El Criticón

Opinión de cine y música

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Ted 2


Ted, 2015, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 115/125 min.
Dirección: Seth MacFarlane
Guion: Seth MacFarlane, Alec Sulkin¸ Wellesley Wild.
Actores: Seth MacFarlane, Mark Wahlberg¸ Amanda Seyfried, Jessica Barth, Giovanni Ribisi, Morgan Freeman, John Slattery, John Carroll Lynch.
Música: Walter Murphy.

Valoración:
Lo mejor: La premisa es buena. Algunos pocos chistes funcionan.
Lo peor: Pero la trama no parece tener rumbo, y en general el humor es muy flojo.
Versiones: Existe una versión Unrated con diez minutos más.

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No estuvo nada mal Ted como versión bruta y descarnada de las comedias románticas, pues tras tanta tontería y burrada ofrecía una visión de las relaciones amorosas más realista que las comedias clónicas y ahogadas en clichés que pare Hollywood con demasiada frecuencia. Pero Ted 2, aunque se le puede ver una base con potencial, carece del ingenio y la inspiración de la primera.

La idea de que Ted no es humano y por lo tanto carece de derechos prometía bastante, tanto para el viaje emocional de los protagonistas como para ironizar sobre la moral y ética de las leyes y cómo están deben (o deberían) adaptarse a los tiempos en temas raciales (esclavismo, segregación) y de igualdad de género y sexo. Pero se queda en la superficie, en unas vagas referencias en el juicio, mientras el resto de la aventura se convierte en una road movie improvisada de mala manera. Repetir villano (Giovanni Ribisi) no muestra agotamiento, pues la historia es bastante distinta, pero en el camino se pierde el retrato certero, aunque fuese desde una perspectiva loca y sucia, de las parejas, la maduración de adolescente a adulto, el sexo… En cierta manera los personajes siguen siendo simpáticos, pero no se saca casi nada de ellos. La dinámica de la nueva pareja no va más allá de un par de chistes graciosos pero sin segundas lecturas (como los colocones de marihuana que se pillan), con lo que sólo se sustenta en la vena cómica de los actores Mark Wahlberg y Amanda Seyfried.

El humor marca MacFarlane está muy diluido. Unas cuantas referencias culturales frikis (el clímax en la convención, aunque esté bastante desaprovechado), unas pocas transgresiones (drogas, las búsquedas en google que siempre dan pollas) y algún momento bestia (el del esperma es fantástico) son lo único que logra este filme irregular que oscila entre la apatía y la sonrisa poco entusiasta. Vale para pasar el rato, pero se esperaba bastante más. Su bajón ha influido en la taquilla, pues mientras la primera parte llegó a 550 millones de dólares mundiales gracias al buen boca a boca, el mismo ha actuado aquí en sentido contrario a pesar de estrenarse con bastante expectación, quedándose en 200 millones.

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Lucy


Lucy, 2014, Francia.
Género: Acción.
Duración: 89 min.
Dirección: Luc Besson.
Guion: Luc Besson.
Actores: Scarlett Johansson, Morgan Freeman, Min-sik Choi, Amr Waked.
Música: Eric Serra.

Valoración:
Lo mejor: No llega a ser insoportable porque todo pasa muy rápido.
Lo peor: No tiene ni pies ni cabeza.

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El punto de partida, la premisa de que solo usamos el 10% del cerebro, es una chorrada pseudocientífica bastante vieja, pero por lo visto el director lo sabía y simplemente quería aprovechar el potencial de la idea como relato de ciencia-ficción. El problema es que la sarta de tonterías que se sueltan no hay por dónde agarrarlas, y termina siendo un despropósito de fantasía sin sentido. Memeces como que el delfín usa un porcentaje mayor que nosotros, o que aumentando su uso podemos doblegar la materia y energía a nuestro gusto, son paridas enormes que encima pretenden sustentar unas pretensiones metafísicas de risa.

Termina la película dejándote preguntas en la mente, pero no porque aborde temas complejos y profundos, sino porque no llega a dar nada coherente. Ni siquiera puedo concretar en qué falla, porque el galimatías es incomprensible. Solo vemos a la chica correr mientras los malos la persiguen, y a la vez adquiere cada vez más poderes (todos muy exagerados), terminando con la surrealista conversión final. Entre medio se ha escupido alguna extraña idea que no sé si buscaba únicamente formar un estilo visual vistoso o realmente Luc Besson estaba yendo de trascendental. El delirante viaje en el tiempo, por ejemplo, ¿qué demonios aporta, qué tiene que ver con el resto del relato?

Como película de acción también es un fracaso. Hay ritmo porque todo ocurre a toda velocidad, pero no hay una progresión lógica de acontecimientos. Tiroteos y persecuciones son anodinos, de hecho me pregunto para qué destruir tanto coche si no se trabaja un clímax como es debido. Los personajes secundarios son muchos pero no tienen dimensión alguna. Y finalmente la mezcla de estilo asiático y europeo podría haberle conferido un toque distintivo, pero lo único que consigue es reforzar la sensación de película inestable e incoherente.

Es una pena, el viaje de una chica cualquiera metida en una persecución de la mafia aderezado con la droga que le da fuerza para actuar prometía una buena aventura de acción. Pero una vez presentada esa premisa empieza a soltar chorradas sin pies ni cabeza. Entre esta y Under the Skin, vaya papeles elige Scarlett Johansson últimamente.

Transcendence


Transcendence, 2014, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: Wally Pfister.
Guion: Jack Paglen.
Actores: Johnny Depp, Rebecca Hall, Morgan Freeman, Cillian Murphy, Kate Mara.
Música: Mychael Danna.

Valoración:
Lo mejor: El reparto es llamativo.
Lo peor: Es la superproducción más aburrida en años.

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La historia de la inteligencia artifical que cobra consciencia y causa problemas no es nueva, y me temo que aquí no se nos ofrece una lectura lo suficientemente novedosa como para llamar la atención. El guion, ópera prima de Jack Plagen, amaga con abordar temas éticos y filosóficos muy atractivos y pone a los protagonistas en situaciones muy jugosas, pero va pasando sobre todo de puntillas, como temiendo hundirse en ramificaciones complejas, y termina aferrándose demasiado a las líneas más predecibles del género.

Pero creo que incluso en estas condiciones podría haber resultado un buen entretenimiento, que el problema más grave es la puesta en escena. Incluso viendo como el libreto huye de los potenciales discursos sobre temas polémicos (el conflicto ético con los terroristas daba más juego) y lamentando lo poco que se sumerge en la filosofía latente, da la sensación de que había material de sobras para hacer un buen drama de acción y que la ciencia-ficción al menos dejara algunas cuestiones y pensamientos en el aire; y más importante es la impresión de que sobre el papel los personajes parecen ser mucho más sólidos y atractivos de lo que queda al darles vida.

La dirección supone el salto a primer plano del director de fotografía Wally Pfister, habitual colaborador de Christopher Nolan, quien de hecho apadrinó la producción. Su labor recuerda a Nolan rápidamente en lo visual (cómo no iba a hacerlo), pero en ningún momento se ve el alma o carisma que imprime aquél en sus películas, donde se caracteriza por su habilidad para sacar épica y emoción a raudales, por transmitir sensación de grandeza y trascendencia (a veces hasta excesiva), por manter a los protagonistas siempre como foco de la narración (indistintamente de lo aparatosa y fantasiosa de la acción) haciéndonos muy partícipes de sus viajes (internos y externos), y por su imaginería visual. Su alumno va de imitador, pero no alcanza el aprobado en ninguna de esas características. Toda la cinta es un quiero y no puedo constante, una exposición anodina y fría de acontecimientos que van pasando sin dejar huella alguna. Los personajes se enfrentan a los momentos más dolorosos y a cambios que hacen tambalear sus vidas y que además amenazan a la existencia misma de la humanidad, y de aséptico que resulta todo no se transmite nada.

Pfister tenía a su alcance un viaje verdaderamente complejo y trágico en el cambio de perspectiva del personaje de Paul Bettany ante lo que sería o no terrorismo, pero el personaje simplemente aparece haciendo esto o aquello sin que se nos acerque lo más mínimo a sus pensamientos y dilemas internos. El rol de Kate Mara es completamente dejado de lado, como si no supiera qué hacer con él. El de Johnny Depp aburre antes y después de su conversión, y además no se lo ve cómodo en el papel. Morgan Freeman y Cillian Murphy prometían ser secundarios de nivel e importantes en el desarrollo del conflicto final pero no se les saca partido alguno. La única que sale medio bien parada es la protagonista encarnada por Rebecca Hall, porque tiene más tiempo en pantalla y la actriz se esfuerza por transmitir su evolución: de triste a melancólica y terminando en asustada.

También cabe decir que ni siquiera impresiona como superproducción de cien millones, no tiene grandes escenas de efectos especiales o acción intensa que den ritmo a los momentos clave, y además acaba con una pelea final insípida. La película termina haciendo honor a su argumento, parececiendo realizada por una máquina: carece de fallos en la técnica (destaca precisamente la fotografía) pero no es capaz de lograr calado emocional alguno. Sin que te importe lo más mínimo quién vivirá y morirá, si los terroristas quedarán como buenos o no, si la inteligencia tiene un plan o ha perdido el rumbo, si los protagonistas resolverán la situación sacrificando más o menos, nada queda en el relato con lo que puedas conectar y sentir algo. Por si fuera poco te destripan el final en un innecesario y negligente prólogo, con lo que el último segmento no puede sorprender, acrecentando la sensación de aburrimiento y tiempo perdido.

Plan en Las Vegas


Last Vegas, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 105 min.
Dirección: Jon Turteltaub.
Guion: Dan Fogelman.
Actores: Morgan Freeman, Michael Douglas, Robert De Niro, Kevin Kline, Mary Steenburgen, Jerry Ferrara, Romany Malco.
Música: Mark Mothersbaugh.

Valoración:
Lo mejor: Buen sentido del humor. Buenos personajes. Grandes actores.
Lo peor: Nada concreto, si acaso que es muy facilona.

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Cuatro amigos desde que eran críos rondan ahora los setenta, y cada cual hace la vida por su lado con sus propios problemas y achaques debidos a la edad. La boda de uno de ellos con una jovenzuela es la excusa perfecta para montar una despedida de soltero y volver a encontrarse. La reunión trae antiguas disputas, pero también servirá para afianzar una amistad algo oxidada.

Plan en Las Vegas es una suerte de Resacón en Las Vegas pero con abueletes de protagonistas, y si bien el tono del humor es también sencillo, se tratan temas más adultos. La descripción de cada uno de ellos es bastante correcta, y las relaciones se trabajan muy bien: conforme avanza la proyección los vemos cambiando poco a poco. Como los protagonistas tienen bastante profundidad, el relato gira alrededor de cómo enfrentan las distintas situaciones más que a mostrar situaciones graciosas sin más. Las limitaciones de la edad (enfermedades, movilidad, soledad), la perspectiva de la vida que dan los años, nuevos retos y esperanzas, enfrentar fantasmas del pasado, etc., acompañan al grupito mientras se desmadran en la ciudad del pecado.

El sentido del humor es de buen nivel, y no pierde fuelle en ningún momento. Las locuras de las fiestas (incluso las coladas porque sí, como el concurso de belleza), los chistes sobre la edad, los encontronazos entre personajes y las peculiaridades de sus formas de ser mantienen una sonrisa constante en el espectador, rematándolo con algunos buenos chistes de vez en cuando. Pero también hay hueco para el drama ligero. La disputa eterna entre dos miembros de la pandilla, las críticas a la boda con la joven, el enfrentamiento a sentimientos bloqueados (nuevos romances, nuevas formas de ver las relaciones con familia y amigos), etc. Y todo ello no engulle la comedia, si acaso la hace más trascendente al darle un poso más realista. Además no se cae en el dramón, porque no se inclina hacia la melancolía, sino que siempre busca el final alegre. Eso también se aplica al humor: no esperéis algo ácido o gamberro, es una comedia de aventuras sencillas y chistes amables.

Los actores son grandes nombres del gremio, pero eso no quiere decir nada. Tanto Morgan Freeman como Robert De Niro llevan años apalancados, rodando sin esforzarse y cobrando el cheque. Honrosas excepciones como el buen papel del segundo en El lado bueno de las cosas recuerdan puntualmente que todavía saben trabajar, pero eso no evita que un servidor abordase esta comedia pensando que quizá era otro título donde pasan sin dejar huella. Por suerte no es así, pues ambos están cómodos en sus papeles, sea por las razones que sea (les gustó el guion, el director supo manejarlos…). De Niro ofrece un estupendo cascarrabias siempre enfurruñado, y Freeman se desenvuelve bien en un anciano que recupera algo de emoción por la vida. Michael Douglas y Kevin Kline (el menos conocido y sorprendentemente el más caracterizado) están en la onda del anterior: muestran bien el cambio de la rutina y el olvido hacia un nuevo torrente de emociones.

Se puede decir que Plan en Las Vegas es quizá demasiado sencilla, que no corre riesgo alguno y resulta predecible, pero el humor mantiene el tipo, el ritmo es bueno (se hace corta) y los personajes y sus aventuras llegan con cierta intensidad. Resulta más redonda y equilibrada que otra del estilo que se estrenó hace poco, Tipos legales (con Al Pacino). No dejará una gran huella en la memoria, pero da para un rato muy agradable.

Oblivion


Oblivion, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 124 min.
Dirección: Joseph Kosinski.
Guion: Joseph Kosinski, Karl Gajdusek, Michael Arndt.
Actores: Tom Cruise, Andrea Riseborough, Olga Kyrylenko, Morgan Freeman, Melisa Leo, Nicolaj Coster-Waldau.
Música: Anthony Gonzalez y Joseph Trapanese.

Valoración:
Lo mejor: Guion arriesgado y sorprendente, dirección y fotografía excelentes, efectos especiales notables y banda sonora bastante buena.
Lo peor: Algún desliz da la sensación de frenar su potencial. La falta de dotes interpretativas de Tom Cruise, que en esta cinta se notan al ser más de emociones que de acción.

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Oblivion tiene un guion estupendo, muy original, bien estructurado y que maneja sus bazas (revelaciones y sorpresas) con mucho tacto. El tramo inicial de la aventura es muy expositivo, pues hay que mostrar el mundo imaginario con detalle para entender la historia, y lejos de resultar farragoso o lento funciona de maravilla: la información se introduce muy bien junto a la presentación de los personajes, y el mundo que se nos describe intriga y fascina. Conforme van llegando las revelaciones que nos sumergen en la trama estas resultan sorprendentes y muy bien hiladas: la narración se basa en sorpresas y giros, y todos funcionan a la perfección aunque alguno se pueda intuir un poco antes. La catarsis de los personajes llega con intensidad, y conforme la odisea del protagonista llega a su punto álgido el misterio y las constantes revelaciones se mezclan sabiamente con la acción. El ritmo, siempre estable y atractivo, adquiere entonces picos de gran espectacularidad. La batalla es impresionante y no se olvida de mostrar a los personajes, incluso los secundarios, en el foco de la acción. Para el segmento final el libreto se guarda todavía más sorpresas, más una forma estupenda de lanzar el desenlace a través de una secuencia que mezcla el pasado y el presente y va relatando muy bien cómo se llegó a la situación actual.

Por si fuera poco, la narración se trabaja también al detalle desde la puesta en escena. Joseph Kosinski, guionista y director, busca un aspecto visual preciosista, y vaya si lo consigue. A través de un diseño artístico exquisito y una fotografía excelente obtiene panorámicas bellísimas de la Tierra y escenas cautivadoras en la casa (el baño de la piscina es un vacile, sin duda, pero queda genial), que se rematan muy bien con una acertada banda sonora de Anthony Gonzalez (del grupo M83) y Joseph Trapanese. Destaca también en un aspecto que suele decepcionar mucho hoy día en el cine de acción: rueda de maravilla las partes más activas. Escenificación bien planeada, buena edición, buen uso de los efectos especiales y sonoros… Las batallas pueden ser caóticas porque está lloviendo de todo sobre los personajes, pero se muestran con claridad y fuerza.

Sin embargo, Oblivion no llega a ser perfecta. Pequeñas limitaciones surgen aquí y allá, algunas menores, otras pueden hacer pensar que puliéndolas un poco podría haberse obtenido una película excelente.

La labor entusiasta de Andrea Riseborough, cuya interpretación contenida resulta fantástica en un personaje muy interesante, termina eclipsando a Tom Cruise en ocasiones, debido al contraste entre ambos actores: para el protagonista hacía un intérprete con mayor registro dramático, que Cruise está más acartonado que de costumbre. También se hace evidente que el rol de Olga Kurylenko, para la importancia que tiene en el argumento, requería algo más de dedicación para no parecer a veces un comodín de la trama. De los otros pocos secundarios que aparecen he leído quejas, pero estimo que, dado su posición en la historia, no se requería más… aunque ciertamente dejan la sensación de que, ya puestos a exigir, podría haberse conseguido una película aún más grande y compleja si se hubiera ahondado más en la sección de la rebelión.

Algunos han señalado altibajos en el ritmo, aunque si los hay a mí no me han parecido graves… hasta el final, pues la cinta llega más lejos de lo que pienso que debería, y por ello el interés decae. Estoy convencido de que hubiera debido acabar cuando llegan a su objetivo, sin mostrar lo que ocurre dentro, dejando el misterio de a qué se enfrentan en el aire y saltando a la resolución y el epílogo. El epílogo tampoco ha gustado a todos, pero a mí sí: es forma previsible pero bonita de cerrar la historia de amor, y el giro de guion aunque se vea venir se encaja bien. Otro aspecto digno de mención es que a la hora de meter acción se ve que quieren hacer la cinta un poco más comercial y amplían más de la cuenta alguna secuencia: la persecución de naves en los desfiladeros se alarga muchísimo y recuerda demasiado a La guerra de las galaxias. Al hilo de esto último, es indudable que el filme bebe de muchas fuentes, y lo hace estupendamente salvo por algún exceso. Al citado sobre la obra de George Lucas añadiría que la referencia a 2001 es tan evidente e innecesaria que me sobró por completo. Por otro lado, las similitudes con Moon y Wall-E son muy notables en gran parte del metraje, pero supongo que son casuales debido al género y argumento.

Si bien es inevitable pensar que Oblivion podría haber sido algo mejor cambiando algunas cosillas, también pienso que sus limitaciones son pocas y no llegan a deslucir un conjunto sorprendentemente grato, una obra de ciencia-ficción inteligente, que no toma por tonto al espectador, que pretende ser original y lo consigue a pesar de que se le note que toma ideas de muchas partes, y que por si fuera poco está rodada con un gran dominio de la técnica dirigido hacia la obtención de buen arte: es una película original, emocionante, y hermosa. Las producciones de ciencia-ficción de calidad llegan con cuentagotas en un panorama dominado por las secuelas y la acción ruidosa, y por eso, sin ser rompedora o sobresaliente, Oblivion ha sido una de las cintas que más he disfrutado en los últimos años.

El Caballero Oscuro: La leyenda renace


The Dark Knight Rises, 2012, EE.UU.
Género: Acción, drama, superhéroes.
Duración: 165 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, David S. Goyer.
Actores: Christian Bale, Joseph Gordon-Levitt, Tom Hardy, Anne Hathaway, Gary Oldman, Michael Caine, Morgan Freeman, Marion Cotillard, Matthew Modine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: La confección de los personajes principales.
Lo peor: Demasiado larga y descentrada, demasiados fallos y agujeros en un guion también demasiado pagado de sí mismo.
El gazapo: La foto de los padres al lado de la de Rachel estaba quemada al principio, pero luego aparece en perfecto estado.
La frase:
-Bruce: Temes que si vuelvo a salir, fracasaré.
-Alfred: Temo que quiere fracasar.

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Decepción es la primera palabra que me vino a la mente mientras veía la tercera parte de la trilogía de Batman de Christopher Nolan. Decepción porque algo tan bien desarrollado tuviera un remate tan desequilibrado, caótico, fallido. Decepción porque el impresionante nivel alcanzado con El Caballero Oscuro decayera tanto de repente. Y no me entendáis mal. El Caballero Oscuro: La leyenda renace dista de ser una mala película, pero es que el listón estaba muy alto, y no esperaba que Nolan pudiera tener un patinazo de tal calibre. Muchos son los problemas de este capítulo: su falta de rumbo, la incapacidad para ir al grano y contar las cosas con claridad, los giros absurdos, la falta de credibilidad… Y es una pena, porque la base de la que parte es bastante atractiva: unos personajes muy sólidos y unas cuantas buenas ideas. Pero me temo el guion es tan torpe que hasta esos protagonistas de calidad son mal empleados en ocasiones.

La búsqueda de identidad y objetivos de Bruce Wayne/Batman (un siempre entregado Christian Bale) se amplía (y en cierta manera repite) respecto a los capítulos precedentes. La necesidad de aceptar y dominar el miedo para conocer tus límites o la obligación de mantener contacto humano para no perder el horizonte son temas recurrentes bien tratados… aunque no tan bien como antes, porque el desarrollo del personaje, obligado por la trama, parece estancarse y dilatarse en algunos momentos (en especial en la sección del pozo-cárcel). Otro problema notable con Wayne es que la proyección empieza indicando que ha pasado ocho años retirado (desde la caída de Harvey Dent en El Caballero Oscuro) y desde entonces está físicamente destrozado y psicológicamente agotado, como si llevara muchos años combatiendo el crimen cuando en realidad hemos visto que como Batman ha estado muy poco tiempo. Ese lapso temporal no se explica bien (se menciona de refilón) y sus consecuencias se fuerzan demasiado, pues no parece que fuera necesario exagerarlo tanto para iniciar el viaje para encontrarse a sí mismo y exponer el renacimiento del héroe.

Tenemos también a John Blake (Joseph Gordon-Levitt), incorrupto, inquebrantable y eficiente agente de la ley que trabaja siempre desde dentro de la norma, un héroe invisible pero ejemplar que Gothan necesita y que sólo alguien tan maduro como Gordon es capaz de ver, pues para el resto es un don nadie (a este respecto, el jefe de policía –Matthew Modine– resulta un tanto arquetípico). Su investigación acaba siendo más interesante que algunas partes dedicadas a Batman, aunque su presentación, con esa mágica deducción sobre quién se oculta tras la máscara del hombre murciélago, es irrisoria. Selina, o Catwoman (nombre que no llega a mencionarse), es una habilidosa ladrona de guante blanco en busca de redención. Sus encuentros con Wayne o Batman son todos excelentes, y la actriz Anne Hathaway, de la que esperaba poco, me sorprendió muy gratamente al mostrar con habilidad tanto la picaresca como las debilidades de su rol. Alfred, de nuevo en manos de un inmenso Michael Caine, tiene grandes momentos en su constante lucha para que su amado Bruce mantenga la cordura y la vida, y si bien su fantasía sobre su futuro es predecible resulta muy bonita y eficaz; lo que no queda muy bien es que sepa tantísimo de Bane: por mucha tecnología que tenga a su alcance parece poco probable que el mayordomo sea tan hábil a la hora de encontrar información que nadie ha encontrado. El comisario Gordon (Gary Oldman) es otro gran carácter, siempre al bordeando el límite de lo imposible en su cruzada contra el crimen; eso sí, lo de que su carta-revelación acabe en manos de Bane es un poco exagerado, por no decir que no tiene prácticamente repercusiones, así que no sé por qué se le da tanta relevancia.

Bane resulta imponente como enemigo. Su determinación y fuerza, su presencia temible, el logradísimo efecto de voz que resulta acojonante… Tenía todas las de convertirse en un villano mítico, como el Joker de Heath Ledger… pero el plan que dirige no convence del todo, y el desenlace, con giro-trampa forzado, empequeñece bastante su figura. Tom Hardy está francamente bien, teniendo en cuenta que sólo se le ven los ojos. Y dejo para el final a Miranda (Marion Cotillard), personaje ambiguo y poco definido cuya presencia en toda la película parece forzada tanto para ofrecer el romance de turno como para la sorpresa final… sorpresa tan rebuscada y tramposa que no convence lo más mínimo y afea considerablemente el desenlace: su aparición en el ultimísimo momento, el receso explicativo sonrojante, y su cambio de personalidad no hay quien se los trague.

Es una pena que este notable y atractivo grupo de protagonistas esté sumergido en un argumento no muy bien planteado y peor ejecutado que, aparte de minar en ocasiones estos roles, desarrolla la narración con torpeza. Es evidente que Christopher Nolan, con sus habituales colaboradores Jonathan Nolan y Davis S. Goyer, es muy amigo del artificio y el sensacionalismo, pero hasta ahora lo había controlado bastante bien (Origen es muy satisfactoria, Memento es excelente) o lo había maquillado sabiamente (El truco final canta a truco, pero no deja de ser fascinante). En este título sin embargo falla bastante. El guion peca de grandilocuencia, fingiendo constantemente ser enorme y épico cuando en realidad no lo es tanto, otorgándole a la historia una trascendencia y complejidad claramente impostada y excesiva: la importancia que se le da a la cárcel roza el absurdo, los dilemas internos de Batman se embarullan demasiado, y la política empresarial en torno a la industria de Wayne es el remate de todo esto: tan ininteligible y opaca, tan innecesaria que me pregunto qué motivos había para incluir algo así y darle tanto tiempo.

El plan de Bane es el hilo narrativo más importante y el que peor parado sale. Dice que quiere torturar a la ciudad atacando la esperanza de sus habitantes, para luego matarlos con una bomba. Primero, algo tan aparatoso no resulta creíble, al menos no de la forma en que se narra, pues en Batman Begins Ra’s Al Ghul (Liam Neeson) hacía más o menos lo mismo y no cantaba tanto. Segundo, lo superficial y vago que resulta mina su fuerza y credibilidad: la ideología es confusa (es anarquía y dictadura a la vez, pero no queda claro ni qué pretendía mostrarse ni qué resulta), es totalmente increíble que un país deje abandonada una ciudad en manos de terroristas durante tanto tiempo (qué cuesta colar un equipo de francotiradores o usar drones para acabar con los cabecillas), y no hablemos del cachondeo con la bomba: que si explota en determinadas condiciones, que si hay alguien con detonador, que si está en un camión dando vueltas, y que todos esperen al último días y las últimas horas para hacer algo de una vez. Y lo más importante: ¿cuáles son las razones que esgrime Bane para destruir Gotham? En Batman Begins la Liga de las Sombras se justificaba en la decadencia de la ciudad, pero aquí no recuerdo que digan nada, y la cuidad precisamente vive una época dorada. Tanta ambigüedad y falta de rumbo confunde y descoloca al espectador, y por extensión hace que pierda interés en la película.

El libreto de El Caballero Oscuro estaba perfectamente medido, colocando cada baza en su momento justo, pero aquí parece que no sabían cómo abordar unas cuantas ideas sueltas y todo queda mostrado con torpeza, desarrollado con irregularidad y adornado con pedantería injustificada. Como resultado de tanto caos, a la hora de rematar los mensajes habituales de la mitología de superhéroes, después de tanto enredo, Nolan está muy cerca de hacer el ridículo: con lo glorioso que resultó el conflicto moral de los barcos en el plan de Joker, aquí el ya de por sí nebuloso objetivo ideológico de Bane termina en una maniquea lucha entre terroristas y policías, sin que de por medio se haya visto mucha interacción con el pueblo (solo unos pocos protagonistas) y desde luego sin carga de ética ni análisis social, económico y político, cuando al iniciarse el ataque de Bane parecía que se iba a desarrollar una crítica al sistema capitalista y la desigualdad que genera.

Todo el argumento principal de la película rebosa grandilocuencia sin objetivo determinado, con lo que a medio camino se va quedando sin gas y en la resolución, cuando el humo deja ver la nada que hay detrás, se agota por completo. Pero el resto de secciones importantes navegan en el mismo mar caótico. El limbo de Batman en el pozo está lleno de tonterías: nadie es capaz de lanzar una de esas cuerdas que tienen apañando un garfio, nadie de fuera viene a sacar a algún amigo o familiar, vemos una ridícula curación de una vértebra dislocada… Otros muchos pequeños detalles afean la proyección aquí y allá: las peleas cuerpo a cuerpo nunca han sido lo más destacable, una pena teniendo en cuenta su importancia, pero aquí los trucos cinematográficos (coreografías, montaje) tienen momentos en que cantan demasiado (gente que cae sin ser golpeada, puñetazos y patadas horribles…); si la moto y el coche de Batman eran feos de narices, el esperpéntico diseño de la aeronave termina por destrozar algo mítico y esencial en el personaje: sus cachivaches y aparatos en esta saga no destacan nada; Batman se pone a pintar un murciélago gigante de gasolina en el puente con la bomba a punto de explorar y gente a punto de morir; etc., etc.

Y todo esto ocurre durante una narración excesivamente alargada, descentrada, incapaz de ir al grano y avanzar con paso firme y decidido. En momentos clave, como el clímax final, se nota muchísimo: qué larga y tediosa llega a hacerse la persecución al camión, y más sabiendo que al ser un trámite obligatoriamente previsible deberían haberse centrado en hacerlo espectacular y directo; o qué mal se resuelve la confrontación última, con esos malos que tienen un ejército armado y corren para enfrentarse a puñetazos a los policías desarmados.

El Caballero Oscuro: La leyenda renace podría haber sido muchísimo mejor reduciendo su metraje (¡dos horas y cuarenta minutos!), agilizando la trama, simplificando cosas que están muy adornadas. Potencial había de sobra: los personajes son muy atractivos y el reparto es excelente; la música ha mejorado mucho (y el tema de Bane es impresionante); escenas de calidad hay unas cuantas, sean dilemas y dramas personales (cuánto duele la partida de Alfred) o secuencias puntuales muy logradas (el prólogo es espectacular); la dirección es bastante buena (aun con el recurrente fallo de las peleas)… En resumen, estamos ante espectáculo algo denso pero entretenido, con partes dignas de destacar y unos protagonistas que llegan muy bien. Pero resulta demasiado irregular, aparatoso y largo. Y con dos episodios de tanta calidad delante suya, el sabor a decepción se magnifica.

El Caballero Oscuro


The Dark Knight, 2008, EE.UU.
Género: Acción, suspense, superhéroes.
Duración: 152 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan.
Actores: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Maggie Gyllenhaal, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Monique Curnen, Chin Han, Eric Roberts.
Música: Hans Zimmer y James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Un guion sublime, un reparto extraordinario y una puesta en escena capaz vibrante.
Lo peor: Algunos excesos y agujeros empañan un poco un conjunto tan serio y sólido.
Mejores momentos: Cualquier escena con Dent/Dos Caras o Joker, en especial las que tratan grandes dilemas morales. La alucinante explosión del hospital. Los clímax con Joker y Dos Caras.
Mejores planos: Joker volando el hospital. Joker sacando la cabeza por la ventanilla de un coche.
El gazapo: El plano de la montaña de billetes ardiendo se alarga demasiado y se ve la estructura donde están apilados.
La frase: O mueres como un héroe o vives lo suficiente para convertirte en un villano.

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A través de un guion ambicioso y denso, lleno de capas y capas (quizá demasiadas para su comprensión en un primer vistazo, pero las justas para obligarte a pensar, a realizar más visionados que permitan exprimir la experiencia), se desarrolla un thriller monumental, al nivel de grandes del género, sean clásico de la época como Chinatown, El halcón maltés, El sueño eterno… o excepciones modernas, como L.A. Confidential.

Christopher Nolan nos sumerge de lleno en la inmundicia que vive Gotham: las mafias tienen sumida a la ciudad en un estado de control y terror, la policía está comprada o extorsionada, los políticos desbordados, los ciudadanos pierden la fe. Pero también estamos ante una de superhéroes. Batman y Joker sirven para explotar los dilemas morales latentes, y a la vez para aumentar el espectáculo de acción. Tenemos suspense, acción y drama con gran carga ética hasta convertir la obra en un festín fascinante, sobrecogedor a ratos… pero también incluso excesivo en algunos momentos, y con algunos detalles malogrados dignos de citar.

La acción es variada e impresionante. Vuelve a deslumbrar el amor de Nolan por el trabajo manual, no por dejar todo al ordenador. Los tiroteos, peleas, persecuciones y explosiones resultan desde intensos a alucinantes, sobre todo el hospital explotando y la larga persecución al furgón policial. Incluso hay que agradecer mejoras en el montaje y en la ejecución de las peleas cuerpo a cuerpo, más nítidas y efectivas que las de Batman Begins. Ahora bien, en cambio se le va la mano con la fantasía. En el primer capítulo Nolan puso mucho cuidado en que fuera una de superhéroes realista, explicando las tecnologías de Batman de forma que parecieran bastante plausibles. Pero aquí se le va la pinza con lo del sónar de los móviles, que le permiten ver toda la ciudad en 3D y escuchar a todos en directo, y con la dichosa escena del ladrillo, que no tiene ni pies ni cabeza: ¿cómo demonios saca una huella dactilar de una bala destrozada dentro de un ladrido usando otro ladrillo y otra bala?

La trama es enrevesada pero engancha con fuerza, aunque cuesta seguir da sus frutos: las intrigas de facciones y personajes danzando uno alrededor del otro, respondiendo cada uno a su manera según las circunstancias cambian, son tan ricas y atractivas que no puedes apartar la mirada de la pantalla. Y el Joker llega para darle a todo una vuelta inesperada. Resulta un villano extraordinario, no se limita a ser el enemigo a derrotar y que como mucho sirve como empuje para la maduración del héroe, sino que afecta a toda Gotham, a todos los personajes, y la victoria no se puede alcanzar únicamente derrotándolo, sino superando la debacle moral y emocional a la que los ha arrastrado.

Pero también hay excesos. El viaje a China para capturar a Lau (el contable de la mafia) es redundante y aparatoso, pareciéndome más innecesario cuantas más veces veo la película. Son minutos que se podían haber ahorrado, para mostrar que Batman es un grano en el culo para los mafiosos bastaba capturarlo en el aeropuerto o algo igual de breve y conciso. La falsa muerte de un personaje resulta bastante tramposa para al final no tener mucha justificación: ¿se hace pasar por muerto para conducir un camión? Si fuera para investigar y actuar desde la sombra con un plan más tangible podría adquirir algo más de sentido, pero queda como un giro bastante forzado. También me pregunto cómo, en el final, sabe Gordon a cuántos ha matado Dos Caras en su locura. Por suerte, en general tenemos infinidad de momentos y sorpresas bastante imprevisibles que encajan muy bien a pesar de la infinidad de ramificaciones de la historia.

Como en la primera entrega, tenemos unas cuantas frases con gancho y un sentido del humor bien medido, capaz de no desentonar en un relato bastante trágico. Pero la carga ética ha dado un paso más allá. Nunca antes una de superhéroes había sido tan atrevida, tan adulta, nunca habían abordado dilemas morales tan ambiguos, oscuros y dramáticos. Con los numerosos protagonistas principales y secundarios vemos diversos espectros morales y enfrentamos traiciones, cobardías, sacrificios y heroicidades de todo tipo. Muchas situaciones son propias del género (épicas luchas del bien contra el mal), pero otras se sumergen en un berenjenal de reflexiones profundas y de respuesta nada fácil, donde Nolan sale airoso a pesar del riesgo. Todo el largo clímax final, aunque tiene bastante ritmo y acción, se apoya principalmente en algunas de las reflexiones más inteligentes duras vistas en el cine respecto a las limitaciones del ser humano y las razones de su alineamiento moral: ciudadano pasivo y ciudadano comprometido, héroe y criminal, y la débil línea que los separa si las circunstancias son propicias.

La representación de personajes tan complejos y atormentados termina de resultar memorable gracias al excelso reparto que ha vuelto a reunir Nolan. El Batman que interpreta Christian Bale es lo suficientemente turbio (carismático pero rudo, justo pero temible, violento pero con principios claros) como para resultar un rol central antológico, una versión del héroe probablemente insuperable. Los asistentes, colaboradores y amigos están en manos de más que reconocidos profesionales (Morgan Freeman, Michael Caine y Gary Oldman, todos excelentes como es habitual en ellos), mientras que los que afrontan la interpretación de los dos grandes villanos están soberbios en papeles de dificultad extrema. Aunque pocos hablan de él, Aaron Eckhart borda su rol de héroe que cae al lado oscuro. Y Heath Ledger está dando que hablar más por méritos propios que por su trágico fallecimiento. La transformación en Joker es completa, la voz, los gestos, cada movimiento y cada tic, cada sílaba y mirada forma parte del personaje, de su antológica transformación. La cinta, enorme de por sí, gana enteros gracias a esta abrumadora presencia. La única pega en este reparto es que el carácter femenino sigue estando en un nivel inferior al resto, tanto porque el personaje no consigue despuntar (al menos aquí es necesario, mientras que en la primera parte si se quitase ni se notaría) como porque la actriz, aunque en esta ocasión cumple (se ha sustituido a la guapa pero sosa Katie Holmes por la poco atractiva pero profesional Maggie Gyllenhaal), carece de la fuerza y carisma necesarios para jugar en la misma liga que sus compatriotas masculinos.

Nolan dirige este coloso como si fuera fácil. Imprime un ritmo magnífico, toda escena parece relevante (aunque alguna realmente no lo sea tanto) gracias a su fuerza visual, su intensidad, y sobre todo debido a lo bien que va hilando la trama. Aunque busca un tono ominoso nunca peca de grandilocuencia; aunque ocurren muchas cosas a toda velocidad no da sensación de apresurado; la acción nunca se pone por encima de la historia, es parte de ella. En otras palabras, es capaz de mantener un equilibrio perfecto entre el thriller serio y trascendental y la acción de película taquillera. Destaca la labor de fotografía de Wally Pfister, con unos planos aéreos magníficos y una estupenda iluminación, así como el citado esfuerzo en los efectos especiales. Sin embargo, algunos criticaron el diseño artístico, argumentando que Gotham no tiene personalidad; pero yo no lo veo así, me da la impresión de que todo el mundo esperaba algo del estilo de Tim Burton, pero esto es estilo Nolan: más realista, tangible, una versión hiperbólica de la realidad. En ese sentido, los vehículos del hombre murciélago no me gustaron inicialmente, pero al final me di cuenta de que era por la misma razón, tenía ideas preconcebidas y el cambio fue muy brusco, pues se aleja del estilismo gótico y busca una rudeza cuasi militarista. En cuanto a la banda sonora de Hans Zimmer y James Newton Howard, estos aportan un buen tema para Joker, y me parece más contenida (hay menos insistencia en machacar con la música), pero igualmente parece un efecto sonoro más que una partitura con personalidad cuando debe destacar y sutil cuando debe ser un complemento narrativo.

El Caballero Oscuro es una de las obras más arriesgadas de los últimos años. Aun contando con el éxito de la primera entrega, que le dieran a Nolan tanto dinero (185 millones de presupuesto) y carta blanca total sorprende viendo lo inmovilistas y cobardes que son en los grandes estudios. Y Nolan, habiendo demostrado de sobras ser un visionario capaz, esto es, sin miedo a innovar pero también sabiendo que ha de vender, no ha fallado en esta gran oportunidad. Ha conseguido una película única, rompedora, una película adulta, oscura e inteligente como pocas. Quizá incluso es demasiado de todo ello, pero eso no ha sido impedimento para que el público la haya recibido con entusiasmo, incluso demasiado, pues a tenor de las notas en la IMDb muchísimos la tienen como una de las diez mejores películas de la historia. Para mí está claro que le falta bastante para considerarla una obra maestra, pero eso no impide que, sin ser redonda, sí consiga resultar extraordinaria, un hito que se recordará eternamente.

Y además permite algunas reflexiones sobre el cine, tanto de superhéroes como en general. El género parecía estar condenado a albergar títulos comerciales con poco empeño en el guion y más en el espectáculo directo. Excepciones como el personal Batman de Tim Burton no parecían, a pesar de calar rápidamente en la memoria del espectador, haber dejado huella en las tendencias artísticas de Hollywood. Más recientemente recuperamos un poco las esperanzas en que se lo tomaran en serio con la gran Spider-Man 2, que mostraba sin complejos personajes sufriendo bastante y drama de alto nivel. Y en menor medida teníamos otros títulos bien acabados, como Hulk o Iron Man, que corrieron una suerte muy dispar en taquilla. Pero todavía no parecía que estuviéramos cerca de romper la absurda barrera que considera que hay cine de primera fila (dramas de corte clásico) y cine de segunda (ciencia-ficción, fantasía, acción y animación), esa que mantienen en Hollywood los muy conservadores estudios, los medios afines y los premios principales (los Globos de Oro y los Oscar). La excepción de El retorno del rey no la contemplo, porque ni la entiendo: fue un bodrio y no cumplía los cánones de la Academia, y aun así arrasó, mientras verdaderas obras maestras, como Matrix o Hijos de los hombres, siguen siendo ninguneadas a lo grande.

Entonces llega Christopher Nolan con su visión adulta y sombría y con un tratamiento de thriller clásico. Batman Begins ya apuntaba alto, pero El Caballero Oscuro ha subido el listón y además ha causado gran impacto. De cara al público, sin duda ha servido para terminar de asentar el género. En la taquilla es un éxito sin paragón, y la valoración es incluso excesiva, pues como señalaba se pone muy por encima de su calidad real. Pero, ¿habrá sido suficiente para quitar la venda de los ojos en los tradicionalistas gremios de Hollywood? Sólo grandes hitos que marcan época, como Alien y Aliens, Terminator y Terminator 2, Matrix, La jungla de cristal y un injustamente corto etcétera, consiguen ser admitidas por estos supuestos expertos y críticos, y en la mayoría de los casos lo hacen tras unos cuantos años, tras haber pasado sin gloria alguna por los malditos premios que supuestamente se otorgan a las mejores del año, cuando los prejuicios han sido derribados por el peso de la razón y el paso del tiempo. Este año tenemos dos filmes magistrales que piden a gritos derribar esa injusta y arcaica barrera, Wall-E y El Caballero Oscuro. Ya veremos qué ocurre en los próximos meses, si El Caballero Oscuro entrará de golpe por la puerta delantera en la historia del cine o lo hará poco a poco por la trasera, como suele ocurrir. Lo que es indudable es que entrará, que no será recordada solamente por romper récords de taquilla o por ser la que ofreció una gran última interpretación de una joven estrella.

Actualización 04/08/17. Con el estreno de Dunkerque me he puesto a repasar la filmografía de Nolan, y le he dado un pequeño repaso a la crítica. El tiempo no afecta a estas dos primeras entregas… pero la tercera sigue siendo fallida, me temo. Pero lo importante es que, al final, tanto la Academia de los Oscar como los Globos de Oro se rindieron a su cerrazón y obsesiones y no nominaron a El Caballero Oscuro a mejor película, guion ni dirección; Wall-E apenas arañó una a mejor guion. Y para variar, las seleccionadas fueron melodramas sensacionalistas de cuidado. Un cinta menor como Slumdog Millionaire fue elegida la mejor del año por ambos premios en otro ridículo inclasificable. La única sorpresa es que la AFI (American Film Institute) sí la incluyó en su lista de lo mejor del año, junto a Wall-E e incluso Iron Man.

Ver también:
Batman Begins (2005).
-> El Caballero Oscuro (2008)
El Caballero Oscuro: La leyenda renace (2012).