El Criticón

Opinión de cine y música

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Coco

 


Coco, 2017, EE.UU.
Género: Animación, drama, comedia.
Duración: 115 min.
Dirección: Lee Unkrich, Adrian Molina
Guion: Lee Unkrich, Adrian Molina, Jason Katz, Matthew Aldrich.
Actores: Anthony González, Gael García Bernal, Bejamin Bratt, Alanna Ubach, Renee Victor, Jaime Camil, Alfonso Arau, Sofía Espinosa.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: El tramo final, con buen ritmo, algunos giros bien logrados y cierta emoción
Lo peor: Premisa muy vista, moraleja también. Sin garra, sin profundidad ni originalidad en gran parte del metraje, incluyendo en lo visual, que no impresiona nada.

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Quizá es porque con el tiempo aparece el inevitable desgaste, o quizá porque la compra por parte de Disney (en 2006) ha dejado huella en Pixar por mucho que digan que ambas empresas están separadas en cuanto a funcionamiento interno y creatividad. El caso es que antes un bajón como Cars (2006) era una excepción, pero ahora se van multiplicando las películas menores, las que claramente se crean como productos de merchandising, y las secuelas, y aunque en estas últimas hayan salido más buenas que malas (Monsters University -2013-, Toy Story 2 -1999- y 3 -2010- y Buscando a Dory -2016- contra las de Cars), en general la sensación es que empiezan a faltar ideas y a primar la obligación de tener un estreno cada año para hacer caja. Sí, cuando se ponen serios paren genialidades únicas, pero desde la adquisición voy a cada nueva película con dudas: ¿será una Pixar genuina (Wall-E -2008-, Up -2009-, Del revés -2015-), una poco inspirada (Los increíbles -2004-, Ratatouille -2007-), o directamente una cursilada Disney (Brave -2012-, El viaje de Arlo -2015-)?

Coco entra de lleno en la última categoría. El hecho de abordar una cultura latinoamericana señalaba una apertura de miras impropia del etnocentrista Estados Unidos. El tema central más aún, pues abordar la pérdida y muerte de familiares anunciaba un título que se mojaría en un tema tabú con la delicadeza e imaginación habitual de la compañía. Y el envoltorio sobre muertos y más allá permitiría dejar volar la imaginación en la recreación visual. Pero no exploran nada de este potencial…

Está claro que la odisea del héroe fuera de su entorno, donde madurará a través de aventuras varias, es un relato primigenio en la cultura humana, pero una cosa es tomar el concepto como punto de partida más o menos inevitable y desde ahí construir una historia con personalidad propia, como las magníficas Buscando a Nemo (2003), Monsters S.A. (2001), o El rey León (1994), por seguir centrándome en la animación, y otra usar este argumento porque se sabe que funciona y no esforzarse nada.

En Coco estamos ante la misma película de siempre. Limitándome a las aproximaciones más recientes, es otra vez ¡Rompe Ralph! (2012), El viaje de Arlo, Brave, Frozen (2013) y Moana (2016). Distintos nombres y lugares, pero la misma premisa, protagonistas muy semejantes y secundarios más aún, un recorrido muy parecido y un subtexto clónico. El chico tiene aptitudes, lo que en su entorno ultraconservador se traduce en que es un inmaduro y un rebelde que traiciona a la familia y a la tradición. Romperá con todo más por mala suerte que por determinación propia, se encontrará en un viaje fantástico, aprenderá (a perseguir sus sueños, a respetar a otros, etc.), y volverá al redil más maduro y provocará algún cambio. Los diálogos son bastante flojos, sin savia ni gracia en la parte más ligera, sin profundidad en la más dramática. Los personajes son poco llamativos, un cliché detrás de otro, incluyendo el protagonista, que es intercambiable con los de los títulos citados y muchos más. Las situaciones resultan poco imaginativas, no hay escenarios que sorprendan. Cada rabieta, cada rebeldía, cada palo que se lleva y los giros en que va creciendo se intuyen de antemano y no logran ofrecer ni una pizca de ingenio que disimule sus poca imaginación.

Además, en lo visual tampoco cumple la más mínima expectativa. Abordar el mundo de los muertos, y más en una cultura tan rica en tradiciones y leyendas, abría un abanico de posibilidades infinitas donde dejar llevar la imaginación a límites nunca vistos… Pero lo que nos ofrecen es una simplona evolución de los pueblos mejicanos engalanados para las fiestas, poniendo casas en vertical y adornos por todas partes. El puente de paso es de lo poco vistoso que hay, pero no asombra nada; y la inclusión de una especie de dragones no se sabe muy bien a qué viene y no aporta nada sustancioso a la trama. Ojo, no exijo que todas las películas ofrezcan mundos únicos e inclasificables como Monsters S.A. o Del revés, pero si tienes un argumento tan sobado y limitado qué menos que cuidar la impronta visual. A pesar del potencial del más allá, toda la acción transcurre en una estación, unos despachos y un escenario de conciertos, nada con imaginación suficiente (hay momentos muy BitelchúsTim Burton, 1988-) como para realzar una historia tan predecible. Tratan de abrumar los sentidos a base de colorido, pero sin un diseño artístico destacable detrás resulta un tanto artificial. Por otro lado, también sorprende para mal que tras tanto anunciarse una película sobre la música, esta despierte tan poca pasión, pues no encontramos una banda sonora, ni canciones, ni numeritos que dejen huella.

Me parecía muy justita incluso como pasatiempo intrascendente, salvándose únicamente porque no cae en la vergüenza ajena de otros muchos engendros comerciales. Desde que entramos en el más allá y quedan claras sus pocas bazas estaba deseando que acabara… Pero inesperadamente el tramo final recuperó bastante mi interés. Los guionistas consiguen un clímax movidito y un par de giros bien trabajados y bastante inteligentes, rompiendo con la monotonía y llevándonos hacia sorpresas muy efectivas (la relación entre los músicos), y además hilando muy bien con la idiosincrasia latina (no solo mejicana) de la estructura familiar y el amor por los culebrones.

Más sorprendente aún es que logran un desenlace bastante emotivo, donde las escenas de reunión familiar aportan una perspectiva algo más progresista, aunque sea tristísimo decir a estas alturas que esto es progresista y no una obviedad: dejar (y apoyar) al niño con sus “extrañas” aficiones en vez de coartar sus libertades en pro de las inmovilistas tradiciones. Tras los conservadores finales de Brave (la aventura no sirve para nada, todo vuelve al statu quo) y Los increíbles (qué penoso ver a los chavales rebajar sus cualidades y expectativas para encajar) y el nulo calado emocional de El viaje de Arlo (una versión lastimera de El rey león), es muy de agradecer esta visión más madura.

Pero esas mejoras llegan tarde y no son suficientes para salvar a Coco del limbo de la intrascendencia. Eso sí, no ha impedido que tenga un recibimiento muy entusiasta por parte de la crítica y el público (¡en Filmaffinity y en IMDb es la más votada de la compañía!), pero creo que el tiempo la pondrá en su lugar, esto es, en el olvido.

Monstruos University


Monsters University, 2013, EE.UU.
Género: Animación, comedia.
Duración: 104 min.
Dirección: Dan Scanlon.
Guion: Daniel Gerson, Robert L. Baird, Dan Scanlon.
Actores: Billy Crystal, John Goodman, Steve Buscemi, Helen Mirren, Nathan Fillion, Aubrey Plaza, John Krasinsky, John Ratzenberger.
Música: Randy Newman.

Valoración:
Lo mejor: Es un sinfín de escenas rebosantes de humor y personajes entrañables.
Lo peor: El argumento de base es muy simple, se espera algo más de originalidad de Pixar.
Mejores momentos: La madre escuchando música heavy.
La frase: ¡No puedo volver a la cárcel!
El título: De verdad que no entiendo por qué traducen sólo la mitad del título.

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Fui al cine con miedo, pues no me gustó nada la clara deriva hacia el Disney menos inspirado y más maniqueo que mostró la insulsa Brave, pero para mi sorpresa he salido muy contento. Es una secuela sencilla pero eficaz, que sabe con qué limitaciones y bazas cuenta, y disimula bien las primeras para que no lastren demasiado el relato mientras explota las segundas con mucha habilidad.

En el primer grupo, en sus limitaciones, destaca la falta de trascendencia y originalidad del argumento. Era difícil aportar algo nuevo después del derroche de originalidad que supuso la primera parte, pues presentó un mundo único y fascinante, pero partir de un punto tan difícil no perdona lo evidente: la trama de esta segunda entrega no corre riesgo alguno, es muy facilona, y además el centrarse en imitar el mundo real le quita la magia que tenía el relato original, donde todo era algo nuevo. Así pues, el tono de comedia juvenil tan básica y trillada donde todos los puntos clave y resoluciones obedecen a demasiados clichés asusta en principio. Este problema se lima un poco porque los personajes son sólidos y carismáticos y su evolución funciona bastante bien, además de mostrar con ella algún buen mensaje para el público joven, pero no esconde del todo la sensación de que la historia es lineal y predecible en todo momento.

Sin embargo, sus puntos fuertes son tan destacables que es fácil dejarse llevar y olvidar la fachada de título menor, de clásica comedia en clave de parodia sobre algún aspecto de la vida real. El ritmo es trepidante y absorbente, no hay lugar para que aparezca el aburrimiento, para que los fallos impidan disfrutar de la aventura. Y lo mejor es que se saca el máximo partido de cada escena gracias a un inspirado sentido del humor y una serie de detalles muy originales (las habilidades de los monstruos y muchos elementos de las pruebas sorprenden constantemente). Sí, las tonterías de las fraternidades, los frikis asociales, los guaperas exitosos y demás temas están muy sobados, pero la parodia de estos elementos es brillante, cada personaje suelta sin parar chistes uno detrás de otro, cada situación derrocha pequeñas genialidades y logradísimas dosis de humor que te dejan a cuadros y riéndote a carcajadas, de hecho en algunas escenas he tenido auténticos ataques de risa incontrolable.

Monsters University no tiene en su conjunto (en detalles sueltos sí) la esencia de Pixar, esa capacidad para narrar historias completamente nuevas, y como secuela de Monstruos S.A. da un giro bastante importante y en principio discutible, pero su capacidad para entretener y sobre todo para hacer reír supera de largo a títulos con los que sería fácilmente comparable, como la saga Shrek. A pesar de las reticencias iniciales la odisea de estos monstruos en la universidad es toda una lección de cómo parodiar argumentos clásicos, resultando una de las comedias con las que más me he reído en muchos, muchos años. Y ni hace falta decir que la calidad de la animación de Pixar va siempre por delante del resto.

Brave


Brave, 2012, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 93 min.
Dirección: Mark Andrews, Brenda Chapman, Steve Purcell.
Guion: Mark Andrews, Brenda Chapman, Steve Purcell, Irene Mecchi.
Actores: Kelly McDonald, Billy Connolly, Emma Thompson, Julie Walters, Robbie Coltrane, Kevin McKidd.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: La calidad de la animación.
Lo peor: Lineal, previsible, aburrida y tontorrona.

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Enorme decepción supone esta Brave que no parece nacida en Pixar, sino de un cruce entre Dreamworks (guion simple y facilón) y el Disney más ñoño y poco inspirado. Aunque podemos citar un par de patinazos anteriores, la insulsa Cars y su secuela, está claro que Brave es resultado de la compra de la compañía por parte del todopoderoso Disney, pues es un proyecto que no cuenta con los guionistas habituales de la factoría de la lámpara. Así pues, recemos para que no se convierta en algo habitual ver títulos menores vendidos bajo el nombre de Pixar.

Brave tiene todo lo malo de Disney y nada de lo bueno, aquello que dio títulos inolvidables como La bella y la bestia y El rey león. Destaca por la simpleza exasperante en la historia y los mensajes maniqueos conservadores que cualquier padre moderno debería rechazar para sus hijos. Vamos, que la película no es sólo pura morralla, sino también moralina cutre de la que destilan en Estados Unidos en grandes cantidades. Merida es la princesa independiente y madura que no quiere aceptar las costumbres arraigadas en su pueblo, porque quiere ser libre y decidir por sí misma. Pero como eso está muy mal, la pobre se meterá en problemas varios que le harán ver la luz: debe someterse a una sociedad que define a la mujer como una esclava del hombre y debe acatar las normas de los padres y ancestros a rajatabla sin progresar lo más mínimo. Entre medio aparecen otras bobadas de las de poner el grito en el cielo, como el cansino discurso de que el desnudo es algo malo, tema que en una película para niños no debería tratarse y para el público adulto ofrece un tono ridículo. No sé si pretendían hacer un chiste con ello, pero a mí ha parecido un patinazo enorme.

Cabría esperar que al menos la proyección ofreciera vitalidad, divertimento, emoción… Pero la trama es tan facilona y predecible que no hay un solo instante que no se vea venir (y hay algunos, como la aparición de la bruja, que parecen un fallido refrito del pasado de Disney), los personajes son completamente planos, el humor roza el esperpento (el 99% de los chistes son basados en tortazos y hostias)… La simpatía que provocaba Merida en el inicio de la proyección se disipa en su vulgar aventura llena de secuencias de lo más monótonas y aburridas que van empeorando conforme avanzan hasta llegar a un desenlace completamente insustancial.

La animación es buena, pero no aporta nada nuevo (no sé a qué viene tanta sorpresa con el pelo de Merida si es algo viejo –Monsters S. A. es de 2001-) y el diseño artístico es muy básico (limitación forzada por el guion: no hay escenarios ni criaturas con las que lucirse). La música, otro elemento importante y destacable en este tipo de producciones, resulta correcta pero no espectacular. Casi lo único destacable son los actores que ponen las voces, todos con un acento y tono que hipnotiza (especialmente maravillosa resulta la voz de Kelly McDonaldBoardwalk Empire o Gosford Park– como Merida, con su delicioso acento escocés)… pero me temo que huelga decir que esto se pierde con el doblaje.

Lo mejor que puedo decir de Brave es que no es horrible como otras tantas películas de animación que inundan la taquilla, pero es muy insustancial y poco entretenida, con lo que su visionado no impacta lo más mínimo. Y volviendo a la inicial comparación con Dreamworks, Brave guarda gran parecido estilístico con una de sus pocas obras destacables, Cómo entrenar a tu dragón, película que sí cumplía sin muchos problemas el cometido de entretener.

Toy Story 3


Toy Story 3, 2010, EE.UU.
Género: Animación, aventuras, drama.
Duración: 103 min.
Dirección: Lee Unkrich.
Guion: Michael Arndt, John Lasseter, Andrew Stanton, Lee Unkrich.
Actores: Tom Hanks, Tim Allen, Joan Cusack, Ned Beatty, Don Rickles, Wallace Shawn, John Ratzenberger, Stelle Harris, Laurie Metcalf, Blake Clark.
Música: Randy Newman.

Valoración:
Lo mejor: Guion, animación, sentido de la aventura.
Lo peor: Tras las dos anteriores, sabe a poco.
Mejores momentos: La caída hacia el fuego.
El plano: El mono vigilante.
La frase: ¿Quién es Andy? -Una niña en el cine al terminar la película (qué risas, joder).

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Toy Story 3 se centra desamparo y el terror de los protagonistas ante un gran cambio en sus vidas: la maduración de su amado dueño y el subsiguiente abandono de los juguetes. Por ello adquiere un tono más melancólico que las otras dos partes, y de hecho hay algunos momentos bastante trágicos, pero tampoco se olvida del sentido del humor y la aventura. Hay también más mensajes moralistas sobre la familia, la amistad, el sobreponerse a los malos momentos, algo vistos pero bien tratados todos, y uno más inesperado, por adulto y oscuro: la lucha contra el orden establecido si hay abusos.

El sentido del humor es bastante eficaz en todas sus formas y no decae en ningún instante. Como en la segunda parte, las referencias al cine son notables, utilizándose mucho el estilo carcelario de cintas como La gran evasión (John Sturges, 1963), aunque también llaman la atención unas pocas pero efectivas salidas de tono un poco absurdas para lo que acostumbra Pixar: Buzz en modo español (convertido en andaluz hortera en la versión doblada) o el desfile de moda de Kent.

Momentos a destacar hay unos cuantos. El que más gratas sensaciones me ha dejado es la aparición de un muñeco de Totoro, el simpático monstruo de la deliciosa película de Hayao Miyazaki (a quien en Pixar tienen en muy alta estima), pero hay otros dignos de recordar: los primeros pasos en la guardería, con la presentación del oso rosa y el ambiente de ensueño transformándose poco a poco en pesadilla, y sobre todo el impresionante y trágico instante de los protagonistas cayendo al fuego, que te deja a punto de gritar y llorar de emoción y es resuelto con la maestría propia de los genios de Pixar. Pero lo más llamativo sin duda es el especial interés que se pone en explicar la personalidad del osito que tiene montada una dictadura en la guardería. Sorprende que en una película para niños el villano no se limite a ser un arquetipo de monstruo porque sí, sino un individuo más que ha caído en desgracia por una determinada situación y que no se ha esforzado lo suficiente para salir de ella, sino que ha optado por imponer su visión del mundo a los demás. Y no acaba ahí, porque también me dejaron a cuadros en la clásica escena donde los protagonistas lo perdonan; no lo explicaré para no destripar una excelente sorpresa. Es la enésima muestra de que Pixar está un paso por delante del Disney clásico en lo que respecta a riesgo, madurez y la idea de que por ser un filme para toda la familia no debe limitarse a arquetipos más o menos huecos.

En general es una aventura muy agradable de ver, notablemente amena y divertida, pero le falta ritmo en su primera mitad y la sensación de que no se aporta nada nuevo y de que muchas cosas se ven venir es constante. Va lanzándose poco a poco hasta llegar a un clímax sublime, pero no ha sido suficiente como para quitarme la idea de que le ha faltado algo de garra, de que no ha tenido la fuerza y originalidad necesaria para resultar inolvidable, de que carece del poder de atracción que transmitían las otras dos entregas gracias la perfección de la que hacían gala. Creo que es un buen final para la saga (más por temática que por calidad), pero es también es una señal de aviso: las secuelas provocan desgaste porque hay que ceñirse a unos parámetros determinados, céntrense en crear nuevas historias por favor. Sin embargo, tienen ya en marcha varias más.

Up


Up, 2009, EE.UU.
Género: Animación, drama, aventuras.
Duración: 96 min.
Dirección: Peter Docter, Bob Peterson.
Guion: Peter Docter, Bob Peterson, Thomas McCarthy.
Actores: Edward Asner, Christopher Plummer, Jordan Nagai, Bob Peterson, Delroy Lindo, Jerome Ranft.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Lo de siempre: guion, animación, imaginación, belleza de las imágenes…
Lo peor: Tiene altibajos y es irregular en estilo (pasa de drama lacrimógeno a comedia absurda en varias ocasiones).
Mejores momentos: El resumen de la vida de la pareja. El perro con la voz estropeada.
La frase: ¡Ardilla!

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De nuevo Pixar ofrece una aventurara familiar completísima, brillante en todos los aspectos posibles. Es enormemente hermosa y divertida, sus personajes son encantadores, el derroche de originalidad y la capacidad de fascinar no conocen límites, y los momentos conmovedores son tantos como los que exponen diversión más sencilla pero igualmente deliciosa. Ideas y momentos sublimes hay muchos: el peculiar caso que atañe al anciano protagonista (inspirado en un caso concreto, pero visto más de una vez en esta perturbada e irrespetuosa sociedad), su idea para el viaje, la aparición del gamusino, la de los perros (tronchante el aparato de hablar estropeado), los chistes que casi te hacen llorar de risa (el grito de “¡Ardilla!”, por ejemplo)… pero entre todos ellos destaca el tramo inicial, que es tan grande que incluso se me antoja excesivo para una obra de carácter tan distendido y destinada a todos los públicos como esta. Es muy realista, directo y duro, y la verdad es que aunque me impactó hasta el punto de humedecerme los ojos ni lo esperaba ni me encaja del todo en este tipo de película.

Ese problema se extiende a toda la cinta: le pesa una gran la sensación de irregularidad en ritmo y estilo. La narración pasa de drama lacrimógeno a comedia absurda, variando la intensidad y también el interés de forma chocante. Queda un poco extraño que en unos momentos parezca una cinta tan seria y en otros se vuelva hacia la animación más infantil, de hecho, la aparición de los perros parlantes y las exageradas escenas de acción han descolocado a más de uno. Otro ligero fallo es que tiene algún apunte un tanto previsible: la reaparición del explorador se ve venir desde muy lejos, y su aspecto de villano clásico es quizá demasiado simplón para lo que nos tienen acostumbrado estos autores. Y por extensión, el tramo final, con la confrontación en la guarida y dirigible del enemigo, tiene ritmo y muchos buenos momentos, pero le falta algo, le falta ese toque distintivo de Pixar, el que te hacer pensar que esto nunca lo he visto y es impresionante.

Como es habitual, hay que agradecer la magnífica labor de todos los implicados en la obtención de esta pequeña maravilla: escritores, directores, música (gran tema central y en general buena partitura de Michael Giacchino) y animadores principalmente. Aunque me pone de los nervios que la gente afirme con demasiada ligereza que cada nueva película de Pixar es la mejor y es perfecta aunque ni por asomo lo sea (hasta de Ratatouille y Los Increíbles se dijo, y son cintas menores), es un entusiasmo del que tampoco puedo quejarme mucho, porque el esfuerzo y el resultado que ofrece Pixar en comparación con cualquier otra compañía de Hollywood (la animación japonesa es otro cantar), en las que todo se hace para buscar fáciles y rápidos beneficios monetarios y por lo tanto se concatenan títulos comerciales de dudosísima calidad uno detrás de otro, es encomiable e inimitable. Valga como ejemplo que la propia Disney se quejó bastante de que el protagonista fuera un vejete, algo que no se puede vender tan bien en muñecos como algún monstruito o robot simpático, y a Pixar se la trajo floja, y el público respondió bien porque esta compañía de genios sabe unir como casi nadie el entretenimiento y la calidad sin ir a lo fácil, sin venderse a la taquilla, manteniéndose fieles a nuestros corazones.

Buscando a Nemo


Finding Nemo, 2003, EE.UU.
Género: Animación, aventuras, drama.
Duración: 100 min.
Dirección: Andrew Stanton, Lee Unkrich.
Guion: Andrew Stanton, Bob Peterson, David Reynolds.
Actores: Albert Brooks, Ellen DeGeneres, Alexander Gould, Willem Dafoe, Brad Garrett, Allison Janney, Austin Pendleton, Stephen Root, Vicki Lewis, Joe Ranft, Geoffrey Rush, Andrew Stanton, Elizabeth Perkins, Bob Peterson.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Guion, animación, imaginación sin límites, personajes adorables, música… Todo.
Lo peor: Nada, excepto que por ser animación se menosprecia y no se le otorga los méritos que merece.
Mejores momentos: Tantos que me es imposible elegir: el prólogo, las medusas, las gaviotas, el relato del viaje de Martin circulando de boca en boca, la escena final…
La frase: Mío, mío .

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Otra maravilla más de la factoría Pixar, otro derroche insólito de imaginación al que se ha dado forma a través de un guion impecable y una animación exquisita. Lástima que al ser del género de animación y más concretamente apta para todos los públicos sólo se considere una cinta familiar, un entretenimiento sin más valor que mantener a los críos ocupados un par de horas. Pues no señores, esto es cine con mayúsculas, como también lo fueron Toy Story 1 y 2, Bichos o Monstruos S.A.. De hecho, estas obras están a años luz del resto del cine actual en cuanto a originalidad y riesgo artístico, y respecto a guiones pocas las igualan o superan.

Buscando a Nemo narra la epopeya de un padre en busca de su hijo desaparecido. La aventura es embriagadora y a ratos fascinante, emotiva, espectacular y divertida a partes iguales. Como es habitual en Pixar asistimos a un desfile asombroso de protagonistas carismáticos y situaciones encantadoras o impactantes. Los autores del libreto (Andrew Stanton, Bob Peterson y David Reynolds) son auténticos genios de la descripción de personajes y la narrativa ágil. El repertorio de protagonistas es memorable, y más teniendo en cuenta que algunos son introducidos bien avanzada la proyección y aun así resultan adorables.

De la animación tampoco puedo escribir otra cosa que halagos. La calidad de las texturas, los avances tecnológicos aplicados con tanta sabiduría, la belleza de las imágenes, los diseños de las criaturas protagonistas (donde juega un papel crucial la expresividad)… En concreto las imágenes del agua son increíbles, se ha alcanzado un realismo total. Otro aspecto primordial es la música, donde a pesar de repetir los mismos esquemas de siempre Thomas Newman consigue sacarnos sonrisas y lágrimas a partes iguales; especialmente destacable es el momentazo en la red de los pescadores, que de deja sin aliento. Hay que agradecer también el gran trabajo de los dobladores españoles, que acertaron de lleno en todas las voces, en especial en casos tan complicados como los niños y la alocada Doris (en inglés Ellen DeGeneres, en castellano una espléndida Anabel Alonso).

Drama, comedia y acción pasan ante nuestros ojos a toda velocidad a través de un hermoso relato que versa sobre el sacrificio, la valentía, la amistad, la familia, los peligros y también la belleza del mundo que nos rodea… Las secuencias inolvidables son tan numerosas que no me queda otra opción que decir lo evidente: la película es maravillosa y perfecta de principio a fin.

Cars


Cars, 2006, EE.UU.
Género: Animación, aventuras.
Duración: 115 min.
Dirección: John Lasseter, Joe Ranft.
Guion: John Lasseter, Joe Ranft, Jorgen Klubien, Dan Fogelman, varios.
Actores: Owen Wilson, Bonnie Hunt, Paul Newman, Larry the Cable Guy, Cheech Marin, Tony Shalhoub.
Música: Randy Newman.

Valoración:
Lo mejor: La animación sigue estando un poco por encima de la media.
Lo peor: Los personajes son arquetipos demasiado evidentes. La historia es también previsible y simplona.

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Cada nueva película de Pixar la recibía con los brazos abiertos y con la seguridad de disfrutar de otra maravillosa obra cinematográfica. Desde Toy Story cada cinta venía siendo gloriosa, y el único problema que podría citarse es que al ser animación siempre son consideradas como simples entretenimientos o como cine de segunda. En mi particular adoración a la empresa nunca había pensado que pudieran defraudarme, pero el tardío visionado de Cars (con las críticas que tuvo siquiera me resultó atractiva para ir al cine) me confirma que hasta los más grandes cometen deslices, porque llegó antes de la compra de Pixar por Disney, así que no podemos echar balones fuera.

Desde los primeros compases hasta el nada sorprendente final Cars navega por unos derroteros demasiado típicos y previsibles tanto en la historia y los protagonistas como en los dilemas o enseñanzas morales. El héroe mimado más proclive a actuar que a pensar y acomodado en las mieles del éxito fácil, la chica inteligente y cautelosa, la vieja gloria, el amigo lelo y simpático… Todos los esquemáticos caracteres son ubicados en aventuras nada originales donde cada conflicto y resolución se ve venir con muchísima antelación. La animación es lo suficientemente sólida como para seguir destacando sobre la competencia, pero no deslumbra en ningún momento, sobre todo porque el diseño de personajes resulta mejorable, aunque es cierto que era dificilísimo dotar de personalidad a los coches.

Pero lo peor de lo peor es la inclusión forzada y fallida de voces de personalidades conocidas en el doblaje español, destacando al insufrible Paco Lobato, el locutor más odiado por los seguidores del deporte del motor. ¿Por qué se antepone en algunos casos como este la política comercial a la artística?

La mala recepción dejó su taquilla algo por debajo de las precedentes, pero seguramente vendiendo cochecitos y peluches se hicieron de oro.