El Criticón

Opinión de cine y música

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Puñales por la espalda


Knives Out, 2019, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 131 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Daniel Craig, Ana de Armas, Michael Shannon, Jamie Lee Curtis, Toni Collette, Christopher Plummer, Katherine Lagford, Jaede Martell, Don Johnson, Chris Evans, Lakeith Stanfield, Riki Lindhome, Noah Segan.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: Ana de Armas y su rol.
Lo peor: Una historia obsoleta y totalmente desganada, sin intriga que atrape, sin personajes que conmuevan, y con un reparto llamativo dando interpretaciones bastante aburridas.

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Alerta de spoilers: Sin datos reveladores hasta el próximo aviso en el último párrafo.–

Otra película que abordo entusiasmado por sus estupendas críticas que la ponen como un oasis de cine original e inteligente entre la mediocridad contemporánea (aunque esto con matices, que llevamos unos pocos años bastante buenos), y otra película que me decepciona a lo grande. La misma historia de siempre en su género, contada con más desgana y tropiezos que inspiración y buen hacer. Da la impresión de que ya no es sólo el público el que no tiene memoria ni criterio y es fácil de complacer con títulos corrientes cuando no vulgares hechos a trozos de obras muy superiores, sino que los medios y críticos profesionales se dejan llevar por las modas que tanto amplifican internet y alaban mediocridades una tras otra.

Puñales por la espalda es una pobre imitación o un homenaje fallido a un estilo muy anticuado. El policíaco y suspense a lo Arthur Conan Doyle y Agatha Christie iniciado a finales del siglo XIX y principios del XX ha tenido en cine todas las adaptaciones y versiones habidas y por haber, si a estas alturas quieres revisitarlo, y más aún, revivirlo, tienes que aportar algo, sea un clasicismo formal tan virtuoso que la falta de novedades no importe, o actualizaciones suficientes que le otorguen un toque original. Por ejemplo, el Sherlock Holmes (2009) de Guy Ritchie tenía un estilo de acción y aventuras en plan steampunk muy llamativo, mientras que la serie Sherlock (2010) de Mark Gatiss y Steven Moffat ha encandilado a medio mundo con su narrativa muy fiel pero enérgica y su aspecto interpretativo y visual de primera (aunque a mí no me entusiasmó tanto, me pareció apenas correcta). Eso sí, también debo que señalar que numerosos clones con ideas y guiones agotados han tenido gran éxito a lo largo de la historia, destacando recientemente las series House (David Shore, 2004) y Monk (Andy Breckman, 2002).

La visión de Rian Johnson se ahoga en las bases del género, en todos los recursos y clichés más gastados, el vago intento de aportar algo nuevo está lejos de funcionar, no ofrece tampoco un estilo propio marcado, sino que acumula muchas carencias y falta de vigor. No llega a caer en lo catastrófico, pues puede valer como entretenimiento pasajero si no vas con expectativas, pero no cumple con lo mínimo exigible para considerarla una buena película. Muy pocos personajes interesan, los actores van casi todos con la inercia, pocos tramos son llamativos, pocos misterios mantienen expectación, el aspecto visual es correcto pero no como para cautivar los sentidos…

En la presentación, los protagonistas generan indiferencia y la trama no tiene lo suficiente como para que el misterio atrape con entusiasmo y te impliques pensando en qué ha podido pasar. Las descripción inicial de cada rol y sus motivaciones son las más trilladas de este ámbito: ricachones envidiosos ávidos del dinero del cabeza de familia. Cualquiera ha podido ser, al principio incluso pensaba que todos, en la onda de Asesinato en el Orient Express (Agatha Christie, 1934), pero por suerte Johnson no cae tan bajo. Sin embargo, la narrativa no da mucho de sí, no genera suspense como para mantenerte en vilo ni da margen para pensar por ti mismo, te machaca constantemente con explicaciones, deja ver sus trucos, los misterios secundarios se resuelven muy rápido, los protagonistas no se mueven de su limitado dibujo inicial, el desenlace es caótico…

No puede ser que nada más empezar la proyección, con el detective interrogando a la familia y el servicio, Johnson ya nos enseñe en flashbacks cuáles son las mentiras de cada uno. El autor yerra al correr tanto, en vez de ir saltando con la sombra de la sospecha de uno a otro y siguiendo al detalle la investigación policíaca del detective de forma que todo, las motivaciones aparentes y las intenciones ocultas, el misterio y las posibles pistas, vayan tomando forma poco a poco.

Al avanzar un poco más se manifiesta un motivo para seguir este camino, pero es una idea que frena el potencial de la propuesta y que evidentemente el realizador no maneja bien. Mostrar con tanta premura quién lo hizo y entrar el juego de si saldrá airoso o no, en vez de aportar una nueva perspectiva resulta contraproducente, porque implica que el resto de personajes y la investigación dejan de ser útiles demasiado pronto, es decir, que el primer acto ha resultado ser prácticamente tiempo perdido.

El nudo levanta el interés, pero sin lograr rizar el rizo como se espera. En la nueva dirección hay algunos buenos pasajes de tensión, las mentiras agobian al personaje, la sensación de que será cazado en cualquier momento genera un mínimo aceptable de suspense. Pero como digo, los otros protagonistas pierden atractivo y utilidad, a lo que hay que sumar que los diálogos no son muy ingeniosos (muchas veces se puede intuir lo que va a decir cada uno), la crítica a las clases sociales, los ricos parásitos y los pobres pisoteados, es obvia y tontorrona, con unos muy malos y viciosos y otros demasiado inocentes y virtuosos (y no hablemos del penoso receso para meter a Donald Trump). Por extensión, el humor negro es torpe y cutre, el detective y los dos agentes tontainas que lo acompañan y la ridiculez del personaje que vomita al mentir son una mala parodia que no encaja en un todo más serio.

Centrándome en los personajes, prácticamente sólo destacan el hijo editor (Michael Shannon), el detective en plan sobrado (Daniel Craig), y la enfermera latina (Ana de Armas). Shannon es un secundario de lujo y cumple como siempre. Craig está muy fuera de su zona de confort y en un personaje fuera de tono, así que no funciona en general y tiene partes donde parece estar en otra película. Ana de Armas está muy bien en el personaje que más recorrido tiene, con momentos de estrés y drama que explota de maravilla. La joven y su rol terminan destacando con luz propia en un relato malogrado.

El tercer acto es demasiado previsible a pesar de algunos artificios, y por tanto poco impactante. Si antes había decisiones narrativas muy cuestionables, ahora da la sensación de que Johnson es consciente de que no ha estado a la altura del reto que se ha marcado y busca salidas fáciles. A última hora añade complicaciones y personajes, pero claro, hay que ser muy hábil para meter información nueva estando ya en el desenlace y que no parezca una trampa, un recurso sacado de la manga, una solución muy conveniente… y el autor no hila nada fino. La entrada de Chris Evans no convence lo más mínimo, es un comodín para darle las últimas puntadas a una historia que no terminaba de llevar a nada… y esto significa que otros muchos personajes son finalmente dejados de lado por completo, que han sido tiempo perdido. A pesar de los enredos, las conclusiones y supuestas sorpresas finales se ven venir muy, muy de lejos. He intuido la solución principal y el giro que le da forma in extremis ya desde que se menciona o enfoca cada pista por primera vez (y en algunas reincide de forma descarada), la posición final de cada implicado estaba clara desde que termina su presentación, pues como se intuía no hay movimiento alguno en sus personalidades ni sorpresas en sus historias, y he previsto hasta los giros secundarios en teoría más rebuscados (en spoilers me extiendo).

Grandes obras del género serían La huella (Joseph L. Mankiewicz, 1972) y Gosford Park (Robert Altman, 2001). Puñales por la espalda es del montón y se olvida nada más verla.

Alerta de spoilers: Revelo aspectos clave.–

-Lo del imán de la nevera para borrar una cinta vhs resulta una forma ridícula de destrozar la escena más tensa hasta el momento.
-Penoso también que la protagonista explique el crimen que ha cometido mientras come en un restaurante y luego mientras conduce, como si no fuera un trauma que te pone nervioso o incluso bloquea, sino una charla banal mientras haces otras cosas que requieren más atención.
-El cuchillo de atrezo, el alijo, el cambio en las medicinas… todo resulta demasiado obvio y llega justo cuando se espera.
-Lo único que me ha pillado por sorpresa es que el detective sospechara desde el principio por una pista difícil de ver, la gota de sangre en el zapato… pero claro, si piensas en lo torpe que parecía este tipo, pues no termina de funcionar.

12 valientes


12 Strong, 2018, EE.UU.
Género: Acción, bélico.
Duración: 130 min.
Dirección: Nicolai Fuglsig,
Guion: Ted Tally, Peter Craig, Doug Stanton (novela).
Actores: Chris Hemsworth, Michael Shannon, Michael Peña, William Fichtner, Navid Negahban.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Unos pocos secundarios de nivel, el carisma de Chris Hemsworth.
Lo peor: Puesta en escena limitada, no da el espectáculo que se espera. Guion mediocre, lleno de clichés, diálogos cutres y propaganda “made in USA”.

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Con este tipo de películas te la juegas a que sea un típico panfleto yanqui, pero es difícil no caer cuando el género bélico te resulta atractivo, y más si, como en mi caso, se tiene fresca en la memoria la magnífica El único superviviente (Peter Berg, 2013). Así que alguna expectativa tenía, al menos con que fuera un buen espectáculo. Pero 12 valientes no llega ni a la correcta 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi (Michael Bay, 2016); hasta El francotirador (Clint Eastwood, 2014), de la que me quejé bastante por su sesgo, tenía una consistencia dramática y un nivel visual suficiente como para entretener bastante. Aquí estamos ante un ejemplo de lo peor que puede dar la propaganda ideológica, un título que por su escaso calado y calidad debería haber ido directamente al videoclub y la televisión. Pero de alguna forma consiguieron reunir un reparto de rostros conocidos con el que probar suerte en cines… aunque finalmente el boca a boca dejó su recaudación bajo mínimos: 67 millones de dólares mundiales apenas cubrirá el presupuesto (35 millones) más la distribución y publicidad.

Cabe preguntarse cómo un actor con la vida resuelta como Chris Hemsworth elige una obra con potencial de polémica o como poco con una ideología tan forzada. Tened en cuenta que nació en Australia con ascendencia europea y que el grueso de su carrera se basa en sagas de fantasía, así que me extraña que se meta en un trabajo que podría dar mala imagen fuera de EE.UU. Allí en cambio este retrato de héroes y de la historia del país tan manipulador se suele recibir muy bien, aunque en esta ocasión inesperadamente ha pasado sin pena ni gloria.

La cinta es un descarado anuncio de las fuerzas armadas, una reescritura de la política internacional, del intervencionismo y las guerras que va montando Estados Unidos por todas partes. No cabía esperar una elaborada visión global del conflicto con el terrorismo islámico, ni autocrítica, pero de ahí a la simplificación y exaltación que hacen hay un trecho muy grande.

El protagonista es un héroe hecho a sí mismo por arte de magia, la enésima representación infantil que tienen muchos estadounidenses de sí mismos. Sin experiencia real ni esfuerzo visible es un ser perfecto que logra todo sin despeinarse y sin dudar en el apartado ético. Su entereza y capacidades sacan lo mejor de sus compañeros, gente corriente, incluso algo tonta, pone en su sitio a generales ligeramente obtusos si hablamos del ejército norteamericano y paletos e incompetentes cuando se retrata a los aliados, y resuelve él solito la guerra (prácticamente eso dice la película) masacrando a las hordas de terroristas.

Si ya producía algo de recelo que este don nadie respondón dé lecciones a sus superiores con cuatro frases estúpidas, lo del general afgano alcanza cotas de vergüenza ajena e incluso de insulto a la inteligencia del espectador. El veterano que lleva décadas en guerra contra los talibanes, que se conoce el país y sus gentes al dedillo, es representado como un paleto descerebrado al que nuestro flamante héroe salva y rescata en los primeros combates y va educando con sus estrategias superiores y su moral intachable.

Pero claro, qué se puede esperar de un panfleto manipulador que expone la misión del comando como la liberación de Afganistán y la victoria en la guerra. El que EE.UU. armara a los afganos y a otros tantos en los años setenta para fastidiar a la URSS y que ese conflicto y esas armas hayan propiciado el alzamiento de Al Qaeda ni se menciona. Obviamente, tampoco se va a señalar que el ataque contra Afganistán fue una represalia, una invasión en toda regla sin garantías de que estuvieran ahí los altos mandos de Al Qaeda, y que fue justificada luego de mala manera con las mentiras de las armas de destrucción masiva. Tampoco se va a señalar que la farsa ha durado años dejando un reguero de muertos incontable, incluyendo miles de soldados propios (imágenes que se cuidan de ocultar), ni que estas acciones sumadas a las retenciones y torturas de cualquiera que señalaran como terrorista ha creado nuevos enemigos (el ISIS) y azuzado las guerras en la zona, que ahora está más desestabilizada que nunca y ha provocado un aumento brutal de atentados en occidente. Hay que ensalzar al héroe y al país, y para eso no se puede contar la verdad. Sin ir más lejos, la misión real del comando era básicamente de infiltrarse y localizar blancos en el terreno para los bombardeos, pero eso no es suficientemente épico, así que casualmente el avión se queda sin combustible o los aliados afganos tienen rencillas entre ellos para que nuestros héroes lideren las batallas contra miles de enemigos.

Si la descripción de personajes es superficial y la de los hechos deliberadamente limitada, los diálogos no se quedan atrás. Infinidad de clichés, frases legendarias forzadas y sandeces pseudo heroicas salpican cada escena, convirtiendo la proyección en algunos momentos en una comedia involuntaria. El lema “No seas un soldado, sé un guerrero”, me sacó una carcajada bien grande.

El acabado es mejorable, pero al menos cumple sin muchas carencias. Rodando en Méjico y añadiendo unos pocos efectos digitales (montañas, pueblos) consiguen un Afganistán realista y vistoso, pero al final la promesa de tener una buena aventura en esos parajes (la misión de infiltración del personaje de Michael Peña por la parte más dura del desierto ni la vemos) y de tener una gesta militar de impresión no da tanto como se podría exigir. El desconocido director Nicolai Fuglsig llega con lo justo para conseguir un producto decente, con un ritmo correcto y unas escenas de acción entretenidas, pero de ahí a impresionar hay un gran trecho. Se limita a cuatro planos de cada bando disparando sin más escenificación, y muchas veces, a pesar de luchar frente a frente, no sabes dónde está cada grupo y protagonista, en qué dificultades se encuentra y qué salidas tiene.

Lo único bueno de la propuesta son algunos actores. El carisma de Chris Hemsworth, la valía de Michael Shannon (Boardwalk EmpireTerence Winter, 2010-) y la simpatía de Michael Peña (aunque sea encarnando al eterno latino gracioso) son capaces de levantar sus pésimos personajes y dar un aspecto de seriedad. Pero con el poco esfuerzo que ponen los guionistas, el resto del grupo queda limitado a extras sin nombre, así que poco puedes interesarte por su odisea.

12 valientes sólo logra entretener si eres capaz de hacer caso omiso a su tono propagandístico, y aun así no causa mucha impresión. Así que no puedo dejar de volver a recomendar El único superviviente. Esa sí que es correcta en el guion (sencillo pero más neutral) y deslumbrante en la gesta militar.

Animales nocturnos


Nocturnal Animals, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 116 min.
Dirección: Tom Ford.
Guion: Tom Ford, Austin Wright (novela).
Actores: Amy Adams, Jake Gyllenhaal, Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson, Isla Fisher, Ellie Bamber.
Música: Abel Korzeniowski.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, fotografía, música.
Lo peor: Es un experimento fallido: dos películas en una, ambas predecibles y aburridas, y el conjunto insostenible, pretencioso y exasperante. Los créditos iniciales no sé a qué demonios vienen, pseudo arte provocador salido de madre.

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Alerta de spoilers: Describo a fondo el argumento, su desenlace y una especulación del sentido de lo narrado, pero qué más da…–

Esta es una de esas veces en las que me he sentido tan estafado que querría que me devolvieran las dos horas que he perdido. Sí, podía haber dejado el visionado a medias, pero a veces no soy capaz, quiero llegar al final para ver si en conjunto al menos remonta un poco, termino enganchado y se desvanece la sensación de que estoy tirando minutos que podía dedicar a otra cosa. Es como apostar, sigues perdiendo esperando ganar.

Me ha recordado bastante a The Neon Demon, tanto en estilo como en calidad, pero sobre todo en la sensación de timo y también de asombro porque una obra tan fallida tenga no unas pocas, sino bastantes buenas críticas. Le he dado muchas vueltas y leído unos cuantos foros y críticas a ver si es que se me ha pasado algún subtexto asombroso, pero no tiene nada.

El tramo inicial apuntaba maneras. Eso sí, si pasamos por alto la gratuita excentricidad provocadora de los créditos y la desganada presentación de la protagonista, pues la cinta realmente no arranca hasta que ella coge la novela, que es cuando nos describen aspectos más relevantes de su vida y nos sumergimos en el relato paralelo que sale de sus páginas. Hay unos quince minutos hasta ahí, que no parece mucho, pero ya va dejando constancia de lo que le cuesta ir al grano a su guionista y director Tom Ford. Para señalar en qué trabaja y que el matrimonio está enfriándose necesita dos largas y parsimoniosas escenas, y aun así lo primero no me quedó claro: ¿es artista, directora de una galería de arte, empleada en una, o de todo un poco? Pero además añade un tercer escenario donde presenta al hermano y su novia, que no aportan absolutamente nada en el resto del metraje.

Pero sí, por fin quedan expuestas las dos premisas. Una es la sombría historia del libro (escrito por un antiguo novio), que versa sobre una familia que en un viaje en coche se ve acosada por una pandilla de paletos matones. La otra es la de la lectora, que lleva una vida exitosa de cara al público pero es incapaz de encontrar la felicidad. La intriga por el devenir de la familia encabezada por Jake Gyllenhaal no es nada sorprendente. Por ejemplo, recuerda sobremanera a la muy recomendable Breakdown de Jonathan Mostow, donde le secuestraban la mujer a Kurt Russel en las desiertas carreteras del centro-sur de EE.UU. Pero el drama que viven tiene algo de fuerza y la incertidumbre por su destino parece llevarnos hacia un destino concreto… Y sin embargo, conforme avanza se va viendo lo contrario, una falta de rumbo cada vez más clara, una pérdida de interés y garra mientras crece la sensación de que es un melodrama televisivo de escasa calidad y profundidad a pesar del tono impostado.

La vida de la mujer afligida (Amy Adams) se inicia con menos intensidad, pero aun así la necesidad de entender por qué está como está a pesar de tenerlo todo logra despertar la atención. Aunque me temo que su viaje emocional tampoco da nada de sí, se ve también su nivel de telefilme: estructura básica, descripción de personajes muy limitada, recursos narrativos torpes y predecibles. Tenemos escenas que no aportan nada, como la anodina recreación de un día de trabajo (la escena del móvil cayéndose, la reunión). Hay elementos mal introducidos, como la hija, metida con calzador mediante una simple llamada telefónica. Y encontramos varias situaciones vulgares y sensacionalistas: ¿no había mejor forma que hablar del fracaso del matrimonio que con una aventura en un hotel?, ¿era necesario lo del aborto para mostrar que la relación anterior también acabó mal? Pero el momento que más claramente deja constancia del desastre que es el guion fue la aparición de la madre, tan simplona, tan evidente, tan mascada en el intento de dar unos orígenes a la protagonista y describir una personalidad que el realizador no es capaz de exponer con acciones relacionadas directamente con el argumento.

Las malas sensaciones se rematan porque la otra esperanza de la que pendía la película te explota en la cara como un burdo engaño. Te tiras media proyección esperando que surja de una vez una conexión entre los eventos de la novela y lo poco que nos desgranan de la relación pasada de la artista con su autor. Este enredo narrativo ha de tener un sentido, me decía, ha de haber una lógica tras dos historias contadas con tanto énfasis en su trascendencia emocional que cada vez parecen más tramposas y forzadas. Pero alcanzamos el final de cada sección sin que esa unión que prometía darle una nueva lectura a este desatino llegue a hacer acto de presencia. Bueno, en realidad se me ocurre una teoría medio factible, pero está muy cogida por los pelos y es bastante absurda. Se podría suponer que el libro es una venganza contra ella por haberlo dejado y haber abortado. Pero claro, cabe pensar qué clase de venganza es esta, y si los autores de esta cinta y el libro en que se basa están realmente defendiendo que una ruptura y un embarazo interrumpido merecería como represalia un secuestro, tortura y violación… Por no decir que, cuando te viene a la cabeza esta posibilidad, lo siguiente que se espera es que el tipo haga algo parecido con ella; por eso la llamada a la hija es una pista falsa descarada, pues al final no sirve para nada. Una vez el velo cae, lo que parecía albergar mensajes ocultos y una estructura encaminada hacia algo más grande resulta haber sido puro humo, el relato es tosco, torpe y manipulador como pocas veces he visto.

Pero aún hay más, pues ambas historias acaban fatal. La odisea del padre de familia desbarra en unos fuegos artificiales ridículos, con ese cambio de tono que pasa de lo realista y serio al western más disparatado. El sheriff, otro personaje comodín como la madre, está ahí únicamente para justificar la venganza contra los matones, y da vergüenza ajena a pesar del esfuerzo del gran Michael Shannon, pues el realizador no logra disimular que no es capaz de mover al rol de Gyllenhaal en esa dirección (su personaje sólo se lamenta y lamenta) y tiene que buscar una forma de echarle encima el desenlace. Pero no queda ahí la cosa. En la decisión del sheriff de ir a por los secuestradores no pesa una historia personal concreta, un sentimiento que haya ido floreciendo poco a poco, también explota por factores externos repentinos: ooooh, justo ahora me ha salido un cáncer mortal y me da igual todo. La trayectoria de la artista es demencial también. Después de tanta depresión, de tanto matizar penurias, remordimientos, anhelos… su evolución no llega a una conclusión, queda todo en el aire; por no decir que esto implica que… ¡el remate de la venganza del tipo este por haberla dejado hace la tira de años es plantarla en una cita!

Si el tramo inicial se caracterizaba por una narrativa aletargada, conforme el interés va cayendo y el efectismo tira por suelo la credibilidad, obviamente se diluye la poca conexión que hubiera con las imágenes, creciendo el sopor hasta un nivel que pocas películas me han transmitido. La última media hora es verdaderamente insoportable, y en los últimos minutos estaba maldiciendo en voz alta del cabreo que tenía. Si no fuera por su correcta fotografía e iluminación, el fantástico reparto (aunque telita lo de los Globos de Oro dándole el de mejor actor secundario a Aaron Taylor Johnson, el único que no ofrece un gran papel), y la preciosa música del prodigio que es Abel Korzeniowski, le hubiera dado con mucho gusto un monumental cero.

Tom Ford, aunque se dio a conocer en el cine con la aclamada Un hombre soltero, viene del mundo de la publicidad de grandes marcas de ropa y cosméticos, donde cosechó gran éxito. Animales nocturnos tiene esa esencia de anuncio: estética y emociones superficiales, pero sin contenido real; lo que no sé es si la novela de Austin Wright en que se basa es igual de deshilvanada y pretenciosa. Ford juega a ser David Lynch (Mulholland Drive) pero no pasa de estar en la onda de un Nicolas Winding Refn cualquiera (Drive, The Neon Demon, Sólo dios perdona): enredos visuales en débil equilibrio sobre un guion que persigue unas pretensiones que se le escapan por mucho.

Elvis y Nixon


Elvis & Nixon, 2016, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 86 min.
Dirección: Liza Johnson.
Guion: Joey Sagal, Hanala Sagal , Cary Elwes.
Actores: Michael Shannon, Kevin Spacey, Alex Pettyfer, Johnny Knoxville, Colin Hanks, Evan Peters.
Música: Ed Shearmur.

Valoración:
Lo mejor: El reparto está convincente.
Lo peor: No saca nada de gracia de un relato con mucho potencial.

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Elvis y Nixon se queda en un quiero y no puedo. Se ven las intenciones de construir una comedia basada en situaciones surrealistas, personajes estrafalarios, momentos incómodos y absurdos. El extraño capítulo histórico en que se basa lo pide a gritos: Elvis, a las puertas de su decadencia, tiene la ocurrencia de convertirse en un agente de la ley para combatir la inmoralidad de la sociedad. Ver a esta figura, referente de excesos y modas estéticas y que además falleció por abuso de narcóticos, hablando de que los hippies (encabezados por The Beatles) traen la decadencia, ya es bastante cómico, pero el delirio explota del todo cuando se empeña en ver al presidente Nixon para obtener su placa de oficial especial de manos de la máxima autoridad. Eso sí, este acercamiento no es el primero, hay otra película que trató los hechos, Elvis y Nixon: ¡vaya dúo! (1997), pero no sé si mejorará a la presente. Y encuanto a fidelidad tampoco sé cómo andará; por lo pronto, parece que en realidad quería una medalla por sus supuestos esfuerzos patrióticos, no una placa para actuar como agente.

Pero el potencial no llega a exprimirse prácticamente nada, pues al guion le falta ingenio y la directora no imprime el tono adecuado. Parece un drama desganado, un telefilme con un protagonista poco carismático que busca un propósito nuevo que lo mantenga vivo, todo ello mostrado en un viaje sin garra ni ritmo. El poco humor emerge automáticamente de lo descabellado de cada situación, porque la sátira y la locura subyacente no se exploran lo más mínimo. Sólo los diálogos del esperado encuentro tienen algo de enjundia y definen un poco más a los personajes, pero tampoco son para echar cohetes, porque no saben ir al grano con determinación e inteligencia. Tampoco se saca mucho partido del drama y la crítica latente: la relación entre los personajes (amistad, maduración, familia) y la fama (la imagen, la responsabilidad) se queda también en la superficie, cuando parecía que iba a abordar esos temas con la esperada agilidad e ironía.

El interés inicial que despierta la historia se disipa a marchas forzadas, y sólo mantiene un mínimo por el buen hacer de los intérpretes (aunque Michael Shannon tiene un físico demasiado agresivo que no pega mucho como Elvis) y algún segmento algo más sólido o divertido (la pastelería, el encuentro final). Por ello no llega a ser un desastre, pero se ve y se olvida enseguida.

El hombre de acero


Man of Steel, 2013, EE.UU.
Género: Superhéreoes.
Duración: 143 min.
Dirección: Zack Snyder.
Guion: David S. Goyer, Christopher Nolan.
Actores: Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Diane Lane, Russell Crowe, Antje Traue, Harry Lennix, Christopher Meloni, Laurence Fishburne, Kevin Costner.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Es bastante espectacular.
Lo peor: Irregular, con tramos aburridos. Intenta abarcar mucho y se queda a medio camino de todo.
La pregunta: ¿Cómo una nave de veinte mil años de antigüedad es compatible con la tecnología de Krypton actual?

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Superman es un superhéroe para mí incomprensiblemente popular y querido: el concepto es simplón a más no poder, la serie de películas que le dio fama fue cine cutre del verdaderamente horrible ya desde la primera entrega, la famosa de Richard Donner (1978) con Christopher Reeve (¡pero cómo un esperpento de tal calibre pudo tener éxito y ser recordado durante décadas!… y de las secuelas mejor no hablar), las series de televisión también tuvieron mucho tirón pero poquísima calidad (Las aventuras de Lois y Clark -1993- y Smallville -2001- eran bastante malillas), y el intento de reinicio cinematográfico reciente, Superman Returns (Bryan Singer, 2006), fue otro fracaso de calidad pero esta vez también de taquilla. Ahora llega otra versión más, otro intento de sacar una franquicia rentable. Como la anterior, arrastra disgustos y polémicas. Es curioso, las versiones antiguas (cine o tv) se adoran sin reservas a pesar de ser mediocres o penosas, pero a las nuevas se les exige demasiado. Este último reinicio tampoco ha conseguido deslumbrar: la crítica la pone a parir, y el público aunque menos duro está muy dividido.

Como superproducción veraniega El hombre de acero resulta entretenida y bastante espectacular, pero con altibajos notables y con un tono trascendental que resulta bastante impostado. O dicho de otra forma, es pretenciosa e intenta abarcar demasiado, pero no consigue llegar a nada. Han intentado contar tanto y buscaban una historia tan grandiosa e intensa que no se han dado cuenta de que o no les cabía o no se conseguía la fluidez y solidez suficientes para no resultar un galimatías engreído. El resultado es un resumen de película, un batiburrillo de ideas e intenciones adornadas con pompa y grandilocuencia sin mesura alguna. Y la verdad sea dicha, prefiero chorradas como Transformers (Michael Bay, 2007), Armaggedon (ídem, 1998) e Independence Day (Roland Emmerich, 1996), por citar referentes del género “revienta taquillas de verano”, que no van fingiendo ser más de lo que son y resultan más divertidas y entretenidas (aunque es cierto que estas a veces se van al lado contrario, a lo estúpido).

El tramo inicial se hace larguísimo, a la narración le cuesta ir al grano sin dar vueltas innecesarias. Se tarda una eternidad en contar todo lo de Krypton, pues aunque entiendo que quisieran darle relevancia está claro que no lo han sabido mostrar bien. Los delirios de Zod resultan exagerados desde un principio, y la caída de los padres de Kal-El es insípida. Las preguntas sobre la situación del planeta dejan agujeros importantes en la credibilidad del argumento: con tanta tecnología y tantas naves, y se quedan a esperar la destrucción; no queda claro por qué abandonaron todas sus colonias por el universo; y lo peor, la historia de esa especie de calavera mágica es un lío incomprensible, con lo que no se entiende la mitad de lo que hacen los kryptonianos y los objetivos de Zod. El diseño del lugar en plan videojuego termina de restarle realismo: hay demasiado enredo visual en los decorados y efectos especiales y poco esfuerzo en hacer un lugar verosímil: no parecen tener unas estancias habitables. Una vez en la Tierra, Superman deambula demasiado hasta que por fin se lanza la acción, y mientras, el guion es incapaz de darle al otro personaje principal, Lois Lane, una personalidad llamativa y una posición concreta en la historia. El padre del héroe, Jor-El, es otro cuya presencia resulta forzada, y sus discursos tratando de explicar la trama resultan cargantes; además, eso de que el holograma sea tan activo e inteligente y hábil (como si fuera más bien un clon de la personalidad) no me convence lo más mínimo, es otro recurso muy cogido por los pelos.

Todo este segmento se adorna con la pompa citada. La escenificación que pretende dar a cada momento la mayor trascendencia y drama posible no termina de funcionar. Toda la supuesta intensidad de las escenas se ve muy falsa: demasiada música insistente, demasiado atardecer naranja, demasiado discurso inflado, demasiado “mira qué momento más glorioso” cuando lo único que tenemos es lo de siempre, un héroe buscando su lugar en el mundo. Y como no hay un rol central llamativo, pues Superman es plano por definición y además sacan bien poco de él, la sensación de que no están contando nada pero lo esconden tras mucho artificio es constante.

Cuando llegamos a los momentos cumbre del relato la débil fachada de película seria y profunda termina por desmoronarse. Lo único que vamos a ver una vez se lanza el argumento principal (también muy visto: salvar Nueva York, digo Metrópilos, digo la Tierra) es acción de la aparatosa y ruidosa sin contenido ni personajes interesantes en el foco de la narración. No me interesa lo más mínimo el destino de los currantes del Daily Planet, a pesar de que se empeñan en sacarlos sufriendo por la ciudad; concretamente, la escena de la mujer atrapada en los escombros es vergonzosa. Lois está metida en todos los fregados de forma forzadísima. Los militares y el científico son aburridos clichés andantes. Zod es un villano demasiado histriónico, y por el contrario Superman un héroe demasiado simple y apagado. El duelo a tortas con el grupo de Zod es espectacular, impresionante a veces, pero carente de emoción, porque no hay forma de conectar con los personajes.

Y sobre todo, como dicen muchas críticas: ¿dónde están los mensajes clásicos de Superman? El drama humano no hace acto de presencia, porque la catástrofe es puro efectismo sin nada detrás. El conflicto interno de Clark es muy pobre, a pesar de tantos flashbacks cansinos; escenas cutres como la del padre suicidándose por un maldito perro no ayudan. No vemos mucho de su adaptación al mundo real, más allá de los paseos huyendo de su responsabilidad y un par anécdotas de la juventud (que duran una eternidad para lo poco que dicen). De hecho, el Clark adulto no existe, lo dejan para la segunda entrega. Salvo un par de clichés de rigor (salvar gente, eludir peleas) no vemos realmente cómo intenta hacer una vida normal entre los humanos: las relaciones, los sentimientos, no parecen importar, como si pensaran que con esos tópicos bastara para contruir su personalidad. Tampoco tenemos el clásico juego de esconder su personalidad secreta, sobre todo ante Lois, pues ella desde un principio sabe quién es. La aceptación de su importante destino no emociona, ni tampoco se expone muy bien: lo único que hace es hostiarse con monstruos como él, no se ve conexión alguna con la humanidad, no se ve una transición verosímil de individuo con poderes asustado y huidizo a figura heroica que acepta responsabilidades de gran calado. Lo más triste es que Jor-El nos suelta varios sermones sobre estos temas, pero el guion es incapaz de traspasar todo eso a Kal-El. Para colmo, esta ausencia de la esencia de Superman se remata en una escena que roza el ridículo: después de destruir media ciudad dejando un reguero de probablemente miles de muertos, porque es evidente que no se ha preocupado por nadie (salvo por Lois en alguna escena metida con calzador), de repente se desvive por una familia en peligro. No cuela, a estas alturas no cuela. Además, es difícil olvidar al Superman vengativo que le hace la bromita al camionero. Como dice un amigo mío, este no es Superman, es Hulk: un tipo que teme a su otro yo, que se dedica a huir de todo vagabundeando por el mundo, y que cuando se desata no piensa en nada excepto destruir a su oponente arrasando con todo lo que haya por medio.

Sobre la puesta en escena tenía muchísimas dudas, pues después de apuntar maneras con el excelente remake El amanecer de los muertos (2004), Zack Snyder se dedicó a la experimentación con 300 (2006) y Watchmen (2009), que dejaban ver algunas buenas ideas pero poca experiencia y grandes fallos en su ejecución. Finalmente, su labor ha resultado como el guion: regularceja, con muchos puntos criticables y muchos aires de grandeza. El intento de darle un aspecto oscuro se realiza con un colorido apagado y saturado que queda muy artificial. La cámara en mano con la idea de darle un toque de realismo es irregular: algunas peleas aéreas resultan bastante logradas, con un buen uso de zooms que consiguen esa sensación de estar viendo algo real, pero el resto de enfrentamientos es un caos sin sentido, sobre todo los de puñetazos en planos cortos, donde no se entiende nada. También hay errores de concepto notables: la cámara en mano y los reflejos y demás virguerías visuales sobran por completo en escenas pausadas, pues transmiten el efecto contrario al buscado. Por ejemplo, las conversaciones íntimas entre padre e hijo fallan estrepitosamente en su tempo narrativo, pues son auténticos videoclips cuando debería buscarse un tono sencillo, cercano y cándido con el que se lograra transmitir la conexión familiar.

Los efectos especiales me han sorprendido por ser normalitos. Si algo se espera de una superproducción de este calibre es que deslumbre y asombre, pero ocurre todo lo contrario: parece una cinta con por lo menos diez años de antigüedad. Tanto Krypton como las ciudades terrestres resultan muy falsas (esos tonos naranjas de cuando los efectos digitales estaban empezando…), los dobles digitales se notan mucho (y se emborronan para intentar ocultarlo), la destrucción de Metrópolis tiene muchos planos cantosos… Es alucinante lo lejos que se queda de títulos como Transformers y Los Vengadores (Joss Whedon, 2012), que tienen efectos especiales nítidos y creíbles. También tengo que decir que, aunque las armaduras del grupo de Zod son impresionantes, el diseño artístico no tiene originalidad y personalidad alguna, y no me pega en esta película: parece sacado de descartes de Matrix (el criadero de fetos, las naves y máquinas de estilo insectoide), o de Alien y Prometheus (estilo H. R. Giger, vamos), y la batalla final recuerda mucho a Independence Day (los planos de aviones incapaces de dañar la nave alienígena).

Los actores son todos competentes, pero como los personajes son cascarones vacíos no hay margen para ofrecer un buen papel, y es imposible no pensar en que han desperdiciado a una actriz con tanto potencial como Amy Adams y que no hay material suficiente para juzgar a Henry Cavill. Lo que sí tengo que decir es que el doblaje es una aberración que destroza a dos principales: Zod y Lois resultan tan ridículos que parecen una parodia de las que hace la gente en youtube. En cuanto a la banda sonora, resulta en la onda del Hans Zimmer comercial: épica contundente que a veces resulta un poco sobrecargada, y aunque sin duda funciona bastante bien (mejor que las compuso para el Batman de Nolan), también es incomparable con la ostentosa belleza de John Williams ni con la excelente Superman Returns que nos regaló John Ottman y que pasó injustamente desapercibida.

Está claro que Zack Snyder y David S. Goyer han intentado repetir el éxito de la trilogía de Batman de Christopher Nolan (su mención en los créditos como guionista señala un asesoramiento importante), pero es que la idea es claramente equivocada: Superman no da para un héroe atormentado y una historia densa y oscura, es más básico y apela al lado más luminoso de la humanidad. Además, conseguir un El Caballero Oscuro (2008) es muy difícil… de hecho, a El hombre de acero le ha pasado como a El Caballero Oscuro, la leyenda renace (2012): entretenida y espectacular en general, pero bastante irregular, excesiva unas veces y aburrida otras, pero siempre con un tono pretencioso notablemente fallido.

PD: se podrían haber ahorrado el epílogo, pues resulta intrascendente y el chiste de “qué bueno está” es penoso.

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Serie La liga de la justicia:
-> El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)
Aquaman (2018)

Take Shelter


Take Shelter, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 120 min.
Dirección: Jeff Nichols.
Guion: Jeff Nichols.
Actores: Michael Shannon, Jessica Chastain, Shea Wigham.
Música: David Wingo.

Valoración:
Lo mejor: Los dos actores principales.
Lo peor: Además de ser horrorosa es un timo.

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Take Shelter es una película independiente que ha pasado arrasando por todo certamen de premios menores, reuniendo además un 93% de críticas positivas en rottentomatoes.com. Yo le doy un cero.

La narración es lenta, a ratos exasperante. Pasa gran cantidad de metraje sin que se atisbe argumento alguno. Vaguedades (miradas a la nada, planos eternos, secuencias intrascendentes en cantidad) y repetición de escenas sin mucho contenido postergan la aparición de cualquier conflicto interesante en los personajes. Las visiones se acumulan sin aportar nada nuevo entre ellas, sin mover de forma tangible al protagonista hacia alguna parte. El drama familiar es monótono y superficial. A la larga se llega a entender de qué va la cosa: es un drama sobre cómo nos enfrentamos a las enfermedades mentales que podrían hacer que perdamos el control sobre nuestros cuerpos y pongamos en peligro la seguridad del nucleo familiar. El protagonista se sumerge en la locura mientras a ratos es consciente de ella e intenta encontrar sentido y soluciones, y la esposa sufre ante tal situación.

Pero incluso cuando la cinta adquiere sentido y rumbo la cosa no termina de despegar. Todo se narra con tanta frialdad y apatía que no llega a mostrar tensión ni fuerza dramática, por no decir que los intentos de ser inquietante fallan notoriamente (por tramposos y forzados). El tramo final, en el refugio, se me ha hecho tan descentrado, ineficaz y cansino que he ido saltando minutos, esperando llegar de una vez a una resolución con empaque suficiente como para dejar un buen sabor de boca que me hiciese olvidar un poco los eternos y aburridos minutos previos. Pero no, aquí las escenas largas y vacías se hacen notar más, pues es evidente que sin una base sólida no puedes orquestar un desenlace digno.

Hasta este momento, la cinta podría pasar como drama psicológico fallido, de ritmo renqueante e incapaz de transmitir emoción alguna. Pero entonces el guionista se las da de guay y añade un epílogo que no hay por dónde agarrar, de esos que intentan darle la vuelta a todo lo visto hasta ese momento. Pero Jeff Nichols no es Shyamalan, y el resultado es vergonzoso. De repente ya no estamos ante un drama serio, sino ante una de fantasía-terror. Y eso durante unos segundos, pues de repente se acaba la película. Es decir, que he visto dos horas de una de las mayores bromas cinematográficas de la historia. Dos horas de mi vida perdidas.

Los actores destacan por su buen hacer, no en vano tanto Jessica Chastain como Michael Shannon ha demotrado calidad de sobra en otros títulos. Sin embargo Shannon va con el piñón fijo, como si viera que no hay mucho que hacer con un personaje tan unidimensional; en Boardwalk Empire por ejemplo está muchísimo mejor. Estos intérpretes son el único elemento de valor en este despropósito inconmensurable.