El Criticón

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Han Solo


Solo: A Star Wars Story, 2018, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 135 min.
Dirección: Ron Howard.
Guion: Jonathan Kasdan, Lawrence Kasdan.
Actores: Alden Ehrenreich, Woody Harrelson, Emilia Clarke, Donald Glover, Thandie Newton, Paul Bettany, Jon Favreau, Joonas Suotamo, Erin Kellyman.
Música: John Powell.

Valoración:
Lo mejor: Correcto sentido de la aventura y el espectáculo, con algunas secuencias impresionantes. Un repertorio de personajes secundarios bastante llamativo.
Lo peor: Un factor crucial: Han Solo, Qi’ra y sus actores Alden Ehrenreich y Emilia Clarke están muy lejos de dar la talla, y el doblaje lo empeora. La historia y sus giros principales son muy predecibles. La sorpresa final es ridícula.
Mejores momentos: La formación del grupo, el asalto al tren, las partidas de cartas y en general cualquier escena con Lando y L3, el asalto a la mina.
Las frases:
1) La minería es lo peor -Lando.
2) En esa nave tenemos cuarenta mercenarios que estarán aquí a mi señal… -Han.

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UNA PELÍCULA MUY ARRIESGADA

No afirmaría que es una cinta innecesaria como andan diciendo algunos, porque se puede sacar buen material de cualquier parte si hay ganas e inspiración. Pero sí es una muy arriesgada que hubiera preferido que no tocaran. Han Solo y otras figuras de la saga que quieren recuperar son ya míticas, no puedes volver a ellas y ponerte a jugar con su historia, sobre todo con su pasado, porque hagas lo que hagas, aunque el resultado sea de gran calidad, el dibujo del personaje defraudará a grandes sectores del público porque todos tienen en su mente y en su corazón una imagen concreta. Lo inteligente fue lo que hicieron en Rogue One, contar algo tangencial, explorar el rico universo latente en vez de desgastar lo conocido. Pero una vez asumido que van a hacerse no queda otra que abrirse, ir sin prejuicios, porque para ir a ponerla a caldo porque no se parece a lo que imaginabas mejor te quedas en casa y haces como que no existe.

En esta primera intentona da la impresión de que han ido con miedo, yendo sobre seguro en el argumento y el viaje del protagonista, seguramente pensando que moviéndose lo menos posible de la historia más fácil reducirían la posibilidad de desencanto entre los millones de seguidores. La pregunta es: ¿se han quedado cortos o han acertado al no correr riesgos? A tenor de las críticas hay una importante división, lo cual no sé cómo interpretar de cara a las entregas venideras. Porque salvo un batacazo monumental, que visto lo visto tiene algunas posibilidades de ocurrir (el estreno no ha ido nada bien a pesar de ser una película tan famosa), seguirán con otras, como la de Boba Fett y la de Obi Wan. Así que queda por ver si asumen que lo conservador no funciona y quizá se arriesguen a probar historias más valientes y menos miradas al pasado, o si se cerrarán aún más sobre lo fácil. El tiempo lo dirá.

EL CLASICISMO FUNCIONA… POR LOS PELOS

Los autores, tanto Lawrence Kasdan y su hijo Jonathan al guion como Ron Howard en la dirección, no apuntan muy alto en originalidad y ambición, pero al menos parecen buscar la máxima de “algo simple tiene su valor si está bien contado” y tratan de exprimir las bazas presentes. En algunos aspectos y detalles salen bien parados, como el atractivo repertorio de personajes secundarios, el esfuerzo por mantener el tono trágico inherente (podían haberlo aligerado y añadido humor para atraer al público más joven), y el provecho que sacan de algún escenario muy clásico (la unión del grupo es emocionante, el asaltro al tren espectacular), así como la ejecución de alguna referencia obligada, como la forma en que Han se hace con el Halcón, que le quita el halo facilón con el que parecía que se resolvería.

Tenemos una aproximación muy tradicional al cine del oeste con temática de bandidos, transitando por todos los pasos típicos en la evolución de los personajes y la intriga criminal. Es cierto que el género era difícilmente evitable, pues Una nueva esperanza y el propio Han Solo tenían mucho de western. Pero también es indudable nada obligaba a seguir tan a rajatabla los preceptos del género. Tenemos la introducción que nos muestra la formación del protagonista como superviviente en los márgenes de la sociedad, seguimos por el camino inexorable hacia el mundo del crimen, con el aprendizaje a través los amores, amistades y traiciones esperables, encontramos la formación de la pandilla de malhechores de siempre y por supuesto pasamos por los asaltos y robos de toda la vida. Habiendo leído y visto lo mínimo antes del estreno (aunque es difícil no tragarse algún tráiler, dado lo machacones que son), me suponía que tirarían por este camino, de forma que me imaginaba toda la historia y algunos de sus momentos clave ya antes de entrar en la sala.

El tramo más flojo me ha parecido el inicial. Resulta bastante precipitado, como si tuvieran que cumplir con él sin ganas, de hecho, tiene algunas frases sobreexplicativas sonrojantes. No da tiempo a que la vida de Solo y Qi’ra parezca natural y cale, no me creo que un tipo tan resuelto y que parece actuar con independencia esté tan sometido, no me creo una salida tan improvisada, ni me llega el romance. Por suerte, una vez metidos en faena el subidón es importante. La formación del grupo de ladrones se desarrolla con más verosimilitud y pegada. Las relaciones incipientes combinan bien el choque de personalidades con las sorpresas (la entrada de Chewbacca) y la acción, con dos piezas principales (el asalto al tren y a la mina) bastante logradas. Otras secuencias menores no fallan tampoco: la huida por la nebulosa, aun siendo un tanto artificial, resulta trepidante. El final en cambio pierde fuelle a marchas forzadas, tornándose el tramo más previsible y encorsetado. Un desenlace más trabajado, sobre todo en las sorpresas y soluciones (todas forzadas y alguna muy fallida), probablemente habría dejado mejor valoración de la película en general, hubiera minimizado algunos de sus defectos y su falta de ambición.

Por otro lado, cumple de sobras con los enlaces a la saga que todos ansiábamos conocer, siendo un festín para el fan.. Estos no parecen postizos ni entorpecen el desarrollo de la trama: el corredor de Kessel, cómo conoce a Lando y gana el Halcón, cómo surge la amistad con Chewbacca… Y nos regalan un buen número de detalles más rebuscados: el chiste de Lando detestando la minería, Chewbacca cabreándose con la partida holográfica, las menciones a Tatooine…

En conjunto, Han Solo es previsible y apática pero lo suficientemente sólida como para aprobar. Como parte de La guerra de las galaxias se espera que nos ofrezcan escenarios fantasiosos únicos y situaciones que den una vuelta de tuerca a conceptos primarios. Incluso en la denostada trilogía de precuelas Lucas buscaba con ahínco aportar cosas nuevas, aunque no resultara del todo bien. No tiene el flojísimo nivel La amenaza fanasma ni la patente irregularidad de El ataque de los clones, La venganza de los Sith y Los últimos Jedi… pero tampoco su fuerza, su combinación de originalidad y magia con la que se pueden perdonar problemas que en la presente es más difícil pasar por alto. Y en el género de criminales y atracos no tiene ideas y soluciones que aporten novedades, todo se ve venir de lejos y concretamente los giros finales resultan bastante insatisfactorios. Como película bien vale para pasar el rato, pero como parte de de una saga muy querida tiene todas las de decepcionar a muchos de sus segudires.

LO MEJOR, LOS PERSONAJES SECUNDARIOS

Tenemos un grupo de forajidos bastante satisfactorio. Hay un importante desequilibrio entre los secundarios y los principales, pero aun así entre todos hacen avanzar la proyección con más empaque de lo que una premisa tan vista parecía prometer. Lo mejor es que el tono funesto es tangible, todos llevan unas vidas míseras, cada día es un reto más en un mundo hostil, y aunque se vean venir muchas situaciones se mantiene una buena sensación de peligro sobre sus hombros. La mayor parte del tiempo desearían estar en otra parte, parecen saber que no controlan sus vidas pero no pueden hacer otra cosa que seguir adelante. Y no se escatiman en muertes ni se ablandan las traiciones.

Beckett es el criminal veterano asqueado de su trabajo y que anhela una salida, pero sigue ahí por inercia y malas decisiones. Woody Harrelson hace básicamente de Woody Harrelson, pero con su carisma se basta. Thandie Newton le otorga a Val, su compañera y novia, una personalidad llamativa a pesar de su reducido protagonismo. Otro muy secundario pero encantador es Rio Durant, el alien de turno (voz de Jon Favreau en el original). Con Chewbacca vuelven a conseguir un personaje creíble, con su propia historia y muy simpático a pesar del disfraz (tras el que está Joonas Suotamo) y de la barrera lingüística, destacando que su entrada en acción es inesperada y fantástica. Lando Calrissian se presenta aún más atractivo, alzándose como el personaje más memorable de un conjunto ya de por sí bastante llamativo. El guion lo trata muy bien, pero la personalidad arrolladora de Donald Glover termina de redondearlo. También se ve potenciado por su camarada, L3, un androide femenino de rasgos muy marcados con el que guarda una relación divertidísima. En inglés le pone voz la desconocida Phoebe Waller-Bridge, pero hay que decir que en castellano está muy bien doblada.

Por desgracia, el villano principal se queda muy atrás. Dryden Vos no tiene diálogos que le den algo más de vida o unos rasgos característicos más allá del estereotipo de gángster psicópata; ¡si hasta cumplen con el cliché de que entre en escena matando a alguien para que sepamos que es el malo! Paul Bettany hace lo que puede, pero no impresiona ni con el maquillaje para que parezca más chungo. Es una pena, tiene tiempo en pantalla de sobra para desarrollar un personaje digno de La guerra de las galaxias, es decir, que deje huella. Por cierto, es difícil seguir los nombres de los sindicatos del crimen y algunos de sus miembros.

LO PEOR, LOS PERSONAJES Y ACTORES PRINCIPALES

Pero los que más importan son los que resultan más débiles, hasta el punto de suponer lo peor de la película y una decepción más o menos grande según el listón de cada uno, porque ciertamente tampoco hablamos de un nivel desastroso, el problema es que se espera mucho y se quedan bastante cortos. Con Qi’ra tenemos una figura de escaso recorrido a pesar de su relevancia. Se supone que pasa por muchas fases pero no transmite ninguna emoción, porque no se profundiza lo suficiente para que entendamos sus motivaciones y porque Emilia Clarke ofrece un papel flojísimo. ¿Es que no han quedado claras con Juego de tronos (, 2011), donde resulta la actriz más endeble de toda la serie, y Terminator Génesis (2015) sus pocas capacidades interpretativas?

El dibujo de Han Solo no impresiona, no es capaz de alegrarte cada vez que aparece en pantalla, de hacerte vibrar con una personalidad impetuosa y socarrona irresistible. Se echan mucho de menos los diálogos ingeniosos y cínicos que se asocian a él, y una representación más emocionante de sus primeros pasos en los bajos fondos. Y me temo también que Alden Ehrenreich no da la talla, a pesar de que se supone que apuntaba tantas maneras que fue patrocinado por Steven Spielberg. Es cierto que tenía entre manos un trabajo complicado, tanto por la mitificación del personaje como por el enorme carisma nato de Harrison Ford, pero lo que cuenta es el resultado, y este deja bastante que desear. Se asemeja bastante en el físico, especialmente gracias al peinado y el vestuario, pero su falta de nervio se agrava por su nulo registro interpretativo: en el drama está pésimo, es incapaz de mostrar las penurias y traiciones que sufre. Es imposible no pensar en que hay muchos momentos en que la cámara trata de esquivarlo con planos rápidos para que no se vean sus carencias.

Por cierto, la lista de candidatos finales fue bastante inquietante, casi ninguno cumplía los dos requisitos, parecerse mínimamente para dar el pego y ser un buen actor. Taron Egerton (Kingsman: Servicio secreto, 2014), Miles Teller (Whiplash -2014-), Ansel Elgort (Divergente -2014-, Baby Driver -2017-), Dave Franco (Malditos vecinos -2014-, The Disaster Artist -2017-), Jack Reynor (Transformers: La era de la extinción -2014-), Scott Eastwood (papeles secundarios, como Escuadrón suicida -2016-), Logan Lerman (Las ventajas de ser un marginado -2012-, Corazones de acero -2014-), Emory Cohen (Brooklyn -2015-) y Blake Jenner (la serie Glee -2009-) encabezaron la disputa final tras, según afirman los productores, tres mil audiciones por si por casualidad encontraban a un desconocido que valiera. Aparte de Ehrenreich, en el primer campo sólo entarían por los pelos Scott Eastwood y Jack Reynor (con lentillas, es de suponer), y en el segundo, el único con verdadero talento me parece Taron Egerton, aunque es de los que menos daba en el físico. Alden Ehrenreich, Jack Reynor y Taron Egerton fueron los tres últimos en la contienda, aunque Egerton puede que se fuera por voluntad propia, porque expresó en varias ocasiones que no estaba convencido de meterse en este berenjenal.

Una obra de este calibre no puede fallar así con el casting principal. Con la de intérpretes de calidad que hay y el largo proceso que realizaron es difícil de entender que pueda salir tan mal. ¿Pesó más la incipiente fama de Clarke y el enchufe de Ehrenreich que la valía de ambos? Otro problema es que el doblaje no ayuda. Está claro que la voz habitual de Harrison Ford, la que tuvo en la trilogía original, no vale ya para una versión joven del personaje, pero es que la que le han puesto rechina mucho, no parece salir del actor. Con Clarke estamos igual de mal, tiene una voz chirriante pero plana, como si leyera el guion sin ganas, sin poner énfasis en ningún cambio emocional. Como siempre, hay que recomendar la versión original.

ESTILO Y ACABADO IRREGULARES

Ron Howard es un director muy profesional pero también conocido por su falta de personalidad, es decir, está especializado en trabajos de encargo, sea de producciones que otros controlan al milímetro (Willow -1988- era de George Lucas) o cintas de estudio que requieren una impronta de calidad pero sin alardes, es decir, que sigan los patrones de los Oscar o de la taquilla: Una mente maravillosa (2001), Cinderella Man (2005), El código Da Vinci (2006). Pocos son los títulos donde parece buscar su propio estilo, como Apollo 13 (1995) y Rescate (1996), dos de suspense y acción bastante sólidos. Pero este tipo de realizador es precisamente lo que hacía falta en esos momentos en que el rodaje quedó patas arriba. Nunca sabremos si lo que estaban rodando Phil Lord y Christopher Miller, quienes llamaron la atención La LEGO película (2014), era una mierda tremenda o si estaban confeccionando algo original con potencial, pero tampoco hay que darle más vueltas, esto es una serie, si no sigues las pautas establecidas por los productores te vas a la calle. Si estaban, como afirman los productores y ellos dos no han negado, convirtiendo esto en una comedia cuando ni Kassdan ni Kathlyn Kennedy (la jefa suprema del proyecto) lo querían así, pues bien despedidos están. Eso sí, me gustaría conocer el presupuesto final, que no ha trascendido todavía, pero dado que rodaron casi todo de nuevo ha de haber sido estratosférico.

Una puesta en escena enérgica sería un factor esencial para disimular las limitaciones argumentales y conseguir una aventura muy emocionante. Pero lo cierto es que el conjunto queda un poco irregular. Por un lado, la labor del director me parece muy sólida e inteligente, y más teniendo en cuenta que cogió una obra inacabada e iban con prisas. Su narrativa destaca por un ritmo preciso (los cambios de escenario tran abruptos no pierden fluidez) y un buen aprovechamiento de los ricos decorados y vestuario (las escenas con muchos extras están llenas de vida). Pero precisamente esa vitalidad contrasta con una fotografía muy apagada, extrañamente empeñada en que el foco de luz esté tras los personajes, con lo que la película resultante es oscura, poco vistosa a pesar de los enrevesados juegos de contrastes. También empeora las sensaciones el montaje, correcto en algunos tramos pero chapucero en otros. Por poner un par de ejemplos claros, la conversación de Beckett y Han en la nieve es caótica, la pelea de Chewbacca en la mina con los guardias es un desastre (le aparecen guardias en las manos de golpe), mientras que por el otro lado, la escena del tren está muy bien compuesta y la partida de cartas tiene un ritmo excelente dentro de la obligada contención.

A estas alturas no sorprende que los efectos especiales y sonoros y el vestuario sean magníficos, pero también podrían haber salido mal parados con las prisas y no encontramos una sola falla, ninguna pantalla de fondo o efecto digital que cante. En cambio sí sorprende un poco para mal la banda sonora. Con los achaques de la edad John Williams dijo que se centraría en el episodio de la saga principal de cada año, relegando los otros en distintos autores. No sé por qué no repitieron con Michael Giacchino, su heredero espiritual y un compositor de primera que logró un trabajo sobresaliente en Rogue One, y se decantaron por uno de segunda fila, John Powell, que aparte de la correcta Cómo entrenar a tu dragón (2010) no tiene nada llamativo salvo el experimento irregular de Jason Bourne, que sólo salió realmente bien en la segunda parte (2004). Así pues, este no pega nada en una saga donde encajan mejor autores del calibre de James Newton Howard o Alexandre Desplat, o si acaso, puestos a bajar unos peldaños, Marco Beltrami.

Es cierto que la composición y la orquestación de Powell suenan a La guerra de las galaxias, pero a imitación y a homenaje más que a una evolución valiente e inspirada. Tiene algunas limitaciones severas, como el tema de amor, primordial y anodino, o la falta de variación temática, pues es un trabajo de acción orquestal efectivo pero superficial, quedando lejísimo de la versatilidad y personalidad de Williams. Sobre todo se echa en falta un motivo llamativo para Han Solo. Aquí hay que decir que el propio Williams compuso uno que lleva su nombre, pero hace las veces de introducción genérica a la película, no tiene una conexión concreta con el personaje, y Powell no aporta variaciones que lo relacionen mejor con él. Por si fuera poco, el uso que hacen de la música juega ligeramente en contra del compositor: el montaje con las imágenes carece de la fluidez necesaria. La primera aparición de los coros es precipitada y chocante, muchos temas se solapan, especialmente las referencias, y otros muchos quedan como un efecto sonoro más. Dado que la música suele ser lo último en producirse e integrarse en el conjunto prefiero pensar que aquí sí ha habido algo de premura.

Como anexo, cabe señalar también que esta vez tenemos los mensajes mejor incluidos. En Los últimos Jedi se notaban demasiado las moralejas animalistas y feministas, hasta resultar contraproducentes, por forzadas y por empacho. Pero esta es una obra más ambigua y sin ideología metida con calzador. Se podría decir que el tema de la rebelión contra la esclavitud encabazado por el robot L3 sí se incluye de sopetón, pero funciona por su gracia y sobre todo porque forma parte intrínseca de la historia: todos los protagonistas luchan contra la opresión a su manera, incluso desde el mundo del crimen, y las acciones de L3 tienen peso en lo que está ocurriendo, no es como el infame capítulo de los caballos-alien de Los últimos Jedi.

DETALLES FINALES POLÉMICOS

Alerta de spoilers: En adelante revelo todo el tramo final.–

El coaxium termina siendo un macguffin de baratillo para mover la trama y añadir peligros puntuales, los autores lo adaptan sin disimulo alguno a las necesidades de la trama, no se trabaja lo suficiente su naturaleza y usos como para resultar creíble. Dicen que la mina es la única fuente del combustible principal del Imperio… ¿Y tiene tan poca vigilancia? Se habría arreglado señalando que es la única fuente cercana a los protagonistas. También queda un poco cutre que suban el coaxium robado al Halcón por la pequeña entrada de pasajeros, como si no hubiera una rampa de carga. ¿No se supone que es un carguero?

La sorpresa con que Enfys Nest sea una chiquilla (Erin Kellyman) ha mosqueado a algunos por ser considerada otro caso de feminismo impuesto (chica joven y fuerte como manda el patrón actual). Pero no me parece el caso. Las guerras dejan muchas bandas de niños que se dedican al pillaje o incluso acaban convertidos en guerrilleros, y el personaje encaja en ello y la actriz impresiona a pesar de su breve aparición.

Otros se han quejado de que Han ceda ante la miseria de las víctimas del Imperio y les entregue el botín, alegando que debería ser malvado y frío sin más matices hasta el final de Una nueva esperanza. Pero no lo comparto. Ya en ese episodio, al aceptar las condiciones tan débiles de Obi-Wan y Luke, deja entrever que no es un cabrón despiadado y está abierto a trabajos más humildes. Y aunque no fuera así no veo que se contradijera al personaje, este puede ser un criminal al que le importa más bien poco casi todo y aun así ser menos egoísta en casos concretos. Aquí por ejemplo su objetivo principal no es el dinero, sino recuperar a su amada, y además las circunstancias no le dejan más margen de movimientos.

La confrontación contra el villano resulta un poco forzada, lo que sumado a que resulta predecible y tiene un giro demencial, le hace perder la fuerza que tenía el ver a los protagonistas enfrentar algunos de los dilemas, decisiones y traiciones más importantes de sus vidas. No resulta nada verosímil que Beckett no mate a Dryden Vos cuando tiene la situación a su favor, dejando así un gran problema para su futuro. Pero claro, los autores querían incluir por narices la pelea del villano con Han y Qi’ra… y aun así tampoco la ejecutan bien. Eso de que Qi’Ra amague con matar a Han es una forma ridícula de intentar extender la intriga por su lealtad, pero que no aproveche el factor sorpresa cuando va a por Dryden, todo por alargar un poco más la lucha cuerpo a cuerpo, termina tirando por tierra la poca tensión que le quedaba a la escena. Se recupera bastante con Han asimilando las traiciones y disparando a Beckett primero (toma esa, Lucas)… pero entonces llega la parida de Darth Maul…

Señores, ¡que lleva muerto treinta años! Y bien muerto, porque acabó partido en dos. Y bien olvidado, dado que fue un personaje más bien lamentable, una excusa chapucera para las escenas de acción. La resurrección por arte de magia está claro que sólo tiene cabida por buscar el giro impactante, porque desde luego coherencia narrativa poca. Implica que sospechemos que ningún personaje muerto está realmente muerto, y deja muchas preguntas en el aire: cómo ha resucitado o quién lo ha logrado, qué ha hecho desde entonces, si va por libre, es fiel al Imperio o es el líder de algún sindicato, qué pretende con Qi’ra, etc., etc. La sola idea de recuprar a este personajillo es una salida de tono estúpida, pero el vacile de coger la espada es para terminar la proyección abucheando.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
-> Han Solo (2018)

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La guerra de las galaxias: Episodio VIII – Los últimos Jedi


Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi, 2017, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 152 min.
Dirección: Rian Johnson.
Guion: Rian Johnson.
Actores: Daisy Ridley, Adam Driver, John Boyega, Oscar Isaac, Mark Hamill, Carrie Fisher, Domhnall Gleeson, Andy Serkis, Kelly Marie Tran, Laura Dern, Benicio del Toro, Gwendoline Christie, Anthony Daniels, Frank Oz, Lupita Nyong’o, Frank Oz, Joonas Suotamo, Jimmy Vee.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Personajes excelentes y actores muy implicados. Algunos tramos muy intensos y emotivos: los centrados en Luke, Rey y Kylo. Aspecto visual como siempre impecable.
Lo peor: Un tramo central sin trascendencia ni garra, agravado por las intromisiones del estudio a modo de anuncios de muñecos y de panfletos ideológicos. Cierta falta de épica y fuerza dramática en global: quiere ser El Imperio contraataca y El retorno del Jedi y se queda más cerca de La venganza de los Sith: mucho potencial desaprovechado.
Mejores momentos:Rey y Kylo Ren conectando sus mentes en varias ocasiones. La relación de Luke y Rey. Kylo abrazando su destino. La decisión de Luke, y el desenlace de la situación.
El plano: Un héroe solitario ante las máquinas de asedio. Los dos soles.
Las frases: El mejor profesor, el fracaso es -Yoda.

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Alerta de spoilers: Destripo a fondo.–

EL FANÁTICO: MUCHAS ESPERANZAS Y POCA OBJETIVIDAD

Llega el Episodio VIII – Los últimos Jedi con demasiados ojos puestos en él, demasiadas esperanzas y sentimientos a flor de piel, porque es una saga muy querida por millones y millones de seguidores. Y su confección deja entrever demasiada industria detrás, lo que genera también miedo. En las precuelas nos quejábamos de que George Lucas fuera el único artífice de las películas, sin relegar ni pedir consejo como hizo en la trilogía original. Ahora nos hemos ido al otro extremo. Hay demasiadas personas implicadas, directivos, productores, encargados de márketing incluso, y autores varios saliendo y entrando según desavenencias con los anteriores, con lo que si no se dirige bien el proyecto la posibilidad de que una de esas manos implicadas no acierte con su visión se hace mayor.

Por todo ello, vi casi como un milagro que El despertar de la Fuerza saliera tan redonda, aunque fuera evidente que dieron el primer paso yendo a lo básico, a recuperar a los fans perdidos con las más o menos fallidas precuelas, y que Rogue One apuntara tan alto y fuera tan arriesgada. Pero en esta última ya se iba mostrando durante su creación más abiertamente la lucha de egos y los cambios de última hora. Y ahora mismo, el rodaje de la entrega sobre la juventud de Han Solo está siendo otro caos inquietante. Así que no sorprende que este Episodio VIII empiece a mostrar en su narrativa los efectos inherentes a esta forma de producir la serie. Se aglutinan varias películas en una: la Disney sección merchandising, la división cinematográfica, productores varios, destacando a Kathleen Kennedy como directora de orquesta con poder de veto, y el director y guionista de turno. Y con este último no sé si es una bendición que haya conectado bien con los productores, porque eso nos ahorra cambios e improvisaciones de última hora, pero también parece señalar que para agradar se bajó los pantalones, como se suele decir. Ahí están como prueba los anuncios de muñequitos insertados con todo descaro en medio del metraje. Así que da la sensación de que Los últimos Jedi podía haber sido mucho más pero choca con demasiadas barreras, y se va haciendo cada vez más grande también la sensación de que esta serie puede descarrilar en cualquier momento.

Para muchos lo hace en cada nuevo capítulo que se estrena, porque, como decía, es una serie muy arraigada en el corazón y de la que se ansía mucho. Así se está viendo de nuevo la pugna entre el fan que tiene montada su propia obra maestra en su cabeza y chocará con prácticamente cualquier cosa que vea, y el fan dispuesto a abrir su mente y darle una oportunidad. Entre los primeros hay dos extremos igual de equivocados: unos se llevan las manos a la cabeza ante cualquier innovación, considerándola sacrilegio, otros critican cualquier lugar en común como falta de ideas. “¡El final es lo mismo que Hoth, el planeta de hielo, en El Imperio contraataca!”, señalan los segundos. “¡Pero de dónde saca Luke esos poderes, esto no es La guerra de las galaxias!”, dicen los otros. Hay que intentar ir sin ideas preconcebidas ni prejuicios y quedarse en una posición más neutral y objetiva. El escenario del ejemplo es espectacular y tiene elementos de la serie bien usados (los nuevos AT-AT son imponentes), ofrece nuevos giros y, sobre todo, los personajes son muy distintos. En cuanto a la mayor polémica, la sorpresa con la proyección de Luke, resulta una evolución muy acertada de nuestro conocimiento de la Fuerza, una idea bien sembrada a lo largo de la película (Kylo se moja al conectar con Rey), y un desenlace épico y hermoso.

Dice el propio Mark Hamill que se ha sentido defraudado por el camino que ha tomado el escritor y director Rian Johnson, por cómo ha desarrollado a Luke Skywalker. Como muchos fans, esperaba lo más simple y facilón, un retorno del Jedi en plan maestro avezado, soltando espadazos y salvando la situación como un héroe impoluto, y siente como una ofensa que otros hagan versiones distintas a la que ha soñado. A los espectadores que van con esta actitud, si cualquier cosa los descoloca se aferran a ello para tratar de hundir toda la cinta, sin esforzarse lo más mínimo en dar un paso atrás para ver la perspectiva global, para comprobar si un supuesto error puede ser perdonado por la suma de sus virtudes, o incluso para cerciorase de que a lo mejor no es tan grave, o quizá de hecho sea una gilipollez. Con Luke son son incapaces de ver los enriquecedores y profundos giros que han planteado con el personaje, pero es que también señalan minucias como si fueran grandes transgresiones. Sirva el ejemplo más sangrante: ¿Pero cómo puede haber gente asombrada y cabreada porque Leia haga uso de la Fuerza? ¿Tan inconcebible es que en treinta años no haya entrenado un poco? ¿Por qué ese inmovilismo, esa idea de mantenerla como princesita que debe ser rescatada? ¿Qué tiene de malo esa escena, si es impresionante y dramática como otras tantas de la serie?

Asumir que Los últimos Jedi quizá no es un gran capítulo de la saga, que no es una obra maestra al nivel de la trilogía original, no implica darle un suspenso estrepitoso y aderezarlo con aspavientos y llantos. ¿Es que hemos olvidado la infame La amenaza fantasma? ¿Y el mal recibimiento inicial de El ataque de los clones y La venganza de los Sith? Y ahí están estas dos últimas (el Episodio I mejor hacemos como que no existe), siendo cada vez más reivindicadas, recordadas ahora con agrado mientras se minimizan sus muchos fallos, revisionadas infinitas veces con pasión. Diantres, la propia El Imperio contraataca se llevó en su estreno un buen puñado de críticas negativas de medios y fans, tardó en asentarse. Si con el tiempo y la reflexión pudimos perdonar los puntos grises y las cagadas de los episodios II y III, que las hubo bien gordas, como los Yoda y Dooku saltimbanquis o el patético Hayden Christensen, ¿cómo vamos a tumbar tan rápido y tan tajantemente un nuevo episodio que esconde otros tantos buenos aciertos? Estoy convencido de que con Los últimos Jedi pasará lo mismo: se calmará la tormenta y se irá recibiendo mejor, creciendo con el paso de los años.

LA PELÍCULA: IRREGULAR PERO MUY DIGNA

El prólogo puede engañar por su espectacularidad, pero en nada que atiendas un poco al contenido parece demasiado forzado (intenta conmoverte con una sucesión de escenas muy convenientes y sensibleras) y tontorrón (qué diálogos explicativos más infantiles, como si no fuera evidente lo que hacen,). Pero una vez entrados en materia, el primer acto es el mejor tramo. Centrado en desarrollar a Rey, Kylo, Luke, la relación entre ellos y la Fuerza, y recuperando el misticismo de esta, Rian Johnson logra el tramo más sugerente y emocionante sin necesidad de vistosos escenarios y acción aparatosa. Yendo despacito y con buena letra desglosa los encuentros, los posicionamientos, los sentimientos de cada personaje en su justa medida, permitiendo que el espectador los entienda a fondo y conecte plenamente con sus tribulaciones y se inquiete por sus porvenires. No se ven prisas, miedo a perder a los espectadores impacientes, ni a los niños incluso, porque el ambiente es melancólico, lóbrego. Luke está abatido, derrotado por su fracaso con Ben Solo. Rey está un tanto perdida y acumula sentimientos sin la necesaria contención, y Luke ve que puede patinar hacia el Lado Oscuro o simplemente tomar malas decisiones. Kylo Ren, el alter ego de Ben, ambiciona mucho y siente demasiado dolor.

Los saltos a la situación actual de la resistencia están bien colocados y sientan unas bases muy prometedoras. Nos encontramos ante una retirada abrupta y desorganizada con más enjundia que de costumbre, alejada de la clara dicotomía entre el bien y el mal de la trilogía original. Hay angustia, cobardes, héroes militares sin visión política que entran en conflicto con unos pocos líderes al borde del desfallecimiento pero obstinados con seguir adelante un día más, porque la esperanza nunca se debe perder. Finn quiere salir por patas de una vida que le sigue viniendo grande, y encontrar a Rey, la única luz que alumbra su existencia. Poe sólo ve la victoria del día, mientras Leia y otros generales trabajan mirando a largo plazo. La sensación de que todo se puede desmoronar y de que no sabes cómo podrán salir adelante esta muy lograda, y tenemos un punto álgido imponente: Kylo evitando disparar en el último momento y Leia siendo lanzada al espacio.

Pero conforme llegamos al nudo de esta sección, este no se tensa con la destreza necesaria y comienza a deshilacharse. Inesperadamente, la caótica huída pierde fuelle a marchas forzadas, diluyéndose el efecto de desasosiego y de impotencia ante una muerte inminente. Nos estancamos en un bucle con un tono de serie de mala calidad, donde nos vamos a otros capítulos mientras se trata de postergar el desenlace estirando los recursos de mala manera. Llega un punto en que se roza el bochorno, con las naves explotando y explotando sin acabarse nunca, para dar tiempo a que se junten todas las líneas narrativas, y todo ello además con algunas justificaciones chapuceras. Hacen un barrido de descamuflaje y detectan a las naves que se estaban escapando… ¿Y por qué esto no lo hacen constanemente? ¿Y cómo sabe el mercenario que se estaban largando si no lo saben Finn ni Rose si quiera? Holdo se suicida embistiendo el acorazado de Snoke… ¡qué conveniente que los demás cruceros también exploten porque sí! Si saltar a la velocidad de la luz es tan efectivo, ¿por qué no se usa como arma más amenudo con naves-misil?

La causa de este bajón tiene un origen claro: por alguna razón han pensado que Finn necesitaba un arco propio por separado. Su odisea por el planeta de los millonarios (con el casino a lo James Bond, referencia cómica muy mal hilada) supone minutos tirados en una subtrama muy larga, poco trascendente, y que para colmo se desvía en aspectos que no pintan nada aquí. La encarcelación, el encuentro con el ladrón, la fuga (muy seguro conectar las cloacas de la prisión con las de los establos, sí señor) y las carreritas con animales resultan escenas de transición y acción sin sustancia ni un rumbo claro, recordando a los patinazos de Lucas en las precuelas.

La clave para el plan de infiltrarse en el destructor de Snoke es palabrería, ciencimagia, bien podía haberles dado la solución Maz Kanata en su videoconferencia directamente, sin mandarlos lejos. El rol de Benicio del Toro es muy conveniente y artificial, no resulta creíble; parece que tenía enchufe o alguien lo quería en la película. Así que da la impresión de que todo esto es tiempo perdido. ¿No hubiera mejor mantener a Finn a bordo del crucero y reforzar el escenario de la persecución con todos los personajes trabajando en distintos ángulos y chocando en intereses? La relación de Finn y Rose resulta bastante simpática, y el apunte sobre los vendedores de armas que negocian con la Primera Orden y la rebelión por igual apuntala bien el tono más adulto que están imprimiendo a la serie, pero son lo único que sostiene este desvío tan fallido.

Aquí es imposible no pensar en que los distintos egos implicados han metido mano. Algún productor querría acción ligera en el ecuador de la cinta, porque le parecería demasiado oscura y pausada, y la Disney deja ver la ideología del país de piruleta de la compañía y la obsesión con el merchandising. Los mensajitos con sobredosis de corrección política (con patrocinio de alguna asociación animalista) y los anuncios publicitarios provocan unos cuantos momentos de pura vergüenza ajena: los estúpidos pajaritos-peluche con que topa Chewbacca y los pseudocaballos con cara triste son para vomitar. Nos quejamos del humor infantil de Lucas, pero al menos era inocente, aquí nos taladran con un panfleto adoctrinante. Y en este tramo se hace bastante evidente también el estudiado tono feminista: sólo las mujueres tienen la brújula moral intacta y toman buenas decisiones, los hombres son unos patanes que estropean todo.

No ayuda en este segmento que con Poe también patinen un poco. Su carisma y determinación se mantienen bien, pero la aventura en que lo sumergen es un tanto endeble. Su disputa con la vicealmirante Estorbo, perdón, Holdo, apunta maneras, pero necesita a gritos un desarrollo más verosímil, porque acaba resultando una trama postiza y previsible. ¿Pero qué le costaba a ella decir que tiene un plan, de verdad esperan que nos creamos que un buen comandante deja en el limbo a sus mandos más cercanos? Su respuesta ante las preguntas de Poe es pasar de él con mala leche, así que, ¿cómo no iba a montarse un motín? Muy forzado también que Leia y Holdo lo tengan en buena estima, cuando desobedeciéndolas casi apaga el último rescoldo de la resistencia.

Por suerte, la evolución de Kylo y Rey en el acto central aguanta muy bien el tipo, salvo que afilemos mucho las uñas con los puntos en común con El retorno del Jedi, con Rey metiéndose en la boca del lobo para intentar salvar a Kylo como hizo Luke con Vader. Es entendible que, dadas las características de la saga, haya una limitación en cuando a los arcos argumentales posibles, de la misma manera que para mantener la esencia ha de haber una continuidad y coherencia en argumento y personajes, pero entiendo si alguno se queja de que se nota demasiado la mirada al pasado. Pero en el lado emocional funciona muy bien, y dentro de la idea central de este episodio, el relevo generacional, es también admisible construir un escenario semejante desde el que mostrar las diferencias. Los encuentros mentales entre Rey y Kylo han sido intensos y nos han puesto en una situación muy atractiva con diferentes posibles resultados. La reunión con Snoke mantiene un tono tétrico y anuncia un futuro poco halagüeño para cualquiera de los dos jóvenes. Y la lucha entre los tres es vibrante y bastante espectacular, aunque como es obvio es difícil innovar con los duelos a espada a estas alturas. Para rematar, Johnson es capaz de sorprender con los giros finales, y no una, sino dos veces: los destinos Snoke y de Kylo te dejan sin aliento.

Eso sí, me temo que dejan algunas cuestiones importantes en el aire, y no parece muy lógico que las resuelvan en otros episodios, es aquí cuando había que darles respuesta, para que tuvieran mayor capacidad de impacto. Nos quedamos sin conocer quién es Snoke y sus orígenes, y tampoco ahondamos en los Caballeros de Ren, si son Jedis que Luke entrenaba o solamente acólitos de algún tipo, y qué ha sido de ellos, pues a pesar de su aparente importancia (unirse a Kylo y acabar con la nueva orden Jedi que estaba levantando Luke) no se los vuelve a mencionar. Siguiendo con otras faltas dignas de mención, igual que en El despertar de la Fuerza se echa de menos un poco más de desarrollo de la situación política de la galaxia. No queda nada claro cómo surge la Primera Orden con tanto poder y la resistencia aparece tan disminuida después de la gran derrota del Imperio. Hemos pasado de demasiada política en las precuelas a que haga falta exponer unas bases mínimas.

La batalla final remonta considerablemente el nivel de la sección de la resistencia desde la brutal embestida de Holdo contra el acorazado de Snoke, y aunque diría que no hasta alcanzar las cotas que los fans soñamos, como iba diciendo, eso no puede cegarnos ante lo que tenemos delante, y el clímax sin duda es bastante efectivo. Todos los personajes tienen su hueco, su conflicto, sea interno o con los demás, está muy bien desarrollado, y encontramos unos cuantos momentos asombrosos y épicos como se espera de la serie: la aparición de Luke y su redención es memorable, con algunos planos sobrecogedores (los AT-AT, los dos soles), y el renacimiento de la resistencia resulta bastante bonito, tanto por la maduración de cada protagonista y la reunión final, como por la semilla de nueva esperanza a lo largo de la galaxia. Aun así, no se libra de algún punto oscuro. ¿Por qué el suicidio de Holdo para salvar a la flota es una heroicidad y el de Finn una tontería a evitar? ¡Podía haber salvado a la resistencia!

LO MEJOR: GRANDES PERSONAJES Y ACTORES

Los cuatro protagonistas principales irradian un magnetismo irresistible, como los de la trilogía original, como se esperaba en las precuelas pero apenas se vio en Palpatine y en unos instantes poco aprovechados con Anakin. Ellos y la calidad de sus intérpretes realzan Los últimos Jedi por encima de sus carencias y problemas. Se conecta con intensidad con sus tragedias, con los miedos de Finn, el fuego descontrolado de Poe, la pasión y dolor de Rey y la tempestad interna de Kylo. Sus trayectorias se desgranan con inteligencia y llegan a sus puntos de inflexión adecuadamente, sin manidos clichés de última hora, y eso a pesar de que algunas de las etapas del argumento en que se ven metidos no son muy efectivas. Poe, carismático y capaz pero pendenciero e irreflexivo, va aprendiendo a analizar la visión global y pensar en el futuro. Finn, cobarde y egoísta, abre los ojos encuentra razones para luchar por otros dándolo todo. Rey y Kylo van tanteándose mutuamente, explorando sus puntos en común y sus diferencias mientras intentan crecer en un mundo muy complejo dominado por los poderosos adultos.

Hay que destacar que Kylo Ren termina aún más alto del gran personaje que presentaron en El despertar de la Fuerza, haciendo recordar con lástima lo mal que expuso George Lucas la deseada presentación del joven Anakin Skywalker y su transformación paulatina en Darth Vader. ¡Kylo es el villano que nos merecíamos entonces! Pero mejor tarde que nunca, claro.

A ellos debemos sumar el retorno de Luke. Como a Hamill, duele verlo derrotado, huidizo, pero, como decía, esta perspectiva aporta un dramatismo muy certero, alejado de lo predecible que hubiera sido tenerlo en plena forma sin más dilemas. Su presentación no puede ser más elocuente: tirando el sable láser de malas maneras. (Por cierto, es una escena con un humor muy cabrón que contrasta con la ridícula cena de Chewbacca con los pajaritos de las narices, señalando muy bien los altibajos, la sensación de que hay demasiados autores metidos en la película). Luke no ha tenido un entrenamiento en condiciones, así que por mucho que lloren algunos, no cabía encontrarse un Maestro Jedi sin más. La única sabiduría que ha adquirido es la que enseña a Rey: deja claro que no hay más Jedi, que la arrogancia de la orden se acaba, y que ella es una niña egoísta como lo fue él. Que tenga una redención de último momento se podía intuir, pero la forma en que surge no se veía venir y supone un cierre para el personaje épico y dramático a partes iguales. También cabe señalar la fantástica aparición de Yoda, emotiva, divertida y con grandes dosis de sabiduría.

Leia queda un poco más en segundo plano, pero como faro de la rebelión brilla con luz propia. La pena es que nos quedaremos sin tener el Episodio IX centrado en ella como se planeaba, debido al inesperado fallecimiento de Carrie Fisher en diciembre de 2016, justo al terminar el rodaje. Queda por ver cómo apañan una despedida digna para el personaje que no parezca precipitada.

Los caracteres más secundarios no pasan desapercibidos. Rose es una chica sencilla en un puesto olvidado, la típica en la que nadie se fija, pero en cuanto la conoces se hace querer y su presencia parece indispensable; eso sí, si nos la presentaron siendo una mecánica, no pinta mucho pilotando una nave al final: convertirla en una heroína de acción es como desandar lo andado, despreciar el mensaje inicial de que todos cuentan. Con el General Hux consiguen que deje huella, a pesar de la aparente simpleza de su dibujo: un trepa psicópata, un perro rabioso pero fiel, como dice Snoke. Genial el momento “El Líder ha muerto. ¡Larga vida al Líder!”

Los actores están espléndidos, mostrando todos un entusiasmo y pasión que el director aprovecha al máximo. Imposible destacar a alguno entre John Boyega, Daisy Ridley y Adam Driver, todos bordan sus papeles, pero Mark Hamill merece una mención especial, por ser un regreso muy anhelado y que salda con maestría aun con las reticencias iniciales con su rol. Muestra todo el dolor que lo ahoga como si fuera un actor de primera, no uno de tercera que vive de las rentas de un éxito pasado. También hay que alabar a Domhnall Gleeson, capaz de conseguir un general temible a pesar de su juventud y cara de bueno.

Si El despertar de la Fuerza fue una introducción a los nuevos personajes, Los últimos Jedi lo es al conflicto global, abordándolo con una idea muy concreta: llega el fin de una época y el nacimiento de otra. Luke, aparte de evadirse por sus sentimientos de fracaso y remordimientos, empieza a ver que la Fuerza no es un asunto exclusivo de los Jedi, que el equilibrio entre luz y oscuridad se mantiene de forma natural y fueron unos egoístas al creerse el centro de todo lo relativo a esta energía. Por extensión, cree que ni los Jedi ni él pintan nada en un mundo que están construyendo los jóvenes. Kylo Ren está hastiado del control que ejercen sobre él los adultos, y se los quiere quitar de en medio para labrarse un camino en total libertad. Rey ofrece la otra cara de la moneda: el anhelo de unos padres y guías adultos le impide ver su propia fuerza. Con Leia, inicialmente se nota que estarían perdidos sin líderes como ella, lo que la abruma, aunque no por eso se rinda; y poco a poco ve la madurez de los jóvenes destinados a reemplazarla, encontrando esa nueva esperanza tan esperada.

De cara a extender la serie también se aporta savia nueva, llevando el legado Jedi más allá de unas pocas familias de sangre pura. Que Rey venga de la nada y nazcan otros Jedi sin más ha cabreado a algunos fans, pero yo lo veo una actualización lógica y muy bien aprovechada que enriquece el universo de La guerra de las galaxias. Los únicos puntos oscuros serían los citados más arriba sobre los orígenes de Snoke y los Caballeros de Ren.

ASPECTO AUDIOVISUAL CASI IMPECABLE

Rian Johnson, quien se dio a conocer con Looper, ha cumplido muy bien como director, sobre todo teniendo en cuenta las dificultades a la que se enfrentaba. Están las exigencias de los productores, las limitaciones argumentales, que esto es una serie con parámetros concretos, y las presiones de los seguidores, que no son pocas. Y con todo ello a cuestas debe lidiar con un rodaje de superproducción de alto nivel. El resultado es notable, sobresaliente en cuanto a dirección de actores, con los que logra algunas escenas memorables, como los encuentros entre Rey y Kylo, unos complicados por su contención y otros porque el espectáculo y las semejanzas con los capítulos antiguos podían minar su fuerza. Sólo podría criticársele que no viera que el guion en el tramo central no estaba a la altura y lo redujera en la mesa de edición para que no hiciera tanta mella. Con veinte o treinta minutos menos saldría una película muy superior.

En los aspectos técnicos sorprendería a estas alturas que fallaran, como mucho podríamos encontrarnos con un capítulo que por argumento no permitiera mostrar tantos lugares imaginativos. Y el presente precisamente tiene un poco ese problema: el casino no llama mucho la atención, es un lugar muy humano, mundano, cuando podían haber ideado cualquier cosa; a la nave de Snoke le falta imaginación y personalidad, que es un triángulo más grande y punto; incluir otra vez al Halcón Milenario volando por lugares estrechos mientras los persiguen los cazas enemigos ya cansa. Por lo demás, dirección artística, vestuario, decorados y efectos especiales son impecables y espectaculares.

La única limitación destacable, y esta sí es muy inesperada, viene de la banda sonora. La experiencia y maestría de John Williams se nota en cada nota, en su capacidad para llevar a un nuevo nivel las imágenes y dejar extasiado al espectador, pero al contrario que el magnífico Episodio VII, donde sorprendía con un trabajo mucho más sutil que el acostumbrado tono épico, aquí anda muy falto de inspiración. La partitura es una reutilización constante de todos los motivos ya conocidos, no hay renovación, expansión y adaptación a las nuevas situaciones. El ejemplo más evidente es que el conflicto creciente de Rey y Kylo y sus sentimientos en común eran caldo de cultivo para explorar versiones más dramáticas y oscuras de sus fantásticos temas, pero Williams no parece tan siquiera intentarlo.

CONCLUSIÓN

Analizada la cinta en conjunto, da la impresión de que sus autores tenían bien planeado el arco de cada protagonista, pero no los escenarios donde desarrollarlos. Y en esos falta imaginación y vitalidad, sobra algo de autocomplacencia (mirar demasiado al pasado) y sobre todo pesa la lucha por el control entre los productores de la serie. Anhela demasiado ser El Imperio contraataca y El retorno del Jedi y se queda más cerca de El ataque de los clones y La venganza de los Sith: es otro episodio más largo y descentrado de la cuenta, con mucho potencial desaprovechado. Pero, como esas entregas, resulta también un espectáculo vibrante, deslumbrante en numerosas ocasiones, pero además tiene algunas mejoras, como la gran calidad de sus personajes y, aun teniendo todavía alguna salida absurda, el estilo más serio y adulto.

DETALLES VARIOS

Listo aquí unos cuantos apuntes y detalles que no me cabían en el ya de por sí largo texto:

-El doblaje de El despertar de la Fuerza me sorprendió para bien con voces para los actores jóvenes poco conocidas y muy bien adaptadas. Pero aquí hay una cuestión chocante: Mark Hamill habla como Harrison Ford, porque comparten un actor de doblaje habitual. No me vale decir que fue la voz que tuvo Luke de joven, porque no se parece en nada a la de entonces. Teniendo en cuenta la de dobladores que hay, y que a estos actores los han doblado distintas voces a lo largo del tiempo, ¿por qué tenemos que encontrarnos con que Luke habla como Indiana Jones? Me sacó un montón de sus escenas. Menos mal que una vez pasado el mal trago de tener que verla doblada en el cine la revisiono siempre en VOSE.
-R2D2 y C3PO están muy olvidados, como si quisieran cumplir con ellos y ya está. Hemos pasado de sobreexplotación infantil en las precuelas a esto, y no me gusta. Al menos, el reencuentro de R2 con Luke es conmovedor.
-La visión de Rey en el pozo del Lado Oscuro es sugerente pero no da mucho de sí, cuando la de Luke en El Imperio contrataca era tenebrosa y se remataba señalando que podría convertirse en Vader.
-Vale que es fantasía, pero cagadas como el viento que hay en el espacio en el prólogo de La venganza de los Sith y la de las bombas de aquí, que caen en el espacio como en la atmósfera, son fácilmente evitables, que quedan fatal. Que no haya descompresión en la nave (abren las compuertas sin más) me lo puedo tomar como que tiene un campo de fuerza.
-Qué conveniente que desaparezca todo el ejército que rodea a Finn y Rose. ¿Y de dónde viene ahora Phasma, si estaba al lado? Bastaba con poner a aquellos dos corriendo entre el caos, no era tan complicado.
-Con Phasma al final no han sabido qué hacer. Iba para villana secundaria llamativa y aquí se la quitan de encima de mala manera con una pelea final cutre metida con calzador. Pero luego resulta que sí tenía un final digno pero fue recortado, con un duelo verbal con Finn la mar de efectivo, y bastante breve, así que cabía de sobras. Lo podéis ver aquí. Con menos caballitos tontos hubiera habido tiempo para desarrollar a estos secundarios tan interesantes…
-Se destruye el puente de mando cuando Leia sale despedida, pero luego trabajan desde otro puente perfectamente equipado sin explicar de dónde sale. Se supone que el hangar ha sido destruido, pero Finn y Rose despegan sin problemas con una nave.
-Según un fugaz plano en el epílogo, Rey ha cogido los vetustos libros Jedi, esos que se conservan de puta madre en un entorno de gran humedad. ¿Los toma para estudiar? Me cuesta creer que ella los coja sin preguntar. Además, si el mensaje es olvidar un pasado obtuso y caduco y abrazar los nuevos tiempos, ¿por qué esa escena?
-¿La baliza localizadora de Leia y Rey sólo suena cuando la miras o está todo el día haciendo ruiditos molestos?

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
-> Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

Rogue One


Rogue One, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: Gareth Edwards.
Guion: Chris Weitz, Tony Gilroy, John Knoll, Gary Whitta.
Actores: Felicty Jones, Diego Luna, Ben Mendelsohn, Donnie Yen, Wen Jiang, Guy Henry, Alan Tudyk, Riz Ahmed, Forest Whitaker, Mads Mikkelsen, Genevieve O’Reilly, Alistair Petrie.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Apartado visual inconmensurable. Banda sonora magnífica. Historia muy atractiva con infinidad de grandes momentos.
Lo peor: Algún estereotipo cargante con personajes secundarios. Unas pocas frases explicativas innecesarias.
Mejores momentos: La gran batalla. El épico y trágico final que enlaza con Una nueva esperanza.
El plano: La Estrella de la Muerte apareciendo tras un destructor. La silueta de la Estrella de la Muerte sobre el horizonte.
El título: ¿Qué costaba llamarla “Rebelde Uno”? Además, para variar llega a España con una coletilla: Rogue One: Una historia de Star Wars. Por no decir que ahora se empeñan en que sea Star Wars en vez de La guerra de las galaxias
La traducción: “Stardust” lo traducen como “Estrellita”, que resulta demasiado obvio. Pero hay que decir que tampoco era fácil: “Polvo de estrellas” como que no; “Lucero” quizá hubiera sido mejor, pero también suena un poco raro.
Las frases:
1) -Gerrera: ¿Puedes soportar ver la bandera imperial reinar por toda la galaxia?
-Jyn: No es un problema si no miras hacia arriba.
2) He colocado una debilidad, bien dentro del sistema. Una falla tan pequeña y poderosa que nunca la encontrarán. -Galen.

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Alerta de spoilers: Intento no dar datos concretos y ser ambiguo, pero al hablar a fondo de la temática y la narrativa termino describiendo partes del argumento, así que si quieres verla completamente en blanco quizá sea mejor no leerme.–

Rogue One es una cinta bastante completa, toca varios géneros (aventuras, bélica, comandos…) y aborda diversas temáticas (guerra, dictadura, rebelión, terrorismo, ideales, redención…), y todo ello sin agobiarse con las restricciones impuestas (ser fiel a la serie -estilo e historias-, ser taquillera), de hecho es asombroso que nos ofrezcan una obra relativamente oscura y adulta, algo difícil de ver en estos tiempos donde se quiere abarcar todo el grupo de espectadores posibles, y más aún si tenemos en cuenta que estamos en manos de Disney, y los jóvenes e incluso niños son primordiales en su estrategia comercial. Rogue One rivaliza con El Imperio contraataca a la hora de describir un ambiente opresivo, fatalista, con calamidades inminentes a la vista. De hecho, guionistas y director idearon inicialmente un final feliz, convencidos de que no les iban a dejar reflejar el desenlace dramático que el relato exigía, tanto por argumento como por continuidad.

Comienza como una película de grupo, un concepto narrativo básico pero difícil de evitar, pues la propia realidad se mueve muchas veces por la unión de personas dispares con un objetivo común. El pionero en ver su potencial en una época en que los protagonistas solían ser héroes solitarios fue el gran Akira Kurosawa, con Los siete samuráis (1954). Recordemos que Lucas también se inspiró en su legado para Una nueva esperanza (en concreto en La fortaleza escondida, 1958), así que no es un referente nuevo en la saga. Pero más que de la estela potenciada luego por Los siete magníficos (1960), la presente bebe de la rama centrada en conflictos bélicos, como Doce del patíbulo (1967) y Los violentos de Kelly (1970): convictos, renegados o desertores embarcados, en medio de una guerra, en una misión con un futuro muy negro.

Poco a poco vamos conociendo a cada integrante de esta banda que, en tiempos más estables, tendrían vidas muy diferentes y separadas. En principio temía que Jyn se pareciera demasiado a Rey, la protagonista de El despertar de la Fuerza. Pero ni es la protagonista absoluta ni resulta un carácter simple, como tampoco lo fue Rey, pero sobre todo no se parece en nada a ella en personalidad y recorrido aunque su odisea parta de una separación violenta. Esa tragedia en la infancia forjó en Jyn Erso una personalidad huidiza, vive improvisando día a día su supervivencia y libertad, huyendo del dolor que significaría pararse a pensar y luchar. El resto del universo le importa un bledo, no cree en nadie ni en nada. Pero las circunstancias actuales la llevan hacia un camino donde debe replantearse sus miedos, convicciones e ideales. Felicity Jones había demostrado talento de sobras (La teoría del todo) además de experiencia (su carrera es bien larga), y expone bien esa personalidad derrotista que va ganando fuerza. Eso sí, en la comparación con Daisy Ridley (Rey), se queda bastante lejos de su arrebatadora interpretación.

En el otro lado del espectro está Cassian Andor, que en su primera escena es definido en un instante brillante como un veterano de la parte más dura de la rebelión: las misiones de infiltración, sabotaje, asesinatos… Su dilema interno se va exponiendo con una sutileza que ya querría George Lucas haber mostrado en las precuelas (o mejor: ya querríamos nosotros). Las nuevas órdenes le pesan cada vez más debido a la relación incipiente con sus compañeros, y los acontecimientos lo van dirigiendo hacia un punto de inflexión en el que tendrá elegir entre lo que se espera de él y lo que le susurra su conciencia. La única pega de una figura tan atractiva es que el actor Diego Luna no tiene el carisma y el registro necesarios, o el director no sabe guiarlo, para llegar a dar el personaje memorable que hay latente. A este lo acompaña el robot de turno, introducido sin duda porque hay que mantener el tono de la serie: un androide entre gracioso y pesimista, en la línea de C-3PO pero sin ser un clon descarado. Sin embargo, esta onda de chistes casi infantiles desentona un poco en el conjunto, y pocos me hicieron reír. Les ha faltado ingenio en sus diálogos, pero al menos dista de ser molesto como C-3PO y R2-D2 en las precuelas.

La introducción de los miembros secundarios del comando es también muy certera. En seguida sabes cuál el entorno en el que se movían y cómo este se ha visto afectado por el Imperio. Vuelvo a una comparación que hago mucho: ¿cuántas veces en el cine reciente hemos visto películas corales que sepan presentar a sus protagonistas adecuadamente? Mad Max: Furia en la carretera, Guardianes de la galaxia y para de contar. Hasta la versión nueva de Los siete magníficos, partiendo de las obras fundacionales del género, hizo bastante el ridículo (y no hablemos del desastre de Escuadrón suicida…). En Rogue One estamos rozando el cielo. La escena en que conocemos a Chirrut (el ciego) y Baze (el del arma gorda) vale su peso en oro: un diálogo de Cassian, un plano que los muestra al fondo en una pose muy descriptiva (sin nada que hacer, abatidos), más lo poco que conocemos de Jedha (la represión del Imperio), basta para conocer en un instante su situación. Y en la siguiente aparición ya los tenemos expuestos por completo y con un pie en la banda.

Pero me temo que lo de “por completo” es literal: ya no dan más de sí. El cielo no se alcanza, pues la historia personal de ambos no va más allá, se estanca demasiado en estereotipos un tanto vulgares. El tipo grandote y simpático con un arma tocha puede pasar porque tiene carisma aunque no aporte nada más, pero el asiático ciego experto en artes marciales está demasiado visto y parece fuera de lugar, hasta el punto de acabar siendo muy molesto. Además, obedece demasiado a “la cuota China”, eso de meter subtramas de corte asiático (el actor además es famoso en el género de las artes marciales) para vender la cinta en aquel país. En seguida aparece también el piloto que busca redención por los remordimientos de haber servido al Imperio, pero su recorrido psicológico también es muy limitado, tiene un par aportes al grupo y ya está, quedando como un simple nexo de unión entre personajes y partes de la historia.

La trama global se va configurando de manera bastante dinámica. Los saltos entre planetas y ciudades exponen con celeridad y claridad el entorno, sus habitantes, y la pieza correspondiente del argumento. El más destacable, Jedha, tiene muchísima personalidad, con una historia y una vida tangibles como se espera en la saga. Como señalaba, este lugar y sus habitantes se retroalimentan: la dominación del Imperio, la cultura medio destruida, las gentes perdidas, la resistencia en plan terrorismo liderada por Saw Gerrera… Algunos espectadores se quejan de que esta figura aparece muy poco, de hecho parece ser que Forest Whitaker vio reducido su protagonismo. Pero para mí cumple su función de sobras. Es el mentor de la protagonista, el que la educa en sus primeros pasos y luego su ausencia la libera de ataduras, permitiéndole desplegar su potencial. Si hubieran remarcado más ese rol hubiera resultado con bastante seguridad otro estereotipo muy claro y muy repetido en capítulos previos. Pero muestran lo justo de ese aspecto y abordan otro que le otorga un aire renovado: es un terrorista, no un héroe, abordando así una cara menos idílica de la resistencia.

Esa descripción ambigua de la moral de la rebelión es lo mejor del filme. Lejos de la luminosidad con que nos la describía Lucas (hasta las naves eran de un blanco reluciente), aquí conocemos las distintas facetas que tiene una lucha armada. Aparte de ideales loables, de políticos inquebrantables y héroes que admirar, también hay generales curtidos que no dudan en doblar la ética en la búsqueda de la victoria, secciones que abordan directamente el terrorismo, fanáticos, gente quemada, políticos cobardes, ciudadanos que miran para otro lado… Y a pesar de este llamativo crisol la trama política se expone con inteligencia: la posición de cada grupo (ubicación, planes, recursos) queda bien determinada en todo momento, superando la falta de definición que lastraba el Episodio VII y el poco partido que Lucas sacaba en las precuelas a pesar de tener mucho más protagonismo.

La parte del Imperio también tiene su miga. El villano principal, Krennic, deja muy buena impresión, en gran parte por el entusiasta papel de Ben Mendelsohn. Este actor lleva en el mundillo desde los ochenta, pero hasta hace pocos años no empezó a hacerse notar en algún rol secundario que le permitía explotar su potencial: Mátalos suavemente, El Caballero Oscuro, la leyenda renace y, sobre todo, Slow West, donde estaba espléndido como bandido. Tiene entre manos un tirano clásico pero al que da vida con gran intensidad: la falta escrúpulos y la ambición desmedida lo convierten en una figura a temer. Pero esto es el Imperio, y hay más como él que le pondrán las cosas difíciles en la guerra sucia entre altos mandos. En cuanto a su relación con los buenos, es más bien tangencial (más de resultado de las acciones de ambos bandos que de choque directo), y los momentos en que se cruzan son desiguales. La relación con Galen es inquietante, pues como buen invasor fuerza una amistad que en realidad es una jaula. Pero el encuentro final con nuestros protagonistas es demasiado clásico, facilón, se hubiera agradecido algo más original e impactante.

Con tanto salto de escenario, algunos se han quejado de que el primer segmento de la cinta va a trompicones, pero no lo comparto, pues enseguida se observa que nada está puesto al azar, que no hay minutos desperdiciados sino que, como decía, todo se va presentando e hilando con cuidado. Es más, en un segundo visionado incluso me gustó más este tramo inicial, porque vi desde el principio el trasfondo de guerra y desesperación que está ahí latente hasta el gran clímax. Hay que sentar unas bases argumentales y generar una atmósfera emocional concreta, y aquí lo hacen bastante bien. Sí, podía ser mejor, sin ir más lejos El despertar de la Fuerza me absorbió por completo desde el mismo prólogo. Pero en líneas generales el primer acto cumple de sobras. Es el acto central, el nudo, el que no da la talla.

A la salida de Jedha se estanca un poco la narrativa, en la larga escena en Eadu el ritmo pierde fuerza y se torna a la vez caótico. Los autores nos llevan a un escenario que, por conjunción de acontecimientos, resulta previsible, y no logran conferirle un interés extra en los eventos ni en el desarrollo de caracteres que aproveche el receso y lance mejor la entrada del tramo final. Unos van muy despacio (los protagonistas enredando en la nave y andando por ahí) y otros demasiado rápido (el escuadrón de refuerzo llega instantáneamente, y de forma muy forzada quedan incomunicados para que la situación explote). Y sobre todo, la escenas de disensión en el grupo y la catarsis crucial que viven Cassian y Jyn carecen de la emoción y fuerza necesarias.

Por suerte, en cuanto entramos en el largo tercer acto el subidón es espectacular. La reunión de la rebelión para rehacer sus planes, o más bien toda su organización, es magnífica, expone un sinfín de elecciones y visiones del mundo, y los miedos que amenazan con deshacer la endeble unión quedan muy bien reflejados. Recordemos que en El despertar de la Fuerza había una reunión semejante y se saldaba precipitadamente. Con este buen nivel, la evolución y la toma de decisiones finales de los protagonistas, aunque inevitablemente predecibles, resultan también verosímiles. Y de ahí, a la memorable batalla final. Sin las salidas de tono infantiles de las precuelas, ni su puesta en escena saturada de colores y muñequitos digitales, sino con un sentido del espectáculo encomiable.

La dirección de Gareth Edwards no está exenta de polémica, pues hubo semanas adicionales de rodaje y el realizador Tony Gilroy tuvo una participación que no sabemos hasta qué punto llega (acabó acreditado como co-guionista) ni cuánto se relegó a Edwards. ¿Ha afectado al resultado final el mal endémico de las grandes productoras de Hollywood, o sea, meter mano y coartar la libertad de los autores, o han salvado los trastes? Es probable nunca lo sepamos con exactitud, pero la verdad es que de haber problemas dudo que fueran por la labor de Edwards, que demostró con Godzilla ser un director de primera en cuanto a superproducciones, sino con toda probabilidad del guion, en plan de seguir reescribiéndolo incluso durante el rodaje. Y desde luego este impecable acabado visual recuerda a Edwards y su habilidad para componer planos que combinan elementos de muy distinto tamaño, además del tono intenso y claro que imprime a los momentos de acción, lejos del estilo vago actual de cámaras en mano excesivas y borrones digitales. En un momento estamos hundidos el barro en la playa, en otro levantamos la cabeza para ver la amenaza gigantesca de los AT-AT, a continuación volamos entre ellos con el escuadrón de cazas; entre medio pasamos al frío y mortal espacio, donde la amenaza enemiga llueve por todos lados mientras la flota se esmera por hacer mella en las defensas; ahora saltamos a una incursión a la base improvisada desde la desesperación…

Sólo un detalle reincidente pone una tibia sombra sobre este gran clímax, y precisamente viene de parte del guion: las frases explicativas que sueltan los personajes son demasiado evidentes, antinaturales, secas. ¿De verdad había que matizar tanto las cosas? Que la trama no es complicada. Ese almirante que se explica como si fuéramos niños tontos, mirando además para abajo (al planeta) para que quede más claro aún con quién habla, ese general que casi mira a la cámara para recalcar que “hay que matar al objetivo”, como si no estuviera claro, la descripción repetida del lío de la antena, etc. Por lo general los diálogos son bastante correctos (aunque de ahí a la genialidad hay un buen trecho, claro), pero en ocasiones puntuales meten estos patinazos que pueden afearte un poco la conexión con los acontecimientos.

Quien pensara que por ser una entrega paralela iba a ser una película más pequeña se llevará un sorpresón al encontrarse tanto escenario recreado con una magnitud y un detallismo espectacular, más una batalla colosal, a la altura de El retorno del Jedi. El titánico esfuerzo del equipo artístico da resultados extraordinarios, destacando el realismo de Jedha o el impresionante resultado de la compleja batalla. Un diez redondo para vestuario, decorados y efectos especiales en sus distintas técnicas (sobre todo los digitales, y más en los personajes hechos por ordenador).

Y un notable alto para Michael Giacchino, que tuvo la difícil labor de sustituir tanto a John Williams (la avanzada edad le impide realizar estos esfuerzos), el gran maestro, autor del sello más reconocible de la serie, como a Alexandre Desplat. El francés era la primera elección para cualquiera, por ser sin lugar a dudas el compositor más dotado y versátil del momento, pero no pudo adecuarse al calendario cambiante y precipitado que rige el mundo de la música de cine. Giacchino era la segunda elección también para casi todo el mundo, dada la clarísima influencia de Williams en sus trabajos, aunque yo pondría en liza también a James Newton Howard. El caso es que se ha enfrentado a dos autores con un renombre y un currículo intimidantes, y además tuvo que componer, orquestar y editar a toda prisa. Si con esas nos ha regalado un trabajo sobresaliente, qué hubiera hecho con más tiempo. Nos ofrece una versión de la marcha imperial soberbia, revisitaciones y reinvenciones estupendas de los temas de la rebelión y la esperanza, y un sinfín de inspiradísimos motivos de acción.

A lo largo del relato habíamos visto cantidad de referencias a la serie muy bien ubicadas (algunas incluso aparentemente innecesarias pero muy agradecidas, como la fugaz visión de la pareja del tipo deforme y el alien con aspecto de foca que Obi-Wan se carga en la cantina de Tatooine en Una nueva esperanza), pero el repertorio final es glorioso. Tenemos algunas muy escondidas (muere el piloto Rojo 5, el puesto que luego tomará Luke, y además hay apariciones de otros pilotos del Episodio IV, tomadas de metraje descartado del mismo), otras más claras (como es obvio se mantiene un entorno común: desde el robot negro que parece un coche teledirigido y hace un ruido muy característico, a los AT-AT), y como colofón final tenemos unas escenas que enlazan de forma inesperada y férrea con Una nueva esperanza, unas escenas que ponen los pelos de punta y cierran la película con ganas de aplaudir.

Hay que agradecer la genialidad que supone dar sentido a los dos únicos pero claros agujeros de guion que tenía Una nueva esperanza: la falta de una flota rebelde que diera guerra a la Estrella de la Muerte, y su punto débil tan inverosímil. Pero sobre todo hay que admirar la solución de continuidad tan cohesionada que han logrado, al contrario que Lucas, quien acabó La venganza de los Sith, a pesar de que tuvo un montón de años para pensar cómo unir las trilogías, con agujeros e incongruencias en cantidad. La única queja podría ser que hay demasiada mención a la Fuerza y los Jedi, en comparación con el aura de lejanía y misticismo que se les da en el Episodio IV. Pero esto más bien fue problema del propio Lucas, al hablar ellos como si hubieran desaparecido hace doscientos años y no veinte. Aun así es cierto que podrían haber tratado mejor el tema, pues parece que están empeñados en repetir cada dos por tres que es una entrega de La guerra de las galaxias. Por no decir que el amago de Jedi que hacen con Chirrut es confuso y mucha gente terminará pensando en que es un aprendiz de Jedi, o incluso que los poderes se pueden adquirir con fe y entrenamiento.

En cuanto al doblaje, este sale bastante bien parado en los actores principales y en la voz de Vader, donde el sustituto de Constantino Romero casi no se nota (y mira que yo soy muy quejica con estas cosas). Pero en algunos secundarios rechina demasiado: la voz de Chirrut y su acento marcado no convencen, pero es que la del piloto es muy histriónica, parece un doblaje de comedia.

En resumen, Rogue One, como película de grupo, se queda sin explorar todo el potencial que guardaba, pero en su trasfondo se iba exponiendo una obra bélica mucho más inteligente, una que en el tramo final explota a lo grande. Hay partes en las que el contraste entre ambas líneas se nota bastante. Conforme la trama bélica gran protagonismo conocemos a otros muchos personajes secundarios (generales, políticos, pilotos, soldados), unos con presencia breve, otros con más tiempo, pero los autores son capaces de dotar de cierta entidad a casi todos en pocos segundos y conseguir que nos interesemos por sus esfuerzos y, en el caso de haberlos, sus trágicos finales. Casi me apena más la muerte del líder del escuadrón que defiende al grupo de asalto desde el aire que la caída de varios del comando, con sus escenas largas tan típicas y artificiosas. Por ello pienso que le habría venido muy bien prescindir un poco del tono de aventura de grupo para embarcarse de lleno en una cinta bélica con numerosos individuos esparcidos por todas partes, en plan Un puente lejano. Un par de escenas menos para el asiático fanático, el robot tonto, el grandote y el piloto hiperactivo a la vez que se potencia a todos esos habitantes tan atractivos, se me antoja muy jugoso. Por supuesto, todo esto es especular sobre posibles cambios y mejoras, de forma bastante subjetiva además, y huelga decir que un guion mejor también nos vale para exprimir al máximo la opción del grupo reducido. En otras palabras, hablar de lo que habríamos hecho o deseado no lleva a nada. La película resultante es la que tenemos ante nuestros ojos, o la disfrutamos como tal o no, y pienso que tiene calidad de sobra como para que sus limitaciones no echen por tierra una gran experiencia.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
-> Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio VII – El despertar de la Fuerza


Star Wars: Episode VII – The Force Awakens, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 135 min.
Dirección: J. J. Abrams.
Guion: Lawrence Kasdan, Michael Arndt, J. J. Abrams.
Actores: Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, Harrisond Ford, Carrie Fischer, Mark Hamill, Domhnall Gleeson, Max von Sydow, Andy Serkis, Lupita Nyong’o.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: Los personajes son maravillosos, los diálogos geniales, la historia sencilla pero bien contada, y todo se remata con un reparto fantástico y una puesta en escena perfecta. La aventura es vibrante, emotiva y memorable como se espera de un capítulo de La guerra de las galaxias.
Lo peor: Un agujero de guion importante, más algunos detalles que podrían haber sido evitados.
Mejores momentos: Tantos… Los dejo para el apartado de spoilers.
El plano: El final, con dos protagonistas mirándose cara a cara.
Las frases:
1) Cumpliré con tu destino, terminaré lo que tú empezaste -Kylo Ren.
2) No sabía que había tanto verde en la galaxia -Rey.
3) Suéltame y deja la puerta abierta -Rey.

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Alerta de spoilers: Los datos reveladores los dejo para el apartado final, el resto de la crítica sólo menciono lo que se intuye en el tráiler. No revelo sorpresas, ni detalles concretos, ni el destino de los personajes.–

QUÉ ESPERABA

Con todo el dinero y prestigio que había en juego en Disney después de pagar a George Lucas 2.000 millones de dólares, más otra cifra semejante en acciones, era bastante esperable que fueran a tratar de esquivar los puntos polémicos de la trilogía de precuelas, denostada por la mayoría de los fans de la saga, y fijarse más en los aciertos de la trilogía original. Pero en el lado contrario pesaba el miedo a que en el lío de productores metiendo mano y cambiando guionistas y directores saliera un desastre aún mayor. Las continuas reescrituras de guion no me asustan de primeras, porque es parte del proceso (si siguen así mientras ruedan sí es para temblar) y hasta no ver el trabajo final no podemos opinar nada concreto. Fue la elección J. J. Abrams como realizador y firmante del repaso final al libreto la que me dio mucho miedo, pues precisamente falló en sus intentos de recuperar sagas y estilos de los años ochenta: la frialdad de Super 8 y Star Trek no eran buenas señales, y más concretamente las dos entregas de la renovada (y pisoteada, porque no tiene nada del espíritu de la original) serie trekkie apestaban bastante con su guion chapucero y el abuso de efectos narrativos y especiales sin ton ni son; y para colmo gustaron al público, con lo que los productores podrían pensar que valía la pena seguir por ese camino.

Así pues, pasé por una fase de negación total, “esto va a ser un desastre”, antes de limpiarme de toda sensación y esforzarme por ir sin prejuicios, en blanco, con la puerta abierta a la esperanza. La voy a ver y que venga lo que sea. Si es mala al menos podré divertirme poniéndola a parir en la redes. Pero los fans hemos tenido una suerte inmensa. El despertar de la Fuerza ha resultado ser un capítulo fantástico, memorable.

¡ES LA GUERRA DE LAS GALAXIAS!

Para empezar, ya en el tráiler se veía respeto por el espectador, en especial por el fan. Sabes que el fanático va a verla sí o sí, no se la destroces en un avance; pero tampoco jodas al público potencial revelándole lo mejor cuando es más efectivo crear expectación. ¡Creía que se había perdido la forma de hacer tráileres de verdad! También vimos entrevistas varias donde Abrams señalaba sus intenciones de mirar a las viejas películas, algo no del todo de fiar porque en las promociones se miente mucho, y también porque una cosa es lo que dices y otra lo que consigues al final. Pero el estreno confirmó ese amor por la saga y el esfuerzo por hacer las cosas bien, por buscar despertar en el espectador las mismas sensaciones que tuvimos con la trilogía original: vibrar con la aventura, sentir conexión y admiración por los personajes, sumergirte en un universo mágico y fascinante. Los fallos de Lucas en las precuelas han quedado atrás: los excesos visuales que saturaban de colores, criaturas digitales y escenas exageradas e infantiles en detrimento de un tono más serio y una narrativa mejor trabajada; el fracaso a la hora de confeccionar personajes de gran nivel (sólo en el Episodio III se acercaba a ello), incluyendo el casting y la dirección de actores, pero sobre todo los diálogos; las tramas políticas densas que no lograban el interés esperado y abandonaban la esencia aventurera y la clásica fantasía de espada y brujería.

Los actores elegidos son magníficos, los diálogos están rebosantes de ingenio y gracia, el dibujo de los personajes es estupendo, y como resultando tenemos unos protagonistas maravillosos y entrañables. La puesta en escena es intachable, no hay abuso de escenarios demasiados sobrecargados, sino que mantienen la belleza sobria y natural de las películas originales. Y la aventura deslumbra y emociona como pocas logran hacerlo. De principio a fin te mantiene pegado a la butaca con una odisea épica de familias enfrentadas, príncipes oscuros y elegidos de la luz, el destino señalando el camino, viajes a lo desconocido en busca de respuestas, lugares asombrosos y duelos inolvidables. Resumiendo, el capítulo séptimo es cien por cien La guerra de las galaxias.

Es imposible no enamorarse de Rey, la chica dotada pero abatida por un trauma del pasado que le impide explotar su potencial hasta que el destino la alcanza. Difícil no sentir empatía con Finn, su conflicto moral y su huida sin rumbo hasta que los acontecimientos lo empujan a decidir. Quieres abrazar a BB-8, un robot redondo que no habla pero resulta adorable. Poe es puro carisma y coraje. Te conmueves con la presencia de viejos conocidos, que son ellos mismos pero con nuevas historias a cuestas que les dan bagaje. Y puedes sentir temor y a la vez empatía por el villano, Kylo Ren, con su lucha interna y el inevitable enfrentamiento contra los héroes.

¿Qué será de cada personaje? Como saga de fantasía te puedes hacer una idea general, igual que era fácil intuir que en Una nueva esperanza ganaría el Bien sobre el Mal. Pero aun así el viaje resulta no sólo atractivo, sino delicioso, cada nueva vivencia y acontecimiento llega con una intensidad que pocas veces he visto en el cine reciente (Interstellar, Mad Max: Furia en la carretera y Guardianes de la galaxia). Se disfruta a lo grande viendo cómo crecen y la dinámica que van creando entre ellos, cómo se enfrentan a los distintos problemas externos y conflictos internos. Y menuda química se logra: gracias a la combinación de guion, casting y dirección de actores se ofrece un resultado difícilmente mejorable. Los diálogos son ingeniosos, dulces, emotivos, oscuros, trágicos… según requiera la situación, describiendo a cada personaje con mucho tacto, cimentando sus relaciones con naturalidad y atractivo. Cabe destacar que el sentido del humor es brillante, siendo la entrega más divertida de toda la serie. Los primeros pasos entre Rey, Finn y BB-8 son geniales y te ganan para toda la proyección; sublime el momento de BB-8 haciendo el gesto de “ok”, por ejemplo. Y en la parte oscura no defraudan tampoco, teniendo líneas que dan canguelo: las dudas de Kylo, sus arrebatos (“¿El androide ha robado un carguero?”), el interrogatorio (“Tú… tienes miedo”)…

El elenco elegido es un acierto digno de aplauso. Los jóvenes Daisy Ridley (unos pocos papeles muy secundarios en algunas series inglesas) y John Boyega (dado a conocer en Attack the Block) demuestran un entusiasmo y compromiso total, logrando unos personajes tan creíbles que desde su primera aparición te quedas prendado de sus miserias, miedos, esperanzas y esfuerzos. Oscar Isaac es un gran actor que ya cuenta con mucho reconocimiento (fantástico su papel en A propósito de Llewyn Davis), y derrocha carisma y simpatía. Harrison Ford es lo que se esperaba, un Han Solo viejo, con historia y cargas detrás. La única un poco corta sería Carrie Fisher, pues le falta algo de garra a sus intervenciones. A Adam Driver lo conocía por su papelón en Girls y sabía de lo que era capaz, pero aun así me ha dejado anonadado. Qué magistral exposición de lo que supone caer al Lado Oscuro: los sentimientos encontrados, el miedo, la sumisión al líder… Así tenía que haber sido Anakin en las precuelas: un chico perdido, lleno de contradicciones y miedos, atraído por las formas más llamativas y fáciles del Lado Oscuro, pero Lucas tropezaba demasiado en su desarrollo, y sobre todo la pifió a lo grande con la elección del intérprete. También cabe señalar que el doblaje al castellano es excelente, algo cada vez menos común; de hecho en las precuelas era bastante malo.

LA PUESTA EN ESCENA, TAMBIÉN IMPECABLE

El guion es certero, pero la dirección de Abrams, sumada al trabajo actoral y el esfuerzo del equipo técnico, es lo que termina de levantar esta enorme película. Decir perfecta es quedarse corto. La proyección es un no parar, no te deja respirar, no hay bajones ni desviaciones. El equilibrio y empaque de cada escena es sensacional, cada una de ellas combina magistralmente un poco de acción, un poco de fascinación por lo desconocido, de fantasía épica, de personajes cautivadores, de diálogos brillantes, y otro tanto de pequeños detalles que terminan de perfilar su irresistible magia. No se dejan huecos donde el desinterés y la desconexión puedan aparecer, no se desaprovecha una sola emoción que pueda sacarse de la situación.

Por ejemplo tenemos una escena presentada en el tráiler, la de un personaje misterioso rondando las ruinas de un destructor imperial: con golpe de sonido sutil y un plano llamativo captan toda tu atención, con el entorno te envuelve la atracción por lo desconocido, con la acción del personaje (recoger chatarra para sobrevivir) te definen lo justo de su vida para conectar con él y esperar más con interés. Y basta un par de secuencias por protagonista para ponerlos en camino, no hay una larga y farragosa introducción ni recesos expositivos, todo fluye de maravilla como en pocas obras se ha visto (de nuevo cito Mad Max, porque está claro que es el referente de la década). Lucas en las precuelas se perdía en largas secuencias de acción hipertrofiada que sólo contenían efectos especiales, y cuando se centraba en los personajes lo hacía tarde y lejos del nivel exigible. Abrams pone todo su empeño en que cada situación aporte algo al desarrollo de los protagonistas.

La fotografía es estupenda, el montaje es un portento indescriptible, los efectos especiales están siempre al servicio de la narración y son magníficos (hay mucho digital, pero sabiamente usado)… Pero lo que más me llama la atención es el magistral uso del sonido. Pocas veces he visto una implicación tan férrea y efectiva entre efectos sonoros y la transmisión de emociones: un disparo de bláster parado en el aire, la entrada de Rey en pantalla, un casco que retumba al caer, o los efectillos para mostrar el poder de Kylo, son usados con sabiduría para contener o explotar tal o cual emoción.

En cuanto a la inevitable mención a John Williams, este ofrece una composición exquisita que realza la acción y el drama con el esperable virtuosismo, pero como se inclina más por lo sutil algunos han acabado descontentos al no encontrar algún tema tan épico como deseaban, como si la banda sonora fuera sólo eso. Aquí hay más apoyo velado a la acción y los personajes (el tema de Rey es sencillo y el de Kylo muy contenido) que un despliegue de cortes de gran fuerza heroica o trágica como los que necesitaba La venganza de los Sith. Y tiene tantos momentos inolvidables como en las demás entregas: Rey’s Theme, March of the Resistance, Kylo Ren Arrives at the Battle, The Abduction, Scherzo for X-Wings… No, Williams no ha fallado, ha superado el listón, por alto que lo pusiéramos, como hace casi siempre.

AUNQUE TIENE ALGÚN FALLO… ¿Y ES UN REMAKE?

Ahora bien, aunque El despertar de la Fuerza es una obra deslumbrante en el sentido emocional, en llegar directa al corazón, no es perfecta en la lógica. Algún error tiene, y quizá porque se acerca más a la trilogía original, repite algunas lagunas de aquella. El principal problema es el deus ex machina que da cierre al misterio principal, el nexo que mueve a los personajes… la Búsqueda de rigor en la fantasía, vamos. Pues resulta que se resuelve porque sí, y descoloca bastante después de tanto darle importancia al asunto. Y lo peor es que da la sensación de que era facilísimo hacerlo bien. Por suerte es el único fallo importante. Las preguntas sobre dónde está la flota de los malos, que nadie vea venir una estación tan grande y peligrosa o lo fácil que es acabar con ella, vienen de las viejas películas y no me parecen agujeros de guion grandes (sí lo fue en El retorno del Jedi al no explicar qué es de la enorme flota tras la destrucción de la Estrella de la Muerte); incluso podría decir que también se repite el mal uso del tiempo que se ve en la batalla de Una nueva esperanza: según indican los personajes, todo el asalto se desarrolla en quince minutos, pero es como si hablaran en tiempo de película y no en tiempo de lo que realmente duraría, de forma que dicen “dos minutos” y vemos un montón de eventos y desplazamientos. Lo único que puedo considerar como mejorable es que podrían haber matizado algunas cosas: la ubicación de los distintos planetas importantes queda un poco confusa, no se sabe muy bien de dónde viene y a dónde va la Estrella de la Muerte, y quizá habría sido mejor explicar algo de la estructura política actual para darle un poco de dimensión a la galaxia. El resto son detalles menores o aspectos muy subjetivos (la mayor parte los tengo que dejar obviamente para la sección de spoilers), como lo de si es un remake descarado o velado o no lo es en absoluto.

Yo no veo lo de remake de Una nueva esperanza, y menos si me saltan con que no tiene aportes originales. Sí le puedo poner alguna pega, pero no como para echar bilis como hacen algunos. Hay referencias más o menos claras (la esfera de entrenamiento, el ajedrez holográfico) y varios lugares comunes, inevitables para que reconozcamos el universo y conectemos mejor con el entorno. Es cierto que las precuelas se arriesgaban más, pero vuelvo al principio de la crítica: había que volver a lo que funcionaba, y para ello qué mejor que recuperar cosas conocidas. Sí, hay un planeta desértico, sí, los personajes se encuentran porque el Destino es así, y sí, hay una confrontación final clásica, porque va con el género.

Pero también es cierto que los realizadores se obsesionan más de la cuenta con el factor nostalgia, y habría enriquecido el relato si hubieran evitado dos puntos en común demasiado utilizados en la serie para aportar algo más novedoso. Podrían haber puesto un planeta no desértico para variar (o al menos haberlo llamado Tatooine directamente, leches): una tundra o uno pantanoso como parece que tenían pensado inicialmente. Pero bueno, el lugar funciona en su propósito: una jaula psicológica para la protagonista, un entorno visualmente atractivo. ¿Que sea un desierto te fastidia lo emotiva que es la presentación de Rey, su la espectacular entrada en la trama y los asombrosos planos de destructores estrellados? Pues lo siento, pero a mí está muy lejos de molestarme.

Que la batalla final sea contra otra súper arma es lo único que rechina realmente, porque no costaba nada haber planteado un desenlace de otra forma, por ejemplo con una incursión en territorio enemigo en alguna nave o base que no fuera de estas características. Por otro lado, tampoco me parece un motivo poner a parir la cinta. Es sólo un macguffin, un elemento sobre el que hacer girar la trama y los personajes. Y la trama no es cómo detienen el chisme, sino el viaje de los personajes: el drama familiar de corte fantasioso, la tragedia shakesperiana de padres e hijos, la Luz contra la Oscuridad; y ahí funciona de maravilla, superando con creces a las problemáticas precuelas. Por lo demás, sin planetas exóticos, alienígenas variados (también había un bar en El ataque de los clones y nadie se quejó), duelos a espada y demás elementos, esto no sería La guerra de las galaxias. Jurassic World sí era un remake nada disimulado: repetía casi todas las situaciones paso por paso y no aportaba nada realmente nuevo, ni siquiera ponían esfuerzo en dotar de profundidad a los personajes. El despertar de la Fuerza está muy lejos de esa categoría.

CONCLUSIÓN

El llamativo agujero de guion y cierta falta de atrevimiento para ir más allá es lo único que aparta a El despertar de la Fuerza del sobresaliente. De corazón quiero dárselo, la he visto tres veces en cines y he vivido el mismo torbellino de emociones en todas las ocasiones, pero es indudable que podría haber llegado un poco más allá. Sin embargo, también tengo que decir que, aunque se vea un poco el plumero en el factor nostalgia, Abrams y equipo han hecho muy bien lo que tenían que hacer: recuperar la esencia de la saga, ganarse de nuevo a los fans. Es el capítulo piloto de una serie y a la vez una transición entre etapas, y ahí funciona a la perfección: satisface a los viejos espectadores, atrae a las nuevas generaciones, y estoy convencido de que tiene la suficiente calidad y personalidad como para aguantar el paso de los años. El desarrollo y profundización de las tramas vendrá luego. O eso espero, porque empezando esta trilogía tan bien, si el resto crece como se espera podemos estar ante algo antológico.

ME SOBRAN ALGUNAS QUEJAS

Aunque a la grandísima mayoría del público y la crítica le ha gustado, hay un sector muy ruidoso (internet maximiza las polémicas) que se empeña en buscar fallos, exagerando lo del remake o quejándose de que no aborda los mil millones de temas posibles en una obra de fantasía. ¿Pero queréis una entrega de La guerra de las galaxias o una versión alternativa, una nueva saga espacial que sólo comparta el nombre, como ocurre con la nueva Star Trek? Para eso están los spin off que han puesto en marcha. La trilogía tiene que versar sobre la lucha entre Jedis y Sith, y para ello tiene que seguir cierto patrón. Ya vimos que la inclinación hacia la política en las precuelas no contentó a casi nadie.

Otra obsesión es la de tener explicación de todo. Deja que haya incógnitas. Si Una nueva esperanza causó un gran impacto fue porque transmitía sensación de misterio, de haber vislumbrado sólo una parte de un mundo vasto y mágico. Si explican todo lo que ocurre y nos cuentan el pasado y la trayectoria completa de todos los personajes, ¿dónde queda la intriga, la atracción por lo desconocido y el interés en ver más capítulos? Quién es el viejo del principio, cuál la situación de los Jedi que quedan, cómo nace la Primera Orden y quién es su líder, y otras cosas en suspenso están muy bien sin desvelarse por completo. Curiosamente, muchas de las obras de aventuras y acción que triunfan en los últimos tiempos son muy dadas a no explicar, no profundizar y ni siquiera a dar coherencia y lógica a situaciones y personajes: El Señor de los Anillos, Piratas del Caribe y casi todas las que nacen en su estela tienen una narrativa torpe y llena de huecos, con personajes que actúan sin que se expongan sus motivaciones y tramas completamente inconexas… Y no hay muchas quejas sobre ello. Pero con El despertar de la Fuerza algunos han ido al otro extremo, todo es analizado a fondo y expuesto a un escrutinio excesivo e injusto.

Hay que admirar la película por lo que es, no por lo que esperábamos que fuera. Y está claro que es mucho más La guerra de las galaxias que las precuelas, aunque sea menos original y arriesgada. Es el capítulo inicial de un nuevo ciclo, no se puede pedir que tuviera un poco de todo (sería proclive a quedarse corta en todo) o que se aleje mucho del concepto básico (entonces seguro que se quejarían de que no se parece a la serie).

DETALLES VARIOS QUE SON REVELADORES

Alerta de spoilers: Hay algunos comentarios que no me cabían en la crítica por ser spoilers gordos. No sigas leyendo de aquí al final si no has visto la película.–

Me resultó fantástica la humanización de los soldados imperiales, no sólo por Finn, sino por las reacciones de otros tantos oficiales y soldados (genial la pareja que huye ante la pataleta de Kylo). Que no sea un ejército impersonal de extras otorga más credibilidad y tragedia a la guerra, y más posibilidades a la historia. En cuanto a Finn, qué grandísima presentación combinada con habilidad con la de Poe. “Cálmate, cálmate”, “Estoy calmado”, “Me lo decía a mí mismo”.

Siguiendo con los villanos, no comparto la decepción por Phasma, esa comandante de traje plateado (interpretada por Wendoline Christie, Brienne en Juego de tronos) de la que muchos esperaban gran protagonismo por su aspecto diferente, aunque desde luego no estaría mal que apareciera de nuevo para explotar la relación con Finn. Por otro lado, el discurso del general Hux (Domhnall Gleeson) en plan nazi es imponente y describe bien las ambiciones de la Nueva Orden, con lo que se realza sin querer la falta de descripción de la situación política en la República: la escena de destrucción del planeta capital resulta menos impactante de lo que debiera, y ni siquiera queda claro si es Coruscant u otro mundo, ni por qué la Resistencia se esconde tan cerca.

También hay algunos detalles que, sin afectar realmente al conjunto, me disgustan un poco. ¿Por qué Rey toma el mando del Halcón Milenario por encima de Chewbacca? No me parece lógico, ni que vaya ella a por Luke siendo una don nadie, debería ir alguien cercano, como la propia Leia, u otro alto rango que lo conozca. Tampoco tiene mucho sentido el abrazo entre Rey y Leia, como si se conocieran íntimamente. Espero que el Líder Snoke dé juego, porque de primeras no me causó mucha impresión, no impone como debería. Y quizá el único diálogo fallido sale de su boca: la excesiva matización en quién es el padre de Kylo me parece innecesaria, es como si hablara para un niño chico. Las partes de acción son magníficas, impresionantes de arriba abajo… pero se pasan un poco con las hostias que se lleva el Halcón, que para ser chatarra resulta casi indestructible. Por el lado contrario, no entiendo la queja sobre que Han lo encuentra por arte de magia, cuando dice con claridad que lo estaba buscando por el sector y lo ha detectado al despegar. Y finalmente, me mosquea cómo se abre la tierra para que Kylo siga vivo. Justo en una escena paralela pusieron en bandeja una solución más natural: Hux recibe la orden de buscarlo, así que podría haber aparecido con la nave disparando a Rey para que esta huya sin matarlo.

Por suerte, como indicaba sólo hay un fallo con cierta gravedad, de esos que se pueda considerar un agujero de guion claro que fastidia un poco la narración: el giro que lanza el cierre de la trama de búsqueda de Luke, con R2-D2 despertándose repentinamente en el momento justo sin que haya una razón para ello. ¿De verdad ninguno de los guionistas y productores implicados encontró una manera más coherente y fluida de hacerlo? Es que es muy simple: tenían que haber dejado la presentación del robot para ese instante, y que fuera ahí cuando BB-8 se topa con él, le diga que tiene pistas sobre su amo, y el otro despierte para compartir el resto de la información. Ahora bien, la escena de cierre es tan hermosa y emotiva que te hace olvidar el torpe truco que nos lleva a ella: el fantástico plano de Luke reticente y Rey insistente.

Y huelga decir que todos los pequeños peros quedan eclipsados por la cantidad abrumadora de grandes escenas, por la lluvia de sensaciones que transmite toda la proyección. El encuentro de Rey y BB-8, la fuga de Finn y Poe, la unión de Finn y Rey y todo lo que viven juntos hasta… hasta el final de la película: los diálogos ingeniosos escupidos a toda prisa (la cinta adhesiva), los pasos en la relación (las veces que se salvan mutuamente)… Pero ni con tantos momentos memorables Han Solo y Chewbacca, secundarios en este relato, quedan por debajo en relevancia e interés: también hacen gala de una gran química, derrochan diálogos geniales y tienen infinidad de escenas deliciosas. La entrada en el Halcón, la negociación con los mercenarios, la ballesta, la oferta de trabajo a Rey, el encuentro con Leia, el frío y la chaqueta, la decisión de enfrentar a Kylo cara a cara…

En el antro de Maz Kanata (¿qué tiene de malo este personaje?, es encantador e intrigante) hay otras tantas inolvidables: el sable láser atrayendo a Rey (se me encogió el corazón con la fuerza que posee toda la secuencia), el soldado llamando traidor a Finn, la captura de Rey por Kylo… Luego incluso mejora: qué tensión en el interrogatorio, qué emocionante la forma en que ella empieza a descubrir sus habilidades (fantástica la fuga usando al soldado imperial –que por cierto parece ser un cameo de Daniel Craig-). Todas las apariciones de Kylo son sensacionales también: el disparo del bláster parado en el aire, la mirada a Finn sospechando de él, los arrebatos, su discurso ante el casco quemado de Darth Vader, el miedo ante Rey… y sobre todo el paso final al Lado Oscuro con una tragedia que se intuye pero no quieres creer, para terminar en un duelo final que por fin está a la altura de los de Luke y Vader: inquietante, oscuro, lleno de diálogos de gran intensidad, con los personajes en primer plano y un entorno natural bien aprovechado, olvidando las florituras absurdas y escenarios de estilo videojuego de las precuelas. Y por cierto, qué problema hay con que Finn sepa manejar un sable láser, si es evidente que conoce todas las armas de mano y se adapta rápidamente a cualquier otra.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
-> Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio IV – Una nueva esperanza


Star Wars: Episode IV – A New Hope, 1977, EE.UU.
Género: Fantasía, aventuras.
Duración: 121 min. (1977), 125 min. (Edición Especial, 1997).
Director: George Lucas.
Escritor: George Lucas.
Actores: Mark Hamill, Harrison Ford, Carrie Fisher, Alec Guinness, Peter Cushing, Anthony Daniels, Kenny Baker, Peter Mayhew, David Prowse, James Earl Jones.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La imaginación y tesón de George Lucas por sacar su visión adelante. La maravillosa historia, los míticos personajes, los gloriosos diálogos, la sucesión de escenas que incluso casi cuarenta años después siguen resultando hipnotizantes, los revolucionarios efectos especiales y por supuesto la música de John Williams, probablemente la mejor banda sonora de la historia del cine.
Lo peor: Nada, excepto lo comentado en la introducción sobre las ediciones retocadas.
Mejores momentos: Por supuesto, el prólogo, con la inmensa nave del Imperio dando caza a los rebeldes. Y a partir de ahí, prácticamente todo: Mos Eisley, la estancia en la Estrella de la Muerte, la huida (mención especial para el combate contra varios cazas)…
Los planos: El inicial con el destructor copando toda la pantalla. Luke mirando al horizonte soñando con el futuro. El Halcón Milenario entrando en la Estrella de la Muerte.
El título: Se estrenó como La guerra de las galaxias a secas y sin número de capítulo, pero cuando tuvo éxito y Lucas pudo rodar más entregas se lo cambió.
Errores de traducción: Hay infinidad de fallos garrafales. El remote (la bola de entrenamiento que usa Luke) como los lejanos, con lo que el resto del diálogo se tergiversa de forma delirante; el reverso tenebroso en vez del Lado Oscuro; los parsecs convertidos en parasegundos (y lo primero está mal también, porque es una unidad de distancia); prueba mental en vez de sonda mental (mental probe); las blast doors (puertas blindadas) como puertas romboides (y además en castellano añaden antes un diálogo inexistente en el original: cierren las puertas romboides), los blaster (las pistolas) con una traducción distinta en cada vez; reactores inferiores en vez de motores subluz; y hay algunos diálogos inventados por completo, algo que es más habitual de lo que parece.
Las frases:
1) Que la Fuerza te acompañe.
2) Su carencia de fe resulta molesta -Darth Vader.
3) No se ofusque con este terror tecnológico que ha construido. La posibilidad de destruir un planeta es algo insignificante comparado con el poder de la Fuerza -Darth Vader.
4) ¿Quién está más loco: el loco o el loco que sigue al loco? -Obi-Wan.
5) Ayúdame Obi-Wan Kenobi, eres mi única esperanza -Leia.

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Una nueva esperanza, aunque mucha gente no se da cuenta, es un relato muy clásico, muchísimo, dentro del género de la fantasía. Es el sempiterno cuento del Bien contra el Mal, la odisea del joven, sus amigos, su mentor y el pueblo oprimido contra el gran tirano oscuro. El desarrollo sigue bastante el estilo habitual de estas narraciones, de hecho podríamos compararlo el gran referente, El Señor de los Anillos de Tolkien, y encontraríamos numerosos paralelismos, algunos incluso tomados más allá de la estructura narrativa (como los pasillos redondos del Halcón Milenario, probablemente inspirados en las casas hobbits): Luke/Frodo, Obi-Wan/Gandalf, Han Solo/Aragorn, Darth Vader/Saruman, Emperador/Sauron, Estrella de la Muerte/Mordor, Mos Eisley/Bree, tropas imperiales/orcos, la Fuerza/el Anillo, etc. Pero hay muchas más influencias: la obra de Kurosawa, cómics como Flash Gordon, largometrajes como Metropolis (el diseño de C-3PO), o la propia realidad, pues se basó en la Segunda Guerra Mundial para la forma de rodar las batallas espaciales. Pero no voy a extenderme al respecto, que hay muchos artículo sobre ello, y voy a centrarme en el análisis de la película.

Esa supuesta limitación, ese clasicismo de las bases del relato, no impidió que George Lucas orquestara una obra maestra deslumbrante. No importaba que fuera evidente que Luke partiría a la aventura y se convertiría en héroe, que la princesa sería salvada y los buenos ganarían, cada paso era y es, aun habiendo transcurrido casi cuarenta años desde el estreno, un deleite narrativo y visual. ¿Cómo lo logró? Contando la historia con muchísima pasión e inspiración y creando un envoltorio fascinante, un mundo desbordante de pueblos, gentes y criaturas extraordinarias donde introdujo unos personajes sencillos pero muy atractivos cuyos ingeniosos diálogos y aventuras embelesaron a millones de espectadores. Es decir, que acertó a lo grande con una combinación magistral. Por un lado, se apoyó en anhelos humanos primarios: el adolescente que quiere vivir aventuras, el bribón que cae bien a todos, la chica madura y decidida pero también muy hermosa, y el alzamiento contra el opresor; o sea, una historia humana, directa al corazón. Por el otro, ese universo tan singular y asombroso dejó anonadado y soñando a medio mundo, porque todo parecía nuevo y maravilloso.

El ritmo de la cinta es impecable, mostrando una insólita capacidad para dejarte embobado escena tras escena: pone cada capítulo y revelación en el orden más acertado, manteniendo el interés constante y desglosando las sorpresas poco a poco. Desde el prólogo, con la mítica entrada del inmenso destructor imperial y la aparición de los androides, hasta la antológica batalla final, el desfile de imágenes cautivadoras es casi indescriptible. La presentación de C-3PO y R2-D2 es estupenda y resultan adorables en toda la trilogía, al contrario del desastre en que los convierte en las precuelas: tienen una personalidad clara, y sufrimos y nos divertimos con ellos. Ponte en la época para entender mejor el impacto: dos robots como protagonistas principales durante un buen trecho de la proyección. Su periplo por el desierto y el encuentro con Luke nos va poniendo poco a poco en situación además de irnos sumergiendo en el vistoso universo planteado. Tatooine con sus dos soles, la misteriosa figura de Obi-Wan, el sugerente goteo de información sobre una guerra que asola la galaxia, los sueños de Luke de salir de la miseria y conocer el universo, Mos Eisley y su agresiva mezcolanza étnica, la taberna y la fantástica introducción de Han Solo y Chewbacca…

Luke es un encanto, congenias rápido con sus esperanzas por tener una vida más emocionante. Y su evolución está muy bien trabajada, no se apunta a todo porque sí, algo que detesto en los héroes del cine contemporáneo. Tiene dudas que entendemos bien, toma decisiones imperfectas, y el entorno influye más de lo que puede creer. De hecho el Destino juega a su favor, como es habitual en este tipo de cuento: si no es por la llegada de los androides no habría caído en la órbita de acontecimientos que lo llevarán al lugar que le corresponde. Cuando el Imperio acaba con su familia no tiene ataduras que limiten su potencial, y empieza su camino como Jedi. Obi-Wan aparece poco, pero lo justo para poner en la buena dirección a Luke, y resulta muy intrigante, tanto por su actitud como porque planta más misterios atractivos ante el espectador: los Jedi, su relación con Darth Vader y con el padre de Luke, la vieja guerra… Han Solo atrapa también a la primera, con su porte de bandido carismático y sus diálogos directos con un toque de cinismo. Uno de sus aspectos más vistosos es que resulta un héroe gris, fuera del canon habitual: no duda en disparar a quien va tras él. Por eso se criticó tantísimo a Lucas cuando cambió esa escena: estaba destruyendo la esencia del personaje. Su colega Chewbacca es otro punto genial: no entendemos lo que dice pero se convierte rápidamente en un secundario entrañable.

Una vez en el espacio acabamos en las garras del temible enemigo: la estancia en la Estrella de la Muerte es inquietante y mantiene la tensión a flor de piel al poner un futuro cada vez más oscuro sobre los protagonistas. El enemigo parece demasiado poderoso y terrorífico como para que puedan salir con facilidad de su formidable base, y Lucas explota eso muy bien, haciendo que estén en desamparo constante, improvisando, corriendo, pasándolas putas en cada momento. Además, la descripción de las figuras principales del enemigo es impresionante, hasta el punto de que Darth Vader se convirtió en uno de los iconos más admirados del cine. El diseño del traje, sus estremecedores poderes, las referencias a un pasado misterioso, la voz de James Earl Jones y el buen doblaje de Constantino Romero… Moff Tarkin no se queda atrás, con una personalidad fría y un aspecto amenazador (Peter Cushing no necesitaba elaboradas máscaras para ello), y sirve para mostrar el aspecto más terrenal del Imperio, el ejército tiránico implacable.

La caída de Obi-Wan, la huida por los pelos y la pelea contra los cazas te siguen manteniendo en vilo y funcionan hábilmente para lanzar el tramo final. Por un lado tenemos otro paso en la maduración de Luke: la emancipación, tomar decisiones por sí mismo… aunque como vemos por los consejos de Obi-Wan desde el más allá, su despertar como Jedi continúa (me pregunto si Lucas tenía bien planeado el desarrollo del personaje de cara a los próximos capítulos o las voces de Obi-Wan fueron introducidas en plan deus ex machina). Por el otro, el realizador vuelve a mostrar lo certero que fue su trabajo como guionista y director al saltar al último acto de la narración con inmediatez, sin romper el ritmo ni el aura de “el Imperio se los va a comer a todos”: la fuga es una treta de Vader para encontrar la base rebelde. Así, llegamos a la sobrecogedora batalla final pensando que los malos tienen a los buenos justo donde querían a pesar de todas sus penurias, de forma que, aunque asumes que ganarán los héroes como se espera, estás temiendo todo el rato la derrota inminente. Y ni te cuento lo que tuvo que ser el ver por primera vez la parte final, cuando Darth Vader sale y va cargándose a todos los compañeros de Luke sin mucho esfuerzo. En el epílogo también acierta de lleno tirando por algo básico pero tremendamente efectivo: entrega de medallas con música feliz y heroica, miradas entre los protagonistas congeniando y celebrando, y fin.

Tan sólo ligeros detalles del guion rechinan levemente, y huelga decir que no hay película considerada hito del cine que se libre de tener algún desliz o alguna parte que podría haber sido más lógica de otra manera (y quizá mayor lógica implicaría menor espectacularidad o belleza). Por ejemplo, siempre me ha resultado un poco cogido por los pelos que los Jedis se hayan convertido en leyenda poco verosímil para la gente, a pesar de su presencia y relevancia en las Guerras Clon hace tan solo unos veinte años; y esto es algo que se nota más con la existencia de las precuelas. Pero lo único que sí cojea bastante es que el ataque a la Estrella de la Muerte resulta un tanto forzado. ¿De verdad unos pocos cazas pueden con semejante mastodonte? ¿Y por qué el Imperio envía tan pocas naves a defenderla? Además, el tiempo del combate no se maneja muy bien: en la cuenta atrás, en dos minutos tenemos varias escaramuzas y ataques, en los siguientes tres otro puñado, y así sucesivamente, pero la sensación es que duran muchísimo más. Eso sí, a cambio el tempo narrativo es impecable: qué tensión en toda la larga escena.

En cuanto al reparto, salvo por las estrellas Alec Guinness y Peter Cushing se escogieron actores muy desconocidos, y algunos quedaron escondidos tras aparatosas máscaras y disfraces o incluso con la voz cambiada (James Earl Jones era la voz de Vader, mientras que el cuerpo correspondía a David Prowse). Si bien entre los protagonistas, excepto la sobria interpretación de Guinness, que le da un toque de misterio muy eficaz a Obi-Wan, ninguno ofrece un papel digno de elogio, todos cumplieron correctamente: casi parece que Mark Hamill funciona como Luke por estar tan perdido como él, Carrie Fisher imprime el coraje justo a Leia, y Harrison Ford tenía el desparpajo necesario para hacer verosímil al desvergonzado Han Solo. Pero fue la unión de los tres, mostrando una química muy natural que aprovechaba al máximo los ágiles diálogos, lo que realmente hizo destacable a los protagonistas. Y gracias a ello se supera la conocida ineptitud de Lucas para dirigir a los actores, que se quejaban de no recibir indicaciones claras; por el contrario, en la trilogía de precuelas esta carencia se hizo muy evidente. Curiosamente, sólo Ford supo o quiso aprovechar el éxito del filme para labrarse una vistosa carrera. De hecho no tardó en enlazar con otra saga que le permitiría meterse en la piel de otro personaje antológico: Indiana Jones.

A la hora de dirigir el proyecto Lucas se enfrentó a la misma lucha que han enfrentado todos los visionarios: la incomprensión del mundo y la falta de ayuda y dinero que eso supone. Incluso compañeros y amigos del gremio le expresaron serias dudas. Alec Guinness afirmó mientras rodaban que no entendía nada porque el guion le parecía un sinsentido, Brian de Palma y John Milius echaron pestes del visionado de prueba, siendo Steven Spielberg el único que vio el potencial de la película. Porque Lucas estaba cerca de su sueño, pero si no se hubiera dejado asesorar no habríamos tenido La guerra de las galaxias tal y como la conocemos hoy. Precisamente esto es algo que se le critica en la trilogía de precuelas, donde absorbió todo el trabajo creativo dejando ver sus muchas carencias como narrador. Uno puede ser bueno en varios ramos del arte cinematográfico, pero difícilmente puedan dominarse todos.

Lucas destacó en los principales, como el ideólogo de la historia y el director del proyecto. Supo mantener al equipo cohesionado incluso en el insoportable desierto, y fue capaz de obtener de cada apartado artístico y técnico lo máximo de sí. Con la inestimable ayuda del principal encargado de los efectos especiales, John Dykstra, llevaron más allá de lo imaginable técnicas conocidas (las maquetas y los matte paintings no eran nuevos), les dieron formas únicas, mejoraron, reinventaron y combinaron todo hasta lograr un aspecto visual tan novedoso como arrebatador. Vaya repertorio de alienígenas y naves tan extraños y asombrosos, menudas batallas espaciales sin igual. Cabe destacar que el diseño de las naves fue tan impresionante que los destructores, los cazas y sobre todo el Halcón Milenario forman parte de la cultura popular desde entonces. No en vano, la empresa que fundaron para este trabajo, Industrial Light and Magic (ILM), se convirtió en referente en cuanto a efectos especiales y sigue siéndolo hoy en día aunque cuente con buenos rivales.

Y el estar Lucas por entonces abierto a la experiencia de otros dio sus frutos. Las recomendaciones de Spielberg fueron cruciales, tanto para la entrada de John Williams como para encaminar a repasar prácticamente la narración entera, o sea, que la película final no se pareció en nada a lo que estaba construyendo Lucas, que se había atascado en un montaje farragoso. Los editores Paul Hirsch y Richard Chew y sobre todo su mujer Marcia Lucas cambiaron muchas cosas, como un primer acto que introducía a Luke rompiendo el ritmo saltando a la superficie en plena batalla del prólogo, o el orden de varias secuencias grandes para aclarar la trama, pero también mejoraron la construcción de los clímax de tensión, como la batalla final, donde en principio la Estrella de la Muerte no estaba a punto de acabar con la base rebelde, por lo que no se creaba esa intensa sensación de peligro y apremio que mencioné más atrás. Este fantástico documental amateur analiza este aspecto a fondo.

Pero el último empujón que encumbró a La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza, que la convirtió en una obra maestra que enamoró al mundo entero y no tardó mucho en establecerse como un mito, fue el apartado sonoro, con la portentosa y vibrante música de John Williams. El maestro era de sobras conocido, pero elevó su batuta a un nivel inconcebible: prácticamente cada personaje, pasaje y situación tiene un tema musical propio de gran complejidad, y algunos muestran una fuerza y belleza sin parangón. Es evidente que gran parte la magia de la película se debe a sus notas.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
-> Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio II – El ataque de los clones


Star Wars: Episode II – Attack of the Clones, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 142 min.
Dirección: George Lucas
Guion: George Lucas, Jonathan Hales.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Christopher Lee, Ian McDiarmird, Samuel L. Jackson, Frank Oz, Temuera Morrison, Jimmy Smits.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: La trama política y bélica cobra interés, los personajes también. Cuando se lanza la acción resulta un espectáculo glorioso, en especial gracias la imaginativa dirección artística y los magníficos efectos especiales y sonoros.
Lo peor: Tarda en arrancar: el tramo inicial no logra centrar la historia y narrarla con intensidad. Tiene un tono demasiado infantil que resulta muy molesto en ocasiones (le sobran todas las escenas de R2-D2 y C-3PO).
Mejores momentos: El combate espacial de Obi-Wan contra el cazador de recompensas. La batalla final: la ejecución con criaturas espeluznantes, la aparición de los Jedi, el ataque de los clones, la persecución de Dooku.
El plano: Los Jedis medio aniquilados y rodeados de enemigos.
La pregunta: ¿De dónde sale la profecía de Anakin y el equilibrio en la Fuerza? La mencionan varias veces sin explicar nada más.
Las frases:
1) Los maté, los maté a todos, están todos muertos. Y no sólo los hombres, sino también las mujeres y los niños. Son animales, y los maté como animales. ¡Los odio! –Anakin.
2) ¡¿Victoria?! ¿Victoria, dices? Maestro Obi-Wan, nada de victoria… Del Lado Oscuro el velo ha caído, las Guerras Clon empezado ya han –Yoda.
3) Siento que un día me vas a matar –Obi-Wan a Anakin.

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El ataque de los clones supuso para muchos fans un pequeño reencuentro con La guerra de las galaxias después del fiasco de La amenaza fantasma, pues este capítulo ofreció un producto de mayor calidad, más coherente y atractivo. La trama mejoraba considerablemente y nos introducía por fin en hechos realmente interesantes, mientras que los personajes adquirían cierta dimensión. Sin embargo, sigue habiendo unos cuantos fallos importantes que no logran alejar del todo el fantasma de la decepción, la sensación de que George Lucas tenía entre sus manos un potencial mucho mayor y su torpeza narrativa y la obsesión por el tono infantil lo echan a perder.

El relato ofrece dos partes bien diferenciadas y de grandes contrastes. La primera aborda la relación romántica entre Padmé y Anakin, mostrando los puntos débiles y problemas del chaval para mantenerse en la Luz, mientras paralelamente se trata de poner las bases para el lanzamiento de las Guerras Clon a través de la investigación de Obi-Wan. Amidala sigue siendo un rol fuerte, con carácter y algunos buenos momentos, como la decisión de ir a rescatar a Obi-Wan y meterse en todo el fregado, anteponiendo sus valores políticos y morales sobre su propia supervivencia. El joven Skywalker en conjunto sale bien parado, quedando claras sus limitaciones y anhelos y mostrando una evolución sencilla pero correcta. Pero es evidente que daban para mucho más. Al romance le falta emotividad, el guion de Lucas ofrece unas situacioens y diálogos ramplones y algo inmaduros; ¿dónde quedaron esas líneas ágiles, imaginativas y eficaces que disfrutamos en la trilogía original en el triángulo amoroso Luke-Leia-Han? Sólo es digno de recordar aquel comentario sobre que el pueblo necesita un grupo de sabios que gobierne eligiendo lo que consideran mejor para la sociedad, diciendo de manera sutil que la democracia no va con él.

El casting magnifica el problema, pues la elección de Hayden Christensen se presenta como un error monumental e imperdonable. Tuvo que ser por mediación de Lucas, porque me cuesta creer que de otra forma un actor tan limitado pasara el corte. Provoca bastante vergüenza ajena ver como su inexpresividad lastra los momentos en que Anakin debe transmitir tal o cual sentimiento intenso, fastidiando más de la cuenta la escena, la credibilidad del personaje, la conexión con el espectador. Un actor competente y un director que sepa exprimirlo pueden levantar un personaje simple e incluso uno mal escrito, pero aquí no se da el caso. Y por si fuera poco, el doblaje, que por lo general es bastante flojo, en este carácter resulta nefasto, aumentando las malas sensaciones. Siguiendo con los actores, destacaría la presencia de secundarios que representan muy bien a sus personajes (Christopher Lee, Samuel L. Jackson e Ian McDiarmid), y me da la sensación de que Ewan McGregor y Natalie Portman están más implicados en sus roles que en el Episodio I.

La sección de Obi-Wan tampoco sale bien parada, consume mucho tiempo para lo poco que aporta. Es obvio que Lucas pretende ir sentando las bases del complot político y preparando el lanzamiento de las Guerras Clon, pero patina bastante en ello. Se obsesiona con la historia detectivesca, que es simple a más no poder y deja a Obi-Wan como un inútil, pues es demasiado lento y torpe sacando conclusiones para lo que se espera de un Jedi. Se empeña en maquillar con acción, dando una de cal y otra de arena: se equivoca de largo con la persecución aérea en Coruscant (larguísima y exagerada), quizá pensando en que el tramo inicial requería alguna escena intensa cuando lo que pide a gritos es sacar más partido de los personajes y exponer mejor la trama, y acierta bastante con la pelea contra Jango Fett en los asteroides, que llega en mejor momento y resulta espectacular. Y mientras se pierde en todo esto se olvida de dar a la política el tiempo necesario, quedando de nuevo algo confuso todo el tema de facciones e intenciones; de hecho sigue habiendo cosas muy raras, como esa Amidala que fue reina elegida en dos mandatos (¿?) y ahora es senadora en la República. Por lo menos, al final Dooku explica con claridad el conflicto, y terminas haciéndote una idea la situación y del plan de Palpatine de poner a todos contra todos para alzarse de las cenizas como salvador.

Como no logra centrarse en lo importante, la primera mitad de la película anda algo escasa de ritmo, pero al menos tiene algo de lo que carecía La amenaza fantasma: la historia muestra una dirección concreta y unos personajes más o menos complejos a los que seguir con un interés que estaban lejos de despertar en aquel episodio. Vale, Obi-Wan inicialmente queda un poco deslucido con su torpeza, pero su determinación y coraje también quedan patentes, sobre todo en el siguiente segmento.

La segunda parte adquiere mayor intensidad y dinamismo y en ella se suceden diversas situaciones muy emocionantes en las que muchos vimos la esencia de la saga por fin recuperada, aunque la película en conjunto no llegara todavía al nivel de la trilogía original. La trama política que hay de trasfondo, no del todo aprovechada pero bastante atractiva, deriva por fin en la apasionante historia bélica que transforma el universo para siempre. Desde que las pesquisas de Obi-Wan lo llevan al planeta donde se reúne el enemigo nos sumergimos en el grandioso inicio de las Guerras Clon. La inquietante presencia de Dooku, el espectáculo donde pretenden sacrificar a Padmé, Anakin y Obi-Wan mediante criaturas horrendas, y la intrusión de los Jedis que abre las puertas a una batalla de una espectacularidad sin parangón, te mantienen agarrado a la butaca casi sin respirar, asombrado y extasiado a partes iguales.

Sin embargo, este inconmensurable clímax se ve lastrado de forma importante por los desvaríos infantiloides de George Lucas (y eso que esta vez se acredita un colaborador en el guion, Jonathan Hales). Llevó a Jar Jar a segundo plano por la presión de los espectadores, pero no rebajó el tono infantil y estúpido, sino que lo depositó sobre R2-D2 y C-3PO, a quienes hace centro de un sin fin de memeces que no hay por dónde coger ni forma de soportar. Pero es que en cierto momento también arrastra a Anakin y Padmé: la infame escena de la factoría de droides es un despropósito. No hacía falta más metraje en esa parte, y desde luego no con este aspecto de videojuego para niños.

También grave resultó el esperadísimo enfrentamiento entre grandes Jedis y Siths, tratado de una forma que todavía la mayor parte de los seguidores no hemos podido perdonar. Pero en qué cojones pensaba Lucas al convertir a dos viejales como Yoda y Dooku en superhéroes de gran agilidad. La batalla a espadas es histriónica, ridícula, y además choca con lo visto en la saga, con lo esperado: que lucharan con una combinación de lanzamiento de objetos, de sobrecogedores rayos, y sobre todo a través diálogos inteligentes y manipuladores. Por ello, el desenlace de la gran batalla no resulta satisfactorio: después de generar tanta tensión con la pelea final entre protagonistas, esta resulta ser un numerito de circo. Por desgracia, en La venganza de los Sith siguió por el mismo camino…

El diseño de los lugares y criaturas y los efectos especiales y sonoros que los recrean fue un trabajo muy imaginativo y complejo, y si bien su calidad general fue digna de alabanza, con momentos deslumbrantes, de nuevo el abuso de lo digital le ha restado durabilidad de cara al paso de los años. La comparación entre alienígenas de maquillaje y digitales pierde otra vez en favor de los primeros: Yoda, Jar-Jar o el cocinero que visita Obi-Wan no aguantan como personajes con diálogo. Los dobles digitales de actores tampoco convencen, en especial en los planos en que ponen el careto de Christopher Lee sobre un extra más ágil. Aunque la batalla tiene muchos planos sobrecogedores, también hay alguno cantoso: cuando los personajes se montan en las naves para ir de aquí para allá se notan mucho las pantallas de fondo, pero lo peor es el empeño en hacer los soldados con el ordenador, con muchos momentos (como su presentación) que parecen de película de animación. Y sorprendentemente, al contrario que en el resto de la serie, incluyendo las antiguas, hay algún matte painting (fondo pintado) que se nota un montón, por ejemplo alguno de los paisajes rocosos por donde pasa Obi-Wan al aterrizar donde se esconden los villanos (Geonosis).

No me olvido de citar otro sello de la saga: la banda sonora de John Williams sigue siendo sumamente efectiva pero aquí firma su trabajo menos notable para la misma, pues sólo aporta un motivo nuevo realmente destacable, el hermosísimo tema de amor. Aparte, hacen algo raro en un momento dado: no entiendo por qué utilizan el tema de Duel of the Fates, el del duelo con Darth Maul, para la escena de búsqueda de Anakin, esa que va en moto por el desierto. No tiene nada que ver en temática.

Rebajando la carga cómica insufrible, haciendo madurar un poco el producto y equilibrando un poco más el tramo inicial, con toda probabilidad estaríamos ante una entrega al nivel de la trilogía original, pero lo cierto es que no vale la pena seguir hablando de “y si…” tanto tiempo después: esto es lo que hay, consigues apartar sus fallos y disfrutar o te toca ser el fan que reniega y hace como no existe, actitud que me parece igual de válida y justificada.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
-> Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)

La guerra de las galaxias: Episodio I – La amenaza fantasma


Star Wars: Episode I – The Phantom Menace, 1999, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 133 min.
Dirección: George Lucas.
Guion: George Lucas.
Actores: Ewan McGregor, Natalie Portman, Liam Neeson, Jake Lloyd, Ian McDiarmid, Pernilla August, Frank Oz, Ahmed Best, Hugh Quarsie, Anthony Daniels, Kenny Baker.
Música: John Williams.

Valoración:
Lo mejor: En un buen cine o equipo casero es un visionado espectacular gracias a sus impresionantes efectos sonoros y visuales.
Lo peor: Es una memez infantil con un guion lastimero y unos personajes aburridos. Y Jar Jar… ¿en qué cabeza cabe semejante parida?
Mejores momentos: El clímax con varias batallas a la vez: la espacial y la de los protagonistas en el palacio, que termina con el enfrentamiento con Darth Maul.
El plano: Jar Jar pisando una boñiga.
Las frases:
1) El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Veo mucho miedo en ti -Yoda a Anakin.
2) La capacidad de hablar no te hace inteligente -Qui-Jon a Jar Jar.

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No formé parte de la generación que vivió el nacimiento de La guerra de las galaxias en directo pero sí fui de los que creció con ella, viendo las tres películas una y otra vez en cada etapa de mi vida y disfrutándolas infinitas veces. Así pues, el retorno de la saga fue algo que seguí con pasión, y aunque no era tan friki como para hacer colas enormes y disfrazarme, sí acudí al cine con una expectación desmedida, con una pasión que pocas obras de arte pueden despertar, y más aún en tantísimos individuos a lo largo del planeta. Recuerdo los innumerables reportajes incluso en los telediarios, las masas de aficionados, los avances que nos ponían los pelos de punta y el corazón a mil… pero no recuerdo muy bien el primer visionado. Sé que lo disfruté como un espectacular entretenimiento, y sé que fui a los cines al menos una vez más (quizá dos), pero no tengo claro en la memoria cuánto de bueno y cuánto de malo saqué de la película, ni si me cagué directamente en George Lucas o tardé en asimilar lo que La amenaza fantasma realmente era, es decir, un bodrio enorme. A lo largo de los años la he ido viendo en dvd unas cuantas veces, muchas más de las que vería una película de tan ínfima calidad si no fuera porque es La guerra de las galaxias (el fanatismo es lo que tiene), pero llegó un momento en que alcancé el límite: ya no soy capaz de visionarla, sólo con observar una escena al azar me produce completo rechazo.

Hipnotizados por la emoción, por las letras amarillas, la música de John Williams, las naves espaciales y la presencia de nombres y lugares reconocibles por todos, la proyección pasó ante nuestros ojos a toda velocidad siendo consumida como una droga: cegándonos de sensaciones, extasiándonos de placer. Porque como superproducción resulta realmente vistosa: el derroche de recursos monetarios se tradujo en un derroche de medios humanos y tecnológicos y por ende en un repertorio de efectos especiales y sonoros memorables. Pero no tardó en hacerse evidente, una vez que el nivel de frikismo en sangre se volvió estable y nos permitió razonar más con la cabeza que con el corazón, que Lucas había fallado estrepitosamente.

La amenaza fantasma es una película torpe ya desde el título, que todavía no se sabe muy bien qué quiere decir. Como es obvio ofrece una introducción a unos personajes y a una historia de los que sólo conocíamos su desenlace: versa sobre el inicio del fin de los Jedis y la República y sienta las bases para el próximo nacimiento del Imperio y la Resistencia. Había tanto que contar, tantas grandes historias podrían haberse desarrollado… y George Lucas no logró ir más allá de una presentación simplona de algunos caracteres cruciales, quedando estos muy desaprovechados, y una exposición apática e insustancial de la situación política. Tenemos un niño que se pasea por los mundos jugando con cacharros y navecitas y unos Jedis que no representan el misticismo y sabiduría que les atribuíamos por lo visto en la trilogía original, pues aquí esas cualidades se han eliminado de un plumazo con los midiclorianos y su categoría de gente famosa en todo el universo. Como digo, algunas cosas no cantaban a primera vista; por ejemplo, te quedabas flipado viendo a los Jedis en la apoteósica lucha con sables láser y no te dabas cuenta de que realmente no han construido unos personajes y una orden con un mínimo de complejidad y magia esperables para la saga. El dibujo de Obi-Wan y Qui-Jon es muy simple, su evolución nula, carecen de carisma… es decir, no despiertan interés alguno. Y Anakin apenas pasa de simpático, algo que podemos achacar a que es su presentación, pero tampoco termina de convencerme, porque sólo se repite una y otra vez que es buen piloto, no hay más acercamiento a su psique y potencial. Sólo quizá Amidala tiene algo más de carácter y evoluciona mejor: arrinconada en la política, termina huyendo para sobrevivir como puede en planetas hostiles… pero tampoco hace nada realmente recordable. Además, ella no termina de funcionar como enlace con la torpe intriga política, que carece de profundidad y aun así cuesta seguir los bandos e intenciones y planes que tiene cada uno; ¿alguien captó a la primera las diferencias y trayectoria de la mezcolanza de Palpatine, la Federación de Comercio y un senado de una república con reinas como Amidala? Para rematarlo todo, soportamos un despreciable muñeco parlante que sin duda provocó más de un ataque de ira y varios intentos de atentado contra su padre ideológico.

Los diálogos carecen del ingenio, la pasión y gracia de la trilogía clásica: son tontorrones y vacuos a más no poder, y los actores los escupen con evidente desgana. Liam Neeson, Ewan McGregor e incluso la ya por entonces bastante eficaz Natalie Portman están bastante perdidos, sin duda por una combinación de personajes superficiales, dirección de actores endeble y el trabajar muchas veces ante caracteres que no están ahí, pues serán puestos mediante el ordenador en postproducción. El único realmente destacable del reparto es el joven Jake Lloyd que interpreta a Anakin, quien se desenvuelve de maravilla a pesar de su corta edad (muchísimo mejor que el acartonado Hayden Christensen que encarnará al rol en posteriores entregas).

Pero lo peor de todo es su insufrible tono infantil, tan exagerado que da la sensación de que toda la película es un anuncio de muñecos y demás merchandising. Nadie entiende en qué demonios pensaba Lucas al crear una cosa tan patética como Jar Jar Binks y hacerlo dar vueltas por la historia soltando gilipolleces tan grandes. No puedo entender cómo se decantó tanto por el público menor de trece años sabiendo que la mayor parte de los seguidores eran adultos y que lo más aplauido de la trilogía original eran precisamente las partes más adultas y oscuras. Y qué mala suerte tuvimos con su ego, que lo empujó a ser el único artífice de todo el proyecto: realizó las labores de escritor, director y productor implicándose hasta en el más mínimo detalle, con lo que nadie le plantó cara para decirle: “¿pero es que has perdido el juicio, cómo vas a meter semejante insulto a la inteligencia del espectador?”.

Debido a sus numerosas partes de acción la proyección avanza con ritmo, pero carece de un rumbo concreto y tropieza de escena en escena sin mucha consistencia, alardeando de escenarios, civilizaciones y secuencias de acción poco esforzadas en el contenido, es decir, supeditando todo a los efectos especiales y sonoros en vez de trabajando con esmero los personajes y la historia. Los efectos visuales son de gran nivel, eso sí: una notable combinación de maquetas, fondos pintados y ordenador. Aquí hay que matizar que hay mucho desconocimiento, que esa crítica de que “todo es digital” es bastante desacertada: sólo los alienígenas (empezando por Jar Jar) son creados por ordenador, el resto es artesanal. No hay más que ver algunos recopilatorios de imágenes del rodaje para ver la cantidad impresionante de maquetas que usaron. El problema es que te quedas con el abuso de seres digitales, que evidentamente no convencen tanto como un buen maquillaje o muñeco y envejecen muchísimo peor, a lo que se suma el excesivo colorido de las imágenes, que se alejan de la sobriedad de la trilogía original para inclinarse hacia un estilo casi de animación. Además, el propio Lucas escondió mucho el uso de efectos tradicionales en los documentales y los “cómo se hizo”, donde vacilaba más de las nuevas tecnologías, contribuyendo a la confusión.

Con semejante nivel de efectos especiales habría que ser un manta para no conseguir una cinta espectacular, pero con las carencias enormes de los personajes y la trama no hay manera de conectar con ellos y sentir atracción por el devenir de acontecimientos. También hay altibajos notables en la calidad narrativa: hay unas pocas escenas con potencial, pero se olvida de él y se dedica a tratar de epatar con los efectos, resultando la mayoría de ellas huecas, insustanciales, y unas pocas son nefastas. Así, tenemos secuencias impresionantes en lo visual (sobre todo disfrutadas por primera vez en un cine de calidad), pero lastradas por esas lacras (incluyendo los patinazos infantiles), con lo que pierden bastante pegada, sobre todo con el paso del tiempo. La carrera de vainas es asombrosa pero un tanto larga para lo poco que aporta realmente, las confrontaciones finales son todas alucinantes en lo audiovisual (en especial la batalla espacial y el duelo con Darth Maul) pero la presencia estulta de Jar Jar y aquí también de Anakin haciendo tonterías rebaja mucho el nivel, y Maul mola en la lucha, pero como villano carece de personalidad y por extensión de interés. Pero también encontramos otras partes donde el ridículo está garantizado de forma indescriptible, como la de las criaturas marinas, absurdo añadido donde los haya, o sobre todo la insoportable y vergonzosa lucha de los Gungan, con el insufrible Jar Jar siendo el objetivo de escenitas cómicas que ni el payaso más desesperado habría intentado para sobrevivir; a Lucas sólo le faltó incluir alguna escena de tartas.

Como era de esperar, John Williams se encargó de nuevo de la banda sonora. Esta tuvo momentos de indudable genialidad que contentaron a cualquier fan (atención a los coros del duelo con espadas láser) y por lo general realza muy bien numerosos pasajes y aporta el toque de épica y magia esperable. Sin embargo, una queja sí tengo, aunque es de nuevo culpa de Lucas: ¿hay un solo minuto de la cinta que carezca de música? Es una forma bastante facilona de reforzar el ritmo, sobre todo porque al tercer visionado termina resultando más cansino que el hilo musical de un ascensor.

En resumen, La amenaza fantasma fue en su momento un gran espectáculo, pero tan banal y vacuo que no soporta sucesivos visionados sin que se derrumbe por completo su fachada y saque a relucir su infame guion y tono inmaduro. Además, al estar tan supeditada narrativamente a los efectos especiales del momento nació con fecha de caducidad incorporada, pues pronto surgen nuevas cintas más imponentes en el aspecto visual. Las obras atemporales, como la trilogía original, son las que consiguen un equilibrio entre lo visual y lo argumental de forma que el paso del tiempo no les haga perder frescura y capacidad de impacto. Las dos siguientes entregas mejoran sustancialmente lo aquí ofrecido, y aunque no alcanzaron cotas remarcables si mostraron algo de dignidad. Ojalá George Lucas se hubiera dedicado sólo a ser creador y productor y hubiera dejado la dirección y el guion en manos de gente que tuviera dos dedos de frente y unas ideas más maduras.

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Saga La guerra de las galaxias:
Introducción: La guerra de las galaxias, de George Lucas.
Episodio IV – Una nueva esperanza (1977)
Episodio V – El Imperio contrataca (1980)
Episodio VI – El retorno del Jedi (1983)
-> Episodio I – La amenaza fantasma (1999)
Episodio II – El ataque de los clones (2002)
Episodio III – La venganza de los Sith (2005)
Episodio VII – El despertar de la Fuerza (2015)
Rogue One (2016)
Episodio VIII – Los últimos Jedi (2017)
Han Solo (2018)