El Criticón

Opinión de cine y música

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Black Hawk derribado


Black Hawk Down, 2001, EE.UU.
Género: Bélico.
Duración: 144/152 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Ken Nolan, Mark Bowden (libro).
Actores: Josh Hartnett, Ewan McGregor, Eric Bana, Tom Sizemore, William Fichtner, Ewen Bremner, Sam Shepard, Jason Isaacs, Zeljki Ivanek, Glenn Morshower, Kim Coates, Ron Eldard, Tom Hardy, Gabriel Casseus, Hugh Dancy, Danny Hoch, Nikolaj Coster-Waldau.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, montaje, sonido, fotografía, actores, música. El ritmo frenético garantiza un espectáculo memorable, y el gran realismo hará las delicias de los aficionados al género.
Lo peor: Es muy difícil quedarse con los nombres de muchos personajes. No tuvo el éxito de público, crítica y premios que merecía.
Mejores momentos: Tantos… las caídas de sendos helicópteros, los vehículos siendo masacrados por las calles, el ataque final realizado al amparo de la noche…
La frase: La cita inicial de Platón realmente no la dijo él, es una leyenda urbana, un dicho mal atribuido.
El doblaje: Hay un fallo muy notable y ciertamente molesto: utilizan máquina en vez de ametralladora (machine gun), un falso amigo típico.
La frase: Se ha editado una versión con ocho minutos más con escenas muy breves que añaden pequeños detalles no especialmente relevantes. Al menos en dvd en la edición que yo tengo, lamentablemente no se han doblado y sólo se ha subtitulado la película al completo, no hay subtítulo únicamente para esas partes. No sé si existe en bluray y si se ha arreglado. Netflix tiene la versión de cines.

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En una de esas intervenciones bélicas donde la ONU aplica su buenismo insuficiente y los EE.UU. justifican el uso de su desmedido presupuesto bélico, las cosas se torcieron y lo que se suponía una misión de colaboración internacional para ayudar a los civiles dio un vuelco con una batalla aparatosa. Por suerte, sólo murieron 20 soldados estadounidenses, pero la ciudad somalí de Mogadiscio sufrió un escenario bélico demencial donde la ya de por sí jodida población se encontró con más muerte y destrucción, todo para que al final no cambiara nada ahí ni en otros sitios semejantes, porque sigue habiendo caudillos, corrupción política, explotación del tercer mundo, campañas militares para salvar la imagen de occidente, y campañas mediáticas por parte de EE.UU. cuando meten la pata y dejan un reguero de muertos.

El director Ridley Scott y el guionista Ken Nolan se basan en el libro de Mark Bowden, que al parecer relató los hechos con gran detalle, tanto que tuvieron que reducir drásticamente el numero de personajes y maquinaria bélica implicados. Y aun así queda una película algo complicada de seguir de primeras. Hay decenas de protagonistas cuyos nombres no serás capaz de recordar, y si bien los autores hacen un trabajo magnífico a la hora de mostrar la situación, ubicándote muy bien en cada momento y lugar, el estilo resultante está claro que no es apto para todos los públicos.

Quien busque un melodrama facilón, de esos que ofrecen una historia simplona llena de tópicos y que te dicen cómo debes sentirte, se puede llevar un buen chasco. Scott no es el Steven Spielberg de Salvar al soldado Ryan (1998) ni el Clint Eastwood de El francotirador (2014), no ha intentado conmover con estereotipos ni un ensalzamiento patriótico insultante. Ofrece una versión de los hechos sin implicaciones políticas, mostrando el escenario bélico con un tono de documental, y no se va por las ramas con dramones personales, sino que se centra únicamente en la misión. El homenaje a los soldados caídos es un breve texto listando los nombres en los créditos finales.

Eso sí, aunque quisieran mantener un enfoque neutral, la simple exposición de este evento deja clara la peligrosa situación que ofrecen los países inmersos en conflicto eterno así como lo lejos que estamos de poder solucionar nada metiendo militares de por medio sin más, y también es inevitable mostrar que la mayor parte de los soldados son niños que no saben nada del mundo y creen que serán héroes.

Lo que pretendía ser la captura de un alto mando de las guerrillas somalíes acabó en una imprecedible batalla por toda la ciudad. Conocemos la operación a fondo con todo lujo de detalles, desde que los planes son mostrados a las tropas hasta que el caos es dejado atrás (porque resolver no se resuelve nada). Vemos en acción a toda la cadena de mando, desde el soldado raso hasta el general al mando de la base. Observamos como trabaja el ejército, los problemas que conllevan despliegues humanos y materiales tan complejo. Entendemos cómo se tuerce todo y qué dificultades van surgiendo: la difícil respuesta a eventos inesperados, las órdenes que tardan en llegar, la falta de coordinación… La presentación de los numerosos personajes es somera pero certera. En las primeras escenas saltamos de uno a otro sin perder el tiempo más de lo debido con tópicos ni historias personales innecesarias, el día a día en la base y unas cuantas anécdotas bastan para mostrar que son seres humanos, y el desarrollo de la acción irá mostrando sus cualidades en lo único que importa aquí, el trabajo militar. Mediante el cuidado guion y la inmejorable puesta en escena viviremos la situación como si fuéramos un soldado más, sintiendo el frenesí de la guerra, sufriendo la cercanía de la muerte, y también contagiándonos del compañerismo y el afán de supervivencia.

El reparto está muy bien elegido, todos con capaces de dotar de vida a personajes que no tienen detrás una historia elaborada. Hay pocas figuras populares pero casi todos son secundarios de lujo que hasta el espectador menos curtido habrá visto aquí y allá, de forma que aunque no sepas sus nombres ni el de sus personajes puedes identificar rostros sin problemas. Cabe destacar que fue el primer papel de Tom Hardy y la curiosidad de que Tom Sizemore prácticamente hace lo mismo que en Salvar al soldado Ryan.

Desde Gladiator (2000), Ridley Scott le cogió el gusto a superproducciones de gran complejidad (luego vinieron El reino de los cielos -2005-, Robin Hood -2010-, Prometheus -2012-…), y si ya era un director notable, en todas ellas demostró una visión y un talento asombrosos, ofreciendo un acabado al alcance de muy, muy pocos.

Prácticamente cada minuto de Black Hawk derribado te deja anonadado por el trabajo técnico y humano que hay detrás de cada plano. La aportación del ejército prestando helicópteros y otros vehículos, las localizaciones en Marruecos que tan bien dan el pego, la estupenda fotografía, el magistral montaje, que tuvo que ser complicadísimo pero resultó impecable, la inspirada banda sonora de Hans Zimmer, que vuelve a sus orígenes tribales e incluye grandes canciones de otros artistas (como de Lisa Gerrard y Denez Prigent)… El acabado más que espectacular resulta abrumador, durante dos horas y veinte minutos estás pegado al asiento, tenso, agobiado, fascinado, disfrutando la intensidad de uno de los espectáculos más grandes que ha dado el cine. Toda la ciudad es un escenario bélico de gigantes proporciones, los tiroteos son constantes, y cuando creías que era imposible ver algo más épico y realista, llega la batalla nocturna, con secuencias colosales como el helicóptero arrasando una azotea.

Con este descomunal y memorable trabajo, Ridley Scott se marcó una cinta bélica única y memorable, un hito cinematográfico asombroso… que pasó generando más bien indiferencia. La taquilla fue muy justa (por los pelos no perdió dinero), y en la crítica no tuvo el consenso que merecía. Pero lo más destacable es que, como siempre, la cobardía de los Óscar y Globos de Oro se tradujo en unas pocas nominaciones por cumplir, pero estaba claro que apoyarían obras más fáciles y comerciales, que premiarían a la niña popular, Una mente maravillosa (Ron Howard), aunque fuera más bien un telefilme con un gran reparto, en un año precisamente repleto de grandes títulos, sobre todo en cuanto a originalidad: Amelie (Jean-Pierre Jeunet), Monsters S.A. (Pete Docter), La Comunidad del Anillo (Peter Jackson), El viaje de Chihiro (Hayao Miyazaki), Donnie Darko (Richard Kelly), Gosford Park (Robert Altman)…

Ha fallecido Sam Shepard

Se va un gran secundario, de esos que realzan cualquier película con su presencia. También hizo sus pinitos como guionista y director, pero sobre todo destacó su amor por el teatro, donde escribió numerosas obras, llegando incluso a ganar un premio Pulitzer.

En El País tenéis un buen repaso a su vida y obra.
Filmografía: IMDb.

Elegidos para la gloria


The Right Stuff, 1983, EE.UU.
Género: Drama histórico.
Duración: 193 min.
Dirección: Philip Kaufman.
Guion: Philip Kaufman, basado en la novela de Tom Wolfe.
Actores: Sam Shepard, Scott Glenn, Ed Harris, Dennis Quaid, Fred Ward.
Música: Bill Conti.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto y dirección.
Lo peor: Relato inconsistente, sin rumbo ni intenciones claras, con achaques notables como un pésimo sentido del humor. Duración desmedida e injustificable.

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No conocía esta película hasta que me topé con ella por casualidad, y me llamó pronto la atención: muy buenas críticas, reparto potente y temática centrada en la carrera espacial. Pero la decepción ha sido enorme, la cinta arrastra una serie de fallos que frenan casi por completo su potencial.

Enseguida salta a la vista que Philip Kaufman, guionista y director, no tiene claro qué contar, si la historia de unos pilotos militares, los inicios de aviación a propulsión, o el comienzo de la carrera espacial. Todo lo mezcla formando un relato muy inflado, saltando de una historia a otra sin un rumbo claro. En este galimatías no termina de centrarse en ningún arco concreto, con lo que a pesar del enorme metraje (¡tres horas y diez minutos!) no parece que llegue a contar una historia cerrada. Quizá el problema ya estaba en la novela de Tom Wolfe en que se basa, pero no la he leído y me centro en lo que veo en la película.

Pide a gritos recortarle más de una hora y centrarse en lo que parece más relevante, el proyecto Mercury. Hay personajes y secciones enteras a borrar. Tomando la carrera espacial como argumento central lo más evidente es preguntarse qué narices pinta Chuck Yeager chupando tanto tiempo, si su historia es paralela a todo lo demás. Sencillamente a Kaufman le mola el personaje y lo metió a la fuerza. Así, el inicio en la base de aviación experimental no llega a aportar nada. Para decir que algunos astronautas vienen de ahí no hace falta un prólogo eterno que finalmente está claro que no aporta nada esencial al dibujo de esos protagonistas. Igualmente hay recesos que no sé cómo no se quedaron en la sala de montaje, como esa aparición de indígenas australianos que casi destroza por completo el ya de por sí endeble clímax final. En el afán de incluir algunas anécdotas también se le va la mano: toda una larga escena para decir que los astronautas llevan pañales. Es más, esa escenita de marras es muestra también del pésimo sentido del humor del que hace gala. Se ve que pensaba que tenía entre manos algo muy denso, e intenta aligerar el tono metiendo chistes, pero madre del amor hermoso, qué cutres son todos. El remate llega con la pareja de secundarios cómicos, esos parias encargados de seleccionar astronautas, que llegan a rivalizar con Jar Jar Binks y el cejijunto de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos como los peores personajes que he visto.

Con tanto desvío y achaques al final no consigue narrar bien el programa Mercury. La rivalidad con Rusia y cómo estos vapulearon a Estados Unidos en la carrera espacial apenas se señala, con lo que no queda bien retratado el panorama político que llevó a realizar semejante esfuerzo. Aunque aquí supongo que entra la lectura patriótica: no se atreven a hacer una cinta objetiva y crítica. Solo un detalle interesante se puede encontrar: los astronautas en un inicio apenas pasaban de ser cobayas, como los perros y monos. Tampoco se ofrece la perspectiva de los científicos, que quedan como secundarios mientras sólo se habla de lo que molan los pilotos. Lo que queda son anécdotas enlazadas una detrás de otra, y después de tantas vueltas y minutos no sólo no puedes llegar a hacerte una idea clara de los hechos, sino que tampoco hay mucha evolución de personajes. Hacia el final hay un interesante capítulo sobre el fracaso de uno de los pilotos, y de John Glenn sacan algo de chicha en un par de pasajes, pero teniendo tanto tiempo es imperdonable que no consiguiera que todos los protagonistas fueran complejos y llamativos. Kaufman tira de tópicos y de ahí no se mueve: tenemos el joven vacilón, el veterano frío, el corto de miras y algo bruto, el inteligente y reflexivo…

La única forma de entender las críticas que tiene es porque en EEUU adoran los relatos históricos y patrióticos de superación, pues la película que me he encontrado yo hace aguas por todas partes. No vale como documental, ni como épica de aventuras, ni como gran gesta de la humanidad. Se salva porque como compendio de anécdotas consigue ser digerible aunque dure mucho y no llegue a nada, y sólo algunos tramos se hacen realmente cargantes. Además la puesta en escena es sólida y el reparto también. Con eso consiguen que las tres horas no sean insoportables si haces un par de descansos, pero desde luego queda lejos de ser una buena cinta.

La ley del más fuerte


Out of the Furnace, 2013, EE.UU.
Género: Suspense, drama.
Duración: 116 min.
Dirección: Scott Cooper.
Guion: Scott Cooper, Brad Ingelsby.
Actores: Christian Bale, Casey Affleck, Zoe Saldana, Woody Harrelson, Sam Shepard, Willem Dafoe, Forest Whitaker.
Música: Dickon Hinchliffe.

Valoración:
Lo mejor: La solidez de los personajes, desde el guion a los actores.
Lo peor: Nada original. No deja huella alguna.

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Out of the Furnace (reinventada en castellano a La ley del más fuerte) es una película independiente (22 millones de presupuesto) que ha logrado reunir a un buen reparto aprovechando esas ocasiones en que actores conocidos rebajan su sueldo comprometiéndose con una obra menor. Aun así, ninguna distribuidora los ha aprovechado con una campaña publicitaria y estreno decentes (de hecho a la hora de escribir esto sigue sin fecha en España), con lo que no ha tenido éxito alguno.

Como suele ocurrir con el cine independiente, destaca sobre las obras de grandes productoras en algo que cada vez se ve menos en las películas más comerciales: desde el guion se esmeran en construir unos personajes consistentes y un entorno verosímil que puede servir para analizar algún aspecto de la sociedad. La presentación de los protagonistas es efectiva, su descripción detallada y su evolución bastante correcta. La precaria situación de la región tiene a los Baze siempre en la cuerda floja. El padre está enfermo después de años trabajando en la fábrica. El hijo mayor, Russell (Christian Bale), se esfuerza por salir adelante con lo que tienen, enfrentándose con coraje y determinación a lo que la vida le echa encima (incluido el paso por la cárcel). El hermano menor, Rodney (Cassey Affleck), en cambio está más perdido, metiéndose en jaleos varios en la búsqueda de dinero rápido. La situación se desmadra cuando se implica demasiado con algunos criminales locales (Willem Dafoe, Woody Harrelson), y Russell, siendo como es, no se va a estar quietecito. Los actores están todos como siempre estupendos.

Se trabaja bien la intriga, de forma que hay peligro tangible sobre los protagonistas en todo momento, y en algunas escenas, sin acción aparatosa o sensacionalista, hay momentos donde la tensión produce una correcta sensación de agobio y miedo por el porvenir de estos. Pero aunque no se tira de clichés y el ambiente está bien conseguido, en líneas generales la trama no sorprende, con lo que algún episodio pierde algo de fuelle. Y a la larga esa falta de novedades limita bastante una propuesta con una base tan bien trabajada. No hay giros ni resoluciones que impacten, no se desvía de un camino que se ve venir de lejos. El guion es sólido, y la puesta en escena y los actores muy profesionales, pero sin novedades ni ambición alguna no es un relato que deje la más mínima huella. Además el final es facilón y sin garra, y se remata con el único momento en que intenta ofrecerse algo distinto… y no queda nada bien: el plano último es realmente confuso, tanto que el realizador Scott Cooper tuvo que explicar que es en plan metáfora y tú decides cómo acaba realmente la película. Pues después de contarnos algo tan básico, esa salida de tono no funciona.

Mud


Mud, 2012, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 130 min.
Dirección: Jeff Nichols.
Guion: Jeff Nichols.
Actores: Matthew McConaughey, Tye Sheridan, Jacob Lofland, Sam Shepard, Ray McKinnon, Sarah Paulson, Reese Witherspoon.
Música: David Wingo.

Valoración:
Lo mejor: Buena fotografía y actores.
Lo peor: Demasiado larga y descentrada.

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El relato es un clásico del cine independiente: una historia sencilla de superación y crecimiento personal que se aleja de los cánones hollywoodienses (llenos de clichés y moralina barata) para inclinarse hacia un retrato más realista y detallista de sociedades e individuos. Seguimos la vida de un preadolescente que busca su lugar en el mundo, chocando con los primeros problemas del paso a la edad adulta entre las dificultades añadidas del típico ambiente del Estados Unidos profundo (pobreza, marginalidad). El entorno es ciertamente atractivo, pues la vida alrededor del río Mississippi en la época presente no se ha visto mucho; la descripción del lugar y sus gentes es eficaz, y los paisajes se captan bastante bien. Pero en la aventura del crío no hay un arco argumental bien definido, se salta entre varias historias si un objetivo claro. No hay una gran trama, ni una evolución psicológica que justifique la mayor parte de los capítulos.

El guion y la dirección son obra de Jeff Nichols, pero mi impresión es que lo que parece funcionar bien en papel el realizador no es capaz de sacarle todo el jugo que podría al pasarlo a imágenes. Estoy convencido de que con mejor ritmo y mayor cercanía hubiera resultado una historia más natural y amena, pues muchas escenas arrastran demasiada pompa, con lo que la naturalidad y fluidez de la narración se resienten. Nichols rueda con un tono que parece gritar “esta es una compleja y profunda película”, cuando evidentemente no lo es, ni puede serlo porque no hay material para ello. También resulta un lastre la manía de sacar planos de la naturaleza, uno detrás de otro, de emplear mini documentales como transición entre escenas, inflando el metraje sin aportar nada, hasta el punto de que parecen cortes de publicidad que te sacan por completo de la proyección. Una cosa es mostrar el entorno de manera que forme parte de la historia (que en principio parecía ir por buen camino), otra es irse a tal extremo.

Entre el tono grandilocuente, el metraje inerte y la falta de rumbo en la odisea del chaval la película avanza con ritmo aletargado y se hace larguísima para lo simple que es en realidad. Y hablando de simpleza, el tema de las serpientes resulta demasiado facilón y evidente, y no parece aportar mucho excepto algo de sensacionalismo para darle empaque a la parte final, donde la sencilla trama iba perdiendo fuelle. Por desgracia Nichols se empeña en exprimir el sensacionalismo en el desenlace: el tiroteo es un despropósito. De repente, una película seria como esta se convierte en una de acción exagerada. La secuencia es una salida de madre impresionante donde la falta de credibilidad tira por tierra la narración en su momento culmen. Te quedas con cara de “¿y esto de dónde sale, es que no sabía cómo terminar la película?”. Parece que no.


Con todo, el problema es más de ver un potencial desaprovechado que de mala calidad. Había en el guion dosis de realismo, drama y emoción suficientes para lograr una historia mucho más entretenida y certera, pero tanta pretenciosidad lo echa a perder. Quise darle otra oportunidad a Jeff Nichols tras el despropósito de Take Shelter, y si bien es evidente que anda más centrado queda claro también que todavía le falta bastante experiencia para saber construir una buena película. Del género, no puedo dejar de recomendar una que sí acertó de lleno como drama rural sencillo pero emotivo: la magnífica Winter’s Bone.