El Criticón

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Hellboy II: El ejército dorado


Hellboy II: The Golden Army, 2008, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 120 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro, Mike Mignola.
Actores: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Jeffrey Tambor, Luke Goss, Anna Walton, John Hurt.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Mejoras notables en guion y puesta en escena. Vestuario y maquillaje impresionantes.
Lo peor: Sigue resultando un tanto predecible y superficial cuando había mucho por explorar en el universo imaginario.
Lo peor: No soy un bebé, soy un tumor.

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Guillermo Del Toro y Mike Mignola estuvieron desde el estreno de Hellboy desarrollando la segunda parte sin encontrar el tono a la historia, y los estudios parecían interesados pero no metían prisa. Sin embargo, el éxito de la sobrevaloradísima El laberinto del fauno (2006) animó a todos y se pusieron en serio a ello. Además, le otorgaron un presupuesto algo superior a pesar de que la primera parte fue muy justa en taquilla.

Del Toro parece haber tomado nota de lo que peor funcionó y se lo trabaja mejor, o quizá la colaboración de Mike Mignola en el guion ha resultado muy enriquecedora. El relato está mejor equilibrado y tiene más personalidad, disimulando mejor que la premisa es de nuevo bastante básica. Los diálogos son más ágiles e ingeniosos, y el dibujo de los personajes más maduro. Las relaciones laborales y amorosas son muy moviditas, el romance ya no da vergüenza ajena, de hecho, el de Abe es muy atractivo, sobre todo porque aporta bastante a la trama, y los secundarios resultan más verosímiles, incluso aunque sus orígenes sean muy fantasiosos. Y también la suerte corrió de nuestra parte: Rupert Evans no pudo aparecer por problemas de agenda, con lo que nos libramos del agente novato idiota y el pésimo actor.

Hellboy, de nuevo encarnado con entusiasmo por Ron Perlman, es un rol central muy potente. Bruto e infantil y amable y fiel a partes iguales, continúa intentando ganarse el respeto de sus compañeros y superiores y encontrar razones para vivir en un mundo que no termina de aceptarlo. La seriedad y sabiduría de Abe sufre un traspiés cuando su corazón se interponte. El villano, el príncipe élfico Nuada, es más convincente que los de la primera entrega, su historia está bien desgranada y sus motivaciones, aunque primarias, se entienden, y con su hermana Nuala se redondea la cosa. El jefe de Hellboy, Tom Manning, ya no es un secundario gracioso cargante, y aunque alguna escena salida de madre todavía se lleva, encaja mejor en la historia y resulta bastante simpático. La nueva incorporación, el etéreo Johann Krauss y su traje estrafalario, es alucinante en diseño pero también aporta interesantes roces personales, y además evoluciona bien. Solo Liz queda un poco por debajo. Aunque su relación con Hellboy sea más consistente, en solitario no termina de destacar del todo; y Selma Blair sigue ofreciendo una interpretación muy pobre.

La aventura tiene escenarios mucho más imaginativos y un progreso más claro, si bien alguna parte secundaria no termina de funcionar del todo. El prólogo introduce bien la trama, y eso que de primeras parece un pegote, los elfos hacen una entrada imponente, la escena con las hadas se alarga demasiado pero tiene su gracia, y mientras el villano lleva a cabo su plan se intercala bien el día a día de la organización de Hellboy, la investigación, los problemas laborales…

Desde la visita al mercado oculto en adelante el subidón es de aúpa. El despliegue de criaturas del lugar corta la respiración; puede considerarse que lo alargan para vacilar, pero bien que se disfruta. La pelea con el elemental es impresionante y bastante emotiva. Los pocos tropiezos preceden al lanzamiento de la confrontación final, donde encontramos giros un poco rebuscados: el trol del carrito y la criatura que vigila la entrada resultan un poco artificiales, por eso de ser recursos fantásticos de pegote para agilizar la trama, y hay algún otro giro poco meditado, como la herida de Hellboy, un drama forzado prescindible. La batalla final, aunque acabes cansado de mamporros a robots dorados, ofrece un clímax más llamativo que el desenlace del primer capítulo, sobre todo porque la implicación de los personajes mucho mejor: en todo momento sabes que quedan conflictos dramáticos por cerrar, y la resolución no decepciona.

El pico extra de dinero lo aprovechan de maravilla, siendo el vestuario y el maquillaje extraordinarios y los efectos digitales muy buenos. Del Toro también muestra más experiencia, con una dirección más cohesionada y mejor sentido del espectáculo. El montador ha cambiado y se nota, las coreografías también son superiores. Por otro lado, la banda sonora de Danny Elfman es más versátil y emocionante que la anterior de Marco Beltrami, pero también deja la sensación de que el rico universo permitía algo más original y se queda muy corto.

La cinta resultante es muy vistosa, deslumbrante a ratos, garantizando un entretenimiento de primera. La recepción de crítica y público fue más o menos igual, aunque en taquilla le fue algo mejor, pero no como para hacer grandes cantidades de dinero.

Del Toro quería desde el principio hacer una trilogía, e incluso se tanteó algún spin off, pero se quedó todo en el aire hasta que la productora pasó al reinicio, que llega de la mano de Andrew Cosby al guion (la serie Eurueka -2006-), Neil Marshall en la dirección (The Descent -2005-, Centurión -2010-) y con David Harbour (The Newswoom -2012-, Stranger Things -2016-) encarnando a Hellboy.

Ver también:
Hellboy (2004)
-> Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

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Hellboy


Hellboy, 2004, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, superhéroes.
Duración: 122 min (cines), 132 min (Director’s Cut).
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Guillermo del Toro.
Actores: Ron Perlman, Doug Jones, Selma Blair, Rupert Evans, Karel Roden, Jeffrey Tambor, Biddy Hodson, Ladislav Beran.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: El carisma de Ron Perlman, el vestuario, el maquillaje y los efectos especiales.
Lo peor: Guion lamentable y puesta en escena muy pobre. Potencial desaprovechadísimo.
Versión del director: Tiene diez minutos más, con un par de escenas de colegueo y ligoteo no esenciales, y tampoco aporta violencia extra.

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Los cómics de Hellboy, creados por Mark Mignola en 1993, combinan aventuras y humor negro, esoterismo (con predilección por el nazismo) y mitología, esta última con influencia de las mitologías nórdica y griega y el horror informe de Lovecraft. En la búsqueda de poderes místicos los nazis abren un portal hacia el infierno, y aunque el doctor Trevor Bruttenholm (alias Broom) los sigue de cerca e impide que logren sus objetivos, un demonio bebé acaba en la tierra. Criado por él bajo el nombre de Hellboy (chico o niño del infierno), servirá en la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal, que analiza y contrarresta amenazas de complots paranormales y criaturas extrañas por todo el mundo.

La adaptación cinematográfica se fraguó justo antes del boom del cine de superhéroes que se dio con el Batman de Nolan (iniciada en 2005) y la serie Marvel de Los Vengadores (Iron Man vio la luz en 2008). En ese momento triunfaba X-Men (Bryan Singer, 2000), que se podría decir que abrió la veda, pero Hellboy llegaba menos para arrasar en taquilla aprovechando el tirón de aquella y más como rareza, pues partían de un personaje menos conocido, no era una superproducción ambiciosa y parecían apuntar a un público más adulto y alternativo.

Sin embargo, la cinta resultante no causó impresión alguna. Ni logró un tono distintivo y una personalidad llamativa, ni era tan adulta y original como se esperaba, sino que su pobre guion y su acabado visual poco enérgico ofrecieron una de acción genérica. Aunque la crítica fue bastante buena con ella a pesar de su escasa calidad, el público la recibió con gran tibieza, no pudiendo doblar su presupuesto en taquilla, necesario para empezar a ser rentable (hay que contar publicidad y distribución y la ganancia del cine). Pero tampoco fue un fracaso sonado, y tuvo que dar dinero en el mercado doméstico (dvd, bluray y venta de derechos a cadenas de televisión), porque hicieron una secuela cuatro años más tarde. Aunque tuvo mejor recorrido en taquilla tampoco fue un éxito y enseguida cayeron en el olvido, hasta que la llegada de una nueva versión en 2019 nos ha hecho mirar atrás.

Si en su momento fue poca cosa, el paso de los años no le hace ningún bien. La escasa inspiración y ambición del guion se hace más evidente cuantas más cintas de superhéroes hay, pero si os parece injusto ponerla en la balanza con el punto álgido del género, podemos compararla con cualquiera de acción, aventuras y fantasía de la época e incluso de décadas anteriores, y veremos cantidad de lugares comunes que el escritor y director Guillermo del Toro amontona con desgana.

El héroe solitario e incomprendido, la chica dulce, el nuevo compañero novato que cierra el trío amoroso y genera roces en el trabajo, el mentor que morirá para forzar la maduración de aquellos, el villano sin personalidad que quiere destruir el mundo porque sí y sus secuaces raritos dan tumbos sin ton ni son en la presentación, nudo y desenlace más sobados y anodinos que puedas imaginar. De hecho, recuerda mucho a los trabajos previos de Del Toro, Blade II (2002, aunque esta sólo la dirigió) y Mimic (1997), con escenas calcadísimas como los climax finales con esas previsibles explosiones que acaban con los bichos.

El recorrido de los personajes es predecible y aburrido, sabes en todo momento cuál es la escena siguiente, si una de camaradería, una de conflicto, una de conciliación, una explicativa o un lastimero momento de transición a modo de videoclip (por cierto, atención al destroce que hacen versionando la mítica Red Right Hand de Nick Cave). Los diálogos dan bastante vergüenza ajena, y eso que se ve un intento de dar rienda suelta al humor negro y gamberro que se esperaba, pero este resulta infantil y muchas veces desubicado, forzado: hay muchos intentos de chiste que rompen el ritmo en las escenas de acción. A veces se cae a unos niveles sonrojantes: el trío amoroso de ingenuo es hasta gracioso, y por el lado contrario, el director del FBI es un personaje que busca ser cómico pero resulta insoportable, y eso que Jeffrey Tambor (Arrested Development -2003-) le saca todo el jugo posible a semejante esperpento.

Sólo salva la función el carisma de Ron Perlman (En busca del fuego -1981-, La ciudad de los niños perdidos -1995-, Alien Resurrection -1997-, Hijos de la anarquía -2008-), que hace suyo al personaje, no sólo porque se adecúa al físico, sino por su estupenda combinación de mala hostia con candidez. Doug Jones como Abe, el anfibio, consigue resultar simpático a pesar del aparatoso maquillaje, pero el personaje está muy desaprovechado y para colmo a media proyección lo dejan de lado. Jones se ha convertido en todo un genio de la interpretación por gestos y movimientos; recientemente lo pudimos ver en La forma del agua (2017, también a las órdenes de Del Toro) y Star Trek: Discovery (2018). Del resto, hasta un veterano como John Hurt (Alien -1979-) parece estar desubicando en el típico personaje comodín explicativo, no digamos ya los jóvenes Selma Blair (Una rubia muy legal -2001- y otras comedias de bajo nivel) y Rupert Evans (Ágora -2009-, muchas series menores), que están pésimos hasta sacarte de la película haciéndote que te preguntes cómo han podido pasar el cásting.

La decepción se agrava por el potencial que ponía en bandeja la mezcolanza de mitologías del cómic, con unos villanos y monstruos cada cual más extravagante y sugerente. Nazis, ocultismo, Rasputín, demonios del infierno… nada llega a desarrollarse lo suficiente como para generar expectación por el devenir de acontecimientos. Si te quedas con el quién es quién de los malos es por el aspecto de cada uno, porque no se llega a vislumbrar ninguna personalidad. De hecho, el diseño de Kroenen es espectacular, así que apena mucho que no se trabajara lo más mínimo su historia y ambiciones. Este y sus compañeros (la típica rubia nazi, el cansino loco de la dominación mundial -Rasputin-) aparecen esporádicamente para justificar las escenas de acción y la confrontación final de rigor, pero apenas llegan a aportar un mínimo de intriga y espectáculo aceptable.

Una vez se intuye el escaso recorrido de la propuesta, que en mi caso fue desde el manido y tonto prólogo, las únicas esperanzas quedaban puestas en el aspecto audiovisual que pudieran lograr, pero ya desde esa introducción apunta bajo. La puesta en escena se queda muy corta y la imaginación escasea demasiado a pesar de las posibilidades.

La dirección de Del Toro es convencional y muy televisiva, ahogada en planos cerrados y escenificación básica de rostro en rostro. Donde más se nota la falta de ese talento que algunos se empeñan en ver en el realizador es en las escenas de acción, que con unas coreografías vulgares y un montaje tosco resultan más bien cutres. Todo son borrones en movimiento y gente lanzada por los aires, y se dejan ver unos trucos demasiado evidentes: cómo cantan los movimientos con cuerdas, llegando a dar momentos ridículos, como el derrumbe de la pasarela al final, donde Hellboy patalea en el aire. Tampoco ayuda el tono para mayores de 13 años que obligaron en una propuesta que pide a gritos ser para mayor de 18: los diálogos esquivan las palabrotas, o cuando por fin van a recurrir a ellas las dicen a medias (sólo les falta un pitido), a Kroenen sin traje lo esconden de mala manera tras objetos, y de sangre y violencia no se ve casi nada, ni si quiera en la versión extendida como suele ser habitual.

La banda sonora de Marco Beltrami es efectiva pero poco inspirada, ofreciendo típicas fanfarrias heroicas y demás motivos de acción rutinarios, cuando la premisa daba para explorar sonidos más originales; pero claro, lo más probable es que se mantuviera en lo que querían los productores.

Apenas aguanta el tipo porque el vestuario y maquillaje son muy llamativos y los efectos especiales bastante buenos. De hecho, pienso que Abe es aparcado a media película con la excusa de que está herido para ahorrar las horas de maquillaje en la parte más difícil de rodar, las escenas de acción del tramo final. Por otro lado, ya que tenemos tanto traje elaborado, bien le podían haber puesto un vestuario a Liz que soportara el fuego por alguna cualidad mágica, porque va lanzando llamas sin que se le queme la ropa.

Lo digital está bastante bien hecho y se mantiene con el paso del tiempo (más teniendo en cuenta que no era una gran superproducción), sobre todo porque no se abusa de ello y porque sabiamente cuando los monstruos copan el primer plano son muñecos o gente disfrazada. El perro-demonio está muy logrado y la criatura final está bien hecha, lástima que esta forme parte de un clímax tan soso. Eso sí, hay un par de extraños momentos en que recurren al ordenador para cosas que podían haber hecho con material real, como la cuerda con la que enganchan a Kroenen por el cuello o los coches al cruzar la calle, que dan un cante horroroso.

En resumen, Hellboy prometía pero acaba siendo un producto muy convencional y perecedero.

Ver también:
-> Hellboy (2004)
Hellboy II: El ejércido dorado (2008)

Pacific Rim


Pacific Rim, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 131 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Travis Beacham, Guillermo del Toro.
Actores: Charliel Hunnam, Diego Klattenhoff, Idris Elba, Rinko Kikuchi, Charlie Day, Burn Gorman, Max Martini, Ron Perlman.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: Dirección artística, efectos especiales, vestuario.
Lo peor: Guion simple y estúpido lleno de personajes planos, secundarios insoportables y humor infantil.

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Esperaba bastante más, viendo las críticas decentillas, la buena pinta de los avances y que Del Toro suele ser original y arriesgado. Aquí el único riesgo ha sido el económico, porque en el narrativo Pacific Rim es un refrito de mil cosas ya vistas. De hecho, por momentos da la impresión de ser un capricho poco meditado del realizador: solo quería ver monstruos gigantes pegándose y soltar unos cuantos homenajes a sus animes y mangas favoritos, y parece que se pensaba que el resto saldría solo. Y no, sin guion difícilmente puede funcionar una película.

El libreto no es que sea simple, es que es un despropósito. Los personajes se definen y relacionan con clichés viejos y cansinos, y su evolución en la aventura es tan evidente y predecible que más que aburrir desesperan. El comandante duro con pasado oscuro que al final realiza una heroicidad, el protagonista que es un héroe noble pero herido, el héroe contrincante que es un chulo imbécil con éxito, la chica que quiere meterse en un mundo de hombres pero no la dejan, los amigos del bueno (forzadamente simpáticos) y los secundarios cómicos… bueno, los últimos requieren un párrafo extra. Estamos ante un récord. Los dos científicos son los personajes más insoportables que he tragado en una película. Ni los robots gemelos de Transformers, ni Jar Jar Binks, ni Arwen. Los dos son descritos de forma tan caricaturesca que no parecen formar parte de la misma película, porque el resto no se desarrolla como una parida del mismo calibre; y los dos pobres actores tienen que sobreactuar como lunáticos porque el guion describe los roles humorísticos más salidos de madre que puedas imaginar. Griterío sin sentido, chistes ridículos, muecas horteras… una gilipollez sin nombre detrás de otra. ¿En qué cabeza cabe pensar que podrían resultar graciosos?

La trama es floja y no se expone muy bien. Se pierde más tiempo en tratar de describir el mundo imaginario, que tampoco se logra con eficacia (ya desde el largo y cansino prólogo), que en desarrollar una historia clara y concreta con capacidad para enganchar y emocionar. De hecho, el objetivo de los monstruos termina resultando confuso, porque se empeñan en darle importancia a las tonterías de los científicos en vez de al argumento, y no termina de entenderse realmente cuál era el plan del enemigo. También hay algunas partes que no vienen a cuento, como el entrenamiento en artes marciales, donde no se entiende para qué sirve, qué puntúan y qué demonios tiene que ver el vencer a alguien con un palo con tener buena conexión para el enlace. Y bueno, lo poco que hay de trama se compone de un sinfín de clichés también. Se sabe perfectamente qué escena vendrá después de la actual, cuándo la chica será aceptada, cuándo el protagonista renacerá como héroe y se limarán las rencillas con su rival, etc. Los homenajes al manga y anime me parece que funcionan, aunque como no soy experto en el tema no puedo decir si oscila más hacia la referencia bien incluida o hacia el tomar ideas muy vistas.

Al final lo único que queda son las peleas de robots y monstruos gigantes. Pero como siempre digo, sin nada detrás que respalde a las imágenes difícilmente se puede establecer una conexión. La trama aburre, los personajes no interesan… era complicado levantar el tinglado, se necesitaba una fuerza narrativa y visual importante para maquillar un guion tan pobre… Y en cierta manera el espectáculo es gratificante, pero también tiene varios problemas importantes. Las peleas son bastante mejorables, pues todas siguen un patrón repetitivo y bastante tramposo, tanto que llega a molestar en un par de ocasiones. Ya pueden sufrir los robots, que los protagonistas se sacarán en el último momento una artimaña o un arma que les garantiza la victoria en un instante (al más puro estilo manga/anime barato, todo sea dicho). El porqué no han empleado antes algo tan útil en vez esperar a que el enemigo destruya media ciudad y los deje hechos polvo no se explica, porque se busca el efectismo por encima del sentido común y la coherencia. La escenita en que la chica saca la espada da vergüenza ajena, por ejemplo. Igualmente, se dejan mil preguntas en el aire que exponen la poca credibilidad y lógica del argumento: peleas a puñetazos en vez de lanzar armamento a distancia, el absurdo de esperar a que los monstruos se acerquen a las ciudades en vez de poner misiles apuntando a la grieta, el científico yendo sin escolta a una misión vital, el robot que se supone analógico cuando vemos electricidad y ordenadores por todas partes, lo mal que queda lo de que el robot puede pegarse hostias enormes pero los pilotos se menearán un poco y ya está…

Lo que sí luce de maravilla es el dinero. El diseño artístico es excelente desde el vestuario a los titanes, y los casi 200 millones de presupuesto los hacen realidad de forma alucinante. La destrucción de ciudades, los monstruos, los efectos de agua, la mezcla de decorados reales y digitales… Todo resulta impresionante y creíble, en ningún momento hallamos alguna digitalización cantosa que pueda fastidiar un poco la magia de las escenas (otra cosa es que el sinsentido del guion sí lo haga). Del Toro rueda con tino la complicada mezcla de escenas “pequeñas” (a ras de tierra con humanos) y de grandes proporciones (mostrando edificios y robots desde las alturas), transmitiendo muy bien en todo momento la sensación de gran tamaño de los colosos. Es evidente que todo el dinero ha ido a los efectos especiales, porque el reparto aglutina actores baratos (sin estrellas, provenientes de la televisión); por suerte son todos de demostrada calidad, con los carismáticos Idris Elba (The Wire, Luther, Prometheus) y Charlie Gunham (Hijos de la anarquía) a la cabeza.

He de decir que Pacific Rim entretiene, sobre todo si sabes a lo que vas, a ver una aventura sencilla y de cachondeo. El problema es que en muchos momentos lo sencillo se convierte en estúpido y cutre, y el salto de fe en plan “bueno, sino no habría película” es muy difícil de hacer cuando los fallos y carencias son tan visibles. Una cosa es que no debas tomártela en serio, otra que te rías más de la propia película que con ella. La gran fuerza visual le da más valor, pero ni por esas puedo citarla como una buena cinta de acción palomitera; ni siquiera llega al nivel de Transformers 1 y 2, sus comparaciones más obvias. Y no me gusta nada el argumento que algunos esgrimen para defenderla: “es espectacular, que es lo que se espera”. Matrix, Aliens y Terminator 2 son las películas más espectaculares de la historia… y tienen unos guiones perfectos. Se puede hacer cine de acción y efectos especiales que tenga un mínimo de calidad. Se puede hacer una película espectacular y divertida sin que resulte tan profundamente gilipollas que parezca un insulto a la inteligencia del espectador.

Alien Resurrection


Alien Resurrection, 1997, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, acción.
Duración: 109 min. (1997), 116 min. (Special Edition, 2003).
Dirección: Jean-Pierre Jeunet.
Guion: Joss Whedon, Dan O’Bannon (Alien).
Actores: Sigourney Weaver, Winona Ryder, Ron Perlman, Dominique Pinon, Gary Dourdan, Michael Wincott, Kim Flowers, Dan Hedaya, Brad Dourif, J. E. Freeman, Raymond Cruz, Lelan Orser.
Música: John Frizzel.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, dirección artística, música. Un grupo de personajes atractivo en una aventura muy entretenida.
Lo peor: Supone una notable traición estilística a la saga Alien, y tampoco alcanza la calidad esperada.
Mejores momentos: La presentación de los piratas. La discusión alrededor del superviviente (¿Qué llevo dentro?). El clímax en la Betty.
El fallo: El planeta de Alien 3 es Fury 161, no 16 como dicen aquí.
Las preguntas: ¿Por qué el vigilante de la celda de Ripley está en el techo dos pisos más arriba y no en el pasillo al lado de la puerta? ¿Por qué el jefe médico es quien lidera el equipo de seguridad que va por los piratas cuando saltan las alarmas?
La frase:
1) ¡Doce! -Johner.
2) Debí haberlo sabido. Ningún ser humano es tan humano -Ripley.
3) -¿Qué está ardiendo?
-¡Nosotros!

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En 20th Century Fox, poseedora de los derechos, no podían dejar una saga tan rentable quieta durante tanto tiempo, pues en Hollywood siempre piensan en exprimir un poco más todo lo que ha cosechado éxito en el pasado. Y con la experiencia de Alien 3 (David Fincher, 1992) en mente el terror no venía de la mítica criatura, sino de lo que pudieran hacer con la nueva entrega. ¿Cómo se atreven a tocar algo que dio dos obras maestras y una secuela maldita y malograda? No niego la posibilidad de ver nuevos capítulos de un universo con tantas posibilidades, pero temía la previsible cadena de acontecimientos que acabaría con toda probabilidad dando una mala película: guion circulando durante años por los despachos, con cada nuevo productor y guionista a sueldo metiendo alguna idea con calzador y alterando la poca base que tuviera el argumento inicial planteado por algún mandamás; egos varios implicados poniendo zancadillas varias (hasta 11 millones de dólares le dieron a Sigourney Weaver para convencerla de que merecía la pena volver a meterse en el personaje… lo mismo que costó AlienRidley Scott, 1979-); y finalmente, la arriesgada elección de un director que podría echar al traste el potencial que tuviera la historia o que, más probable aún, sería molestado continuamente con nuevos cambios y exigencias. Una vez estrenada quedó claro que Alien Resurrection cumplía bastante bien estas previsiones y no funcionaba como secuela, pues aunque no llega a resultar un insulto como Aliens Vs. Predator 1 (Paul W. S. Anderson, 2004) y 2 (los hermanos Strause, 2007), esperpentos comerciales que es mejor ignorar, está muy lejos de la calidad de Alien y Aliens (James Cameron, 1986) y además se aleja bastante del estilo y la atmósfera de ellas, más incluso que Alien 3, que al menos lo intentaba.

Joss Whedon, el guionista elegido (ahora en boca de todos gracias a la fama conseguida con sus series y rematada con Los Vengadores -2012-, pero en aquel entonces un don nadie), renegó del acabado final de la película, alegando que, si bien habían mantenido la línea narrativa, el tono era completamente distinto y echaba a perder lo que había escrito. Jean-Pierre Jeunet, director francés que firmó largometrajes tan extraños y fascinantes como Delicatessen (1991) y La ciudad de los niños perdidos (1995), y que después de esta Alien Resurrección pegó el pelotazo con la memorable y deliciosa Amelie (2001), fue una extraña elección, aunque seguramente estuvo basada en la misma idea que se empleó en los anteriores capítulos: una joven promesa con cualidades distintivas. Pero, quizá pensando en que haber entorpecido tanto la labor de David Fincher en el rodaje de Alien 3 fue motivo de su fracaso, aquí le dieron carta blanca total a Jeunet. Y menuda cagada. Su labor es bastante buena en el aspecto visual, pero la esencia de la saga brilla por su ausencia porque, a pesar de la fama de la misma, de la cantidad de gente que la admiraba y esperaba una secuela que mantuviera el tipo, decidió tomársela como una película de aventuras en vez de una de misterio y terror, dándole además un tono de comedia gamberra. Y ojo, no me parece mal atreverse con un cambio de perspectiva, pues James Cameron le dio un giro notable a lo visto en Alien y le funcionó. Pero funcionó porque supo mantener un estándar de calidad y transmitir la misma sensación aunque fuera desde otro ángulo: sumió al espectador en una atmósfera de inquietud, agobio y terror constante ante los envites del temible monstruo en un escenario oscuro y claustrofóbico. Nada de esto se ve Alien Resurrection. Las escenas de acción son sencillas, simples, algunas ni siquiera emocionantes, como la pelea bajo el agua, supuesto momento cumbre que resulta poco interesante, por inverosímil y falto de intensidad. El terror a lo desconocido, a la muerte inminente en cada pasillo y agujero de ventilación, no llega a hacer acto de presencia, ni en los personajes (a veces da la sensación de que se pasean por la nave con pocas preocupaciones) ni en el espectador, que iría a verla esperando sustos y se encontró chistes. Para rematar el asunto, siguiendo la tradición, la producción no fue tranquila: el presupuesto no daba para rodar con un nivel decente la mitad de lo previsto, con lo que se descartaron o limitaron muchas escenas, como una gran lucha final en la Tierra. Ridley Scott y James Cameron lograron unos aspectos visuales únicos y arrebatadores con presupuestos ajustadísimos, pero pero está claro que aun teniendo talento Jeunet no está a semejante altura.

Por ello entiendo (y comparto) que Alien Resurrection descolocara y decepcionara a muchos seguidores, y que sea difícil posicionarse a favor de esta o de Alien 3, pues ambas están en el limbo de decepción y rabia que generan las entregas fallidas cuando sus capítulos precedentes son tan queridos. Sin embargo, otros muchos espectadores, entre los que también me incluyo, vimos en ella una buena película que gana con el tiempo: si se hace el esfuerzo de olvidarse de la saga y pensar que es una obra de ciencia-ficción independiente, se podrá disfrutar de un grato espectáculo, una aventura con un ritmo excelente (se hace cortísima y aguanta los visionados muy bien), con un grupo de personajes muy atractivo y una puesta en escena de buen nivel.

La premisa de clonar a Ripley y justificar sus recuerdos y otras habilidades con la herencia de los genes alienígenas es una gran idea. La descripción de la trama y el universo en que se envuelve, a base de detalles soltados aquí y allá, funciona y tiene buenos momentos, como la evolución de la historia de los robots. Y sobre todo, el grupo de protagonistas se hace querer rápidamente. Como buenos piratas que son, la tripulación está formada por individuos dispares, tanto en origen como en personalidad. Todos están bien descritos, resultan muy carismáticos, y sus relaciones, cargadas de los diálogos ingeniosos típicos de Whedon, dan mucho juego. Cada uno tiene su hueco y su momento estelar digno de recordar y alguna que otra frase espectacular. Los actores se desenvuelven bastante bien, destacando la candidez de Winona Ryder, la intensidad de Sigourney Weaver, la soltura de Dominique Pinon o la intimidante presencia de Ron Perlman, siempre perfecto para el papel de matón. Como he dicho alguna que otra vez, es difícil encontrar hoy día películas con un grupo de protagonistas amplio que resulte atractivo y de calidad. No hay más que ver como las horrendas Alien Vs. Predator 1 y 2 dan vergüenza ajena en este aspecto. El único fallo es el general al mando del proyecto. El personaje y la interpretación de Dan Hedaya resultan ridículamente caricaturescos, y lo peor, se termina de estropear con la muerte digna de cine cutre donde coge un trozo de su propio cerebro y lo mira antes de morir. Incluso en un conjunto gore-humorístico tal parida está fuera de lugar.

Puede dar la impresión de que en cada nuevo paso que dan los protagonistas se encuentran demasiado casualmente con una escena clave (ahora las víctimas de los huevos –esta es la más cantosa-, ahora los clones fallidos, ahora la trampa en el agua, ahora el nido), pero claro, sin esto no habría película, como no habría Alien sin el rápido crecimiento del bicho. En cambio, enlazar tan rápidamente cada sección da un ritmo enérgico: la narración avanza con celeridad sin perder fuelle en casi ningún instante, ni siquiera en los recesos de transición o para explicaciones. Sí, quizá la pelea con Ripley en la cancha es un poco absurda (se puede entender que sean guerrilleros y busquen bronca, pero atacar con una pesa es ir a matar, algo estúpido cuando eres invitado en un navío militar), y se puede decir en el tramo central hacía falta algo más impactante que la poco llamativa escena bajo el agua (si se salva es porque la parte de la escalera es más contundente), pero el resto se desarrolla de forma muy amena, con una buena mezcla de aventura de ciencia-ficción, comedia gamberra y gore. La mejor muestra de esta combinación está en el clímax final, en la huída desesperada con la Betty: el ente mitad alien mitad humano (Newborn lo llaman) es una de las creaciones más asquerosas vistas en pantalla, y el gore explota de forma delirante en su fantástica muerte, mientras que paralelamente tenemos acción trepidante en la cabina, con los estupendos personajes soltando frases tronchantes: ¡Qué está ardiendo!… ¡Nosotros!

De nuevo haciendo la vista gorda a que esto no es Alien, hay que admitir que el inconfundible estilo visual de Jeunet resulta bastante llamativo, salvo cuando se le va la pinza más de la cuenta (el insecto del prólogo de la versión extendida y la muerte del general). Sus clásicas panorámicas y travellings veloces se adaptan bien a los grandes pasillos de la Auriga (la nave militar), la escenificación y el montaje son buenos (hay muchos personajes en pantalla pero la escena siempre fluye sin problemas), y sobre todo saca muy buen provecho de una buena fotografía y de un notable trabajo con las criaturas alienígenas, en especial el grotesco híbrido. Eso sí, parte de su sello es el colorido excesivo a base de filtros, que desentona un poco en una serie que se basaba en algo más natural y apagado. El único fallo notable es que cuando recurren al ordenador para los alienígenas dista mucho de dar la talla. La guinda la pone una banda sonora que, como ocurrió en los tres casos anteriores, no se parece en nada a ninguna de las demás pero resulta estupenda: el desconocido John Frizzell aportó una partitura con persnonalidad, muy expresiva y adaptable. Lo cierto es que en algo siembre ha coincidido la saga: la dirección artística, la fotografía y la música eran de calidad y aprovechadas por directores con visión (aunque luego esta no diera sus frutos como se esperaba).

Sin embargo, también hay algunos agujeros de guion o giros dudosos dignos de citar. En el argumento hay un agujero notable: como protocolo de emergencia la Auriga vuelve automáticamente a su base, a la Tierra, algo doblemente descabellado, primero, porque es una nave que opera bajo secreto gubernamental, y no es plan de que se pasee a la vista de todos, y segundo, porque finalmente vemos que no parece haber nadie en el Sistema Solar y en la Tierra, nadie que se interese por una nave que va a toda leche hacia el planeta y no responde a llamadas. Canta mucho que, después de decir que pasar por el agua es el único camino, Call, tras hundirse, haga su reaparición por el otro lado: ¿cómo ha llegado ahí? Y no me convence que Christie se ahogue: en el agua podía soltarse el pie enganchado al alien sin problemas. También quiero comentar que no entiendo qué es la extraña masa que engulle a Ripley: ni llega a ser un montón de aliens (aunque se ven colas) ni es la estructura de resina vista en Aliens, ni por qué está eso ahí y dice ella “Estamos cerca del nido” si el alien que la atrapa se la lleva bien lejos. En el aspecto visual también hay algunas limitaciones, pues en ocasiones se notan problemas presupuestarios que no supieron suplir con ingenio: las maquetas cantan un poco en el atraque de la Betty, nunca vemos un alien de cuerpo entero si no es digital (como señalaba, con un resultado muy pobre, ¿es que no aprendieron la lección en Alien 3?) o muerto, y hay escenas donde se nota bastante que se enfoca sólo a la cabeza.

Para la tetralogía editada en dvd en 2003, Jeunet aprovechó para meter un par de escenas que se quedaron fuera por falta de dinero, más algunas pequeñas extensiones en otras secuencias. Las dos escenas largas son unos nuevos créditos iniciales, con una tontería de un tripulante aplastando un insecto con dientes, una especie de amago-broma con que es el xenomofro, que de haber estado en el montaje de cines probablemente habría hecho salirse de la sala a mucha gente, y un epílogo donde aterrizan en la Tierra y vemos que es un lugar desolado (y no se explica por qué), que me gusta menos que el final con la nave volando y dejando el destino de los personajes y la situación del planeta abierto a la imaginación, pues mostrar la Tierra destruida y abandonada es un giro tan definitivo y tan ajeno a la trama (sobrevivir a los alienígenas) que no sé a qué viene. El resto son algunos planos y diálogos que, si bien enriquecen aquí y allá algunos detalles de la historia o personajes, también tienen alguna parte totalmente sobrante; por ejemplo, la conversación sobre armas antes de meterse en el agua carece de sentido.

Es una pena que pensaran que Alien Resurrection podría funcionar alejándose tanto del concepto básico de la saga, porque es evidente que en esas condiciones ni logrando un peliculón satisfaría a todos los fans. Estoy convencido de que si se hubiera ambientado en un universo distinto (habría que cambiar poca cosa en el argumento: un alienígena diferente y darle otro nombre al rol central) hubiera sido mejor considerada, porque desde luego tiene mucha personalidad y es la mar de entretenida. Pero ya se sabe que Hollywood prefiere perder tiempo y recursos en agotar franquicias que en desarrollar desde cero proyectos más valientes.

Por cierto, no puedo dejar de comentar que es evidente que Joss Whedon reutilizó ideas de este guion para crear su obra maestra televisiva, Firefly (2002): la tripulación pirata y el diseño de su nave se quedaron en su cabeza y sirvieron como base para la serie.

Serie Alien:
Alien (1979)
Aliens (1986)
Alien 3 (1992)
-> Alien Resurrection (1997)
Prometheus (2012)
Alien: Covenant (2017)

Drive


Drive, 2011, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 100 min.
Dirección: Nicolas Winding Refn.
Guion: Hossein Amini, James Sallis (novela).
Actores: Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Ron Perlman, Christina Hendricks, Oscar Isaac.
Música: Cliff Martinez.

Valoración:
Lo mejor: Alguna escena suelta, la atmósfera sugerente lograda por la fotografía y la música. El papel de Carey Mulligan.
Lo peor: La narrativa mediocre y a trompicones, la falta de consistencia del rol central y los personajes secundarios estereotipados y mal usados. La interpretación de Ryan Gosling.
Mejores momentos: El prólogo.

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Drive nos sumerge en una atmósfera con cierto atractivo, mostrando un Los Angeles sombrío, solitario y peligroso. Esto se logra a través del tono melancólico y sugerente contruido mediante una fotografía hipnótica y la acertada música de Cliff Martinez. Esta última tiene un estilo electrónico ochentero muy interesante que se suma a una excelente selección musical (atención a los temas de Chromatics y College). Se construyen varias secuencias elegantes, capaces de dejarte pensando momentáneamente “esto es digno de una gran película”. Pero son destellos de calidad fugaces en un conjunto mediocre. Es decir, si hay talento, en especial en la labor de fotografía, el director no lo ha aprovechado del todo, pero sobre todo, el guion es un coladero muy grande, tanto que es capaz de hundir al filme en un pozo de monotonía y mediocridad.

A medio camino entre Taxi Driver y Collateral, Drive es un quiero y no puedo constante, una amalgama de ideas empalmadas una detrás de otra sin mucha cohesión narrativa. La trama peca de una notable falta de definición y posee carencias enormes de ritmo y coherencia. Para empezar, el protagonista es totalmente hueco, se usa como comodín para montar esas escenas variadas sin hilo en común: cambia de forma de ser demasiadas veces. Se nos presenta como un tipo frío, capaz de medir cada situación al milímetro incluso en momentos de gran estrés, un superviviente que usa sus dotes de piloto de coches para realizar algunas actividades delictivas. Es también inteligente, pues evita meterse directamente en fregados peligrosos: no usa armas, se mantiene al margen de los robos y esquiva las relaciones largas con criminales. Sin embargo, repentinamente se convierte en un pistolero vengativo que no se piensa las jugadas, que actúa sin pensar, lanzado por la ira del momento. Y para rematar la faena, al final enlaza unas cuantas decisiones tan absurdas que no hay manera de entender teniendo en cuenta lo presentado anteriormente. Y no me vale argumentar que la situación ha cambiado y ahora está en peligro, no, porque debería haber actuado como antes o si acaso haber evolucionado a través de una transición creíble. Pero el cambio se produce sin más, de tal forma que parece otro personaje de una escena a otra.

La falta de descripción del protagonista afecta también a la relación amorosa. ¿Por qué se embarca en ella? No se muestra razón alguna, si hay amor, compasión o simplemente es que se aburre; y más difuso se torna todo cuando vuelve el novio de ella, sobre todo con esa incomprensible decisión de ayudarlo. Por ello las escenas románticas no funcionan, y más cuando se desarrollan mediante videoclips musicales metidos con calzador. Sin embargo, Carey Mulligan se marca un gran papel, transmitiendo todas las emociones de su personaje de forma excelente, con lo que levanta considerablemente las previsibles escenas que le dan. No se puede decir lo mismo de Ryan Gosling, quien con una interpretación completamente inerte sin duda pone una gota extra en el desastre que resulta el personaje. Incomprensiblemente, se ha levantado cierto culto alrededor de este rol…

En cuanto al resto de la historia y los protagonistas hay que destacar que el embrollo final (es decir, el supuesto punto álgido de la trama) resulta precipitado y confuso, pues se desarrolla a través de caracteres secundarios mal ubicados en la narración y construidos a base de tanto cliché que resultan incluso ridículos: la presencia de Ron Perlman… pocas veces he visto un personaje tan mal introducido en un relato.

A todo esto se le suma que el director está obsesionado con el encuadre perfecto de cada plano (hasta el punto de que se han realizado análisis sobre esta fotografía), pero se olvida de todo lo demás: la escena no dice nada, los personajes van dando tumbos, y como resultado el ritmo es torpe, entre moroso y caótico. Así pues, conforme avanza la tenue trama la proyección va perdiendo el interés que despertó con su prometedor inicio, cuanto más se sumerge en ella más se emborrona el argumento y la consistencia de los protagonistas y más artificial parece la puesta en escena. El arco final enlaza tiroteos exagerados pero sin capacidad de asombrar y alguna persecución con más enredo visual que esfuerzo por transmitir emoción. Finalmente un desenlace bastante pobre cierra una película aburrida y torpe.

Pero sorprendentemente Drive se ha convertido en una de las producción menores o independientes más aclamadas del año. Por lo tanto fui a verla esperando una cinta como mínimo buena… y el encontronazo ha sido brutal. Su aspecto externo ha engañado a muchos, pero a mí no me parece justificable una buena nota en una película tan hueca por dentro, y más si en vez de ofrecer una trama mínimamente interesante resulta un caos de incoherencias.

Crónicas mutantes


The Mutan Chronicles , 2019, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 111 min.
Dirección: Simon Hunter.
Guion: Philip Eisner.
Actores: Thomas Jane, Ron Perlman, Devon Aoki, John Malkovich.
Música: Richard Wells.

Valoración:
Lo mejor: Es una película para reírse de lo mala que es.
Lo peor: Es una abominación indescriptible.
La frase: No soy de tener fe, soy de joderlo todo.

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Crónicas mutantes (aunque lo correcto sería Crónicas de mutantes) fue un juego de rol alrededor del que surgió toda una gama de complementos y merchandising (miniaturas, juegos de cartas, videojuegos…) hasta que finalmente en 2008 nos obsequiaron con una película de bajo presupuesto que debido a su nula calidad deambuló penosamente en algunos cines de EE.UU. hasta que decidieron sacarla directamente en DVD en el resto del mundo.

La cinta sobrepasa la categoría de serie b para entrar directamente en la del cine cutre, es decir, que es tan mala que resulta descojonante. Este género tiene sus adeptos (famosa es la web Cinecutre.com), y lo cierto es que como entretenimiento para una tarde con los colegas los filmes de este calibre son un auténtico festín de carcajadas, eso sí, si se sabe lo que se va a ver, porque no es lo mismo ponerse El increíble Hulk o Narnia 2 esperando algo pasable y encontrarse con un bodrio infumable que tener asumido que se va a ver algo tan penoso que podrías haberlo rodado tú mismo. Como es imposible describir esta obra de arte con palabras mundanas he optado por la verborrea gafapastil inundada de anglicismos absurdos que usan los críticos profesionales para aparentar conocimientos del cine y del lenguaje de los que sin duda carecen.

Alejada de cualquier corriente mainstream Crónicas mutatnes ofrece un esperpéntico espectáculo retro-vanguardista-pulp, es decir, que es ciencia-ficción postapocalíptica y pseudomedieval con toques de fantasía de zombis y héroes de videojuegos, y por si fuera poco todo se rodea de una estética tan extravagante como el steampunk. El nulo presupuesto ofrece unos efectos especiales amateurs bastante divertidos (por decirlo suavemente), pero son suficientes para formar ese aspecto visual tan curioso que, si hubiera sido bien aprovechado en una película de verdad, podría haber resultado muy llamativo.

Sorprende el reparto, donde la presencia de nombres como John Malkovich o Ron Perlman hace pensar en alguna clase de enchufe o incluso chantaje para que semejantes talentos se rebajaran a rodar esto. Por cierto, aunque la dirección finalmente recayó en Simon Hunter, John Carpenter fue uno de los inicialmente previstos. Y debo citar también al semi-desconocido protagonista, Thomas Jane (lo conocí en la estupenda La niebla), un carismático héroe de acción desaprovechado por Hollywood que aquí cumple con su ridículo cometido porque el pobre hombre tiene que comer.

La historia no puede esconder su origen y para los frikis roleros resultará bastante divertida, pues la trama desarrolla precisamente una partida de rol de forma nada disimulada. La presentación de la historia, la aparición de los personajes variopintos y con cualidades bien definidas (todos tan surrealistas, absurdos y estúpidos que o te suicidas o te mueres de risa), la unión del grupo de héroes, la búsqueda y el enfrentamiento final, con un clímax a lo juego de plataformas que pone el punto final a toda esta inmundicia caricaturesca de forma hilarante.