El Criticón

Opinión de cine y música

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Warcraft


Warcraft, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 113 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Duncan Jones, Charles Leavitt.
Actores: Travis Fimmel, Paula Patton, Ben Foster, Dominic Cooper, Toby Kebbell, Ben Schnetzer, Clancy Brown, Robert Kazinsky.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: Correcto aspecto visual. La sección de los orcos es salvable.
Lo peor: Guion muy pobre: la trama es lo más estulto y predecible que puedas imaginar, los personajes son estereotipos realmente cansinos. El casting y la dirección de actores se han equivocado con la mayoría de los intérpretes.
El tráiler: Visto el tráiler, vista la película, lo cual, por una vez, más que criticar hay que agradecer.

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Me estaba ganando el primer acto, pues la presentación del universo y de los protagonistas tiene ritmo y despierta cierto interés. Pero conforme avanza, la fachada se cae a pedazos. Es otro título hecho a base de estereotipos y tonterías amontonados sin muchas ganas por esforzarse en que al menos destaque en algo o que el conjunto sea lo suficientemente sólido como para no parecer un insulto a la inteligencia del espectador.

La odisea del orco noble por sacar adelante su pueblo y su familia contra las miserias de la vida y las tradiciones obsoletas tenía potencial, más que nada por ofrecer una trama con cierta profundidad, aunque no sea nada original, y unos personajes que presentan un arco dramático al que poder engancharse. Pero con la corte humana cae el velo y se ve el escasísimo alcance e inteligencia del guion. El lío padre-hijo es harto predecible, pero las sandeces del mago y su aprendiz van más allá, provocando vergüenza ajena. El mago orco medio se salva porque las disputas entre las distintas visiones del mundo tienen algo de enjundia, pero con los humanos dan ganas de apartar la mirada. El choque entre las dos razas tampoco logra rascar nada, se atasca, o más bien se hunde, en clichés vulgares y aburridos. Lo que queda es un relato demasiado predecible y con un tono inmaduro y a veces incluso estúpido que llega a resultar bastante cargante.

Otro problema a la hora de conectar con tan limitados personajes es que ni los actores se encuentran cómodos ni el director parece esmerarse en que se adapten a sus roles. Sin directrices que lo guíen, Travis Fimmel simplemente repite el papel del vikingo Ragnar, lo que no pega en un caballero de una corte tipo medieval. Ben Foster (El tren de las 3:10, Pandorum, El único superviviente) es un actorazo, pero si lo conociéramos sólo por este papel pensaríamos lo contrario; está claro que no pudo hacer nada mejor ante esta situación. El rey (Dominic Cooper) es demasiado joven y guaperas. El aprendiz de hechicero (un desconocido Ben Schnetzer) parece sacado de una comedia adolescente de bajo nivel, es realmente patético. La única que cumple es Paula Patton (Misión Imposible: Protocolo fantasma), una intérprete que a mi parecer ha tenido mala suerte en su carrera.

En lo visual no está nada mal, de hecho el trabajo con los orcos es excelente, pero a estas alturas no sorprende, y la verdad es que tanta criatura, rayito y lucecita aumenta la sensación de estar ante una chorrada infantil. Si el director lograra unas batallas épicas podría pasar, pero no hay pasajes que impresionen. Parte de culpa la tiene también la banda sonora de Ramin Djawadi (Juego de tronos), pues es bastante floja, muy machacona.

Antes del estreno había las esperanzas en que un director tan prometedor como Duncan Jones (Moon) ofreciera una película de nivel o al menos un entretenimiento serio. Ahora cabe preguntarse qué demonios ha pasado. Si los productores se pusieron a alterar su obra hasta amenazar con dejarla irreconocible bien podía haber dimitido a tiempo, que suele ser lo más habitual; pero parece haber preferido vender su alma. La otra opción es que realmente buscara un entretenimiento facilón e intrascendente y se pasara de largo.

Ahora bien, vuelvo a lo de siempre: entre esta y El retorno del rey, El hobbit, las últimas de Harry Potter y de Piratas del Caribe y otras tantas de fantasía de relativo éxito no hay mucha diferencia cualitativa e intelectual, pero la han machacado con una contundencia impresionante (al estilo John Carter y El destino de Júpiter) mientras aquellas son tratadas con mimo o incluso alabadas con entusiasmo. No entiendo a la masa de espectadores y creo que nunca lo haré.

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Misión imposible: Protocolo fantasma


Mission: Impossible – Ghost Protocol, 2011, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 133 min.
Dirección: Brad Bird.
Guion: Josh Appelbaum, André Nemec.
Actores: Tom Cruise, Jeremy Renner, Simon Pegg, Paula Patton, Léa Seydoux, Michael Nyqvist.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene bastante.
Lo peor: Le falta coherencia, las cosas ocurren porque sí. El grupo protagonista es menos interesante que el anterior. El thriller se trabaja también menos.
Mejores momentos: La persecución en la tormenta de arena, el clímax en el aparcamiento automatizado.

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Para pasar el rato es una película que cumple de sobras. Es vistosa, posee buen ritmo, y los personajes tienen cierto carisma. No deslumbra en originalidad, de hecho, es bastante predecible, pero está lejos de ser cargante. Conoce sus bazas y limitaciones y las exprime bastante bien: el guion va al grano, la dirección es de buen nivel. Pero también se puede criticar su simpleza, y lanzar la eterna pregunta de por qué se asume que el cine de acción ha de ser tontorrón y directo, y más en una saga que nació siendo densa de narices y con las escenas de acción limitadas a un par de pasajes bien aprovechados, y demostró que esa fórmula podía llegar muy bien al público. En la tercera (la segunda no existe) la premisa era más básica y comercial que en sus inicios, pero al menos el desarrollo de la trama estaba bien trabajado, no se olvidaban de que era un thriller, y el grupo de protagonistas tenía bastante calidad. Pero en este nuevo capítulo en cambio se va disipando la fórmula y notan muchos agujeros.

La aventura avanza a trompicones sin un argumento tangible, el tono de thriller está casi desaparecido, todo se resuelve con cienci-magia (cada vez exageran más los cachivaches) y deducciones muy cogidas por los pelos, y la mayor parte de las escenas de acción parecen metidas a la fuerza. Con este estilo narrativo elegido saltamos de un escenario a otro sin que quede realmente claro por qué, sin que haya una lógica consistente detrás. Sinceramente, no tiene más chicha que un capítulo cualquiera de Alias, y sí muchas escenas usadas en esa serie y en el cine de espías en general. Colarse en las fiestas de rigor y robar algo está muy visto, por ejemplo, y no logran ni la mitad de intriga y tensión que en la secuencia equivalente de la tercera entrega, cuando van a por Davian al Vaticano.

Lo peor es la sensación de que intentan arreglar la simplificación con apaños en vez de reescribir la escena con algo más de calidad, más contenido y esfuerzo por trabajar el thriller. Por ejemplo, llegan a un vagón de tren mágico donde tienen todo lo que pueden necesitar y la tecnología más flipante que les resuelve la situación sin que tengan que esforzarse mucho. Lo único difícil es acceder al vagón, que, oh, se mueve. Es decir, en vez de elaborar una buena trama montan una escena de tensión y acción cutre y luego avanzan en la historia tirándoles las soluciones encima a los personaje. El asalto al Kremlin sigue la misma dinámica (además de estar metido con calzador): un cacharrito imposible (esa absurda mampara) y una explosión final no suplen la falta de esfuerzo en buscar una escena consistente. Esta también se puede comparar con la entrada al Vaticano, y carece de todo lo bueno que tenía: minuciosamente desarrollada, mostrando el trabajo, los problemas, las soluciones improvisadas… y todo con un buen manejo de la intriga. Tampoco me convence la escalada al edificio, que busca descaradamente el espectáculo.

Los personajes también han perdido bastante entidad. La dinámica entre ellos no es tan llamativa (compleja, emotiva) como el anterior capítulo y hay momentos en que abusan de los clichés y de un sentido del humor no está a la altura: no se sabe a qué juegan con Benji, quieren ponerlo de secundario tonto pero sin pasarse, y queda muy irregular. Por no decir que es absurdo cambiar a casi todo el grupo, pero claro, los productores sólo se esfuerzan por conseguir la participación de Tom Cruise. Ethan sigue siendo un personaje central con carácter, pero como se pudo ver en la cinta de J. J. Abrams, con apoyo de mejores secundarios la película gana enteros. Además hacen algo raro con él: parece que tratan de buscarle algo de trasfondo con ese misterio que arrastra el nuevo (Jeremy Renner), pero queda un poco de pegote, porque no llega a tener relación con los hechos que nos narran.

Pero aun con sus achaques cumple de sobras como entretenimiento. El ritmo es bueno porque saltando rápidamente entre situaciones y escenarios consiguen que no dé tiempo a que aparezca la sensación de “esto lo he visto mil veces”, y algunas piezas de acción son bastante espectaculares: la tormenta de arena es clásica pero Brad Bird (Los Increíbles, Ratatouille) le saca gran partido, y la pelea final en el aparcamiento automatizado es de infarto. Pero en cambio con esta fórmula no logran que nada cale: ¿te acuerdas de quién era el villano y qué planes ejecutan los buenos?, ¿te interesa el destino de los pocos secundarios, sufres con ellos? Es decir, se ve y se olvida, y no aguanta muy bien los revisionados. Pero ha sido la más exitosa (¡700 millones de dólares!) y mejor valorada por el público, así que ha garantizado más secuelas que probablemente seguirán simplificando la serie…

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
-> Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)