El Criticón

Opinión de cine y música

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El niño 44


Child 44, 2015, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 137 min.
Dirección: Daniel Espinosa.
Guion: Richard Price, Tom Rob Smith (novela).
Actores: Tom Hardy, Gary Oldman, Noomi Rapace, Joel Kinnaman, Fares Fares, Jason Clarke, Paddy Considine, Vincent Cassel.
Música: Jon Ekstrand.

Valoración:
Lo mejor: Reparto. Los personajes y el drama que viven.
Lo peor: El thriller es convencional y algo soso. La puesta en escena mediocre.
La pregunta: ¿Por qué demonios si la película está rodada en inglés, es decir, la vemos como si fuera una traducción del ruso, obligan a los actores a fingir acento ruso? Que hablen en ruso o en inglés, pero este apaño intermedio queda horrible.

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En la temible dictadura de Stalin un soldado valiente y cumplidor se encuentra con el giro en la vida que todos temen: ser considerado sospechoso de traición. Toda su familia y todo lo que conoce pueden irse al traste en un instante, y la sombra de la ejecución pende sobre sus cabezas. La atmósfera que consigue el guion es francamente buena. No vamos a ver nada nuevo, pero se logra una buena descripción de la vida de la época y unos personajes verosímiles y atractivos con los que conectar, de forma que promete un buen drama de supervivencia en tiempos difíciles. Además los actores terminan de ganarse al espectador. Tom Hardy con su energía inicial que se transforma en sufrimiento conforme avanza su tormento, Noomi Rapace eficaz como es habitual en su encasillamiento en papeles de mujer afligida, y una serie de buenos secundarios (Gary Oldman, Fares Fares, Vincent Cassel). Sólo Joel Kinnaman no está a la altura, probablemente porque tiene entre manos el único rol fallido.

Pero a pesar de este tono desasosegante y trágico tan conseguido, el guion no es capaz de desgranar adecuadamente la historia. El prólogo es poco llamativo y cuanto más avanza la trama menos necesario parece. ¿De verdad hacía falta dedicar una escena completa para decir que el protagonista es huérfano y hay otros como él, con esa mención metida con calzador al Holodomor? De ahí pasamos a un largo tramo de presentación que pretende sentar unas bases que cobrarán importancia más adelante, con lo que se posterga aún más la exposición definitiva de cuál va a ser el argumento. Los detalles relevantes, como la rivalidad con un compañero o la amistad férrea con otro, deberían haberse introducido en pleno desarrollo de la trama, no en una larga y poco llamativa exposición inicial. Así, parece que la película no arranca hasta los cuarenta minutos… y encima lo hace con dos problemas. Cuando aparece el caso de los niños muertos el relato se ramifica en dos historias, el drama de supervivencia y el thriller de investigación, y para colmo todo se torna resulta muy predecible, de forma que intuí todo lo que estaba por venir: quién sería el traidor que pondrá en apuros al protagonista, cómo el caso lo seguirá en su destierro, y cómo luchará y renacerá.

Por suerte, a partir de ese punto de inflexión también gana ritmo, y si bien decepciona porque prometía un thriller de más nivel, lo que hay funciona aceptablemente bien. La adaptación al nuevo entorno tiene más interés que el flojo arranque, la odisea de la pareja protagonista llega con cierta intensidad, se agradecen detalles como un tono serio tirando a sórdido (el protagonista no es el típico héroe luminoso de Hollywood, es bastante cabronazo), llegan nuevos personajes que a pesar de llevar ya media película consiguen ser interesantes también (el de Gary Oldman)… y sobre todo, como decía, por fin las cosas avanzan. No van a sorprender las traiciones, la incursión en zona enemiga, los vigilantes peligrosos, las huidas por los pelos, los hallazgos de pistas, el desenlace a hostias… pero tampoco provocan la sensación de ser una película construida a retazos de otras. Obviamente sí se frena su potencial: en todo momento da la sensación de que podría haber sido una obra bastante superior, de que seguramente la novela de Tom Rob Smith daba para más. Los epílogos ponen de manifiesto ese origen literario y maximizan la sensación de no haber estado a la altura en el resto: mostrar dos largas secuencias para reposicionar a los protagonistas resulta inteligente y atrevido hoy día en el cine, donde no se suele dedicar tiempo a los personajes ni se arriesgan a ofrecer un cierre pausado.

Pero la limitación más grande que le veo es la puesta en escena, algo pobretona y falta de garra. La dirección de Daniel Espinosa (que a pesar del nombre nació en Suecia y empezó su carrera allí) se presenta sin recursos ni energía, con lo que maximiza la impresión de que se desaprovecha una historia y entorno con muchas más posibilidades. Lo peor es la horrible fotografía con una fallida cámara en mano: en las pocas escenas de acción no se ve ni entiende nada… y qué mala idea hacer la pelea final en barro, para ponerlo peor. Tampoco tiene una buena banda sonora que enfatice la intriga y peligros. Así, el thriller, que no termina de explotar su potencial en el guion, se diluye otro poco. Lo que queda es una cinta correcta y entretenida si te va el género; si no, puede resultar lenta y larga.

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Bienvenidos al fin del mundo


The World’s End, 2013, Reino Unido.
Género: Comedia, acción.
Duración: 109 min.
Dirección: Edgar Wright.
Guion: Simon Pegg, Edgar Wright.
Actores: Simon Pegg, Nick Frost, Martin Freeman, Paddy Considine, Eddie Marsan, Rosamund Pike, David Bradley.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: El guion es una joya llena de inteligencia y profundidad, pero también es muy emocionante y jodidamente divertido. La puesta en escena es magnífica.
Lo peor: Nada de la película, sólo que no tenga la fama que merece.

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Como no he comentado ninguna película de estos autores creo necesario hacer una introducción. La pareja Simon Pegg y Edgar Wright tiene cierto renombre pero no la fama mundial que sin duda merecen, porque son los artífices de algunas de las mejores comedias de los últimos años. El primero actúa en sus películas y en otras tantas más conocidas (como el reinicio de Star Trek o Misión Imposible III y IV), así que su cara sí es reconocible, mientras que el segundo, aunque tenga el trabajo más difícil, dirigir las obras que escriben, queda muy en la sombra. Se formaron en la televisión británica, con unas pocas series que no pegaron muy fuerte, salvo quizá Spaced, que tiene cierto culto a su alrededor. En el salto a la panalla grande son conocidos principalmente por Shaun of the Dead, Hot Fuzz (Arma fatal) y Scott Pilgrim contra el mundo, obras que con el boca a boca ha terminado viéndolas mucha gente, aunque más en dvd que en las salas de cine. La más famosa es la primera, una gloriosa parodia del cine zombi, más concretamente de Dawn of the Dead, la que dio fama al género tanto en su versión original (George A. Romero, 1978) como en su efectivo remake (Zack Snyder, 2004). Eso sí, la distribuidora española casi se la carga con un título de película cutre: Zombies Party, (Una noche… de muerte) , en la que probablemente sea la traducción más estúpida y negligente de la historia. La pandilla se completa además con el actor Nick Frost, quien también colaboró en el guion de Paul, que es la menos conseguida de la banda (ni siquiera la dirige Wright) pero también una cinta muy divertida.

Bienvenidos al fin del mundo es un relato sobre las amistades y las limitaciones personales. Incluso cuando el brutal e inesperado giro cambia por completo el género (no digo nada más, hay que verla sin conocerlo y dejarse sorprender), el objetivo sigue siendo el viaje interior de los protagonistas. Este análisis es brillante, muy inteligente: es profundo de forma sutil pero nunca farragoso, sino humano y emotivo. Los amigos separados por las vueltas de la vida, las discusiones absurdas, la gente incapaz de madurar y la existencia estancada en trabajos aburridos son los puntos de partida de una aventura que representa vidas que podrían ser la tuya o la mía. Yo en concreto me he sentido identificadísimo con la pandilla, viendo amigos reflejados en algunos de los personajes y semblanzas en varias situaciones.

Este ensayo está sumergido en una comedia fresca y original como prácticamente ninguna otra en los últimos años, sin un solo cliché ni vicio que señalar. Hablaba de inteligencia, pero es que si te paras a pensar en la complejidad y capas de guion y lo ameno que resulta a pesar de ello, es que es para destacar entre los mejores de año. Cada escena es una auténtica genialidad llena de chistes en cada frase, gesto y situación, y todo ello sirve también para definir a los personajes y sus relaciones. Lo fórmula tiene un equilibrio perfecto incluso en los momentos más locos y absurdos.

Con la vibrante dirección de Wright se termina de conseguir un relato veloz, intenso y descarrachante. Desgrana la historia a toda leche pero sin parecer apresurada ni dejar atrás a los personajes, pero destaca sobre todo cuando la surrealista acción da comienzo. Ya sabíamos por Hot Fuzz lo hábil que puede ser tras la cámara y lo bien que usa el montaje, pero aquí está pletórico. Las peleas a tortas son exageradas y excesivas pero las controla milimétricamente, resultando tanto espectaculares como únicas en estilo. Y finalmente un reparto muy inspirado termina de redondear a los encantadores protagonistas: Simon Pegg, Nick Frost, Martin Freeman, Paddy Considine y Eddie Marsan están estupendos.

Por cierto, llegó más o menos a la vez otra comedia gamberra sobre el fin del mundo realizada por la pandilla más o menos equivalente en Hollywood, la encabezada por Seth Rogen y James Franco. Pero Juerga hasta el fin (This Is the End) pone de manifiesto las diferencias de nivel entre continentes: era simpática, pero bastante limitada y algo tontorrona.