El Criticón

Opinión de cine y música

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Bone Tomahawk


Bone Tomawahk, 2015, EE.UU.
Género: Western, gore.
Duración: 132 min.
Dirección: S. Craig Zahler.
Guion: S. Craig Zahler.
Actores: Kurt Russell, Patrick Wilson, Matthew Fox, Richard Jenkins, Lili Simmons.
Música: Jeff Herriott.

Valoración:
Lo mejor: Personajes, actores.
Lo peor: Se desaprovechan por completo en un relato inerte y soporífero.

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Empezó su andadura por festivales en octubre de 2015 (incluyendo Sitges), y apenas ha llegado a otros países, aunque sorprendentemente sí a España, pero eso sí, con un estreno limitadísimo. Los pocos que la han ido viendo hablaban bien de ella, así que decidí darle una oportunidad esperando que, como ocurrió con Slow West y The Salvation, encontrara un atractivo filme independiente del género. Sin embargo mi decepción ha sido monumental, ha resultado uno de los visionados más aburridos que he soportado en los últimos años.

Lo peor es que inicialmente promete mucho, es decir, que sabe a engaño. La presentación de los personajes es certera y juega bien con los elementos clásicos del cine del Oeste: tenemos roles claros, como el sheriff curtido, el galán presumido, el amigo fiel… Todos resultan verosímiles, y sumado al carisma que le otorga el reparto de grandes actores, se prometía una buena dinámica entre ellos. Sin embargo no hay más en la película tras la introducción. Es como si hubieran robado el guion y el realizador improvisara de mala manera. Una vez empezada la búsqueda de la chica raptada, a lo Centauros del desierto, la narración muere por inanición. La odisea carece de contenido, los diálogos son mediocres, todas las escenas repiten el mismo patrón: el pijo engreído fastidiando, el vejete siendo simpático, el sheriff prudente… Damos vueltas en círculos durante dos eternas horas, sin avanzar realmente en las relaciones y atascados en un viaje que no parece ir hacia ninguna parte.

El giro al gore, cuando llega, ni aporta nada nuevo ni levanta el interés, sino que el nivel sigue cayendo porque una vez plantadas las bases del arco final todo se ve venir de lejos con una facilidad pasmosa: no hay ni una sola escena que no se intuya al completo antes de empezar. Y no hay más chicha, porque la atmósfera carece de intriga y temor, solamente es gore, es decir, destripamientos y amputaciones verdaderamente asquerosas.

Fuera lo que fuera lo que intentara rodar S. Craig Zahler en esta su primera incursión como director, se ha estampado a lo grande. Western clásico, road movie, serie b de terror, gore… Ningún género lo coge con determinación y la combinación de ellos es inexistente, pues salta de uno a otro sin tacto alguno. La más parecida en estilo que recuerdo es la muy recomendable Ravenous, original, alocada y trepidante, todas virtudes de las que carece Bone Tomahawk.

Es una de esas ocasiones en que me arrepiento de no haber quitado la película, pero es que me da rabia dejarlas a medias, sin saber si al final mejora aunque sea para salvarla por los pelos. Además, siempre puedo desquitarme en el blog.

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Asalto al poder


White House Down, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 131 min.
Dirección: Roland Emmerich.
Guion: James Vanderbilt.
Actores: Channing Tatum, Jamie Foxx, Maggie Gyllenhaal, Jason Clarke, Richard Jenkins, Joey King, James Woods.
Música: Harald Kloser, Thomas Wander.

Valoración:
Lo mejor: Channing Tatum.
Lo peor: Todo: el abuso de clichés, el argumento sobadísimo, los personajes y situaciones imposibles, las escenas de acción mediocres, los efectos especiales flojos, la música mala…
El cliché más previsible: El puto reloj que le salva del tiro.
La escena patrihortera: La bandera ondeada por la niña patriótica ante el vuelo de aviones militares, y los pilotos abandonando su misión (¡¡¡salvar al mundo de una tercera guerra mundial!!!) por la lagrimilla que les da la escenita.

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Asalto al poder resulta un gran título del cine cutre, pues por mucho que sea una cinta que no se toma muy en serio, el tono de aventura tontorrona no logra sobreponerse a la cutrez casposa, a la mediocridad risible. El guion parece hecho por un programa de ordenador que recopila todos los guiones del género y los mezcla aleatoriamente. Los clichés más estúpidos, las líneas argumentales más disparatadas, los personajes más estereotipados y las escenas de acción más inverosímiles aparecen en todo su patético esplendor.

La trama es el enésimo remedo barato de La jungla de cristal. Qué digo, es una copia descarada, de hecho, es más fiel a la saga que la quinta parte, La jungla: Un buen día para morir, aunque sea incluso peor. Tiene mucha acción y ritmo, pero no consigue resultar interesante y entretenida porque toda escena, todo plano y diálogo, lo hemos visto mil y una veces y no se hace el más mínimo esfuerzo por buscar una identidad llamativa, una vuelta de tuerca que le dé algo de savia, o incluso algo de dignidad. La única forma de sacar algo del vulgar relato es riéndose a su costa. Ojo, hay muchos momentos de humor, pero estos provocan vergüenza ajena: forzados en los peores momentos posibles, escupidos a través de personajes insoportables (el guía es un catalizador de memeces alucinante), con recursos tan primarios que dan penita. No, si te ríes es por lo cutre y ridículo que resulta todo. Sirva de ejemplo una escena importante: el protagonista lanza un puñado de granadas que provocan una explosión enorme (por supuesto con bola de fuego) que derrumba medio edificio… pero él se salva porque ha dado una voltereta y se ha ocultado tras el atril de madera o plástico desde donde hablan los políticos, que por ser presidencial es también indestructible. Fli-pan-te.

El líder de los malos (que se señala mediante su mirada aviesa y musiquita inquietante, como decía Homer en Los Simpson) era uno de los buenos, pero se ha vendido por completo a lo más extremista del lado oscuro por desavenencias políticas y un trauma familiar. Un tipo que ha trabajado toda su vida para su país de repente lo quiere ver en llamas, aun a costa de matar a sangre fría y personalmente a todos sus allegados; lo más normal del mundo, vamos. Para rematar el absurdo, en su mundo de dolor y rabia el tío es más lúcido y capaz que nunca: logra urdir el plan más imposible y eficaz. Eso sí, por supuesto se rodea de patanes enormes que lo tirarán por tierra. Estos peones se dividen en las dos categorías habituales: los que aparecen para morir de forma estúpida y los tienen líneas de diálogo y lo harán de forma algo más llamativa. Los primeros caen como moscas en los tiroteos, mientras el héroe protagonista corre por cualquier parte entre lluvias de balas sin que le pase nada. Los segundos son descritos con algún detalle sencillo y reconocible, que como suele ocurrir se limita a que están locos de remate y hacen gilipolleces una detrás de otra; además, los pobres actores tienen que poner muecas y gestos de cabreo ante las habilidades del héroe mientras aguantan la risa por la incompetencia infinita de sus roles. Y por supuesto, no falta al final la aparición del bueno traidor, en una escena que grita a los cuatro vientos “eh, que no solo es de acción, tiene también un argumento enrevesado y sorprendente”. Sí hombre, sí.

En el bando de los buenos tenemos la misma mierda. La chica competente que los generales cabezones echan a un lado, porque uno llega a general de no sé cuántas estrellas siendo idiota e inmaduro. Además estos altos mandos son temblorosos e indecisos y dejan todo para el protagonista, porque el héroe debe ser siempre superior a todos aunque eso vaya contra la verosimilitud del relato. El presidente es súper majo y perfecto en un mundo donde todos los demás son los que fallan en algo y tienen la culpa de las cosas malas; eso sí, en un requiebro magnífico, Emmerich nos cuela como presi a un negrata de barrio, con sus zapatillas de baloncesto y todo. Y el plato fuerte es el protagonista. Dejo que adivinéis su vida… Sí, es un buenazo muy resuelto pero con algunas torpezas que lo tienen a punto de quedarse sin trabajo, y por su puesto la aventura lo encumbrará donde merece. Sí, tiene una exmujer y una hija preadolescente con las que no consigue llevarse bien por mucho que lo intente; por suerte, la chiquilla no es el clásico niñato insoportable, cumple sin molestar, y la ex aparece durante tres milisegundos. Como es esperable, resolverá todo con sus superpoderes: esquivar balas, hacer que los malos se cabreen tanto que fallen en sus planes, verse en cada situación en el momento justo, etc. Y todo terminará con la reunión familiar y demás instantes pseudo lacrimógenos.

La puesta en escena de Emmerich es plana y aburrida. No ofrece nada destacable, pone la cámara donde dice el manual y nada más. Pero lo peor es que el nivel de los efectos especiales deja mucho que desear: costó 150 millones y parece un telefilme. Lo poco que hay artesanal no luce: los tiroteos son simples a más no poder, las carreras por los pasillos nada espectaculares, los duelos del protagonista con los villanos son tan previsibles que no emocionan lo más mínimo. Emmerich busca un envoltorio grande y supuestamente impresionante, que para eso es una superproducción, mostrando muchos planos aéreos de la Casa Blanca y una batalla final con helicópteros, pero estos se resuelven con unos efectos digitales horribles. Las pantallas de fondo son de serie barata, se notan mucho y las escenas quedan muy falsas, muy cutres. Los vehículos y extras digitales se ven muy falsos, color, textura y movimientos no convencen en absoluto. ¿Con 150 millones no se podían hacer unos efectos digitales no solo de buen nivel, sino espectaculares? En Los Vengadores y Transformers casi toda la ciudad, durante sus batallas principales, está recreada digitalmente y no se nota en ningún momento, de hecho, resulta alucinante. No es cuestión de dinero ni del tipo de efectos especiales, sino de que hay que tener un buen director/productor que sepa rodearse del equipo adecuado y gestionar bien los recursos… y pensaba que Emmerich lo era: ¿cómo puede Independence Day lucir diez veces mejor que Asalto al poder con casi veinte años de diferencia entre una y otra? Porque la cadena de mando ha fallado, no se ha contratado a la gente adecuada, no se ha invertido bien el dinero, no se ha dirigido bien la producción, etc. Por cierto, los efectos sonoros son flojos también. Los tiroteos suenan todos iguales, no falta el abuso de tics (las pantallitas haciendo pipipi) y aparece un nuevo efecto sonoro de esos sin pies ni cabeza: las granadas con cuenta atrás sonora.

Lo único salvable es el carisma de Channing Tatum, que parece tomarse la película a cachondeo y se le ve bastante resuelto en su papel de clon de John McClane. Por lo demás, Asalto al poder es una abominación de grandes proporciones que vuelve a recordar las eternas preguntas: ¿por qué pocos entienden que el cine de acción debería ser medianamente inteligente también?, ¿por qué estos productos de ínfima calidad llegan a aprobarse?, ¿por qué el espectador no les da la espalda?, ¿por qué no se invierte esa pasta en hacer algo original?, ¿es que no hay guiones de mayor calidad circulando por Hollywood?…

Ver también:
Objetivo: la Casa Blanca (Olympus Has Fallen).

La cabaña en el bosque


The Cabin in the Woods, 2012, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 95 min.
Dirección: Drew Goddard.
Guion: Joss Whedon, Drew Goddard.
Actores: Kristen Connolly, Chris Hemsworth, Anna Hutchison, Fran Kranz, Jesse Williams, Richard Jenkins, Bradley Whitford, Amy Acker.
Música: David Julyan.

Valoración:
Lo mejor: Original hasta dejarte descolocado. Se ríe del género con habilidad.
Lo peor: Que la distribuidora la haya condenado al olvido.

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El talento de Joss Whedon y su capacidad para sorprender se ponen de manifiesto de nuevo en esta producción menor que se sacó inesperadamente de la manga y que ha descolocado a todo el que la ha visto… o al que la ha podido ver, porque estuvo a punto de caer en el olvido debido a su escasa distribución. También ha servido de carta de presentación de Drew Goddard, un escritor que de tapallido trabajó en varias de las series de Whedon y otras pocas más, como Perdidos, y aquí se estrena como director.

Se rodó en 2009 pero el estreno en Estados Unidos se retrasó hasta 2012, primero, porque la productora quería convertirla al 3D (algo que no se llegó a hacer), segundo, porque varios líos en el estudio la dejaron en lista de espera indefinida. Cuando vio la luz, el boca a boca rápidamente la convirtió en un título de culto y las críticas fueron muy entusiastas, pero se ve que eso no fue suficiente para la distribuidora en España, que pasó completamente de ella a pesar del tirón inevitable que tendría que uno de los actores principales fuera Chris Hermsworth, en boca de todos ese año por el papel de Thor (Thor y Los Vengadores). No se han enterado de que la película es muy vendible hasta el inminente estreno de Thor 2, un año y medio después (llegan casi a la vez, en noviembre de 2013) y cuando ya la ha visto la gran mayoría de su público potencial (bendita internet), y además harán un estreno limitado. Al menos eso significa que llegaremos a tener edición en dvd/bluray.

Alerta de spoilers: Para disfrutar de esta película lo mejor es conocer lo menos posible del argumento, y me es imposible escribir sobre ella sin revelar algunas cosas importantes, así que tú decides si leer o no.–

Una descripción rápida sería decir que La cabaña en el bosque es una parodia de las películas de terror adolescente clásicas, las de casas aisladas y encantadas con niñatos muriendo en fila, aunque también mete algo de zombi y asesinos en serie, entre otras referencias. Pero el guion de Whedon y Goddard está lejos del humor chabacano y pueril de las parodias que paren en Hollywood, con la saga Scream a la cabeza. Obviamente se ríe de los tópicos más fáciles, como la rubia tonta, el macho alfa, el orden de fallecimientos, el instante de susto obligado… pero lo hace con unas vueltas de tuerca muy originales, a veces incluso totalmente inesperadas y espectaculares. Y cuando se destapa la trama por completo, con la sección de control de monstruos y el ritual de apaciguar a los demonios mostrado como si de una oficina cualquiera se tratase, el delirio abraza la narración y a partir de ahí todo resulta fascinante. La película va creciendo hasta llegar a un desenlace de esos que no hay forma de describir, intenso e inquietante como cabe esperar dado el género, pero donde todo ese delirio previo estalla en una orgía sin nombre: los monstruos sueltos, los currantes luchando por mantener el control, las escenas brutales que te dejan a cuadros (la moto estampada en el campo de fuerza)… y un plano final que incluso en este relato descoloca por completo. La gran última broma de Whedon, donde es difícil distinguir la locura de la genialidad.

La labor de Goddard es muy profesional. Sin enredos innecesarios (siempre me quejo del abuso de efectos sonoros y escenas-cliché para dar miedo) genera una buena atmósfera, y maneja muy bien tanto las escenas oscuras e intrigantes como las de acción con efectos especiales, de hecho, hace lucir muy bien el escaso presupuesto. En el reparto vemos a otros colegas habituales de Whedon, como Amy Acker (Angel, Dollhouse) o Fran Kanz (Dollhouse), así como a figuras de sobrada calidad vistas en varias series, como Bradley Whitford (rabia que no encontrara una buena serie tras El Ala Oeste), Richard Jenkins (A dos metros bajo tierra) y algún otro menos conocido, como Kristen Connolly (House of Cards), Jesse Williams (Anatomía de Grey) y Anna Hutchison (Spartacus), y fue uno de los primeros papeles importantes de la emergente estrella Chris Hemsworth (aunque por los jaleos citados se estrenara después de Thor).

Lo único malo que podría decir es que es un entretenimiento tan ligero que no deja huella. El visionado entretiene, las sorpresas son muy eficaces, los sustos y chistes se mezclan con gran habilidad, la parte final es demencial… Pero una vez vista y pasado el asombro no tiene mucho que la haga recordable o digna de ver más veces con entusiasmo. De hecho, el tramo inicial es poco sustancioso, algo común en el género que aquí no han sabido solventar; supongo que es fruto de que Whedon pretendía ir mostrando las sorpresas poco a poco, asentando las bases del género para luego retorcerlas. Por ello, como indicaba al principio, lo mejor es verla sin saber nada aparte de que es una de terror en cabaña aislada narrada desde una perspectiva distinta. En esa situación de desconocimiento puede llegar a descolocar mucho, hasta provocar rechazo incluso, pero bueno, de eso trata el arte, de producir sensaciones, y La cabaña en el bosque en ese sentido es un festín bastante gratificante.

Jack Reacher


Jack Reacher, 2012, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 130 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie, Lee Child (novela).
Actores: Tom Cruise, Rosamund Pike, Richard Jenkins, David Oyelowo, Werner Herzog, Jai Courtney.
Música: Joe Kraemer.

Valoración:
Lo mejor: Un guion que recupera muy bien el estilo setentero de los thrillers de acción. El personaje central, inmenso. La excelente puesta en escena.
Lo peor: El villano comiquero y el traidor imposible desentonan en un conjunto más serio y estropean un poco el final. La escasez de títulos de este tono y calidad.
La frase:
– No puedo pagarte.
– No soy una fulana.
– Entonces sí que no puedo pagarte.

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Es sorprendente y muy de agradecer que en los tiempos que corren alguien se haya atrevido a rodar una película de acción que sea más un thriller que un desfile de efectos especiales sin nada detrás. Jack Reacher parece una cinta sacada de los años setenta, y recupera muy bien el espíritu del género: pausada, intrigante, con personajes bien definidos, con escenas de acción puntuales pero con calidad y personalidad, con una trama bien expuesta y dosificada…

Ya desde el prólogo, lento, largo y mudo, se ve que el director y guionista Christopher McQuarrie (autor de los guiones de Valkiria y la famosa Sospechosos habituales, entre otras) no va a ceder a la forma de entender el cine de acción de hoy en día. El protagonista tarda en aparecer, algunos secundarios aún más, la trama se desvela poco a poco y está muy bien hilada, con la pesquisas, revelaciones y resoluciones llegando cuando tienen que hacerlo. Obviamente el patrón a seguir es muy clásico: héroe, chica, villano, traidor… pero McQuarrie lo sabe y se esfuerza por edificar algo sólido, que no sepa a visto ni tome por tonto al espectador. En cuanto a la acción, quitando la extraña pelea en el baño, que toma un cariz cómico un tanto forzado y sin venir a cuento, no hay fantasmadas salidas de madre, tenemos persecuciones y tiroteos clásicos pero espectaculares (ese coche antiguo que coge el protagonista es un evidente homejane al género, con Bullit a la cabeza).

Sin embargo la trama se topa con un muro extraño en los malos. Ese villano exagerado propio de James Bond desentona muchísimo. Por suerte sus escenas son pocas y acaba con un giro estupendo. Pero no es el único cliché fuera de tono, porque las motivaciones del traidor quedan poco claras, de hecho, no se explican lo más mínimo. Parece que pusieron todo el empeño en la pareja protagonista…

El rol central, encarnado por Tom Cruise, está cerca de resultar antológico: un buen trasfondo que define su forma de ser y sus motivaciones, una personalidad arisca y chulesca divertidísima, una resolución y carisma impresionantes, una serie de diálogos geniales… Sin duda con un actor de mayor registro habría resultado más llamativo, pero lo cierto es que Cruise no lo hace mal, culpe de sobras en el factor carisma. Mejor actriz es Rosamund Pike, quien capta muy bien a la abogada luchadora y decidida que halla un caso que amenaza con superarla. Algunas escenas, como ella babeando por él y, tras sentirse rechazada, apareciendo con escote, tienen un punto de originalidad y humor muy inesperado y eficaz. Pero mejor es la escena de la pelea en el bar, que enlaza un diálogo tronchante tras otro. Un solo detalle me parece criticable: no resulta muy creíble que en el EE.UU. actual la gente vaya a esconder a un tipo perseguido por multitud de coches de policía; como la secuencia del baño, la gracia del momento se desvanece por su falta de seriedad.

La labor de McQuarrie tras las cámaras es excelente, y más teniendo en cuenta su inexperiencia (es su segundo trabajo como director). La cámara se está quietecita y muestra con claridad cada escena de acción gracias a una estupenda planificación (en la cantera sabes exactamente dónde está cada contrincante), una fotografía muy cuidada (la iluminación es magnífica) y un estupendo montaje. Es una de las películas de acción mejor dirigidas de los últimos años, aunque precisamente por ello se echa de menos alguna escena más con la que deleitarse.

La taquilla ha respondido bien (no de forma llamativa, pero poco más de 200 millones para 60 de presupuesto parece un buen resultado), y eso que tengo la impresión de que apenas se la ha dado publicidad a pesar de tener a Tom Cruise como protagonista, así que espero que sigan adaptando novelas del personaje, que Lee Child ha montado una saga bien larga, y nos regalen una serie con potencial para sustutuir a Jason Bourne.