El Criticón

Opinión de cine y música

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Piratas del Caribe: En mareas misteriosas


Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides , 2011, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 136 min.
Dirección: Rob Marshall.
Guion: Ted Elliott, Terry Rossio.
Actores: Johnny Depp, Penélope Cruz, Geoffrey Rush, Ian McShane, Kevin McNally, Sam Calfin.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: El vestuario y el diseño de los barcos.
Lo peor: El guion es pésimo, la película aburridísima, y como producción taquillera (se espera que al menos en lo visual impresione) no luce lo más mínimo.

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No esperaba nada de Piratas del Caribe: En mareas misteriosas viendo que el éxito cosechado por la simpática primera entrega se alargó con dos secuelas torpes e irregulares que se salvaban por la cantidad de pasta echadas en ellas y por algunos tramos dignos entre gran cantidad de morralla. No esperaba nada porque preveía que el desgaste de ideas seguiría aumentando, porque suponía que un nuevo capítulo se elaboraría únicamente pensando en el resultado en taquilla, no en el cualitativo. Pero incluso yendo con tan pocas expectativas acabé decepcionado.

El guion es el colmo de la vagancia o la torpeza, o las dos cosas. Es la excusa más simple y poco trabajada que he visto para justificar más de dos horas de metraje, para ir de un lado a otro mientras se empalman una detrás de otra aventuras que de nuevo parecen improvisadas. Sí, hay una premisa básica (la búsqueda de la Fuente de la Vida), pero su única presencia en el relato es que se menciona muchas veces como patético intento de decir que hay un argumento. Pero no lo hay. La narración se compone de un largo puñado de escenas sin sentido ni justificación llenas de personajes sin definición ni objetivo. Si en la tercera entrega me quejaba de tramas dispersas y tramos alargados sin razón, aquí directamente es imposible discernir entre qué vale para algo y qué debería haberse quedado en la sala de montaje, porque todo está en el mismo nivel, es decir, hasta los momentos cumbres de la cinta (la aparición de las sirenas o el clímax en la dichosa fuente –que por cierto es calcado al desenlace de En busca del arca perdida-) se caracterizan por una asombrosa falta de contenido, savia, vida. No hay una pizca aventura ni humor que rescatar en un relato que precisamente va de eso.

También resulta muy grave el notable desgaste que sufren los personajes, pues ni Sparrow, que nació como una figura de gran fuerza (lo mejor de la saga en sus orígenes), nos saca del tedio, de lo diluido que se presenta. ¿Cuáles son su motivaciones y objetivos, por qué no se explica qué hace y porqué, cómo esperan que con un protagonista así de vacío la historia nos resulte interesante? Los secundarios, nuevos y viejos, también son incapaces de despertar el más mínimo interés. Qué desaprovechados están grandes actores como Ian McShane (Barbanegra está infrautilizado, siendo una vaga sombra del buen villano que fue Davy Jones), Geoffrey Rush (Barbossa tampoco aporta nada digno de recordar) y Kevin McNally (el segundo de Sparrow, que entra y sale del relato sin mucho sentido). Y… ¿alguien se acuerda de qué hace Penélope Cruz en la película? La falta de fuerza del personaje se agrava por la falta de carisma de la actriz. Al menos los tontorrones caracteres en manos de Keira Knightley y Orlando Bloom resultaban simpáticos incluso contando con las limitaciones de los intérpretes (¡quién me iba a decir que los iba a echar de menos!). Y hablando de estos dos, hay un burdo intento de rellenar el hueco que dejaron, con ese insoportable misionero (Sam Calfin) y la absurda sirena (que pasa de ser un monstruo horrible a una chica encantadora según las necesidades del guion).

En cuanto a la puesta en escena, se nota rápidamente que Gore Verbinski es un director mucho más virtuoso, pues la actual labor de Rob Marshall es tan esquemática, monótona y falta de recursos que lo que otrora resultaba una fantasía exagerada pero disfrutable porque se caracterizaba por un gran sentido del espectáculo, aquí resulta poco creíble porque se rueda sin magia, sin sentido del asombro y con una técnica bastante pobre. Las peleas a espada, que son las únicas escenas de acción que encontramos, son horribles, pésimas coreografías que cantan a trucaje cinematográfico a distancia: las estocadas parecen ir todas al aire, las piruetas imitando a El temible burlón son ridículas, y para colmo hay chorradas que quedan fatal, como esos barriles que en una escena no se rompen de ninguna manera y en la siguiente se pinchan sin esfuerzo (y que me expliquen por qué el líquido sale a chorros como si fuera gaseosa).

Y como extensión a esto último, lo peor de la película es que el dinero invertido en ella no se ha aprovechado lo más mínimo. Es imperdonable que una cinta de estas características, con doscientos cincuenta millones de presupuesto (cifra semejante a la de los episodios precedentes), parezca rodada al completo en un estudio, con decorados de cartón piedra, hierbas falsas y poco eficaces pantallas de fondo, todo ello mal disimulado por constantes nieblas y mucha oscuridad. Lo único digno de recordar es el barco de Barbanegra, porque el resto de elementos parecen propios de una producción televisiva. Apenas hay un par de escenarios naturales y se echa muchísimo de menos las maravillosas criaturas digitales con las que nos deleitaban en las anteriores partes.

La serie o brilla por su calidad, pero al menos conseguía entretener bastante. Esta deja ver mucho más las costuras y para colmo más que aburrida resulta insoportable. Es un auténtico engaño de película, una entrega completamente innecesaria y fallida, un insulto al bolsillo, la paciencia y la inteligencia del espectador. Me gustaría saber cómo se puede engendrar semejante bodrio sin que nadie en el estudio o el equipo de rodaje sea capaz de darse cuenta de que el libreto disponible es infame y no se puede sacar nada bueno de él, ni de que están rodando algo que apunta a desastre. ¿Será que parten de la idea de que el público es idiota y se tragará cualquier cosa con la debida campaña publicitaria? Probablemente sí, porque los mil millones que ha recaudado respaldan ese argumento.

Ver también:
El cofre del hombre muerto.
En el fin del mundo.

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Memorias de una Geisha


Memoirs of a Geisha , 2005, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 145 min.
Dirección: Rob Marshall.
Guion: Robin Swicord, Arthur Golden (novela).
Actores: Ziyi Zhang, Ken Watanabe, Suzuka Ohgo, Michelle Yeoh, Youki Kudoh, Kaori Momoi.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La hipnótica fotografía, la música de John Williams.
Lo peor: La sensación de que la historia está muy vista y sólo cambia el lugar por uno algo más exótico

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Publicitada y exitosa versión del exitoso libro homónimo, Memorias de una Geisha de Rob Marshall (lanzado a la fama tras el musical Chicago) es un relato que prometía mucho más de lo que al final ha dado. Sin duda la obra escrita será más rica y compleja, tendrá unos personajes con muchos más matices, una historia mejor desarrollada, una descripción de la época bastante más completa… Para la película obviamente había que sintetizar, adaptar, recortar… Lo que queda es un relato demasiado común, una historia de superación personal que no aporta nada nuevo excepto la ambientación en una sociedad menos conocida. Y es también decepcionante en ese aspecto, pues esperaba un acercamiento mucho más detallado a la cultura japonesa y a las Geishas, esperaba algo distinto y lo que se nos ofrece no es más que una relamida historia made in Hollywood: las penurias del personaje principal, la lucha ante la adversidad en una sociedad clasista, cerrada y dura, el esfuerzo por alcanzar una meta soñada… Todo es lo mismo de siempre. Está claro que el público recibe muy bien los relatos de superación personal que son predecibles y acaban bien.

El principal problema es que el personaje principal no me emocionó lo más mínimo, no viví con intensidad sus aventuras, algo imprescindible en este tipo de historias. Sus motivaciones (ver al presidente, estar con él) son demasiado endebles, su aceptación de lo que debe ser es demasiado limpia (la transición es demasiado sosa, y el apoyo de la voz en off no refuerza demasiado esa parte). Por otro lado, me dio la sensación de que el relato carece de una dirección fija en algunos aspectos, como la crítica (no se decide entre crítica o ensalzamiento de la sociedad de las geishas, ni de la posición de la mujer…), y se limita a un tratamiento y exposición superficial de la sociedad en cuestión, hasta el punto de que al final todo queda limitado a unas cuantas rencillas entre personajes, que encima están demasiado desperdigadas. También se producen muchos altibajos narrativos, es decir, hay cantidad de metraje donde no parece pasar nada.

Como en las últimas películas que he visto y comentado en el blog, al final lo que más valor tiene es la forma en que se ha rodado. Aunque Marshall no logre imprimir ritmo a una historia demasiado pesada y lenta, al menos no decae hasta lo negligentemente soporífero. Los actores, grandes intérpretes japoneses del momento, están convincentes, pero no destacables como para alabar su labor. Pero los aspectos llamados técnicos resultan notables, brillantes en ocasioes: la fotografía obtiene planos de un virtuosismo tal que ensalzan aún más las grandísimas labores de vestuario y los escenarios creados por una dirección artística que puso sumo cuidado en la recreación de Japón. Gracias a ella se consigue dotar al film de un aura de belleza constante, hipnótico en algunos pasajes, lo que se remata con el portento de banda sonora original del Maestro John Williams El tema de Sayuri, con Yo-Yo-Ma al violonchelo, es sublime.

En general, es una película recomendable por su belleza visual, pero podría haber dado mucho más de si, es un relato demasiado trillado y contado con muy poca pasión.