El Criticón

Opinión de cine y música

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El destino de Júpiter


Jupiter Ascending, 2015, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, space opera.
Duración: 127 min.
Dirección: Las Wachowski.
Guion: Las Wachowski.
Actores: Channing Tatum, Mila Kunis, Eddie Redmayne, Sean Bean, Tuppence Middleton, Douglas Booth, Maria Doyle Kennedy.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena deslumbrante, en especial gracias a la dirección artística y los efectos especiales. Banda sonora monumental.
Lo peor: El guion oscila entre lo sonrojante y lo lamentable.

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Los Wachowski se han marcado una La amenaza fantasma. Como tal, es un espectáculo audiovisual donde el dinero y la admirable labor de los artistas contratados lucen a lo grande. Los diseños de las naves (por fuera y dentro) y el vestuario son fantásticos, y los directores los aprovechan bastante bien con una puesta en escena enérgica. Hay planos que resultan fascinantes, en especial en la batalla final, con la base medio derruida. Y la puntilla la pone la vibrante y épica banda sonora de Michael Giacchino, en su mejor trabajo para el cine junto a John Carter. Esa película también es comparable a esta: mucho dinero consigue un lujoso apartado visual… pero de nada sirve si el guion es lastimero cuando no vergonzoso.

El cargante prólogo ya te predispone. Una historia tan ambiciosa no puede empezar con tal simpleza, con tanto tópico y personaje secundario estúpido. Y no se arregla cuando presentan a la protagonista, Jupiter Jones (Mila Kunis), ni con la forma de meterla en la aventura. Estamos ante una cenicienta imposible: guapísima y perfectamente maquillada tras todo un día limpiando inodoros. Además la ponen de tontita, y no parece que con ello busquen un chiste: la moza se topa con unos alienígenas y lo que le preocupa es su vestido. Tampoco da la impresión de que quieran exponer alguna maduración o lanzar algún mensaje con ella, porque acaba más o menos como empezó. Ha vivido aventuras sin igual por el espacio y vuelve a la Tierra a seguir limpiando mierda, pero ahora feliz. Le han venido bien las vacaciones, pero no para pensar en que hay mundo por ver, ni para aspirar o luchar por algo mejor. Sigue tan idiota como empezó. Y la familia… que me expliquen qué cambio ha sufrido (porque no recuerdan nada) como para ahora tratarla mejor y colmarla de regalos. Vamos, un final feliz de cuento conservador: sale de la nada y no se plantea ningún cambio real en el estatus social y personal de los protagonistas.

El resto de personajes no mejoran el panorama. El héroe caído que la rescata, Caine Wise (Channing Tatum), es un cero en carisma, y su trayectoria tampoco ofrece nada llamativo. Busca la redención, recuperar su posición, pero es que te da igual lo que le pase. Su colega Stinger (Sean Bean) no se sabe ni qué pinta aquí. Y ambos tienen una presentación también muy floja. El primero aparece en la larga pelea inicial de navecitas entre rascacielos, donde el ruido acaba saturando porque no se sabe qué nos quieren contar y no hay conexión alguna con los personajes. El segundo llega justo después en un capítulo de transición necesario pero sin garra. Y eso de que las abejas “reconozcan la realeza” de la protagonista es otro momento en que no se sabe si buscaban un chiste.

Por fin salimos al espacio, donde parece que vamos a sumergirnos en una épica al estilo La guerra de las galaxias con la complejidad de Dune. Pero lo que tenemos es un anodino y sempiterno cuento de príncipes tiranos intrigando por conseguir el trono. Hay varios personajes cada cual más estrafalario que persiguen lo mismo, la vida eterna a base del mejunje hecho matando a millones de personas. Cada uno tiene un plan distinto y el choque está garantizado: se rifan a la protagonista, que por arte de magia es heredera de todo el tinglado. Pero lo de rifar es literal. Salta de un lado a otro sin quedar claro cómo llega ahí ni que planea este nuevo loco ambicioso. Los dos héroes masculinos la siguen por toda la galaxia también saltando entre lugares y giros que no tienen un sentido claro.

Me da la sensación de que meten escenas de acción cada rato para intentar agilizar una trama que pensaban que era muy densa, pero el problema es que no lo es, y esa velocidad forzada que le imprimen no ayuda, porque realza el tono superficial cuando lo que se necesitaba era trabajar mejor los personajes y la evolución de la intriga palaciega. Así, hay mucho jaleo pero poco contenido real. Y se empeora porque no consiguen decidirse por el tono y alcance. Unas veces aparenta ser animación para niños, con dinosaurios parlantes y otras criaturas absurdas (atención al piloto elefante) y una trama de cuento simplón, otras quiere ser más adulta, con un villano genocida y una historia supuestamente compleja.

En el sentido del espectáculo andan igual de escasos en cuanto a madurez e impacto emocional. Las peleas son excesivas pero aburridas, porque todo son disparos pero no tenemos nada de argumento ni tampoco esfuerzo y sufrimiento por parte de los personajes. Hay espectaculares naves y escenarios que prometen gran épica… pero todo tira por los topicazos del cine moderno: estilo de videojuego, tonterías imposibles, olvidarse de la conexión del espectador con los protagonistas y poner el foco únicamente en los efectos especiales. La batalla final tiene planos que en lo visual quitan la respiración, pero que en lo argumental inducen a la carcajada. Es como El Hobbit y la segunda trilogía de La guerra de las galaxias en sus peores momentos: escenas sacadas de cualquier videojuego de plataformas. La chica saltando entre andamios, el héroe volando esquivando obstáculos, el malo siendo malote porque sí…

No puedo evitar pensar que Los Wachowski no tenían claro qué estaban rodando. Hay muchas cosas que apuntan a ello: el guion es un quiero y no puedo en trama y tono, el retraso de casi un año del estreno decían que era para terminar los efectos especiales, pero bien podría haber sido para intentar arreglar la cinta en la sala de montaje, y la nefasta dirección de actores genera la impresión de que no sabían qué querían de los personajes. Esto último es el remate de este esperpento: los realizadores no consiguen sacar absolutamente nada de unos intérpretes bastante carismáticos y competentes: Mila Kunis y Channing Tatum están horrendos, y Eddie Redmayne hace lo que puede con un villano tan básico.

Y no sé dónde meter ni cómo catalogar el largo capítulo de tramitación de los papeles para ser heredera, que resulta un receso extrañísimo y completamente fallido. Parece un cortometraje colado en medio, en plan homenaje y parodia de las distopías que tratan el gigantismo estatal, como Brazil… de la que, de hecho, su director Terry Gilliam hace un cameo como el estrafalario administrador.

Qué lástima de derroche de dinero y del talento del equipo artístico.

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Ted


Ted, 2012, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 106/112 min.
Dirección: Seth MacFarlane
Guion: Seth MacFarlane, Wellesley Wild, Alec Sulkin.
Actores: Mark Wahlberg, Mila Kunis, Seth MacFarlane, Joel McHale, Giovanni Ribisi, Jessica Barth, Patrick Warburton, Matt Walsh.
Música: Walter Murphy.

Valoración:
Lo mejor: Buena visión de las clásicas relaciones amorosas gracias a un sentido del humor original y constante: gamberro, bestia, friki…
Lo peor: El desenlace no impresiona.
Mejores momentos: Las entrevistas en el supermercado. La fiesta con Flash Gordon. El móvil con la melodía de la marcha imperial. Norah Jones.
Versiones: Existe una versión “sin censurar” con seis minutos más, es decir, que incluye las breves escenas que tuvieron que quitar en cines para no terminar restringida para adultos.

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Ted fue un inesperado y enorme éxito de taquilla. Con cincuenta millones hizo quinientos cincuenta (¡!) gracias al boca a boca de los que se aventuraron a verla sin saber muy bien qué esperar. Es por definición una comedia romántica sobre la maduración (el paso de joven vividor a adulto responsable) y las relaciones amorosas, una descripción que asusta dado lo poco que da de sí el género en Hollywood. Pero resulta que su guionista y director es el loco de Seth MacFarlane, autor de Padre de familia y American Dad, donde muestra su afición por un humor extraño y caótico que mezcla lo friki, lo absurdo y lo bruto muchas veces sin una trama consistente, pero otras con historias originales y atinadas perspectivas de distintos temas. Por suerte Ted está en la onda del MacFarlane centrado, de hecho, más centrado que nunca.

Un inciso hago aquí. Lo de ir sin saber qué esperar algunos lo cumplieron a rajatabla. No pocos padres se metieron a ciegas en “esa peli de un osito de peluche animado” arrastrando a sus hijos a una orgía de palabrotas y escenas obscenas.

La pareja protagonista, interpretada con gran vitalidad y química por Mark Wahlberg y Mila Kunis, es una fantástica parodia del prototipo del género. Él, inmaduro y torpe pero majete y buenorro, que solo quiere seguir viviendo la vida como la conoce: de juerga en juerga con los amigos. Ella guapa y algo más centrada, que exige más responsabilidad y sentar la cabeza. El conflicto está garantizado, y más con el también clásico amigo que arrastra al prota por el mal camino. En la vena salida de madre de MacFarlane éste es un osito de peluche que cobró vida y que lejos de la simpatía esperable ha crecido siendo un juerguista cabroncete y malhablado.

La consistencia y profundidad del guion es como decía bastante inesperada dado el autor. Sorprende mucho la fluidez y naturalidad con que se exponen las relaciones amorosas y amistosas y el realismo que emerge de cada escena aunque ésta sea una parodia demencial. Así, aunque la trama no vaya por senderos muy novedosos, porque pasa por los puntos clave habituales de cualquier vida, la perspectiva ofrecida le da nueva savia y la citada química entre personajes y actores realza tan bien a los protagonista que termina resultando un cinta romántica más creíble y emocionante de lo habitual.

Y además es divertidísima. La combinación de distintos tipos de humor funciona a las mil maravillas, sobre todo porque apoya muy bien el dibujo de los protagonistas y la evolución de la trama. No pocos chistes, como lo de recitar nombres de niñatas rednecks (o canis/bakalas), son esenciales para entender la dinámica entre personajes. Acierta de lleno también en el uso de chistes recurrentes, que ofrecen una genialidad tras otra: el jefe del supermercado, el jefe de la chica, las menciones a Tom Skerrit, etc. Pero lo mejor es que salta cada dos por a la vena cómica bestia sin que desentone lo más mínimo. La cagada en la alfombra, el concierto de Norah Jones (el mejor cameo que he visto en mi vida), el acosador psicópata y su hijo malcriado… Y siendo MacFarlane no podía faltar la vena friki, las mil referencias a la cultura popular, que también encajan perfectamente en el relato. La marcha imperial como tono de teléfono para cuando llama la novia y otras tantas alusiones tronchantes no son nada comparado con el lío que se traen con Flash Gordon; la fiesta donde aparece el actor es uno de los grandes momentos de la película.

Sin embargo hay que decir que el ritmo no es perfecto, a veces se ve que MacFarlane encaja como puede algún chiste suelto o incluso escenas necesarias. Por ejemplo la presentación del loco (Giovanni Ribisi haciendo de zumbado como siempre) y su hijo se cuela de mala manera. Pero no llega al punto de resultar demasiado irregular. Solo el final, tanto el clímax como el epílogo, es quizá algo menos intenso de lo que debería, en parte porque opta por un desenlace clásico (acción, tragedia ligera, redención y a comer perdices), en parte porque en esos momentos no logra un humor tan chispeante (salvo la genial hostia al niño) y una lectura tan original de la situación. Aun así, no es un desenlace que deje malas sensaciones más allá de pensar que podría haber sido más emocionante y divertido.

Ted logra dar nueva vida a las comedias románticas juveniles, resultando un título muy recomendable. La pena es que MacFarlane no siguiera tan inspirado en su siguiente largometraje, pues Mil maneras de morder el polvo resultó infumable, completamente opuesta a lo aquí visto.