El Criticón

Opinión de cine y música

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I Am Mother


I Am Mother, 2019, Australia.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: Grant Sputore.
Guion: Michael Lloyd Green, Grant Sputore.
Actores: Clara Rugaard, Hilary Swank, Rose Byrne.
Música: Dan Luscombe, Antony Partos.

Valoración:
Lo mejor: Bien dirigida e interpretada, y con un guion que conoce sus limitaciones y se sobrepone a ellas sin pretensiones ni enredos innecesarios habituales en el género. Es decir, es seria y sólida.
Lo peor: En nada que has leído y visto bastante ciencia-ficción intuirás rápido cómo se desarrollarán las cosas tras cada giro. El tráiler te revienta toda la película.

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Netflix nos ofrece en I Am Mother (Soy madre) una serie b la mar de entretenida y con sabor a posible cinta de culto. Es decir, no ambiciona demasiado (de hecho, el presupuesto habrá sido minúsculo) pero sus autores le han puesto cariño y talento y ha resultado una cinta muy sólida.

Tras un evento de extinción masiva, en un búnker creado para la supervivencia de la humanidad un robot (voz de Rose Byrne) cría a una niña humana con el fin de repoblar el mundo. Pero cuando la chica llega a la adolescencia empieza a hacerse preguntas, y algunos giros inesperados sacan a la luz grandes mentiras, con lo que su pequeño mundo se vendrá abajo.

La mayor parte de títulos de esta índole (se inclinen por más la ciencia-ficción o el suspense y terror) se basan demasiado en golpes de efecto y florituras innecesarias, de forma que muchas veces parecen incluso tratar de tonto al espectador, pero aquí se toman las cosas en serio, sin tratar de abarcar más de lo necesario, sin engañar con trucos baratos. Tenemos una combinación de numerosos conceptos ya vistos en esos géneros, pero unidos con sabiduría.

El guionista y director Grant Sputore, cuyo currículo cuenta únicamente con varios episodios de una serie australiana (país donde también se ha producido la presente), consigue recrear un mundo ficticio muy atractivo y con muchas aristas y posibilidades desde un escenario minúsculo y apenas dos personajes. La trama encapsulada en un espacio cerrado maneja con habilidad los cambios de tono de cada tramo. En la presentación se establece una buena conexión con la atípica pero entrañable pareja, de forma que las primeras dificultades que le caen encima a la joven llegan con intensidad. Cuando enfrenta el cambio en su vida la narración adquiere mayor profundidad, tocando temas sobre distopías y postapocalipsis, con cuestiones éticas interesantes y moralejas sobre familia y maduración básicas pero que con el giro hacia el suspense adquieren una perspectiva inquietante. Todas las ideas planteadas bullen en tu cabeza, compartiendo el desasosiego que vive la protagonista: demasiado que asimilar, ¿qué vendrá ahora? Con esos cambios de tono y los apuntes más complejos el relato mantiene adecuadamente la expectación, teniendo buenos tramos de tensión y partes donde durante un rato no sabes hacia qué camino se inclinará.

Pero lo cierto es que si has leído y visto bastante ciencia-ficción, una vez toma una dirección concreta podrás intuir escenas enteras y también algunas conclusiones. Sin embargo, en el tramo final se juntan tantas cosas que no da tiempo a que la sensación de “esto y aquello ya lo he visto” te saque de la narración, y los problemas de la chiquilla ante una situación que le viene muy grande te mantienen siempre alerta. Con todo, le habría venido de perlas un giro final más original e impactante para recordarla días después del visionado. También se puede decir que, al ser una historia con muchas posibles ramificaciones, si deseas que tome una concreta y no lo hace, malinterpretando lo que quiere contar el autor, puede provocar una injusta sensación de decepción.

La desconocida protagonista, Clara Rugaard, está estupenda, aparte de que aunque tuviera casi veinte años durante el rodaje da el pego como adolescente sin problemas. Han tenido suerte de encontrar una actriz tan competente, porque estas películas baratas tienen todas las de acabar con actores con poca o ninguna experiencia. Nacida en Dinamarca, no le ha hecho ascos a probar suerte por Europa (Irlanda, Reino Unido), hasta que empezó a hacerse notar con una coproducción entre Reino Unido y Estados Unidos, Alcanzando tu sueño (2018), donde compartía cartel con la más famosa Elle Fanning. Ahora ha acabado en Australia con esta cinta menor pero con la que, dada la proyección internacional de Netflix y su papelón, seguramente vea lanzada su carrera. No se amilana ante una cámara que está siempre encima de ella, y ofrece un torrente de emociones contagioso. La joven dócil y dulce del tramo inicial contrasta de forma espectacular con la agobiada y asustada que vemos cuando las cosas se tuercen.

Otro buen aliciente es que el acabado visual es también muy sólido. Salvo algún matte painting cantoso en la parte final, la más exigente, tiene un aspecto de película de primera división. El decorado del búnker es muy detallado y el robot está muy bien hecho (no parece un extra disfrazado), y el realizador saca gran partido del entorno a través de las estupendas labores de fotografía e iluminación y una banda sonora simplona pero lo justo de efectiva. Los tempos de cada situación, y las hay muy variadas, los mide con gran cuidado. No hay sensación de precipitar cosas ni de pérdida de interés cuando hay un cambio de estilo, ni encontramos cansinos clichés como sustos sonoros y escenas de huidas y acción predecibles y artificiales. Es más de dejarte intuir que las cosas se van a torcer.

I Am Mother resulta muy recomendable tanto para los amantes de la ciencia-ficción como del suspense. Quizá no deje huella, pero da para un rato emocionante y para volver a demostrar que se consiguen mejores resultados con talento y ganas que soltando billetes a lo loco.

Alerta de spoilers: En adelante destripo a fondo. —

Las referencias a obras conocidas son obvias, resultando una suma de Yo, robot + Terminator + Calle Cloverfield, 10 + Moon, y con toques de Oblivion y Alien. Es inevitable pensar en Skynet con el robot y en Sarah Connor con la intrusa; toma la idea de Yo, robot (relatos de Asimov, 1950, adaptación de Alex Proyas, 2004) de una IA que ve en los seres humanos la perdición del planeta, etc. En concreto, la parte relacionada con Moon (Duncan Jones, 2009), los clones descartados a gusto por la IA, me resultó facilona, pero lo cierto es que la escena de la chica buscando restos en la incineradora es potente. En cuanto a Alien, son más momentos puntuales y estética: la protagonista que vuelve a rescatar al bebé a pesar del peligro, girando pasillos con temor mientras suenan alarmas, recuerda a los clímax finales con Ripley en las dos primeras entregas.

En cuanto al final, durante unos segundos me pareció anticlimático y cogido por los pelos, pero pronto deduje que en realidad la Inteligencia Artificial ha encontrado a la madre para la humanidad que buscaba, así que se hace a un lado. El problema es que en vez de una aceptación por parte de la IA parece una victoria de su hija por la fuerza: la escena debería haber tenido mejores diálogos y una situación más trabajada que esa tontería de engancharse la pierna en la puerta para dar tiempo a la niña a reaccionar. Por otro lado, es obvio que Hilary Swank en realidad es uno de los primeros clones, que llegó a salir fuera pero no adquirió la determinación necesaria, así que me sorprende que haya análisis y críticas que lo comenten como si hubieran descubierto algo oculto con pistas muy sutiles.

X-Men: Primera generación

X-Men: First Class, 2011, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 132 min.
Dirección: Matthew Vaughn.
Guion: Ashley Miller, Zack Stentz, Jane Goldman, Mathew Vaughn, Bryan Singer, Sheldon Turner. Jack Kirby, Stan Lee (cómic).
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Bacon, Jennifer Lawrence, Rose Byrne, Jason Flemyng, January Jones, Nicholas Hoult, Michael Ironside.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Un guion esforzado en construir una historia sólida y con buenos personajes, una dirección que sabe mantener esa idea, un reparto muy bien elegido.
Lo peor: El ritmo es mejorable, le cuesta ir al grano y contar cosas sin alargar demasiado. La música no tiene alma. Visualmente no es la más espectacular del género.

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Después de la enorme decepción que supuso X-Men: La decisión final y lo poco que dio de sí X-Men orígenes: Lobezno no esperaba mucho de otra secuela, pero peor fue cuando anunciaron que era un reinicio. ¿Por qué dejan de lado personajes e historias ya desarrollados? Y por extensión me da la sensación de que esto es una lotería: hacen películas pensando sólo en recaudar, y si no llegan a la cifra esperada las vuelven a hacer. Así nos hemos tragado la inmunda El increíble Hulk (Louis Leterrier, 2008), por ejemplo. Pero por suerte aquí se han tomado dos buenas decisiones: primero, no es un reset completo, sino que se mantienen fieles al resto de películas, y segundo, han intentado hacer una cinta de calidad… Y lo han conseguido.

Es indudable que X-Men: Primera generación tiene errores y en conjunto cabe pensar que con pocas mejoras podría haber dado algo memorable, pero siendo justos hay que ponerse en el lugar del guionista, quien se enfrentaba a un trabajo complicado y arriesgado. Debía ser fiel al cómic y a las otras películas, presentar muchos personajes con historias propias, desarrollar una trama atractiva que no solape a esos protagonistas y por supuesto añadir a la mezcla acción y humor, que al fin y al cabo esto es un entretenimiento y no un drama serio. Y todo ello teniendo en cuenta que con cada factor que añades se incrementa la dificultad.

En el resultado hay una clara falta de ritmo, aunque no es lo que se dice fatídica. Da la sensación de que le cuesta arrancar e ir al grano, pues hay mucho contenido (unas cuatro narraciones paralelas: la odisea de Magneto, la de Xavier, los intereses del gobierno y el plan del enemigo) y al guion le ha faltado conseguir una última puntada de ingenio para acelerar o hacer más amena la narración. Así, en algunos tramos la historia parece algo dispersa y el interés decae, de hecho, hay alguna escena claramente innecesaria (como la de Magneto en un bar de Argentina, por ejemplo), pero este bache se supera bastante bien gracias a que la exposición y el desarrollo de los personajes resultan loables. Se pone a cada protagonista, y son muchos, en su lugar en la trama: hay tiempo para que te caigan simpáticos todos ellos (aquí los secundarios salen mejor parados que en las de Bryan SingerI y II-) y para disfrutar con sus problemas, observar sus evoluciones según las circunstancias y finalmente conocer cómo se crearon de los dos famosos bandos que forman los mutantes. En resumen, tenemos buenos personajes, diálogos certeros, situaciones variadas, buen drama, lo justo de la clásica ética del superhéroe y una estupenda química entre los actores.

La labor de esos intérpretes merece una mención más detallada. James McAvoy como Charles Xavier y Michael Fassbender como Erik Lehnsherr/Magneto llevan casi todo el peso de la cinta de forma impresionante. Aunque se alaba mucho al segundo yo no diría que supera al primero, pues ambos captan a la perfección los matices de sus personajes y dotan de interés escenas donde es crucial la labor del actor (como aquellas en las que Xavier trabaja con su mente). En un plano inmediatamente inferior tenemos a Kevin Bacon como Sebastian Shaw, un actor siempre competente, y a la joven Jennifer Lawrence como Raven/Mística, quien demostró ser una actriz como la copa de un pino en Winter’s Bone. Lawrence da credibilidad de sobra a una chica perdida, inadaptada, y Bacon consigue un toque extra de intensidad en un villano correcto pero no espectacular.

La acción no abunda pero se usa con la cabeza, no buscando el golpe de efecto fácil sino tratando de mantener a los protagonistas y sus tribulaciones en el centro de todo. Como resultado, la historia atrapa y estamos más pendientes de lo que ocurre que de los vaciles visuales. La labor de dirección es excelente en todo momento, pero destaca en esos momentos álgidos, donde no pierde el foco de los acontecimientos: los personajes. La fotografía y montajes son excelentes, dando toda una lección al cine de acción actual. Pero no todo es perfecto, pues tengo la sensación de que para el presupuesto con el que jugaban (unos bárbaros 160 millones) lo que tenemos no luce como cabría esperar, y más teniendo en cuenta que vemos pocos momentos de grandes despliegues de efectos especiales. No es grave porque lo que hay funciona, simplemente me pregunto si con tanto dinero no podían haberse soltado un poco más. Las escenas de los chavales volando no son especialmente llamativas, por ejemplo. Lo que sí es más criticable es que después de currarse tanto el guion y la puesta en escena, a la hora de rematarla en la postproducción parece que le han querido dar intensidad o agilizar el ritmo a base de meter música activa, trepidante y contundente en todo momento. Ni la intención ni el resultado me convencen, tanto porque supone tener un murmullo constante en cada escena como porque la partitura de Henry Jackman va justa y carece de personalidad. Lo cierto es que me da la sensación de que no confiaban en que el espectador de hoy día pudiera disfrutar una película pausada.

Con las buenas sensaciones que deja el visionado y la más que correcta presentación que supone para el universo de los X-Men, uno sale de la proyección deseando ver una secuela de este nivel. Sin embargo quizá haya que rezar para ello, pues aunque las críticas (profesionales y de público) son excelentes la taquilla no es espectacular, y una cinta de este calibre necesita duplicar holgadamente su presupuesto para llamar la atención. Esperemos que piensen en que el prestigio que Christopher Nolan ganó con Batman Begins provocó que la secuela recaudara casi tres veces más.

Diría que a X-Men: Primera generación le falta el toque de genialidad que diferencia las buenas películas de las grandes películas, ese que dio por ejemplo el citado Nolan a sus Batman, pero desde luego ha apuntado alto en un género que ofrece más desencantos que obras dignas de recordar.

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Saga X-Men:
X-Men (2000)
X-Men 2 (2003)
X-Men: La decisión final (2006)
X-Men orígenes: Lobezno (2009)
-> X-Men: Primera generación (2011)
Lobezno inmortal (2013)
X-Men: Días del futuro pasado (Rogue Cut) (2014)
X-Men: Apocalipsis (2016)
Deadpool (2016)
Logan (2017)
Deadpool 2 (2018)
X-Men: Fénix oscura (2019)
X-Men: Los nuevos mutantes (2020)

Insidious


Insidious, 2010, EE.UU.
Género: Suspense, terror.
Duración: 103 min.
Dirección: James Wan.
Guion: Leigh Whannell.
Actores: Patrick Wilson, Rose Byrne, Ty Simpkins, Andrew Astor, Lin Shaye, Barbara Hershey.
Música: Joseph Bishara.

Valoración:
Lo mejor: La puesta en escena, en especial la fotografía.
Lo peor: El guion es una torpe y aburrida mezcla de todos los tópicos del género.

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Al principio me dejé de llevar porque está bien rodada. La fotografía es muy hábil, adecuada a cada circunstancia y sacando gran partido del formato panorámico en escenarios muy cerrados. Se obtienen planos hermosos, dinámicos y muy expresivos, y junto a la acertada elección del colorido apagado y el buen pulso del director el aspecto visual obtenido es bastante eficaz para un filme de estas características. Sin embargo el guión no está a la altura, así que no se llega a componer una atmósfera inquietante, oscura y subyugante como la que cabría esperar en unas condiciones que de base prometían tanto. Solamente es atractiva para los ojos, el resto de sentidos se duermen rápidamente porque no se ofrece nada capaz de llamar la atención.

Si en su inicio parece poco original (casa encantada, libros cayéndose, niños que dan miedo), conforme avanza la cosa empeora de manera exponencial. Los tópicos descarados se acumulan cada vez más hasta terminar siendo una mezcla poco efectiva de distintas obras emblemáticas del género (tanto que parece un remake velado de Poltergeist). Esa total falta de originalidad me ha impedido conectar con el relato, porque claro, si ya lo he visto todo cómo esperan que me resulte llamativo y más aun sorprendente.

De tanto copiar arrastra además un problema común del género: el intento de explicar y racionalizar lo que ocurre. Señores, es fantasía, no pierdan el tiempo metiendo discursos pseudocientíficos, que aparte de ser ridículos los han puesto de modo que encajan fatal. La clásica viejecita con poderes es cargante, pero lo que resulta inaceptable es la pareja de frikis. ¿Humor, autoparodia, parodia del género? Ni idea, pero tras la falta de originalidad suponen el segundo gran bache de la cinta, el que terminó por sacarme por completo de la historia. Sus chistes, sus pintas, su rivalidad absurda, sus aparatos sacados de Los Cazafantasmas… Desde que aparece esta gente en adelante no hay por dónde agarrar la película. La escena de espiritismo en la mesa y el paseo por el más allá son una orgía de memeces, efectos visuales y sonoros utilizados sin sentido narrativo, cosas que no se entienden (¿por qué el demonio aparece y desaparece poco a poco en vez de soltar una cuantas hostias de golpe?) y por supuesto no falta el final trampa que intenta dejarte mal cuerpo, y lo consigue por cutre e inexplicado.

Y lo peor es que aun tomando las mejores ideas y secuencias de cintas superiores no da miedo. Un par de sustos facilones y gracias, pero ningún tramo inquietante ni sensación de desasosiego, ningún clímax que acojone. Parece que los realizadores son conscientes de ello, pues tratan de asustarte a base de golpes sonoros excesivos que estropean aún más la atmósfera: llegan a ser muy pero que muy molestos.

En el reparto tenemos una de cal y otra de arena. Rose Byrne ofrece un esforzado recital interpretativo, mostrando muy bien las penurias de una madre agobiada, pero Patrick Wilson, que me parece un buen actor (recordemos su papelón en Hard Candy), anda perdidísimo; se nota que el problema es su personaje, que sobra en prácticamente toda la cinta y no termina de definirse en ningún momento, pues su única función es servir como explicación para lo que ocurre. En el resto de metraje no pinta nada, y hacia el final lo convierten en el padre de familia que resuelve heroicamente los problemas. El personaje de Byrne tenía mucho más peso y fuerza, pero en esa última parte se limita a llorar mientras el otrora distante y aburrido padre corretea entre fantasmas. Dejar de lado a la protagonista central en los momentos cumbre es sin duda un error de planteamiento.

El director James Wan y el escritor Leigh Whannell son especialistas en el cine de pseudo-terror barato y comercial (fueron creadores de la infame pero exitosa saga Saw), y si antes de verla llego a darme cuenta de que era obra suya ni me hubiera planteado su visionado. Insidious es claramente una mezcla preparada para sacar tajada de la taquilla fácil, del espectador actual, que de perezoso y poco culto se le puede engañar con trucos viejísimos y escenas copiadas de otros filmes, porque para él el cine anterior a los noventa (o incluso anterior al año 2000) es viejo y no piensa verlo. A quien tenga más cultura le parecerá una tomadura de pelo, muy bien hecha, eso sí.

Sunshine


Sunshine, 2007, EE.UU.
Género: Acción, suspense, ciencia-ficción.
Duración: 107 min.
Dirección: Danny Boyle.
Guion: Alex Garland.
Actores: Cliff Curtis, Cillian Murphy, Michelle Yeoh, Rose Byrne, Chris Evans, Chipo Chung, Hiroyuki Sanada, Benedict Wrong, Troy Garity, Mark Strong.
Música: John Murphy, Underworld.

Valoración:
Lo mejor: El primer tramo de la cinta, el más comedido e interesante.
Lo peor: El delirante final. La mediocre puesta en escena de Danny Boyle, el guion lleno de agujeros e incongruencias e incapaz de definir buenos personajes y ofrecer una trama que equilibre las distintas y casi incompatibles líneas narrativas (mezcla poco homogénea de cine de catástrofes, de ciencia-ficción, de terror…).

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Trainspotting (1996) fue notable e influyente, pero desde entonces Danny Boyle no da pie con bola. La playa (2000) y 28 días después (2002) mantienen el éxito pero de calidad andan bien escasas. El caso de Sunshine ha ido por el mismo camino: ha tenido en general críticas decentes, pero el producto final me ha parecido casi desastroso, y en gran medida por culpa del director.

Sunshine es una malograda mezcla de géneros. Comienza como cine de catástrofes, con la poco creíble misión de detonar una bomba en el Sol para reactivarlo, continúa como cinta de ciencia-ficción, con las aburridas aventuras de la tripulación intentando llegar a su objetivo mientras lidian con irrelevantes problemas técnicos, y en el tramo final se decanta sorprendentemente por el terror de zombis (que incluye leves toques de gore). La simbiosis entre estos tres estilos es irregular, ineficaz. La cinta va dando traspiés sin que quede claro de qué va (con la bomba como macguffin chapucero), sin decantarse de una vez por un rumbo y género concreto, con lo que dificulta la atención del espectador, quien tiene que afrontar los cambios de estilo y dirección.

El otro gran problema que su base resulta bastante endeble: los personajes carecen definición, entran y salen aleatoriamente porque su único cometido es morir en uno u otro instante. Se trabajan tan poco desde el guion al casting que ni alcanzan el mínimo exigible en la verosimilitud. No hay quien se crea a estos jóvenes casi imberbes como científicos y astronautas de gran nivel, de hecho, aparte de comportarse como adolescentes inmaduros cada cual es más incompetente y patético; el segundo al mando llega a ser una caricatura vergonzosa.

Se acumulan diálogos vacíos, situaciones poco trabajadas cuando no incongruencias enormes, te asaltan preguntas cada dos por tres… Por ejemplo, ¿qué sentido tiene que el escudo tenga paneles que se abren?, ¿cómo pueden los restos de piel humana de siete tripulantes dejar una capa de polvo de varios centímetros en una nave tan grande?, ¿por qué ese personaje se comporta tan irracional e infantilmente?, ¿por qué justo ahora se olvidan de la radio o de poner el filtro solar?, ¿cómo pueden respetar tan poco la cadena de mando? A veces dan ganas de gritarle ¡estúpido! a los personajes.

Las virtudes del libreto son casi inexistentes, pero es más lamentable que el poco jugo que se le podría sacar Danny Boyle no lo aprovecha. Su puesta en escena carece de originalidad (¿por qué cuando se está en una nave espacial la cámara tiene que girarse?), abusa de primeros planos y enfoques cortados (reflejos, reflejos borrosos, objetos de por medio) que lejos de imprimir el tono de claustrofobia propio de la situación limitan completamente la narración a los rostros de unos personajes muy aburridos, con lo que no se ve nada y se echa a perder aún más la poca intensidad que posee la historia. El abuso de escenas que pasan por encima de la nave o muestran su escudo también resulta cansino, por no hablar de las repetidas e innecesarias visitas a la sala de observación. Pero la cosa va a peor a medida que avanza la función, pues cuando la nave perdida aparece, Boyle pierde el juicio completamente. La absurda y ridícula locura a la que asistimos a partir de entonces comienza con unos flashes repentinos diseminados entre fotogramas. No se acierta a ver qué es, no se comprende su presencia, sólo distrae y hace pensar en un fallo de la proyección. El montaje se acelera, se hace caótico, la fotografía empieza a agitarse descontroladamente… Pero todavía no ha llegado lo peor, pues contra toda lógica Boyle se empeña en emborronar la pantalla ante la presencia del zombi, así que los últimos minutos se limitan a ruido, borrones, personajes corriendo… y uno ya no sabe qué pasa.

Arreglando el tramo final podría haber sido una serie b decentilla; bastante típica y con muchos baches, pero pasable. El conjunto da lástima, y por si fuera poco se acumulan los instantes que recuerdan a producciones clásicas del género, desde 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972) y Alien (Ridley Scott, 1979) a cintas menores recientes, como Horizonte Final (Paul W.S. Anderson, 1997), dejando una sensación constante de falta de originalidad, de personalidad.