El Criticón

Opinión de cine y música

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Hércules


Hercules, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 98 min.
Dirección: Brett Ratner.
Guion: Ryan Condal, Evan Spiliotopoulos.
Actores: Dwayne Johnson, John Hurt, Ian McShane, Rufus Sewell, Aksel Hennie, Ingrid Bolsø Berdal, Reece Ritchie, Joseph Fiennes, Peter Mullan, Rebecca Ferguson.
Música: Fernando Velázquez.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, decorados. Batallas espectaculares. Personajes con carisma y buenos diálogos.
Lo peor: Le falta madurez. Se ve potencial para mucho más.

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Hércules ofrece un argumento sencillo donde se dosifica bien entre la aventura, los problemas personales, la intriga palaciega y el giro que lanza el arco final. Goza de buen ritmo y la puesta en escena es vistosa, aprovechando muy bien una notable labor de vestuario, decorados y efectos especiales. No va a sorprender con el cuento de traiciones en la corte, la princesa desvalida, el héroe con pasado que le aflige, los amigos simpáticos… pero todo se desarrolla de forma más que aceptable y gracias al carisma de los protagonistas (y de los actores, no me olvido de señalar el gran repertorio de secundarios de calidad y del buen hacer de La roca en primer plano) el relato se salva de caer en lo rudimentario y promete entretenimiento y espectáculo a raudales. Todos los personajes tienen su estilo y personalidad bien definida y mantienen una estupenda dinámica entre ellos, con una camaradería que canaliza los mejores golpes humorísticos.

Pero me temo que la cinta ve frenado su potencial, y probablemente mucho, porque no es sino un producto prefabricado por la productora de turno, que contrata a un director con poca personalidad y que no se queja de los cambios impuestos ni de que le fuercen un estilo simplificado que en vez de potenciar las virtudes del guion se incline por el sensacionalismo visual y los clichés que esos ejecutivos piensan que están de moda.

Por ello termina resultando irregular, con un estilo indeciso y unos excesos contraproducentes. Lo primero que salta a la vista es esa contradicción: la proyección empieza diciéndote que será una versión realista de la leyenda de Hércules, es decir, se señala repetidamente que no será de fantasía, sino una recreación pseudohistórica, pero aun así ruedan como si de fantasía se tratase, con un Hércules que pega puñetazos que mandan a la gente cinco metros más allá, que es capaz de lanzar carros de una patada y derribar estatuas de toneladas de peso, que va acompañado por una heroína sacada del peor juego de rol (todos los hombres con ropa y sucios, ella medio desnuda y siempre reluciente y depilada) que tira flechas imposibles (cuánto daño ha hecho Legolas; para empezar, la gilipollez de luchar como si el arco fuera un arma de cara a cara), y un tipo que lanza cuchillos teledirigidos, entre otros. Me temo que es fruto de lo que indicaba, es lo que piensan los productores que mola ahora: el estilo comercial moderno que han asentado obras como la saga Piratas del Caribe, es decir, olvidarse de cualquier atisbo de profundidad y verosimilitud a cambio de la acción sensacionalista. Por extensión, a veces resulta un tanto infantil: los enemigos caen como muñecotes inanimados, algo que desvirtúa batallas bastante espectaculares pero que prometían mucho más. De la misma manera el sentido del humor a veces se fuerza más de la cuenta, dando la sensación de que deambula sin control entre la aventura distendida y la comedia absurda.

Aun así, debo decir que el varapalo de críticas que se lleva Brett Ratner, que ha caído en desgracia por cargarse la saga X-Men con su lamentable tercera entrega, es excesivo. Realiza una labor muy profesional, sin fisuras notables en la técnica, llegando a captar bien la épica del relato (espectaculares planos de ejércitos) a pesar de que la dinámica impuesta de acción chorra entorpezca más de la cuenta.

Pongo en la balanza sus virtudes y limitaciones. Por un lado destaca su tono ameno con buen ritmo, buen sentido del humor y personajes de muy buen nivel. Por el otro ve frenado su potencial al simplificarse el guion y potenciarse la narrativa simplona y los fuegos artificiales, dando la impresión de que había la semilla de una buena película y los productores se la han cargado. Como resultado es fácil que unos espectadores se lo pasen bomba y otros se pregunten de qué demonios va. Yo he conseguido conectar con su estilo desvergonzado y su autoconsciencia como aventura ligera sin más objetivo que divertir, que la sitúa por encima de muchas cintas de aventuras comerciales de los últimos años, todas ellas más pretenciosas y ambiciosas, como Pompeya, 47 Ronin, El hobbit, las secuelas de Piratas del Caribe

Por cierto, ha sido uno de esos casos donde dos estudios se pelean por sacar la misma idea adelante. Pero la otra, llamada Hércules, el origen de la leyenda y rodada en el estilo de 300, por las críticas que tiene parece estar cerca del cine cutre.

Caballo de batalla


War Horse, 2011, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 146 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Lee Hall, Richard Curtis, Michael Morpurgo (novela).
Actores: Jeremy Irvine, Peter Mullan, Emily Watson, David Thewlis, Tom Hiddleston, Bennedict Cumberbatch, Celine Buckens.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena. Algunos momentos de gran fuerza.
Lo peor: El forzadísimo tono sensiblero. El ritmo apático de su primer tramo. Su simpleza y previsibilidad a pesar de tanto envoltorio exquisito.
Mejores momentos: Los caballos que llegan con jinetes al frente de ametralladoras… y pasan sin ellos. Soldados de distintos bandos tratando se salvar al caballo en las trincheras.

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Desde los avances se intuía y los primeros minutos de proyección confirman el tono e intenciones que Steven Spielberg quería para War Horse: un sensiblero melodrama familiar centrado en animales, un clásico cuento de superación, separación y reencuentro. Su virtuosismo en la puesta en escena consigue que el viaje sea espectacular a la par que emocionante, y si bien hay momentos capaces de estrujar el corazón y humedecer los ojos, hay otros donde ese tono consigue transmitir todo lo contrario, la sensación de que el estilo se ha forzado en exceso, de que la búsqueda de la lágrima fácil se intenta a través de trampas muy evidentes. Resulta en ocasiones tan enervantemente ñoña, facilona y predecible que por momentos parece un insulto a la experiencia (esto ya lo he visto, esto es una bobada cursi) e inteligencia (tan pasado de rosca que no sé cómo esperas que me lo crea) del espectador. Y es una pena que a veces patine tanto, porque como digo la realización es exquisita y la historia puntualmente posee gran fuerza.

El peor tramo es el inicial. El proceso de unión entre el chaval y el caballo obedece a unos clichés y un estilo tan clásico que resulta viejo y por extensión ingenuo, a lo que se le suma que es tan previsible que no despierta interés y que parece tan decididamente obsesionado con conectar con la fibra sensible del espectador que se ven los trucos muy rápido y provoca más rechazo que emoción. El empresario villano, el padre sobrepasado por la situación, la madre fuerte, el joven entusiasta y esperanzado… Todo resulta tan evidentemente moldeado que casi provoca arcadas. Cuando aparece una oca graciosilla a complementar las escenitas bobas de animales casi dejo la película a medias. Pero menos mal que no lo hice…

Cuando empieza la guerra y el caballo se ve envuelto en ella la cosa cambia bastante. La tontería familiar se deja de lado para seguir al equino en una aventura que muestra la tragedia del conflicto bélico en varios niveles. Se trata la deshumanización de los soldados, donde algunos intentan resistirse encontrando consuelo en el cuidado de estos animales, y se analiza el efecto que la situación causa en el resto de la sociedad (en especial en las clases bajas) y la soledad que trae consigo la muerte y la desolación. De hecho, a veces me parece un relato demasiado intenso y oscuro comparado con el que encontramos al inicio de la proyección: las escenas de guerra son tétricas y hay muchos muertos (incluidas ejecuciones), aunque se evitan mostrar los impactos de bala con diversos juegos visuales (que son virtuosos pero también parecen forzados).

En este viaje hay también muchos momentos claramente destinados a estimular la lágrima y sensibilidad del espectador, pero unos cuantos de ellos resultan muy acertados (los personajes con los que se topa el caballo siempre aportan esperanza dentro del caos, en especial la encantadora pareja del anciano y la niña -imposible no pensar en Heidi, por cierto-), otros resultan gratificantes (por divertidos a la par que bonitos, como los soldados de distintos bandos salvando al caballo en las trincheras), otros se controlan mucho mejor (la reaparición del anciano al final me pareció muy comedida y eficaz) y algunos aunque estén bastante sumergidos en la onda previsible y forzada llegan en el momento justo, y quizá si antes no se hubiera abusado tanto hubieran funcionado mucho mejor (el reencuentro final del chaval con el caballo es digno de culebrón pero difícil de eludir en una narración de este tipo).

El relato tiene un envoltorio técnicamente perfecto y artísticamente sobrecogedor. La ambientación (desde el impecable vestuario a las localizaciones y decorados), el sonido, la música, la fotografía… Steven Spielberg une todo bajo su mando ofreciendo una labor de dirección que derrocha recursos y habilidades en cantidades no mesurables. De hecho, su inmenso aspecto visual es más esperable en una gran epopeya y parece excesivo para una cinta tan sencilla, algo que sin duda disfraza bastante el tono de fábula tontorrona.

Aunque como pasatiempo cumple con creces y algunos puntos fuertes elevan su nota, no me cabe duda de que con un estilo más maduro e inteligente la película podría haber sido de muchísima calidad. Estar destinada para todos los públicos no significa rebajar su nivel hasta casi el retraso mental. Menos tono Disney y más madurez y naturalidad le hubiera venido francamente bien. No puedo evitar citar un ejemplo de lo que sería un perfecto drama familiar: E.T., una de la producciones más recordadas de Spielberg y que sin duda está en la cumbre del género.