El Criticón

Opinión de cine y música

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Venom


Venom, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 112 min.
Dirección: Ruben Fleischer.
Guion: Jeff Pinker, Scott Rosenberg, Kelly Marcel.
Actores: Tom Hardy, Michelle Williams, Riz Ahmed, Jenny Slate, Reid Scott.
Música: Ludwig Göransson.

Valoración:
Lo mejor: Venom es inquietante, divertido y espectacular, y Tom Hardy un gran actor.
Lo peor: La penosa forma en que los desaprovecha un guion ahogado en tópicos y una puesta en escena regulera. El resto del reparto es lamentable. La música machacona. El dinero no luce.
Mejores momentos: Eddie conociendo a Venom. El contraste entre las dos escenas en el supermercado.
La frase: ¡Salta!… Cobarde.

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Estamos ante otro caso donde un estudio (Sony de nuevo, no aprendieron tras hundir The Amazing Spider-Man) interfiere en el rodaje en las etapas final de una película, alterando el montaje y estrenando una versión presumiblemente de menor calidad y más comercial. El propio Tom Hardy afirma que han quitado sus partes favoritas. Sin embargo, en esta ocasión tengo dudas. Es cierto que se adivina un potencial mayor en la propuesta, pero más por las posibilidades que un personaje como Venom en modo desatado y un actor como Hardy ponen en bandeja que por lo que se puede deducir viendo la cinta estrenada.

Se puede pensar que los directivos del estudio la han dejado en un armazón: la premisa pasa por todos los clichés del género, la descripción de los personajes es vulgar, las relaciones se quedan en un par de brochazos mal dados, la confrontación es previsible y monótona, y la narración va entrecortada sin terminar de pararse a desarrollar nada concreto, como pensando que cumpliendo con los tópicos más básicos bastaba para triunfar. Pero, ¿de verdad pensáis que unas pocas escenas más, por mucho que tuvieran más garra y mejores diálogos, mejorarían la relación entre Eddie y Anne? Si tenemos aquí las partes más relevantes y más bien provocan vergüenza ajena, dudo que estirarlas con escenas secundarias lo arreglara. Lo mismo se aplica al resto. Con un villano tan ridículo (y aquí hay que incluir también el nefasto casting) no creo que más minutos puedan levantar el nivel. Quizá, después de todo, los odiados directivos han salvado un despropósito más grande. Lo único que cabe pensar es que restringiendo la edad a mayores de 12 años en vez de a mayores de 18 nos hemos perdido las partes más brutas y sangrientas de Venom (seguramente las que cita Hardy), y aun así tampoco creo que eso bastara para salvar este esperpento. Pero me voy a centrar en analizar la versión estrenada, que al fin y al cabo es la única que hemos visto…

La historia es rutinaria, predecible, aburrida. Un paria que no consigue sacar adelante su vida (trabajo, novia) adquiere superpoderes y ahora debe enfrentar el dilema de la responsabilidad contra los deseos personales inmediatos, y se encontrará con un villano megalómano que le hará decidirse de una vez por todas. El primer acto va a toda leche, saltando entre escenas sin que dé tiempo a respirar, a que nada cale, como intentando quitarse de en medio el trámite para pasar a lo importante. Pero el efecto conseguido es el de frialdad, de falta de contenido: tenemos un argumento muy visto y para colmo es desarrollado con desgana y a la vez prisas. Si habláramos de un par de prólogos, pero es que la presentación ocupa más de cuarenta minutos. Así que el aburrimiento empieza pronto y dura bastante.

La entrada tardía de Venom en acción en el acto central reactiva el interés. La adaptación entre él y Eddie ofrece unos encontronazos facilones pero divertidos, y Hardy está como siempre estupendo: su representación del tontorrón que se ve superado es magnífica. Pero lo cierto es que la aventura carece del toque adulto, violento y gamberro que se espera dado el personaje que tenemos entre manos, en los cómics un ente espeluznante que saca lo peor de los distintos individuos, incluyendo superhéroes, por los que pasa. Y aunque el ritmo se sosiega y van poniendo más énfasis en cada aspecto, a cambio van creciendo las situaciones cutres. La científica queda como idiota en cada escena, la entrada de Eddie en el complejo, paseándose sin encontrar seguridad alguna, es ridícula, las apariciones del nuevo novio son lamentables, en especial en la resonancia, cuando emerge Venom y discuten tonterías a pesar de tener un alien ahí al lado, etc., etc.

En estas circunstancias, el amago de que el dúo Venom-Hardy va a salvar la proyección se va diluyendo, y todo apunta a un desenlace trilladísimo. La anodina confrontación con el villano termina de confirmar ese nuevo bajón, acabando en una pelea final muy ruidosa pero sin emoción alguna en el espectáculo y el drama.

El guion es bastante malo, pero el casting termina de rematar lo poco que dan de sí los personajes. Da la sensación de que tras asegurarse a Hardy eligieron a los demás intérpretes con una lotería. Michelle Williams, a pesar de su talento, muestra la misma expresión todo el rato, no se sabe qué siente por Eddie en las distintas etapas de la historia, y cuando entra en acción seguimos sin saber qué la mueve, ni si está sufriendo o qué. A Reid Scott, el nuevo novio, no sé si le dijeron que estaba rodando una comedia, porque desde luego parece tomárselo como tal. La investigadora con dudas, Jenny Slate, causa tan poca impresión que te olvidas de ella en cuando desaparece del plano. Y lo más grave, no sé en qué cabeza cabe elegir a un joven con cara de pasmado y sin dotes interpretativas como Riz Ahmed para un villano que debe dar miedo. Las escenas en que se supone que se impone a sus empleados provocan lo contrario, vergüenza ajena: termina siendo una parodia involuntaria con la que no sabes si reírte o poner cara de asco.

La dirección de Ruben Fleischer está más en la onda de Brigada de élite (2013) que de Bienvenidos a Zombieland (2007). Venom requería el tono enérgico y alocado de la segunda, pero se queda en la apatía y mediocridad de la primera. También para mal destaca la banda sonora de Ludwig Göransson, quien deslumbrara en Black Panther (Ryan Coogler, 2018) con una partitura original y muy trabajada, pero aquí compone a base de samplers una de acción ordinaria y machacona. Los efectos especiales de Venom están bien hechos, pero no hay más, el director no parece poner mucho empeño en buscar escenarios vistosos que impresionen, así que los cien millones de dólares de presupuesto no lucen nada.

Las persecuciones son simplonas y acaban haciéndose largas, las peleas a tortas, a pesar de los poderes de Venom, no resultan nada espectaculares por culpa de la falta de imaginación y del pésimo montaje, y la batalla final llega con el interés por los suelos y no consigue volver a despertarlo con ese escenario tan poco interesante (la rampa de acceso al cohete) y las hostias repetitivas donde se hace más patente la falta de visión. La única escena de acción rescatable es aquella en que los SWAT o quienes fueran atacan a Venom, donde hay más variedad de situaciones… aunque sea un calco descarado de la escena de Terminator II (James Cameron, 1991) en la que los protagonistas salen de las oficinas de Skynet rodeados de policías.

Otra a la que me recordó es Lo oculto (The Hidden, Jack Sholder, 1987), por eso de tener un alienígena negro y asqueroso usando a gente para pasárselo a lo grande en la Tierra. A pesar de sus limitaciones presupuestarias aquella tenía más savia y gracia.

En cuanto al género de superhéroes, Venom entraría para mí en la categoría de olvidar inmediatamente y hacer como que no existe, pero al final tenemos otro caso donde una película simple y tonta triunfa, dando así, me temo, la razón a los estudios, y es tildada de un buen entretenimiento mientras otras con mucha más calidad han sido maltratadas injustamente, como, sin ir más lejos, la anterior aparición de este personaje, Spider-Man 3 (Sam Raimi, 2007), destacable precisamente por lo que aquí brilla por su ausencia: el buen trabajo con los personajes. Hay muchas veces que no entiendo a los espectadores.

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Rogue One


Rogue One, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: Gareth Edwards.
Guion: Chris Weitz, Tony Gilroy, John Knoll, Gary Whitta.
Actores: Felicty Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Wen Jiang, Guy Henry, Alan Tudyk, Riz Ahmed, Forest Whitaker, Mads Mikkelsen, Genevieve O’Reilly, Alistair Petrie.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Apartado visual inconmensurable. Banda sonora magnífica. Historia muy atractiva con infinidad de grandes momentos.
Lo peor: Algún estereotipo cargante con personajes secundarios. Unas pocas frases explicativas innecesarias.
Mejores momentos: La gran batalla. El épico y trágico final que enlaza con Una nueva esperanza.
El plano: La Estrella de la Muerte apareciendo tras un destructor. La silueta de la Estrella de la Muerte sobre el horizonte.
El título: ¿Qué costaba llamarla “Rebelde Uno”? Además, para variar llega a España con una coletilla: Rogue One: Una historia de Star Wars. Por no decir que ahora se empeñan en que sea Star Wars en vez de La guerra de las galaxias
La traducción: “Stardust” lo traducen como “Estrellita”, que resulta demasiado obvio. Pero hay que decir que tampoco era fácil: “Polvo de estrellas” como que no; “Lucero” quizá hubiera sido mejor, pero también suena un poco raro.
Las frases:
1) -Gerrera: ¿Puedes soportar ver la bandera imperial reinar por toda la galaxia?
-Jyn: No es un problema si no miras hacia arriba.
2) He colocado una debilidad, bien dentro del sistema. Una falla tan pequeña y poderosa que nunca la encontrarán. -Galen.

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Alerta de spoilers: Intento no dar datos concretos y ser ambiguo, pero al hablar a fondo de la temática y la narrativa termino describiendo partes del argumento, así que si quieres verla completamente en blanco quizá sea mejor no leerme.–

Rogue One es una cinta bastante completa, toca varios géneros (aventuras, bélica, comandos…) y aborda diversas temáticas (guerra, dictadura, rebelión, terrorismo, ideales, redención…), y todo ello sin agobiarse con las restricciones impuestas (ser fiel a la serie -estilo e historias-, ser taquillera), de hecho es asombroso que nos ofrezcan una obra relativamente oscura y adulta, algo difícil de ver en estos tiempos donde se quiere abarcar todo el grupo de espectadores posibles, y más aún si tenemos en cuenta que estamos en manos de Disney, y los jóvenes e incluso niños son primordiales en su estrategia comercial. Rogue One rivaliza con El Imperio contraataca a la hora de describir un ambiente opresivo, fatalista, con calamidades inminentes a la vista. De hecho, guionistas y director idearon inicialmente un final feliz, convencidos de que no les iban a dejar reflejar el desenlace dramático que el relato exigía, tanto por argumento como por continuidad.

Comienza como una película de grupo, un concepto narrativo básico pero difícil de evitar, pues la propia realidad se mueve muchas veces por la unión de personas dispares con un objetivo común. El pionero en ver su potencial en una época en que los protagonistas solían ser héroes solitarios fue el gran Akira Kurosawa, con Los siete samuráis (1954). Recordemos que Lucas también se inspiró en su legado para Una nueva esperanza (en concreto en La fortaleza escondida, 1958), así que no es un referente nuevo en la saga. Pero más que de la estela potenciada luego por Los siete magníficos (1960), la presente bebe de la rama centrada en conflictos bélicos, como Doce del patíbulo (1967) y Los violentos de Kelly (1970): convictos, renegados o desertores embarcados, en medio de una guerra, en una misión con un futuro muy negro.

Poco a poco vamos conociendo a cada integrante de esta banda que, en tiempos más estables, tendrían vidas muy diferentes y separadas. En principio temía que Jyn se pareciera demasiado a Rey, la protagonista de El despertar de la Fuerza. Pero ni es la protagonista absoluta ni resulta un carácter simple, como tampoco lo fue Rey, pero sobre todo no se parece en nada a ella en personalidad y recorrido aunque su odisea parta de una separación violenta. Esa tragedia en la infancia forjó en Jyn Erso una personalidad huidiza, vive improvisando día a día su supervivencia y libertad, huyendo del dolor que significaría pararse a pensar y luchar. El resto del universo le importa un bledo, no cree en nadie ni en nada. Pero las circunstancias actuales la llevan hacia un camino donde debe replantearse sus miedos, convicciones e ideales. Felicity Jones había demostrado talento de sobras (La teoría del todo) además de experiencia (su carrera es bien larga), y expone bien esa personalidad derrotista que va ganando fuerza. Eso sí, en la comparación con Daisy Ridley (Rey), se queda bastante lejos de su arrebatadora interpretación.

En el otro lado del espectro está Cassian Andor, que en su primera escena es definido en un instante brillante como un veterano de la parte más dura de la rebelión: las misiones de infiltración, sabotaje, asesinatos… Su dilema interno se va exponiendo con una sutileza que ya querría George Lucas haber mostrado en las precuelas (o mejor: ya querríamos nosotros). Las nuevas órdenes le pesan cada vez más debido a la relación incipiente con sus compañeros, y los acontecimientos lo van dirigiendo hacia un punto de inflexión en el que tendrá elegir entre lo que se espera de él y lo que le susurra su conciencia. La única pega de una figura tan atractiva es que el actor Diego Luna no tiene el carisma y el registro necesarios, o el director no sabe guiarlo, para llegar a dar el personaje memorable que hay latente. A este lo acompaña el robot de turno, introducido sin duda porque hay que mantener el tono de la serie: un androide entre gracioso y pesimista, en la línea de C-3PO pero sin ser un clon descarado. Sin embargo, esta onda de chistes casi infantiles desentona un poco en el conjunto, y pocos me hicieron reír. Les ha faltado ingenio en sus diálogos, pero al menos dista de ser molesto como C-3PO y R2-D2 en las precuelas.

La introducción de los miembros secundarios del comando es también muy certera. En seguida sabes cuál el entorno en el que se movían y cómo este se ha visto afectado por el Imperio. Vuelvo a una comparación que hago mucho: ¿cuántas veces en el cine reciente hemos visto películas corales que sepan presentar a sus protagonistas adecuadamente? Mad Max: Furia en la carretera, Guardianes de la galaxia y para de contar. Hasta la versión nueva de Los siete magníficos, partiendo de las obras fundacionales del género, hizo bastante el ridículo (y no hablemos del desastre de Escuadrón suicida…). En Rogue One estamos rozando el cielo. La escena en que conocemos a Chirrut (el ciego) y Baze (el del arma gorda) vale su peso en oro: un diálogo de Cassian, un plano que los muestra al fondo en una pose muy descriptiva (sin nada que hacer, abatidos), más lo poco que conocemos de Jedha (la represión del Imperio), basta para conocer en un instante su situación. Y en la siguiente aparición ya los tenemos expuestos por completo y con un pie en la banda.

Pero me temo que lo de “por completo” es literal: ya no dan más de sí. El cielo no se alcanza, pues la historia personal de ambos no va más allá, se estanca demasiado en estereotipos un tanto vulgares. El tipo grandote y simpático con un arma tocha puede pasar porque tiene carisma aunque no aporte nada más, pero el asiático ciego experto en artes marciales está demasiado visto y parece fuera de lugar, hasta el punto de acabar siendo muy molesto. Además, obedece demasiado a “la cuota China”, eso de meter subtramas de corte asiático (el actor además es famoso en el género de las artes marciales) para vender la cinta en aquel país. En seguida aparece también el piloto que busca redención por los remordimientos de haber servido al Imperio, pero su recorrido psicológico también es muy limitado, tiene un par aportes al grupo y ya está, quedando como un simple nexo de unión entre personajes y partes de la historia.

La trama global se va configurando de manera bastante dinámica. Los saltos entre planetas y ciudades exponen con celeridad y claridad el entorno, sus habitantes, y la pieza correspondiente del argumento. El más destacable, Jedha, tiene muchísima personalidad, con una historia y una vida tangibles como se espera en la saga. Como señalaba, este lugar y sus habitantes se retroalimentan: la dominación del Imperio, la cultura medio destruida, las gentes perdidas, la resistencia en plan terrorismo liderada por Saw Gerrera… Algunos espectadores se quejan de que esta figura aparece muy poco, de hecho parece ser que Forest Whitaker vio reducido su protagonismo. Pero para mí cumple su función de sobras. Es el mentor de la protagonista, el que la educa en sus primeros pasos y luego su ausencia la libera de ataduras, permitiéndole desplegar su potencial. Si hubieran remarcado más ese rol hubiera resultado con bastante seguridad otro estereotipo muy claro y muy repetido en capítulos previos. Pero muestran lo justo de ese aspecto y abordan otro que le otorga un aire renovado: es un terrorista, no un héroe, abordando así una cara menos idílica de la resistencia.

Esa descripción ambigua de la moral de la rebelión es lo mejor del filme. Lejos de la luminosidad con que nos la describía Lucas (hasta las naves eran de un blanco reluciente), aquí conocemos las distintas facetas que tiene una lucha armada. Aparte de ideales loables, de políticos inquebrantables y héroes que admirar, también hay generales curtidos que no dudan en doblar la ética en la búsqueda de la victoria, secciones que abordan directamente el terrorismo, fanáticos, gente quemada, políticos cobardes, ciudadanos que miran para otro lado… Y a pesar de este llamativo crisol la trama política se expone con inteligencia: la posición de cada grupo (ubicación, planes, recursos) queda bien determinada en todo momento, superando la falta de definición que lastraba el Episodio VII y el poco partido que Lucas sacaba en las precuelas a pesar de tener mucho más protagonismo.

La parte del Imperio también tiene su miga. El villano principal, Krennic, deja muy buena impresión, en gran parte por el entusiasta papel de Ben Mendelsohn. Este actor lleva en el mundillo desde los ochenta, pero hasta hace pocos años no empezó a hacerse notar en algún rol secundario que le permitía explotar su potencial: Mátalos suavemente, El Caballero Oscuro, la leyenda renace y, sobre todo, Slow West, donde estaba espléndido como bandido. Tiene entre manos un tirano clásico pero al que da vida con gran intensidad: la falta escrúpulos y la ambición desmedida lo convierten en una figura a temer. Pero esto es el Imperio, y hay más como él que le pondrán las cosas difíciles en la guerra sucia entre altos mandos. En cuanto a su relación con los buenos, es más bien tangencial (más de resultado de las acciones de ambos bandos que de choque directo), y los momentos en que se cruzan son desiguales. La relación con Galen es inquietante, pues como buen invasor fuerza una amistad que en realidad es una jaula. Pero el encuentro final con nuestros protagonistas es demasiado clásico, facilón, se hubiera agradecido algo más original e impactante.

Con tanto salto de escenario, algunos se han quejado de que el primer segmento de la cinta va a trompicones, pero no lo comparto, pues enseguida se observa que nada está puesto al azar, que no hay minutos desperdiciados sino que, como decía, todo se va presentando e hilando con cuidado. Es más, en un segundo visionado incluso me gustó más este tramo inicial, porque vi desde el principio el trasfondo de guerra y desesperación que está ahí latente hasta el gran clímax. Hay que sentar unas bases argumentales y generar una atmósfera emocional concreta, y aquí lo hacen bastante bien. Sí, podía ser mejor, sin ir más lejos El despertar de la Fuerza me absorbió por completo desde el mismo prólogo. Pero en líneas generales el primer acto cumple de sobras. Es el acto central, el nudo, el que no da la talla.

A la salida de Jedha se estanca un poco la narrativa, en la larga escena en Eadu el ritmo pierde fuerza y se torna a la vez caótico. Los autores nos llevan a un escenario que, por conjunción de acontecimientos, resulta previsible, y no logran conferirle un interés extra en los eventos ni en el desarrollo de caracteres que aproveche el receso y lance mejor la entrada del tramo final. Unos van muy despacio (los protagonistas enredando en la nave y andando por ahí) y otros demasiado rápido (el escuadrón de refuerzo llega instantáneamente, y de forma muy forzada quedan incomunicados para que la situación explote). Y sobre todo, la escenas de disensión en el grupo y la catarsis crucial que viven Cassian y Jyn carecen de la emoción y fuerza necesarias.

Por suerte, en cuanto entramos en el largo tercer acto el subidón es espectacular. La reunión de la rebelión para rehacer sus planes, o más bien toda su organización, es magnífica, expone un sinfín de elecciones y visiones del mundo, y los miedos que amenazan con deshacer la endeble unión quedan muy bien reflejados. Recordemos que en El despertar de la Fuerza había una reunión semejante y se saldaba precipitadamente. Con este buen nivel, la evolución y la toma de decisiones finales de los protagonistas, aunque inevitablemente predecibles, resultan también verosímiles. Y de ahí, a la memorable batalla final. Sin las salidas de tono infantiles de las precuelas, ni su puesta en escena saturada de colores y muñequitos digitales, sino con un sentido del espectáculo encomiable.

La dirección de Gareth Edwards no está exenta de polémica, pues hubo semanas adicionales de rodaje y el realizador Tony Gilroy tuvo una participación que no sabemos hasta qué punto llega (acabó acreditado como co-guionista) ni cuánto se relegó a Edwards. ¿Ha afectado al resultado final el mal endémico de las grandes productoras de Hollywood, o sea, meter mano y coartar la libertad de los autores, o han salvado los trastes? Es probable nunca lo sepamos con exactitud, pero la verdad es que de haber problemas dudo que fueran por la labor de Edwards, que demostró con Godzilla ser un director de primera en cuanto a superproducciones, sino con toda probabilidad del guion, en plan de seguir reescribiéndolo incluso durante el rodaje. Y desde luego este impecable acabado visual recuerda a Edwards y su habilidad para componer planos que combinan elementos de muy distinto tamaño, además del tono intenso y claro que imprime a los momentos de acción, lejos del estilo vago actual de cámaras en mano excesivas y borrones digitales. En un momento estamos hundidos el barro en la playa, en otro levantamos la cabeza para ver la amenaza gigantesca de los AT-AT, a continuación volamos entre ellos con el escuadrón de cazas; entre medio pasamos al frío y mortal espacio, donde la amenaza enemiga llueve por todos lados mientras la flota se esmera por hacer mella en las defensas; ahora saltamos a una incursión a la base improvisada desde la desesperación…

Sólo un detalle reincidente pone una tibia sombra sobre este gran clímax, y precisamente viene de parte del guion: las frases explicativas que sueltan los personajes son demasiado evidentes, antinaturales, secas. ¿De verdad había que matizar tanto las cosas? Que la trama no es complicada. Ese almirante que se explica como si fuéramos niños tontos, mirando además para abajo (al planeta) para que quede más claro aún con quién habla, ese general que casi mira a la cámara para recalcar que “hay que matar al objetivo”, como si no estuviera claro, la descripción repetida del lío de la antena, etc. Por lo general los diálogos son bastante correctos (aunque de ahí a la genialidad hay un buen trecho, claro), pero en ocasiones puntuales meten estos patinazos que pueden afearte un poco la conexión con los acontecimientos.

Quien pensara que por ser una entrega paralela iba a ser una película más pequeña se llevará un sorpresón al encontrarse tanto escenario recreado con una magnitud y un detallismo espectacular, más una batalla colosal, a la altura de El retorno del Jedi. El titánico esfuerzo del equipo artístico da resultados extraordinarios, destacando el realismo de Jedha o el impresionante resultado de la compleja batalla. Un diez redondo para vestuario, decorados y efectos especiales en sus distintas técnicas (sobre todo los digitales, y más en los personajes hechos por ordenador).

Y un notable alto para Michael Giacchino, que tuvo la difícil labor de sustituir tanto a John Williams (la avanzada edad le impide realizar estos esfuerzos), el gran maestro, autor del sello más reconocible de la serie, como a Alexandre Desplat. El francés era la primera elección para cualquiera, por ser sin lugar a dudas el compositor más dotado y versátil del momento, pero no pudo adecuarse al calendario cambiante y precipitado que rige el mundo de la música de cine. Giacchino era la segunda elección también para casi todo el mundo, dada la clarísima influencia de Williams en sus trabajos, aunque yo pondría en liza también a James Newton Howard. El caso es que se ha enfrentado a dos autores con un renombre y un currículo intimidantes, y además tuvo que componer, orquestar y editar a toda prisa. Si con esas nos ha regalado un trabajo sobresaliente, qué hubiera hecho con más tiempo. Nos ofrece una versión de la marcha imperial soberbia, revisitaciones y reinvenciones estupendas de los temas de la rebelión y la esperanza, y un sinfín de inspiradísimos motivos de acción.

A lo largo del relato habíamos visto cantidad de referencias a la serie muy bien ubicadas (algunas incluso aparentemente innecesarias pero muy agradecidas, como la fugaz visión de la pareja del tipo deforme y el alien con aspecto de foca que Obi-Wan se carga en la cantina de Tatooine en Una nueva esperanza), pero el repertorio final es glorioso. Tenemos algunas muy escondidas (muere el piloto Rojo 5, el puesto que luego tomará Luke, y además hay apariciones de otros pilotos del Episodio IV, tomadas de metraje descartado del mismo), otras más claras (como es obvio se mantiene un entorno común: desde el robot negro que parece un coche teledirigido y hace un ruido muy característico, a los AT-AT), y como colofón final tenemos unas escenas que enlazan de forma inesperada y férrea con Una nueva esperanza, unas escenas que ponen los pelos de punta y cierran la película con ganas de aplaudir.

Hay que agradecer la genialidad que supone dar sentido a los dos únicos pero claros agujeros de guion que tenía Una nueva esperanza: la falta de una flota rebelde que diera guerra a la Estrella de la Muerte, y su punto débil tan inverosímil. Pero sobre todo hay que admirar la solución de continuidad tan cohesionada que han logrado, al contrario que Lucas, quien acabó La venganza de los Sith, a pesar de que tuvo un montón de años para pensar cómo unir las trilogías, con agujeros e incongruencias en cantidad. La única queja podría ser que hay demasiada mención a la Fuerza y los Jedi, en comparación con el aura de lejanía y misticismo que se les da en el Episodio IV. Pero esto más bien fue problema del propio Lucas, al hablar ellos como si hubieran desaparecido hace doscientos años y no veinte. Aun así es cierto que podrían haber tratado mejor el tema, pues parece que están empeñados en repetir cada dos por tres que es una entrega de La guerra de las galaxias. Por no decir que el amago de Jedi que hacen con Chirrut es confuso y mucha gente terminará pensando en que es un aprendiz de Jedi, o incluso que los poderes se pueden adquirir con fe y entrenamiento.

En cuanto al doblaje, este sale bastante bien parado en los actores principales y en la voz de Vader, donde el sustituto de Constantino Romero casi no se nota (y mira que yo soy muy quejica con estas cosas). Pero en algunos secundarios rechina demasiado: la voz de Chirrut y su acento marcado no convencen, pero es que la del piloto es muy histriónica, parece un doblaje de comedia.

En resumen, Rogue One, como película de grupo, se queda sin explorar todo el potencial que guardaba, pero en su trasfondo se iba exponiendo una obra bélica mucho más inteligente, una que en el tramo final explota a lo grande. Hay partes en las que el contraste entre ambas líneas se nota bastante. Conforme la trama bélica gran protagonismo conocemos a otros muchos personajes secundarios (generales, políticos, pilotos, soldados), unos con presencia breve, otros con más tiempo, pero los autores son capaces de dotar de cierta entidad a casi todos en pocos segundos y conseguir que nos interesemos por sus esfuerzos y, en el caso de haberlos, sus trágicos finales. Casi me apena más la muerte del líder del escuadrón que defiende al grupo de asalto desde el aire que la caída de varios del comando, con sus escenas largas tan típicas y artificiosas. Por ello pienso que le habría venido muy bien prescindir un poco del tono de aventura de grupo para embarcarse de lleno en una cinta bélica con numerosos individuos esparcidos por todas partes, en plan Un puente lejano. Un par de escenas menos para el asiático fanático, el robot tonto, el grandote y el piloto hiperactivo a la vez que se potencia a todos esos habitantes tan atractivos, se me antoja muy jugoso. Por supuesto, todo esto es especular sobre posibles cambios y mejoras, de forma bastante subjetiva además, y huelga decir que un guion mejor también nos vale para exprimir al máximo la opción del grupo reducido. En otras palabras, hablar de lo que habríamos hecho o deseado no lleva a nada. La película resultante es la que tenemos ante nuestros ojos, o la disfrutamos como tal o no, y pienso que tiene calidad de sobra como para que sus limitaciones no echen por tierra una gran experiencia.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
-> Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

Centurion


Centurion, 2010, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 97 min.
Dirección: Neil Marshall.
Guion: Neil Marshall.
Actores: Michael Fassbender, Dominic West, Liam Cunningham, David Morrisey, Riz Ahmed, JJ Field, Axelle Carolyn, Ulrich Thomsen, Noel Clarke, Olga Kurylenko, Imogen Poots.
Música: Ilan Eshkeri.

Valoración:
Lo mejor: Es un entretenimiento digno de ver, de ritmo trepidante, con buenos personajes, y sangre, mucha sangre.
Lo peor: La fotografía sobrecargada de filtros.
Mejores momentos: Todas las confrontaciones (en especial la final) y la escena de la cueva.

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Parece que si haces una película de género medieval, romano o de cualquier época de héroes y espadas debes incluir tramas de conspiraciones políticas de alto nivel y batallas colosales. Es raro, sobre todo hoy día, ver cintas ancladas en estas épocas que narren aventuras más sencillas, que olviden las complejidades de los conflictos entre nobles y reyes para centrarse en la aventura del soldado de a pie o del pueblo llano. Ni las recientes Robin Hood y El reino de los cielos, que partían en principio de las historias de rangos bajos o don nadies, se libraron de sumergir al protagonista en todo el embrollo de las altas esferas. Pero Centurion es un filme que se desliga de pretensiones innecesarias para ofrecer un sencillo y gratificante relato de aventuras de supervivencia, mostrando las penurias de unos pocos personajes en su lucha contra la naturaleza y el hombre.

La narración destaca principalmente por tres puntos: por su ritmo equilibrado y trepidante donde se controlan muy bien los giros argumentales que dirigen el hilo conductor hacia nuevas direcciones, por su grupo de personajes muy bien presentado (en la magnífica la escena de la cueva) y donde cada uno tiene una historia que contar, y por ser un espectáculo dedicado exclusivamente al público adulto, mostrando la violencia y sangre intrínseca a las peleas a espada sin escatimar en fluidos, vísceras y miembros amputados en primer plano.

Lo que parecía iniciarse como la descripción de una campaña bélica confluye hacia la desesperada supervivencia de un pequeño número de soldados. A partir de ahí no hay descanso, todo es una carrera por salvar el pellejo de los pictos y los hostiles parajes, pero en este nuevo curso también se producen varios giros que cambian la situación, como la aparición de la joven rubia (historia de amor que a pesar de su brevedad no me ha parecido forzada) o las dos sorpresas finales (la primera, en el campamento, es excelente, la segunda, en el muro, es algo rebuscada pero eficaz), y más atrás alguna traición bien colocada, algún asesinato que sale mal y un rescate cuyo desenlace es también inesperado.

La dirección de Neil Marshall saca muy buen provecho de la espectacularidad latente en un relato de este tipo, especialmente en las batallas, donde destaca por su claridad a la hora de mostrar todo el caos sin los malditos movimientos agitados de cámara propios de directores que quieren ocultar sus carencias, con coreografías que ofrecen la esperada aparatosidad del momento pero sin olvidar el realismo. La fotografía exprime los paisajes mostrando su abrumadora belleza, pero desgraciadamente se afea ligeramente por un sorprendente e innecesario abuso de filtros blanquecinos y grises. Los actores, todos bastante desconocidos (Dominic West es el que más he visto, por su papel protagonista en The Wire o su aparición en esa cutre serie B llamada Punisher: War Zone), llevan muy bien los interesantes personajes. Otros aspectos como la música y el vestuario dan lo necesario sin problemas. El único elemento que falla un poco es el uso de sangre digital, pues en las primeras escenas abusan de él y efecto no está muy conseguido, pero parece que se dieron cuenta del error y conforme avanza la proyección se centran en darle mayor credibilidad, sin por ello eludir un tono que roza el gore en algunos momentos.

Centurion me ha resultado una grata sorpresa por todos estos factores que he ido comentando: por elegir un género en desuso y aprovecharlo bien sin pretender abarcar más de lo necesario, por no acobardarse a la hora de mostrar violencia y sangre (algo que cada vez se ve menos), y por en general resultar un filme condenadamente entretenido que no tiene carencias notables que emborronen el disfrute en algún punto del metraje. Me gustaría que hubiera más producciones así como estrenos veraniegos de poca trascendencia en vez de tanta tontería saturada de efectos especiales destinada a los jóvenes.