El Criticón

Opinión de cine y música

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Black Hawk derribado


Black Hawk Down, 2001, EE.UU.
Género: Bélico.
Duración: 144/152 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Ken Nolan, Mark Bowden (libro).
Actores: Josh Hartnett, Ewan McGregor, Eric Bana, Tom Sizemore, William Fichtner, Ewen Bremner, Sam Shepard, Jason Isaacs, Zeljki Ivanek, Glenn Morshower, Kim Coates, Ron Eldard, Tom Hardy, Gabriel Casseus, Hugh Dancy, Danny Hoch, Nikolaj Coster-Waldau.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, montaje, sonido, fotografía, actores, música. El ritmo frenético garantiza un espectáculo memorable, y el gran realismo hará las delicias de los aficionados al género.
Lo peor: Es muy difícil quedarse con los nombres de muchos personajes. No tuvo el éxito de público, crítica y premios que merecía.
Mejores momentos: Tantos… las caídas de sendos helicópteros, los vehículos siendo masacrados por las calles, el ataque final realizado al amparo de la noche…
La frase: La cita inicial de Platón realmente no la dijo él, es una leyenda urbana, un dicho mal atribuido.
El doblaje: Hay un fallo muy notable y ciertamente molesto: utilizan máquina en vez de ametralladora (machine gun), un falso amigo típico.
La frase: Se ha editado una versión con ocho minutos más con escenas muy breves que añaden pequeños detalles no especialmente relevantes. Al menos en dvd en la edición que yo tengo, lamentablemente no se han doblado y sólo se ha subtitulado la película al completo, no hay subtítulo únicamente para esas parte. No sé si existe en bluray y si se ha arreglado. Netflix tiene la versión de cines.

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En una de esas intervenciones bélicas donde la ONU aplica su buenismo insuficiente y los EE.UU. justifican el uso de su desmedido presupuesto bélico, las cosas se torcieron y lo que se suponía una misión de colaboración internacional para ayudar a los civiles dio un vuelco con una batalla aparatosa. Por suerte, sólo murieron 20 soldados estadounidenses, pero la ciudad somalí de Mogadiscio sufrió un escenario bélico demencial donde la ya de por sí jodida población se encontró con más muerte y destrucción, todo para que al final no cambiara nada ahí ni en otros sitios semejantes, porque sigue habiendo caudillos, corrupción política, explotación del tercer mundo, campañas militares para salvar la imagen de occidente, y campañas mediáticas por parte de EE.UU. cuando meten la pata y dejan un reguero de muertos.

El director Ridley Scott y el guionista Ken Nolan se basan en el libro de Mark Bowden, que al parecer relató los hechos con gran detalle, tanto que tuvieron que reducir drásticamente el numero de personajes y maquinaria bélica implicados. Y aun así queda una película algo complicada de seguir de primeras. Hay decenas de protagonistas cuyos nombres no serás capaz de recordar, y si bien los autores hacen un trabajo magnífico a la hora de mostrar la situación, ubicándote muy bien en cada momento y lugar, el estilo resultante está claro que no es apto para todos los públicos.

Quien busque un melodrama facilón, de esos que ofrecen una historia simplona llena de tópicos y que te dicen cómo debes sentirte, se puede llevar un buen chasco. Scott no es el Steven Spielberg de Salvar al soldado Ryan (1998) ni el Clint Eastwood de El francotirador (2014), no ha intentado conmover con estereotipos ni un ensalzamiento patriótico insultante. Ofrece una versión de los hechos sin implicaciones políticas, mostrando el escenario bélico con un tono de documental, y no se va por las ramas con dramones personales, sino que se centra únicamente en la misión. El homenaje a los soldados caídos es un breve texto listando los nombres en los créditos finales.

Eso sí, aunque quisieran mantener un enfoque neutral, la simple exposición de este evento deja clara la peligrosa situación que ofrecen los países inmersos en conflicto eterno así como lo lejos que estamos de poder solucionar nada metiendo militares de por medio sin más, y también es inevitable mostrar que la mayor parte de los soldados son niños que no saben nada del mundo y creen que serán héroes.

Lo que pretendía ser la captura de un alto mando de las guerrillas somalíes acabó en una imprecedible batalla por toda la ciudad. Conocemos la operación a fondo con todo lujo de detalles, desde que los planes son mostrados a las tropas hasta que el caos es dejado atrás (porque resolver no se resuelve nada). Vemos en acción a toda la cadena de mando, desde el soldado raso hasta el general al mando de la base. Observamos como trabaja el ejército, los problemas que conllevan despliegues humanos y materiales tan complejo. Entendemos cómo se tuerce todo y qué dificultades van surgiendo: la difícil respuesta a eventos inesperados, las órdenes que tardan en llegar, la falta de coordinación… La presentación de los numerosos personajes es somera pero certera. En las primeras escenas saltamos de uno a otro sin perder el tiempo más de lo debido con tópicos ni historias personales innecesarias, el día a día en la base y unas cuantas anécdotas bastan para mostrar que son seres humanos, y el desarrollo de la acción irá mostrando sus cualidades en lo único que importa aquí, el trabajo militar. Mediante el cuidado guion y la inmejorable puesta en escena viviremos la situación como si fuéramos un soldado más, sintiendo el frenesí de la guerra, sufriendo la cercanía de la muerte, y también contagiándonos del compañerismo y el afán de supervivencia.

El reparto está muy bien elegido, todos con capaces de dotar de vida a personajes que no tienen detrás una historia elaborada. Hay pocas figuras populares pero casi todos son secundarios de lujo que hasta el espectador menos curtido habrá visto aquí y allá, de forma que aunque no sepas sus nombres ni el de sus personajes puedes identificar rostros sin problemas. Cabe destacar que fue el primer papel de Tom Hardy y la curiosidad de que Tom Sizemore prácticamente hace lo mismo que en Salvar al soldado Ryan.

Desde Gladiator (2000), Ridley Scott le cogió el gusto a superproducciones de gran complejidad (luego vinieron El reino de los cielos -2005-, Robin Hood -2010-, Prometheus -2012-…), y si ya era un director notable, en todas ellas demostró una visión y un talento asombrosos, ofreciendo un acabado al alcance de muy, muy pocos.

Prácticamente cada minuto de Black Hawk derribado te deja anonadado por el trabajo técnico y humano que hay detrás de cada plano. La aportación del ejército prestando helicópteros y otros vehículos, las localizaciones en Marruecos que tan bien dan el pego, la estupenda fotografía, el magistral montaje, que tuvo que ser complicadísimo pero resultó impecable, la inspirada banda sonora de Hans Zimmer, que vuelve a sus orígenes tribales e incluye grandes canciones de otros artistas (como de Lisa Gerrard y Denez Prigent)… El acabado más que espectacular resulta abrumador, durante dos horas y veinte minutos estás pegado al asiento, tenso, agobiado, fascinado, disfrutando la intensidad de uno de los espectáculos más grandes que ha dado el cine. Toda la ciudad es un escenario bélico de gigantes proporciones, los tiroteos son constantes, y cuando creías que era imposible ver algo más épico y realista, llega la batalla nocturna, con secuencias colosales como el helicóptero arrasando una azotea.

Con este descomunal y memorable trabajo, Ridley Scott se marcó una cinta bélica única y memorable, un hito cinematográfico asombroso… que pasó generando más bien indiferencia. La taquilla fue muy justa (por los pelos no perdió dinero), y en la crítica no tuvo el consenso que merecía. Pero lo más destacable es que, como siempre, la cobardía de los Óscar y Globos de Oro se tradujo en unas pocas nominaciones por cumplir, pero estaba claro que apoyarían obras más fáciles y comerciales, que premiarían a la niña popular, Una mente maravillosa (Ron Howard), aunque fuera más bien un telefilme con un gran reparto, en un año precisamente repleto de grandes títulos, sobre todo en cuanto a originalidad: Amelie (Jean-Pierre Jeunet), Monsters S.A. (Pete Docter), La Comunidad del Anillo (Peter Jackson), El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki), Donnie Darko (Richard Kelly), Gosford Park (Robert Altman)…

Uno de los nuestros


Goodfellas, 1990, EE.UU.
Género: Suspense, acción, histórico.
Duración: 146 min.
Dirección: Martin Scorsese
Guion: Martin Scorsese, Nicholas Pileggi.
Actores: Robert De Niro, Ray Liotta, Joe Pesci, Lorraine Braco, Paul Sorvino, Frank Sivero, Frank Vincent, Chuck Low, Gina Mastrogiacomo, Debi Mazar, Tony Darrow.

Valoración:
Lo mejor: Guion y dirección desbordantes de imaginación y recursos geniales. Reparto implicadísimo.
Lo peor: Algunos excesos terminan pesando, aunque sea ligeramente. En general está bastante sobrevalorada: es una gran película, pero no una obra maestra y mucho menos una de las diez o incluso de las cien mejores de la historia.
La frase: Desde que tuve uso de razón siempre quise ser un gángster.

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El libro Wiseguy (la forma en que se llamaban a sí mismos los mafiosos, los “tipos sabios” o los “buenos chicos”, según la traducción que prefieras) del periodista Nicholas Pileggi editado en 1985 tuvo estupendas críticas, se consideró el retrato más realista sobre las mafias de Estados Unidos. Martin Scorsese, enamorado del género, no tardó en quedar prendado de él y contactó con Pileggi para adaptarlo, quien estuvo entusiasmado también.

Desde el principio el realizador tenía claro que quería un relato frenético, que saltara de detalle en detalle e historia en historia, incluso yendo adelante y atrás en el tiempo, hasta componer un cuadro completo de la mafia liderada por Paul Vario desde los años cincuenta hasta casi los ochenta. El punto de vista sería el de Henry Hill, un joven cautivado por este mundo hasta que de adulto la violencia y los excesos lo traen a la realidad y acaba colaborando con el FBI para salvar su pellejo.

La pasión de Scorsese en el proyecto se nota en el acabado, pero si se indaga en el proceso creativo se hace aún más evidente. Es normal en el mundo del cine que los rodajes se retrasen o queden en suspenso en espera de financiación y mientras tanto hagan otras películas, pero no tanto que mientras rodaba La última tentación de Cristo (1988) siguiera dando vueltas al concepto, al libreto que escribía mano a mano con Pileggi, a los detalles, hasta el punto de que tenía casi todas las canciones usadas en la banda sonora ya en mente años antes. También se cuidó de tener un reparto cohesionado y comprometido, no se dedicó a reunir colaboradores habituales sin más. El primer elegido, Robert De Niro, no se limitó a cumplir, sino que mostró gran interés en el papel, indagando sobre el personaje, taladrando a Pileggi con preguntas sobre sus gestos y comportamientos. El director fomentó esa implicación haciendo que los demás actores también analizaran a fondo sus personajes, y durante el rodaje permitió bastante improvisación para que adaptaran sus formas de ser a las suyas propias, tomaba nota de todo y retocaba el guion para terminar de pulirlos.

En la puesta en escena estuvo pletórico. Tras varios títulos donde mostraba un excelente dominio de la técnica pero sobre todo lo que te hace destacar, gran inventiva y personalidad, Scorsese fue más allá, dejó clara su maduración y valentía, unió todos sus conocimientos, estilos, tics… y deslumbró con un despliegue de recursos y creatividad asombrosos. El ritmo frenético que no te deja respirar emerge de un guion denso pero ágil y de un montaje soberbio de Thelma Schoonmaker, una figura esencial en su carrera. Los largos e inmersivos trávelings, tan complicados como espectaculares, harían sudar al director de fotografía Michael Ballhaus, otro habitual en sus cintas, fallecido en 2017. La estructura no lineal desgrana cada evento y consecuencia con cuidado, o sea, que no es un artificio. La brillante dirección de actores sacó lo mejor de intérpretes ya consagrados y permitió que otros no tan conocidos dejaran huella. La extensa y cuidada selección musical es muy pegadiza, pero también supuso que la banda sonora fuera una de las más caras jamás producidas. La recreación histórica fue muy adecuada (el mayor presupuesto que tuvo hasta entonces), y ayuda junto a la música a establecer con facilidad el marco temporal de cada segmento.

Con la asombrosa mezcla de géneros (comedia negra, drama satírico, epopeya criminal) y el despliegue de recursos narrativos Uno de los nuestros resulta un relato histórico y costumbrista tan retorcido y violento como apasionante. Desde la presentación del protagonista conocemos instantáneamente su entorno, sus motivaciones y esperanzas, de manera que su vida y el mundo al que aspira captan toda nuestra atención. Henry Hill (Christopher Serrone en la adolescencia) es un joven de barrio obrero con una familia numerosa y pobre que anhela las facilidades del grupo que manda en la zona por encima incluso de la policía. De adulto (Ray Liotta) vivirá a lo grande explotando todas esas ventajas… hasta que se asoma al precipicio. Paul Cicero (basado en Paul Vario, interpretado por Paul Sorvino… “Todas las italianas se llaman Marie y todos los italianos Paul”), es el padre que no puede ser su padre: afable y que todo lo da. Jimmy Conway (adaptación de Jimmy Burke, en manos de Robert De Niro) es el hermano mayor o mentor idealizado, quien todo le enseña y cuyos pasos quiere seguir. Tommy DeVito (inspirado en Tommy DeSimone, dado a la vida por Joe Pesci) es el amigo loco con quien te lo pasas en grande… pero al que tienes que perdonarle sus excesos. Y Karen Hill (Lorraine Braco) es la novia de Henry, que acaba atrapada también en este mundo de ostentación.

Henry es un joven encantador que lo ha conseguido todo con facilidad y da con facilidad. Su vida es una fiesta constante, drogas, putas y trabajos estimulantes. Los únicos problemas que parece tener son guardar las apariencias de familia tradicional mientras comete sus fechorías; e incluso ahí, llega un momento en que su mujer acaba pasando del rol de ama de casa y entrando en el juego también. Pero el mundo en que vive, el que proporciona la mafia, está fuera de la realidad, es una fachada que esconde mucha podredumbre. Los problemas se resuelven con violencia, el poder y el dinero se ganan aplastando a otros, las únicas leyes que tienen son estrictas y crueles, y al final se le caerá la venda incluso con sus amigos.

La transformación emocional que muestran tanto Ray Liotta como Lorraine Braco es de impresión. De la ilusión inicial pasan a los excesos y problemas, y de ahí a un abismo donde no ven salida. El tormento en la etapa final, con ambos puestos de cocaína huyendo de todo y todos, se contagia al espectador, te pone de los nervios. Jimmy es una figura afable cuando las cosas van bien, pero se torna despiadado y desapegado cuando sale su lado asesino, y De Niro capta la vena psicópata con una facilidad pasmosa, cada gesto y mirada produce escalofríos. La faceta dura de Cicero es inquietante, potenciada muy bien por un inmenso Sorvino. Y Pesci está incluso un escalón por encima de todos, su tormentoso, volátil y demente rol marcó una época.

Lo sorprendente es que a pesar de la buena recepción de la cinta y las loas al reparto muchos actores no supieron aprovechar el éxito para relanzar sus carreras. Liotta arrastró papeles de poca monta hasta que volvió a conseguir un buen personaje en Copland (1997) y ahora más recientemente en Historias de un matrimonio (2019). Pesci tampoco se prodigó mucho, repitiendo en Casino (1995) un pobre remedo de este personaje, y no volvió a dar una gran interpretación hasta El irlandés (2019). Braco no logró nuevos éxitos hasta que pudo volver a demostrar su enorme talento en Los Soprano (1999). Y siguiendo con esta serie, al menos veinte actores secundarios vistos aquí repitieron en aquella con papeles más importantes; Scorsese dio trabajo a la mitad de la comunidad italoamericana dedicada al cine; hasta sus padres tienen una aparición.

Escenas míticas tenemos por doquier. La presentación que mezcla la infancia con un asesinato que le abre los ojos al protagonista, los trávelings que nos pasean entre las fiestas atestadas, las peleas de DeVito con el veterano recién salido de la cárcel y con el joven en la partida de póquer, la mujer de Henry apuntándolo con un arma, y finalmente la memorable paranoia con el helicóptero.

Pegas también tiene algunas, y aunque no resultan graves es indudable que aportan minutos prescindibles o dejan pequeños huecos. A veces la narración se acelera demasiado o se desvía en cosas que no parecen especialmente relevantes. La estancia en la cárcel resulta un poco forzada, como para cumplir con todas las vivencias habituales de estos criminales. Solo se habla de comida, y aunque esto incluye el soborno a los guardias y expone el poder que tienen, supone un receso poco útil, no cuenta nada concreto. Algún personaje secundario queda descolgado, como metido con calzador, como el de Samuel L. Jackson, pues su relación con el gran robo no aporta problemas llamativos y que DeVito mata a cualquiera lo sabemos de sobra; o el pesado que les pide dinero, Morris (Chuck Low), que entra y sale de escena aleatoriamente. El matrimonio de los protagonistas principales pasa por muchas etapas, con bajones acuciados, como suele ocurrir en la vida misma, pero en ocasiones da la sensación de que saltamos de una fase a otra sin que parezca haber una transición adecuada. Y para ser una obra pretendidamente histórica no sé a qué viene la salida de tono con las pistolas con silenciador: no, en la realidad no existen esos silenciadores mágicos que hacen que los disparos suenen como un débil “pufff”.

Aunque Scarface (El precio del poder, Brian De Palma, 1983) ya había jugado a distorsionar el glamour y la idealización de las historias de gángsteres hacia un registro más alocado, que añadiera acción y visceralidad en contraposición con la seriedad y magnificencia impuesta por la saga El padrino (Francis Ford Coppola, 1972), Uno de los nuestros fue mucho más allá, perfeccionando el estilo sin perder un ápice de la visión histórica ni la dramática, ni abandonar la seducción por el mundo del crimen. Creó escuela, arrasó en críticas y premios, y envejece muy bien, más si la comparamos con otros intentos de Scorsese de repetir sus buenos resultados, como Casino y El irlandés. No es de mis favoritas de su filmografía, pero me parece su mejor película hasta la llegada de Infiltrados (2009).

Pero, como suele pasar con algunos fenómenos, la pasión de su recibimiento se llevó demasiado lejos. Objetivamente dista de ser una las diez o veinte mejores películas de la historia como tantos se empeñan en defender. Con toda seguridad ni sería justo contarla entre las cien, donde la incluye la AFI, tan poco de fiar como los Óscar y Globos de Oro. Ese mismo año compitió con pesos pesados como Desafío total (James Cameron), El padrino III (Francis Ford Coppola) y Bailando con lobos (Kevin Costner). El año siguiente tuvimos Terminator 2 (James Cameron), esa sí, una obra maestra de arriba abajo, y el anterior fue el de Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg), que se queda muy cerca de serlo. Es decir, sólo en esos tres años se pueden citar cinco películas iguales o superiores… y si nos ponemos serios, en 1988 tuvimos dos obras maestras completamente únicas, Akira (Katsuhiro Ôtomo) y La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata), y maravillas como Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki) y La jungla de cristal (John McTiernan), pero claro la animación, la ciencia-ficción y la acción “no son cine de verdad”. En resumen, Uno de los nuestros tiene gran valor por sí misma, no hace falta empequeñecer decenas de obras maestras para disfrutarla y alabarla.

Guardianes de la galaxia, Vol. 2


Guardians of the Galaxy Vol. 2, 2017, EE.UU.
Género: Superhéoes.
Duración: 136 min.
Dirección: James Gunn.
Guion: James Gunn.
Actores: Chris Pratt, Zoe Saldana, Dave Bautista, Bradley Cooper, Michael Rooker, Karen Gillan, Pom Klementieff, Kurt Russel, Elizabeth Debicki, Sean Gunn, Chris Sullivan, Vin Diesel.
Música: Tyler Bates.

Valoración:
Lo mejor: Magnífico equilibrio entre acción, humor, referencias a la cultura pop ochentera y el desarrollo dramático de los personajes. Aspecto visual arrebatador, y música (original y selección) excelente.
Lo peor: Un pequeñísimo bajón de ritmo en el tramo central (la llegada al planeta de Ego, la estancia de unos personajes en una jaula), y el poco trabajo con las motivaciones de Ego.
La frase:
1) -Peter: Finalmente he encontrado a mi familia. ¿No lo entiendes?
-Gamora: Creí que ya la habías encontrado.
2) Lo siento. Sólo puedo soportar perder a un amigo hoy -Rocket.

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Como en la primera entrega, la inteligente y brillante visión de James Gunn al guion y la dirección ofrece una película llena de capas, energía y corazón. Es alegre y triste, abrumadora y relajada, fastuosa e intimista sin que nada se pise, formando un equilibrio mágico, sobre todo gracias a la gran conexión emocional que se establece con los numerosos protagonistas, todos con un dibujo realista y cautivador.

Cabe destacar de nuevo la habilidad para desarrollar a los personajes a través de un sinfín de aventuras y escenarios fascinantes por los que saltamos con un ritmo que parece improvisado pero está muy bien medido: entre el asombroso repertorio de acción apabullante, humor ingenioso unas veces y loco otras y referencias cultulares mil, da tiempo a que toda vivencia cale y genere una experiencia que hará a cada protagonista responder de otra forma más adelante. Y el entusiasmo y la química de los actores son notorios, sólo Chris Pratt está un poco más débil en un par de momentos dramáticos (algunas escenas con Ego).

Si el episodio inicial presentó a cada individuo y dio forma al grupo, en esta se ahonda en los problemas familiares y pasados que arrastra cada uno, impidiendo que las penas sean superadas y las relaciones terminen de fluir sin conflictos. Quill con los traumas de padre ausente, Rocket incapaz de aceptar sus defectos y poniendo una máscara de tipo duro, Yondu afligido porque no encuentra su lugar, Gamora y Nebula enfrentadas por celos de la infancia y un padre abusón… El tonto bruto de Drax es el único que parece haber asimilado sus desgracias y el primero en aceptar que su nueva familia son sus compañeros de aventuras.

Sólo un pequeño bajón de ritmo se puede citar. El receso en las estancias de Ego combinado con el cautiverio con los piratas se alarga más de la cuenta. Da la sensación de que Gunn fuerza una pausa para reservar unos personajes para el final (los enjaulados) y llevar a otros al escenario deseado. En la nave pirata, además de estirar el chiste de la aleta demasiado, canta bastante que después de todo el jaleo sin que nadie pille al personaje yendo de acá para allá aparezcan dos guardias plantados ante la celda justo a tiempo para facilitar la fuga y dejarles armas a mano. También es muy conveniente que Ego se duerma en su nave para postergar las explicaciones hasta llegar a su planeta, donde pueden vacilar del vistoso escenario y el enredo con las cápsulas-televisión. Lo lógico sería que hubiera soltado su relato por el camino y llegar al planeta directamente para empezar a asimilar las cosas.

El propio Ego es el único rol endeble en un reportorio extraordinario. Se podría perdonar si solamente fuera el típico villano que empuja la trama, de hecho su presencia es secundaria, lo que importa es la reacción de los protagonistas. Pero dada la conexión emocional con el personaje principal deberían haberse trabajado mejor sus motivaciones. El arquetipo de ente destructor del universo aquí no pega, hacía falta algo más humano, verosímil. Simplemente bastaba con que quisiera obligarlo a vivir con él en su paraíso de fantasía, forzando que abandone su vida y amigos. Así el dilema de Quill sería más difícil y creíble, pero siendo un tirano genocida está claro que reaccionará en cualquier momento sin albergar dudas. También creo que no hacía falta poner a la tripulación de piratas repleta de tanto imbécil y actor sobreactuado; entre eso y los excesos de tortas, de nuevo se Gunn pasa un poco con el humor de historieta.

En lo visual, también el hogar de Ego es el único desliz, pues algunos fondos de la naturaleza exuberante añadidos en postroducción se notan bastante. El resto es de nuevo deslumbrante. El diseño artístico asombroso, el detallismo de los decorados, los impecables efectos digitales… todo es exprimido por Gunn en un frenesí visual maravilloso. Cabe destacar también la banda sonora, con una de las mejores selecciones de canciones escuchadas en una película, tanto por la calidad de los temas como por la conexión con la historia y los personajes, y una no menos excelente labor de Tyler Bates con la música original.

Por otro lado, la versión española añade sus propias fallas, con esa manía de adaptar el doblaje con localismos o reinventar referencias que el traductor no conoce o decide que el espectador no conoce. No estamos hablando de un desastre como en la serie Deadpool, pero hay una cagada que canta tanto y molesta tanto que, a pesar haberla visto doblada solamente cuando fui al cine, todavía la recuerdo con escalofríos. El apodo “Cara escroto” que pone Rocket al pirata que pretende llamarse “Taserface” se convierte en “Cara anchoa”. Este fue un personajillo que dio que hablar en las redes sociales y páginas de humor, pero a pesar de ser evidentemente una gracia de fama efímera, no tener nada que ver con la película y el chiste y mancillar la obra original, al listo del traductor le hizo gracia y ahí la tenemos para la eternidad en el bluray… a menos para los que todavía siguen anclados en las versiones dobladas.

Esos pequeños achaques bajan el nivel unas décimas respecto a la primera parte, pero el resultado es igualmente una obra de las que hacen época, capaz de llevarte de la lágrima a la carcajada varias veces en cada escena, del asombro sobrecogedor al intimismo acogedor, de apabullarte con nostalgia a la vez que desborda personalidad propia… Como el Volumen 1, estamos ante un hito del cine que desgraciadamente, por ser acción, fantasía y superhéroes, no tiene el estatus que merece. Pero estoy convencido de que, como con otros grandes títulos de la serie Marvel, el tiempo la pondrá en su sitio, la recordaremos y veremos una y otra vez durante décadas.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
-> Guardianes de la galaxia, Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
– – Ant-Man y la Avispa (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores: Fin del juego (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

Los Vengadores: La guerra del infinito


Avengers: Infinity War, 2018, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 149 min.
Dirección: Anthony Russo, Joe Russo.
Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely.
Actores: Robert Downey Jr., Chris Hemsworth, Chris Evans Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Benedict Cumberbatch, Chris Pratt, Josh Brolin, Tom Holland, Don Cheadle, Chadwick Boseman, Zoe Saldana, Karen Gillan, Tom Hiddleston, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Anthony Mackie, Sebastian Stan, Idris Elba, Danai Gurira, Benedict Wong, Dave Bautista, Pom Klementieff, Gwyneth Paltrow, Bradley Cooper.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Equilibrio impecable entre acción y personajes, con dosis de humor geniales y momentos dramáticos memorables.
Lo peor: Cierta cobardía con los héroes más poderosos, un final de serial sensacionalista barato.
Mejores momentos: El encuentro con los Guardianes de la galaxia. La lucha en Titán.
El título: Otro que las distribuidoras dejan a medias: Vengadores: Infinity War. ¿Alguien me explica qué sentido tiene dejar unas palabras en cutre castellano (sin el determinante “Los”) y otras en inglés, más cuando se ve de antemano que la traducción es lo que usa la gente?
La frase: La Tierra está cerrada hoy -Tony Stark.

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Alerta de spoilers: Hasta próximo aviso sólo describo el argumento.–

Qué película más difícil y qué bien han salido parados sus muchos implicados. Tantos guionistas, directores y por extensión visiones e ideas como ha tenido la serie, y salvo aquella innombrable El increíble Hulk (2008), que ya nadie cuenta como parte de ella, no ha habido grandes meteduras de pata, ha mantenido un nivel de calidad y coherencia bastante estable, algo nunca visto hasta ahora en sagas cinematográficas. Sin duda, el principal factor que explica el éxito es el férreo liderazgo del proyecto que ha mantenido Kevin Feige, bajo cuya batuta no se han dado los habituales giros que han hundido muchas otras series: egos varios (productores y realizadores) metiendo mano cada cual por su lado, falta de planificación y compromiso, y las consecuentes improvisaciones de última hora. Ahí tenemos como triste modelo la otra gran línea de superhéroes actual, La liga de la justicia, que se ha estrellado a lo grande una y otra vez en cada capítulo, o muchas otras sagas que se empeñan en extender de mala manera, como Alien o Terminator.

Desde el prólogo, los guionisas Christopher Markus y Stephen McFeely y los directores Anthony Russo y Joe Russo dejan claro que no van a escatimar en la cantidad de acción y épica que esperábamos en esta unión de todos los personajes, pero también sus intenciones de no ablandarse y darnos la película dura y trágica que hay latente. La proyección resulta más que espectacular y entretenida abrumadora, e incluso se atreven a jugar con la frustración del espectador: tanta humillación, sufrimiento y derrota deja bastante mal cuerpo.

Cada personaje está en su línea, terminando de desarrollar su trayectoria sin giros forzados para justificar una exposición más fácil de los acontecimientos. Vemos a cada uno de ellos en todas sus decisiones y acciones, en cada frase y diálogo, en sus conflictos internos y en cómo van asimilando esta complicadísima odisea. Todos son vapuleados de lo lindo, poniendo a prueba como nunca antes sus capacidades, no sólo las físicas, sino también mentales. Sin duda hay “fan service” (escenas que dan a los seguidores lo que esperaban), pero ninguno parece postizo, los exprimen muy bien. Por ejemplo, el ansiado encuentro entre Stark y Strange es fantástico, y el de los Guardianes de la galaxia con cualquiera (Thor, Stark) también.

Thanos es un villano bastante bien trabajado dentro de la dificultad inherente al género, por eso de ser una descripción genérica del Mal. Describen a un clásico pero efectivo tirano iluminado que pretende un universo mejor a base de provocar un cambio a gran escala mediante caos (evolución forzosa) y exterminio (purificación). Con una breve pero correcta aproximación a su interior (pasado, sentimientos) conocemos algo de su personalidad y motivaciones, sus obsesiones y contradicciones, con lo que su determinación tiene lógica humana suficiente para resultar un personaje verosímil… mucho más verosímil que en el cómic, donde está enamorado de la muerte y quiere destruir medio universo para llamar su atención (¡!). Se redondea con el carisma que desprende a pesar de ser una creación digital y el gran reto que supone para los héroes. Además, va acompañado de algunos secundarios tan llamativos que dan ganas de haber visto alguna entrega dedicada a ellos, tanto para explorar otras opciones (al ser bichos raros y malvados podían haberse atrevido con películas más arriesgadas) como para conocer mejor sus personalidades y poderes, con lo que aquí darían incluso más juego.

La acción, eje principal de la narrativa, es capaz de mantener un gran nivel no sólo por el excelente trabajo de los hermanos Russo y el equipo técnico (banda sonora vibrante, efectos especiales magníficos), sino sobre todo gracias a la conexión con los excelentes protagonistas. Es muy difícil sorprender a estas alturas, tras tantas obras del género los escenarios posibles ya están prácticamente agotados. Así, tenemos más naves sobre capitales (Nueva York, Wakanda) soltando bichos y destrucción, pero no importa mucho, porque las circunstancias son diferentes y los personajes también, pero, sobre todo, estos son solo momentos puntuales, el resto del relato es bastante impredecible, no sabes dónde va a acabar cada héroe y cómo se va desarrollar la lucha contra Thanos, y eso, hoy en día, es muy valioso. Cuando llegamos a los momentos cumbre acabamos desbordados de emociones, agarrados a la butaca sin poder ni pestañear. Destaca la sobrecogedora lucha en Titán, que te mantiene en vilo por el destino de los implicados, su lucha en apariencia fútil.

Cabe señalar que la aventura lleva a su máxima expresión uno de los dilemas clásicos de los superhéroes: el sacrificio. ¿Cuánto está cada uno dispuesto a sacrificar por la supervivencia de la mayoría? Y todos se equivocan en su elección, porque como se demuestra con Thanos, esta trampa ética es más absurda cuanto más grande es la escala.

A las mil maravillas funcionan también los recesos humorísticos que, como en Guardianes de la galaxia Vol. 1 y Vol. 2 y Thor: Ragnarok, juegan con gran habilidad con los reveses de los protagonistas y las situaciones incómodas. El citado encuentro de los Guardianes con Thor es tronchante, y detrás de cada chiste hay desarrollo de personajes. También hay numerosas salidas absurdas pero geniales que realzan pasajes más solemnes con un subidón, como la petición de Gamora a Quill terminada con la parida del simple de Drax.

Pero aunque sea una cinta memorable y deslumbrante no se libra de tener algunas carencias en apariencia fácilmente evitables que pueden empañar el visionado en ocasiones. Alguna se puede perdonar, como que con tanto personaje algunos queden un poco descolgados. Pero aun así no puedes dejar de preguntarte si el Capitán América no debería haber tenido más presencia, dado que es uno de los protagonistas principales, o si Ojo de Halcón no aparece porque no se han esforzado o si ha habido alguna pelea con el actor, pues aunque sea un secundario no tiene mucho sentido dejar fuera a uno de los fundadores de Los Vengadores. Tampoco se entiende que no muestren el destino los compañeros de Thor: Ragnarok, ya que la presente comienza justo donde acaba aquella: no hay rastro de la amazona, ni del trol raro (Korg), ¿están vivos o muertos? Y por extensión, ¿sobrevive alguien en la nave? Porque de no ser así el pueblo de Asgard está prácticamente extinto.

El problema se agrava con la arbitraria forma de dejar de lado o guardar para luego a algunos de los superhéroes con más poderes, lo que denota cobardía o un intento de tener un giro posterior un tanto burdo. Me creo que haya una riña entre Banner y Hulk, pero es normal que muchos espectadores se quejen de que lo están reservando para la segunda parte. Donde no hay mucho margen para perdonarlo es con Visión, con quien tras tanto esperar verlo en acción desatado va y lo apartan de mala manera, como si no se atrevieran a meterlo en batalla; con Bruja Escarlata es aún peor, porque llevamos varios capítulos sin terminar de conocer a fondo su personalidad y poderes, y aquí tampoco los exploran, sino que la guardan como recurso de última hora. Y vista su fuerza, pues cabe plantearse por qué no está en primera línea marcando una diferencia en vez de esperar a estar ante una derrota inminente.

También tengo quejas con el reto de Thor con la creación del arma. Acepto que quisieran reincidir en su sacrificio y renacimiento (a pesar de que había quedado claro en Ragnarok), pero el escenario es muy mejorable, bastante tontorrón e improvisado de mala manera; hacía falto algo más serio y mejor trabajado. Por suerte, como indicaba, los personajes son tan buenos que pueden sostener cualquier historia sin muchos problemas. Lo que menos me ha convencido es el final de serial sensacionalista barato, el típico giro exagerado acompañado de música melodramática que deja todo patas arriba de forma que parece imposible arreglarlo, pero que huele a la legua que será revertido a los pocos minutos de entrar en el siguiente capítulo.

Queda un año por ver si los Russo son capaces de mantener un listón que han puesto muy alto y resolver incógnitas. Esta primera parte es todo un hito cinematográfico, tanto por suponer el colofón a una serie tan popular como por su extraordinaria calidad, pero si lo rematan bien puede dejar huella durante décadas.

Alerta de spoilers: A partir de aquí comento el final a fondo y especulo sobre el siguiente episodio.–

Está claro que el golpe maestro de Thanos es temporal, que resucitarán a todos los que han desaparecido con esa mitad del universo exterminada. Algunos tienen nuevas entregas anunciadas, y aunque no las tuvieran no hay quien se lo crea, ni que vamos a dejar el universo y la Tierra diezmados. Es más, me atrevo a decir que irán más lejos y resucitarán incluso a los que han muerto antes del final, como Gamora o Heimdall (y de paso, si siembran la duda sobre si Loki está muerto, es que no). Aquí se echa mucho de menos a Joss Whedon. Este no se andaba con giros trampa, las muertes de personajes en sus manos eran creíbles y crueles como en la vida misma. Así pues, ya pueden hacer medianamente creíble la reversión de los acontecimientos, porque de no hacerlo puede lastrar a este capítulo también. Por cierto, volviendo a Heimdall, ¿por qué en el prólogo salva solo a Hulk?, ¿no podía lanzar por el bifrost también a Loki, Thor y todo el que andara cerca, o lanzar al espacio a los malos?

Múltiple


Split, 2016, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 117 min.
Dirección: M. Night Shyamalan
Guion: M. Night Shyamalan
Actores: James McAvoy, Anya Taylor-Joy, Betty Buckley, Jessica Sula, Haley Lu Richardson.
Música: West Dylan Thordson.

Valoración:
Lo mejor: Las capas y sorpresas de la trama y los personajes.
Lo peor: La falta de ritmo en algunos momentos. Otro maldito tráiler que te cuenta casi toda la película, otra vez el estudio tratando de vender una obra de Shaymalan como si fuera de terror puro, cuando es de suspense.
Mejores momentos: “Méate encima”. La psiquiatra sospechando que está ante una personalidad hostil. La protagonista intentando usar al niño para salir. “Juguemos a los animales”. El nacimiento. La pared. El final, lleno de sorpresas, destacando el epílogo.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: No hay datos reveladores. —

La mejor virtud de Múltiple es el sello Shyamalan que hemos visto en todas sus obras personales, excepto en la fallida El incidente (2008): te pasas gran parte del visionado expectante, con incertidumbre por el devenir de acontecimientos y el destino de los personajes, e intentas ir deduciendo qué está pasando y cómo va a resolverse todo. ¿Cuántas películas de los últimos veinte años o así te han hecho pensar? ¿Cuántas te han sorprendido por romper las barreras conocidas del género al que se adscriben a pesar de que no esperabas que a estas alturas fuera posible? El sexto sentido (1999), El protegido (2000), Señales (2002), El bosque (2004), La visita (2015) e incluso pasajes de La joven del agua (2006) tenían unas ideas muy originales y unas soluciones narrativas únicas, tanto en escritura como en dirección.

Múltiple es como la mente del villano protagonista: tiene una fuerte personalidad y muchas capas que explorar. No es una simple cinta de secuestro por demente o gente aislada acosada por un asesino. Shyamalan retuerce y exprime el argumento y ofrece una propuesta muy ingeniosa y distintiva. Tiene parte de drama (y bastante complejo), parte de suspense y una pizca de terror de tintes fantásticos. La combinación funciona muy bien y cada aspecto por sí solo posee momentos deslumbrantes.

Los personajes tienen dimensión y una evolución muy atractiva, al contrario de lo habitual en este tipo de títulos. Sí, quizá le podría haber sacado más partido a las otras jóvenes retenidas, pero tampoco había obligación de hacer un relato coral, lo que pretendía es contar la vida de dos figuras opuestas: la chica que sufre en solitario traumas varios pero no pierde su brújula moral, y el tipo también jodido que va en el sentido contrario por mucho que otros intenten ayudarlo. Y ahí acierta de lleno, describiendo unos protagonistas que terminan resultando fascinantes. Aun teniendo en cuenta que es un escenario exagerado y que además acaba con elementos entre la ciencia-ficción y la fantasía, la profundidad y detallismo de los caracteres garantiza verosimilitud y gran capacidad de empatía. Incluso este desgraciado que va perdiendo la cordura con múltiples personalidades y amenaza con matar a gente inocente despierta nuestras simpatías, y no sólo porque algunas de las personalidades, como el niño, sean agradables, sino porque esperas que sea capaz de sobreponerse a sus miserias y conseguir una vida normal. ¿Cuántos villanos de los últimos te han llegado hondo, no han sido simples clichés? Así, el sufrimiento de ambos, al que sumo la psiquiatra, que pronto se libra de su apariencia previa de objeto de la trama y resulta muy interesante, llega con mucha intensidad. La situación límite, los flashbacks que desgranan sus vidas (algunos con revelaciones impactantes), los esfuerzos por salir adelante… Llegan al término de la historia habiendo cambiado, presentan batalla porque han aprendido o madurado, no a simples tortas como suele ser común en gran parte del cine contemporáneo. Es comparar con bodrios como Saw (James Wan, 2004), por desgracia un referente de este subgénero, y menuda lección de escritura. Y los giros finales son el tiro de gracia, porque surgen de cosas planteadas sutilmente a lo largo del metraje, no es una mongolada salida de la nada como el lastimero final que tuvo aquella. Y por seguir con el ejemplo de Saw, Múltiple es capaz de ponerte los pelos de punta sólo con diálogos, sin casquería alguna.

Los actores son obviamente cruciales en la ecuación. Anya Taylor-Joy se dio a conocer en otra de suspense digna de ver, La bruja (2015). Como allí, su físico de aspecto joven y frágil (tiene veinte años, pero pasa por adolescente sin problemas) va como anillo al dedo al personaje, pero aquí también tiene un papel más exigente: la angustia, el miedo y la gradual maduración los muestra muy bien, y consigue no quedar eclipsada por los veteranos. A pesar de su avanzada edad, Betty Buckley no tiene una carrera muy larga ni llamativa, siendo sus paples en Frenético (1988) y la serie Con ocho basta (1977) quizá los más destacados. Shyamalan la conoció en el El incidente y aquí ha contado otra vez con ella, lo cual es todo un acierto, porque está estupenda como la doctora inteligente y competente que trata con sumo cuidado, con temores pero también con sagacidad, al peculiar paciente protagonista. James McAvoy (Expiación -2007-, X-Men: La nueva generación -2011-) tiene un papel muy jugoso (registros variados, algunos extremos) que no desaprovecha, siendo capaz de hacer verosímil hasta los momentos más pasados de rosca (el niño pequeño). El doblador se esfuerza, pero hay momentos que rechinan, así que como es habitual recomiendo la versión original.

Hay que recalcar que las explicaciones y pistas están bien colocadas. Algunas son evidentes (al menos para un espectador curtido, porque en internet he visto mil preguntas con respuestas que me parecían muy claras, como por qué va a la estación de tren), otras están genialmente veladas y te las tienes que trabajar. En este último caso entran muchas conversaciones que tienen más miga de la que aparentaban en principio. Incluso hay algún detalle que puede parecer intrascendente pero luego te das cuenta de que era necesario, como la charla de la psiquiatra con una vecina, que sólo sirve para que sepamos que ella y su entorno son reales, no imaginación del protagonista, y Shyamalan se la toma como lo que es, un relleno: la conversación es un tanto absurda, como hablar del tiempo, recuperando un poco de ese humor negro visto en La visita.

Por buscarles las cosquillas, se pueden puntualizar un par de aspectos mejorables. Le falta algo de garra en su inicio, pues la presentación es muy básica, pero en el tramo central a veces también da la sensación de que podría haber explorado escenarios más variados. Hay algunas cosas explicadas por conversaciones largas en vez de por acciones, y a veces tiene que recurrir a unas sutilezas muy ingeniosas (me gusta que no lo den todo mascado como si fuéramos imbéciles), pero también pueden hacerse algo pesadas, alguna incluso resulta reiterativa (las visitas a la psiquiatra se podrían haber resumido mejor), con lo que el ritmo se resiente un poco. Creo que en el tramo inicial le habría venido bien anécdotas de supervivencia (las chicas sufriendo e intentando escapar) más moviditas que engancharan más rápido, mientras que en el nudo podría habler explotado más los flashbacks y otras situaciones para exponer la relación del loco y la psicóloga de forma visual, ergo con más nervio y capacidad de impacto. Es una regla básica del cine: muéstralo, no lo cuentes. Pero quizá también ha entrado en juego que el presupuesto es casi una broma, nueve millones de dólares; por ejemplo, ese congreso en que participa la psiquiatra por videoconferencia en vez de estar presente en la sala parece apuntar a ello. Quizá por ello también Shyamalan no deslumbra con la puesta en escena, mostrándose más comedido, sin soluciones sorprendentes y rebuscadas como los juegos de cámara constantes de El protegido.

Múltiple es una película en la que no dejas de pensar durante días tras el visionado. Shyamalan nos regala un sugestivo crescendo de tensión e inquietud a través de personajes cautivadores embarcados en un viaje tétrico y de futuro incierto donde abundan golpes de efectos bien medidos y tramos muy potentes que se quedan anclados en la memoria. El clímax final es soberbio, te deja tiritando (más de nerviosismo que de miedo puro), y no defrauda en su genial resolución, con alguna idea dejada en el aire para tu imaginación y su inesperado y asombroso epílogo. Este último es “el giro Shyamalan“, que a esas alturas todos dábamos por perdido pero de repente te lanza a la cara uno que te deja a cuadros, así que sales de una proyección fascinante con un subidón de los que hacen época.

PD: Esta vez no ha contado con James Newton Howard para la banda sonora, y el trabajo del desconocido West Dylan Thordson es muy básico pero no funciona nada mal.

La habitación


Room, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Dirección: Lenny Abrahamson.
Guion: Emma Donoghue adaptando su novela.
Actores: Brie Larson, Jacob Tremblay, Sean Bridgers, Joan Allen, Cas Anvar, William H. Macy, Tom McCamus.
Música: Stephen Rennicks.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto y sobre todo guion. La imaginación, profundidad y fuerza que desprende.
Lo peor: Nada de la película. El tráiler, que te revienta todo sin miramientos, mostrando mucha cobardía a la hora de venderla.

* * * * * * * * *

Un niño de cinco años y su madre viven aislados en una sola habitación. Lejos de lo que pueda pensarse, como que promete un relato muy limitado y probablemente aburrido, la historia es muy sugerente y la proyección te atrapa con rapidez para no soltarte. La pequeña familia resulta adorable y su futuro nos atrae muchísimo. Con el chaval vamos descubriendo lo que es su mundo, tanto lo que ve como lo que sentiría alguien criado así. Y con la madre lo mismo: el aislamiento (no expongo los motivos, hay que dejarse llevar por la trama y sus muchas sorpresas: ¡no se te ocurra ver los tráileres!) supone replantearse su concepto de la vida y de las esperanzas. Así, esta primera parte ya está sobrada de profundos e inteligentes análisis sobre nuestra formación como personas (entorno, educación, familia), pero lejos de resultar farragoso o demasiado filosófico todo fluye de forma natural y emotiva.

El segundo acto nos lleva a los momentos más sombríos. En sus primeros pasos en el mundo adulto las fantasías infantiles dan paso a las primeras pesadillas reales: el chico vive sus primeras tragedias y la madre sufre los cambios y ha de luchar por los dos. Escenas tensas, alguna situación dramática que llega a resultar angustiosa, y unas pocas esperanzas nos lanzan a un torbellino de emociones que nos mantienen el corazón en un puño.

Pero no hay lugar al descanso. En el tercer segmento, la adaptación a una nueva situación, también es muy completo en argumento y sentimientos. Los nuevos paradigmas a los que se debe enfrentar el niño dejan sutilmente otros muchos mensajes: la relevancia de cosas que hemos perdido en la obsesión con placeres superficiales, las distintas visiones del concepto de familia (cuando surge el planteamiento de por qué no dio al crío en adopción llorará hasta el más duro), más otras tantas reflexiones sobre cómo la educación y el entorno nos forman como personas: la zona de confort, la adaptación a cambios bruscos, cómo puede surgir la depresión incluso cuando todo parece ir bien…

La labor de dirección de Lenny Abrahamson es brillante, se adapta a cada escenario físico y emocional con maestría. La habitación, como al chico, nos parece enorme, todo un mundo, y los cambios de tono, sutiles (la iluminación) o evidentes (de la tranquilidad al caos) son esenciales para mostrar qué sienten y sufren los protagonistas. Y la evolución de estos la borda, sacando lo máximo de los actores: Jacob Tremblay muestra un registro impresionante para su corta edad, y Brie Larson está espléndida, logrando una interpretación de las que no se olvidan. En cuanto al doblaje, sorprendentemente al crío le han puesto un actor de una edad cercana, pero la voz de la madre está demasiado vista, parece que sólo hay y tres voces femeninas en todas las películas y series de los últimos veinte años. Y obviamente el papelón de Larson merece ser visto sin alteraciones.

Imaginativa y aun así muy realista y humana. Inteligente y profunda pero amena y conmovedora. Hermosa sin tirar de presupuesto en la ambientación. La habitación es una de las mejores películas de los últimos años.

La guerra de las galaxias: Episodio VII – El despertar de la Fuerza


Star Wars: Episode VII – The Force Awakens, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 135 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Lawrence Kasdan, Michael Arndt, J. J. Abrams.
Actores: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Harrisond Ford, Carrie Fischer, Mark Hamill, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Andy Serkis, Lupita Nyong’o.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes son maravillosos, los diálogos geniales, la historia sencilla pero bien contada, y todo se remata con un reparto fantástico y una puesta en escena perfecta. La aventura es vibrante, emotiva y memorable como se espera de un capítulo de La guerra de las galaxias.
Lo peor: Un agujero de guion importante, más algunos detalles que podrían haber sido evitados.
Mejores momentos: Tantos… Los dejo para el apartado de spoilers.
El plano: El final, con dos protagonistas mirándose cara a cara.
Las frases:
1) Cumpliré con tu destino, terminaré lo que tú empezaste -Kylo Ren.
2) No sabía que había tanto verde en la galaxia -Rey.
3) Suéltame y deja la puerta abierta -Rey.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Los datos reveladores los dejo para el apartado final, el resto de la crítica sólo menciono lo que se intuye en el tráiler. No revelo sorpresas, ni detalles concretos, ni el destino de los personajes.–

QUÉ ESPERABA

Con todo el dinero y prestigio que había en juego en Disney después de pagar a George Lucas 2.000 millones de dólares, más otra cifra semejante en acciones, era bastante esperable que fueran a tratar de esquivar los puntos polémicos de la trilogía de precuelas, denostada por la mayoría de los fans de la saga, y fijarse más en los aciertos de la trilogía original. Pero en el lado contrario pesaba el miedo a que en el lío de productores metiendo mano y cambiando guionistas y directores saliera un desastre aún mayor. Las continuas reescrituras de guion no me asustan de primeras, porque es parte del proceso (si siguen así mientras ruedan sí es para temblar) y hasta no ver el trabajo final no podemos opinar nada concreto. Fue la elección J. J. Abrams como realizador y firmante del repaso final al libreto la que me dio mucho miedo, pues precisamente falló en sus intentos de recuperar sagas y estilos de los años ochenta: la frialdad de Super 8 y Star Trek no eran buenas señales, y más concretamente las dos entregas de la renovada (y pisoteada, porque no tiene nada del espíritu de la original) serie trekkie apestaban bastante con su guion chapucero y el abuso de efectos narrativos y especiales sin ton ni son; y para colmo gustaron al público, con lo que los productores podrían pensar que valía la pena seguir por ese camino.

Así pues, pasé por una fase de negación total, “esto va a ser un desastre”, antes de limpiarme de toda sensación y esforzarme por ir sin prejuicios, en blanco, con la puerta abierta a la esperanza. La voy a ver y que venga lo que sea. Si es mala al menos podré divertirme poniéndola a parir en la redes. Pero los fans hemos tenido una suerte inmensa. El despertar de la Fuerza ha resultado ser un capítulo fantástico, memorable.

¡ES LA GUERRA DE LAS GALAXIAS!

Para empezar, ya en el tráiler se veía respeto por el espectador, en especial por el fan. Sabes que el fanático va a verla sí o sí, no se la destroces en un avance; pero tampoco jodas al público potencial revelándole lo mejor cuando es más efectivo crear expectación. ¡Creía que se había perdido la forma de hacer tráileres de verdad! También vimos entrevistas varias donde Abrams señalaba sus intenciones de mirar a las viejas películas, algo no del todo de fiar porque en las promociones se miente mucho, y también porque una cosa es lo que dices y otra lo que consigues al final. Pero el estreno confirmó ese amor por la saga y el esfuerzo por hacer las cosas bien, por buscar despertar en el espectador las mismas sensaciones que tuvimos con la trilogía original: vibrar con la aventura, sentir conexión y admiración por los personajes, sumergirte en un universo mágico y fascinante. Los fallos de Lucas en las precuelas han quedado atrás: los excesos visuales que saturaban de colores, criaturas digitales y escenas exageradas e infantiles en detrimento de un tono más serio y una narrativa mejor trabajada; el fracaso a la hora de confeccionar personajes de gran nivel (sólo en el Episodio III se acercaba a ello), incluyendo el casting y la dirección de actores, pero sobre todo los diálogos; las tramas políticas densas que no lograban el interés esperado y abandonaban la esencia aventurera y la clásica fantasía de espada y brujería.

Los actores elegidos son magníficos, los diálogos están rebosantes de ingenio y gracia, el dibujo de los personajes es estupendo, y como resultando tenemos unos protagonistas maravillosos y entrañables. La puesta en escena es intachable, no hay abuso de escenarios demasiados sobrecargados, sino que mantienen la belleza sobria y natural de las películas originales. Y la aventura deslumbra y emociona como pocas logran hacerlo. De principio a fin te mantiene pegado a la butaca con una odisea épica de familias enfrentadas, príncipes oscuros y elegidos de la luz, el destino señalando el camino, viajes a lo desconocido en busca de respuestas, lugares asombrosos y duelos inolvidables. Resumiendo, el capítulo séptimo es cien por cien La guerra de las galaxias.

Es imposible no enamorarse de Rey, la chica dotada pero abatida por un trauma del pasado que le impide explotar su potencial hasta que el destino la alcanza. Difícil no sentir empatía con Finn, su conflicto moral y su huida sin rumbo hasta que los acontecimientos lo empujan a decidir. Quieres abrazar a BB-8, un robot redondo que no habla pero resulta adorable. Poe es puro carisma y coraje. Te conmueves con la presencia de viejos conocidos, que son ellos mismos pero con nuevas historias a cuestas que les dan bagaje. Y puedes sentir temor y a la vez empatía por el villano, Kylo Ren, con su lucha interna y el inevitable enfrentamiento contra los héroes.

¿Qué será de cada personaje? Como saga de fantasía te puedes hacer una idea general, igual que era fácil intuir que en Una nueva esperanza ganaría el Bien sobre el Mal. Pero aun así el viaje resulta no sólo atractivo, sino delicioso, cada nueva vivencia y acontecimiento llega con una intensidad que pocas veces he visto en el cine reciente (Interstellar, Mad Max: Furia en la carretera y Guardianes de la galaxia). Se disfruta a lo grande viendo cómo crecen y la dinámica que van creando entre ellos, cómo se enfrentan a los distintos problemas externos y conflictos internos. Y menuda química se logra: gracias a la combinación de guion, casting y dirección de actores se ofrece un resultado difícilmente mejorable. Los diálogos son ingeniosos, dulces, emotivos, oscuros, trágicos… según requiera la situación, describiendo a cada personaje con mucho tacto, cimentando sus relaciones con naturalidad y atractivo. Cabe destacar que el sentido del humor es brillante, siendo la entrega más divertida de toda la serie. Los primeros pasos entre Rey, Finn y BB-8 son geniales y te ganan para toda la proyección; sublime el momento de BB-8 haciendo el gesto de “ok”, por ejemplo. Y en la parte oscura no defraudan tampoco, teniendo líneas que dan canguelo: las dudas de Kylo, sus arrebatos (“¿El androide ha robado un carguero?”), el interrogatorio (“Tú… tienes miedo”)…

El elenco elegido es un acierto digno de aplauso. Los jóvenes Daisy Ridley (unos pocos papeles muy secundarios en algunas series inglesas) y John Boyega (dado a conocer en Attack the Block) demuestran un entusiasmo y compromiso total, logrando unos personajes tan creíbles que desde su primera aparición te quedas prendado de sus miserias, miedos, esperanzas y esfuerzos. Oscar Isaac es un gran actor que ya cuenta con mucho reconocimiento (fantástico su papel en A propósito de Llewyn Davis), y derrocha carisma y simpatía. Harrison Ford es lo que se esperaba, un Han Solo viejo, con historia y cargas detrás. La única un poco corta sería Carrie Fisher, pues le falta algo de garra a sus intervenciones. A Adam Driver lo conocía por su papelón en Girls y sabía de lo que era capaz, pero aun así me ha dejado anonadado. Qué magistral exposición de lo que supone caer al Lado Oscuro: los sentimientos encontrados, el miedo, la sumisión al líder… Así tenía que haber sido Anakin en las precuelas: un chico perdido, lleno de contradicciones y miedos, atraído por las formas más llamativas y fáciles del Lado Oscuro, pero Lucas tropezaba demasiado en su desarrollo, y sobre todo la pifió a lo grande con la elección del intérprete. También cabe señalar que el doblaje al castellano es excelente, algo cada vez menos común; de hecho en las precuelas era bastante malo.

LA PUESTA EN ESCENA, TAMBIÉN IMPECABLE

El guion es certero, pero la dirección de Abrams, sumada al trabajo actoral y el esfuerzo del equipo técnico, es lo que termina de levantar esta enorme película. Decir perfecta es quedarse corto. La proyección es un no parar, no te deja respirar, no hay bajones ni desviaciones. El equilibrio y empaque de cada escena es sensacional, cada una de ellas combina magistralmente un poco de acción, un poco de fascinación por lo desconocido, de fantasía épica, de personajes cautivadores, de diálogos brillantes, y otro tanto de pequeños detalles que terminan de perfilar su irresistible magia. No se dejan huecos donde el desinterés y la desconexión puedan aparecer, no se desaprovecha una sola emoción que pueda sacarse de la situación.

Por ejemplo tenemos una escena presentada en el tráiler, la de un personaje misterioso rondando las ruinas de un destructor imperial: con golpe de sonido sutil y un plano llamativo captan toda tu atención, con el entorno te envuelve la atracción por lo desconocido, con la acción del personaje (recoger chatarra para sobrevivir) te definen lo justo de su vida para conectar con él y esperar más con interés. Y basta un par de secuencias por protagonista para ponerlos en camino, no hay una larga y farragosa introducción ni recesos expositivos, todo fluye de maravilla como en pocas obras se ha visto (de nuevo cito Mad Max, porque está claro que es el referente de la década). Lucas en las precuelas se perdía en largas secuencias de acción hipertrofiada que sólo contenían efectos especiales, y cuando se centraba en los personajes lo hacía tarde y lejos del nivel exigible. Abrams pone todo su empeño en que cada situación aporte algo al desarrollo de los protagonistas.

La fotografía es estupenda, el montaje es un portento indescriptible, los efectos especiales están siempre al servicio de la narración y son magníficos (hay mucho digital, pero sabiamente usado)… Pero lo que más me llama la atención es el magistral uso del sonido. Pocas veces he visto una implicación tan férrea y efectiva entre efectos sonoros y la transmisión de emociones: un disparo de bláster parado en el aire, la entrada de Rey en pantalla, un casco que retumba al caer, o los efectillos para mostrar el poder de Kylo, son usados con sabiduría para contener o explotar tal o cual emoción.

En cuanto a la inevitable mención a John Williams, este ofrece una composición exquisita que realza la acción y el drama con el esperable virtuosismo, pero como se inclina más por lo sutil algunos han acabado descontentos al no encontrar algún tema tan épico como deseaban, como si la banda sonora fuera sólo eso. Aquí hay más apoyo velado a la acción y los personajes (el tema de Rey es sencillo y el de Kylo muy contenido) que un despliegue de cortes de gran fuerza heroica o trágica como los que necesitaba La venganza de los Sith. Y tiene tantos momentos inolvidables como en las demás entregas: Rey’s Theme, March of the Resistance, Kylo Ren Arrives at the Battle, The Abduction, Scherzo for X-Wings… No, Williams no ha fallado, ha superado el listón, por alto que lo pusiéramos, como hace casi siempre.

AUNQUE TIENE ALGÚN FALLO… ¿Y ES UN REMAKE?

Ahora bien, aunque El despertar de la Fuerza es una obra deslumbrante en el sentido emocional, en llegar directa al corazón, no es perfecta en la lógica. Algún error tiene, y quizá porque se acerca más a la trilogía original, repite algunas lagunas de aquella. El principal problema es el deus ex machina que da cierre al misterio principal, el nexo que mueve a los personajes… la Búsqueda de rigor en la fantasía, vamos. Pues resulta que se resuelve porque sí, y descoloca bastante después de tanto darle importancia al asunto. Y lo peor es que da la sensación de que era facilísimo hacerlo bien. Por suerte es el único fallo importante. Las preguntas sobre dónde está la flota de los malos, que nadie vea venir una estación tan grande y peligrosa o lo fácil que es acabar con ella, vienen de las viejas películas y no me parecen agujeros de guion grandes (sí lo fue en El retorno del Jedi al no explicar qué es de la enorme flota tras la destrucción de la Estrella de la Muerte); incluso podría decir que también se repite el mal uso del tiempo que se ve en la batalla de Una nueva esperanza: según indican los personajes, todo el asalto se desarrolla en quince minutos, pero es como si hablaran en tiempo de película y no en tiempo de lo que realmente duraría, de forma que dicen “dos minutos” y vemos un montón de eventos y desplazamientos. Lo único que puedo considerar como mejorable es que podrían haber matizado algunas cosas: la ubicación de los distintos planetas importantes queda un poco confusa, no se sabe muy bien de dónde viene y a dónde va la Estrella de la Muerte, y quizá habría sido mejor explicar algo de la estructura política actual para darle un poco de dimensión a la galaxia. El resto son detalles menores o aspectos muy subjetivos (la mayor parte los tengo que dejar obviamente para la sección de spoilers), como lo de si es un remake descarado o velado o no lo es en absoluto.

Yo no veo lo de remake de Una nueva esperanza, y menos si me saltan con que no tiene aportes originales. Sí le puedo poner alguna pega, pero no como para echar bilis como hacen algunos. Hay referencias más o menos claras (la esfera de entrenamiento, el ajedrez holográfico) y varios lugares comunes, inevitables para que reconozcamos el universo y conectemos mejor con el entorno. Es cierto que las precuelas se arriesgaban más, pero vuelvo al principio de la crítica: había que volver a lo que funcionaba, y para ello qué mejor que recuperar cosas conocidas. Sí, hay un planeta desértico, sí, los personajes se encuentran porque el Destino es así, y sí, hay una confrontación final clásica, porque va con el género.

Pero también es cierto que los realizadores se obsesionan más de la cuenta con el factor nostalgia, y habría enriquecido el relato si hubieran evitado dos puntos en común demasiado utilizados en la serie para aportar algo más novedoso. Podrían haber puesto un planeta no desértico para variar (o al menos haberlo llamado Tatooine directamente, leches): una tundra o uno pantanoso como parece que tenían pensado inicialmente. Pero bueno, el lugar funciona en su propósito: una jaula psicológica para la protagonista, un entorno visualmente atractivo. ¿Que sea un desierto te fastidia lo emotiva que es la presentación de Rey, su la espectacular entrada en la trama y los asombrosos planos de destructores estrellados? Pues lo siento, pero a mí está muy lejos de molestarme.

Que la batalla final sea contra otra súper arma es lo único que rechina realmente, porque no costaba nada haber planteado un desenlace de otra forma, por ejemplo con una incursión en territorio enemigo en alguna nave o base que no fuera de estas características. Por otro lado, tampoco me parece un motivo poner a parir la cinta. Es sólo un macguffin, un elemento sobre el que hacer girar la trama y los personajes. Y la trama no es cómo detienen el chisme, sino el viaje de los personajes: el drama familiar de corte fantasioso, la tragedia shakesperiana de padres e hijos, la Luz contra la Oscuridad; y ahí funciona de maravilla, superando con creces a las problemáticas precuelas. Por lo demás, sin planetas exóticos, alienígenas variados (también había un bar en El ataque de los clones y nadie se quejó), duelos a espada y demás elementos, esto no sería La guerra de las galaxias. Jurassic World sí era un remake nada disimulado: repetía casi todas las situaciones paso por paso y no aportaba nada realmente nuevo, ni siquiera ponían esfuerzo en dotar de profundidad a los personajes. El despertar de la Fuerza está muy lejos de esa categoría.

CONCLUSIÓN

El llamativo agujero de guion y cierta falta de atrevimiento para ir más allá es lo único que aparta a El despertar de la Fuerza del sobresaliente. De corazón quiero dárselo, la he visto tres veces en cines y he vivido el mismo torbellino de emociones en todas las ocasiones, pero es indudable que podría haber llegado un poco más allá. Sin embargo, también tengo que decir que, aunque se vea un poco el plumero en el factor nostalgia, Abrams y equipo han hecho muy bien lo que tenían que hacer: recuperar la esencia de la saga, ganarse de nuevo a los fans. Es el capítulo piloto de una serie y a la vez una transición entre etapas, y ahí funciona a la perfección: satisface a los viejos espectadores, atrae a las nuevas generaciones, y estoy convencido de que tiene la suficiente calidad y personalidad como para aguantar el paso de los años. El desarrollo y profundización de las tramas vendrá luego. O eso espero, porque empezando esta trilogía tan bien, si el resto crece como se espera podemos estar ante algo antológico.

ME SOBRAN ALGUNAS QUEJAS

Aunque a la grandísima mayoría del público y la crítica le ha gustado, hay un sector muy ruidoso (internet maximiza las polémicas) que se empeña en buscar fallos, exagerando lo del remake o quejándose de que no aborda los mil millones de temas posibles en una obra de fantasía. ¿Pero queréis una entrega de La guerra de las galaxias o una versión alternativa, una nueva saga espacial que sólo comparta el nombre, como ocurre con la nueva Star Trek? Para eso están los spin off que han puesto en marcha. La trilogía tiene que versar sobre la lucha entre Jedis y Sith, y para ello tiene que seguir cierto patrón. Ya vimos que la inclinación hacia la política en las precuelas no contentó a casi nadie.

Otra obsesión es la de tener explicación de todo. Deja que haya incógnitas. Si Una nueva esperanza causó un gran impacto fue porque transmitía sensación de misterio, de haber vislumbrado sólo una parte de un mundo vasto y mágico. Si explican todo lo que ocurre y nos cuentan el pasado y la trayectoria completa de todos los personajes, ¿dónde queda la intriga, la atracción por lo desconocido y el interés en ver más capítulos? Quién es el viejo del principio, cuál la situación de los Jedi que quedan, cómo nace la Primera Orden y quién es su líder, y otras cosas en suspenso están muy bien sin desvelarse por completo. Curiosamente, muchas de las obras de aventuras y acción que triunfan en los últimos tiempos son muy dadas a no explicar, no profundizar y ni siquiera a dar coherencia y lógica a situaciones y personajes: El Señor de los Anillos, Piratas del Caribe y casi todas las que nacen en su estela tienen una narrativa torpe y llena de huecos, con personajes que actúan sin que se expongan sus motivaciones y tramas completamente inconexas… Y no hay muchas quejas sobre ello. Pero con El despertar de la Fuerza algunos han ido al otro extremo, todo es analizado a fondo y expuesto a un escrutinio excesivo e injusto.

Hay que admirar la película por lo que es, no por lo que esperábamos que fuera. Y está claro que es mucho más La guerra de las galaxias que las precuelas, aunque sea menos original y arriesgada. Es el capítulo inicial de un nuevo ciclo, no se puede pedir que tuviera un poco de todo (sería proclive a quedarse corta en todo) o que se aleje mucho del concepto básico (entonces seguro que se quejarían de que no se parece a la serie).

DETALLES VARIOS QUE SON REVELADORES

Alerta de spoilers: Hay algunos comentarios que no me cabían en la crítica por ser spoilers gordos. No sigas leyendo de aquí al final si no has visto la película.–

Me resultó fantástica la humanización de los soldados imperiales, no sólo por Finn, sino por las reacciones de otros tantos oficiales y soldados (genial la pareja que huye ante la pataleta de Kylo). Que no sea un ejército impersonal de extras otorga más credibilidad y tragedia a la guerra, y más posibilidades a la historia. En cuanto a Finn, qué grandísima presentación combinada con habilidad con la de Poe. “Cálmate, cálmate”, “Estoy calmado”, “Me lo decía a mí mismo”.

Siguiendo con los villanos, no comparto la decepción por Phasma, esa comandante de traje plateado (interpretada por Wendoline Christie, Brienne en Juego de tronos) de la que muchos esperaban gran protagonismo por su aspecto diferente, aunque desde luego no estaría mal que apareciera de nuevo para explotar la relación con Finn. Por otro lado, el discurso del general Hux (Domhnall Gleeson) en plan nazi es imponente y describe bien las ambiciones de la Nueva Orden, con lo que se realza sin querer la falta de descripción de la situación política en la República: la escena de destrucción del planeta capital resulta menos impactante de lo que debiera, y ni siquiera queda claro si es Coruscant u otro mundo, ni por qué la Resistencia se esconde tan cerca.

También hay algunos detalles que, sin afectar realmente al conjunto, me disgustan un poco. ¿Por qué Rey toma el mando del Halcón Milenario por encima de Chewbacca? No me parece lógico, ni que vaya ella a por Luke siendo una don nadie, debería ir alguien cercano, como la propia Leia, u otro alto rango que lo conozca. Tampoco tiene mucho sentido el abrazo entre Rey y Leia, como si se conocieran íntimamente. Espero que el Líder Snoke dé juego, porque de primeras no me causó mucha impresión, no impone como debería. Y quizá el único diálogo fallido sale de su boca: la excesiva matización en quién es el padre de Kylo me parece innecesaria, es como si hablara para un niño chico. Las partes de acción son magníficas, impresionantes de arriba abajo… pero se pasan un poco con las hostias que se lleva el Halcón, que para ser chatarra resulta casi indestructible. Por el lado contrario, no entiendo la queja sobre que Han lo encuentra por arte de magia, cuando dice con claridad que lo estaba buscando por el sector y lo ha detectado al despegar. Y finalmente, me mosquea cómo se abre la tierra para que Kylo siga vivo. Justo en una escena paralela pusieron en bandeja una solución más natural: Hux recibe la orden de buscarlo, así que podría haber aparecido con la nave disparando a Rey para que esta huya sin matarlo.

Por suerte, como indicaba sólo hay un fallo con cierta gravedad, de esos que se pueda considerar un agujero de guion claro que fastidia un poco la narración: el giro que lanza el cierre de la trama de búsqueda de Luke, con R2-D2 despertándose repentinamente en el momento justo sin que haya una razón para ello. ¿De verdad ninguno de los guionistas y productores implicados encontró una manera más coherente y fluida de hacerlo? Es que es muy simple: tenían que haber dejado la presentación del robot para ese instante, y que fuera ahí cuando BB-8 se topa con él, le diga que tiene pistas sobre su amo, y el otro despierte para compartir el resto de la información. Ahora bien, la escena de cierre es tan hermosa y emotiva que te hace olvidar el torpe truco que nos lleva a ella: el fantástico plano de Luke reticente y Rey insistente.

Y huelga decir que todos los pequeños peros quedan eclipsados por la cantidad abrumadora de grandes escenas, por la lluvia de sensaciones que transmite toda la proyección. El encuentro de Rey y BB-8, la fuga de Finn y Poe, la unión de Finn y Rey y todo lo que viven juntos hasta… hasta el final de la película: los diálogos ingeniosos escupidos a toda prisa (la cinta adhesiva), los pasos en la relación (las veces que se salvan mutuamente)… Pero ni con tantos momentos memorables Han Solo y Chewbacca, secundarios en este relato, quedan por debajo en relevancia e interés: también hacen gala de una gran química, derrochan diálogos geniales y tienen infinidad de escenas deliciosas. La entrada en el Halcón, la negociación con los mercenarios, la ballesta, la oferta de trabajo a Rey, el encuentro con Leia, el frío y la chaqueta, la decisión de enfrentar a Kylo cara a cara…

En el antro de Maz Kanata (¿qué tiene de malo este personaje?, es encantador e intrigante) hay otras tantas inolvidables: el sable láser atrayendo a Rey (se me encogió el corazón con la fuerza que posee toda la secuencia), el soldado llamando traidor a Finn, la captura de Rey por Kylo… Luego incluso mejora: qué tensión en el interrogatorio, qué emocionante la forma en que ella empieza a descubrir sus habilidades (fantástica la fuga usando al soldado imperial –que por cierto parece ser un cameo de Daniel Craig-). Todas las apariciones de Kylo son sensacionales también: el disparo del bláster parado en el aire, la mirada a Finn sospechando de él, los arrebatos, su discurso ante el casco quemado de Darth Vader, el miedo ante Rey… y sobre todo el paso final al Lado Oscuro con una tragedia que se intuye pero no quieres creer, para terminar en un duelo final que por fin está a la altura de los de Luke y Vader: inquietante, oscuro, lleno de diálogos de gran intensidad, con los personajes en primer plano y un entorno natural bien aprovechado, olvidando las florituras absurdas y escenarios de estilo videojuego de las precuelas. Y por cierto, qué problema hay con que Finn sepa manejar un sable láser, si es evidente que conoce todas las armas de mano y se adapta rápidamente a cualquier otra.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
-> Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)