El Criticón

Opinión de cine y música

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Blackhat


Blackhat, 2015, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 133 min.
Dirección: Michael Mann.
Guion: Morgan Davis Foehl.
Actores: Chris Hemsworth, Viola Davis, Wei Tang, Leehom Wang, Holt McCallany, Ritchie Coster, Andy On, John Ortiz, Yorick van Wageningen.
Música: Atticus Ross, Leopold Ross.

Valoración:
Lo mejor: Es un thriller con cierta intensidad y algo de originalidad. La puesta en escena es estupenda.
Lo peor: Le falta consistencia a la trama, y más aún a los personajes.
La curiosidad: A Harry Gregson-Williams le rechazaron la banda sonora tan en el último momento que llegó a ver la película sin saberlo y se cogió un buen cabreo.
El título: En España por supuesto tiene una coletilla absurda: Amenaza en la red.

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La crítica y el público son unánimes en señalar que Michael Mann se ha pegado un buen batacazo, pero desde mi punto de vista se pasan de largo mientras a películas auténticamente infames las trataron mejor. No hay más que compararla con Jack Ryan: Operación Sombra, una reciente del género que solamente fue tildada de regulera a pesar de ser una abominación. Blackhat no es una buena película, pero dista de ser mala, y comparada con el cine actual desde luego tiene virtudes que se ven cada vez menos.

Lo mejor es que el thriller es thriller, algo que solo hemos visto últimamente en Jack Reacher y Bourne. Hay un misterio que desentrañar y los personajes investigan sin descanso mientras se topan con peligros varios. Esos peligros son tangibles, te crees que sufren y pueden morir, y el esfuerzo que hacen buscando pistas también llega con intensidad, nada les cae del cielo; remarco esto porque en el cine actual los personajes avanzan por distintas fases sin despeinarse y las cosas se resuelven casi solas. Tenemos también escenarios diversos y bastante atractivos. La guerra de despachos, agencias y jurisdicciones es muy interesante y realista. La informática está bastante bien tratada, algo insólito en el cine. Y las escenas de acción son buenas, en especial por la calidad de Mann como director, un talento a la hora de conseguir tiroteos vistosos pero verosímiles.

Ahora bien, esos puntos fuertes no llegan a deslumbrar, y algunos deslices minan la solidez del conjunto. Hay giros cogidos por los pelos, como que la enviada de justicia apoye al protagonista a la hora de hackear la NSA como último recurso, pero luego va tras él sin pestañear, como si no hubiera estado implicada en eso, o que el Marshal no compruebe nunca la ubicación de su vigilado, pues aunque tarde en actualizarse el mapa del móvil después del cambio de configuración, precisamente por eso puede ver una posición rara en cuanto eche un vistazo. También falla el realismo citado en la parte final, con la pelea entre el gentío, donde no hay quien se crea que con individuos armados y tiros varios no haya una estampida y caos. Pero lo peor son los personajes…

Por una vez Mann no escribe, y Morgan Davis Foehl no llega al nivel al que nos tiene acostumbrado, en especial a la hora de conseguir protagonistas de calidad y atractivo. La presentación de todos los personajes es francamente buena y muy prometedora, pues hasta se nota interés por lo sutil (el héroe mirando al horizonte, anhelando la libertad). Pero pronto se estrellan para no volver a levantarse. Los secundarios se van olvidando, para ir muriendo justo cuando ya no parecen ser necesarios. La relación que forman el protagonista y la chica de turno es verosímil y efectiva de primeras, pues el deseo de vivir y tener compañía es evidente que surge en situaciones así. Pero luego intentan mostrar problemas de pareja que no tienen sentido alguno, y menos entre gente tan inteligente: ¿por qué el protagonista y el amigo de toda la vida (y hermano de ella) hablan de la relación como si no hubiera más opción tras haberse acostado que iniciar una relación estable?, ¿es que no pueden tener una aventura breve, diversión sin pensar en relaciones largas? El guionista busca conflicto donde no lo hay, con lo que el toque de drama personal queda muy impostado.

Pero el problema más grave es el propio rol central. Apuntaba maneras, pero el hechizo dura bastante poco. Enseguida lo convierten en un héroe de acción que domina todo campo como si fuera un agente con años de entrenamiento. Armas blancas y de fuego, supervivencia en países extranjeros… Al final sí termina pareciéndose al nefasto personaje de Jack Ryan: Operación Sombra… ¿Qué demonios hacen llevando a un simple hacker que ha sido contratado como ayuda con los ordenadores a un tiroteo contra fuerzas fuertemente armas? ¿Cómo pueden dejar que entre solo en la habitación de un sospechoso? Y lo peor: ¿cómo pretenden que nos traguemos que puede liderar el equipo de rescate en una central nuclear extranjera accidentada? Así, a partir de cierto momento la película parece dividirse en dos obras distintas, como si el guionista quisiera una de acción moderna (efectismo sin pensar en su credibilidad y coherencia) y el director quisiera potencial el entorno de thriller, con puntos álgidos más trabajados (atención a la fuga a tiros de los mercenarios).

Por otro lado, como informático tengo que ahondar en este campo, que no se libra de algún cliché cansino. Primero están los monitores que hacen ruiditos cada vez que un texto cambia. Hasta los paneles de la bolsa hacen pipipipi. ¿Te imaginas la sala de la bolsa en pleno bullicio con miles de paneles haciendo ruido? Es tan estúpido que no entiendo cómo nadie en la producción dice que ya basta de tonterías. Otra memez cansina del cine es que el ratón no existe, y aquí lo mantienen a rajatabla: todo lo hacen tecleando, incluso seleccionar una celda de una tabla enorme lo consiguen pulsando una sola tecla. La incomprensible representación de los datos viajando por los ordenadores y redes tampoco funciona, porque no se sabe qué demonios son los enredos que salen, en especial esa lucecita minúscula que se enciende en el microprocesador, como si estuviera infectado por un ente mágico. Por suerte, sólo son detalles, porque en lo argumental la cosa está mejor: las tecnologías, los lenguajes de programación, la terminología hacker y demás está bien trabajado y es bastante realista. Aunque precisamente por eso descoloca y molesta que luego caigan en topicazos tan absurdos.

Al contrario que las anteriores obras de Michael Mann (Enemigos públicos, Corrupción en Miami), Blackhat no gana con los revisionados, porque la carencia de profundidad en los personajes se hace más evidente. Y es una pena, porque los puntos fuertes del thriller parecen apuntar a una película mucho más interesante.

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Collateral


Collateral, 2004, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 120 min.
Dirección: Michael Mann.
Guion: Stuart Beattie.
Actores: Tom Cruise, Jamie Foxx, Jada Pinkett Smith, Mark Ruffalo, Peter Berg, Bruce McGill.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: La relación entre los dos protagonistas y la buena labor de ambos intérpretes. Excelente puesta en escena, buen uso de elementos clásicos del thriller.
Lo peor: Algo lenta, le cuesta bastante arrancar.

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Michael Mann se marca un thriller muy a lo Hitchcock, con un individuo normal metido en un embrollo de tres pares de cojones, giros y cambios de juego estresantes y clímax de acción y misterio varios. Y ciertamente eso implica que no va a sorprender en los puntos clave, pero a cambio maneja muy bien el camino entre medio y se apoya en un pilar que aporta mayor interés a la fórmula: la fantástica dinámica entre los protagonistas. Es imposible no implicarse en la odisea del taxista y sentir fascinación por el asesino, de forma que aunque veas venir algún giro o supongas que habrá final feliz, hasta entonces estás sufriendo de lo lindo.

Su mayor limitación es que le cuesta bastante entrar en materia y en general es algo lenta. Quizá podrían haber metido más aventuras y acción, pero eso implicaría inclinarse por el género de la acción, cuando es evidente que buscaban un thriller basado en el viaje emocional de sus protagonistas. Con un escenario tan reducido, el taxi, y tan pocos personajes centrales, dos, el ritmo difícilmente puede ser trepidante. La presentación de estos funciona porque nos describe individuos muy interesantes, pero no impacta porque la trama tarda mucho en tomar forma.

Hay que remarcar que si con el taxista no hubieran logrado un personaje tan cercano la cinta se hubiera hundido bien rápido. Ahí Jamie Foxx es esencial. El actor capta muy bien la esencia de Max, un ciudadano normal y corriente que se conforma con trabajo fácil que le dé para una vida sencilla, a quien el riesgo le aterra como a muchos otros: está tan apegado a la rutina, tan aferrado a la zona de confort y seguridad, que es incapaz de seguir sus sueños, aunque los desea tanto que incluso miente a su madre para sentirse algo más realizado. Por el contrario el asesino Vincent es despiadado y frío y no conoce límites, ni personales ni morales: su lema es que nada importa, haz lo que quieras sin pensar en el daño y las consecuencias que dejes. Muy bien caracterizado, Tom Cruise transmite acertadamente el tono gélido y peligroso de este implacable ejecutor, logrando una de sus pocas interpretaciones complejas y de calidad (aunque no llega al nivel de Magnolia).

Cuando este asesino muestra su verdadera cara y Max cae en su espiral de violencia el relato adquiere mayor intensidad, introduciéndonos en un juego de supervivencia agobiante. Cada nuevo paso en el viaje del desdichado taxista se va regando la semilla de la inquietud, la relación entre los dos dispares individuos ofrece un duelo interpretativo y de personalidades muy completo, y la magnífica puesta en escena perfila una atmósfera extraña que matiza muy bien el aislamiento y la intriga: la ciudad se difumina, se vuelve fría, oscura y lejana, parece que solo existe el taxi y el ahora.

El clima de tensión creciente sobre el destino de nuestro protagonista llega a puntos cumbres y a inflexiones muy potentes, como el desastre en que acaba la implicación de las fuerzas de la ley en la discoteca o el funesto giro final con la abogada del primer acto, que se esperaba con desazón (porque la trama se presenta de forma que sabes que ocurrirá tarde o temprano, es una pistola de Chéjov descarada) y llega en el peor momento y cuando sabemos de lo que es capaz el villano. Es una sabia elección no tratar de convertir el final en una sorpresa salida de la nada, porque dada la trama era muy difícil lograrlo sin hacer trampas evidentes; de esta forma juegan con la intriga de cuándo y cómo le llegará su turno y cuánto sufrirá Max para resolver la situación.

Solo una pega podría ponerle, y es que una parte resulta un tanto exagerada: desentona en un thriller de corte realista la escena de Max plantando cara al mafioso empleador del asesino. No me ha resultado creíble ninguna de las veces que he visto la película, el fortalecimiento gradual del personaje no necesitaba esa exageración. Por lo demás, el único problema serio de Collateral es la citada falta de ritmo, sobre todo en su primer acto, aunque no es tan grave como para restarle atractivo a un thriller que recupera muy bien la fórmula clásica en una época donde prima la acción directa sin nada detrás.