El Criticón

Opinión de cine y música

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Uno de los nuestros


Goodfellas, 1990, EE.UU.
Género: Suspense, acción, histórico.
Duración: 146 min.
Dirección: Martin Scorsese
Guion: Martin Scorsese, Nicholas Pileggi.
Actores: Robert De Niro, Ray Liotta, Joe Pesci, Lorraine Braco, Paul Sorvino, Frank Sivero, Frank Vincent, Chuck Low, Gina Mastrogiacomo, Debi Mazar, Tony Darrow.

Valoración:
Lo mejor: Guion y dirección desbordantes de imaginación y recursos geniales. Reparto implicadísimo.
Lo peor: Algunos excesos terminan pesando, aunque sea ligeramente. En general está bastante sobrevalorada: es una gran película, pero no una obra maestra y mucho menos una de las diez o incluso de las cien mejores de la historia.
La frase: Desde que tuve uso de razón siempre quise ser un gángster.

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El libro Wiseguy (la forma en que se llamaban a sí mismos los mafiosos, los “tipos sabios” o los “buenos chicos”, según la traducción que prefieras) del periodista Nicholas Pileggi editado en 1985 tuvo estupendas críticas, se consideró el retrato más realista sobre las mafias de Estados Unidos. Martin Scorsese, enamorado del género, no tardó en quedar prendado de él y contactó con Pileggi para adaptarlo, quien estuvo entusiasmado también.

Desde el principio el realizador tenía claro que quería un relato frenético, que saltara de detalle en detalle e historia en historia, incluso yendo adelante y atrás en el tiempo, hasta componer un cuadro completo de la mafia liderada por Paul Vario desde los años cincuenta hasta casi los ochenta. El punto de vista sería el de Henry Hill, un joven cautivado por este mundo hasta que de adulto la violencia y los excesos lo traen a la realidad y acaba colaborando con el FBI para salvar su pellejo.

La pasión de Scorsese en el proyecto se nota en el acabado, pero si se indaga en el proceso creativo se hace aún más evidente. Es normal en el mundo del cine que los rodajes se retrasen o queden en suspenso en espera de financiación y mientras tanto hagan otras películas, pero no tanto que mientras rodaba La última tentación de Cristo (1988) siguiera dando vueltas al concepto, al libreto que escribía mano a mano con Pileggi, a los detalles, hasta el punto de que tenía casi todas las canciones usadas en la banda sonora ya en mente años antes. También se cuidó de tener un reparto cohesionado y comprometido, no se dedicó a reunir colaboradores habituales sin más. El primer elegido, Robert De Niro, no se limitó a cumplir, sino que mostró gran interés en el papel, indagando sobre el personaje, taladrando a Pileggi con preguntas sobre sus gestos y comportamientos. El director fomentó esa implicación haciendo que los demás actores también analizaran a fondo sus personajes, y durante el rodaje permitió bastante improvisación para que adaptaran sus formas de ser a las suyas propias, tomaba nota de todo y retocaba el guion para terminar de pulirlos.

En la puesta en escena estuvo pletórico. Tras varios títulos donde mostraba un excelente dominio de la técnica pero sobre todo lo que te hace destacar, gran inventiva y personalidad, Scorsese fue más allá, dejó clara su maduración y valentía, unió todos sus conocimientos, estilos, tics… y deslumbró con un despliegue de recursos y creatividad asombrosos. El ritmo frenético que no te deja respirar emerge de un guion denso pero ágil y de un montaje soberbio de Thelma Schoonmaker, una figura esencial en su carrera. Los largos e inmersivos trávelings, tan complicados como espectaculares, harían sudar al director de fotografía Michael Ballhaus, otro habitual en sus cintas, fallecido en 2017. La estructura no lineal desgrana cada evento y consecuencia con cuidado, o sea, que no es un artificio. La brillante dirección de actores sacó lo mejor de intérpretes ya consagrados y permitió que otros no tan conocidos dejaran huella. La extensa y cuidada selección musical es muy pegadiza, pero también supuso que la banda sonora fuera una de las más caras jamás producidas. La recreación histórica fue muy adecuada (el mayor presupuesto que tuvo hasta entonces), y ayuda junto a la música a establecer con facilidad el marco temporal de cada segmento.

Con la asombrosa mezcla de géneros (comedia negra, drama satírico, epopeya criminal) y el despliegue de recursos narrativos Uno de los nuestros resulta un relato histórico y costumbrista tan retorcido y violento como apasionante. Desde la presentación del protagonista conocemos instantáneamente su entorno, sus motivaciones y esperanzas, de manera que su vida y el mundo al que aspira captan toda nuestra atención. Henry Hill (Christopher Serrone en la adolescencia) es un joven de barrio obrero con una familia numerosa y pobre que anhela las facilidades del grupo que manda en la zona por encima incluso de la policía. De adulto (Ray Liotta) vivirá a lo grande explotando todas esas ventajas… hasta que se asoma al precipicio. Paul Cicero (basado en Paul Vario, interpretado por Paul Sorvino… “Todas las italianas se llaman Marie y todos los italianos Paul”), es el padre que no puede ser su padre: afable y que todo lo da. Jimmy Conway (adaptación de Jimmy Burke, en manos de Robert De Niro) es el hermano mayor o mentor idealizado, quien todo le enseña y cuyos pasos quiere seguir. Tommy DeVito (inspirado en Tommy DeSimone, dado a la vida por Joe Pesci) es el amigo loco con quien te lo pasas en grande… pero al que tienes que perdonarle sus excesos. Y Karen Hill (Lorraine Braco) es la novia de Henry, que acaba atrapada también en este mundo de ostentación.

Henry es un joven encantador que lo ha conseguido todo con facilidad y da con facilidad. Su vida es una fiesta constante, drogas, putas y trabajos estimulantes. Los únicos problemas que parece tener son guardar las apariencias de familia tradicional mientras comete sus fechorías; e incluso ahí, llega un momento en que su mujer acaba pasando del rol de ama de casa y entrando en el juego también. Pero el mundo en que vive, el que proporciona la mafia, está fuera de la realidad, es una fachada que esconde mucha podredumbre. Los problemas se resuelven con violencia, el poder y el dinero se ganan aplastando a otros, las únicas leyes que tienen son estrictas y crueles, y al final se le caerá la venda incluso con sus amigos.

La transformación emocional que muestran tanto Ray Liotta como Lorraine Braco es de impresión. De la ilusión inicial pasan a los excesos y problemas, y de ahí a un abismo donde no ven salida. El tormento en la etapa final, con ambos puestos de cocaína huyendo de todo y todos, se contagia al espectador, te pone de los nervios. Jimmy es una figura afable cuando las cosas van bien, pero se torna despiadado y desapegado cuando sale su lado asesino, y De Niro capta la vena psicópata con una facilidad pasmosa, cada gesto y mirada produce escalofríos. La faceta dura de Cicero es inquietante, potenciada muy bien por un inmenso Sorvino. Y Pesci está incluso un escalón por encima de todos, su tormentoso, volátil y demente rol marcó una época.

Lo sorprendente es que a pesar de la buena recepción de la cinta y las loas al reparto muchos actores no supieron aprovechar el éxito para relanzar sus carreras. Liotta arrastró papeles de poca monta hasta que volvió a conseguir un buen personaje en Copland (1997) y ahora más recientemente en Historias de un matrimonio (2019). Pesci tampoco se prodigó mucho, repitiendo en Casino (1995) un pobre remedo de este personaje, y no volvió a dar una gran interpretación hasta El irlandés (2019). Braco no logró nuevos éxitos hasta que pudo volver a demostrar su enorme talento en Los Soprano (1999). Y siguiendo con esta serie, al menos veinte actores secundarios vistos aquí repitieron en aquella con papeles más importantes; Scorsese dio trabajo a la mitad de la comunidad italoamericana dedicada al cine; hasta sus padres tienen una aparición.

Escenas míticas tenemos por doquier. La presentación que mezcla la infancia con un asesinato que le abre los ojos al protagonista, los trávelings que nos pasean entre las fiestas atestadas, las peleas de DeVito con el veterano recién salido de la cárcel y con el joven en la partida de póquer, la mujer de Henry apuntándolo con un arma, y finalmente la memorable paranoia con el helicóptero.

Pegas también tiene algunas, y aunque no resultan graves es indudable que aportan minutos prescindibles o dejan pequeños huecos. A veces la narración se acelera demasiado o se desvía en cosas que no parecen especialmente relevantes. La estancia en la cárcel resulta un poco forzada, como para cumplir con todas las vivencias habituales de estos criminales. Solo se habla de comida, y aunque esto incluye el soborno a los guardias y expone el poder que tienen, supone un receso poco útil, no cuenta nada concreto. Algún personaje secundario queda descolgado, como metido con calzador, como el de Samuel L. Jackson, pues su relación con el gran robo no aporta problemas llamativos y que DeVito mata a cualquiera lo sabemos de sobra; o el pesado que les pide dinero, Morris (Chuck Low), que entra y sale de escena aleatoriamente. El matrimonio de los protagonistas principales pasa por muchas etapas, con bajones acuciados, como suele ocurrir en la vida misma, pero en ocasiones da la sensación de que saltamos de una fase a otra sin que parezca haber una transición adecuada. Y para ser una obra pretendidamente histórica no sé a qué viene la salida de tono con las pistolas con silenciador: no, en la realidad no existen esos silenciadores mágicos que hacen que los disparos suenen como un débil “pufff”.

Aunque Scarface (El precio del poder, Brian De Palma, 1983) ya había jugado a distorsionar el glamour y la idealización de las historias de gángsteres hacia un registro más alocado, que añadiera acción y visceralidad en contraposición con la seriedad y magnificencia impuesta por la saga El padrino (Francis Ford Coppola, 1972), Uno de los nuestros fue mucho más allá, perfeccionando el estilo sin perder un ápice de la visión histórica ni la dramática, ni abandonar la seducción por el mundo del crimen. Creó escuela, arrasó en críticas y premios, y envejece muy bien, más si la comparamos con otros intentos de Scorsese de repetir sus buenos resultados, como Casino y El irlandés. No es de mis favoritas de su filmografía, pero me parece su mejor película hasta la llegada de Infiltrados (2009).

Pero, como suele pasar con algunos fenómenos, la pasión de su recibimiento se llevó demasiado lejos. Objetivamente dista de ser una las diez o veinte mejores películas de la historia como tantos se empeñan en defender. Con toda seguridad ni sería justo contarla entre las cien, donde la incluye la AFI, tan poco de fiar como los Óscar y Globos de Oro. Ese mismo año compitió con pesos pesados como Desafío total (James Cameron), El padrino III (Francis Ford Coppola) y Bailando con lobos (Kevin Costner). El año siguiente tuvimos Terminator 2 (James Cameron), esa sí, una obra maestra de arriba abajo, y el anterior fue el de Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg), que se queda muy cerca de serlo. Es decir, sólo en esos tres años se pueden citar cinco películas iguales o superiores… y si nos ponemos serios, en 1988 tuvimos dos obras maestras completamente únicas, Akira (Katsuhiro Ôtomo) y La tumba de las luciérnagas (Isao Takahata), y maravillas como Mi vecino Totoro (Hayao Miyazaki) y La jungla de cristal (John McTiernan), pero claro la animación, la ciencia-ficción y la acción “no son cine de verdad”. En resumen, Uno de los nuestros tiene gran valor por sí misma, no hace falta empequeñecer decenas de obras maestras para disfrutarla y alabarla.

The Details


The Details, 2011, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 91 min.
Dirección: Jacob Aaron Estes.
Guion: Jacob Aaron Estes.
Actores: Tobey Maguire, Laura Linney, Elizabeth Banks, Ray Liotta, Kerry Washington.
Música: tomandandy.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene.
Lo peor: No provoca impresión alguna, se ve y se olvida.

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The Details no parece que se vaya a estrenar en ninguna parte después de pasar sin pena ni gloria por Sundance, pues a pesar de su reparto más que vendible la distribuidora ha decidido hundirla por completo. A la fecha de escribir esto sólo ha salido a la venta en EE.UU. y Suecia. Vale que es flojilla, ¿pero desde cuando es la calidad de las películas lo que les importa? La verdad es que siento curiosidad por conocer cómo acabó descartada, pero no he encontrado información al respecto.

Aunque intenta ser la típica comedia negra de personajes metidos en entuertos que no controlan ni entienden, de muertes y problemas inesperados que descolocan a protagonistas y espectadores, se queda a medio camino de todo. No consigue ser rebuscada y provocadora hasta producir impresión y con ello risa. Los personajes y sus aventuras prometen, pero se estiran y arrastran sin llegar a explotar del todo. La historia parece va a lanzarse a lo grande varias veces, pero no termina de hacerlo, se mantiene siempre en un tono demasiado simple y poco arriesgado. El final es más de lo mismo: tiene material de sobra para montar una locura bien rebuscada, pero se queda en algo simpático sin más.

No llega a ser mala, de hecho, resulta entretenida y algún chiste funciona, pero de superficial y monótona no deja huella alguna. A años luz de obras insignes del género como la delirante Very Bad Things.

Mátalos suavemente


Kill Them Softly, 2012, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 97 min.
Dirección: Andrew Dominik.
Guion: Andrew Dominik, George V. Higgings (novela).
Actores: Scoot McNairy, Ben Mendelsohn, Brad Pitt, James Gandolfini, Richard Jenkins, Ray Liotta, Vincent Curatola.

Valoración:
Lo mejor: Reparto.
Lo peor: Dirección y guion obstinados en alardear en vez de en narrar. Ritmo horrible, personajes sin rumbo, trama incapaz de llegar a alguna parte, numerosas secuencias que no aportan nada…

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Después de su insoportablemente tediosa y larga El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, una de las pocas películas que he dejado a medias en mi vida, Andrew Dominik nos vuelve a deleitar con otro coñazo insoportable que, de nuevo, por eso de ser lenta, rara y confusa, parece gustar a los críticos pero acaba con la paciencia de los espectadores.

Mátalos suavemente con todo descaro pretende ser una versión más intelectual y artística del cine de Quentin Tarantino mezclado con el de Guy Ritchie, es decir, trata de resultar más inteligente, profunda y trascendental a la vez que se adorna de un aspecto visual en una onda aún más atrevida y conceptual. Aventuras criminales llenas de ironía y tragedias, individuos dispares (fracasados, veteranos, raritos…) enfrentados en la vorágine que es su vida al margen de la ley, diálogos largos y llenos de anécdotas que no van directamente relacionadas con la historia pero forman parte de los personajes, trama mostrada por capítulos bien diferenciados, puesta en escena rebuscada que pretende extasiar los sentidos del espectador…

Pero una cosa es ser inteligente, y otra creérselo. Una cosa es saber construir una cinta atrevida y deslumbrante y otra ser pretencioso sin límite lógico y artístico alguno. Pulp Fiction tenía un guion que desgranaba la trama y sus habitantes a la perfección entre diálogos y situaciones donde no sobraba una palabra, más una dirección que exprimía cada momento sabiendo ofrecer espectáculo sin irse por las ramas. Snatch manejaba muy bien la trama episódica y los protagonistas estrafalarios para construir una aventura de acción humorística muy atípica y eficaz. Mátalos suavemente falla estrepitosamente en el intento. Es incapaz de definir un objetivo, de mostrar una historia clara al espectador, con lo que se ven escenas una detrás de otra que en conjunto no terminan de formar un todo coherente y atractivo e individualmente resultan sumamente irregulares, salvándose únicamente un par de episodios.

Los dos personajillos fracasados que intentan encontrar un lugar en el mundo del crimen (Scott McNairy, Ben Mendelsohn), porque son unos negados para la vida en sociedad, resultan atractivos en un primer momento. La descripción de su patética situación, el golpe en que se ven envueltos y la calidad de los intérpretes funcionan más que correctamente a la hora de presentar un thriller prometedor. Pero es lo único rescatable de la proyección. Poco a poco la cinta desvaría en otros roles insípidos e historias sin contenido alguno. Brad Pitt en principio resulta interesante como asesino a sueldo, pero las escenas de diálogos sin sentido en que le sumergen minan su parte hasta que se desvanece en la nada. James Gandolfini es el colmo de la irrelevancia, del diálogo hueco, del artificio a base de palabras que no dicen nada: pocas veces he visto un rol tan fuera de lugar en una película, es un penoso adorno que Dominik no sabe cómo manejar. Ray Liotta es un secundario utilizado para dar forma a la historia, es decir, un mcguffin, y no da más de sí.

Así pues, la aventura del atraco y la persecución, prometedora en principio, se disipa rápidamente, perdida en esos personajes que no llevan a nada y en secuencias que únicamente buscar impresionar visualmente pero se olvidan de contar algo. La paliza, el tiroteo en coche, conversaciones entre drogados, etc., únicamente alardean de fotografía y montaje pseudo artísticos que no tienen objetivo narrativo alguno (y sí unos fallos de continuidad escandalosos: ver las bebidas de Pitt y Gandolfini en una de sus conversaciones). El resultado es una desconexión total con las imágenes. Aburrimiento y rechazo ante tanta pretenciosidad, ante tanto modernismo mal entendido. Para colmo, en otro intento de ofrecer algo trascendental, hay un trasfondo de crisis política, económica y social que petardea constantemente el recorrido de los protagonistas… pero lo hace de forma paralela (a través de las radios o las televisiones, de fondo), con una conexión débil y rebuscada con las tribulaciones de los protagonistas, resultando otro intento forzado de aparentar más de lo que es.

Como he dicho algunas veces (Drive, Shame, Martha Marcy May Marlene, El árbol de la vida…), no basta con saber componer un plano bonito y una escena resultona, hay que saber contruir un guion coherente y trasladarlo a imágenes formando una narración sólida e inteligible. Lo único restacable es un reparto al completo impresionante en sus papeles y una espectacular selección musical, aunque esta se utilice también sin un sentido claro.