta su presencia es concisa, destinada por completo a servir en la maduración de Peter sin robarle protagonismo alguno. Además, da a la película una entidad como capítulo que no han tenido otras, donde se unían con escenas postcréditos fugaces. Por ejemplo, era inevitable preguntarse por qué Los Vengadores no aparecieron en Thor: El mundo oscuro, cuando una nave amenaza Reino Unido, y se los echó de menos cuando el envite de Ego en Guardianes de la Galaxia Vol. 2 alcanza a la Tierra. Por otro lado, hilando fino se podría señalar una falta de continuidad con la aparición de Spider-Man en Capitán América: Guerra Civil. Allí parecía un luchador entrenado, resuelto, sin miedo… aquí vemos que es bastante patán, que está en sus primeros intentos de implicarse en luchas más grandes; pero supongo que también se puede justificar con que allí fue muy entusiasmado y no había civiles en peligro que lo pusieran nervioso.

El trabajo de los actores es excelente. Con la elección de Tom Holland (quien se dio a conocer en Lo imposible) han acertado de lleno, muestra espontaneidad y recursos de sobras para cumplir en la inocencia juvenil, en el drama y en el romance (por fin escenas de ligoteos torpes que resultan verosímiles… todavía recuerdo la vergüenza ajena que dieron las de The Amazing Spider-Man). Los demás compañeros tienen también la simpatía y carisma necesarios, aunque es justo decir que el guion hace gran parte del trabajo describiendo con realismo el entorno del instituto. La tía May sale muy poco, pero lo suficiente para que quede claro que han fichado a una actriz más joven y sexy de lo que requiere el papel, la todavía muy atractiva Marisa Tomei, para atraer más público. Otro pequeño cambio sin necesidad, pero una vez superado el shock, pues cumple en sus breves apariciones y ya está. Veremos cuando le den más protagonismo qué tal resulta. Jon Fabreau (Happy) y Robert Downey (Tony) han demostrado de sobras su valía, y se emplean como buenos profesionales, sin dar la sensación de estar por obligación. Y Michael Keaton como el Buitre compone un villano bastante completo, en parte también porque el guion le ha dado cierto margen, pero es indudable que está muy efectivo en la creciente frustración y desesperación del personaje.

En la banda sonora tenemos al pluriempleado Michael Giacchino, que ha pasado por todas las sagas exitosas del momento: Star Trek, La guerra de las galaxias, El planeta de los simios, Jurassic World, Misión Imposible y varias películas de Pixar. Y el tío no muestra cansancio o desgaste. Nos ofrece otra partitura vibrante y orquestada con maestría a la que sólo le falta un poco de personalidad y recordabilidad, algo común en la serie Marvel, donde apenas Alan Silvestri ha conseguido algún tema que cale y al que los productores le hayan dado algo de proyección entre los distintos capítulos.

El director Jon Watts apenas era conocido, su único trabajo destacable es Coche policía, un thriller protagonizado por Kevin Bacon, así que sorprende que confiaran tanto en él para una superproducción. Pero se desenvuelve con soltura, combinando adecuadamente los momentos intimistas con la acción aparatosa. Destaca para bien el ritmo impecable, lo bien que capta la vitalidad del guion. Y en lo malo, la confrontación final es poco vistosa: entre la oscuridad, el caos y la falta de imaginación, no luce como otras peleas de la propia película y de la serie. Lo que queda por saber es si ese escenario es imposición de los productores o fue idea suya. Sea como sea, señala el único problema de una cinta que iba apuntando bastante alto: al final sí acaba un poco encorsetada por algunos clichés del género que no son capaces de quitarse de encima.

Con el villano parecía que iban a acertar de lleno también, pero el camino andado se deshace bastante en un arco final muy facilón. A lo largo de las vivencias de Peter Parker colocan unas pocas pero efectivas escenas donde presentan al contrincante de turno, trabajándose bien su situación y su personalidad, y cómo los cambios en la primera influyen en la segunda. Y para rematar las buenas sensaciones, a la hora de hacerlo chocar con Spider-Man incluso tenemos un giro inesperado que maneja bien la sorpresa y la tensión. Por todo ello decepciona que al final deshagan lo construido y se apoyen por completo en una batalla de efectos especiales. ¿Es que nadie es capaz de ofrecer desenlaces más originales? En Doctor Strange al menos lo intentaron. Así pues, mientras todas las aventurillas de Parker (incluso las más pasadas de rosca, como el aprendizaje sobre la marcha de las opciones del traje) mantienen una buena conexión con el espectador, pues es fácil sentir empatía por el joven y sus amigos, cuando llega el momento cumbre la emoción se disipa bastante. A la larga incluso acabé un saturado de tanta hostia en el clímax, sabiendo de sobras cómo iba a acabar. Y para colmo, el paso final en la maduración de Spider-Man es un poco confuso: Stark ahora lo aplaude, cuando ha hecho lo mismo que por lo que antes le riñó en el ferry, ir en solitario y liarla parda (abajo en spoilers me extiendo).

Otro ligero lastre es que tampoco saben darle un buen cierre. Las escenas de rigor para terminar de posicionar cada personaje son obviedades que no tienen mucha garra, sólo destacan por un par de chistes (como el último de tía May). Pero sobre todo le pesa que se salen por la tangente dándole toda una escena a Tony Star que por primera vez le quita protagonismo a Peter Parker. No parece necesaria y añade minutos inútiles.

Alerta de spoilers: Ahondo en los detalles finales.–
Como digo, Spider-Man, tras la traca final, es bien considerado por Tony a pesar de que la única diferencia respecto al lío del ferry es que lo ha hecho sin el traje súper avanzado que le dio y que esta vez ha capturado al malo, pero en el fondo es la misma situación, ha ido solo, sin avisar a nadie (algo que le criticó Tony en aquel entonces), y el desastre en que podía haber acabado su implicación es bien patente, pues esquiva la ciudad por los pelos. Es decir, al final, tras tanto hablar de maduración, parecen encauzarlo más de la cuenta hacia su habilidad como superhéroe. Se recupera un poco con el rechazo de Peter de plantarse ante los periodistas, es decir, con que su ego está aplacado. También se recupera brevemente el nivel del villano en su escena post-créditos, otorgándole de nuevo un poco de humanidad.

Por último, tenemos una decisión de adaptación, con sorpresa final incluida, un poco extraña. Igual que con lo de omitir al tío Ben, ¿por qué ese empeño en poner una chica nueva como objetivo sentimental de Peter? ¿Qué problema había con empezar cimentando la relación con MJ, y más cuando está claro que abordarán este acercamiento en siguientes entregas? Han perdido un tiempo precioso sin razones que lo justifiquen. No queda nada mal, la película funciona bien así, pero estás adaptando una obra que sigue mucha gente, no tiene sentido dejarlos de lado sin necesidad.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
-> Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Spotlight


Spotlight, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 128 min.
Dirección: Tom McCarthy.
Guion: Josh Singer, Tom McCarthy.
Actores: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Stanley Tucci, Liev Schreiber, John Slattery, Brian d’Arcy James, Billy Crudup.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Correcta en todos sus sentidos, sin el sensacionalismo esperable de Hollywood en un título de estas características.
Lo peor: No tiene mucha pegada, se olvida rápido.

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Spotligth es un buen drama de denuncia y thriller de investigación periodística. Está firmado e interpretado por buenos profesionales, y el acabado no tiene carencias dignas de mención. La pega es que tampoco destaca, no tiene el carisma de Zodiac ni la fuerza emocional de Erin Brockovich, por citar los primeros referentes que me han venido a la cabeza.

La historia quizá tenía potencial para construir un relato más trágico, intenso y de mayor calado, pero curiosamente debo alabar su contención, el tono natural que ofrece. Viniendo de Hollywood y siendo una favorita para los Oscar (incompresible que haya ganado ante una obra maestra como Mad Max, pero eso es otra historia), me esperaba que exprimieran el drama con el sensacionalismo habitual y que los personajes fueran clichés andantes desde los que lanzar manidos mensajes. Tenemos numerosos ejemplos recientes muy claros, como Descifrando enigma, El mayordomo, Whiplash, El puente de los espías, Dallas Buyers Clubs… Pero Josh Singer y Tom McCarthy (este último también director) prefieren narrar las cosas con tono realista y verosímil y si acaso tirar de alguna sutileza para matizar sensaciones, antes que inclinarse hacia el amarillismo para forzar emociones en el espectador.

Así, el poder de la Iglesia Católica no se expone con algún obispo o cura malvado y monocromático que pretenda dar asco, sino mostrando poco a poco el alcance de sus tentáculos y la omnipresencia que tiene en la sociedad. Los planos de las calles con grandes iglesias al fondo dominando el panorama son muy efectivos, y poniendo al lado un parque se bastan para sembrar malestar en el espectador. Y la trama obviamente desgrana toda la inmundicia que rodea a los casos de pederastia: la ocultación de pruebas, las jugadas sucias, el barrer el problema bajo la alfombra en vez de enfrentarlo, el abuso de poder con el que hacen todo esto…

La investigación se desarrolla manteniendo bien la intriga de hasta dónde podrán llegar los periodistas. Los personajes son sencillos pero interesan lo suficiente como para seguirlos, en especial el que más tiempo recibe, el de Mark Ruffalo (nominado como secundario aun siendo principal…). La puesta en escena apuesta también por la sencillez, pero sin parecer simple, pues la acción ocurre principalmente en despachos pero McCarthy consigue las dosis justas de elegancia y dinamismo: la fotografía de planos amplios, siempre con muchos personajes en acción, nos sumerge muy bien en el mundo del periódico y el trabajo de los protagonistas.

Pero nada resulta tan llamativo como para dejar huella. Los personajes no tienen el carisma y recorrido suficientes como para implicarte de lleno con ellos; alguno de hecho queda un tanto desdibujado, como el nuevo editor. El reparto cumple sin problemas pero tampoco impresiona (menuda broma nominar a Rachel McAdams como mejor actriz secundaria). La historia te atrapa durante el visionado pero no te remueve por dentro como para acabar con la sensación de que hay que hacer algo para arreglar esta práctica inmunda… Y siendo un drama de denuncia, esa falta de capacidad para impactar no es buena señal.

Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)


Birdman: Or (The Unexpected Virtue of Ignorance), 2014, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 119 min.
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guion: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo, Raymond Carver.
Actores: Michael Keaton, Edward Norton, Emma Stone, Naomi Watts, Zach Galifianakis, Andrea Riseborough, Merritt Wever, Amy Ryan¸Lindsay Duncan.

Valoración:
Lo mejor: Reparto espléndido, gran labor de dirección. Fantástico análisis sobre el cine y el teatro. Comedia original, inteligente, con buen trasfondo.
Lo peor: Cierta carencias de ritmo y rumbo, una banda sonora fallida.

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Birdman es una película para cinéfilos. No hay más que ver cómo el público generalista la considera aburrida. Hay que saber de qué está hablando, qué referencia, qué critica, para entenderla, disfrutarla y sacarle todo el partido. Iñárritu construye una comedia ácida sobre defectos, errores y problemas del gremio (tanto teatro como cine), criticando unas veces, pero muchas más aportando una autocrítica entre sensible e irónica: esto es lo que hay, vamos a reírnos de ello, que es mejor que lamentarse. En la crítica está obviamente señalado el cine comercial de sagas clónicas que engullen actores y creatividad. El protagonista viene de ahí, con su Birdman (ironía amplificada, porque Michael Keaton fue Batman), y en plena crisis personal, artística y monetaria intenta conseguir prestigio como escritor, director y actor de “auténtico arte” con una obra de teatro sobre una conocida novela, pero en el camino debe luchar contra los clichés y el estancamiento (todos lo recuerdan como el superhéroe) y los críticos destructivos, quienes se llevan un buen varapalo en el relato (genial la vieja solitaria y arisca). Pero también representa la obsesión y locura (oye a Birdman en su cabeza), el distanciamiento de la realidad, los matrimonios rotos, los altibajos monetarios… en definitiva, es una visión de muchas estrellas de cine.

El resto de personajes ofrecen otras perspectivas, tanto los de escasa presencia (excelente Galifianakis como el productor homosexual) como sobre todo los más relevantes en la aventura. Destaca Edward Norton como el actor famoso intratable, exigente y caprichoso… Y ojo, que no se limita a un estereotipo, porque su dibujo es completo y realista. Naomi Watts es la actriz que sueña con un éxito y reconocimiento que nunca llegan, pues por cada estrella hay mil estrellados. Emma Stone es la joven que cayó en las drogas e intenta rehacer su vida, aunque ésta no es actriz, sino la hija del protagonista, así que más bien viene a completarlo a él, aunque es un personaje también muy logrado.

Hay que señalar las excelencias del reparto, probablemente el mejor del año. Michael Keaton y Edward Norton logran unas interpretaciones emocionales y profundas que quitan la respiración y nos hacen partícipes de todo el tormento y demonios internos de los personajes. Y los secundan muy bien Naomi Watts y Emma Stone, que si no llegan a deslumbrar es porque tienen menos tiempo.

Pero el relato abarca bastante más que la representación de diversas personalidades y la tragicomedia resultante. Es detallista a la vez que tiene gran amplitud de miras. Encontramos guiños geniales como la clásica pistola de Chekov (si muestras un arma -u objeto en general- en las primeras escenas, será crucial en el desenlace), que es tanto un recurso narrativo como un chiste casi inevitable. Y a la vez salta a otros temas de importancia, por ejemplo me encanta cómo se trata la incapacidad de algunos en el gremio para adaptarse a las nuevas tecnologías, sobre todo porque se analiza mostrando sus dos caras: por un lado la hipocresía de quejarte de no ser famoso mientras reniegas de los medios que predominan en la actualidad y son vitales para darte a conocer (twitter, youtube), y por el otro señalar lo triste que resulta hacerte famoso por la inmediatez de la anécdota (una gilipollez que se torna viral en internet) por encima del respeto y disfrute bien meditado de tu trabajo.

Iñárritu además apuesta por la filigrana visual, rodando como si fuera un plano secuencia único (aunque los cortes se notan bastante), con cámara en mano (Lubezki espléndido como siempre) y mezclando trucajes y efectos especiales con maestría. Aparte de deslumbrar, de dejarte fascinado incapaz de apartar la mirada de un relato muy vistoso, te introduce de lleno en el ambiente: el teatro cobra vida, parece que estás viviendo en él codo con codo con los protagonistas.

Siguiendo con la idea de no marcarse un drama, sino un homenaje con sátira, la narración va sumergiéndose cada vez más en la fábula, hasta llegar a un tramo final que mezcla realidad y los delirios del protagonista sin dejar del todo claro cuál es cuál, para terminar con un desenlace abierto a la imaginación, a la opción que quieras elegir. De hecho es tan abierto que descoloca si te esperas que haya un cierre claro para la odisea del personaje. Pero sólo los espectadores que no saben pensar y no quieren reflexionar, que lo quieren todo clarito y directo, saldrán defraudados (de hecho casi parece una crítica hacia ellos).

Como planteamiento, la idea de Birdman es imaginativa, innovadora y valiente, y a la hora de su ejecución Iñárritu tiene la inteligencia y habilidad para conseguir la obra vistosa, emocionante, divertida y reflexiva que pretendía. Sólo se pueden señalar dos aspectos algo grises: los altibajos en el ritmo y la banda sonora. Por intentar abarcar distintas historias sobre el mundo del cine hay capítulos menos llamativos que otros, algunos incluso algo inconexos (las visitas a la azotea no parecen esenciales), que afectan un poco al ritmo, transmitiendo la sensación de que a veces la historia no va en una dirección concreta; además el tramo final pierde un poco de fuerza comparado con la vivaz e intensa experiencia previa. Y no entiendo qué pretendía con el extraño enredo que monta con la banda sonora: una batería que incluso aparece de vez en cuando, que resulta más bien contraproducente, porque confunde y no aporta ningún matiz concreto a la escena, sólo ruido de fondo.

Estos deslices para mí apartan a Birdman de ser una película perfecta, pero lo que queda no es poco: una vibrante y original comedia irónica sobre el séptimo arte realizada e interpretada con maestría que nos recuerda que aún hay talento e imaginación en Hollywood.

Es una sorpresa que un título tan alternativo y bastante rebuscado e inteligente se alzara con los Oscar más importantes por encima de los dramones prefabricados que adoran en los dichosos premios. Eso sí, Michael Keaton y Edward Norton merecían ganar muchísimo más que Eddie Redmayne (La teoría del todo) y J.K. Simmons (Whiplash).

Robocop (2014)


Robocop, 2014, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 117 min.
Dirección: José Padilha.
Guion: Joshua Zetumer.
Actores: Joel Kinnaman, Gary Oldman, Michael Keaton, Abbie Cornish, Jackie Earle Haley, Michael K. Williams, Jennifer Ehle, Jay Baruchel, Marianne Jean-Baptiste, Samuel L. Jackson.
Música: Pedro Bromfman.

Valoración:
Lo mejor: Guion consistente con excelente carga crítica y personajes de calidad. Buena puesta en escena.
Lo peor: Compararla con la original señalando diferencias como si fueran fallos. Lo infravalorada que ha sido mientras la otra se sobrevalora.
La frase:
-Qué es más grande que un héroe.
-Un heróe muerto.

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Otro remake más. ¿Necesario, innecesario, insultante? Pues este es uno de esos escasos casos en los que se puede hablar de una visión y actualización que parte de buenas ideas e intenciones y resulta muy acertada en su ejecución. Lo injusto es que la crítica y el público han sido muy crueles, yendo a matar, viendo solo los defectos y contando además las diferencias como tales aunque no lo sean, mientras que a la antigua, que tampoco era extraordinaria, se la mima demasiado. La versión de Verhoeven destaca por su crítica irónica y su estilo violento, pero ambos elementos se sustentan en una de acción policíaca más que clásica demasiado simplista, resultando un filme algo irregular a pesar de sus buenas maneras.

La versión de José Padilha parte también de unas bases bastante clásicas, una intriga policial sencilla, pero no resulta tan trillada y lineal como en la original. Los protagonistas tienen mayor densidad, el drama que vive la familia es más interesante y la trayectoria de Murphy se trabaja algo mejor. Joel Kinnaman (The Killing) y Abbie Cornish (Klondike) están muy correctos en sus interpretaciones, resultando cercanos al espectador a pesar de que al primero se le ve poco el rostro y la segunda aparece en contadas ocasiones. Los secundarios aportan algo más de vida, e incluso contando con que el dibujo del policía corrupto sea bastante simple se eluden los clichés cansinos de la anterior. La evolución del caso se desarrolla bastante bien y adquiere nuevas capas cuando Murphy es convertido en robot; la escena de su presentación es fantástica, por ejemplo. La pena es que esta sección no se remata bien. Es evidente que era secundaria, que lo importante y jugoso está en la sección empresarial, pero el villano es muy pobre, un gángster sin presencia ni desarrollo suficiente como para causar impresión. Algo más de empaque debería haber tenido.

En cuanto a la parte crítica la perspectiva cambia. La gente se queja de que no tiene un tono irónico tan marcado como la de Verhoeven, pero eso es quedarse muy en la superficie. Para empezar no está desaparecido por completo: el programa que presenta Samuel L. Jackson es escalofriante y ofrece una crítica a los grupos de presión ultraconservadores descarada y muy efectiva. En el resto del relato se omite ese tono burlón que rozaba la parodia en pos de un drama más serio, depositando el esfuerzo en edificar un análisis más concienzudo. Los gobiernos vendiendo derechos y privatizando por doquier, la ética (médica y empresarial) puesta por debajo del dinero, pérdida de derechos individuales frente a las empresas, mercenarios, robots y drones programados al antojo de las empresas como fuerzas de seguridad, corporaciones guiando las agendas políticas… La perspectiva de la crítica es amplia y detallada, no deja resquicios, es sólida y muy acorde a los tiempos que corren, exponiendo muy bien el funesto porvenir que nos espera. ¿Que no tiene el punto irónico y gamberro de Verhoeven? Pues vale, ¿y qué? Es otra versión, si quieres ver lo mismo ponte la original. Precisamente la queja sobre muchos remakes es que son clones sin alma. Aquí tenemos uno con entidad propia y no ha sido apreciado debidamente.

Por si fuera poco el villano de esta sección resulta memorable. Este directivo de una gran corporación no es un enemigo al uso, es decir, no es el cansino malo que va contra el protagonista sin más, la situación es mucho más compleja. Él es hijo del capitalismo salvaje, hace lo que sabe hacer e incluso lo que debe hacer según lo que espera el sistema y la sociedad: competitivad, ganar a los contrincantes en el negocio, hacer dinero a toda costa. En el juego del capitalismo todo vale. Su descripción es excelente, sus motivaciones están claramente expuestas, y su posición como nexo y catalizador de toda la crítica al sistema es brillante. Michael Keaton está espléndido en su papel, y el duelo ético que mantiene con el ingeniero principal (Gary Oldman estupendo como siempre) es magnífico y ofrece unos cuantos grandes instantes.

Lo unico que falla es un detalle del final, donde se fuerza la muerte del empresario y para ello nos lo ponen cogiendo un arma y apuntando a Murphy y a su familia, algo absurdo en alguien tan inteligente y comedido a la hora de dar una buena imagen, y más cuando sabe que tiene la mano ganada porque la programación le impide a Robocop disparar o detenerlo. Si la película pretende hablar de la justicia democrática y la conciencia humana sobre la frialdad de las máquinas qué mejor que ver a Murphy superar su programación, detenerlo y procesarlo con garantías. Acabar en un vulgar tiroteo supone una horrible inclinación hacia los clichés made in hollywood en un momento crucial; de hecho el director sufrió muchísimo la injerencia de los productores, así que no me sorprendería esta escena fuera una imposición. Por suerte el epílogo con el programa de tv casposo vuelve al tono anterior, pero se echa de menos el giro ingenioso con el que acababa la de Verhoeven, o incluso alguna nueva versión del mismo.

La puesta en escena es bastante buena, algo muy de agradecer viendo el pobre nivel de los géneros de acción y ciencia-ficción hoy en día. Por una vez tenemos los dos elementos necesarios para que las escenas de acción funcionen a pleno rendimiento: buen contenido y buena dirección. José Padilha no tira de trucos visuales baratos, no pone los efectos especiales por encima de la narrativa, ni olvida que el protagonista de la escena son los personajes. El prólogo, el entrenamiento, el ataque al gángster y la lucha contra los grandes robots son cuatro secuencias muy llamativas, caracterizadas porque se esfuerza en darles entidad propia a cada una. Excelente planificación, fotografía, dirección y montaje y unos efectos impecables y limitados a lo necesario las hacen posibles. Solo le ha faltado una banda sonora con personalidad.

Robocop 2014 es emocionante y deja buen poso, deja ideas rumiando en la mente. Aparte de Oblivion o casos excepcionales como Hijos de los hombres pocas películas actuales de ciencia-ficción y menos de acción te dejan pensando a la salida. No será para enmarcar, pero es un buen ejemplo de lo que debería ser una película de acción de calidad y un remake digno.