El Criticón

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Infiltrado en el KKKlan


BlacKkKlansman, 2018, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 135 min.
Dirección: Spike Lee.
Guion: Charlie Wachtel, David Rabinowitz, Kevin Willmott, Spike Lee. Ron Stallworth (libro).
Actores: John David Washington, Adam Driver, Laura Harrier, Topher Grace, Robert John Burke, Frederick Weller, Jasper Pääkkönen, Ashlie Atkinson.
Música: Terence Blanchard.

Valoración:
Lo mejor: Notable reparto y unos personajes simpáticos.
Lo peor: No hace gracia, es lenta y aburrida. Desprovecha un gran potencial.

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Infiltrado en el KKKlan es un quiero y no puedo que termina casi desesperando de aburrimiento. Sólo con la premisa me llamaba la atención, y por los avances y las buenas críticas esperaba una comedia ingeniosa, irreverente, alocada… Pero en el visionado las expectativas se hunden rápido y no remontan a pesar del potencial latente.

Aunque sin ofrecer una perspectiva original y ácida como prometía, consigue una correcta representación del tema: las asociaciones de blancos racistas, lideradas por empresarios y politicos con poder y contactos que les permiten obrar con manga ancha, los seguidores paletos que engañan con cuatro lemas tontos, la lucha negra, con los Panteras Negras, los líderes intelectuales, la gente de a pie sufriendo el racismo…

Entre medio, los guionistas enquistan de mala manera una propuesta llamativa pero que nunca llega a nada: un detective negro dirige una fuerza especial para investigar la organización criminal Ku Klux Klan. La ironía y el absurdo de la situación no da mucho de sí. El ingenio brilla por su ausencia en un sentido del humor pobre, adormecido, de forma que las escenas y diálogos se alargan y pierden en obviedades en vez de ser tronchantes. El lío que se va gestando no llega a dar la comedia de enredo esperable, sino que es previsible y se desarrolla con demasiada parsimonia. Y el director Spike Lee no es capaz de otorgar el ritmo enérgio y la mala baba que exige el relato, yéndose de madre con la longitud. Se basan en un libro que narra los hechos reales, pero o no es gran cosa o se han quedado muy cortos en la adaptación.

La cinta se puede salvar por los pelos porque un estupendo reparto da vida a los personajes con mucha verosimilitud y la evolución de sus relaciones tiene algo de garra. El negro que quiere ser policía en un pueblo pequeño y enfrenta mil trabas pero no se rinde cae bien desde sus primeros choques con los superiores. Con los pocos blancos decentes que hay a su alrededor forma una pandilla encantadora. El romance con la activista no está mal. Y los miembros del KKK representan bien los dos niveles, los “rednecks” y los ricos con aires de grandeza.

Pero no es suficiente para lograr un conjunto que entretenga y deje algún poso que te haga reflexionar, algo que sin duda es lo que el director pretendía. Al final, incluso parece como si creyera que no ha sido capaz de exponer bien la inmundicia del racismo y lo enquistado que está todavía en la sociedad estadounidense, porque mete con calzador un torpe y demagógico epílogo en plan documental sobre crímenes actuales. Ni la forma ni el tono son adecuados. Si pretendías hacer reflexionar a través de la risa, no termines convirtiendo la película en un burdo panfleto político, y menos con escenas tan violentas.

Lo único que me hizo reír y me descolocó fue algo ajeno a la película, el chiste sobre The Wire (David Simon, 2002) que cuelan sin venir a cuento: Isiah Whitlock, que interpretó en la serie al corrupto senador que estaba siempre con la coletilla “Shiiiiiiit” (“Mieeeerda”), la suelta, y otro personaje lo interrumpe como diciendo que eso no es de aquí.

PD: Esta tontería se llevó el Óscar a mejor guion adaptado, y nominaciones en estos y los Globo de Oro a mejor película y director… Pero mejor no intento analizarlo, porque cada vez tienen menos sentido y su decadencia es mayor.

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