El Criticón

Opinión de cine y música

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Looper


Looper, 2012, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Joseph Gordon-Levitt, Bruce Willis, Emily Blunt, Paul Dano, Jeff Daniels, Piper Perabo, Noah Segan.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: Un puñado de ideas geniales y unas cuantas escenas muy potentes.
Lo peor: Ritmo renqueante. Parece haber varias películas en una. Algunos detalles de guion y puesta en escena bajan su nivel medio.

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Alerta de spoilers: Es una película para ver sin saber nada y dejarse sorprender. Pero a la vez me es imposible comentarla bien sin describir detalladamente la trama y algunas sorpresas. —

Looper es uno de esos títulos de ciencia-ficción que los fans esperamos con ansia porque exponen lo obvio: el género permite tantas posibilidades que es una lástima que haya tan pocas películas y menos aún tengan un mínimo de calidad aceptable. ¿Que los viajes en el tiempo están muy vistos? Pues sí si te limitas a los tópicos, porque desde luego el potencial que tienen es enorme. Su autor Rian Johnson lo ha visto, y se ha montado una historia bastante llamativa con varias ramificaciones y detalles muy interesantes.

En un futuro cercano se sabe que un futuro más lejano se inventarán los viajes en el tiempo, y se prohibirán pero algunas mafias seguirán usándolos porque en una sociedad tan controlada la única forma de asesinar sin dejar rastro es enviando a las víctimas al pasado (al futuro donde empieza la película) para que sicarios contratados, llamados loopers, se encarguen de los cuerpos. Estos looper completan su servicio o círculo (loop) cuando tienen que ejecutar a su versión futura, porque una vez llegan a la edad en que se prohíbe su existencia deben ser eliminados. Una vez muerto tu yo viejo te retiras y puedes vivir hasta esa edad de los jugosos ahorros. Pero cuidado si no quieres matar a tu versión anciana, porque las mafias que te pagan son implacables.

En esta situación se verá nuestro protagonista. Su yo del futuro tiene un plan demencial para asegurar su línea temporal. Primero, escapar de sí mismo y de la mafia de esta época. Segundo, dar caza a un temible mafioso que domina en el futuro y está acabando con todo el sistema de loopers y ha destruido su idilio justo cuando encontró algo que hacer con su vida. En plan Terminator tratará de dar con él cuando es todavía un niño.

El problema es que parece juntar varias películas en una, con los consecuentes problemas de definición y ritmo y la sensación de confusión que transmite cambiar el estilo a mitad de camino. Primero tenemos la exposición del universo, paralela a la presentación del protagonista. Es un segmento estupendo, muy fluido y donde todo se entiende sin problemas y resulta muy atractivo. Cuando llega la versión futura promete cambiar hacia una caza en plan película de acción, pero de repente pierde fuelle. El esperado cambio en la vida del protagonista, que de adinerado yendo de fiesta en fiesta se convierte en un yonki a la fuga, se desvanece en un romance no malo pero sí previsible y un tono que se inclina hacia la acción simplona. Los mafiosos para los que trabaja, que en esta situación se convierten en enemigos, son personajes muy flojos (en especial el pistolero estúpido) y toman demasiado protagonismo en detrimento de la propuesta inicial de ciencia-ficción. Y mientras, aunque la aventura del yo futuro da algunos buenos momentos (el drama de ejecutar niños, con buenas sorpresas incluidas), resulta finalmente poco atractiva, su protagonismo queda muy diluido cuando se esperaba más de esta sección. Destaca también el resumen de su trayectoria hasta la edad de viajar al pasado, pero también supone un golpe al ritmo, pues es como un corto metido de por medio.

Y de repente tenemos otro cambio de rumbo, y este es brutal. Si te llega a sacar por completo de la narración no hay más que hacer, la película te parecerá fallida. Si no, aún hay buenas ideas y giros con los que disfrutar. Ya no hablamos solo de viajes en el tiempo y la persecución, ahora tenemos una de superpoderes también. La telequinesis mencionada de pasada al principio cobra protagonismo. No diré más para no desvelar algunas sorpresas interesantes que dan un par de escenas magníficas, pero sí es evidente que esta historia no ha tenido el recorrido e importancia necesarios para que nos interesemos por ella repentinamente, con lo que es como ver otra película empezando cuando llevamos realmente media proyección. Cuando por fin toma forma nos ofrece otro relato muy atractivo, y recalco que tiene instantes geniales, pero también está lastrado por elementos artificiales innecesarios: el enfrentamiento final del yo futuro en la guarida de los malos es insípido (un tiroteo exagerado y mediocre) y para colmo el pistolero tonto sobrevive para seguir molestando en un desenlace donde no pinta nada.

Cabría pensar que una película con varias historias complejas condensadas tendría un ritmo trepidante, pero ocurre lo contrario. Por sus fallos y por no estar desarrollados a fondo, ninguno de los segmentos destaca por ser vibrante y emocionante como las posibilidades del argumento parecían poner en bandeja. La puesta en escena también es irregular. Parece profesional y consistente de primeras, pero a veces le da por intentar deslumbrar, como si quisiera dejar huella porque el género lo exige. Unas pocas escenas algo forzadas contrastan con otras muy bien trabajadas: la huida del piso con planos rebuscados o el citado tiroteo no dan la talla al lado del fantástico resumen de la vida del protagonista en el futuro o de los instantes en que al personaje con poderes se le va la pinza.

En cuanto al reparto, quienes mejores me han parecido son los que menos tiempo están: la chica (Emily Blunt) y su hijo (Pierce Gagnon), en especial este último, dan buenos papeles. Joseph Gordon-Levitt sigue sin convencerme a pesar de su éxito, no cambia mucho el registro aunque su personaje podría dar bastante juego. Bruce Willis cumple sin más en un papel sorprendente en su carrera: es un secundario. Cabe señalar que maquillan Levitt para parecerse a su yo futuro (lentillas y retoque de nariz y labios), pero mi impresión es que resulta más confuso que otra cosa: todo el rato me preguntaba qué le pasaba en la cara, por qué estaba tan raro.

Con este panorama no puedo darle una gran nota a Looper. Quisiera que fuera una gran película, que no tuviera tantos problemas, que sus gloriosas ideas dieran un relato más sólido y genuino, pero no es así. Por ello también tiene posibilidades de convertirse en un título de culto de la ciencia-ficción: muy recomendable por sus elementos destacables pero sin llegar a ser una producción redonda ni especialmente conocida. También es inevitable pensar que semejante premisa se hubiera desarrollado mejor en una miniserie de varias horas.

El guionista y director Rian Johnson ha llamado lo suficiente la atención como autor de ciencia-ficción como para ser incluido en el equipo de las nuevas entregas de La guerra de las galaxias.

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El truco final (El Prestigio)

The Prestige, 2006, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 128 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guion: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, Christopher Priest (novela).
Actores: Hugh Jackman, Christian Bale, Michael Caine, Scarlett Johansson, Piper Perabo, Andy Serkis, David Bowie, Rebecca Hall.
Música: David Julyan.

Valoración:
Lo mejor: Ambientación, actores, y sobre todo la magnífica labor de Christopher Nolan en guion y dirección: el uso de la narración no lineal, el manejo del tiempo, el ritmo que imprime, el partido que saca de los personajes, el interés constante y lleno de grandes momentos y sorpresas…
Lo peor: Que al final se empeñe en explicarlo todo al detalle, quitándole muchísimo interés al eliminar la posibilidad de que salgas del cine lleno de dudas, ideas y ganas de verla otra y otra vez.
Mejores momentos: Angier viendo a la familia de Borden. Borden interrumpiendo la función de Angier. La aparición de Tesla. El gato y los sombreros. Angier introduciéndose en la máquina. Borden intentando sacar a Angier del tanque.
La pregunta: ¿Pero a qué juegan los traductores con los títulos de algunas películas?
La frase:
-Sarah: No más mentiras, no más secretos.
-Borden: Los secretos son mi vida.

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Christopher Nolan es uno de los autores más dotados del momento, un director que, aunque no tiene un sello muy característico más allá de sus siempre perfectos juegos con las líneas temporales, es un artista impecable desde el guion a la dirección, capaz de exprimir al máximo los personajes y de sacar todo el partido posible a la narración. Gracias a él productos menores como Insomnia son altamente entretenidos, cintas como Batman Begins derrochan carisma, y el experimento de Memento dio como resultado una de las películas más destacables, atípicas y difíciles del cine moderno.

Si El Prestigio hubiera estado en manos de autores del montón probablemente se habría quedado en una producción superficial de trucos y engaños, de giros rebuscados y trampas argumentales. Pero el guion que Christopher Nolan ha escrito junto a su hermano basándose en la novela de Christopher Priest (de la que dicen que es muy buena y original, y la película desde luego es buen indicativo de ello) va mucho más allá de un simple y lineal retrato del mundo de los magos, construyendo un magnífico relato sobre el enfrentamiento de dos grandes genios de la magia a lo largo de sus vidas a través de una aventura que profundiza con detallismo en el alma de los protagonistas, reflejando con ellos las virtudes y miserias del ser humano de forma loable: la ambición, la corrupción, el amor, el odio, la ética…

Además tenemos el sublime formato no lineal que le han otorgado el relato, enriqueciendo de manera singular el desarrollo de los acontecimientos y el clima de intriga. Asistimos a una historia llena de misterios y sorpresas notables que el espectador debe ir resolviendo a medida que las distintas líneas narrativas convergen, divergen o danzan entrelazadas mientras forman el espléndido mosaico de personajes enfrentados, ambiciones, espectáculos de ilusionismo, investigaciones… A la hora de dirigir esta trama de notable complejidad estructural Nolan no ha cometido ni un fallo (si exceptuamos el final), ofreciendo una película de ritmo inmejorable, con un sentido del tiempo y del espacio exquisito, genial teniendo en cuenta la dificultad de mostrar la evolución de los personajes junto al suspense de las intrigas de forma coherente y que resulte atractiva e impactante para el espectador: en todo instante se sabe en qué momento y lugar de la vida de cada carácter estamos.

Debo reincidir en que la evolución de caracteres, aparte de modélica destaca porque no se ve perjudicada por la peculiar estructura narrativa. La presentación y maduración de los personajes están expuestas con asombrosa habilidad, siendo especialmente eficaz en los cambios en la moralidad de Angier (genial su gradual caída en la desesperación y la pérdida de la ética), pero a la vez nada descuidada en la constante ambigüedad y decadencia de Borden. No se olvida tampoco de los secundarios que se ven envueltos en el tortuoso enfrentamiento, con el correcto mentor de los magos, el preocupado y amistoso ingeniero Cutter, la delicada esposa Sarah… aunque la ayudante Olivia se presenta algo descuidada, quizá por la falta de carisma en la interpretación de Scarlett Johansson.

Como viene siendo habitual, Nolan se rodea de un reparto de grandes nombres, que salvo la insípida recién mencionada Johansson (hablando claro está de la interpretación, porque la chica es muy bella) no decepcionan, con la ligera excepción de que personalmente el gran Michael Caine, tras el papelón en Batman Begins, aquí no me resulta tan memorable (lo que no significa que no esté perfecto). Christian Bale resulta como siempre una presencia imponente, y su actuación está a la altura de su personaje, el genio oscuro y ambicioso. Hugh Jackman tiene entre manos un carácter en principio más racional y sentimental, pero más adelante desesperado y amoral, y plasma su evolución con todo detalle; mención especial para el momento en que lee las últimas páginas del diario de Borden. Los papeles secundarios, exceptuando a Johansson, recaen en actores menos conocidos, pero están a la altura de las circunstancias, especialmente Rebecca Hall y Piper Perabo, más expresivas que su compatriota famosa, o David Bowie, encarnando con comedimiento a un enigmático Tesla.

La ambientación del siglo XIX es correcta, generalmente limitada a los escenarios cerrados de los teatros, evitando así alardes innecesarios en un relato cuyo fuerte es la forma y el contenido, no el aspecto externo, que de todas formas ni mucho menos ha sido descuidado: vestuario de primer nivel, efectos sonoros y especiales bien empleados y sobre todo un atrezo rico en detalles. Como es habitual en Nolan (al menos hasta sus Batman), la música no es un factor primordial del que ostentar y abusar, sino un complemento sutil puesto al servicio de la narración. Así, la partitura de David Julyan proporciona el suspense y dramatismo necesario, su presencia no llama la atención indebidamente; su audición en disco es pues, aburrida, pero su fusión con las imágenes, perfecta.

Un pero tiene El Prestigio, un pero demasiado grave y que ensucia de forma innecesaria y evitable una producción excepcional y sorprendente. A lo largo del relato Nolan va soltando pistas más que evidentes (demasiado en algunas ocasiones) sobre los misterios principales (los resultados de la máquina o los trucos de Borden) que cualquier espectador que preste algo de atención y disfrute del cine inteligente irá enlazando, o quizá simplemente sospechando, de manera que se van atando cabos y antes de la resolución de la historia es posible desglosar y comprender cada truco narrativo y argumental (que además, en ninguna ocasión defraudan y encajan a la perfección en la historia). Si un espectador no es tan despierto como para enterarse de todo, no importa, no siempre captamos todo a la primera, y así podemos disfrutar de otros visionados. Pero la tendencia del cine (al menos del que viene de Hollywood) desde hace cinco o diez años se inclina por no dejar nada a la inteligencia del espectador, como si fuera una urgencia ineludible expresar cada idea de la forma más simple, dando como resultado que cada vez hay menos producciones que no recurren a lo fácil (tópicos, tanto visuales como argumentales), e incluso cuando alguna producción demuestra algo más de decencia e inteligencia, esta termina estropeándose al explicar todo con detalle antes de finalizar la proyección, dejando sin preguntas e inquietudes al público (hay excepciones, como la saga Matrix).

El Prestigio es una película especialmente inteligente, de las que ofrecen la posibilidad de volver a verla con atención extra y ser analizada desde múltiples ángulos, y por eso mismo resulta molesto que en el final se recurra a la típica escena en la que los dos protagonistas se encuentran cara a cara y desvelan toda respuesta y misterio. Pero resulta aún más doloroso que un director de tanta calidad como Nolan, un autor que demostró con Memento que aún existe el cine que hace que te exprimas las neuronas (incluso con la posibilidad de que no obtengas respuestas claras), caiga tan bajo como para desvelar todo, absolutamente todo, en dicha conversación, añadiendo incluso flashbacks que no dejan resquicio alguno donde usar la imaginación. Me pregunto si ha sido por presión de la productora o por decisión propia, y prefiero inclinarme por la primera opción.

Sin ese final, sin ese estropicio cometido negligentemente en pro de la cada vez más lamentable idea de que el público es idiota, El Prestigio hubiera sido una película inolvidable, pero se queda, que no es poco, en un visionado imprescindible.