El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: Paul W. S. Anderson.

Horizonte final


Event Horizon, 1997, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, terror, gore.
Duración: 96 min.
Dirección: Paul W. S. Anderson.
Guion: Philip Eisner.
Actores: Laurence Fishburne, Sam Neill, Joely Richardson, Sean Pertwee, Jason Isaacs, Kathleen Quinlan, Jack Noseworthy, Richard T. Jones.
Música: Michael Kamen, Orbital.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual de calidad, con decorados espectaculares, maquetas impresionantes y una fotografía y dirección que los exprime muy bien. Es bastante entretenida.
Lo peor: El guion es ridículo, resultando una cinta de cine cutre, tan mala que te ríes de ella. Además, no es nada original, bebe con descaro de clásicos del género.
EL título: El correcto sería Horizonte de sucesos. Viene a ser el límite entre el agujero negro y el espacio normal, justo donde ya nada puede escapar a él, ni la luz. En España el traductor decidió pasar de la referencia científica que define todo el argumento e inventarse una traducción sin sentido claro.

* * * * * * * * *

Mortal Kombat (1995) fue un éxito, así que a su director Paul W. S. Anderson le llovieron ofertas para continuar esa serie y empezar otra, nada más y nada menos que X-Men. Pero él aprovechó el tirón para buscar algo que le gustaba más, el cine de terror y gore, y no tardó en recibir una propuesta acorde. Un guion de Philip Eisner para Paramount Pictures sobre una criatura que atacaba una nave espacial lo atrajo, pero a cambio de reescribirlo para alejarlo un poco de la fórmula Alien (Ridley Scott, 1979) y combinarlo con elementos de casas encantadas, en plan La casa encantada (Robert Wise, 1963) y El resplandor (Stanley Kubrick, 1980). En lo visual incluyó también referencias obvias a 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968).

El rodaje fue relativamente bien (aparte de problemas habituales como las prisas), pero el montaje no tanto. En los pases de prueba el público se quejaba de su longitud y sobre todo salía asqueado de la orgía gore que había parido Anderson, y el estudio se acojonó y acabó recortando más de media hora, en especial de escenas sangrientas.

En EE.UU. hizo unos escasos 26 millones de dólares contra 60 de presupuesto, pero no hay datos de la recaudación en la taquilla mundial, aunque yo recuerdo que en España llegó a mi pueblo de mala muerte, así que no conseguiría una mala distribución. Sin embargo, tuvo un buen boca a boca y en dvd debió de vender muy bien, tanto que le dieron el visto bueno a una versión extendida. Pero resulta que el material original se había estropeado, y tras una búsqueda por todo el mundo no pudieron encontrar copias decentes, y la idea quedó en suspenso.

Horizonte final oscila entre la serie b y el cine cutre. Entra en la primera categoría porque es una obra de género sin gran ambición pero que destaca por algunos elementos, en concreto un acabado visual muy potente. En la segunda, porque de estúpida y cutre resulta hilarante. Así pues, es un título solo apto para adeptos al terror y la ciencia-ficción descerebrada, y da la casualidad de que somos muchos, así que a pesar de su escasa calidad no termina de pasar al olvido.

Aunque desde las primeras escenas canta a Alien a distancia, o quizá gracias a ello, ya que nos introduce en terreno conocido, la proyección llama la atención. Un viaje a lo desconocido y el hombre contra sus peores pesadillas son premisas básicas de ambos géneros, pero parecen sentar unas bases lo suficientemente sólidas como para que su falta de originalidad y algunos diálogos explicativos un poco tontorrones no echen a perder las buenas sensaciones. La llegada a la nave perdida, ahora con Aliens en mente en muchos momentos, es también muy sugerente…

Pero también se hace evidente que aporta tan poco de su cosecha, o más bien nada, que el notable acabado visual es lo que sostiene el relato. Las maquetas de las naves son de primera calidad, el diseño muy característico, la construcción detallada. Los interiores, aunque la inspiración en H. G. Giger y por extensión en la saga Alien sea descarada, resultan entre asombrosos y espeluznantes. La iluminación es magnífica en un género exigente: el ambiente es tétrico sin pecar de oscuro. Y Paul Anderson nos pasea por estos escenarios con un ritmo estable y un tono de suspense que sin duda haría de la proyección algo tenso e inquietante si el guion estuviera a la altura, pero aquí sólo vale para disimular durante un tiempo sus carencias. El aspecto sonoro es otro cantar: la banda sonora de Michael Kamen y el grupo de música electrónica Orbital es histriónica, y los sustos sonoros tan forzados y subidos de tono que tuve que poner un limitador a los picos del volumen en el reproductor.

Una vez dentro de la Event Horizon los débiles pilares que sostienen la propuesta se vienen abajo y entramos en una espiral de gilipolleces interminables. Agujeros de guion, situaciones sin pies ni cabeza, clichés cansinos, diálogos muy pobres, personajes que pierden definición y pasan a formar parte de la típica lista de morir de uno en uno, se acumulan en una cinta informe, sin dirección clara, incapaz de ofrecer secuencias con lógica suficiente como para que te intereses por lo que está ocurriendo o tan siquiera lo entiendas. Ante este panorama sólo queda disfrutar del buen hacer del director en secuencias y filigranas visuales varias (como el clímax del tripulante que pretende suicidarse saltando al espacio) y los momentos gore en el lado del suspense, y reírte con las situaciones estúpidas en el lado del humor involuntario.

Resulta que los profesionales en rescate abordan una nave varada donde se sospecha que algo horrible ha sucedido y lo primero que hacen es separarse, y además eligen destinos al revés de sus rangos y especialidades: ¡el capitán va a la enfermería y la doctora al puente de mando! Alguna vez los personajes están hablando en un lugar y de repente aparecen en otro siguiendo la misma conversación como si nada. En estos dos casos se le puede echar culpas también al director, porque si ves que el guion tiene un aguejo enorme, arréglalo. En Houston pasan mil filtros y análisis a la grabación y nadie se da cuenta de que es latín, tiene que hacerlo un psiquiatra de poca monta, quien recuerda cuarenta años después una asignatura opcional del instituto o la universidad. Las bombonas de oxígeno de reserva están en la sala de la puerta dimensional, esa que un rato antes dicen que pusieron bien apartada y aislada por seguridad. En el acabado también tiene algunas cosas que chocan con un trabajo por lo general tan logrado: usan radios antiguas e incluso CDs, resultando un futuro muy anacrónico; cuando se abre la puerta o agujero negro vemos un efecto digital igualito al de la puerta de Stargate (Roland Emmerich, 1994), pero mucho peor hecho, parece que se gastaron todo el dinero en los decorados y maquetas. Y sólo cito de memoria, podría hacerse una lista interminable de detalles entre mosqueantes y ridículos.

Pero lo más grave es que no hay personajes con los que conectar, a pesar de contar con un buen reparto, y el misterio central resulta ser un sin dios, las pocas promesas se diluyen en cuanto entramos en el juego de quién morirá. El doctor Weir (Sam Neill) pasa de ser un tipo interesante e intrigante, sobre todo porque parece ocultar información, a una especie de posesión indeterminada que se dedica a matar sin que se entienda qué lo lleva a ello; es más, ¿por qué tiene visiones al principio si no ha estado en el experimento? El serio y también prometedor capitán (Laurence Fishburne) acaba deambulando por todas lados haciendo muchas cosas pero nada concreto y con algo de proyección de cara al futuro, esto es, no lo llevan por una aventura que genere suspense por su porvenir y el de sus compañeros. La segunda al mando (Joely Richardson) está desaparecida en casi todo el segundo acto no sé sabe por qué. Del resto sólo te acuerdas de quiénes son algunos cuando aparecen porque están en manos de actores secundarios bastante conocidos (Jason Isaacs, Sean Pertwee), pero en cuanto mueren te olvidas de ellos… de todos menos del negro secundario cómico (Richard T. Jones), tan insoportable que se clava en la memoria como una cancioncilla repetitiva.

La intriga de qué han encontrado al abrir un agujero negro no lleva a nada. No hay una criatura determinada que temer, sino una caótica locura que contagia a todos según le viene bien al guionista. La justificación no podía ser más absurda y decepcionante: una especie de visión del infierno te hace hablar latín y te empuja a mutilar y matar gente, pero no se explica nada con un mínimo de coherencia como para que no parezca una parida enorme. ¿Es que han viajado a un ritual satánico del medievo? Así, la combinación de géneros que pretendía el realizador no llega a integrarse adecuadamente: si no te preguntas por qué la maquinaria de la nave tiene un diseño de cuento de terror, sí te cuestionarás por qué abrir un agujero negro te hace ver el infierno o lo que sea eso, te tortura con visiones chungas y te posee con aviesas intenciones.

Paul W. S. Anderson parece que intentó seguir su carrera con la misma estrategia, alternando un título comercial con uno más personal, y no le ha ido mal, pues Alien Vs. Predator (2004) y Resident Evil (2002) han dado muy buenos resultados de taquilla, tanto que de la última lleva cuatro entregas hasta el momento. La pena es que por ahora no ha conseguido un guion, sea suyo o de otro, más ambicioso e inteligente que permita que su potencial como director llegue más lejos. Ni siquiera Soldier (1998), con algunas ideas potentes, cuajó. El escritor Philip Eisner enlazó Horizonte final con otra aún peor y que por alguna razón misteriosa también vi, Crónicas mutantes (2008), y desde entonces nadie se ha atrevido a comprarle nuevos guiones.

Anuncios

Pompeya


Pompeii, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 105 min.
Dirección: Paul W. S. Anderson.
Guion: Janet Scott Batchler, Lee Batchler, Michael Robert Johnson.
Actores: Kit Harington, Carrie-Anne Moss, Emily Browning, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Jared Harris, Kiefer Sutherland.
Música: Clinton Shorter.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene si pones las expectativas al mínimo.
Lo peor: Compendio superficial y vulgar de tópicos, toda escena se ve venir de antemano.

* * * * * * * * *

Otro producto comercial destinado a la taquilla fácil, donde los productores esperan que una historia básica y unos cuantos efectos especiales bastarán para contentar al espectador nada exigente. El guion es algo secundario. Coge de aquí y de allá todos los tópicos de las películas de aventuras (descarado el inicio a lo Conan) y céntrate en los fuegos artificiales, le dicen al pobre currante. Nada nuevo, nada inesperado. Lo que sí sorprende es que a la mezcla no le peguen ni un repaso, porque darle un poco de énfasis, intensidad, personalidad y originalidad sabemos que no lo van a hacer. En un momento dado un personaje dice “Puede sobrevivir 10 minutos”, como si los romanos tuvieran medidas de tiempo modernas, y nadie se dio cuenta del ridículo fallo.

Como resumen o recopilatorio poco trabajado los topicazos se acumulan hasta resultar una de las películas más previsibles, superficiales, acartonadas y lineales que pueda recordar (en la línea de 47 Ronin). Todo en ella es algo que se ha visto antes de una forma u otra. El héroe silencioso y marginado, el amigo que se convierte en inseparable, el malo de manual que es hijo puta por que sí, la princesa simpática, sus padres atontaos… Las fases de la narración siguen también todos los patrones esperables: se sabe de sobra que los papis morirán trágicamente, el villano querrá para sí a la princesa, el héroe luchará contra enemigos humanos y la naturaleza, etc., etc. Escena a escena también se acumulan clichés cansinos, como que todo el mundo muera mientras el héroe se pasea por las calles sin que nada le caiga encima. Si ni siquiera se esfuerzan por forjar la obligatoria sensación de peligro, ¿cómo esperan que nos impliquemos? Sabemos en todo momento lo que va a suceder, cuándo los buenos sufrirán y cuándo el malo morirá humillado y la pareja se reencontrará aunque sea para morir abrazaditos. Los actores no pueden hacer mucho con personajes tan planos, y a Kit Harington le falta carisma para levantar una figura central de este tipo, ese que sí tiene por ejemplo su compañero Adewale Akinnuoye-Agbaje. Hasta la música es un refrito facilón del género, de hecho, incluso tiene temas de la serie Spartacus para rellenar.

Con cien millones de presupuesto la considero una superproducción de primer orden, pues aunque las más gordas estén rozando los doscientos desde hace pocos años estas son casos aislados y de reembolso asegurado. Pero es un dinero que no luce del todo. Cumple en algunos casos, pues los paisajes, la ciudad y el volcán explotando son bastante efectivos (aunque no tanto como para transmitir realismo completo y dar un espectáculo que impresione), pero en otros falla bastante, pues las pantallas de fondo a veces cantan mucho (las carreras finales por la ciudad en plena destrucción son bastante malas, por ejemplo). La labor de dirección de Paul W.S. Anderson (Horizonte final es lo único restacable de su currículo, una serie b aceptable) resulta normalita sin más, aunque también falla en momentos clave, como la citada persecución final, muy mal resuelta. El vestuario es digno pero arrastra un tópico que me resulta sorprendente dada la cantidad de material histórico disponible: ¿por qué se empeña Hollywood en que los romanos se chiflan por los brazaletes ornamentados hasta el punto de que a veces parece que llevan armaduras de los Caballeros del Zodiaco? Los hombres llevaban los brazos libres siempre.

Por suerte, aunque sea un relato tan desganado que a veces resulta enervante y su calado emocional es mínimo, salvo un par de momentos puntuales (ese cuello de caballo roto casi sin esfuerzo) no cae en lo cutre, en la vergüenza ajena, no llega a ser realmente mala o estúpida. Pero a fin de cuentas es otro título comercial que roza el insulto al espectador por el poco esfuerzo que se ha puesto en su confección, y aunque resulta lo suficientemente simpático y aceptable como para no dar asquito sí deja completamente indiferente, y viendo las críticas para muchos ha resultado tiempo malgastado. Si desconectas se puede ver, ¿pero merece la pena el esfuerzo?

Alien vs. Predator


AVP: Alien vs. Predator, 2004, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 101 min.
Dirección: Paul W. S. Anderson.
Guion: Paul W. S. Anderson.
Actores: Sanaa Lathan, Raoul Bova, Lance Henriksen, Ewen Bremner.
Música: Harald Kloser.

Valoración:
Lo mejor: Las criaturas son espectaculares y la cinta goza de un ritmo activo y entretenido.
Lo peor: El guion es una recopilación de tópicos, los personajes carnaza para los monstruos. Es una vergüenza que el cine caiga tan bajo mancillando dos sagas clásicas con una obra en la que es evidente que no se ha puesto esfuerzo alguno en buscar calidad.
Mejores momentos: Un depredador destrozando alienígenas con el arma de su hombro.

* * * * * * * * *

En su momento renegué completamente de esta producción. El propio hecho de realizarla dejó claro que el interés era puramente comercial, y los tráileres indicaron aún con mayor claridad que su objetivo era la taquilla fácil, el público joven al que se ha acostumbrado a esperar la espectacularidad vacua por encima del arte, de la calidad. Pero la razón de mayor peso a favor de apartarme de ella es la traición que supone contra dos sagas fundamentales del cine. El hecho de que Alien ya fuera alargada innecesariamente con unas tercera y cuarta partes de dudosa calidad no supuso ningún freno a los productores.

Conseguí ignorar su existencia durante un tiempo, pero poco a poco, acrecentándose con la llegada de su secuela (no es broma, pronto habrá una segunda parte), fue picándome el gusanillo: ¿qué clase de bodrio han realizado?, ¿tendrá algo salvable?, ¿funcionará como entretenimiento? Finalmente, la curiosidad alimentó tanto mi vena fanática que me dispuse a ver de nuevo a los dos terroríficos e inimitables monstruos, eso sí, con pleno conocimiento de que me enfrentaba a otro monstruo muy conocido: el Hollywood más comercial.

El resultado ha sido ni más ni menos que el esperado, una obra más cercana a un videojuego que a una película, con un guion construido sobre lo más fácil y seguro posible, o sea, todos los tópicos que se pudieron reunir. Los personajes son jóvenes atractivos inadecuados casi todos a sus roles de expertos en distintas materias. Los diálogos, cortos, directos y en teoría cómicos, generalmente dan risa por lo ridículos que son. Se suceden y amontonan paridas (¿las paredes son de yeso o qué?), y cosas poco lógicas (no resulta creíble que la expedición lleve tanto armamento), las patadas a la Historia son bestiales (una pirámide mezcla culturas maya, egipcia y camboyana, qué descojone) y muchas partes evitan explicaciones porque no hay manera de colarlas (esos alienígenas que se reproducen y alcanzan su tamaño letal en diez minutos)… Sin embargo, a pesar de que todo queda supeditado al espectáculo, es de agradecer que la cinta nunca decae hasta el aburrimiento.

Pero claro, si no se arriesgan en la parte inteligente, ¿por qué van a esforzarse en que las escenas de acción tengan personalidad, sean algo más que tiros, hostias, destroces y ruido? Parece que solo Michael Bay merece la pena en este tipo de cine de acción sin contenido, porque los realizadores de Alien vs. Predator no sacan mucho jugo de esas criaturas tan bien caracterizadas. Hay acción, bastante, pero no llega a impresionar en ningún instante. Vamos, que si vas sin expecativa alguna la película se ve con tanta facilidad como se olvida. Pero si eres un amante de ambas sagas y esperas una obra que las respete y trate de ofrecer un mínimo de calidad aceptable, mejor pasa de largo y finge que no existe.