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El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos


The Hobbit: The Battle of the Five Armies, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 144 min.
Dirección: Peter Jackson
Guion: Peter Jackson, Fran Walsh, Philippa Boyens, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Luke Evans, Evangeline Lilly, Orlando Bloom, Lee Pace, Aidan Turner, Dean O’Gorman, Ryan Gage.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Menos longitud, menos subtramas irrelevantes y acción más centrada equivalen a buen ritmo.
Lo peor: No tiene final. Tienes que comprarte la extendida para verlo, supongo, con lo que hay que considerarla como un timo descarado. Personajes secundarios insoportables: Legolas, Tauriel, Alfrid.
Mejores momentos: Bilbo negociando con Thranduil y Gandalf. El parlamento de Bardo y Thranduil con Thorin.
Peores momentos: Toda aparición de Legolas y Tauriel: el romance cansino, las piruetas de videojuego… Se lleva la palma el momento “anti-gravedad” de Legolas escalando por piedras que caen. Toda aparición de Alfrid, el secundario tonto.
La frase a destacar: ¿Me seguiréis una última vez? –Thorin.
La frase a repudiar:
-Por qué duele tanto.
-Porque era amor verdadero.
–Tauriel y Thranduil.

* * * * * * * * *

La batalla de los cinco ejércitos no va a sorprender. Peter Jackson ya ha demostrado su forma de escribir y rodar, su estilo y tics, sus escasos aciertos y numerosas limitaciones. Pero lo que sí sorprende es que gran parte del público haya tardado tantas películas en darse cuenta. Lo aquí ofrecido no difiere en tono ni en calidad a lo visto ya en Las dos torres y sobre todo El retorno del rey, y seguía por el mismo camino en el inicio de esta trilogía. ¿Por qué ahora de repente la gente critica fallos que antes no criticaba? Lo único que se me ocurre es el efecto saturación: después de tanto ver los mismos vicios y cosas mal hechas parece que por fin van cayendo las vendas de los ojos. Como muchas otras veces, las modas y gustos del público son incomprensibles.

Casi se ven mejoras en el guion y la narrativa respecto a las dos primeras entregas de las aventuras de Bilbo y Thorin, pero me temo que el potencial no llega a despegar como sí hizo en algunas partes de La desolación de Smaug. Se ve algo de argumento. Es sencillo, pero no era necesario más para mover los personajes y la acción. Así, gracias a eso y a su menor duración, resulta una película más consistente y entretenida que las dos anteriores, donde todo era ir para adelante mientras aparecen dificultades improvisadas que ni siquiera dejan secuelas claras. Aquí se ve un frente común que mueve a todas las facciones (la montaña, sea por avaricia, supervivencia o planes políticos futuros), se ve cómo éstas actúan y se acercan a la confrontación, y cada bando tiene sus protagonistas que muestran bien sus ambiciones y puntos de conflicto. Este argumento justifica bien la batalla y sus distintas fases, y por si fuera poco Jackson inesperadamente acierta al no dejar que ésta engulla todo, porque alterna entre el jaleo global y los intereses personales, siguiendo peleas individuales bastante atractivas en un principio. También cabe destacar que Smaug acaba bien, yendo al grano pero sin parecer despachado con prisas.

Pero ya sabemos que con Peter Jackson no se puede esperar coherencia estilística, guion sólido, puesta en escena firme… y estos llamativos pilares no llegan a dar la buena película que podrían.

Persiste la manía de extenderse en personajes innecesarios que desvían el foco de la narración y por tanto afectan al ritmo y al interés. Es sencillamente absurdo: en vez de centrarte en sacar lo mejor de los protagonistas esenciales pierdes el tiempo metiendo secundarios que no vienen a cuento. Los líos de Legolas y Tauriel no sirven para reforzar la presencia de los elfos, sino todo lo contrario, consiguen que te canses de ellos porque se convierten en protagonistas paralelos a los que supuestamente son los verdaderos protagonistas. Por si fuera poco no dan ni una escena buena, se les reserva un caos de historias que van de lo insulso a lo excesivo: el romance cutre y cargante, la acción desmedida. A cambio un secundario que aportaba maneras, el gobernador, se relega completamente a rol cómico infantil. Por suerte dura poco… No así Alfrid, su particular Lengua de Serpiente, que aparece en todo el metraje como un digno contrincante de Jar Jar Binks al personaje más insoportable y vomitivo de la historia del cine. El peor sentido del humor que puedas imaginar se canaliza a través de él; llega a dar chistes de travestismo de lo más vulgares.

Por el otro lado es entendible que no todos los enanos puedan tener protagonismo, y los que más tienen no se usan mal: Balin tiene su parte, Fili y Kili la suya (y no se cambia el final respecto al libro como muchos temían). Gandalf aparece lo justo en la trama sacada de los apéndices, que aporta algo de continuidad global a la saga pero termina mostrando poco más que efectos especiales y peleas exageradas (Galadriel electrocutada da risa, el momento Yoda-saltimbanqui de Saruman igual), dejando de lado la tensión y la intriga por el destino de los personajes implicados, que aparecen y desaparecen, se hieren y curan mágicamente a lo largo de toda la trilogía sin transmitir mucha emoción. Thranduil pierde un poco con las tontas intrigas de Legolas y Tauriel, pero en el resto cumple como líder de un pueblo en disputa eterna con los enanos. El parlamento entre Bardo y él con Thorin está muy bien, por ejemplo. Bardo sigue siendo un roba escenas muy carismático que tampoco defrauda y es fiel a la esencia de la novela, y sorprendemente su familia no es muy pesada. El que queda muy desdibujado es el nuevo líder enano que llega como refuerzo: ¿quién es, de dónde viene, cuál es su cargo, por qué no ha ido antes a reclamar la Montaña si tanto le interesa a los enanos y tiene un buen ejército…?

Thorin es un personaje francamente bueno que para mí supone el mejor que ha dado la serie en sus seis películas. Se dibuja un líder lleno de claroscuros, pues alterna carisma con un tono altivo muy de agradecer en una saga de personajes bastante monocromáticos, y por si fuera poco se muestra una evolución bastante efectiva. Sin embargo Jackson con su limitada visión está a punto de cargárselo. Parece que piensa que el público está formado por retrasados mentales: para realzar que Thorin está cambiando nos pone musiquita insistente, planos inclinados de “manual del director primerizo” capítulo “reflejar locura”, miraditas de demente, y para rematar, efectos de voz por si acaso aún no te has enterado de que Thorin no es el mismo que antes. Y su vuelta a la cordura igual: la escenita del lago de oro solidificado es vergonzosa y eterna; cuando el oro se lo traga… ¡qué parábola más sutil! Por suerte el personaje tiene mucha fuerza y se sobrepone a las manazas del director. Sus altibajos, las dudas de lealtad, los aprietos en que pone a los suyos cuando la ambición le ciega, su redención… todo se desarrolla bastante bien. De hecho termina engullendo a Bilbo como protagonista principal. El hobbit sigue siendo interesante y crucial en la trama, pero se lleva un poco a segundo plano. Eso sí, éste nos regala el único momento genuinamente Tolkien: cuando lleva la Piedra del Arca a Gandalf y Thranduil y trata de negociar para salvar al enano a pesar de sus pecados.

En cuanto a actores como es habitual hay bastante irregularidad. Richard Armitage está soberbio y roba cantidad de escenas a Bilbo, a quien de nuevo Martin Freeman da vida repitiendo hasta el hartazgo unos tics muy evidentes (la mueca con la boca, los gestos con las manos). Luke Evans como Bardo realza un personaje atractivo pero que de sencillo podría haberse quedado en poca cosa. Y el resto cumple en papeles menores, aunque alguno muy justito: Orlando Bloom y Lee Pace como elfos no convencen con su pose antinatural.

En el tono o estilo como cabía esperar Jackson sigue patinando a lo grande con su concepción hipertrofiada de la narrativa de aventuras: criaturitas digitales, escenarios artificiales y mil exageraciones en fila cambian el realismo épico por el videojuego infantil, y la escasa calidad del apartado visual empeora la situación.

Si Legolas puede matar mil enemigos sin despeinarse… ¿cómo un ejército entero de elfos pierde tan rápido? Y más cuando los orcos son de papel: dos metros, armadura de puro hierro, y caen con piedrecitas lanzadas por un hobbit enclenque o no resisten el cabezazo de un enano (y vaya estrategia suicida atacar a cabezazos teniendo un martillo enorme). En La Comunidad del Anillo los orcos eran creíbles, tanto porque no eran dibujos animados digitales como porque las luchas transmitían realismo y dificultad. Desde entonces fue rebajándose el nivel en pos del espectáculo barato. Los protagonistas sólo sufren con el orco jefe de turno, con el final de la fase, el resto caen con sólo agitar la espada en el aire. Destacan para bien las muertes de un par de enanos y el duelo entre Thorin y el líder enemigo, donde incluso se puede ver que la pelea tiene algo de planificación, que no se dejó todo al ordenador. Pero son excepciones, y en el lado malo hay algunas paridas monumentales: la larga y ridícula lucha de Legolas (el vuelo con murciélago, las escaleras flotantes, el trol-joystick y mil memeces más) es de puro videojuego de plataformas, sólo le faltó la barra de vida.

El abuso de los efectos especiales generados por computadora, donde Jackson incluso llegó a afirmar que prefiere los orcos digitales a los recreados con maquillaje (aquí una fuente de sus declaraciones), indican bien su forma de hacer las cosas. Casi toda la batalla (ejércitos de muñequitos nada impresionantes), la mitad de las peleas personales (dobles digitales en cantidad), muchísimos escenarios (y eso que los decorados que hay son magníficos) son dejados al ordenador. Y esto no es Avatar, de hecho el nivel de los efectos especiales resulta sorprendentemente pobre. Como indicaba en el inicio de la trilogía, la calidad es más o menos la misma que en la de los anillos diez años atrás. ¿Cómo es posible que no hayan mejorado, a pesar de que se puede comprobar con el dragón en la segunda parte que se podían alcanzar grandes logros? Sin duda la razón más importante es el uso excesivo de esta tecnología en detrimento de otras, pues no hay tiempo y dinero para abarcar tanto, y más si se empeña en desterrar casi por completo los paisajes reales y tirar de recreaciones por ordenador, que en ningún momento aguantan la comparación (la zona de la batalla y la cascada ni se acercan a un mínimo aceptable para una superproducción tan esperada). Así pues, hay demasiada digitalización pobretona, demasiada pantalla de fondo cantosa (harto de ver la misma puesta de sol apunte donde apunte la cámara), demasiado paisaje claramente falso, y por si fuera poco también aplica un filtro extraño que consigue que los actores parezcan de plástico en muchísimas escenas, con lo que las imágenes parecen demasiado irreales y de poca calidad, dando la impresión de ser una película anterior a La Comunidad del Anillo, o incluso una de animación.

También hay que añadir un sinfín de detalles mosqueantes: en el primer capítulo nos decían que los trols se convierten en piedra a la luz del sol, pero aquí vemos decenas de ellos paseándose como si nada; ¿a santo de qué vienen esos gusanos sacados de Dune?, ¿y esos murciélagos?; pésimamente mostrada la supuesta diferencia de tamaño entre Kili y Tauriel, parece que ya ni se esfuerza a la hora de rodar; atención a cuando los enanos se preparan para la batalla poniéndose unas armaduras enormes, y cuando deciden finalmente salir a combatir resulta que se las quitan…

Por mucho ruido que haga su estreno debido al amplio público que sigue la saga, no es más que otra película comercial digna de nuestros tiempos, y no precisamente una destacable. Y con todo ello estaba dispuesto a darle un aprobado raspado. Aunque no tiene tramos tan interesantes como La desolación de Smaug sigue pareciéndome claramente mejor que Un viaje inesperado gracias a sus mejoras en el ritmo, su duración más comedida y a que la potente figura de Thorin sostiene bastante bien la historia (y lo secundan unos eficaces Bilbo y Bardo). Pero me temo para rematar todos los fallos tenemos la cagada suprema. Todo lo narrado en las tres películas se olvida en un final que no es final, porque deja todo sin cerrar. ¿Un ardid buscado a propósito para que compremos la versión extendida, o una chapuza de montaje fruto de tener que reducir el metraje para luego sacar esa versión? Sea como sea, el resultado es el mismo: es una estafa, un engaño que no debería permitirse. He pagado mi entrada para ver una película, no puedes ponerme sólo parte de ella. Por ello sí le voy a dar un suspenso, no hay forma de aprobar algo incompleto, cojo, sin final.

Alerta de spoilers: En adelante comento detalles y sorpresas del final.–

Resulta que no se nos muestra cómo acaba la batalla. Los ejércitos de enanos, elfos y hombres estaban siendo diezmados, llaman a retirada. Thorin ha salido a la desesperada para buscar una muerte redentora. Dejamos la situación de derrota inminente para pasar a peleíllas individuales finales. Llegan las águilas (ooootra vez) y frenan al nuevo ejército orco salvando a los protagonistas que estaban en medio… ¿Y el resto de la batalla? ¿Las águilas lo resuelven todo de golpe como los mocos verdes de El retorno del rey? No se ve claramente que suceda eso, y encima se adivina que debería haber más escenas, porque las mujeres dicen que van a salir a luchar con los hombres, algo que tampoco llegamos a ver y que de todas formas no parece que pueda cambiar mucho las cosas. Pasamos al retorno de Bilbo a la Comarca sin saber cómo demonios se ha dado la vuelta a una batalla que estaba perdida.

Y peor aún, después de tres películas centradas en el conflicto político alrededor de la Montaña Solitaria, la situación final de éste no se expone. Ni siquiera nos dan un cierre a la mayor parte de personajes implicados. ¿Cómo se reparten el tesoro, cómo queda organizada la política local? ¿No se hostian los distintos bandos después de haber vencido a los orcos? ¿Qué tipo de homenaje le hacen a Thorin, de héroe o de “olvidemos a este loco”? ¿Dónde y cómo reconstruye sus vidas el pueblo de Bardo? ¿Quién se alza como gobernante de los enanos? ¿Cuál es el destino del secundario cómico mongólico? Está claro que Jackson vio las críticas que tuvieron los dieciséis finales de El retorno del rey y aquí decidió mostrar solo el de Bilbo. Pero el efecto provocado es el opuesto: sabe a engaño dejar todo sin explicar. Ni siquiera queda claro el título de la película… ¿Cuáles son los cinco ejércitos? Orcos, enanos, elfos, hombres… ¿Águilas, murciélagos, gusanos… Bilbo?

Ver también
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

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El hobbit: La desolación de Smaug


The Hobbit: The Desolation of Smaug, 2013, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 161 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Peter Jackson, Fran Walsh, Philippa Boyens, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Luke Evans, Evangeline Lilly, Orlando Bloom, Lee Pace, Stephen Fry, Benedict Cumberbatch, Sylvester McCoy, Graham McTavish, William Kircher, James Nesbitt, Stephen Hunter, Dean O’Gorman, Aidan Turner, John Callen, Peter Hambleton, Jed Brophy, Mark Hadlow, Adam Browm.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras respecto a la anterior en ritmo y calidad. Buenos personajes. Algunos tramos llamativos. Todo el largo capítulo con Smaug.
Lo peor: Las salidas de tono de costumbre: recesos y subtramas intrascendentes y aburridas, escenas de acción ridículas…
Peores momentos: La aparición de los elfos. El romance. Los barriles por el río. Las pelas de elfos y orcos en Ciudad Lago.
Mejores momentos: El ataque de las arañas. Bardo. El duelo intelectual entre Smaug y Bilbo.
El plano: Smaug mirando el enano gigante de oro.
La frase:
1) Bueno… ladrón. Te huelo. Oigo tu respiración. Siento tu aire. ¿Dónde estás? -Smaug
2) ¿Venganza? ¿Venganza? ¡Yo te mostraré venganza! -Smaug.

* * * * * * * * *

La segunda entrega de El hobbit mejora considerablemente el despropósito visto en la primera, Un viaje inesperado. No era difícil, se podría pensar, pero no olvidemos que esto es como una película larga partida en tres partes, todo viene del mismo guion y del mismo rodaje. ¿Entonces cómo es posible que haya tanta diferencia de calidad? Pues a estas alturas no sorprende, ya vimos en El Señor de los Anillos los altibajos que puede ofrecer Peter Jackson, fruto de sus pobres dotes como director y guionista, de sus cambios respecto al original y sus improvisaciones hacia su propia obra.

La sorpresa que sí me he llevado es que el público y sobre todo la crítica muestran cierto cansancio en lo que llevamos de esta trilogía, empiezan a acusar la fórmula de Jackson de estirar y dar rodeos innecesarios y no de saber narrar sin desbarrar en lo visual. A mí la verdad es que me resulta incomprensible: no ha mejorado ni empeorado, sigue ofreciendo lo mismo que en la anterior saga, pero la trama y los personajes son lo suficientemente novedosos como para no saber a repetición descarada. No es objetivo decir ahora de repente son películas algo flojas, porque vienen siéndolo desde Las dos torres. Simple y llanamente, la moda está pasando.

En La desolación de Smaug volvemos a tener un guion superficial e incapaz de ir al grano, pero al contrario que en el capítulo precedente el ritmo es más fluido y el interés de la trama gana fuerza. Mostrar el objetivo del viaje al alcance de la mano es una buena ventaja, pero la mejora se debe sobre todo a que el camino ofrece aventuras con mayor cohesión y atractivo y los personajes son bastante sólidos. No nos libramos de recesos innecesarios, subtramas irrelevantes que ocupan mucho metraje y protagonismo mal repartido, pero las dos horas y cuarenta minutos ya no son insoportables, sólo excesivas: es inevitable pensar en lo que ganaría eliminando al menos cuarenta minutos y algunos secundarios cansinos.

Bilbo gana enteros al no abusarse de sus vaivenes con el grupo, al no estirarse su indecisión (tiene dudas y problemas, pero son consecuentes y no forzados) y mostrarse bien su maduración a través de su determinación y coraje (atención al enfrentamiento dialéctico con el dragón). Los efectos del anillo también se materializan correctamente, casi mejor que con Frodo de hecho. Pero seguimos con el problema de que Martin Freeman a veces sobreactúa más de la cuenta, rompiendo en ocasiones la buena conexión que establece con el espectador gracias a su simpatía y carisma. No sé si es porque el director lo exige o porque no sabe frenarlo, pero el gesto de vacilación o asombro acompañado de los cansinos tics con las manos se repite demasiado. Con Richard Armitage como Thorin no tengo quejas, está inmenso. Entre su interpretación y el sólido dibujo del personaje (esta vez no hay salidas de tono chocantes) tenemos un protagonista oscuro y caótico muy atractivo. Los momentos en que la tensión e impaciencia empujan sus acciones contrastan muy bien (y sin perder credibilidad) con los instantes donde muestra sus dotes de liderazgo. Recordad mis quejas con Aragorn: ¿por qué se apuntaba a todas las aventuras, si incluso decía varias veces que no quería estar ahí? ¡Ojalá hubiera tenido la mitad de carisma que Thorin! En cuanto a los secundarios, hablo ellos en el resto del análisis, pero resumo diciendo que hay algunos grandes aciertos y algunos deslices notables. Por los primeros en conjunción con los dos excelentes protagonistas, desde mi punto de vista La desolación de Smaug se alza como la película con mejores personajes desde La Comunidad del Anillo.

El diseño artístico, los decorados, el vestuario, el maquillaje y la música (mejor que en la primera parte) están como siempre en un nivel entre notable y extraordinario. Los efectos especiales vuelven a deslumbrar tras resultar algo flojos en Un viaje inesperado (las panorámicas de las ciudades y el dragón son alucinantes), pero arrastran todavía algunas deficiencias. El problema viene siendo el habitual: la irregularidad de Peter Jackson como director. ¿Por qué la recreación digital de Smaug es más que impecable, resultando de hecho sobrecogedora, y los orcos digitales son flojos aun estando escondidos siempre en la oscuridad? Porque improvisó sobre la marcha, eliminando orcos que eran actores disfrazadas y poniendo en el último momento unos creados por ordenador, y con las prisas no pueden acabarse con el cuidado esperable. Así, seguimos viendo que con este clásico enemigo hemos retrocedido en vez de avanzar: con lo magníficos que eran en la trilogía de los anillos aquí dejan bastante que desear, sobre todo en las peleas. Me temo que en éstas sólo los primeros planos son rodados con actores (y eso cuando los hay, claro), y en cuanto la cámara se aleja un poco todo se convierte en digital, y el cambio es horrible, texturas y movimientos no pasan por reales.

Además, como se veía venir en el primer episodio aparecen otras limitaciones si comparamos con El Señor de los Anillos. La extraña decisión de rodar algunas escenas de parajes naturales en decorados contrasta muy para mal con los excelentes paisajes elegidos. Por ejemplo, la escena que sigue al prólogo, con el grupo huyendo de los orcos, parece rodada en una cochera con cartón piedra y fondos falsos, resultando demasiado cutre. Y un nuevo tic explota por completo en esta entrega: el abuso de filigranas con la cámara para vacilar con el 3D aparece sólo en la recreación de algunos entornos (en Dol Guldur se ceba de lo lindo), pero en el resto del metraje parece que se olvida de que conoce esa técnica.

Fiel a su idea de tener un prólogo en cada película (todos efectivos menos el de Gollum en El retorno del rey), Jackson introduce la Piedra del Arca, que es esencial en los objetivos de los enanos, dando más peso e interés al viaje del grupo. Lo que no entiendo muy bien es el tema de Thrain, padre de Thorin: si está realmente vivo, si está actuando o se encuentra escondido acobardado… Si no explican más de este asunto en la tercera parte quedará como un dato innecesario y confuso. Pero lo que sobra sin duda es el cameo de turno del dichoso director, que se empeña en aparecer en todas sus películas de forma que veas claramente que es él. ¿Tanto ego arrastra?

Tras la persecución de los orcos con la que acababa Un viaje inesperado enlazamos con Beorn. Mantener este personaje totalmente innecesario sirve como excusa para librarse de la cacería, pero pensando en ello te das cuenta de que ésta fue sólo una excusa para acabar la anterior película con un clímax forzado. ¿No había suficiente con los trasgos de las cuevas y la salida por los pelos? Así, se van veinte minutos en la más absoluta nada. Resumir, sintetizar, ir al grano… para qué, si la idea es precisamente hacer una película innecesariamente larga. En fin, al menos este tramo no sale mal parado. Eso sí, tiene sus tonterías: Beorn es capaz de sobrevivir como el último de su especie pero es tan inútil que no logra quitarse un grillete de la muñeca después de tantos años. Más bien es que Jackson se empeña en recalcar visualmente algo obvio, cayendo en una inverosimilitud.

Llegamos al Bosque Negro y aunque la cosa empieza mal (con esa llamada telepática entre Gandalf y Galadriel) esta tenebrosa sección resulta estupenda. El ritmo es bueno, la atmósfera de suspense y agobio se logra sin problemas, la sensación de que están perdidos y sin salida es palpable, la escena de Bilbo asomándose por la cresta de los árboles es bonita y la lucha con las arañas resulta bastante espectacular y no abusa de gilipolleces exageradas. Pero llegan los elfos y lo estropean todo. Entonces volvemos a presenciar un videojuego, no una película. Piruetas ridículas, movimientos imposibles, exageración absurda sin límites… La falta de credibilidad y comedimiento echa por tierra toda la escena, hasta parecer una comedia cutre.

La elfa Tauriel resulta una protagonista secundaria prometedora, porque describe un conflicto entre los elfos abiertos al mundo y los conservadores, como el rey Thranduil, y es de suponer que en el tercer capítulo empujará al rey a actuar ayudando a hombres y enanos. Pero su dibujo abusa de viejos clichés (ooh, te gusta Legolas, pero no puedes estar con él porque es el príncipe, ¡qué original y profundo!) y la actriz Evangeline Lilly está bastante sobreactuada, realzando los gestos y reacciones de forma que queda todo vergonzosamente obvio. Además su historia nos muestra una parida sin nombre donde no logro discernir si se trata de humor malogrado o Jackson iba en serio: el romance con el enano Kili. ¿Esto es zoofilia o pederastia? Esta subtrama lastimera, con diálogos sonrojantes y excesivamente larga lastra la película entera: luego se va a buscarlo a Ciudad Lago, lo cura, se pelea por él con los orcos…

Y para colmo no viene sola, pues va acompañada por Legolas, al que también le ponen su ración de escenas innecesarias con las eternas y rebuscadas luchas con los orcos, incluido un anodino pique personal. ¿Para qué sirve todo esto? ¿Qué aporta a la película? Minutos y minutos desperdiciados. Otra gran pregunta es relativa al nuevo superpoder de Legolas: tiene ojos refulgentes, brillantes o fluorescentes, aunque no parecen tener utilidad y es algo que por lo visto pierde de aquí a los eventos de El Señor de los Anillos. También me pregunto cómo puede haber un destacamento de orcos corriendo y luchando por la ciudad y que nadie se entere.

La presentación del rey elfo tiene otra escenita surrealista: ese primerísimo plano a sus horribles cejas negras… ¿pero esto es serio o no? Y que me aspen si entiendo lo que le pasa en la cara. ¿El dragón le quemó y se lo oculta con un maquillaje holográfico? ¡Pobrecito, tiene heridas que nadie salvo él ve! Otra cuestión intrigante es por qué los elfos viven en una gran cueva, como los orcos y los enanos. Además, el diseño pretenderá ser espectacular, pero no parece muy útil: pasarelas, columnas… ¿pero hay zonas habitables?

Por suerte en el cautiverio de los enanos por parte de los elfos destacan algunos personajes. Bilbo actúa con determinación, una palabra que Jackson parecía desconocer, y la disputa entre Thorin y Thranduil describe dos roles ariscos, obstinados, cabezones e irreconciliables bastante interesantes. Balin vuelve a ser el único secundario del grupo con atractivo: su posición de viejo sabio es predecible pero efectiva. Resulta estupendo el gesto de lamentación cuando ve cómo Thorin echa por tierra las esperanzas de negociar con los elfos. Pero me temo que en seguida dejamos de lado los personajes para irnos en pos de otro aborto visual y narrativo. La escena de los barriles es del nivel de las andanzas por las cuevas de los trasgos. Inverosímil, exagerada, absurda, estúpida, larguísima… Esos barriles que flotan en una posición imposible, esas peleas con coreografías infantiles y dignas de un videojuego malo (el triple hit combo del enano gordo es de un ridículo que espanta), esas tonterías ilógicas (usar el arco como arma de corta distancia)… Toda la eterna escena resulta in-fu-ma-ble.

Menos mal que tras ese dislate enlazamos con otra buena sección. Bardo es otra gran sorpresa, y la estancia en Ciudad Lago está muy lograda. El casting ha acertado de lleno con un actor tremendamente carismático, pues Luke Evans está impecable en todo momento. Y el guion no anda mal encaminado en su dibujo. Rebelde, luchador, inteligente… todo eso se ve en cada una de sus acciones. No falla tampoco la aparición del Señor de la ciudad, un dirigente alejado del pueblo, pagado de sí mismo y cegado por la ambición que quizá no sorprenda pero que está bien construido. Su lugarteniente, una versión de Lengua de Serpiente, tampoco está mal: es un secundario cliché, el típico tío baboso que sólo sirve para poner en apuros a los protagonistas, pero no cae a límites vergonzosos. Así, este segmento central se sostiene bien en un grupo de caracteres sencillos pero sólidos y con atractivo suficiente para mantener la expectación. Le dan una somanta de palos al indeciso y hueco de Theoden, su comparación más obvia, quien tantos minutos ocupaba sin transmitir absolutamente nada.

La introducción a la historia de la lucha contra el dragón es efectiva, se entiende qué ocurrió y queda clara la influencia de esos hechos hasta llegar a la historia personal de Bardo. La salida de los enanos del lugar está bien trabajada: las disputas entre el Señor, Thorin y Bardo tienen diálogos de calidad impropios de Peter Jackson. Se enlaza rápido con la montaña, aunque la entrada a la misma podría haberse resumido un poco, que de tanto estirar la intriga termina perdiendo fuelle. También cabe señalar que hay un momento bastante fallido, uno de esos instantes forzados para dar protagonismo a algún personaje por encima de los demás, que como ya he comentado este realizador sólo sabe conseguirlo denigrando a los protagonistas. Bilbo encuentra el acceso a la puerta. “Tiene una vista aguda, señor Bolsón”, le felicitan. Resulta que nadie más ha sido capaz de ver el enano de piedra de cincuenta metros que tenían delante hasta que él lo ha señalado. Cutrísimo.

Pero antes de meternos con el dragón no hay que olvidar a Gandalf. No me parece mal incluir el tema del Nigromante, era la mejor forma de alargar la historia, porque a fin de cuentas también fue escrito por Tolkien, aunque fuese como anexo a la novela. El problema es que, aun sin ser una sección fallida, le falta algo de garra y definición. El mago se va no se sabe dónde a buscar pruebas del retorno de conocidos seres malvados. Empieza por el Rey Brujo, el líder de los Nueve Jinetes Negros que conocimos en El Señor de los Anillos, fieles sirvientes de Sauron. Como no está en su tumba deduce que ha sido llamado por su Señor. Aquí surgen preguntas obvias: dónde, cómo y por qué estaba enterrado, si sabían que no estaba muerto o podía resucitar, cómo ocurre y quién lo hace… Luego se va a Dol Guldur… Por qué no ha ido directamente si todas las sospechas apuntaban en esa dirección, cabe preguntarse también. Allí ve orcos y lucha con el Nigromante, y éste se revela como Sauron en una escena que tampoco se entiende muy bien qué pretende decir. Está claro que Jackson estaba atado con su estúpido “no tiene forma pero tiene forma de Ojo”, pozo que se cavó él solito en la trilogía de los anillos. Ahora tiene que salir un Nigromante, pero sale un humo… no, un ojo, no, Sauron… Bueno, todo a la vez. Da igual, el público no se cuestiona nada hoy en día. Y no es la única incongruencia de esta sección: Gandalf envía a Radagast y su nido con un mensaje para Galadriel. ¿Y por qué no se comunica telepáticamente como ha hecho antes en esta y la anterior películas? Porque Jackson tiene que incluir a Radagast pero a la vez quiere que Gandalf entre solo… Vamos, que se lía y lo apaña como puede. Finalmente Gandalf queda preso del enemigo, algo que no causa mucha desazón porque sabemos que saldrá airoso. Después de tantos minutos esta sección apenas deja huella, aunque que tampoco da asquito. Sólo espero que haya servido para sentar las bases de una buena trama de cara al último capítulo.

Por fin entramos a la Montaña Solitaria, y este tramo es lo mejor que ha dado la saga desde La Comunidad del Anillo. Aunque por desgracia cuenta con los fallos y excesos habituales, claro. La primera escena es para enmarcar. Los enanos ven su objetivo al alcance la mano, pero el miedo y la tensión están a flor de piel. Los gestos y diálogos, en especial los de Thorin y Balin al ver las inscripciones y el pasillo de entrada… Ufff, pone los pelos de punta ver tanta emoción contenida. No sé si es porque un material tan potente como el que tiene entre manos ha sido capaz cobrar vida y resistir e incluso superar la incompetencia habitual del realizador o porque es bipolar, pero el caso es que la escena es puro Tolkien. ¡Cuántos minutos y horas de películas sin que recordara a su obra! Cuando conocemos a Smaug tenemos a esos dos Peter Jackson en cruenta lucha por ver cuál emerge. A primera vista destaca el megalómano empeñado en poner montañas imposibles de monedas en un plano que se va abriendo hasta provocar carcajadas, el que desbarra con más pasarelas y columnas absurdamente grandes y disfruta derribándolas en una concepción desmedida e ilógica de las escenas de acción, abusando del estilo de videojuego de plataformas hasta provocar vergüenza ajena, rematándolo todo con tonterías inverosímiles (Thorin navegando por un río de oro sobre una carretilla) e incongruencias cantosas (el dragón que se hunde en una zona donde acabamos de ver que apenas le cubre una garra).

Pero también aparece el Jackson inesperadamente fiel a Tolkien e inspirado. Asistimos a un estupendo clímax que se ha trabajado con esmero desde el guion a través de diálogos, posicionamiento de personajes y paciencia para encontrar el tempo narrativo correcto, donde se mantiene la intriga y expectación sin recurrir a trucos visuales baratos y exagerados. En resumen, Smaug es una maravilla. El duelo intelectual con Bilbo está lleno de ingenio y grandes frases, la narración fluye con calma y seguridad, forjando una tensión e intensidad crecientes. Entran los enanos en acción, con Thorin casi cegado de ansias y deseos, y todo explota en una montaña rusa de acción donde el megalómano sigue obsesionado con forzar las cosas, pero donde todavía quedan retazos de sabiduría. La estrategia de reactivar la forja es excelente, y deja ver el plan de los enanos sin que por una ver el director remarque todo como si pensara que somos tan cortitos que no lo vamos a entender. La lucha pasa por diversas fases, y sí, algunas de videojuego, pero otras de gran espectacularidad. El enano de oro aparece ante Smaug regalando un plano fantástico con una pizca de humor genial: el careto del dragón es impagable. También está hábil Jackson encontrando una buena excusa para que el dragón salga a pagar su rabia con Ciudad Lago. La película acaba con un subidón de infarto y un desenlace abierto muy emocionante.

Esas grandes escenas sueltas, esos personajes con destellos de calidad y cierta profundidad y ese dragón inmejorable muestran que había en La desolación de Smaug una base más que suficiente para lograr una notable película de aventuras. Pero estamos en manos de Peter Jackson, y no sorprende que todo sea desvirtuado, desaprovechado, deformado en una narración tosca llena de memeces incomprensibles. Después de las nefastas El retorno del rey y Un viaje inesperado sólo podía echar pestes sobre su obra y fingir que no existía, pero esta entrega vuelve a recordarme las maravillas que podríamos haber visto en manos de un artífice inteligente, comedido, profesional, inspirado…

Ver también
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

El hobbit: Un viaje inesperado

The Hobbit: An Unexpected Journey, 2012, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 169 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Peter Jackson, Fran Walsh, Philippa Boyens, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Ken Stott, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Christopher Lee, Andy Serkis, Sylvester McCoy, Graham McTavish, William Kircher, James Nesbitt, Stephen Hunter, Dean O’Gorman, Aidan Turner, John Callen, Peter Hambleton, Jed Brophy, Mark Hadlow, Adam Browm, Ian Holm, Elijah Wood.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario y maquillaje (orcos y enanos espectaculares).
Lo peor: Guion inexistente, dirección horrible. Historia atropellada, personajes endebles. Duración descontrolada. Escenas de acción absurdas y ridículas.
Mejores momentos: El relato del destino de la familia de Thorin. El perdón a Gollum.
Peores momentos: El numerito a lo Disney con la vajilla. Los gigantes de piedra. La batalla con los orcos de principio a fin: los puentes colgantes, los enanos con superpoderes, los orcos muriendo como moscas, las caídas imposibles por barrancos, la escenita del árbol y el larguísimo paseo en águilas.
El plano: Hobbiton en todo su esplendor.
La frase: El mundo no está en tus libros y mapas. ¡Está ahí fuera! -Gandalf a Bilbo.

* * * * * * * * *

Cabría esperar que tras diez años y un par de títulos más en su filmografía Peter Jackson habría adquirido mayor experiencia a la hora de escribir y dirigir películas, pero lo cierto es que la trayectoria no prometía demasiado, pues King Kong seguía mostrando todas las deficiencias y tics de los que hizo gala en la trilogía de El Señor de los Anillos y The Lovely Bones, un intento de drama más serio, fue bastante machacado por la crítica. Peor se presenta el panorama cuando se piensa en que el éxito enorme de su fallida versión de la saga de la Tierra Media le daría sin duda carta blanca para continuar por el mismo camino. Finalmente el visionado de El hobbit me confirma su nula maduración artística y su empeño en aferrarse a su equivocada forma de entender la obra de Tolkien y cómo debe ser llevada al cine.

Así pues, El hobbit no tiene guion y Peter Jackson parece haber rodado otra vez con el método de grabar todo lo que se le ocurría sobre la marcha para luego editar un apaño de película en la sala de postproducción. La trama, resumible en cuatro líneas, se intenta definir aquí y allá pero con tal torpeza que se enmaraña innecesariamente. Los protagonistas no logran tomar forma del todo a pesar del tiempo que tienen en pantalla. Cada escena por separado es larga y tediosa y a la hora de formar un todo apenas tienen fluidez y coherencia, por no decir que algunas secciones sobran por completo. Por ello la duración de la cinta es descomunal e injustificable y la proyección se hace eterna (y encima tendrá versión extendida). No consigo entender cómo a gran parte del público puede resultarle entretenida.

Empezamos con un prólogo larguísimo que enlaza varias secuencias de mala manera. Para señalar que estamos en una historia previa a la aventura de Frodo, con Bilbo de joven, Jackson escribe líneas y líneas de diálogos vagos e incapaces de ir al grano, y empalma de forma lamentable la presencia de Frodo (sobra por completo, no hay razón alguna para mostrarlo) para luego, después de tanto jaleo, meter de sopetón el salto al pasado, a la aventura Bilbo con los enanos. Entre medio intercala la presentación de Smaug y el pueblo de los enanos, con demasiados minutos para algo que debería resumirse más, pues no es especialmente complejo y alargarlo confunde al espectador.

La presentación de Gandalf resulta también confusa. No se sabe qué ve en el hobbit para escogerlo, y no se aclara después, sino todo lo contrario, con frases crípticas como la de “lo escogí porque tengo miedo”. La llegada de los enanos se sintetiza muy bien, con un toque de humor bastante conseguido, pero la estancia en casa de Bilbo se eterniza, se alarga, se alarga y se alarga hasta el infinito (incluso con un par de canciones introducidas con calzador). Y todo ello, de nuevo, para mostrar algo que cabía en muchos menos minutos, que hubiera funcionado mejor de forma más directa y contundente. Además debemos soportar la escenita de la vajilla, donde los enanos hacen alarde de un poder mágico que no sé de dónde sale: son capaces de hacer levitar objetos. También cabe preguntarse cómo Bilbo tiene tal despensa (con mucha comida perecedera) si vive solo.

En medio del camino aparece la extensión de la historia de El hobbit tomando datos de los apéndices que acompañan a algunas ediciones de El Señor de los Anillos, pues la obra de Tolkien era algo que siempre estaba creciendo y varias historias paralelas a El hobbit que enlazan con El Señor de los Anillos se relatan o extienden en ellos. Es una decisión que entiendo e incluso aplaudo, pues da más fuerza a una novela muy sencilla y enlaza bien con la anterior trilogía; otra cosa claro está es el resultado.

Presentan a Radagast y éste al mal que asola el Bosque Negro (antes Verde) en una posible forma de nigromante. La introducción del mago en boca de Gandalf funciona (oh, sorpresa, diálogos correctos que llevan a algo tangible), pero Radagast es un risorio, una especie de Jar Jar Binks hiperactivo o drogado (¿la frase “el abuso de setas le nubla el juicio” es un chiste buscado a propósito o sale sin querer de los cutres diálogos?). La parida del nido en la cabeza, con las cagadas colgando por la cara, o la chorrada del carro tirado por conejos ponen de manifiesto otro problema que ya se intuía con la escenita de la vajilla: ¿pero esto es para adultos o para niños? Peter Jackson no es capaz de decidirse, e incluye salidas de tono demenciales en un contexto inadecuado, en un fallido intento de llevar el tono de la anterior trilogía pero ser fiel a una novela muy infantil. Como siempre, va sobre la marcha, improvisando como bien se le ocurre. El resultado es que de una escena sacada de Disney pasa a otra con monstruos escalofriantes y amputaciones, guardando ninguna coherencia estilística.

Otra prometedora inclusión de la historia de la Tierra Media es el relato sobre el destino de los enanos y de la familia de Thorin, una epopeya bien mostrada entre el prólogo y un inciso posterior que aporta un llamativo poso a la personalidad del enano. Estos añadidos otorgan al relato un aura de complejidad con un tono épico lleno de potencial que ya veremos si se desarrolla bien en el conjunto de la nueva trilogía. Como aspecto negativo, de nuevo la exposición de tanta información no se hace correctamente, pues el desenlace de la batalla y sus consecuencias no quedan muy claros.

Seguidamente, el encuentro con los trols cabría esperar que serviría para definir el rol de Bilbo en el grupo y hacer que ganase prestigio, pero ya sabemos que Jackson no permite que sus personajes avancen o evolucionen gradualmente, sino que deben hacerlo de golpe al final, así que toda la escena, todo el ingenio del hobbit, no sirve para nada. Y claro, cabe preguntarse entonces por qué se incluye una secuencia tan larga si no aporta nada al desarrollo de la aventura y sus protagonistas.

Hablando de tiempo mal empleado, por alguna razón que se me escapa Jackson decide meter una persecución con orcos y huargos. En el trajín, en un sorprendente e inesperado (por inteligente) apunte de guion Gandalf lleva a los enanos a Rivendel con disimulo, pues eran reticentes a ello. Sin embargo, el proceso es un tanto confuso debido a la errónea elección de la localización, del paisaje. Por otra razón incomprensible decidieron rodar en los parajes destinados en la anterior trilogía al país de Rohan y los jinetes de Theoden y Eomer. Y claro, cuando aparecen los jinetes elfos la gente que no ha leído los libros (comprobado por mí mismo cuando la vi en el cine) se pregunta por qué hay elfos allí, o por qué los enanos van por ese camino, y por qué a través de una cueva llegan repentinamente a Rivendel. En otro momento sorprendente vemos que hay elfos y música en Rivendel, siendo esta la única corrección que ha realizado Jackson sobre sus errores. Igualmente, el contraste de los rudos enanos con los delicados elfos y los chistes con la comida son el único momento humorístico que funciona, que no resulta estúpido. Por el contrario, la forzada y casual revelación de las runas en boca de Elrond resulta muy precipitada a pesar de su importancia, amén de exagerada: ¿era necesario tanto enredo con la piedra blanca y los rayos de luna?, ¿no podía colarse mejor la casualidad de la fecha?

Si Radagast presenta el asunto del mal que regresa, cosa que no quedaría mal si no fuera por su estulta presencia, en Rivendel se forma un repentino concilio de sabios que ahonda en el tema. Un concilio que no sabe de dónde sale, pues no se explica cómo ni por qué se reúnen, y que vuelve a poner de manifiesto la falta de calidad de los diálogos y de la exposición de la trama. Las explicaciones de Elrond metidas a golpes (y reinventando la historia del Rey Brujo de mala manera) y la fallida presencia de Saruman muestran como Jackson desconoce el término sutileza, dando unos instantes que provocan vergüenza ajena. Lo peor de todo es como pone de malote y cabezón a Saruman, como si fuera gilipollas perdido, en otra de esas técnicas que Jackson emplea a menudo: rebajar un personaje para ensalzar a otro, pues Gandalf es el protagonista y debe quedar como el listo que resuelve las cosas. Otro elemento difícil de entender es la confabulación entre Galadriel y Gandalf, poco explicada, sin razones ni destino claro. Además, aquí se da una de esas escenas sin pies ni cabeza que aparecen de vez en cuando, cuando Jackson se levanta creyéndose Uwe Boll: ¡Galadriel es un holograma o se teletransporta!

Partiendo de Rivendel pareciera que nos lanzábamos al desenlace de la cinta, con el conflicto con los orcos bajo la montaña, pero de repente nos vamos a un anexo delirante que no aporta nada excepto tirar por los suelos definitivamente la credibilidad de la aventura. Los gigantes de piedra son el colmo de la catástrofe que supone tener a un patán como Peter Jackson en las riendas de este proyecto. Tanto por contar, tantos protagonistas que necesitan mejorarse, tanta magia en historias y personajes disponible… y se monta una escena mastodóntica de montañas que se tiran piedras mientras los enanos están agarrados a las rodillas de los colosos. Y no se caen, y no les cae ningún cascote en la cabeza; se producen choques entre estas moles capaces de producir terremotos y nadie resulta aplastado ni herido. Y por si no hemos tenido suficiente, venga, pongamos a los personajes a punto de caerse por un barranco al final de la escena, sin venir a cuento, o quizá pensando que después de tanto efecto especial habría que meter de una vez por todas a los protagonistas en acción.

Diez minutos soportando esta parida indescriptible me sacó por completo de la película, y menos mal, porque de aquí en adelante la narración se sumerge aun más en este fatídico sendero. Como decía al principio, Jackson se vio con rienda suelta para explotar todas sus locuras. Las memeces de Legolas con el olifante en Pelennor o las paridas de Aragorn y Gimli acabando con orcos enormes como si fueran de papel en Helm son poca cosa comparado con lo visto en el tramo final de esta entrega. Y aquí no puedo sino preguntarme: ¿con Guillermo del Toro hubiéramos visto algo más maduro y centrado?

Cuando por fin son capturados por los orcos… bueno, cabría esperar un clímax final de infarto, con un escenario espectacular, unos enemigos temibles y con los personajes inmersos en situaciones extremas de forma que el espectador sudara de lo lindo, pero nada de emoción emerge de unas escenas tan aparatosas, exageradas y rebuscadas que resultan absurdas. Y en lo que a mí respecta me parecen incluso insultantes a la inteligencia del espectador: ¿pero qué pasa en el cine actual que todo tiene que ser lo más rebuscado e increíble, dónde está la carga dramática, la vivencia de los protagonistas y la conexión de estos con el espectador?, ¿por qué el público se traga tanto fuego artificial vacío? En fin, que no puedo entender cómo tanta parida acumulada puede resultar interesante. ¿El destino de los enanos? Me importa bien poco, porque no se pone esfuerzo en hacer que su situación resulte trascendente, sino que se gasta el esfuerzo en criaturitas digitales y escenas de acción imposibles. Los puentes colgantes infinitos (ahora resulta que los orcos son unos currantes de la hostia), los enanos que machacan orcos como si fueran maniquíes indefensos con técnicas surrealistas una detrás de otra (el ariete, los saltos entre puentes, los andamios móviles -qué cansino Jackson con esta tontería-)… Todo minuto de metraje desde que entramos en la cueva es un videojuego hortera sin sentido narrativo ni emotivo alguno. Hay momentos cumbre que rompen los esquemas de lo increíble y absurdo y llegan al más absoluto ridículo, como la caída de un andamio, con los enanos agarrados, por cientos de metros de barrancos. Digno del peor cine cutre. Y la cosa no acaba ahí, porque la escena del árbol que se cae o no se cae… qué largo y penoso, cuánto malabar rebuscado, cuánto se fuerza la credibilidad. El tacto y comedimiento de Jackson en las escenas de acción es nulo, y el resultado es grotesco. Y la emoción, cuando debe aparecer obligatoriamente con el duelo de Thorin… pues no lo hace, porque todo el envoltorio es esperpéntico.

Por fin llegan las águilas al rescate. Para una cosa que se podrían haber ahorrado, para algo que podrían haber mejorado con respecto al original… ¿Por qué no los llevan un poco más allá, por qué no los sueltan cerca de la montaña? Las águilas-taxi con limitación de viajes sobran en el libro, en la película no digamos. Y para colmo la escena del vuelo se extiende y extiende durante interminables minutos sin propósito tangible alguno.

Pero entre todo este galimatías de ruido sin sentido hemos tenido el encuentro de Bilbo con Gollum, para muchos lo mejor de la película y una muestra clara del problema del resto del tramo final. ¿Por qué? Pues porque Bilbo y Gollum ofrecen una secuencia de guion y personajes, con diálogos sólidos con sentido y objetivo, con fuerza dramática capaz de despertar emociones en el espectador (y muchas: miedo, rechazo, tensión… pena, lástima, alivio…). El final de esta parte, con Gollum desolado y Bilbo azotado por la lástima, es muy triste. Una pena sin embargo que la concepción de Gollum siga siendo exageradísima, con esas dos personalidades tan evidentes y el tono malogrado de secundario cómico aún latente en algunos instantes.

El cierre de la aventura mediante un final con explicación-lanzamiento del siguiente capítulo resulta sorprendentemente bien ejecutado, viendo lo mal que terminó Jackson las otras entregas. Y la visión del Bosque Negro con la Montaña Solitaria al otro lado está mejor recreada que los planos del estilo en la otra trilogía, donde todo parecía estar a doscientros metros de distancia.

Con una película tan larga y tanta exposición de personajes cabría esperar unos protagonistas de gran nivel, de gran fuerza, pero Jackson ya dejó bien claro en El Señor de los Anillos que escribir personajes es uno de sus puntos más débiles. Con tal poso (novela, películas previas y cantidad de contenido llevado a la pantalla) era prácticamente imposible tener unos protagonistas horribles, pero joder, era facilísimo tenerlos enormes, y no lo consigue.

Bilbo Bolsón no es mal rol. Al menos, su evolución lleva a alguna parte y tiene sentido, cosa que no se puede decir de Aragorn o Frodo, por ejemplo. Sus problemas por la pertenencia al grupo le llevan a actuar de una forma u otra, sus dudas y temores son claros y consistentes, y su maduración evidente. Pero todo está un nivel bastante superficial y ligero, con lo que no veo que tenga la fuerza suficiente para sostener todo el relato: su indecisión y pasotismo se alargan demasiado, sus vivencias no me llegaron con fuerza ni en los momentos cumbre. Con decir que la breve presencia de Bilbo en La Comunidad del Anillo me llena mucho más…

Thorin Escudo de Roble tiene un gran trasfondo que le otorga un potencial enorme, y aunque va bien encaminado (es tan arisco y altivo con en libro, da instantes interesantes, como Gandalf cabreándose con él) poco da de sí y en momentos cumbre, en la habitual incoherencia de Jackson con los personajes, incluso se estropea. En el desenlace, cuando más debe ofrecer, resulta que es tonto del culo: se lanza a por el orco albino como un demente. Y por si fuera poco empeora con otra de esas escenas típicas donde para reforzar un personaje (Bilbo rescatándole) se cisca por completo en otro: qué forzada resulta la derrota del enano, qué patán resulta cuando hasta ahora parecía una gran figura; para rematarlo casi llora como una nenaza al pedir perdón a Bilbo y aceptarlo en el grupo. De nuevo, lo sutil e inteligente no va con Jackson, sino lo cutre y directo. Como indicaba más atrás, cuando fin llega la evolución de Bilbo y Thorin ésta resulta forzada, repentina y bastante incoherente con lo visto anteriormente, hiriendo la concepción de estos personajes principales. Nada nuevo, y por lo que veo la gente está acostumbrada y le da igual que los protagonistas sean amalgamas sin sentido ni coherencia. Con todo, aun contando con este bajón Thorin es un rol más que aceptable, pero queda lejos del nivel de Boromir y Gandalf en La Comunidad del Anillo.

Gandalf el Gris, sea por eso de entrar y salir del relato, queda un poco en segundo plano, pero se muestra bien que se mueve por un plan y unos temores concretos (algo que faltaba en Gandalf el Blanco en Las dos torres y El retorno del Rey). Galadriel, Saruman y Elrond quedan relegados a figurantes no muy bien empleados, y destacaban más en La Comunidad del Anillo. El resto de enanos pinta bien poco, algo no muy entendible dado el metraje con el que cuentan; qué difícil es ver hoy día grupos amplios de protagonistas donde hasta secundarios muy secundarios son bien definidos. Y ya he mencionado a Gollum más arriba.

En los enemigos, si bien se contaba con la presencia del Rey Trasgo, se añade también a Azog, inspirado en cierta manera en la obra de Tolkien pero con presencia muy ampliada. Sin duda pensaron que los enanos debían tener un enemigo más focalizado, algo lógico, y lo cierto es que el orco albino es imponente y se introduce muy bien en la narración. El Rey Trasgo sin embargo es otro cantar. Su dicción perfecta y sus diálogos inteligentes… si aceptamos que hay orcos más sabios cabría esperar que efectivamente lo fuera, y que en consonancia con su posición fuera también un gran y temible líder… pero parece un personaje de Disney (sensación amplificada por su aspecto de dibujo animado), un villano cómico inaguantable que se complementa además con el orco mensajero digno de Harry Potter. Es el remate de todo el desastre que supone la parte de las cuevas.

En cuanto a las labores de producción, como era esperable Jackson se rodea de un gran equipo técnico que recrea la Tierra Media mediante una dirección artística notable, un vestuario magnífico, un maquillaje sobresaliente, unos decorados de nivel, una música muy correcta… Recalco que el vestuario resulta exquisito y el maquillaje excepcional: los orcos son impresionantes (y a su lado los digitales quedan fatal) y los enanos se distinguen perfectamente, de hecho mi temor a que algunos parecieran humanos o hobbits por no tener tanta barba ni enredos desaparece al verlos en movimiento.

Sin embargo, otros muchos de estos elementos están algo limitados, y no por cuestiones de calidad, sino porque al extender tanto una novela sencilla y nada abultada se produce otro fenómeno: la falta de contenido real, de puntos cumbre, implica que la magia de la Tierra Media se diluye mucho. Únicamente vemos La Comarca y Rivendel, ya conocidos, y las cuevas de los orcos, nada llamativas. En la anterior trilogía cada paso abría una puerta a un nuevo lugar, civilización o grupo de personajes más o menos maravilloso y fascinante. Aquí sólo hay una partida de enanos andando y corriendo por el campo. Por ello, hay poco donde estos elementos puedan destacar. Se vislumbra la grandeza de los decorados en el prólogo, con Erebor y la Montaña Solitaria, pero poco más. Con la música de Howard Shore ocurre lo mismo: apenas hay donde explayarse, sólo el tema de los enanos es nuevo, el resto son sonidos ya conocidos, porque el relato lo exige, que están además demasiado utilizados, porque Jackson se empeña en sobrecargar de música todas las escenas.

Y uno de estos elementos presenta un fallo importante muy visible: los efectos especiales no lucen. Con el tiempo que ha pasado desde la trilogía de los Anillos (diez años) y el presupuesto descomunal del que disponían no es perdonable que los efectos digitales y la escenificación de muchos instantes muestre una calidad tan ajustada, tan poco destacable, con momentos puntuales en los que directamente resulta bastante pobretona. Lo único digno de mención es de nuevo Gollum, pero como ocurrió en los episodios precedentes da la sensación de que echaron ahí todo el dinero y el resto parece inacabado. El diseño de los huargos ha mejorado, pero su recreación digital no. Los orcos digitales se quedan a años luz de los conseguidos con maquillaje (el Rey Trasgo es horrible), el acabado visual de las escenas con mucha digitalización canta sobremanera, sea por los colores falseados, la oscuridad forzada (siempre se hace de noche cuando hay mucho efecto digital que mostrar) o la falta de credibilidad en los movimientos (los enanos digitales son súper ágiles, los reales torpes y lentos). Igualmente, tenemos algunas transiciones mediocres de imagen real a decorado o digital, como cuando huyendo de los trasgos y de la aparición de los elfos los enanos se meten en una cueva: el decorado de la hendidura y la iluminación (juraría que añadida en postproducción) cantan muchísimo. Los efectos especiales deberían ser una herramienta para complementar la narración, cuando se convierten en la narración en sí, sin nada más detrás… pues el resultado es el que vemos aquí: artificio ostentoso sin contenido ni sentimiento.

Y gran parte de la culpa la tiene sin duda Peter Jackson con su pobre forma de rodar, pues sigue siendo incapaz de otorgar a la dirección un estilo fluido, uniforme. Volvemos a encontrar innumerables planos aéreos que saltan a primerísimos planos y secuencias de batalla que se componen de un plano cerradísimo lleno de caos donde no se ve nada y otro lejano creado digitalmente, sin mostrar visos de planificación, ni escenificación, ni uso sabio del montaje. Todo se hace a base de los citados apaños e improvisaciones en la sala de postproducción. Las batallas son el momento cumbre de tal desatino y falta de calidad y experiencia, pero hay otros instantes que provocan vergüenza ajena: por ejemplo el concilio de Rivendel… paraos a mirar la escena, está fatalmente construida. No puedo hablar del 3D, que no me interesa, ni de los 48 fotogramas por segundo, que sí prometen bastante.

Sobre los actores, no encuentro figuras que destaquen como lo hicieron algunas en las anteriores partes (Ian Holm, Ian McKellen, Sean Bean). Richard Armitage (Thorin) está bastante bien, mostrando con tino un personaje lleno de rabia y tensión, pero no termina de conseguir una gran interpretación. Ian McKellen (Gandalf) está con el piloto automático puesto (y por cierto, se nota un montón su edad). Ken Stott (Balin) cumple como el único enano secundario con protagonismo. Y dejo para el final a Martin Freeman como Bilbo, a quien considero un actor excelente que aquí está bastante descentrado. Seguramente será por las directrices de Jackson a la hora de abordar el personaje (también es un pésimo director de actores, como demostró en la anterior trilogía), pero la sobreactuación llena de histrionismos y amaneramientos me parece excesiva, con momentos vergonzosos (por ejemplo, cuando recorre la casa temiendo que los enanos no se hayan ido). Y el doblaje como siempre empeora cualquier sensación, porque precisamente la voz peor elegida es la que ponen a Bilbo, mientras que el resto están bastante acertadas.

En lo relativo a la fidelidad hacia la novela sin duda lo es más que El Señor de los Anillos, pero porque El hobbit es muy simple y lo único que hace Jackson es seguir su esquema, añadiendo francamente bien (para lo esperable por este autor) temas de los apéndices. Y Bilbo, Thorin y Gandalf no salen muy mal parados, como decía. Pero en varias ocasiones se pierde en los excesos habituales: la presencia de Saruman escuece, Thorin tiene ese bajón enorme al final y queda por ver si en los dos próximos episodios dará tumbos como Aragorn, las escenas de acción hipertrofiadas cambian la aventura fantástica por el videojuego sin credibilidad…. Además, de nuevo Jackson sigue pensando que ser fiel significa mencionar cosas que no pintan nada aquí, como Gondolin, Ungoliant o los cinco magos (dos no aparecen nunca, pero los menciona Gandalf, con lo que el espectador podría esperar algo de ellos), en vez de centrarse en perfilar mejor a los personajes y sus aventuras. También hay que recalcar el fallido tono que oscila entre infantil y adulto, que enrarece considerablemente la película y la adaptación: por un lado me alegro de que huyera del excesivo estilo infantil de la novela, pero si lo haces, hazlo por completo, no metas ramalazos absurdos como Radagast y sus animalitos, que desentonan muchísimo.

Ver también
-> EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo.
Las dos torres.
El retorno del rey.
-> EL HOBBIT
Un viaje inesperado.
La desolación de Smaug.
La batalla de los cinco ejércitos.

Capitán América: El primer Vengador


Captain America: The First Avenger , 2011, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 124 min.
Dirección: Joe Johnston.
Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely.
Actores: Chris Evans, Hayley Atwell, Sebastian Stan, Tommy Lee Jones, Hugo Weaving, Dominic Cooper, Richard Armitage, Stanley Tucci, Samuel L. Jackson, Toby Jones, Neal McDonough.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Personajes, diálogos, puesta en escena. Sabe exprimir el género de maravilla: héroes, villanos, fortalezas, dilemas morales, confrontaciones… todo se aprovecha bastante bien.
Lo peor: Unas veces parece un resumen y otras que le faltan escenas. Los efectos digitales se quedan a medias, y a veces incluso cantan bastante.
La frase: Yo no te voy a besar.

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Con Capitán América, de la que no esperaba nada, me he encontrado por sorpresa con una de las mejores películas de superhéroes Marvel, con un guion que sabe manejar cada elemento y tópico del género de manera hábil y una puesta en escena bastante espectacular. La exposición del nacimiento del héroe es de las mejores que he visto (aunque a veces quede un poco raro el trucaje para adelgazar al protagonista) y su maduración resulta bastante creíble… hasta cierto punto, pues después de tanto indicar que el elegido tiene algo especial además de ganas de guerra, resulta que el tío lo primero que hace en toda confrontación es ir de frente sin más, meterse de lleno entre las tropas enemigas sin pensar en algún plan, quizá sabiendo que los soldados enemigos siempre atacan de uno en uno. O dicho de otra forma, los planes de los buenos y las escenas de acción se los podían haber trabajado un poco más, pues echan a perder personajes que tenían buena base. Los secundarios más importantes resultan también muy correctos, en especial el villano y su científico, pero también los del bando bueno, como el genio de Stark o el general; a la chica le faltaría un poco más de dedicación, pero no es grave; la verdadera pega es que con la falta de tiempo otros caracteres quedan muy atrás, como el grupo que se une al Capitán en el ecuador de la historia (da la sensación, como ocurrió en Thor, de que están ahí para contentar a los fans del cómic).

Destacan diálogos sumamente ingeniosos y divertidos así como escenas que además de resumir un proceso de maduración que podía haber sido muy largo resultan excelentes como momento cómico (por ejemplo, la bandera y la granada del entrenamiento, que justifican la elección de nuestro protagonista ante otros en apariencia más preparados). Pero hay mucho que contar y algunas partes se ventilan a modo de videoclips o saltos de tiempo que dejan una ligera sensación de que se ha resumido en exceso. Pero era casi obligatorio si no querían elegir entre partir la película en dos y dejar la historia a medias o simplificarla en exceso. Y por el lado contrario, viendo que en unas partes les falta tiempo cabe preguntarse por qué alargan tantísimo la sección dedicada a los bonos de guerra, que se hace bastante pesada.

La realización es buena en cuanto al sentido del espectáculo, pero quieren abarcar tanto que a veces resulta irreal, por exagerada o porque los efectos especiales no pueden llegar a tales límites si no es con el doble de tiempo y dinero. Aunque la recreación de la época es excelente, con grandes persecuciones por las calles de los años 40, y los vehículos y fortalezas enemigos resultan enormes y bien diseñados, algunos momentos terminan dejando ver un exceso de ambición y no quedan del todo bien: algún plano de combate o de tanques gigantes canta a pantalla de fondo y efecto digital menor. Yo prefiero poco pero bien hecho y donde prime la trama, y lo cierto es que ésta aquí está bastante bien trabajada, así que esos fallos o excesos no me han molestado demasiado. Incluso escenas cumbre que podrían resultar previsibles, como la clásica confrontación final en la guarida del enemigo, mantienen el interés y sentido del espectáculo muy bien, y no resulta especialmente grave que algunos instantes (como la persecución del coche al avión) no sean visualmente perfectos.

En cuanto al reparto, sorprende ver la maduración de Chris Evans, quien resultó insoportable en la abominación de Los cuatro fantásticos pero ha pasado a convertirse en un intérprete bastante correcto (eso sí, un poco absurdo que repitan con él habiendo sido ya rostro de un héroe Marvel). Aun así, enormes nombres eclipsan su figura: brillan con luz propia la estupenda composición de villano que hace Hugo Weaving o las impresionantes aportaciones de Tomy Lee Jones. La chica (Hayley Atwell, yo la conocí en Los pilares de la Tierra) en cambio queda bastante en segundo plano, ya sea porque su personaje no es muy llamativo o porque le falta algo de carisma. Los secundarios están excelentes, en especial Stanley Tucci y Tobey Jones.

El ambiente de universo Marvel que posee la cinta funciona de maravilla, dándole esa idea buscada de que es un capítulo que forma parte de una serie que se encamina hacia un desenlace (Los Vengadores). La presencia del padre de Tony Stark (con su exposición tecnológica al estilo de Iron Man), así como el prólogo y el epílogo dedicados a traer al Capitán al presente con Shield, encajan a la perfección en la propia historia interna de la película. Y viendo los buenos resultados de esta entrega, la esperada Los Vengadores ha ganado considerable interés entre los amantes del género.

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
-> Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol2. (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Pantera Negra (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man and the Wasp (2018)
Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)