El Criticón

Opinión de cine y música

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Días extraños


Strange Days, 1995, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 145 min.
Dirección: Kathryn Bigelow.
Guion: James Cameron, Jay Cocks.
Actores: Ralph Fiennes, Angela Bassett, Juliette Lewis, Tom Sizemore, Michael Wincott, Vincent D’Onofrio, William Fichtner, Josef Sommer.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: La combinación de cine negro con ciencia-ficción de corte cyberpunk. El tono adulto sin tapujos que explora los vicios del ser humano en un futuro plausible. El enérgico papel de Angela Bassett.
Lo peor: Un poco larga, un poco pagada de sí misma, para que a la hora de la verdad el thriller sea muy clásico y la resolución del complot un tanto rebuscada. El resto del reparto no está a la altura.
La fecha: La fiebre del cambio de milenio al acabar 1999 y entrar el año 2000 fue realmente absurda, porque el milenio empezó el día 1 de 2001.
El gazapo: Se ve claramente el cable que sujeta a un personaje que cae por un balcón.
La frase: Supones que tienes una vida, cuando en realidad traficas con las vidas de otras personas.

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Entre Mentiras arriesgadas (1994) y Titanic (1997) el titán James Cameron se puso a desarrollar una premisa que tenía en mente desde hacía mucho tiempo. Pero no quiso dirigirla, supongo que porque ya estaba inmerso, literalmente, en la recreación del famoso naufragio. Así que fue dejando paso a Kathryn Bigelow, quien fuera su esposa durante menos de tres años a finales de los ochenta. Entre ambos dieron forma a una historia muy del destilo de Cameron. Compleja, realista, con personajes muy humanos aunque la trama esté anclada en un universo de ciencia-ficción. Un tercer colaborador, Jay Cocks, que venía de trabajar con éxito con Martin Scorsese en La edad de la inocencia (1993), adaptó esta premisa al guion final. Bigelow no se llevó crédito como escritora, ni tan siquiera como productora, pero sí se encargó de dirigirla, sin que esté claro cuánto se implicó Cameron durante el rodaje. Tenía ya algunos títulos de acción a cuestas, destacando Lo llaman Bodhi (1991), aunque la fama no le llegó hasta que arrasó en los Oscar con una obra menor pero muy del gusto de la academia, En tierra hostil (2009), y luego con una superior pero tampoco brillante, La noche más oscura (2012). Su mejor cinta por ahora sigue siendo esta Días extraños.

Sin buscarlo, el proyecto llegaba tres años después de los graves líos raciales surgidos en Los Ángeles con el caso Rodney King y se rodó con el juicio de O. J. Simpson en marcha, así que el reflejo social que propone no podía ser más atinado. Corrupción de la policía y de las estrellas, conflicto racial, todo espoleado por la crisis económica, es el ambiente caótico, desesperado y a punto de explotar en el Los Ángeles del fin del milenio que nos presentan. Para evadirse, la nueva droga de moda no es un producto químico, sino una tecnología de realidad virtual que, conectada al cerebro, permite vivir las experiencias grabadas por otros como si fueras ellos. Lenny Nero, un policía venido a menos y expulsado del cuerpo, malvive trapicheando con estos videos, manteniendo una red clientelar según él exquisita. El único objetivo que lo mueve es recuperar a su antigua novia, ahora encaprichada de un agente de artistas que lleva al rapero más famoso del momento.

Como en una buena obra de cine negro, Nero se encontrará sin querer con un complot que le queda grande, jugando con la intriga de si entre toda la confusión conseguirá salir adelante. Me gusta mucho que el protagonista no sea el típico héroe, ya sea porque es presentado así o porque se sobrepone a sus limitaciones iniciales y termina venciendo a los malos (generalmente a tiros), sino que es un pringado obsesionado con sus vicios (ropa pija, clientes, la ex) e incapaz de ver la realidad, y cuando las cosas se joden da tumbos y recibe hostias por todos lados. Sólo consigue empezar a levantarse por la ayuda de sus amigos, otro ex policía, Max Peltier (el mítico secundario Tom Sizemore), la chófer y guardaespaldas Lornette Mason (Angela Bassett), y algún contacto de sus negocios. Esto le da al relato ese toque de realismo propio de Cameron y muy de agradecer en un cine obsesionado con villanos y héroes de cómic.

Los autores se toman las cosas con calma, a sabiendas de que hay que presentar un entorno verosímil y numerosos personajes entrelazados. El primer acto tiene algo del estilo de Paul Verhoeven en Robocop (1987), con información crucial (la historia del rapero) soltada en televisiones y el trasfondo de las escenas. Seguimos a Nero en un día normal, mostrándonos la vida en la ciudad, cómo funciona la tecnología, y conociendo a algunos personajes secundarios relevantes. Es un tramo entretenido, pero puede dar la sensación de que no se termina de concretar nada y quizá alguna parte podría haberse aligerado. Por ejemplo, el viaje con el cliente asiático de Lornette y la pelea de esta con Nero es un relleno innecesario, pues ya había quedado claro la relación entre ambos y ese personaje extra no aporta nada. Eso sí, cuando empieza a torcerse la cosa muchos detalles y otros individuos que han aparecido fugazmente cobran sentido.

Conforme Nero se ve hasta el cuello la también ciudad se degrada. Esa hábil combinación que realza la sensación de desconcierto y peligro además termina siendo crucial, porque el complot amenaza con terminar de hacer saltar todo por los aires. Los protagonistas corren a la desesperada, intentando encontrar alguna respuesta y salida, dando forma a un thriller magnífico que te atrapa y te zarandea tanto como a los personajes.

Pero le falta algo para resultar una obra perfecta. Lo cierto es que termina destacando más por el trasfondo de cyberpunk tan bien trabajado que por la calidad de la intriga criminal. Con el tono de ciencia-ficción y el detallismo en la reconstrucción de los problemas sociales cabe esperar que el noir se aparte también de lo ordinario, pero acaba más o menos como muchas del género. La pareja de policías que representan la corrupción del cuerpo (Vincent D’Onofrio y William Fichtner) no se trabaja tanto como otros personajes, aparecen y desaparecen quizá demasiado a conveniencia de la historia. Cuando enfocan en la fiesta del final a un secundario presentado tiempo atrás, se intuye rápidamente cómo resolverán el caso. El traidor de turno es forzado e inverosímil, lo que puede decepcionar después de tantos aires de grandeza con que han ido narrando el misterio. Ya he citado cierto exceso de metraje. Y también me sobran algunos flashbacks fugaces que aclaran las deducciones de los protagonista, como si tuvieran miedo de que no se entendiera la trama a pesar de apuntar claramente a un público adulto.

Pero no son problemas graves, sino pequeñas limitaciones que frenan un potencial mayor. La única carencia que me parece más destacable es que salvo Angela Bassett, que está espectacular, dura cuando debe serlo y agobiada cuando las cosas se desmadran, el reparto deja bastante que desear. Michael Wincott (Alien Resurrection, 1997) no transmite nada como cabrón desalmado, Sizemore no muestra el buen hacer y carisma de otros muchos papeles (Heat -1995-, por ejemplo), Juliette Lewis como la niñata que va en brazos de quien más la mime cumple en el morbo físico, pero como actriz da más bien lástima. El más importante, Ralph Fiennes, quien dejara muy buenas sensaciones en La lista de Schindler (1993), no convence con un registro muy limitado, es incapaz de mostrar ninguna de las muchas emociones que lo embargan, y si medio funciona es precisamente porque así cumple como panoli.

Bigelow levanta un thriller monumental con aspecto de superproducción a pesar de que el presupuesto fueron unos escasos 40 millones de dólares. Para las escenas del aparato de realidad virtual, con sus planos subjetivos, tuvieron que desarrollar una nueva cámara, pues no había con calidad cinematográfica (35mm) tan pequeñas en esa época. En la parte final se montaron una fiesta de verdad en plena plaza, cobrando entradas para amortizar un poco los gastos, con músicos como Aphex Twin y reservando un hotel entero.

Ese escenario grandilocuente disimula un poco los breves patinazos del guion en el desenlace. La celebración que representa el fin del milenio es espectacular, y la directora saca mucha tensión de las peleas, sobre todo la que ocurre en plena plaza con los policías corruptos. Su pulso enérgico y la buena fotografía sólo se ven empañados por un montaje precipitado en algunos momentos. Quizá quería dar ritmo a una película densa y larga, pero resulta un poco agobiante a veces. La música original tampoco es destacable, pero hay buenas canciones amenizando los ambientes de clubes y fiestas.

A pesar de su calidad, Días extraños fue un fracaso sonado y dejó el limbo la carrera de Bigelow, que tuvo que pasar por televisión (la serie Homicidio -1993-) para poder volver a recuperar la confianza de los estudios… que fueron en parte culpable del poco éxito: no sabían qué tenían entre manos y no le dieron publicidad. Parece otro caso de miedo a la ciencia-ficción, y más si es oscura y adulta, y eso a pesar de la carrera y fama de James Cameron, cuyo nombre encabezando los anuncios sin duda habría llenado las salas.

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¡Ave, César!


Hail, Caesar! , 2016, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 106 min.
Dirección: Ethan Coen, Joel Coen.
Guion: Ethan Coen, Joel Coen.
Actores: Josh Brolin, George Clooney, Alden Ehrenreich, Ralph Fiennes, Channing Tatum, Tilda Swinton, Scarlett Johansson.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Sin pies ni cabeza, aburrida hasta la desesperación.

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Los hermanos Coen son un valor seguro para espectadores exigentes o cinéfilos, me dije. Sus películas siempre tienen grandes dosis de inteligencia y sutilezas y resultan bastante originales. Como mucho pueden ser algo arrítmicas (O Brother!) o incluso aburridas (El hombre que nunca estuvo allí era para mí la más floja, por ser un coñazo), pero hasta las más tontas, como Ladykillers, tenían su ingenio y gracia. Jamás llegué a pensar que se pudieran darse un batacazo como el de ¡Ave, César!

Las intenciones son claras: homenajear el cine clásico. Se toca la fama, la publicidad y el periodismo: el galán maduro, la joven estrella, el periodismo sensacionalista, las historias construidas por los estudios, los escándalos ocultos. Se abordan cómo no los rodajes: directores y actores con sus virtudes y vicios. Se muestra el mundo tras las cámaras, con los productores, directivos y majors. E incluso se toca el tema político, con el delirio comunista que oscureció el negocio durante algunos años.

Pero todos estos aspectos no forman parte de un relato con coherencia y equilibrio. Más que una película resulta de un programa de humor, de esos de números cómicos con escenificación sencilla, tipo teatro, y si acaso unos pocos exteriores. Vaya semanita sería el mejor ejemplo. Saltamos de una escena a otra sin conexión más allá de compartir algún protagonista (Josh Brolin como el productor) y una subtrama que intenta usarse como nexo, la del secuestro de la estrella (George Clooney). Pero no funciona la cosa, porque ninguna de las dos líneas, ni los propios personajes, mantienen interés más allá de algún buen chiste en el primer acto, cuando la presentación todavía no augura el desastre inminente. A la larga su escasa relevancia, enjundia e interés se diluye en el caótico galimatías, con lo que no hay nada que sostenga las dos horas de historias sueltas, anécdotas breves, recesos incomprensibles, salidas por la tangente y momentos metidos con calzador con los que tratan de exponer aquellos temas.

Creo que nunca he visto personajes más desubicados de los de Scarlett Johansson y Channing Tatum. Qué presentaciones más largas y cansinas para luego no exponer ninguna trama llamativa con ellos, y menos alguna fluida y graciosa. La periodista (Tilda Swinton) es intrascendente. El grupo comunista, incomprensible tras toda esa cháchara absurda, y todo para que al final no ocurra nada digno de mención con ellos. El personaje de Clooney parecía protagonista pero no lleva a ninguna parte, y su interpretación resulta algo forzada. El de Alden Ehrenreich, el joven guaperas que todavía debe aprender a actuar, es el único digno, pero también queda como una aventura forzada y mal unida a las demás. El de Brolin es el que más ocupa pero no ofrece una personalidad ni una trayectoria concreta dignas de mención. Y atención a Jonah Hill, que sale en el póster y sólo tiene una breve e insustancial escena.

El sentido del humor es flojo, a veces cutre (el pañuelo en el proyector), y con esa narrativa torpe y embarullada, la poca gracia inicial se difumina hasta no quedar nada en el tramo final, que de aburrido y cargante resulta insoportable. Por ejemplo, secuencias con potencial, como la peleílla entre el director exigente y el actor incompetente, se echan a perder por la negligente forma de estirar y repetir el chiste hasta destrozarlo y agotar la paciencia del espectador. Como resultado, tenemos un bodrio de los espectaculares, un despiporre sin pies ni cabeza que resulta tan inclasificable como exasperante. En la sesión en la que la vi la gente salía bufando y cabreada por el tiempo perdido.

Spectre


Spectre, 2015, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 148 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guion: John Logan, Neal Purvis, Robert Wade, Jez Butterworth.
Actores: Daniel Craig, Léa Seydoux, Christoph Waltz, Ralph Fiennes, Monica Bellucci, Ben Whishaw, Naomie Harris, Dave Bautista, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La fuerza de algunas escenas.
Lo peor: Parece escrita y dirigida con desgana, sobre todo a la hora de editarla: le falta garra, ritmo, y le sobra mucho metraje. Con un nuevo montaje que agilice la narración podría sacarse una película algo superior, y desde luego más entretenida.
Mejores momentos: El plano secuencia inicial. La persecución pausada. La pelea en el tren.
El presupuesto: ¡245 millones de dólares!

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Las expectativas ante la llegada de Spectre estaban por las nubes. Tras el fiasco de Quantum of Solace, Skyfall recuperó el camino al que apuntaba Casino Royale, hacia una saga más seria y compleja y menos enquistada en clichés repetidos en todos los capítulos, y además lo hizo con una puesta en escena muy personal de Sam Mendes que resultó fascinante. Las buenas críticas de esos dos notables episodios y su gran taquilla (sobre todo la de Skyfall: ¡mil cien millones de dólares!) evidenciaban que el público quería más entregas de ese nivel, y cuando Mendes tomó las riendas del proyecto después de muchas negociaciones y opciones descartadas (algunas que daban miedo, como el insulso David Yates) se renovaron las esperanzas y ansias, que además desbordaron cuando se anunció como el capítulo final de la trama seriada que estaban montando. Pero la llegada de Spectre ha decepcionado tanto o casi tanto como Quantum of Solace

Al contrario que en la segunda parte protagonizada por Daniel Craig, que suponía un paso atrás mediante una simplificación excesiva del esquema clásico, aquí sí se ve algo más de ambición… pero me temo que está muy mal encauzada, de forma que los errores consumen la cinta y la alejan de la acción trepidante para llevarla hacia el tedio, mientras que Quantum of Solace pecaría de simplona, pero al menos era más entretenida. El problema es que sus autores quieren abarcarlo todo pero nada lo cogen con determinación y lo dirigen hacia algo concreto y atractivo. Intenta ser compleja y trascendente y abarcar distintos estilos como las dos entregas más aclamadas, y a la vez busca la épica intensa y melancólica propia de un episodio final. Pero también trata de mirar al pasado, recuperando la mítica Spectre y el misterioso Blofeld y su gato, para lo que tira de lugares comunes y homenajes en cantidad. El resultado es una película muy larga y con aparentemente mucho material, pero que carece de ritmo en su narración y de cohesión global. Es decir, lo de capítulo final a lo grande se queda en humo, como episodio en sí carece de garra y personalidad, y los homenajes a la serie superan a las ideas originales.

Después de tanto esperar a Spectre resulta que este grupo archienemigo no es para tanto. El malo grandote (Dave Bautista) es un cero en carisma y su presentación es demasiado rebuscada, y el gran villano no tiene pegada alguna, de forma que ni un buen actor como es Christoph Waltz logra sacarle algo de jugo. Un loco más que quiere dominar el mundo, otra batallita en su aislada base y una explosión salida de la nada que acaba con todo. No hay más, no tenemos un enfrentamiento glorioso y trágico que transmita fuertes emociones, no se construye un personaje que cause temor y sea capaz de asombrar por sus habilidades y planes, algo que sí conseguían con Silva en Skyfall. Y teniendo en cuenta la importancia que le dan, tanto por su relación con James Bond como por los momentos impostados (la presentación a contraluz, la fallida escena de tortura…) que intentan sin éxito darle un aura de magnificencia y misterio que el guion no es capaz, pues resulta una decepción bastante grande.

Y para llegar a esta nada lustrosa cumbre hemos dado mil vueltas, la mayoría intrascendentes o desaprovechadas, algunas innecesarias, y pocas sustanciosas e impactantes.

Los saltos entre escenarios y las pesquisas de Bond van a trompicones y con lentitud a pesar de no ser nada complejas. Hay escenas de todo tipo y casi ninguna termina de funcionar. Hay partes simples que se eternizan, como la estancia en el hotel donde buscan pistas. Por el lado contrario encontramos la acción delirante de lo peor de la etapa Brosnan: la persecución en avioneta es tan salida de madre que casi acaba resultando una comedia de acción cutre, y la pelea inicial en el helicóptero me resulta demasiado repetitiva y larga. Vuelve la cienci-magia: ¿pero qué es lo que hace Q con el anillo, saca huellas, rastros de adn o qué?; y telita la casualidad de que haya pasado por todos los malos conocidos. Hay mil referencias y homenajes que no aportan casi nada, y también se empeñan en recordar los enemigos y amigos de la etapa actual con una insistencia cargante, contribuyendo a la sensación de película atascada en un bucle. Mantienen la idea de aumentar la presencia de M y otros secundarios (Monypeny, Q, Tanner), pero al contrario que en Skyfall aquí no funcionan del todo, porque ocupan mucho tiempo para lo poco que se saca de ellos: en vez de complementar a Bond lo eclipsan.

De la acción sólo destaco la pelea en el tren (muy efectiva en su rudeza), y la persecución que juega más con la intriga que con la velocidad y los golpes: no es del agrado de todos pero a mí me pareció original, con estilo y también tensa sin artificios innecesarios. La fémina de turno es lo que mejor funciona, y eso que también sabe a repetición de la jugada, pues es una suerte de Vesper. Pero sí, la actriz Léa Seydoux es bella y competente, el personaje tiene su encanto y la relación evoluciona francamente bien. Además el final se aleja un poco de lo visto, en un intento de hacer madurar por fin a Bond después de tres películas incidiendo en ello pero sin llegar a ninguna parte.

Lo sorprendente es que los guionistas son los mismos en toda esa etapa. Cómo se puede estar tan acertado en un capítulo y tan cerca del suspenso en otro. El guion parece hecho a trozos y sin esfuerzo por unirlo todo. En cuanto a la puesta en escena, no alcanza al nivel de Casino Royale (sólida y contundente) y Skyfall (elegante y sugerente), pero al menos sí mantiene las formas aceptablemente, y es a mi parecer en lo único que supera a Quantum of Solace. Pero de aceptable a notable hay un salto importante. Mendes mantiene un tono visual correcto y se marca algunas escenas bastante eficaces, como el plano secuencia inicial y la persecución pausada, pero en líneas generales parece haber puesto el esfuerzo en esos momentos puntuales y rodado el resto con el piloto automático. La narración fluye adormilada, sin sacar la energía esperable del resto de escenas de acción ni encontrar el tono de glamour deslumbrante habitual. Una cinta que cambia tanto de escenario, por la que pasan tantos personajes secundarios y que incluye partes intensas cada poco tiempo, no puede tener un ritmo tan manso, aletargado. Pide a gritos un montaje más ágil, que dé ritmo y recorte los segundos innecesarios que parecen tener casi todas las secuencias, y que fulmine algunas enteras que no aportan nada (esa absurda visita al meteorito, por ejemplo).

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
Skyfall (20012)
-> Spectre (2015)

Skyfall


Skyfall, 2012, EE.UU.
Género: Suspense, acción.
Duración: 143 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guion: John Logan, Neal Purvis, Robert Wise.
Actores: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Bérénice Marhole, Albert Finney, Ben Whishaw, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena: dirección, fotografía, música, montaje, sonido… La calidad que el guion otorga a los personajes así como el protagonismo que les da por encima de cualquier escena de acción (alejándose de la acción sin sentido de la era de Pierce Brosnan).
Lo peor: Por decir algo, la trama podría haber sido más compleja.
Mejores momentos: La escena de la grúa. La pelea con el francotirador a contraluz. La casa ardiendo, iluminando la noche.
El gazapo: En la pelea contra el francotirador Bond iba sin guantes para poder usar la pistola dactilar, pero luego aparece con ellos para que el malo pueda resbalarse…

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Lo cierto es que no esperaba nada de James Bond a estas alturas. No soy lo que se dice fan de la saga, sino del género de acción en general, y de hecho siempre le he criticado muchos aspectos: la repetición de un esquema muy manido, lo irreal de muchos capítulos, que se inclinaban demasiado hacia la acción aparatosa (casi de ciencia-ficción) olvidando elementos clásicos de la serie (espionaje, glamour), y la falta de continuidad entre entregas, principalmente. Con Casino Royale hicieron un esfuerzo por encarrilar la saga, y el resultado fue prometedor, aunque a mí no me pareció tan redonda como a casi todo el mundo. Pero desgraciadamente la insustancial Quantum of Solace volvió de nuevo al mal camino, decepcionando a todo el que se había hecho ilusiones.

Por suerte, parece que viendo que la cosa descarrilaba, los productores y guionistas de la serie se han puesto las pilas de nuevo, haciendo que Skyfall sea prácticamente otro reinicio que pone empeño en realzar el personaje de Bond, en rehuir de los tópicos y en mejorar la trama y el villano. Además el director Sam Mendes se tomó en serio la cosa, y con una puesta en escena muy elaborada ha contribuido a la hora de lograr una película que aun siendo Bond no parezca Bond, sino un thriller con una personalidad propia. Eso implica que la crítica se poraliza, al contrario que pasó con Casino Royale, donde el intento de reinicio de calidad no tenía un estilo tan marcado y tuvo mejor recepción. Eso sí, en cuanto a taquilla ha tenido los mejores resultados de la saga, superando los mil millones de dólares.

La historia sigue el esquema clásico de prólogo intenso, receso para ligoteos y presentar al villano, investigación, exposición del plan del villano y confrontación final. Pero se ha escrito trabajando más en profundidad cada elemento, y sobre todo los personajes se han tratado con mucho mimo, más incluso del que se veía en Casino Royale. La humanización de Bond alcanza su cima: nos acercamos más que nunca a su psique, tanto porque viajamos a su pasado como porque la relación con M, casi su madre adoptiva, forma parte de la trama, de manera que sus motivaciones quedan más claras, resultando un personaje más verosímil y permitiendo mayor conexión emocional con él. El villano, Silva, también está más humanizado y mejor justificado de lo habitual: este agente usado y descartado por quienes considerada su familia y que decide tomar venganza, resulta uno de los enemigos más inquietantes, temibles y cercanos a los protagonistas que ha tenido toda la serie, por lo que también resulta más tangible y creíble. Además el inquietante papel de Javier Bardem ofrece una llamativa ambigüedad en varios campos (sexual, de intenciones o planes, de estabilidad psicológica) que refuerza su aura perturbadora. Aquí es inevitable la comparación: en esta línea pero más temible tenía que haber sido el malo de Spectre, pero ni se acerca.

También se potencian los secundarios: reaparecen Q (Ben Whishaw) y Moneypenny (Naomie Harris), M pasa casi a primer plano (Judi Dench) y el ayudante de esta, Tanner (Rory Kinnear) la acompaña bien, y se presenta el nuevo superior, Mallory (Ralph Fiennes). Todos aportan consistencia y dinamismo a la trama, no dejando que Bond sea el superhéroe que hace todo y refozando ese lado humano al tratar con otras personas. Y también prometen continuidad de cara a próximos capítulos. Cabe destacar que, inesperadamente y para bien, no han forzado la vena cómica tontorrona de Q, sino que buscan un personaje más contenido.

Me pregunto cómo terminó Sam Mendes en este proyecto, y cómo pudo imprimir un acabado tan personal a una cinta tan comercial: ¿lo buscaba la productora o tuvo carta blanca y lanzó un órdago? Sea como sea resultó un gran atrevimiento que ha dado sus frutos de forma notable. Jamás se me habría ocurrido pensar que James Bond podría ofrecer una película tan hermosa y cautivadora, capaz de mantener al espectador hipnotizado durante su largo pero bien empleado metraje. Mendes logra convertir una simple pelea a puñetazos en una secuencia memorable (la escena del francotirador, a contraluz, es fascinante) y ofrece tramos donde la impronta visual te deja sin aliento, como por ejemplo el desenlace, donde la iluminación del fuego muestra un paisaje tan bello como sobrecogedor. Y no por ello descuida la esencia Bond: la estancia en el casino y la guarida del villano muestran muy bien el glamour y el exotismo habituales, y la acción intensa la resuelve con el nivel esperable (atención a la espectacular pelea encima del tren).

No cabe duda de que el realizador no podría haber logrado tanto sin esa arrebatadora fotografía de Roger Deakins, cuya labor es una proeza digna de citar entre las mejores fotografías de cine de los últimos años, y sin la brillante banda sonora de Thomas Newman. Este compositor habitualmente asociado a Mendes parecía una elección poco apropiada, más cuando David Arnold había tomado la saga para sí mismo con méritos de sobra, pero lo cierto es que su partitura es sorprendentemente dinámica y rica en sonoridades (los que le conozcan a fondo sabrán de qué hablo: es bastante repetitivo dentro de un estilo propio muy definido) y sobre todo tiene una fuerza y una expresividad que se adapta como anillo al dedo a cada escena. Hay instantes donde la música brilla con luz propia, como la llegada al casino, o la intriga que consigue generar antes del ataque principal de Silva (en la vista de M). Y debo decir que la canción de Adelle está muy bien, cuando este elemento siempre me ha parecido fallido, por innecesario (es mera treta comercial) y por mala calidad (no daba ni una canción buena).

Sólo unas pocas pegas menores se pueden señalar. El previo al lanzamiento del desenlace se ralentiza quizá demasiado: el viaje hacia la casa y los preparativos deberían haberse agilizado un poco. Y no sé si es un agujero de guion o que se me escapa algo que no he podido deducir en las varias veces que he visto la película, pero me pregunto para qué tanto lío con el francotirador si es evidente que los que rodean a la víctima saben lo que va a pasar, es decir, ¿por qué no la ejecutan ellos? También hay otro momento un tanto confuso: Bond tiene una cicatriz del tiro que le pega el malo en el prólogo, de la cual saca trozos de bala para investigar… pero yo en un primer momento pensé que estaba hurgando en el tiro que le pegó su compañera, que por lo visto no dejó cicatriz, con lo que pienso que se podría haber matizado mejor el asunto. Y finalmente tenemos las cansinas gilipolleces sobre informática que se empeñan en poner en el cine: todo resuelve tecleando a toda velocidad y viendo en la pantalla un montón de letras y gráficas sin sentido en movimiento.

Entrada actualizada de la original publicada el 06/03/2013.

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Serie James Bond:
Casino Royale (2006)
Quantum of Solace (2008)
-> Skyfall (20012)
Spectre (2015)

El gran hotel Budapest


The Grand Budapest Hotel, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 99 min.
Dirección: Wes Anderson.
Guion: Wes Anderson, Hugo Guinness, basados en los escritos de Stefan Zweig.
Actores: Ralph Fiennes, F. Murray Abraham, Tony Revolori, Mathieu Amalric, Adrien Brody, Jeff Goldblum, Jude Law, Bill Murray, Saoirse Ronan, Jason Schwartzman.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena: dirección, fotografía, dirección artística. El papel de Ralph Fiennes.
Lo peor: Historias sueltas sin mucha conexión, muchas son poco llamativas y rompen el ritmo.

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El gran hotel Budapest es un clásica aventura con un pie en el realismo mágico y otro en la fantasía, de estas fábulas con encanto y belleza propias de Wes Anderson, aunque recuerda también a una obra cumbre género, Amelie. El tono es el esperable, de cuento imaginativo: personajes curiosos, anécdotas originales, comedia de situaciones enrevesadas y absurdas. Los peculiares habitantes del hotel y la familia de la anciana rica son atractivos, y los dos protagonistas principales, el encargado y el botones, ofrecen una relación encantadora y transmiten gran simpatía; además la interpretación de Ralph Fiennes es vibrante y contagia su entusiasmo. Las aventurillas son variadas y juegan bien con el sentido del asombro, estando llenas de escenarios peculiares y situaciones excitantes.

Sin embargo el equilibrio no es perfecto. Los numerosos secundarios, aunque están bien definidos en un primer vistazo y resultan prometedores, no consiguen pasar de simples anécdotas, no tienen el magnetismo suficiente como para causar mucha impresión. Pero la principal limitación del relato es la falta de un nexo en común realmente llamativo para todas las historias. Sí, está la trama del cuadro, pero no tiene mucha pegada, y los saltos entre distintos capítulos son muy desiguales, alejándose algunos demasiado del hilo principal. Por ejemplo la estancia en la cárcel se alarga mucho, pero es que la fuga llega a ser cansina. Y a cambio el romance con la pastelera queda casi en nada, decepcionando porque prometía más.

Gracias al portento de puesta en escena este desigual guion gana bastante. La virtuosa dirección, apoyada en una fotografía con enorme personalidad (encuadres muy medidos, uso constante de colorido y atrezo para enriquecer el cuadro), otorga una impronta visual rica y sugerente. Pero lo que entra por los ojos no termina de llegar al corazón, pues el envoltorio no lo es todo. Como entretenimiento cumple de sobras, pero no logra emocionar como para dejar huella en la memoria.

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 2


Harry Potter and the Deathly Hallows – Part 2, 2011 EE.UU., Reino Unido.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 130 min.
Dirección: David Yates.
Guion: Steve Kloves, J. K. Rowling (novela).
Actores: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Ralph Fiennes, Helena Bonham Carter, Alan Rickman, Bonnie Wright, Tom Felton, Jason Isaacs, Evanna Lynch, David Thewlis, John Hurt.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Nada digno que recordar.
Lo peor: Que la saga termine sin volver a ofrecer el buen nivel de su tramo central.

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Tras el fatídico bache cualitativo que sufrió la saga con la errónea idea de mantener a David Yates como director y Steve Kloves como guionista, quienes nos han dado unos títulos finales insípidos y aburridos, no cabía esperar un desenlace de mucho mayor nivel, pero sí tenía esperanzas en que al menos en el aspecto de ritmo y entretenimiento ofreciera algo más digno, pues se trata nada más y nada menos que de la batalla final. Pero no, la cinta se mantiene en la misma línea narrativa apática, torpe, indefinida y aburridísima.

El guion es superficial, incapaz de exprimir el potencial cinematográfico que ofrece la novela (personajes interesantes, aventuras dignas de ver en la gran pantalla, y, en este episodio más que nunca, tensión y sorpresas finales bastante decentes –que bueno, la saga literaria tampoco es una obra maestra-) y sobre todo incapaz de edificar con coherencia y dinamismo lo poco que narra. Como viene ocurriendo desde bastante atrás, la historia que se nos cuenta… casi no se nos cuenta. Se reconocen a los personajes muy bien, pero la trama no hay manera de seguirla si no has leído los libros recientemente. Los objetivos de los protagonistas, los diversos eventos y sus efectos colaterales, las resoluciones de conflictos varios, las sorpresas cruciales para asimilar el desenlace… nada se explica con la claridad suficiente como para comprender qué se está viendo. No se expone claramente qué son los horrocruxes y qué las reliquias, ni por qué quieren destruir unos y de qué demonios va lo otro, ni se atisba sentido alguno en el asunto de las varitas… y claro, todo ello confluye en que la derrota de Voldemort no se sabe por qué ocurre. ¿Cómo puedes terminar una trama de dos horas en un clímax que no resulta inteligible? Sumémosle a todo esto los momentos desaprovechados, los personajes secundarios infrautilizados (¿cómo puede ser que no se nos muestre la muerte de algunos caracteres importantes?) y algún tramo verdaderamente incomprensible (¿pero qué demonios es ese cielo-limbo al que va Potter y qué aporta a la historia?) y el resultado es una amalgama sin pies ni cabeza. Ni siquiera el momento Snape, la mejor parte de la novela, ofrece algo digno de recordar.

Pero de nuevo lo peor de todo es lo que iba diciendo de que como entretenimiento, como película de aventuras de gran presupuesto, no luce lo más mínimo, pues visualmente es bastante monótona. Como dije en anteriores entregas, es triste ver como una saga visualmente arrebatadora en los primeros cuatro episodios ha terminado resultando tan fría y simplona. La puesta en escena de Yates es pobre y plana, y el tono tan oscuro no ayuda lo más mínimo. Todos los planos se componen de la misma forma, la proyección carece de ritmo, dinamismo y vitalidad, y no sé si es también por el director, pero el presupuesto no parece haberse aprovechado como debería, con lo que tampoco tenemos la belleza y capacidad de asombrar esperadas. En el clímax en Hogwarts se esperaba algo grande… y lo poco que nos ofrecen se ve de fondo, de refilón, sin sacar partido alguno de la espectacularidad. Ni siquiera los extraños añadidos funcionan, como esa escena absurda en que Voldemort abraza a Harry y salen por ahí volando, otro momento tan incomprensible como cutre.

Larga y descentrada, fría y aburrida, confusa cuando no completamente ininteligible… Resulta un penoso cierre para una saga que llevaba varias entregas agonizando. Sólo queda lamentarse de nuevo de que tras ese pico de calidad alcanzado con Alfonso Cuarón (El prisionero de Azkaban) y Mike Newell (El cáliz de fuego) los productores no supieran buscarse autores que mantuvieran esa energía y entereza, y peor aún, qué triste que no se dieran cuenta con la primera aportación de Yates que este tipo no valía para una saga tan importante.

Saga Harry Potter:
– 1. Harry Potter y la piedra filosofal (2001)
– 2. Harry Potter y la cámara secreta (2002)
– 3. Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004)
– 4. Harry Potter y el cáliz de fuego (2005)
– 5. Harry Potter y la Orden del Fénix (2007)
– 6. Harry Potter y el príncipe mestizo (2009)
– 7.1. Harry Potter y las Reliquias de la muerte – Parte 1 (2010)
-> 7.2. Harry Potter y las Reliquias de la muerte – Parte 2 (2011)
– 1. Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016)
– 2. Animales fantásticos: Los crímenes de Grindewald (2018)

Harry Potter y las Reliquias de la Muerte – Parte 1


Harry Potter and the Deathly Hallows – Part I , 2019, EE.UU., Reino Unido.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 146 min.
Dirección: David Yates.
Guion: Steve Klobes, J. K. Rowling (novela).
Actores: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Ralph Fiennes, Bill Nighty, Helena Bonham Carter, Alan Rickman, Brendan Gleeson, Bonnie Wright, Tom Felton, Jason Isaacs, Evanna Lynch, David Thewlis, Imelda Staunton, John Hurt, Robbie Coltrane, Timothy Spall.
Música: Alexandre Desplat.

Valoración:
Lo mejor: Cri, cri, cri…
Lo peor: Guion, dirección, ritmo, el actor principal, las eternas malas decisiones de los productores…

* * * * * * * * *

La verdad es que no cabía esperar una mejora sustancial teniendo al frente al mismo guionista torpe (Steve Kloves) y al mismo director tan poco dotado (David Yates), pero al menos los mandamases que la producen sí podrían haberse ahorrado el enorme timo que supone la división en dos partes, pues con una sola película se hubiera ido al grano y por cojones, por aglomeración de tramas y acción, el entretenimiento hubiera estado asegurado. Pero tuvieron que exprimir aún más la saga para obtener más y más millones, que hay que renovar la flotilla de aviones privados y Ferraris, y claro, esta primera parte queda como una introducción de dos horas, con todo lo que eso conlleva: casi nada de contenido y un ritmo casi insoportable.

Y en estas condiciones no se puede entender cómo el guionista no se esforzó (o sí lo intentó pero no lo logró) en dar coherencia, vida y densidad a la historia. La cinta ofrece dos horas de nada, tanta nada que seguramente inspiró a Michael Ende, cuando había en las novelas enjundia de sobra de la que sacar material tangible y atractivo. Para empezar, todo lo que inexplicablemente no se abordó en las anteriores películas, detalles cruciales como que las varitas de Potter y Voldemort son gemelas o presentar debidamente qué son los horrocruxes (por citar los dos más importantes, que hay mucho más), debería haberse dejado bien clarito aquí. Pero las explicaciones, cuando las encuentras entre tanta escena vacía, se limitan a un par de citas o revelaciones soltadas de golpe sin el contexto adecuado, con lo que no se captan bien. Por ejemplo, qué son los horrocruxes y para qué los necesitan se mete de tapadillo en una escena que va de otra cosa, y lo suelta Ron de espaldas, como en segundo plano. ¿Pero qué broma es esta? ¿El argumento central de la película lo expones así? Y el resto de la narración se dedica a personajes vagando por bosques, en una búsqueda que, incluso si has pillado esa frase, no se entiende muy bien de qué va: ¿qué decías que eran los objetos, de dónde salen, por qué están por ahí, cómo esperan encontrarlos y qué esperan hacer con ellos cuando los tengan, por qué se pasan semanas de acampada sin hacer nada, por qué de repente asaltan el Ministerio, cómo dices que vuelve Ron, de dónde sale el elfo, por qué antes usaban escobas y ahora se tele-transportan y por qué unas veces se tele transportan y otras no…?

La lista de interrogantes, vaguedades, tramas mal expuestas y peor desarrolladas es incluso superior a las otras entregas. Un no lector no puede comprender lo que está viendo, y yo no puedo entender que en esas condiciones se pueda disfrutar la película. Yo mismo no tengo la novela fresca en la memoria y lo único que veía eran escenas huecas y eternas puestas en fila, una cantidad enorme de metraje que no me daba contenido, drama, acción. El único acierto es la explicación de qué son las Reliquias de la Muerte, con ese curioso cuento que casi es un corto dentro de la película, pero todo lo demás queda en el aire y no hay manera de hilarlo sin los libros delante.

Tampoco se saca partido alguno de los protagonistas a pesar de que toda la historia se centra casi exclusivamente en los tres chavales. Tanto tiempo en pantalla y no sabemos qué piensan, qué esperan de sus compañeros, qué miedos y motivaciones les asaltan y empujan en sus desventuras. No ayuda que el director sea un completo inútil también a la hora de dirigir actores, pues los deja ahí plantados delante de la cámara sin otra instrucción que recitar el diálogo. Tampoco beneficia que de los tres sólo Emma Watson medio se defienda, porque Rupert Grint da risa y Daniel Radcliffe llega a provocar asco de lo mal que lo hace.

La superproducción no luce lo más mínimo, porque no hay lo que se dice escenas que den para ello. La poca acción con efectos especiales que encontramos se halla en el inicio, con la huida de la casa de Harry, pero entre la infame dirección y los mediocres efectos digitales (como dije en la anterior entrega: ¿cómo narices es posible que visualmente la saga vaya a menos?) el caos resultante resulta casi molesto y desde luego no emociona lo más mínimo. Más allá de eso sólo hay algunos grandes angulares de paisajes entre escenas largas y tediosas de personajes sentados sin hacer nada. No le va el dinamismo y la energía a David Yates, qué se le va a hacer.

La única mejora ostensible es que por fin se han decidido a cambiar al compositor de la banda sonora, dejando al inadecuado Nicholas Hooper de lado y contratando al que parece que será el relevo de John Williams como gran maestro de la música del cine: Alexandre Desplat. Si bien su trabajo no es memorable (y tiene muchas bandas sonoras que sí lo son) desde luego muestra una profesionalidad sin fisuras. Y hablando de Williams, es descarado que Desplat imita su estilo (quizá por imposición), pero como lo hace bien no tengo queja sobre ello.

También debo decir que la película no parece estar dedicada a un público claro. Es un error enorme hacerla tan oscura, no sólo porque es un coñazo ver una cinta tan apagada, sombría y fría visualmente cuando la saga destacaba por destilar magia en cada plano, sino sobre todo porque se supone que es para niños. Y por si fuera poco su nivel de violencia, terror y sangre supera a producciones que se suponen para adultos: me quejo de la poca visceralidad de cintas como Terminator Salvation y esta tiene bastante más… ¡y es no recomendada para menores de siete años! ¿Cómo han conseguido colar algo así? Luego está el tema de que tampoco debería funcionar para los no lectores, por eso de que no se entiende, pero qué más da, es el producto mediático del año, qué digo, de la década, va a arrasar tenga la calidad y estilo que tenga, la gente va a verlo aunque no se entere de nada.

Nada hay para recordar en este bodrio insoportable, salvo los nombres de sus artífices para los maleficios que les queráis lanzar. Es una pena en la mitad de los capítulos de la saga, teniendo tanto potencial, teniendo un presupuesto infinito, un equipo técnico envidiable y un reparto de la hostia, hayan fallado los dos artífices más importantes, el guionista y el director, y más cuando es una serie donde precisamente podían cambiarse. Pero claro, quienes la hayan producido se basaban en un solo criterio: el dinero. Como me pasó con El Señor de los Anillos, me apenas todo lo que pudo ser y no fue, lo cerca que se estuvo en algunos momentos (¡que buena fue El prisionero de Azkaban!) y lo bajo que se cayó en otros. Sólo queda ver si la segunda parte merece la pena como cinta de entretenimiento sin pretensiones, porque esperar algo a estas alturas es absurdo.

Saga Harry Potter:
– 1. Harry Potter y la piedra filosofal (2001)
– 2. Harry Potter y la cámara secreta (2002)
– 3. Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004)
– 4. Harry Potter y el cáliz de fuego (2005)
– 5. Harry Potter y la Orden del Fénix (2007)
– 6. Harry Potter y el príncipe mestizo (2009)
-> 7.1. Harry Potter y las Reliquias de la muerte – Parte 1 (2010)
– 7.2. Harry Potter y las Reliquias de la muerte – Parte 2 (2011)
– 1. Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016)
– 2. Animales fantásticos: Los crímenes de Grindewald (2018)