El Criticón

Opinión de cine y música

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Prometheus


Prometheus, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 124 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Damon Lindelof sobre el original de Jon Spaihts.
Actores: Noomi Rapace, Michael Fassbender, Charlize Theron, Idris Elba, Logan Marshall-Green, Sean Harris, Rafe Spall, Emun Elliott, Benedict Wong, Kate Dickie, Guy Pearce.
Música: Marc Streitenfeld.

Valoración:
Lo mejor: El aspecto audiovisual corta la respiración: dirección, fotografía, música, dirección artística, decorados, vestuario y efectos especiales son de gran nivel.
Lo peor: El guion es infame, ofreciendo un relato previsible y bastante falto de garra, pero sobre todo lleno de agujeros que se acumulan haciendo que tramas y personajes pierdan toda coherencia y verosimilitud. Los tráileres, que te reventaban toda la película.
La pregunta: ¿Por qué para mostrar a un anciano cogen a un actor joven y lo maquillan?

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Alerta de spoilers: la comento bastante a fondo, pero también es cierto que los tráileres te lo contaban todo.–

Parece que Ridley Scott tenía claro qué quería rodar en este inicio de una nueva serie basada en su obra magna Alien (1979), pero en la guerra de despachos habitual de Hollywood el proyecto fue desinflándose. O eso quiero creer, para exonerarlo de los infinitos errores del desastroso resultado. Meses de trabajo con el equipo artístico iban preparando el salto a imagen real del guion firmado por Jon Spaiths, pero, a punto de empezar a rodar, el estudio, 20th Century Fox, cambió de idea sobre el proyecto y exigió que se alejara mucho más de la saga madre, eliminando a los alienígenas de la historia. Fue impuesto Damon Lindelof para reescritir el libreto y Scott filmó cambiando sobre la marcha ideas y escenas varias, lo que indicaba que no encontraba el tono tras las injerencias. La cinta resultante ofrece una odisea científica mezclada con una reflexión religioso-filosófica, todo ello adornado con un poco de intriga y acción, pero la combinación hace aguas por todas partes porque el guion es muy flojo, tirando a esperpéntico. El tratamiento que se hace de la ciencia resulta ridículo, los pensamientos religiosos son primarios, casi infantiles, y la narración es un coladero de inconsistencias. Y no estamos hablando de un par de agujeros de guion y algún detalle cuestionable, sino de que los hay por decenas, y la trama y los personajes terminan atascados en ellos sin llegar a formar un relato coherente.

En el tramo inicial tenemos una aventura de exploración espacial que debería cautivar con la atracción por lo desconocido y por las cuestiones que abren los sorprendentes hallazgos, pero apenas consigue despertar el interés al avanzar con más problemas que aciertos. Las flojas pretensiones filosóficas sobre nuestros orígenes y el sentido de la vida se inclinan torpemente hacia el creacionismo y la fe, la historia que se nos presenta resulta difusa y no parece tener objetivos claros y el ritmo es algo soso. Es decir, ninguna escena o planteamiento causa impresión suficiente como para sumergirte con interés en la película. La simpleza de la perspectiva creacionista de hecho es mosqueante. Para empezar, ¿por qué el haber sido diseñado por una especie alienígena significa de repente tener respuesta a todos los misterios de la vida y la fe? No, es echar balones fuera. Lo único prometedor serían las motivaciones de estos seres, los ingenieros, pero me temo que su presencia es puro artificio y no llega a narrarse nada concreto con ellos después de tanta expectación.

Para empeorar la situación, es difícil establecer conexión con un grupo de personajes tan poco sustancioso, donde los que destacan apenas se mantienen en pie con un dibujo bastante pobre. Shaw (Noomi Rapace) y David (Michael Fassbender) son los dos más relevantes, y van algo justos. Ella de hecho empieza fatal, como una niña mimada que no entiende el mundo pero va de listilla. ¿Esa mente tan cerrada dirige una misión científica tan importante? Al menos Rapace es buena actriz, con lo que, cuando las cosas se ponen feas y lucha por sobrevivir, sus esfuerzos y penurias se transmiten bien al espectador; pero es una lástima que su viaje interior sea tan pobre, quedando a años luz de la gran Ripley, que sólo en Alien, incluso empezando casi como secundaria, mostraba muchas más enjundia. David es bastante intrigante, y más sabiendo que los androides de la serie siempre guardan sorpresas; pronto se sugiere una agenda oculta y gana en atractivo, aunque al final veremos que tampoco lleva a nada jugoso, y si se sostiene es porque Fassbender también llena la pantalla con su carisma nato, lo que le da algo más de empaque. Ningún interés despierta el rol de Charlize Theron, Vickers, cuyo tono críptico resulta cargante, deambula de acá para allá sin que quede claro qué pinta ahí, e igualmente termina sin haber ido a ninguna parte. Y el resto del panorama es desalentador, porque todos los secundarios tienen unas presentaciones bastante torpes: diálogos acartonados y situaciones un tanto forzadas no dejan entrever ninguna personalidad llamativa; también me pregunto cómo aceptaron un trabajo que no les iban a explicar hasta llegar al destino y se embarcaron en la nave y metieron en estasis sin presentarse entre ellos si quiera. El capitán es el único con potencial, pero tampoco se configura una personalidad clara, y es otro que funciona únicamente por el tirón de su intérprete, Idris Elba. El peor de todos es quien parecía otro protagonista principal, el novio de Shaw, Charlie. No se termina de ubicarlo en un puesto y en una línea argumental concreta, de hecho ni parece aportar nada al viaje emocional de Shaw, y al final es engullido por uno de los giros más malogrados; y Logan Marshall-Green se queda corto ante un reparto bastante llamativo: no deja huella alguna, en cuanto sale de la escena te olvidas de que estaba ahí.

Conforme nos introducimos en el arco central, la situación expuesta acaba pareciendo una comedia involuntaria, porque lo poco que ofrecen los personajes queda diluido por completo en el sinsentido en que desbarra la trama. Es imposible mantener la intriga por lo que encontraremos en el planeta, su significado y su impacto en las vidas de los protagonistas, con un tratamiento tan torpe e irreal de la perspectiva científica, que los convierte a todos en estúpidos. Las cosas cogidas por los pelos, los comportamientos inadecuados y los agujeros de guion se amontonan hasta provocar una avalancha.

Resulta que a la misión científica más importante de la historia de la humanidad no sólo le encasquetan unos fanáticos religiosos como líderes, sino que todo el equipo elegido está lleno de incompetentes de un nivel asombroso. Llegamos a la luna objetivo (con la nave siempre en combustión plena cuando debería estar frenando) y… ¿qué hace este gran equipo de científicos? Empezar el aterrizaje a lo bruto. Sin sondas que analicen la atmósfera, el clima y los terrenos adecuados para posarse. Y aun con esas se topan con una estructura alienígena por pura suerte y aparcan ahí. “Dios no construye en líneas rectas” es la gran deducción científica que hacen. Pues oye, lo mismo resulta que detrás de las montañas hay una ciudad, y más allá otra, y otra… Quién sabe, han ido a un sitio aleatoriamente sin comprobar nada más.

Una vez allí siguen olvidándose de la ciencia. Van corriendo a meterse en la estructura, a abrir y tocarlo todo sin una investigación previa que evite contaminación y riesgo personal, porque están tan entusiasmados que ningún protocolo importa. Todo botón, resto y sustancia es manoseado sin miramientos (imagina que activan sin querer un sistema de defensa…). Se quitan los cascos sólo porque detectan una buena combinación de oxígeno, sin que parezca importarles el riesgo biológico en ninguno de los dos sentidos: que se contagien algo o que estropeen los hallazgos con bacterias de la Tierra. Que lo haga Charlie, que como bien dice “soy creyente” y está claro que lo único que quiere es encontrar un viejo sabio que le diga de dónde venimos, adónde vamos y si hay vida después de la muerte, pues podría valer, sólo lo dejaría como majadero a él. Pero lo triste es que los demás lo imitan, incluso los que se reían de su exceso de fe. Con esa actitud no sorprende que accedan a cámaras sin comprobar su atmósfera, alterando lo que hay en su interior, o que se lleven los restos de un alienígena en una mísera bolsa y se paseen con ella por su nave, que por cierto ni siquiera parece tener secciones aisladas para este tipo de trabajos.

Pero sigue decayendo la cosa, porque se dedican a experimentar con ese primer hallazgo de vida extraterrestre a lo bestia: sin trajes aislantes, con unas simples mascarillas que incluso se quitan, pinchando y dando calambrazos… ¡Cuando han destruido la cabeza con sus manazas es cuando deciden tomar muestras! Por si no fuera bastante, ante todos estos descubrimientos Charlie se deprime. ¡No están vivos y no tenemos las respuestas religiosas que quería! Pues no sé, si no te interesa su biología, tecnología y cultura (¿¿pero no eras científico??), estudia sus escritos y sus diarios a ver si ahí te dicen por qué se aburrían y alteraron la evolución de las especies en nuestro planeta; y mira más allá, pues como decía lo mismo hay ciudades enteras. Llegamos al punto de tener bobadas de un calibre verdaderamente risible, como que se pierdan dos miembros a pesar de toda la tecnología que llevan, de hecho incluso transmiten sus coordenadas un momento más tarde. Uno es un geólogo que se asusta de un espécimen fosilizado, diciendo “a mí me gustan las rocas, me piro a la nave” (cosa que hace a gritos sin venir a cuento), y el otro es precisamente un biólogo, al que tampoco parece interesarle el mayor hallazgo del siglo en su materia. Luego esos dos, aburridos de dar vueltas, vuelven al lugar que tanto temían y se ponen a jugar con una serpiente o gusano gigante…

El tercer acto se lanza con la misma torpeza, dejando cada vez más y más cuestiones abiertas, avanzando a trompicones en ninguna dirección concreta. Al final no sabes qué te han querido contar, no te han dado respuesta a ninguno de los planteamientos iniciados, las decisiones de los personajes no se entienden… David probando a infectar con todo lo que encuentra a los demás tripulantes: ¿qué trata de lograr con ello, por qué lo hace sin pruebas controladas ni seguimiento? A Charlie le sale un gusano alienígena en el ojo y no hace nada, se calla cual niño que ha robado una galleta. Nos presentaron un equipo de seguridad con armas que parecía que acompañaba a los científicos, pero por alguna razón desaparecen. Así pues, a la misión de rescatar a los tontos de la serpiente tienen que ir los pobres pilotos. Y por supuesto van sin médico, que parece darles igual si hay algún herido, y luego vuelven a la nave con un tipo infectado sin practicar control biológico alguno, así que Vickers, en su única aportación tangible, intenta evitar que entren, porque los encargados de la seguridad siguen desaparecidos (y flipante ver a gente curioseando por detrás como si no estuvieran implicados en la misión). Pero da igual, al final entran, y una vez se han pateado media nave es cuando empiezan a pensar que quizá habría que hacer pruebas de sangre. ¿De sangre? ¿No habría que hacer una limpieza general, buscar contaminación en la piel, el pelo, la ropa, los pasillos…? Luego uno de los muertos que dejaron atrás se convierte en zombi y ataca… Ahora aparece el equipo de seguridad, pero son tan patanes que de nuevo tienen que implicarse los pilotos; por cierto, no mueren todos estos inútiles, al menos tres cogen un vehículo y se largan, y nunca más se supo de ellos; ¡ahí tienes para otra secuela, Scott! En la operación de Shaw, no sé por qué grita y se pincha si la máquina dice que ha sido anestesiada; y atención a cómo el cacharro cierra la herida sin limpiar los restos orgánicos del interior, ¡qué eficiente! Lo de que luego se vaya corriendo sin más y nadie se cuestione por qué aparece toda ensangrentada y hecha polvo es lo de menos ante tanto desatino.

Pero hay más… Al morir un tripulante por una infección desconocida, Shaw deduce sin más que los alienígenas quieren matar a los humanos. El capitán no se queda atrás: ve al otro infectado (Fifield, el que vuelve en modo Walking Dead) y deduce definitivamente que… ¡es una instalación de guerra bacteriológica! ¿No podría ser una bodega de vino extraterrestre? Y todas las calamidades que os han ocurrido, ¿no podrían deberse a andar enredando con sustancias desconocidas sin medidas de seguridad? De haber sido un equipo competente nada les habría pasado, y antes de haber despertado al ingeniero habrían investigado bien su naturaleza y los archivos de la nave para determinar sus intenciones. El alienígena tampoco parece muy listo. Se despierta solo y no se para a analizar la situación, como qué hacen esos humanos ahí o si siguen estando presente los peligros que acabaron con sus compañeros, su único objetivo es ir a la Tierra a destruir al hombre, ese que tanto parece que les costó crear. Vickers corriendo en línea recta cuando le bastaba dar un paso a un lado es ya un momento legendario del cine cutre. ¿Por qué los otros dos pilotos están contentos por suicidarse cuando tienen una opción de vivir más tiempo?; y a pesar de la aceleración impresionante, el capitán aguanta de pie como un campeón. David le dice a Shaw que el ingeniero va a por ella: ¿cómo sabe que está viva y dónde se encuentra, cómo intuye tan fácilmente adónde va el enemigo y cuál es su plan? Shaw llega con treinta segundos de oxígeno en el traje, cierra la cámara estanca y la llena de oxígeno… ¡pero olvida quitarse el casco!, ¡y aun así sigue viva! Me pregunto cómo crece tanto el pulpo ese sin alimentarse de nada. Finalmente resulta que hay más naves: ¿qué otras cosas habrá en ellas y más allá?, ¿seguro que no queda ningún otro ingeniero vivo?… En resumen, ¿por qué despegan antes de dar un buen repaso a la zona? ¿Y tampoco se les ocurre avisar a la Tierra o incluso llevarle esta tecnología para que la estudien y le saquen partido en defensa de la amenaza? Nooo, vamos a su planeta a agitar el avispero, que parece más sensato. Vale, quizá resulta que este era un grupo rebelde y en su planeta son todos súper majos, o lo mismo están todos extintos ya, pero no es inteligente arriesgarse sin pruebas ni un buen plan.

Y como señalaba, resulta que las incógnitas que funcionan como base de la trama no se explican o, en caso de que quisieran dejarlas en el aire, no se hace bien y quedan confusas. ¿Por qué deduce Shaw que somos creados por ellos, y no lo que indica la lógica más simple, visitados sin más? ¿Para qué hay un mapa-invitación a una base militar indudablemente secreta? ¿Qué pretenden atrayendo a los humanos cuando precisamente el plan es ir a la Tierra a destruirlos? Quizá podríamos pensar que es una mala interpretación de los personajes, pero entonces cabe señalar la torpeza de los ingenieros dejando pistas como para que tribus poco avanzadas elaboraran un mapa de su escondite. El propósito de influir en la evolución tampoco parece muy lógico, al menos sin explicaciones detrás. ¿Nos han fabricado sólo para exterminarnos luego? ¿Cuántos millones de años se tiran controlando la evolución de las especies, cuánto influyen en la aparición del ser humano? Porque está claro que vuelven de vez en cuando, y por alguna razón incluso manteniendo contacto con nuestros ancestros. Menudo trabajito. ¿Son inmortales o es que se pasan eras en estasis? Pero hay infinidad de cuestiones menores que también contribuyen a la confusión. ¿De qué huyen y mueren los habitantes de la nave y por qué se refugian precisamente en una habitación llena la peligrosa sustancia negra? ¿Por qué esa sustancia actúa aleatoriamente, es decir, por qué crean algo tan incontrolable? ¿Por qué las lombrices no fueron afectadas en dos mil años? Aquí supongo que podríamos decir que la sala se activa al entrar ellos. ¿Qué es la vaina verde que tiene un lugar prominente en la sala pero no parece llamarles la atención? ¿Por qué hay representaciones del conocido alien en los murales si el que aparece al final es producto del azar?; y ya me diréis qué aporta ahora este bicho, si la cinta ha terminado y el plan argumental anunciado es que las secuelas se irían a otros mundos.

Entre todo este caos, la esperada evolución de los protagonistas no llega a hacer acto de presencia. ¿Qué han aprendido, qué respuestas a sus cuestiones personales han obtenido? Salvo que hay peligro y deben correr, no hay más cambio en ellos. Shaw ahora decide ir en busca del planeta de los ingenieros tras las dichosas respuestas, porque esto de la fe es un ciclo sin fin. Luego se preguntará quién los creó a ellos, y así sucesivamente. Aunque deba aliarse con Shaw para sobrevivir, no se explica por qué David al final es súper atento y simpático. Tampoco se matiza si ha aprendido algo sobre la humanidad, la vida y la muerte. Ya he comentado el incomprensible entusiasmo de los pilotos por suicidarse. Vickers ni con la aparición de Weyland toma una forma concreta: ¿toda su pose distante y fría se debe a que su padre, que le ha dado dinero y posibilidades infinitas, pasa un poco de ella en lo emocional? La aparición del millonario buscando respuestas e inmortalidad no es una gran sorpresa, pero dada la trama y viéndose claramente que era un actor joven maquillado (Guy Pearce) cabía esperar un final muy distinto, y eso de que exija atención al ingeniero en plan pataleta para luego acabar muerto, pues corta el rollo bastante.

No sé cómo Damon Lindelof se sorprende de que sea tan odiado por los fans de la ciencia-ficción, pues se ven en todo momento sus vicios, esos que acabaron con Perdidos (2004) pasando de ser una serie que generaba admiración a ser odiada: crear misterios al tuntún y luego no saber encajarlos en la trama global y menos aún darles respuesta, y destrozar personajes sumergiéndolos en esas tramas sin sentido. Pero lo peor y más difícil de perdonar es que fuera aceptado sin que en el estudio vieran que era un coladero inestable y no daba la talla como capítulo inicial de una saga destinada a ser secuela de otra muy admirada. El trabajo de Jon Spaiths se filtró y ha habido varios que lo han leído y analizado: este artículo por ejemplo es muy descriptivo y hace pensar en que había una obra con gran potencial, sin duda más coherente y mucho más relacionada con la serie; tiene ideas y tramos muy atractivos, como ese final con un alien enorme parido por el ingeniero.

La sensación de decepción se agrava porque en el aspecto visual no hay pegas, sino todo lo contrario, es digno de admirar. Como es habitual en su filmografía, Ridley Scott edifica una película impecable en forma, siendo capaz de exprimir bastantes emociones de ese libreto lastimero. Sacando gran provecho de una banda sonora sugerente, una buena fotografía, la vistosa labor artística y su magnífica ejecución a través de los decorados, efectos especiales y vestuario (¿pero cuantos trajes espaciales distintos tienen?, menudo derroche), consigue una obra lo suficientemente cautivadora a la par que inquietante como para atrapar lo justo y resultar entretenida a pesar de sus carencias internas. Algunas escenas son bastante potentes, como las panorámicas del planeta, los pasillos alienígenas, el puente de mando, el despertar del ingeniero (increíble lo realista que ha quedado) y el ascenso y caída de la nave. El clímax final dura media hora y se pasa en un suspiro de lo bien narrado que está desde la puesta en escena: el ritmo y la fuerza de las imágenes es de impresión. La única pega es la obsesión que hay en títulos de intriga o terror con amplificar los efectos sonoros: tocan una sustancia y suena como si una apisonadora aplastara una tonelada de cucarachas, Shaw vomita como una manguera de bomberos a pesar de que apenas se ve salir líquido, los intentos de sustos se remarcan demasiado, etc.

Pero con semejante parida de guion ni siquiera este espectacular acabado visual puede obrar milagros, y aunque en un primer visionado resulta bastante amena, como las veas más veces empieza a caerse a pedazos. Prometheus se queda en una superproducción con tono de serie b: simple, tontorrona, cutre a veces, pero divertida si te la tomas como algo intrascendente. El problema es que sus pretensiones y nuestras esperanzas eran muy altas y por lo tanto hay que hablar de un fracaso importante.

Una mención aparte merecen los tráileres. Precisamente el de Alien siempre se ha considerado uno de los mejores que se han hecho, por ser capaz de despertar interés y generar intriga y desazón sin mostrar casi nada, y desde luego no la criatura principal. Y el de Aliens iba por el mismo camino, resultando igual de efectivo. Pero los de Prometheus te muestran prácticamente el argumento completo y te destripan las escenas cumbre con detalle. ¿Son culpables de que la proyección pareciera bastante previsible? Porque no pueden esperar que te sorprenda la aparición del ingeniero o la nave despegando si te lo han mostrado varias veces antes de verla. Es un desastre de campaña publicitaria y para mí una falta de respeto al espectador. Además es una práctica cada vez más común y difícil de esquivar: no puedes ir al cine sin que te destrocen dos o tres películas en los avances.

Serie Alien:
Alien (1979)
Aliens (1986)
Alien 3 (1992)
Alien Resurrection (1997)
-> Prometheus (2012)
Alien: Covenant (2017)

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El niño 44


Child 44, 2015, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 137 min.
Dirección: Daniel Espinosa.
Guion: Richard Price, Tom Rob Smith (novela).
Actores: Tom Hardy, Gary Oldman, Noomi Rapace, Joel Kinnaman, Fares Fares, Jason Clarke, Paddy Considine, Vincent Cassel.
Música: Jon Ekstrand.

Valoración:
Lo mejor: Reparto. Los personajes y el drama que viven.
Lo peor: El thriller es convencional y algo soso. La puesta en escena mediocre.
La pregunta: ¿Por qué demonios si la película está rodada en inglés, es decir, la vemos como si fuera una traducción del ruso, obligan a los actores a fingir acento ruso? Que hablen en ruso o en inglés, pero este apaño intermedio queda horrible.

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En la temible dictadura de Stalin un soldado valiente y cumplidor se encuentra con el giro en la vida que todos temen: ser considerado sospechoso de traición. Toda su familia y todo lo que conoce pueden irse al traste en un instante, y la sombra de la ejecución pende sobre sus cabezas. La atmósfera que consigue el guion es francamente buena. No vamos a ver nada nuevo, pero se logra una buena descripción de la vida de la época y unos personajes verosímiles y atractivos con los que conectar, de forma que promete un buen drama de supervivencia en tiempos difíciles. Además los actores terminan de ganarse al espectador. Tom Hardy con su energía inicial que se transforma en sufrimiento conforme avanza su tormento, Noomi Rapace eficaz como es habitual en su encasillamiento en papeles de mujer afligida, y una serie de buenos secundarios (Gary Oldman, Fares Fares, Vincent Cassel). Sólo Joel Kinnaman no está a la altura, probablemente porque tiene entre manos el único rol fallido.

Pero a pesar de este tono desasosegante y trágico tan conseguido, el guion no es capaz de desgranar adecuadamente la historia. El prólogo es poco llamativo y cuanto más avanza la trama menos necesario parece. ¿De verdad hacía falta dedicar una escena completa para decir que el protagonista es huérfano y hay otros como él, con esa mención metida con calzador al Holodomor? De ahí pasamos a un largo tramo de presentación que pretende sentar unas bases que cobrarán importancia más adelante, con lo que se posterga aún más la exposición definitiva de cuál va a ser el argumento. Los detalles relevantes, como la rivalidad con un compañero o la amistad férrea con otro, deberían haberse introducido en pleno desarrollo de la trama, no en una larga y poco llamativa exposición inicial. Así, parece que la película no arranca hasta los cuarenta minutos… y encima lo hace con dos problemas. Cuando aparece el caso de los niños muertos el relato se ramifica en dos historias, el drama de supervivencia y el thriller de investigación, y para colmo todo se torna resulta muy predecible, de forma que intuí todo lo que estaba por venir: quién sería el traidor que pondrá en apuros al protagonista, cómo el caso lo seguirá en su destierro, y cómo luchará y renacerá.

Por suerte, a partir de ese punto de inflexión también gana ritmo, y si bien decepciona porque prometía un thriller de más nivel, lo que hay funciona aceptablemente bien. La adaptación al nuevo entorno tiene más interés que el flojo arranque, la odisea de la pareja protagonista llega con cierta intensidad, se agradecen detalles como un tono serio tirando a sórdido (el protagonista no es el típico héroe luminoso de Hollywood, es bastante cabronazo), llegan nuevos personajes que a pesar de llevar ya media película consiguen ser interesantes también (el de Gary Oldman)… y sobre todo, como decía, por fin las cosas avanzan. No van a sorprender las traiciones, la incursión en zona enemiga, los vigilantes peligrosos, las huidas por los pelos, los hallazgos de pistas, el desenlace a hostias… pero tampoco provocan la sensación de ser una película construida a retazos de otras. Obviamente sí se frena su potencial: en todo momento da la sensación de que podría haber sido una obra bastante superior, de que seguramente la novela de Tom Rob Smith daba para más. Los epílogos ponen de manifiesto ese origen literario y maximizan la sensación de no haber estado a la altura en el resto: mostrar dos largas secuencias para reposicionar a los protagonistas resulta inteligente y atrevido hoy día en el cine, donde no se suele dedicar tiempo a los personajes ni se arriesgan a ofrecer un cierre pausado.

Pero la limitación más grande que le veo es la puesta en escena, algo pobretona y falta de garra. La dirección de Daniel Espinosa (que a pesar del nombre nació en Suecia y empezó su carrera allí) se presenta sin recursos ni energía, con lo que maximiza la impresión de que se desaprovecha una historia y entorno con muchas más posibilidades. Lo peor es la horrible fotografía con una fallida cámara en mano: en las pocas escenas de acción no se ve ni entiende nada… y qué mala idea hacer la pelea final en barro, para ponerlo peor. Tampoco tiene una buena banda sonora que enfatice la intriga y peligros. Así, el thriller, que no termina de explotar su potencial en el guion, se diluye otro poco. Lo que queda es una cinta correcta y entretenida si te va el género; si no, puede resultar lenta y larga.

La entrega


The Drop, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 106 min.
Dirección: Michaël R. Roskam.
Guion: Dennis Lehane.
Actores: Tom Hardy, Noomi Rapace, James Gandolfini, Matthias Schoenaerts, John Ortiz.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: La calidad de los personajes e intérpretes. El tono europeo: más originalidad y menos acción superficial.
Lo peor: Lenta e incapaz de ir al grano: se hace aburrida.

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La entrega es la última película del gran James Gandolfini, que se hizo un hueco en la historia del séptimo arte con un papel televisivo, el del mítico Tony Soprano, pero en cine no terminaba de despuntar. Encarna a un camarero con lazos con la mafia chechena que en otros tiempos disfrutó de una mejor posición y mayor respeto, y su interpretación tiene lo justo de amargura y melancolía como para hacer creíble al personaje, pero lo cierto es que no destaca mucho; más o menos igual estuvo en otra estrenada póstumamente, Sobran las palabras, dando la sensación de que Los Soprano no encontró un papel que le entusiasmara. Además no es el protagonista principal, pues este recae en un roba escenas nato y un talento en alza, Tom Hardy, quien hace suyo desde la primera escena al buenazo de andares raros y quizá algo corto de mollera pero que esconde más de lo que aparenta. Recuerda mucho al protagonista de Rundskop (más conocida con su título en inglés, Bullhead), con la que se dio a conocer el director Michaël R. Roskam. Noomi Rapace, anclada en chicas torturadas y desvalidas, a las que ciertamente capta muy bien, es la mujer de la función, un poco cliché de primeras (víctima a rescatar) pero que termina resultado bastante adorable.

El tono europeo del guion (Dennis Lehane, experto en vender sus novelas al cine) de primeras es un aliciente, porque garantiza un relato que se aleja de los topicazos de Hollywood (narración predecible adornada con predecibles escenas de acción) y sobre todo porque pone mucho énfasis en los personajes, en cómo enfrentan la situación emocionalmente, no sólo en cómo agarran la pistola y resuelven todo heroicamente. Pero esa virtud se limita a los protagonistas, todos muy humanos y con los que se conecta inmediatamente, porque la trama es simple y no se desarrolla bien. El ritmo es lento de por sí y se ve retenido aún más por subtramas completamente innecesarias, como la anodina investigación del detective, quien finalmente no tiene nada que aportar al relato, o por los capítulos que se estiran con conversaciones triviales y los que reinciden una y otra vez en cosas ya expuestas (cuántas veces nos van a decir que Deeds está loco y es una amenaza, por ejemplo).

Es una pena que una película que prometía ofrecer algo distinto se quede en tan poca cosa. De hecho hubo tramos que me aburrieron bastante. Al menos el largo capítulo final está bastante bien, y sobre todo los personajes llegan con intensidad y logran que al menos algo recuerdes de ella.

La venganza del hombre muerto


Dead Man Down , 2013, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 118 min.
Dirección: Niels Arden Oplev.
Guion: J. H. Wyman.
Actores: Colin Farrell, Noomi Rapace, Dominic Cooper, Terrence Howard, Isabelle Huppert.
Música: Jacob Groth.

Valoración:
Lo mejor: Guion original y sólido, buena puesta en escena, buenos actores.
Lo peor: Que títulos así no tengan más apoyo de la industria y éxito entre el público.
Mejores momentos: Beatrice pidiendo a Victor que mate por ella.
La frase:
-¿Decidiste no matarme porque tengo esposa y un hijo?
-No. No te maté porque ellos te tienen a ti.

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Tras un título y su traducción que parecen anunciar una secuela de Piratas del Caribe encontramos el salto a Hollywood del realizador Niels Arden Oplev, que se dio a conocer con la primera adaptación de Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres (la primera novela de la saga, cuya versión norteamericana firmó David Fincher), aunque es cierto que pasó por un periodo de adaptación dirigiendo tres episodios de la serie Imborrable (Unforgettable, 2011). También ha sido el primer encontronazo con las formas de hacer las cosas en aquellas tierras: peleas con los productores, recortes de presupuesto, pérdida de control sobre aspectos del montaje final… El guion es de J. H. Wyman, que viene de series como Fringe y Almost Human y deslumbró con la original pero infravalorada The Mexican (2011, con Brad Pitt y James Gandolfini, dirigida por Gore Verbinsky).

La venganza del hombre muerto tiene todos los elementos que hacen bueno a un thriller, y como mucho se puede decir que ninguno de ellos destaca como para conseguir uno digno de recordar. La trama de venganza más romance no será revolucionaria, pero tiene muchas buenas ideas y se desarrolla con esfuerzo por hacerla tanto distintiva como consistente. Alguna resolución puede verse venir (es lógico que los protagonistas acabaran juntos) pero ninguna resulta demasiado obvia ni se tira de topicazos ni giros simplones. El plan de venganza orquestado por Victor puede parecer exagerado a veces (¿tanto tiempo infiltrado entre esa gente que odia?), pero bueno, esto es ficción, y lo que importa es que dentro del universo presentado la cosa funcione, y lo hace bastante bien. El ritmo es pausado, no es una película para quien espere efectos especiales y explosiones, pero pone las piezas del puzle con dedicación dando las explicaciones y sorpresas en su momento justo. Mientras vamos conociendo qué mueve a Victor y cuáles son sus ideas vemos también cómo nuevos eventos van cambiando la situación que parecía controlar. El inicio de romance con la chica y la investigación del miembro de la banda que lleva poco tiempo ahí y ha hecho migas con nuestro protagonista pero va camino de descubrir su plan hacen tambalear sus motivaciones e intrigas y prometen un desenlace desastroso para ellos y emocionante para el espectador, y ciertamente no defrauda.

Los secundarios son sencillos pero efectivos y no se tira de arquetipos simplones. Al villano se le ve sufrir, la madre de la chica es un encanto y el amigo de la banda cae simpático. Pero el protagonismo recae completamente sobre Victor y Beatrice, quienes resultan enormemente interesantes. El tormento y las esperanzas de ambos quedan claros, sabemos qué piensan en cada momento, cómo pretenden actuar, a qué limitaciones personales se enfrentan. Y la relación va despacio pero con buena letra, de forma que enseguida conectas con ellos y sufres con sus vidas deshechas y sus ansias de venganza que probablemente no curarán sus corazones rotos. Escenas como Beatrice exigiendo a Victor que mate al causante de su accidente, con ella desesperada y tirando del chantaje, resultan muy intensas y emotivas. Algunos detalles inteligentes nos vuelven a recordar que Wyman y Niels rehúyen de los clichés de Hollywood: el romance no es un flechazo y a comer perdices, sino que pasa por distintas fases y además saben que podría no salir bien. “Podría enamorarme de ti”, dice Beatrice. El único problema es que el maquillaje de ella no representa lo que dice el guion, no es una mujer con la cara deforme, solo tiene unas pequeñas cicatrices, con lo que algunas escenas parecen algo forzadas. Es una cagada bastante grande, y supone el único aspecto negativo de la película… bueno, también le sumaría la cansina gilipollez de las bombas con luz y sonido.

El trabajo actoral sobre ambos es muy bueno. Solo con la mirada Colin Farrell es capaz de reflejar el sufrimiento interno del personaje. Es una pena que no consiga tener el prestigio que debería, seguramente porque siempre se decanta por cintas más alternativas, porque calidad ha demostrado tener de sobra (el papelón de En Brujas es inolvidable). Noomi Rapace (que protagonizó la citada Millenium) también muestra dotes interpretativas bastante destacables: pasa de la candidez a la pesadumbre y de la sonrisa a la desesperación en un abrir y cerrar de ojos. La puesta en escena es profesional, aunque no deslumbrante de por sí salvo si comparamos con el estándar del género en la actualidad (los desastres de Jack Ryan y La jungla 5 a la cabeza). Niels mantiene buen tono en todo momento y no se anda con rodeos ni artificios en la poca acción que hay: el clímax es rápido y contundente, no abusa de florituras o exageraciones innecesarias (que ya es bastante bestia de por sí).

Cuesta encontrar hoy en día thrillers que dejen buenas impresiones, que tengan personajes de calidad con los que conectar y una trama que no sepa a vista. Por cada Jack Reacher, las tres primeras de Bourne, Deadfall o la aquí analizada debemos soportar un buen puñado de Jack Ryan: Operación sombra, La trama y semejantes. Y la lástima es que estos títulos más serios y de mayor calidad pasan muy desapercibidos, principalmente porque productores y distribuidoras no les dan las oportunidades que merecen.