El Criticón

Opinión de cine y música

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Puñales por la espalda


Knives Out, 2019, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 131 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Daniel Craig, Ana de Armas, Michael Shannon, Jamie Lee Curtis, Toni Collette, Christopher Plummer, Katherine Lagford, Jaede Martell, Don Johnson, Chris Evans, Lakeith Stanfield, Riki Lindhome, Noah Segan.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: Ana de Armas y su rol.
Lo peor: Una historia obsoleta y totalmente desganada, sin intriga que atrape, sin personajes que conmuevan, y con un reparto llamativo dando interpretaciones bastante aburridas.

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Alerta de spoilers: Sin datos reveladores hasta el próximo aviso en el último párrafo.–

Otra película que abordo entusiasmado por sus estupendas críticas que la ponen como un oasis de cine original e inteligente entre la mediocridad contemporánea (aunque esto con matices, que llevamos unos pocos años bastante buenos), y otra película que me decepciona a lo grande. La misma historia de siempre en su género, contada con más desgana y tropiezos que inspiración y buen hacer. Da la impresión de que ya no es sólo el público el que no tiene memoria ni criterio y es fácil de complacer con títulos corrientes cuando no vulgares hechos a trozos de obras muy superiores, sino que los medios y críticos profesionales se dejan llevar por las modas que tanto amplifican internet y alaban mediocridades una tras otra.

Puñales por la espalda es una pobre imitación o un homenaje fallido a un estilo muy anticuado. El policíaco y suspense a lo Arthur Conan Doyle y Agatha Christie iniciado a finales del siglo XIX y principios del XX ha tenido en cine todas las adaptaciones y versiones habidas y por haber, si a estas alturas quieres revisitarlo, y más aún, revivirlo, tienes que aportar algo, sea un clasicismo formal tan virtuoso que la falta de novedades no importe, o actualizaciones suficientes que le otorguen un toque original. Por ejemplo, el Sherlock Holmes (2009) de Guy Ritchie tenía un estilo de acción y aventuras en plan steampunk muy llamativo, mientras que la serie Sherlock (2010) de Mark Gatiss y Steven Moffat ha encandilado a medio mundo con su narrativa muy fiel pero enérgica y su aspecto interpretativo y visual de primera (aunque a mí no me entusiasmó tanto, me pareció apenas correcta). Eso sí, también debo que señalar que numerosos clones con ideas y guiones agotados han tenido gran éxito a lo largo de la historia, destacando recientemente las series House (David Shore, 2004) y Monk (Andy Breckman, 2002).

La visión de Rian Johnson se ahoga en las bases del género, en todos los recursos y clichés más gastados, el vago intento de aportar algo nuevo está lejos de funcionar, no ofrece tampoco un estilo propio marcado, sino que acumula muchas carencias y falta de vigor. No llega a caer en lo catastrófico, pues puede valer como entretenimiento pasajero si no vas con expectativas, pero no cumple con lo mínimo exigible para considerarla una buena película. Muy pocos personajes interesan, los actores van casi todos con la inercia, pocos tramos son llamativos, pocos misterios mantienen expectación, el aspecto visual es correcto pero no como para cautivar los sentidos…

En la presentación, los protagonistas generan indiferencia y la trama no tiene lo suficiente como para que el misterio atrape con entusiasmo y te impliques pensando en qué ha podido pasar. Las descripción inicial de cada rol y sus motivaciones son las más trilladas de este ámbito: ricachones envidiosos ávidos del dinero del cabeza de familia. Cualquiera ha podido ser, al principio incluso pensaba que todos, en la onda de Asesinato en el Orient Express (Agatha Christie, 1934), pero por suerte Johnson no cae tan bajo. Sin embargo, la narrativa no da mucho de sí, no genera suspense como para mantenerte en vilo ni da margen para pensar por ti mismo, te machaca constantemente con explicaciones, deja ver sus trucos, los misterios secundarios se resuelven muy rápido, los protagonistas no se mueven de su limitado dibujo inicial, el desenlace es caótico…

No puede ser que nada más empezar la proyección, con el detective interrogando a la familia y el servicio, Johnson ya nos enseñe en flashbacks cuáles son las mentiras de cada uno. El autor yerra al correr tanto, en vez de ir saltando con la sombra de la sospecha de uno a otro y siguiendo al detalle la investigación policíaca del detective de forma que todo, las motivaciones aparentes y las intenciones ocultas, el misterio y las posibles pistas, vayan tomando forma poco a poco.

Al avanzar un poco más se manifiesta un motivo para seguir este camino, pero es una idea que frena el potencial de la propuesta y que evidentemente el realizador no maneja bien. Mostrar con tanta premura quién lo hizo y entrar el juego de si saldrá airoso o no, en vez de aportar una nueva perspectiva resulta contraproducente, porque implica que el resto de personajes y la investigación dejan de ser útiles demasiado pronto, es decir, que el primer acto ha resultado ser prácticamente tiempo perdido.

El nudo levanta el interés, pero sin lograr rizar el rizo como se espera. En la nueva dirección hay algunos buenos pasajes de tensión, las mentiras agobian al personaje, la sensación de que será cazado en cualquier momento genera un mínimo aceptable de suspense. Pero como digo, los otros protagonistas pierden atractivo y utilidad, a lo que hay que sumar que los diálogos no son muy ingeniosos (muchas veces se puede intuir lo que va a decir cada uno), la crítica a las clases sociales, los ricos parásitos y los pobres pisoteados, es obvia y tontorrona, con unos muy malos y viciosos y otros demasiado inocentes y virtuosos (y no hablemos del penoso receso para meter a Donald Trump). Por extensión, el humor negro es torpe y cutre, el detective y los dos agentes tontainas que lo acompañan y la ridiculez del personaje que vomita al mentir son una mala parodia que no encaja en un todo más serio.

Centrándome en los personajes, prácticamente sólo destacan el hijo editor (Michael Shannon), el detective en plan sobrado (Daniel Craig), y la enfermera latina (Ana de Armas). Shannon es un secundario de lujo y cumple como siempre. Craig está muy fuera de su zona de confort y en un personaje fuera de tono, así que no funciona en general y tiene partes donde parece estar en otra película. Ana de Armas está muy bien en el personaje que más recorrido tiene, con momentos de estrés y drama que explota de maravilla. La joven y su rol terminan destacando con luz propia en un relato malogrado.

El tercer acto es demasiado previsible a pesar de algunos artificios, y por tanto poco impactante. Si antes había decisiones narrativas muy cuestionables, ahora da la sensación de que Johnson es consciente de que no ha estado a la altura del reto que se ha marcado y busca salidas fáciles. A última hora añade complicaciones y personajes, pero claro, hay que ser muy hábil para meter información nueva estando ya en el desenlace y que no parezca una trampa, un recurso sacado de la manga, una solución muy conveniente… y el autor no hila nada fino. La entrada de Chris Evans no convence lo más mínimo, es un comodín para darle las últimas puntadas a una historia que no terminaba de llevar a nada… y esto significa que otros muchos personajes son finalmente dejados de lado por completo, que han sido tiempo perdido. A pesar de los enredos, las conclusiones y supuestas sorpresas finales se ven venir muy, muy de lejos. He intuido la solución principal y el giro que le da forma in extremis ya desde que se menciona o enfoca cada pista por primera vez (y en algunas reincide de forma descarada), la posición final de cada implicado estaba clara desde que termina su presentación, pues como se intuía no hay movimiento alguno en sus personalidades ni sorpresas en sus historias, y he previsto hasta los giros secundarios en teoría más rebuscados (en spoilers me extiendo).

Grandes obras del género serían La huella (Joseph L. Mankiewicz, 1972) y Gosford Park (Robert Altman, 2001). Puñales por la espalda es del montón y se olvida nada más verla.

Alerta de spoilers: Revelo aspectos clave.–

-Lo del imán de la nevera para borrar una cinta vhs resulta una forma ridícula de destrozar la escena más tensa hasta el momento.
-Penoso también que la protagonista explique el crimen que ha cometido mientras come en un restaurante y luego mientras conduce, como si no fuera un trauma que te pone nervioso o incluso bloquea, sino una charla banal mientras haces otras cosas que requieren más atención.
-El cuchillo de atrezo, el alijo, el cambio en las medicinas… todo resulta demasiado obvio y llega justo cuando se espera.
-Lo único que me ha pillado por sorpresa es que el detective sospechara desde el principio por una pista difícil de ver, la gota de sangre en el zapato… pero claro, si piensas en lo torpe que parecía este tipo, pues no termina de funcionar.

Looper


Looper, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis, Emily Blunt, Paul Dano, Jeff Daniels, Piper Perabo, Noah Segan.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: Un puñado de ideas geniales y unas cuantas escenas muy potentes.
Lo peor: Ritmo renqueante. Parece haber varias películas en una. Algunos detalles de guion y puesta en escena bajan su nivel medio.

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Alerta de spoilers: Es una película para ver sin saber nada y dejarse sorprender. Pero a la vez me es imposible comentarla bien sin describir detalladamente la trama y algunas sorpresas. —

Looper es uno de esos títulos de ciencia-ficción que los fans esperamos con ansia porque exponen lo obvio: el género permite tantas posibilidades que es una lástima que haya tan pocas películas y menos aún tengan un mínimo de calidad aceptable. ¿Que los viajes en el tiempo están muy vistos? Pues sí si te limitas a los tópicos, porque desde luego el potencial que tienen es enorme. Su autor Rian Johnson lo ha visto, y se ha montado una historia bastante llamativa con varias ramificaciones y detalles muy interesantes.

En un futuro cercano se sabe que un futuro más lejano se inventarán los viajes en el tiempo, y se prohibirán pero algunas mafias seguirán usándolos porque en una sociedad tan controlada la única forma de asesinar sin dejar rastro es enviando a las víctimas al pasado (al futuro donde empieza la película) para que sicarios contratados, llamados loopers, se encarguen de los cuerpos. Estos looper completan su servicio o círculo (loop) cuando tienen que ejecutar a su versión futura, porque una vez llegan a la edad en que se prohíbe su existencia deben ser eliminados. Una vez muerto tu yo viejo te retiras y puedes vivir hasta esa edad de los jugosos ahorros. Pero cuidado si no quieres matar a tu versión anciana, porque las mafias que te pagan son implacables.

En esta situación se verá nuestro protagonista. Su yo del futuro tiene un plan demencial para asegurar su línea temporal. Primero, escapar de sí mismo y de la mafia de esta época. Segundo, dar caza a un temible mafioso que domina en el futuro y está acabando con todo el sistema de loopers y ha destruido su idilio justo cuando encontró algo que hacer con su vida. En plan Terminator tratará de dar con él cuando es todavía un niño.

El problema es que parece juntar varias películas en una, con los consecuentes problemas de definición y ritmo y la sensación de confusión que transmite cambiar el estilo a mitad de camino. Primero tenemos la exposición del universo, paralela a la presentación del protagonista. Es un segmento estupendo, muy fluido y donde todo se entiende sin problemas y resulta muy atractivo. Cuando llega la versión futura promete cambiar hacia una caza en plan película de acción, pero de repente pierde fuelle. El esperado cambio en la vida del protagonista, que de adinerado yendo de fiesta en fiesta se convierte en un yonki a la fuga, se desvanece en un romance no malo pero sí previsible y un tono que se inclina hacia la acción simplona. Los mafiosos para los que trabaja, que en esta situación se convierten en enemigos, son personajes muy flojos (en especial el pistolero estúpido) y toman demasiado protagonismo en detrimento de la propuesta inicial de ciencia-ficción. Y mientras, aunque la aventura del yo futuro da algunos buenos momentos (el drama de ejecutar niños, con buenas sorpresas incluidas), resulta finalmente poco atractiva, su protagonismo queda muy diluido cuando se esperaba más de esta sección. Destaca también el resumen de su trayectoria hasta la edad de viajar al pasado, pero también supone un golpe al ritmo, pues es como un corto metido de por medio.

Y de repente tenemos otro cambio de rumbo, y este es brutal. Si te llega a sacar por completo de la narración no hay más que hacer, la película te parecerá fallida. Si no, aún hay buenas ideas y giros con los que disfrutar. Ya no hablamos solo de viajes en el tiempo y la persecución, ahora tenemos una de superpoderes también. La telequinesis mencionada de pasada al principio cobra protagonismo. No diré más para no desvelar algunas sorpresas interesantes que dan un par de escenas magníficas, pero sí es evidente que esta historia no ha tenido el recorrido e importancia necesarios para que nos interesemos por ella repentinamente, con lo que es como ver otra película empezando cuando llevamos realmente media proyección. Cuando por fin toma forma nos ofrece otro relato muy atractivo, y recalco que tiene instantes geniales, pero también está lastrado por elementos artificiales innecesarios: el enfrentamiento final del yo futuro en la guarida de los malos es insípido (un tiroteo exagerado y mediocre) y para colmo el pistolero tonto sobrevive para seguir molestando en un desenlace donde no pinta nada.

Cabría pensar que una película con varias historias complejas condensadas tendría un ritmo trepidante, pero ocurre lo contrario. Por sus fallos y por no estar desarrollados a fondo, ninguno de los segmentos destaca por ser vibrante y emocionante como las posibilidades del argumento parecían poner en bandeja. La puesta en escena también es irregular. Parece profesional y consistente de primeras, pero a veces le da por intentar deslumbrar, como si quisiera dejar huella porque el género lo exige. Unas pocas escenas algo forzadas contrastan con otras muy bien trabajadas: la huida del piso con planos rebuscados o el citado tiroteo no dan la talla al lado del fantástico resumen de la vida del protagonista en el futuro o de los instantes en que al personaje con poderes se le va la pinza.

En cuanto al reparto, quienes mejores me han parecido son los que menos tiempo están: la chica (Emily Blunt) y su hijo (Pierce Gagnon), en especial este último, dan buenos papeles. Joseph Gordon-Levitt sigue sin convencerme a pesar de su éxito, no cambia mucho el registro aunque su personaje podría dar bastante juego. Bruce Willis cumple sin más en un papel sorprendente en su carrera: es un secundario. Cabe señalar que maquillan Levitt para parecerse a su yo futuro (lentillas y retoque de nariz y labios), pero mi impresión es que resulta más confuso que otra cosa: todo el rato me preguntaba qué le pasaba en la cara, por qué estaba tan raro.

Con este panorama no puedo darle una gran nota a Looper. Quisiera que fuera una gran película, que no tuviera tantos problemas, que sus gloriosas ideas dieran un relato más sólido y genuino, pero no es así. Por ello también tiene posibilidades de convertirse en un título de culto de la ciencia-ficción: muy recomendable por sus elementos destacables pero sin llegar a ser una producción redonda ni especialmente conocida. También es inevitable pensar que semejante premisa se hubiera desarrollado mejor en una miniserie de varias horas.

El guionista y director Rian Johnson ha llamado lo suficiente la atención como autor de ciencia-ficción como para ser incluido en el equipo de las nuevas entregas de La guerra de las galaxias.