El Criticón

Opinión de cine y música

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La momia


The Mummy, 2017, EE.UU.
Género: Acción, suspense, fantasía.
Duración: 110 min.
Dirección: Alex Kurtzman
Guion: David Koepp, Christopher McQuarrie, Dylan Kussman, Jon Spaihts, Alex Kurtzman.
Actores: Tom Cruise, Annabelle Wallis, Russel Crowe, Sofia Boutella, Jake Johnson.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida: va al grano, tiene un personaje central potente, buenos diálogos, y está bien hecha.
Lo peor: Resulta muy predecible. Annabelle Wallis ofrece un papel pésimo.

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Vaya varapalo se ha llevado este nuevo reinicio de La momia (que además nace como capítulo inicial de una serie con los monstruos clásicos), puesto a parir como si fuera la peor película de los últimos años, como si los autores debieran pedir perdón por haber mancillado el género. No lo entiendo, está en la media del cine de acción y fantasía revienta taquillas, con la excepción de la serie Marvel y las nuevas de La guerra de las galaxias, que se mantienen bastante por encima. Y por las críticas, tanto los medios como los espectadores la están poniendo al nivel de La gran muralla, y como que no. De hecho incluso tiene algunas virtudes que se echan de menos, más que nada porque tiene autoconsciencia de que es un entretenimiento, lo que se traduce en menos pretensiones y más simpatía. Ha pasado como con Dioses de Egipto: conocía sus limitaciones e iba al grano, a divertir y entretener, pero por alguna razón se machacó sin miramientos.

Esa falta de grandilocuencia propia del cine de acción contemporáneo realza sus puntos fuertes. Lo normal hoy en día habría sido hacer una cinta de dos horas y media con subtramas anexas empalmadas de mala manera y acción avasalladora sin límites. Aquí sus autores se esmeran en exprimir su argumento y las pocas bazas que deja de margen apostar por algo tan trillado, porque al fin y al cabo, se enfrentan a una serie comercial, con requisitos y restricciones muy concretos. Sumergen a los protagonistas en una pesadilla que pone a prueba sus límites intelectuales y físicos, pero también morales. Hay mucha acción, pero es más de correr y sobrevivir a duras penas que de ver ciudades destruyéndose y monstruos o superhéroes pegándose. Y tiene un toque adulto y oscuro muy de agradecer en esta época de cine blando, sin violencia ni drama.

El protagonista es ambiguo, amoral, y evoluciona aceptablemente bien, lejos de los cánones del género de héroes impolutos que no sabemos qué piensan ni qué esperan del mundo y de los demás personajes pero se apuntan a todos los jaleos porque sí. Nick Morton vive para sí mismo, sólo piensa en sus ganancias, y no pocas veces trata de escapar de una situación que lo perjudica y le viene grande. Poco a poco va viendo que no queda más opción que implicarse, y en pequeñas dosis observamos cómo su pose de pasota se va tambaleando. Así, a la decisión heroica final llegamos con una trayectoria coherente y tangible, no sucede sin más porque hay que cumplir con ello. Para rematar, como buen antihéroe tiene numerosas frases socarronas, irónicas o cabronas muy efectivas. “Gracias por salvarme dándome el paracaídas”, le dice ella. “Pensaba que había más”, responde él con sinceridad. Tom Cruise está como siempre: se toma muy en serio su trabajo, tanto físico como interpretativo, pero no ha vuelto a lograr un papel como el de Magnolia, parece que siempre hace del mismo personaje, con lo que siempre ves a Tom Cruise. Y aquí hay que señalar lo obvio: La momia parece una entrega de Misión Imposible con un Ethan un tanto asqueado del mundo, en plan “me jubilé para vivir la vida y he caído en otra puñetera misión”. No en vano, el equipo de guionistas es el mismo que el de las últimas entregas de la serie: Koepp, Kurzman, McQuarrie

La chica, Jenny Halsey, no se enamora sin más de un tipo perfecto, sino que se forma una relación de atracción-odio no sorprendente pero sí muy interesante, alejada de los simplones romances actuales. Ve a un tipo con recursos y capacidades, pero con un espectro moral retorcido, así que no sabe si hostiarlo o acercarse a él, generándose buenos momentos de conflicto. La pena es que relación se atasca un poco, no llega a explorarse a fondo, principalmente porque el dibujo de esta arqueóloga es, en contraste con el atractivo mercenario y saqueador, demasiado simplón. Casi termina pareciendo la excusa para explicar cosas de la trama: esa es el arma mágica, no hagas esto que te contagias la maldición, somos el grupo que lucha contra el mal, etc. Y lo peor, Annabelle Wallis está muy, muy floja. También se puede señalar que no hay personajes secundarios de peso. El Dr. Henry Jekyll es interesante, misterioso, pero la descripción de sus personalidades y cualidades se sueltan demasiado deprisa, sin que lleguen a calar, y Russell Crowe no parece muy motivado. No hay más roles que destacar; al prota lo acompaña el típico secundario simpático que te da igual lo que le pase, y ella, a pesar de la importancia de su misión y los peligros con los que podría encontrarse, no lleva acompañamiento ni escolta de ningún tipo.

La figura de la momia funciona por ese tono más sombrío, pues no intentan ir más allá del enemigo poderoso de rigor. Las películas clásicas del género siempre tenían un aura melancólica, los monstruos eran fruto de infortunios y más que malvados chocaban con el miedo de la gente. Pero en los tiempos que corren se llevan más los entes sin motivaciones que buscan el caos y la destrucción. Así que todo el prólogo que expone traiciones familiares y demás no se entiende, no justifica nada del viaje de la momia por el mundo. Sofia Boutella se limita a prestar su físico, porque el rol no da para más. Al menos, eso de que sea más una joven guapa que un cadáver momificado se justifica, porque en los avances en los que apareciera con la melena al viento provocaron algunas carcajadas y dudas. Esta villana se salva porque es una contrincante dura que hace sufrir a los protagonistas. Las peleas son encarnizadas, las hostias que se llevan se ven realistas, casi se sienten, de hecho me asombró el nivel de violencia. Las momias-zombi que va creando son amenazadoras y asquerosas. Nos ofrecen algunas escenas muy tétricas (aunque no terroríficas), otras inquietantes (la momia a punto de violar al protagonista), y en general se logra una correcta sensación de peligro inminente y fatalismo: los protagonistas están siempre al borde de la muerte, la momia los encuentra y alcanza constantemente, no se ve una salida fácil. Y aunque en el clímax final a tortas pierde bastante intensidad, porque ya es evidente todo lo que va a pasar, tiene un giro también siniestro bastante acertado.

El productor y guionista Alex Kurtzman inicia aquí su andadura como director de superproducciones (porque antes hizo una comedia sencilla, Así somos), y lo cierto es que cumple sin problemas. Supongo que esa idea de buscar una obra más contenida y oscura es de todo el equipo de productores, pero está claro que él sabe aprovecharlo. La fotografía capta muy bien los numerosos pasajes de noche o en catacumbas. La banda sonora de Brian Tyler es épica. Los efectos especiales son un fin y no un protagonista forzado, y si bien hay alguna digitalización mejorable (el avión, el plano de la tormenta engullendo Londres), las momias, usaran la tecnología que usaran, son impecables. La cinta resultante es tenebrosa, tiene un ritmo trepidante y escenas de acción breves y sencillas pero enérgicas. La secuencia del avión es espectacular, la pelea en la iglesia brutal, la huida en ambulancia por el camino del bosque es muy intensa…

Así pues, La momia tiene un poco de cada virtud que espero de una buena superproducción de acción: tener claro que es un entretenimiento pero sin caer en la vergüenza ajena, contención y seriedad sobre el artificio vacuo, un poco de esfuerzo en el guion que busque personajes con algo de vida y diálogos decentes, y un acabado sólido. No termina de ser redonda, pues se queda un poco a medias en todos los elementos (sobre todo en cuanto a personajes) y también anda muy falta de novedades, pero ya tiene más que muchos títulos que en cambio el público recibe con bastante más entusiasmo. Dinero ha hecho suficiente, pero queda por ver si, por las malas críticas, en el resto de la serie optan por un estilo más simplón y luminoso, que es lo que el público parece querer ahora.

Master and Commander: al otro lado del mundo


Master and Commander: The Far Side of the World, 2003, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 138 min.
Dirección: Peter Weir.
Guion: Peter Weir, John Colle, Patrick O’Brien (novelas).
Actores: Russell Crowe, Paul Bettany, James D’Arcy, Edward Woodall, Chris Larkin, Max Pirkis, Jack Randall, Max Benitz, Lee Ingleby, Richard Pates, Robert Pugh, Richard McGabe.
Música: Iva Davies, Christopher Gordon, Richard Tongetti.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto, fotografía, montaje, sonido, dirección artística… Recupera un género, el de aventuras, a lo grande.
Lo peor: Se está olvidando muy rápido a pesar de su extraordinaria calidad.
Mejores momentos: La batalla principal, con sus estrategias, cañonazos, abordaje y peleas cuerpo a cuerpo.
La ridícula curiosidad: En el original el barco enemigo es estadounidense, pero por el conflicto de intereses sobre la guerra de Irak se cambió la nacionalidad a francesa, pues EE.UU. y Reino Unido eran aliados y Francia estaba en contra.

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Basada en The Far Side of the World (La costa más lejana del mundo según la editorial española), la décima novela de Patrick O’Brian sobre las aventuras navales del capitán Jack Aubry y el médico y naturista Stephen Maturin, Master and Commander muestra el día a día entre los marinos de un navío británico durante las guerras napoleónicas. Se tratan las supersticiones de la época, la necesidad de trabajar en grupo, la superación de los miedos personales, el entrenamiento de los jóvenes oficiales… pero destaca sobre todo el conflicto entre la impetuosa mente militar del capitán y la racionalidad inquebrantable del médico, quienes discuten constantemente con puntos de vista e ideologías enfrentados y analizan las órdenes y el alcance moral de la misión, dando al espectador un duelo de personajes y actores excelente y además una correcta visión de la forma de pensar en la época. La narración resulta pues completísima, llena de niveles perfectamente equilibrados y complementados entre sí, donde la hiperrealista descripción de la vida en el barco y los problemas personales siempre aportan algo al conjunto y desde luego no están reñidos con la efectiva capacidad de entretenimiento que posee la cinta.

Y todo ello sin olvidar la trama de acción, el conflicto con el barco enemigo, que aun siendo casi invisible en gran parte de la aventura, su presencia se nota en todo momento. Las confrontaciones con el navío suponen los momentos álgidos de un relato ya de por sí intenso, ofreciendo unos duelos navales impresionantes donde la mano de un director tan dotado pero infravalorado como es Peter Weir saca un partido asombroso. El espectáculo ofrecido es inconmensurable, y desde luego da toda una lección de cine a gran parte de la industria contemporánea. No es acción hueca, no nos taladra con efectismo sin más sentido que apabullar al espectador. Las batallas se muestran con maestría, con un detallismo abrumador: no se olvida de desarrollar a los personajes, ni de la carga de realismo casi documental que alberga toda la película, y no por ello el ritmo o el sentido del espectáculo se resienten, sino todo lo contrario, se magnifican al resultar todo tan denso y creíble y visualmente arrollador.

Impecables labores de recreación histórica en decorados y vestuario, una fotografía (Russell Boyd) maravillosa en cada plano, un montaje difícil pero resuelto con maestría, unos efectos de sonido brutales y sobre todo la sabia mano del director ofrecen una cinta que es la absoluta perfección visual. Y en el memorable duelo interpretativo tenemos a Russell Crowe inmenso (como siempre) como el capitán afable y preocupado por su tripulación pero decidido e imparable en su misión, y a Paul Bettany, uno de esos grandes actores desaprovechados por Hollywood, como el amigo que medita las acciones y analiza el mundo que les rodea, consiguiendo un papel que supone una réplica estupenda a semejante coloso. Completa el amplio repertorio de personajes una gama de secundarios muy bien elegidos y dirigidos con sabiduría, donde destacan algunos que por su juventud y buen hacer sorprenden aun más, como Max Pirkis.

Un guion medido con una precisión y detallismo impecables, un reparto de lujo y una puesta en escena de un nivel asombroso y que sólo unos pocos genios son capaces de conseguir hacen de Master and Commander una película sublime, una de las mejores de la década, espectacular y entretenidísima a pesar de su complejidad. Sin embargo, aunque en su momento tuvo buena acogida crítica (aunque no excepcional), su taquilla fue bastante endeble (apenas superó su abultadísimo presupuesto), y para mi sorpresa y decepción con el paso del tiempo tampoco ha ganado el prestigio que desde mi punto de vista merece. En el momento su creación se habló de crear una saga con indeterminadas secuelas, pero no parece que vaya a suceder. Y mientras nos inundan con las tontorronas e hipertrofiadas Piratas del Caribe.