El Criticón

Opinión de cine y música

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El francotirador


American Sniper, 2014, EE.UU.
Género: Drama, bélico.
Duración: 132 min.
Dirección: Clint Eastwood.
Guion: Jason Hall, Chris Kyle (novela).
Actores: Bradley Cooper, Sienna Miller, Mido Hamada, Sam Jaeger.

Valoración:
Lo mejor: Bastante entretenida. Correcta en todos sus elementos…
Lo peor: …pero de forma muy justita, dejando un conjunto nada vistoso por fuera y rutinario y predecible por dentro. El horrible doblaje (atención a uno de los traductores). Y como siempre, lo que sobrevaloran estas cintas las nominaciones a los Oscar.
El detalle: Espantoso el muñeco que representa al bebé.

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El personaje en que se basa es muy controvertido, y la visión simple y arquetípica de él que construyen el guionista Jason Hall y el director Clint Eastwdood omite toda polémica. Se habla de que se inventó la mitad de lo que afirmaba, de que estaba realmente como una cabra, no tuvo una curación final feliz como aquí se señala, y su muerte (a manos de otro veterano loco) está llena de interrogantes pero aquí se esquivan con todo descaro en un final que no sabían por dónde coger, así que lo dejan en el aire, señalándolo brevemente a través de texto en pantalla.

Para acercarnos a la mente del personaje tiran de clichés, dando la sensación de que no se esfuerzan por aportar un mínimo de complejidad y frescura. Que sí, que los soldados se casan y los matrimonios sufren por la distancia y las secuelas de la guerra. Lo sabemos de sobras, lo hemos visto mil veces. Por ejemplo, es clavadita a En tierra hostil. ¿No hay forma de ser más sutil con esas bases, de mostrarlo con menos estereotipos y más naturalidad? Tampoco la trayectoria psicológica es destacable. Se alista con entusiasmo, tiene valor y cualidades que le hacen ascender y ganarse respeto en su trabajo. Allí sufre la presión de la guerra, y las heridas se notan sobre todo en los viajes a casa. Tensión, estrés, violencia, mente en otra parte, dependencia de la adrenalina de la guerra y el deber patriótico… Todo funciona, pero no deslumbra, pues sigue un sendero muy trillado y no se logra un personaje que cause impresión, que deje huella. Con todo, dista de ser malo y sustenta bastante bien un relato que tampoco es brillante. La interpretación de Bradley Cooper es muy convincente, aunque no tan lograda como sus trabajos previos (El lado bueno de las cosas, La gran estafa americana).

En cuanto a la aventura, al entorno donde se sumerge el protagonista, no hay mucho que destacar. Para empezar, no hay personajes secundarios de nivel. La esposa es un cliché de cartón y… para de contar. El resto no tienen presencia ni definición suficiente como para pasar de figurantes. Esto es habitual en el cine contemporáneo, pero que venga de un autor clásico como Clint Eastwood decepciona. De esta forma me da igual quién muere, no sé quién es, con lo que el drama humano del conflicto queda muy deslavazado. La trama se limita a enlazar anécdotas, algunas intrascendentes, la mayoría poco sustanciosas. Prácticamente nos limitamos a avanzar por calles iraquíes sin quedar realmente claro qué están haciendo. Cuando por fin parece haber una misión llamativa (buscar un alto mando de Bin Laden), tampoco resulta digna de recordar ni parece haber aportado algo esencial al personaje, simplemente parece un relleno más trabajado para dar peso al tramo central. Las escenas de acción no dan la talla, ni en lo emocional ni en el sentido del espectáculo. Casi parece que lo sabían, porque se buscan un enemigo más tangible con el que tratar de levantar algo de expectación por la odisea del francotirador: le ponen un contrincante de su talla. Otro cliché manido, por ejemplo recuerda demasiado a Enemigo a las puertas.

En lo visual estamos en las mismas: la puesta en escena es profesional pero no deslumbra lo más mínimo. Es comparar con Black Hawk derribado, y palidece. En ella (aparte de personajes numerosos y de cierta calidad) el espectáculo era glorioso y no se olvidaba de ser inteligible: en todo momento sabías dónde estaban los protagonistas y cuánto sufrían. Aquí nada causa impresión. Escenario muy visto, batallas simplonas y como indicaba con nula conexión emocional… y ello a pesar de que meten con calzador al protagonista en algunas: el tío se aburre, deja su puesto y prácticamente toma el mando de un pelotón, algo que no hay quien se lo crea. La escena en que diezman al grupo y el malo se carga un niño mientras el rival francotirador lo acosa es la única que causa algo de desazón. Pero el resto de momentos clave no tienen pegada. La batalla final en una azotea es insípida y la fuga demasiado inverosímil: llega la tormenta de arena justo a tiempo para cegar a los malos… pero los buenos ven de puta madre y no fallan ni una.

El francotirador termina siendo otro drama de superación muy básico y esquemático, de esos simplones y directos que gustan en Hollywood y que entran bien al público poco exigente. Pero aunque sus vicios son claros, no acusa negligencia ni tampoco se excede con el sentimentalismo, y todos sus elementos tienen la suficiente solidez como para dar un entretenimiento intrascendente más que digno. Desde luego no es una película de las de recordar entre las diez mejores del año, como se empeñan en vendernos la Academia de los Oscar. Por cierto, es con diferencia la película más taquillera de la carrera de Clint Eastwood. Se ha sumado un poco de todo: tema ya no tabú que resulta atractivo, sobre todo gracias al empujón de éxitos recientes (En tierra hostil -más por crítica que por taquilla- y La noche más oscura); actor de moda; la polémica subyacente le ha dado mucha visibilidad; las nominaciones.

A día de hoy, sigo pensando que el mejor acercamiento a la guerra de Iraq fue la excelente pero cancelada serie Over There, que mezclaba muy bien lo bélico con los problemas en casa, sin tirar de clichés, con naturalidad y protagonistas de calidad.

Aparte del comentario de la película podemos entrar también en su polémica. No es lo que se dice propagandística, porque no muestra una versión idealizada de la guerra y el ejército (todo lo contrario, de hecho), pero sí resulta bastante patriotera. Sin embargo, pienso que no ensalza unos valores patriotas ni lanza un mensaje pro-Estados Unidos con descaro, sino que termina resultando así porque retrata una sociedad de esas características. Aun así, algún apunte de guion sí señala claramente el tono maniqueo y conservador que imprime Eastwood: los iraquíes son convertidos en El Mal, así sin más, deshumanizando por completo un pueblo y una cultura, poniéndolos a todos en el mismo saco de terroristas sin alma. Así, resulta vergonzoso ver cómo se justifica el asesinato de niños que no hacen otra cosa sino defender lo poco que les queda ante el avance del invasor. Pero repito que más que a la película hay que criticar a los propios Estados Unidos: ellos crean sus enemigos, ellos inventan guerras, ellos invaden países bajo pretextos enormemente discutibles, ellos alaban a esos “héroes” que matan a gente que hace lo que puede por sobrevivir ante quienes los están sacando a la fuerza de sus hogares; la cinta sólo muestra lo que hay. Los títulos de crédito exponen muy bien esta cultura belicista: el ostentoso funeral, con carreteras llenas de gente llorando al héroe caído, da ganas de vomitar, porque este soldado es realmente un terrorista más: igual que un talibán, deja su vida tras sufrir el shock de ver a los suyos morir por un ataque de odio, y se embarca en una odisea de odio y muerte igual de ciega.

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