El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos por Etiqueta: Peter Berg

Día de patriotas


Patriots Day, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense, acción.
Duración: 133 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg.
Actores: Mark Wahlberg, Michelle Monaghan, John Goodman, Kevin Bacon, Rachel Brosnahan, J. K. Simmons, Christopher O’Shea, Jimmy O. Yang, Alex Wolff, Themo Melikidze, Michael Beach.
Música: Trent Reznor, Atticus Ross.

Valoración:
Lo mejor: Excelente en lo audiovisual, correcta en el drama, neutral en los hechos, con tramos tensos y espectaculares.
Lo peor: Por decir algo, quizá había potencial para más.
Mejores momentos: La entrada del FBI. Las discusiones sobre si publicar información en los medios. El tiroteo contra el todoterreno.

* * * * * * * * *

El maratón de Boston es la carrera más antigua y popular de Estados Unidos, y se da todos los años en abril en el festivo Día del Patriota. En 2013 sufrió un atentado que provocó por suerte sólo tres muertos, pues fue bastante aparatoso: dos atacantes con dos ollas con explosivos y metralla dejaron casi trescientos heridos y la cuidad se sumió en el terror durante días hasta que la amenaza fue neutralizada.

Peter Berg por entonces era un guionista y director (y a veces actor) que aparte de la atípica obra de culto Very Bad Things (1998) no daba muy buenas sensaciones. La sombra del reino (2007), Hancock (2008) y Battleship (2012) eran bastante flojas, y las series en que participó también. Pero la cosa ha cambiado desde entonces. Con El único superviviente (2013) y esta Día de patriotas se ha alzado como uno de los referentes de la acción con tintes dramáticos e históricos del momento, mostrando una madurez que bien le podía haber garantizado más reconocimiento y premios de los ha obtenido. Pero su estilo huye de la sensiblería y el ensalzamiento patriótico estándares de los Oscar y Globos de Oro, que sí cumplió por ejempelo una cinta menor pero multipremiada como En tierra hostil (2008).

Hay que recalcar que es todo un logro que Día de patriotas sea tan objetiva y neutral, porque la idea era hacer un homenaje a las víctimas y a la ciudad, y porque Estados Unidos es muy egocéntrico por lo general y esa herida caló hondo en la sociedad, así que cabría esperar un tono más lacrimógeno y a la vez vengativo, y por extensión sesgado. Pero Berg trata de mostrar qué ocurrió, quién lo sufrió y cómo la ciudad sobrepuso a la desgracia sin tomar partido emocional excesivo (sólo encontramos esto en los créditos finales, con las entrevistas a los implicados) ni meterse en berenjenales ideológicos. Así, no entra en la cuestión de cómo nace un terrorista, cómo se les pasó a las agencias de seguridad (uno de ellos estaba en las listas de distintas agencias y gobiernos como más que posible terrorista), de cómo la ciudad estuvo de facto bajo la ley marcial, algo impensable por ejemplo en Detroit con mucho más asesinatos al año, o cuando un supremacista blanco la lía parda, que ocurre muchas más veces de las que hay atentados de radicales islamistas y ni siquiera lo llaman terrorismo.

El único apunte crítico que hay emerge inevitablemente del relato de los hechos. Con tantas agencias trabajando juntas se provoca algún roce y retraso en toma de decisiones, mientras que por el lado contrario los medios hacen su agosto señalando incluso falsos culpables con las prisas. Sin embargo, no se para a ahondar y criticar esa problemática de las excesivas agencias con agendas propias y muchas fallas, que es bien patente desde el 11-S y el Katrina, ni que ningún medio de información pagó por la terrible injusticia de señalar a un ciudadano cualquiera como terrorista sin pruebas tangibles, sólo para vender más. Lo menciona porque ocurrió y pasa a otra cosa.

También es inevitable que haya algo de cursilería (las parejitas y sus frasecitas románticas, el intento de ligar del chino…), porque no hay mucho margen de maniobra al mostrar el día a día de gente corriente sin salirse por la tangente contando cosas más rebuscadas. Pero quizá el propio Berg lo sabía y desarrolla un personaje central ficticio que dirija mejor la historia y conecte mejor con el espectador que esas anécdotas. El personaje es muy sólido, funciona como nexo de toda la historia, centraliza y visibiliza el esfuerzo de la policía local, y Mark Wahlberg está más esforzado que de costumbre… pero aun así se llevó algunas críticas por no ser real; está claro que no llueve al gusto de todos.

El reparto es llamativo, pero con tanto personaje y salto de escenario pocos tienen tiempo para lucirse. Aparte del correcto Wahlberg el que más destaca es un sombrío e imponente Kevin Bacon como agente especial del FBI: con su mirada ya deja claro que está al mando.

Pero el nombre a recordar es Peter Berg, que construye este complejo, caótico y trágico evento como si fuera fácil. El ritmo es ágil en las partes menos intensas, los cambios de escenario no hacen que pierdas el hilo, y sintetiza bien incluso cuando se encuentra ante alguna dificultad importante: hay individuos cruciales en la parte final de los hechos, como el agente encarnado por J. K. Simmons y el estudiante chino en manos de Jimmy O. Yang, pero el realizador los presenta poco a poco sin dar la sensación de que rompen el flujo de acontecimientos.

Para la parte final nos trae un colofón de infarto. El intento de los terroristas de viajar a Nueva York pega un subidón en el factor suspense, y aunque conozcas más o menos el final de los acontecimientos sufres por los implicados y la tensión en el ambiente es palpable. El tiroteo que acaba con la vida de uno es memorable, de lo mejor en acción realista que se ha visto probablemente desde Heat (Michael Mann, 1995), pero cuando el hermano superviviente huye no hay sensación de bajón, sigue manteniendo la expectación.

Atención también al sorprendente y magnífico trabajo con efectos digitales. No se rodó en la calle, sino en un decorado con pantallas verdes que luego fueron sustituidas con ordenador por los bloques de edificios. No me di cuenta hasta que vi por casualidad una fotografía del rodaje.

Día de patriotas se puede disfrutar de varias maneras. Como homenaje, como drama, como thriller, como cinta de acción, y en todos los ámbitos cumple sin problemas cuando no impresiona.

Anuncios

Milla 22


Mile 22, 2018, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 94 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Lea Carpenter, Graham Roland.
Actores: Mark Wahlberg, Lauren Cohan, Iko Uwais, John Malkovich, Ronda Rousey, Sam Medina.
Música: Jeff Russo.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo vertiginoso, tiroteos espectaculares, protagonistas carismáticos.
Lo peor: En escenas pausadas el director abusa del montaje rápido, resultando caóticas. Le faltan villanos de peso. El giro final es bastante fallido.

* * * * * * * * *

Un comando especial se dedica a neutralizar amenazas terroristas en todo el globo. Por un lado, están los mercenarios, curtidos en cualquier escenario bélico, y por el otro, el jefe con los analistas y técnicos controlan las operaciones desde la sombra.

Viendo las últimas obras del realizador Peter Berg, El único superviviente (2013), Marea negra (2016) y Día de patriotas (2016), pensaba que Milla 22 también se basaba en hechos reales, pero no es el caso, aunque sí es muy parecida en argumento, personajes y estilo narrativo. Como en las citadas, intenta mostrar realismo dramático mezclado con acción aparatosa, esforzándose con los personajes más de lo habitual en el cine de acción contemporáneo, otorgándoles conflictos y características destacables, lo cual es muy de agradecer aunque no termine de alcanzar los niveles de grandes del género, como La jungla de cristal (John McTiernan, 1988).

En este caso se puede achacar que por mucho drama y tics que ponga sobre el rol encarnado por Mark Walhberg termina siendo Mark Walhberg, y aunque ofrece bastante simpatía y carisma, es evidente que un actor con mayor registro le vendría mejor; pero claro, es también uno de los productores principales, así que se aseguraría el puesto. Lauren Cohan (The Walking Dead, 2010) me convence más precisamente porque su papel es bueno y te crees su estrés en el trabajo y sus problemas en casa. Los secundarios cumplen con lo justo: escenas de camaradería, peleas y muertes que no dan vergüenza ajena son también poco habituales hoy en día. Donde anda más corta es en los malos, pues no tenemos un enemigo que dé la talla, que suponga un rival digno para los héroes: el líder de los comandos a pie de calle es muy soso, y los misteriosos individuos del avión resultan un pegote artificial.

El reto de los protagonistas no es gran cosa, simplemente avanzar disparando por las calles hasta llegar al destino seguro. No hay mucho más en la función, porque la intriga de política y espionaje es una excusa para justificar el lío, y además acaba en un giro surrealista que le hace perder la poca consistencia que tenía. Pero en su propósito funciona bastante bien porque Berg se centra en exprimir la acción frenética, el terreno donde mejor se mueve.

Con ello se perdonan bastante los excesos, como la cámara en mano a veces demasiado agitada, salvo en un par de instantes que deberían ser más tranquilos pero te marea igual, como la conversación de los dos protagonistas en la azotea. Y con ello se notan menos las carencias, como esos malos que llegan en oleadas cual videojuego. Calles, coches, tiendas, bloques, pasillos, pisos… escenario tras escenario encontramos tiroteos de impresión, carreras para salvar la vida, y alguna situación tensa muy lograda, como la protagonista atrapada en un piso.

La pena es que los guionistas meten con calzador una idea que supone el mayor fallo de la propuesta, y ni Berg ni Walhberg ni otros productores han sabido verlo. Quizá pensando en que el argumento no dejaría huella y no daba para llegar al metraje mínimo (al final se queda en una hora y media, nada común en estos tiempos), intentan estirar como pueden y aportar un giro que cause sensación. Pero la narración paralela del protagonistas patina bastante. La cháchara metida entre medio de la aventura no genera intriga sino reiteración (te cuenta lo que vemos) y salidas tangenciales innecesarias (aporta datos irrelevantes), y al final resulta que está para justificar la revelación forzada que supuestamente cambiará nuestra percepción de todo lo que hemos visto. Pero me temo que es tan rebuscada y tramposa y a la vez tan intrascendente que produce el efecto contrario, hace que acabes con cierto mal gusto una proyección que iba siendo la mar de entretenida.

Aunque Día de patriotas tuvo buena recepción crítica no se transmitió a la taquilla, y esta, que se ha recibido con tibieza, difícilmente podría tener mejor suerte. Al menos en cines, porque son cintas que aguantan muy bien los revisionados en televisión y dvd/bluray. No sé por qué no les dan distribución y publicidad suficientes, pues Berg arrasó con Hanckok (2008) y Walhberg es un rostro conocido, así que ambos tienen tirón de sobras para atraer gente, y más con títulos más que decentes en un género saturado de fantasías y sagas clónicas.

Deepwater Horizon (Marea negra)


Deepwater Horizon, 2016, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 107 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Matthew Michael Carnahan, Matthew Sand.
Actores: Mark Wahlberg, Kurt Russel, John Malkovich, Gina Rodríguez, James DuMont, Kate Hudson, Dylan O’Brien.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo es algo intenso, sin bajones ni en las partes más expositivas.
Lo peor: No termina de arrancar nunca, esperas que llegue algo grande pero acaba sin dejar huella.
El título: La distribuidora le ha puesto Marea negra. Con la afición que suelen mostrar por los títulos en inglés, ¿qué tenían en contra de mantener el nombre de la plataforma? Es pegadizo y fácil. Y desde luego, la marea negra no es la protagonista de la película, sólo se menciona al final en texto en pantalla.

* * * * * * * * *

Tras deslumbrar en su presentación en la pantalla grande con Very Bad Things, Peter Berg no volvió a ofrecer nada tan original y redondo, decantándose por un cine más comercial donde no exprimía su potencial: El tesoro del Amazonas, Hancock, La sombra del reino y Battleship son bastante olvidables. Pero en su siguiente obra personal retornó ese realizador habilidoso y comprometido: El último superviviente. Su guion no es complejo ni profundo, pero es que tampoco se requería, así que cumple de sobras; ni tampoco se veía algo esperable en una obra hollywoodiense sobre el ejército: el patriotismo aparece en su justa medida. Pero en lo visual resultó un ejercicio narrativo impresionante, regalándonos una de acción bélica memorable.

Su siguiente largometraje, Deepwater Horizon, llegaba con unos avances bastante espectaculares. ¿Tendríamos al Berg comercial o al inspirado? Pues me temo que se inclina por lo primero. A pesar de que el argumento amaga con mostrar un drama serio y de grandes pretensiones y calado, tanto el guionista Matthew Michael Carnahan (con el que colaboró también en La sombra del reino) como el propio director parecen empeñados constantemente en limitar sus posibilidades, optando por a una de acción al uso. Me recuerda mucho a United 93: una historia real tratada con demasiada distancia y frialdad, soltando unos pocos datos y acción en fila a toda leche pero sin trabajarse lo más mínimo el espectro emocional ni tampoco el alcance, porque requería una complejidad que no parecen buscar.

Tenemos decenas de personajes en distintos puestos de la plataforma, el barco de los residuos, las agencias de emergencias… Pero sólo unos pocos van más allá de simples elementos de la trama, y no es que se haga un gran trabajo con ellos. El empresario villano, el jefe responsable y el héroe protagonista tienen un dibujo extremadamente superficial, y apenas tenemos secundarios dignos de mención: la mujer del prota, el currante simpático y otros trabajadores con mucha presencia carecen de personalidad, aparecen en muchas escenas pero sin dejar huella alguna. No puedes formar un drama coral sin darle entidad y una historia a cada protagonista. Así, la cinta va avanzando saltando constantemente entre grupos de trabajo, pero sin que llegue a narrar ninguna odisea personal concreta. Llega el accidente, corretean y se salvan o mueren, no hay más. Demasiada anécdota, frase chorra suelta (“He dejado el café”), y poca, o más bien ninguna, concreción y profundidad, y por extensión, muy poca o ninguna conexión emocional. La trama más o menos igual. Parece que iban a poner algo de esfuerzo en explicar cómo funciona la plataforma, pero se limitan a cuatro datos vagos que describen el accidente, sin llegar a transmitir una idea clara del trabajo y el ambiente en general. Por supuesto, en este panorama no esperes un gran retrato del entorno y un análisis crítico de los hechos. Cumplen mostrando un par de escenas del empresario ambicioso contra el jefe prudente, y ya está.

Pero la narrativa es también veloz y algo enérgica, con lo que, aunque no se ahonde en nada al menos te dejas llevar. Y la acción, aunque tarda en aparecer y no destaca especialmente, mantiene un nivel de intensidad constante y Berg no se pierde entre los varios los frentes abiertos, siempre sabes dónde estás y siempre hay algo movidito a lo que atender. Además Mark Walhberg desprende una simpatía contagiosa en todas sus películas, con lo que incluso con su esquemático personaje te engancha.

Así pues, esto no está en la onda de El coloso en llamas, una de catástrofes que combinaba el drama serio con la acción aparatosa logrando un por lo visto inigualable referente para el género. Pero si haces la vista gorda a todo su potencial ignorado queda un entretenimiento sin pretensiones e inofensivo con el que pasar el rato.

El estreno casi se junta con el nuevo proyecto del realizador, Patriots Day (Día de patriotas), que tendría una postproducción mucho más corta. Por los avances, tiene pinta de ser el mismo estilo de película, y esta vez también promete un tono patriota claro.

Collateral


Collateral, 2004, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 120 min.
Dirección: Michael Mann.
Guion: Stuart Beattie.
Actores: Tom Cruise, Jamie Foxx, Jada Pinkett Smith, Mark Ruffalo, Peter Berg, Bruce McGill.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: La relación entre los dos protagonistas y la buena labor de ambos intérpretes. Excelente puesta en escena, buen uso de elementos clásicos del thriller.
Lo peor: Algo lenta, le cuesta bastante arrancar.

* * * * * * * * *

Michael Mann se marca un thriller muy a lo Hitchcock, con un individuo normal metido en un embrollo de tres pares de cojones, giros y cambios de juego estresantes y clímax de acción y misterio varios. Y ciertamente eso implica que no va a sorprender en los puntos clave, pero a cambio maneja muy bien el camino entre medio y se apoya en un pilar que aporta mayor interés a la fórmula: la fantástica dinámica entre los protagonistas. Es imposible no implicarse en la odisea del taxista y sentir fascinación por el asesino, de forma que aunque veas venir algún giro o supongas que habrá final feliz, hasta entonces estás sufriendo de lo lindo.

Su mayor limitación es que le cuesta bastante entrar en materia y en general es algo lenta. Quizá podrían haber metido más aventuras y acción, pero eso implicaría inclinarse por el género de la acción, cuando es evidente que buscaban un thriller basado en el viaje emocional de sus protagonistas. Con un escenario tan reducido, el taxi, y tan pocos personajes centrales, dos, el ritmo difícilmente puede ser trepidante. La presentación de estos funciona porque nos describe individuos muy interesantes, pero no impacta porque la trama tarda mucho en tomar forma.

Hay que remarcar que si con el taxista no hubieran logrado un personaje tan cercano la cinta se hubiera hundido bien rápido. Ahí Jamie Foxx es esencial. El actor capta muy bien la esencia de Max, un ciudadano normal y corriente que se conforma con trabajo fácil que le dé para una vida sencilla, a quien el riesgo le aterra como a muchos otros: está tan apegado a la rutina, tan aferrado a la zona de confort y seguridad, que es incapaz de seguir sus sueños, aunque los desea tanto que incluso miente a su madre para sentirse algo más realizado. Por el contrario el asesino Vincent es despiadado y frío y no conoce límites, ni personales ni morales: su lema es que nada importa, haz lo que quieras sin pensar en el daño y las consecuencias que dejes. Muy bien caracterizado, Tom Cruise transmite acertadamente el tono gélido y peligroso de este implacable ejecutor, logrando una de sus pocas interpretaciones complejas y de calidad (aunque no llega al nivel de Magnolia).

Cuando este asesino muestra su verdadera cara y Max cae en su espiral de violencia el relato adquiere mayor intensidad, introduciéndonos en un juego de supervivencia agobiante. Cada nuevo paso en el viaje del desdichado taxista se va regando la semilla de la inquietud, la relación entre los dos dispares individuos ofrece un duelo interpretativo y de personalidades muy completo, y la magnífica puesta en escena perfila una atmósfera extraña que matiza muy bien el aislamiento y la intriga: la ciudad se difumina, se vuelve fría, oscura y lejana, parece que solo existe el taxi y el ahora.

El clima de tensión creciente sobre el destino de nuestro protagonista llega a puntos cumbres y a inflexiones muy potentes, como el desastre en que acaba la implicación de las fuerzas de la ley en la discoteca o el funesto giro final con la abogada del primer acto, que se esperaba con desazón (porque la trama se presenta de forma que sabes que ocurrirá tarde o temprano, es una pistola de Chéjov descarada) y llega en el peor momento y cuando sabemos de lo que es capaz el villano. Es una sabia elección no tratar de convertir el final en una sorpresa salida de la nada, porque dada la trama era muy difícil lograrlo sin hacer trampas evidentes; de esta forma juegan con la intriga de cuándo y cómo le llegará su turno y cuánto sufrirá Max para resolver la situación.

Solo una pega podría ponerle, y es que una parte resulta un tanto exagerada: desentona en un thriller de corte realista la escena de Max plantando cara al mafioso empleador del asesino. No me ha resultado creíble ninguna de las veces que he visto la película, el fortalecimiento gradual del personaje no necesitaba esa exageración. Por lo demás, el único problema serio de Collateral es la citada falta de ritmo, sobre todo en su primer acto, aunque no es tan grave como para restarle atractivo a un thriller que recupera muy bien la fórmula clásica en una época donde prima la acción directa sin nada detrás.

El único superviviente


Lone Survivor, 2013, EE.UU.
Género: Acción, bélico.
Duración: 121 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg, Marcus Luttrell y Patrick Robinson (novela).
Actores: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch, Eric Bana, Ben Foster, Ali Suliman, Alexander Ludwig, Jerry Ferrara.
Música: Explosions in the Sky, Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Dominio absoluto de la técnica (dirección, fotografía, montaje, sonido…) que ofrece escenas de acción incomparables.
Lo peor: Por las peculiaridades del género y el argumento no es un visionado que deje huella.

* * * * * * * * *

El único superviviente es la consagración de Peter Berg como director después de presentarse de forma muy prometedora con la macabra Very Bad Things y pasar a segundo plano dando muchos tumbos con producciones de escaso nivel. Friday Night Lights era aburrida y su puesta en escena excesiva y malograda, el tono simplón de Hancock y La sombra del reino no parecían señalar hacia el talento y la maduración sino hacia el acomodamiento, y finalmente Battleship, hecha como imitación a lo pobre de Michael Bay, apuntaba realmente bajo. Pero la aquí tratada recupera al realizador arriesgado y hábil que domina la narrativa sin vacilar lo más mínimo, deslumbrando con un aspecto visual realmente difícil de obtener sin la visión y técnica de la que hace gala.

La premisa, basada en hechos reales (en la novela del superviviente), es bastante básica: unos soldados destinados en Afganistán quedan incomunicados al abortar una misión y salen por patas porque una buena tropa de talibanes los persiguen a tiros. Solo uno sobrevivirá, y a duras penas. El guion como es esperable apuesta por lo sencillo y directo. Los personajes se definen tirando de alguna descripción trivial pero lo suficientemente sólida como para darles algo de profundidad, así como a través de los problemas que van surgiendo, donde se muestra bien cómo piensa y actúa cada uno. En este último estilo entra el dilema de si matar o no a los pastores que los descubren, donde discuten sobre las ramificaciones políticas y éticas de las acciones a tomar. Es un momento muy intenso donde se expone bien que en una guerra no siempre se pueden aplicar las normas a rajatabla, y donde se saca buen partido de los personajes, pues hasta entonces tenían cierto carisma pero esa escena los humaniza mucho antes de lanzar el grueso de la acción.

Antes de entrar en materia el ritmo es correcto aunque no haya un contenido especialmente llamativo. Los primeros pasos de la misión enganchan porque vamos conociendo cómo se ejecuta una tarea de ese tipo, y en los momentos de calma chicha se maneja bien la tensión. Pero a partir del punto de inflexión comienza la acción y Berg tiene claro que los pilares del relato son básicamente disparar y tratar de salvarse y por ello se esfuerza por sacarle el máximo partido a la puesta en escena. A partir de entonces la cinta resulta trepidante, sobrecogedora por momentos, pero no se basa en fuegos artificiales, sino que mantiene el foco en el tono bélico documental, resultando tanto espectacular como verosímil en la acción e intensa en el drama que viven los personajes. En todo momento se pueden ubicar los enemigos y los protagonistas, en qué situación se encuentran y qué heridas tiene cada uno: cada golpe, arañazo y balazo se ve con claridad y sabes quién se lo ha llevado. Carreras entre los árboles, caídas por barrancos (las hostias que se pegan te llegan a doler), tiroteos con estrategia, tiroteos a la desesperada… Te sumerges por completo en la odisea del grupo por salir con vida.

La luminosa fotografía con excelente uso de cámara en mano, el impecable montaje y los sobresalientes efectos sonoros (¿cuándo has escuchado silenciadores reales en una película?) son exprimidos por un Peter Berg inspirado, perfeccionista y paciente. ¿Cuánto costaría planificar, rodar y editar cada minuto de metraje? El resultado es excepcional, no se han visto escenas de acción bélica tan impresionantes, nítidas y verosímiles desde Black Hawk derribado (con la que por cierto guarda algunas semejanzas puntuales, como la escena del helicóptero abatido). Lo que se dice fallos o problemas no tiene ninguno, lo único que se puede señalar es que le falta algo para lograr ser una película que deje huella. Algún elemento que la hiciera distintiva dentro del género (tanto acción como bélico), una historia con más épica y pegada, y algo de trascendencia que permitiera recordarla más allá de ser un entretenimiento le hubiera venido bien, pero lo mismo ni lo buscaban, y además era muy difícil con un argumento de este tipo. Esto implica también que resulta un ejemplo notable de lo que debe ser un buen título de acción de ver y olvidar: el guion es sencillo pero no estúpido y visualmente resulta enormemente impactante sin tirar de acción hipertrofiada ni efectos digitales. Menos Transformers y más obras de este tipo, por favor.

Ahora bien, como producción de Hollywood es casi inevitable ver cierto tono patriótico, y no hubiera sorprendido tampoco que fuera un panfleto descarado. Hay algo de sensacionalismo barato, como esas muertes de los protagonistas reincidiendo en su heroicidad más de la cuenta (hasta resultar empalagoso en algún caso), y algo de exaltación patriótica, como eso de que sean los yanquis quienes salven al pueblo del avance talibán cuando en realidad no hubo tal batalla, pero nada llega a extremos que te hagan llevarte las manos a la cabeza. Se hubiera agradecido más neutralidad, pero sabiendo que es el retrato de unos héroes nacionales tampoco cabría esperar otra cosa.

Battleship


Battleship, 2012, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 131 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Jon Hoeber, Erich Hoeber.
Actores: Taylor Kitsch, Alexander Skarsgard, Rihanna, Brooklyn Decker, Liam Neeson.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene, que ya es mucho decir.
Lo peor: Es insultantemente estúpida. No resulta muy espectacular.

* * * * * * * * *

Battleship se puede describir como el enésimo recopilatorio hollywoodiense de porno intelectual para adolescentes yanquis: un poco de niñato en celo que quiere a la chica florero pero el papá se pone en medio hasta que el chico salva el mundo y entonces parece ser más maduro, un poco de vender el ejército o la marina estadounidenses con extra de patriotismo y mucha acción y efectos especiales sin importar la coherencia del guion (penoso que tras caer capitán y primer oficial el mando recaiga en un insignificante oficial de armamento). Así pues, asistimos a las mismas escenas de ligoteo de siempre (idiotas, infantiles, excesivas), al mismo onanismo con lo militar (amar un país violento les excita, parece ser) y a las escenas de acción de rigor aunque no vengan a cuento (no puede faltar la destrucción de ciudades metida con calzador) que hemos visto ya mil veces en numerosos títulos mejores o peores.

Battleship es tan limitada que sólo puede entretener si dejas el cerebro en casa y si te ríes de ella (viendo a un destructor derrapar o el súper rayo de comunicación del satélite no se puede hacer mucho más). Su guion hecho a base de trozos de otras películas, su aspecto de secuela de Transformers, sus personajes tan ridículos, los topicazos por doquier… Sabía que vería una aventura de efectos especiales con escaso contenido, pero joder, da para volver a plantear la cuestión de por qué un entretenimiento sin pretensiones tiene que ir de la mano con mediocridad y estupidez. Porque una cosa es hacer algo del estilo de Armaggedon, claramente conocedora de sus limitaciones y con cierta vena auto paródica, y otra hacer esta Battleship, donde la parodia es involuntaria.

Eso sí, volviendo a la comparativa con la saga Transformers, en una cosa sí gana al despropósito que fue su tercera entrega: su duración no se va de madre, la historia va al grano, con lo que se ve mucho mejor. Lástima sin embargo que no sea ni la mitad de espectacular en sus momentos de acción. Porque sí, después de tanto anuncio y tanto presupuesto Battleship no ofrece escenas de acción que impresionen y mucho menos que se recuerden tras terminar la proyección. Y me pregunto si la forma de dirigir la película, mezclando el estilo de Michael Bay con el de J. J. Abrams (reflejos, cámara en mano) viene impuesta por la productora para aferrarse aún más a líneas de éxito.

Supongo que no hace falta decir que, salvo que el género de chorradas taquilleras veraniegas te divierta, más te vale no acercarte a Battleship.

Very Bad Things


Very Bad Things, 1998, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 100 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Peter Berg.
Actores: Jon Favreau, Leland Orser, Cameron Diaz, Christian Slater, Jeremy Piven, Daniel Stern, Jeanne Tripplehorn.
Música: Stewart Copeland.

Valoración:
Lo mejor: El sentido del humor gamberro y bestia sin límites, la puesta en escena, muy adecuada a las circunstancias, y un reparto muy correcto.
Lo peor: Al ser una cinta tan extraña, gran parte del público no la acepta o entiende.
Mejores momentos: Todos los asesinatos, por supuesto, y la delirante escena final.

* * * * * * * * *

Un grupo de amigos realiza un viaje de despedida de soltero a Las Vegas. En la fiesta el desenfreno predomina, las drogas circulan y las conversaciones fluyen hasta que en un accidente la prostituta muere. Aterrorizados ante las posibilidades de ir a la cárcel y de que se sepa lo que estaban haciendo deciden descuartizarla y enterrarla en el desierto. No es más que el comienzo de una aventura que irá acumulando cadáveres y enfrentando a los otrora amigos, amenazando además con destruir la perfecta boda que sueña la novia.

Very Bad Things es una cinta incomprendida, una de esas obras tan extrañas que pocos son capaces de apreciar en su totalidad y menos aún tienen la decencia de admitir algunas de sus muchas virtudes por encima del rechazo que les provoca tan arriesgada propuesta. Es una comedia negra, gamberra, gore y algo surrealista tan peculiar como efectiva. Cada personaje tiene su propia personalidad y forma de enfrentarse a los problemas. Pero lo mejor es que, obviamente dentro del tono fantasioso del relato, las evoluciones y transiciones de los protagonistas están muy bien trazadas, siempre acordes con su forma de ser. Las muertes truculentas, los diálogos absurdos (atención a los monólogos del personaje de Christian Slater, o a los ataques de pánico del encarnado por Daniel Stern), el ritmo sin descanso y el humor delirante e inagotable conforman una producción sorprendente e impactante que no dejará impasible a ningún espectador: provoca absoluto rechazo o admiración eterna.

El guion y la dirección corren a cargo de Peter Berg, un actor, escritor y director bastante irregular (hace poco me aburrí con Friday Night Lights y La sombra del reino) que firma aquí la que para mí es su única obra realmente destacable. Sus manías de mover la cámara y de añadir filigranas varias sirven por una vez muy bien a la narración, otorgándole un tono irrealista, agobiante o cómico según la situación lo requiera. Un montaje excelente ayuda aún más a darle muy buena forma a la función.

El reparto está compuesto por actores secundarios de nombres poco conocidos pero cuyos rostros se han visto muchas veces, aunque también encontramos alguna estrella menor. Jeremy Piven (para un servidor su papel en la serie Entourage –El séquito- es uno de los más grandes de la historia), Jon Favreau (que ahora os sonará por ser el director de Iron Man), Leland Orser (visto en recientemente en la serie Urgencias), Daniel Stern (el más desconocido de todos) y Christian Slater (el más famoso y a la vez el menos interesante) forman el grupo de amigos, y los papeles femeninos recaen en dos actrices muy distintas: la siempre efectiva Jeanne Tripplehorn (Mystic River) y la irregular Cameron Diaz, que aquí aporta bastante bien el tono de novia desquiciada. El conjunto ofrece un reparto compacto, sólido, donde todos dan rienda suelta a sus venas más histriónicas en la confección de caracteres al borde de la locura.

Very Bad Thing es una de las comedias con las que más me he reído en mi vida, y debo decir que no pierde nada de fuerza con los sucesivos visionados. Es una película única y fascinante pero injustamente olvidada e incluso despreciada.