El Criticón

Opinión de cine y música

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Hasta el último hombre


Hacksaw Ridge, 2016, EE.UU.
Género: Drama, bélico.
Duración: 139 min.
Dirección: Mel Gibson
Guion: Robert Schenkkan, Andrew Knight.
Actores: Andrew Garfield, Sam Worthington, Hugo Weaving, Vince Vaughn, Teresa Palmer.
Música: Rupert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: La parte bélica es impresionante. Buenos actores secundarios.
Lo peor: Es un panfleto yanki descarado. Resulta simple, manipuladora y predecible.

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Soy de los que prefieren separar la obra de un artista de su vida privada. Más que nada, porque te puedes llevar muchas malas sorpresas al descubrir cómo piensan algunos a pesar de que sus trabajos te hayan gustado mucho. Si su labor tiene un sesgo muy marcado, pues paso de ella y ya está. No voy a irme al lado opuesto y montar campañas para prohibirlas como hacen algunos, porque es lo mismo, fanatismo. Pero a veces es difícil hacer la vista gorda, porque alguna de sus mamarrachadas puede ser tan grave que provoque gran rechazo, o peor, directamente afecte a la vida de mucha gente. Mel Gibson de hecho la lio tanto que prácticamente acabó vetado en Hollywood. Es un ultraconservador, homófobo y antisemita de cuidado, y tuvo algunas salidas de tono muy gordas paralelas a una recaída en su alcoholismo, más una condena por conducir borracho (sin cárcel pero con libertad condicional muy vigilada), con lo que su carrera, muy pública y dependiente del apoyo del gremio, quedó truncada.

Tras aparecer como actor en algunos títulos menores y olvidados parece que consiguió la confianza suficiente para tener financiación y distribución de su próxima cinta como director. Y en este retorno ha tenido claro su objetivo: un título de los que gustan en Hollywood, que dé premios (tres nominaciones gordas a los Globos de Oro por lo pronto), y de paso que ensalce también su ideología, pues a pesar del desprestigio que le dio el berrinche también sabe que mucho de lo que defiende está en la onda del pensamiento general de Estados Unidos.

Así, Hasta el último hombre es el clásico relato del hombre contra el sistema, la fe que todo lo puede, y la loa patriótica, donde se habla de lo dura que es la guerra… pero para ensalzar al país como salvador del mundo, el único que tiene entereza moral y héroes dispuestos a sacrificarlo todo por los demás. Y como tal, es un filme de mirada estrecha y tendencia manipuladora, y por extensión no hay ni un solo momento en que no sea harto predecible. Cada personaje cumple un rol: el protagonista capaz e inquebrantable pero que es tomado por tonto por todos por ser diferente, la chica dócil y guapísima que acepta a ese hazmerreír, el sargento malvado y el matón que luego verán el valor del héroe, la pandilla definida con cuatro estereotipos… Tenemos la familia difícil, el romance fácil (en dos frases la conquista) tan pasteloso y forzado como el de Pearl Harbour, las escenas de rigor de rechazo en el ejército, la obvia lucha incansable que pone a prueba el sistema, el momento decisivo, y los perdones y adulaciones esperables.

Lo triste es que está basada en hechos reales, pero no hacen ni un amago de ofrecer un relato menos idealizado y maniqueo, un ensayo que abordara de forma más realista la situación de la época, la formación de personalidades según los entornos, el nacimiento de sentimientos religiosos y el fanatismo, las distintas posturas sobre la guerra, etc. Para la película las cosas son como son y punto, no hay un trasfondo complejo, y obviamente no hay análisis ni crítica.

Se hace una mitificación del héroe demasiado idílica. Incluso a pesar del tiempo que ocupa, el personaje carece de aristas, de evolución, de escenas que describan cómo llegó a ser quién es. La única visión a su pasado es para ensalzar sus virtudes: el padre era malo malísimo pero él supo sobreponerse. La chica y la boda no pintan nada en el relato, bastaba cumplir con algún flashback a modo de resumen si querían mencionar que estaba casado, porque al personaje y su historia no le aportan nada. Los incluye porque hay que cumplir con el estereotipo: el héroe patriota ha de ser completo, o sea, también padre de familia; por lo menos no cuelan niñitos monos. Es demasiado obvio el contraste entre la vida en el pueblo y la guerra: el ambiente en casa es agradable, luminoso, sacado directamente de un cuento (salvo por el padre borracho), la guerra es oscura, caótica, terrorífica, y con la muerte acechando en todo momento. Por supuesto, los japoneses son un ente indefinido, un mal a extirpar, mientras que el ejército yanqui está lleno de grandes líderes que ponen en forma a los jóvenes inmaduros pero prometedores, y una vez en guerra estos mueren como héroes o salen airosos por su superioridad ética y religiosa, en esa combinación ultraconservadora que casi parece decir “ganamos porque nuestro dios es el real”.

Y vamos a decirlo claramente: si hacemos caso a lo que nos han mostrado aquí, el protagonista era un fanático con un trastorno de la adolescencia (odia las armas por una pelea con su padre), y si acabó siendo un héroe fue por una conjunción de acontecimientos muy improbables. No quiero matar, pero me apunto a una guerra donde mis compañeros matan a decenas de personas y me voy a la batalla sin armas, poniendo en peligro a todo el pelotón al ser un lastre inútil. Si quería contribuir al país, pero no en el lado bélico, podía haber trabajado en fábricas que ayudaran en la crisis que dejó la guerra en casa: industria textil, alimenticia, automovilística… o, por hilar con la enfermería, el cuidado de los soldados que vuelven heridos. Ciertamente acaba metido a enfermero, pero ni siquiera nos muestran que estudie algo de enfermería en el entrenamiento. Es decir, con lo visto aquí me resulta un personaje tan irreal (sin profundidad ni motivaciones, casi una máquina) que no me lo creo. Hacía falta un relato más inteligente, profundo y sobre todo objetivo, es decir, con los pies en la tierra, para dar forma a una historia tan atípica e inesperada. Pero está claro que han cogido “el milagro” para vender ciertos ideales, y lo demás no importa.

La cinta se salva porque los autores ponen mucha pasión en lo que están contando y además Mel Gibson es un narrador de primer nivel y parece que su exilio no le ha afectado. El esfuerzo se agradece mucho en el mimo al detalle. Los diálogos son sorprendentemente ingeniosos para un guion tan superficial y previsible, y se nota mucho la mano de Gibson en la dirección de actores y el manejo de emociones a transmitir al público, con lo que logran dotar de algo de entidad a unos personajes en el fondo sin historia ni rumbo, o sea, puestos al servicio de la narración, y sacan algo de partido, aunque sea poco, hasta de las escenas más ñoñas. Así, la vida en el pueblo es demasiado de color de rosa, pero el protagonista cae bien sin muchos problemas y se sobrelleva mejor. El sargento está sacado con todo descaro de La chaqueta metálica, pero tiene pegada, y el pelotón está definido a base de clichés y anécdotas irrelevantes y superficiales, pero pasa el corte. En los actores destacan los excelentes papeles de Hugo Weaving (en un rol demasiado limitado consigue resultar verosímil) y Vince Vaughn (fantástico como el sargento cabrón), más el entusiasmo de Andrew Garfield, aunque anda todavía falto de experiencia y carisma.

Pero más que nada destaca la pericia del director con la acción, que se explaya a gusto cuando la guerra hace acto de presencia. Apoyado en unos efectos de sonido y un montaje extraordinarios Gibson hace gala de un dominio narrativo de quitarse el sombrero. La batalla es una auténtica pesadilla, te ves envuelto una carnicería que resulta un espectáculo muy gratificante para los amantes del género, pero también un drama capaz de ponerte los pelos de punta. Lo único malo del acabado es la banda sonora de Rupert Gregson-Williams, pues básicamente coge composiciones previas y las pega aquí y allá una y otra vez sin mucho tacto, con lo que no hay una buena simbiosis entre música e imágenes y termina siendo molesta.

En resumen, tengo sensaciones encontradas. Por un lado, es un entretenimiento simpático en su tramo inicial, y se torna impresionante y acongojante cuando se pone serio. Por el otro, le pesa demasiado la sensación de que están metiéndote a la fuerza un mensaje y unos sentimientos concretos. Esto último no parece pesar en las críticas y el público, todo sea dicho; no hay más que ver cómo muchos se han creído que es una obra sobre el pacifismo, cuando es precisamente lo contrario: qué grande es nuestro país que hasta un pacifista puede ser un héroe militar que ayuda a la cruzada para salvar el mundo e imponer nuestro fantástico modelo de vida. Mel Gibson la ha colado pero bien.

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Everest


Everest, 2015, EE.UU.
Género: Drama, aventuras.
Duración: 121 min.
Dirección: Baltasar Kormákur.
Guion: William Nicholson, Simon Beaufoy.
Actores: Jason Clarke, John Hawkes, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Thomas M. Wright, Martin Henderson, Ingvar Eggert Sigurðsson, Michael Kelly, Emily Watson, Keira Knightley, Sam Worthington, Robin Wright.
Música: Dario Marianelli.

Valoración:
Lo mejor: Los momentos cumbre agobian y causan desazón.
Lo peor: El ritmo es muy irregular, el dibujo de personajes superficial. No emociona e impacta como podría.

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El estreno llegó sin mucha expectación, pues no tiene nombres reconocibles ni una gran campaña publicitaria detrás. Pero las críticas y el boca a boca han sido bastante buenos, y si bien no se ha convertido en un taquillazo sin duda terminará siendo muy rentable. Yo fui por esa buena recepción, pero lo cierto es que la he visto excesiva. Es una película vistosa y entretenida, pero su potencial daba para muchísimo más. El drama no me removió por dentro lo más mínimo, el espectáculo va justito, los personajes secundarios son mejorables, el ritmo es muy irregular.

El principal problema es que al guion le falta inteligencia y determinación, y es la puesta en escena la que realza sus pocas virtudes. Termina pareciendo un telefilme de alto presupuesto: drama básico, desarrollo de personajes esquemático, desenlace sin garra, y sobre todo la impresión de que carece de trascendencia, y eso que se basa en una tragedia muy llamativa. Si termina resultando un título de acción dramática aceptable es por su tramo central, donde el desconocido director Baltasar Kormákur exprime el escenario y el sufrimiento de los protagonistas al máximo. El peligro de la tormenta, el cansancio de los escaladores, la tensión en el campamento… Consigue un puñado de largas secuencias donde hay bastante agobio e inquietud por el destino de los escaladores. Y por ello es una pena que se vea tan limitado por la escasa profundidad de los protagonistas, que se va diluyendo cuanto más secundarios son estos.

Los roles de Jason Clarke y John Hawkes son los únicos con una personalidad clara, los únicos que interesa seguir de principio a fin. En el siguiente rango ya estamos entre los clichés cargantes (Josh Brolin como el chulo tonto, Keira Knightley como la esposa sufridora) y los que te suenan pero no te queda claro quiénes son realmente: el sueco (¿o era ruso?) y algún otro los reconoces porque salen bastante, y el de Jake Gyllenhaal porque es el actor más conocido. Con estos el interés ya va justito. El siguiente nivel es de atractivo nulo, como la japonesa y otros que sólo hacen bulto, con lo que su sufrimiento apenas llega con intensidad, y en los casos en que alargan sus escenas innecesariamente empiezan a aburrir. Por ello me sorprende que algunos se hayan quejado de que han faltado escaladores, como una española que andaba por allí. Pues no, a la película le sobran personajes. O mejor, le falta un guion más hábil a la hora de presentarlos de forma cercera y darles una personalidad y posición claras. Aparte de todos estos tenemos el extraño caso del rol de Sam Worthington, que por alguna razón recibe mejor tratamiento que otros a pesar de ser completamente prescindible. Su gran aportación es hablar un par de veces por radio.

Everest tiene lo básico para cumplir como entretenimiento, pero el único recuerdo que deja es la sensación de haber desaprovechado una historia con más potencial.

Terminator Salvation


Terminator Salvation, 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: McG.
Guion: John D. Brancato, Michael Ferris.
Actores: Christian Bale, Sam Worthington, Anton Yelchin, Moon Bloodgood, Jadagrace, Bryce Dallas Howard, Common, Helena Bonham Carter, Michael Ironside, Ivan G’Vera.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Guion complejo y sólido: buena trama y excelentes personajes. Puesta en escena deslumbrante: ritmo magnífico, acción de gran nivel.
Lo peor: Lo difífil que es superar las espectativas con sagas tan queridas, y más si en algunos tramos no da todo lo que podría (el asalto a Skynet, el duelo con el T-800). Que el público no viera sus muchas buenas cualidades. Que la productora no siguiera la saga por esta línea y se inventaran un nada prometedor reinicio (Terminator Genisys).
Mejores momentos: Desde la gasolinera hasta el agua. Marcus descubriendo quién es. La fuga.

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Alerta de spoilers: Describo la trama a fondo.–

Pienso que a Terminator Salvation le ocurrió, aunque en menor medida, lo mismo que sufrió otro estreno cercano muy esperado, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: que sea como sea la película, el público, al tener idealizada la saga, fue con unas expectativas imposibles de alcanzar. No ocurrió igual con Star Trek 2009, pero la situación no es la misma, porque el público en general no era fan de Star Trek y no esperaba nada en especial más allá de un entretenimiento descerebrado y espectacular (aunque para mí ni eso último cumplió). Terminator es un icono mundial del cine, y como tal es prácticamente intocable. En su estreno me pareció un espectáculo muy completo y una secuela de buen nivel, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren. Pero además me ha ido ganando como fan y firme defensor con el paso del tiempo y los sucesivos visionados.

Cuando se dio a conocer que el director de esta nueva entrega sería McG muchos pusieron el grito en el cielo, pues su currículo contaba con los engendros de Los Ángeles de Charlie y su secuela. Sin embargo yo le otorgué el beneficio de la duda, primero, porque echando un vistazo a esas cintas se venía que sabía rodar escenas de acción, y segundo, porque es el guion lo más importante y lo que suele fallar. Y ahí tenía muchos miedos, pues el libreto ha corrido a cargo de John Brancato y Michael Ferris, quienes en su haber tienen “joyas” como Catwoman y Primeval, y quienes escribieron también Terminator 3, donde se aferraron demasiado a los clichés de la saga pero sin lograr el tono adecuado. En ambos campos estoy bastante sorprendido y satisfecho.

Su principal acierto es el cambio de escenario, evitar repetir la fórmula de las tres primeras entregas, en cuyo tercer capítulo mostraba un desgaste enorme. Los más puristas no recibieron bien que se alejara tanto del esquema tradicional, pero igualmente hubiera sido criticada por repetitiva si no lo hubiera hecho; como digo, es imposible contentar a todos. El argumento salta en parte a lo que muchos deseábamos ver desde las visiones del futuro de los primeros episodios: la guerra contra las máquinas. Alguno se vio defraudado porque pasamos directamente a la resistencia tras la guerra y no vemos el gran conflicto, pero eso debería olvidarse en cuanto se ve lo trabajada que está la trama, porque estamos ante el guion más complejo de la saga. Se amplía la premisa de huida y supervivencia con una historia mucho más completa y variada, y crece también el número de personajes.

La vida en la resistencia, con el carismático líder John Connor, se presenta muy atractiva desde el espectacular y memorable ataque a la base de los robots, que muestra el potencial visual y sienta las bases de la trama con contundencia. Esta se presenta sólida, atractiva y además se desarrolla muy bien: el conflicto con los comandantes de la resistencia (mítico Michael Ironside), el desarrollo del plan final y el día a día en ese mundo desolado ofrecen varios frentes que agobian a Connor mientras intenta dar sentido a los mensajes de su madre en relación con las intenciones de las máquinas. Quizá el rol de Bryce Dallas Howard (la novia) no es muy llamativo, y teniendo en cuenta que parece ser el mismo personaje de Terminator 3 (Kate Bosworth, interpretada allí por Claire Danes) quizá deberían haberle dado más protagonismo, pero vale para dar más vida al entorno, y a cambio la dura Blair es muy interesante y el soldado Barnes representa bien a los seguidores fieles que tiene Connor.

Mientras, tenemos la odisea de Marcus, que se inicia en ese sugerente prólogo en la cárcel y gana en interés al toparse con Kyle Reese, otro protagonista muy conseguido con el que se conecta rápidamente. La situación de desconcierto que enfrenta Marcus se traslada muy bien al espectador, en parte por el magnetismo de Sam Worthington, y el interés sigue ganando enteros con la excelente evolución de la amistad que va formando con Reese y la chiquilla. Los pasos que va dando hasta encontrarse con Connor ofrecen una estupenda aventura de supervivencia postapocalíptica que combina con gran equilibrio la intriga, los recesos para exponer personajes, la acción… ¡y qué acción! La larga secuencia que empieza en la gasolinera y acaba con Marcus en el agua quita la respiración, como se espera de una película de Terminator.

La llegada de Marcus a la resistencia cambia toda la situación y deja a Connor perplejo al romper todos sus esquemas sobre lo que sabía y esperaba de las máquinas, aumentando la intriga sobre lo que está ocurriendo y poniendo más oscuridad sobre el destino de Marcus. Otra gran secuencia de acción tiene lugar en este campamento, y sirve como lanzamiento del arco final. Pero aquí llega un punto de ruptura importante, porque la incursión en Skynet defraudó a muchos, pues ciertamente es bastante irregular. Todos esperábamos ver la base enemiga en todo su esplendor: llena de máquinas bestiales, infranqueable para el hombre, en plan el núcleo de Matrix Revolutions. Pero el asalto final parece quedarse en poca cosa, como si se hubiera acabado el presupuesto. Y es que los realizadores apuestan por una incursión sencilla donde priman los personajes y el homenaje a la saga, algo que no me parecería mal si no fuera porque arrastra una serie de fallos que impiden que se desvanezca la sensación de engaño.

Tenemos cosas bien pensadas y bien ejecutadas, como las revelaciones del plan de Skynet, la inquietud por el destino de los protagonistas, el encuentro entre Connor y Reese, algunos homenajes a la saga (el escenario y detalles varios -la voz imitada, etc.-)… Tenemos cosas bien pensadas pero mal ejecutadas, como la lucha de Marcus por superar su programación (qué cutre la forma de quitarse el chip de la nuca; las máquinas no son tan tontas, debería haberse mostrado de forma más creíble), o el no del todo efectivo intento de homenaje con la lucha contra el T-800, que peca de poco creíble a veces: ¿pero por qué los Terminator se empeñan en lanzar gente lejos en vez de agarrarlos y machacarlos al instante? Y tenemos cosas mal planteadas y mal ejecutadas, porque parece que los personajes se pasean por Skynet como estuvieran por su casa; es evidente que las máquinas deben dejarles entrar para cerrar la trampa, pero se debería haber hecho de forma más verosímil; y en cuanto a la resistencia no hay excusa que valga: aterrizan un helicóptero y los rescatan sin aparente esfuerzo.

Así pues, aunque entiendo las intenciones de acercarse al estilo de la saga y apostar por los personajes por encima de la acción sin más, el desenlace no funciona del todo. ¿Tanto hablar del asalto final de la resistencia, tanto mostrar a grupos de la misma por todo el mundo, y después sólo vemos un helicóptero, ningún combate con máquinas, ninguna dificultad real? Con un clímax más logrado la película no es que hubiera ganado enteros, es que entonces quizá podríamos estar hablando de una obra mítica como lo son las dos primeras partes.

Vuelvo a un detalle recién mencionado porque me parece el otro único fallo digno de mención de la película y también ayuda a que el desenlace desluzca un poco. Me mosquea la manía de acabar todas las peleas de las películas de acción a puñetazos y lanzando gente contra las paredes de forma nada creíble (nadie acaba con los huesos destrozados en este tipo de filmes), y aquí más que nunca carece de sentido: qué hace un Terminator alejando a su víctima dándole así más oportunidades de sobrevivir, que la enganche bien y le destroce los huesos. Tanta exageración hace que pierda la sensación de peligro constante y tangible que transmitían los dos primeros capítulos, donde tener cerca a un Terminator significaba probablemente morir. Aquí parece un juego de te lanzo y te pillo que denota falta de ideas a la hora de planificar el duelo final, que requería más intriga y tensión y menos hostias sensacionalistas.

Me extiendo también en otro aspecto, el de las referencias. Cantidad de homenajes a la saga pululan por la cinta (la cuerda en la escopeta, el primer plano de un pie pisando algo, una gasolinera, algunos diálogos y mil detalles más), dando al episodio la acertada sensación de pertenecer a una serie aunque tenga un estilo muy distinto, pero también hay que señalar que tropiezan con una dificultad importante: prácticamente se tomaron como una obligación meter al T-800 y a Arnold Schwarzenegger, y claro, no podían mostrarlo tan viejo (fuera o no gobernador todavía), y se montaron una aparición digital que no convence del todo. Podrían haber mostrado el proceso de ponerle la piel y la cara del actor en monitores de ordenadores en la factoría, por ejemplo, sin tener que sacarlo en acción. O directamente haber pasado de ello, qué manía con incluir a Schwarzenegger: en Terminator queda bien claro que usan distintos rostros para pasar desapercibidos, de hecho Reese lucha con uno distinto en una de las visiones del futuro.

Volviendo a las buenas cualidades de la cinta, destaca bien pronto que el director logra un ritmo ejemplar y muy coherente con la trama, algo que se ve muy poco en el cine del género de acción actualmente. Cito de nuevo Star Trek 2009 como ejemplo, pues en ella se intercalan escenas porque sí sólo para tratar de asombrar con el presupuesto, olvidando el guion y la narración en el proceso. McG sabe ir al grano sin florituras innecesarias: la película es corta pero aprovecha cada instante, las secuencias de acción sirven para desarrollar la trama, no sólo para impresionar, y además son nítidas (nada de agitar la cámara y emborronar todo con digitalizaciones) y los personajes están bien sumergidos en la situación en todo momento (genial cómo trabajan juntos Marcus y Reese). Mantiene el asombro constante desde el principio (al asalto a la base de las antenas, con algunos momentos alucinantes como el plano secuencia del helicóptero), hasta la fuga de Marcus del cuartel de Connor, porque como decía el acto final lo enfocan de forma que pierde algo de fuelle. Destaca especialmente la eficaz fotografía, que con esa excelente elección del colorido ocre y apagado le otorga al futuro un aspecto siniestro y derruido, y por supuesto los excelentes efectos especiales y los sobrecogedores efectos sonoros.

Otro elemento crucial que se salda con gran éxito es la buena labor del reparto. Sam Worthington demuestra un carisma nato esperable en un héroe de acción y una interpretación muy contenida que en el mismo campo sorprende. El Connor de Christian Bale queda un poco eclipsado porque Marcus tiene más protagonismo y un recorrido emocional más complejo, pero Bale está como de costumbre inmenso, mostrando tanto las dudas como la determinación con gran energía: qué miradas más potentes consigue. También aportan el toque justo de carisma los secundarios más importantes, Anton Yelchin como Kyle y Moon Bloodgood como Blair, que se hacen querer desde sus primeras apariciones (sí, el guion tiene mucho que ver, pero ellos lo realzan).

Apuntaba muy alto como capítulo inicial de una nueva etapa de la serie, y no por el forzado monólogo final, sino porque prometía entregas con tramas igual de trabajadas. Sin embargo no tuvo mucho éxito y en el caos de productores, derechos de autor y demás no llegó a continuarse por aquí… y se montaron un reinicio desde cero (Terminator Genisys, para verano de 2015). Y aquí no puedo echar solo la culpa a los productores, porque fue el público quien no supo admirar el valor de Terminator Salvation.

Sabotaje


Sabotage, 2014, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 109 min.
Dirección: David Ayer.
Guion: Skip Woods, David Ayer.
Actores: Arnold Schwarzenegger, Sam Worthington, Mireille Enos, Olivia Williams, Joe Manganiello, Josh Holloway, Harold Perrineau, Terrence Howard, Max Martini.
Música: David Sardy.

Valoración:
Lo mejor: Ritmo excelente, trama jugosa por original y tener buenos giros. Personajes muy carismáticos y diálogos geniales.
Lo peor: Me temo que su estilo parece no haber convencido a nadie.
El título: Ha llegado sin traducir. ¿Qué costaba hacerlo? ¡Sólo hay que cambiar la g por la j!
La frase: ¡Llegó la bailarina!

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Sabotage me ganó desde el fantástico prólogo, y no se desinfla en ningún momento. ¿Cómo ha podido causar tan pobre impresión esta película tan original, carismática y entretenida? La trama es atractiva desde las primeras impresiones y gana con su desarrollo. El fantástico grupo de protagonistas, la oscura y emocionante aventura donde se sumergen (compleja y con buenos giros), el excelente equilibrio entre acción, intriga y humor, el buen partido que le saca a todo la notable puesta en escena… Hasta tiene violencia en cantidad, algo que ya es casi imposible de ver.

El resultado es un título trepidante con dosis de inteligencia y buen hacer que se echan de menos en el cine de acción actual. ¿Cómo puede tener tantas críticas negativas? ¿Tanto se ha acostumbrado la gente a espectáculos vacíos que cuando aparece algo con personalidad no lo saben saborear? Hasta engendros infumables como El último desafío fueron mejor recibidos, algo que no me entra en la cabeza por más vueltas que le doy. Y también me resulta alucinante que otro título del mismo director, Sin tregua, una cinta del montón que tira del mil tópicos y es bastante manipuladora, reciba estupendas críticas mientras esta es vapuleada.

Lo mejor es su memorable repertorio de personajes, definidos muy bien a través de una serie de diálogos geniales: los chistes, puyas y bromas son el sustento de la mayor parte de las situaciones y definen a cada personaje y relación. En algunas escenas el nivel es impresionante: la detective confundida con la stripper, el aburrimiento antes de volver al juego (“¿Le estás tatuando una polla?”), toda y cada una aparición de la pareja de detectives…

En los actores tenemos algún rostro ya conocido (Sam Worthington, de Avatar y Terminator Salvation) pero sobre todo secundarios que cinéfilos y seriéfilos reconocerán rápido, todos con carisma y profesionalidad de sobra, aunque tengan papeles muy pequeños en algunos casos. Joe Manganiello (True Blood), Josh Holloway, Harold Perrineau (ambos de Perdidos) y otros forman este peculiar grupo, aunque las que mejor salen paradas, por tiempo e importancia, son las dos féminas. Olivia Williams (secundaria en numerosas series y películas) como la detective seria y competente que empieza a cabrearse por tanto secretismo e inmoralidad ofrece como siempre una interpretación muy llamativa, y como siempre diré que es una pena que no logre un papel que le dé la fama merecida. Y la que deslumbra a lo grande es Mireille Enos (The Killing, World War Z), otra gran actriz que aquí está inmensa como la loca drogadicta de la pandilla. Pero la estrella de cine y protagonista es Arnold Schwarzenegger… y a mí me ha resultado el menos llamativo de todos. Los años se le notan hasta el punto de que debería dejar de hacer acción (graciosísimo el plano en que salta desde la camioneta gracias a la magia del montaje), y si bien no hace un mal papel, el personaje es muy potente y hubiera ganado mucho con alguien con mayor rango interpretativo y menor edad.

David Ayer utiliza muy bien una narrativa desestructurada, con escenas que vemos paralelamente (la visita al amigo aislado, el muerto que acaba en la nevera), y aporta otros efectivos recursos, como el resumen de las repercusiones del robo inicial mostrado a través de extractos de los interrotagorios. La cámara en mano y el montaje usados con sabiduría captan muy bien el realismo buscado; no me sorprendería que hubiera habido bastante improvisación en los diálogos, porque las muestras de camadería entre los numerosos personajes resultan muy naturales. Quizá se ven algunos trompicones en el lanzamiento del acto final, que probablemente sean resultado de los diversos remontajes que sufrió la cinta, pero viéndola por segunda vez me pareció que incluso le vienen bien, porque se acelera el desenlace yendo al grano.

Pero debo terminar diciendo que nunca sabremos si es la película que realmente quería el realizador, porque, fuera por presión de los productores o decisión suya, se improvisaron varias lineas argumentales y finales distintos durante el rodaje. Viendo el material descartado en los extras del bluray se puede reconstruir la otra versión (no implica spoilers sobre la estrenada):

La detective está asqueada de las mentiras que ha soportado del grupo, y todo estalla cuando se descubre que el personaje de Schwarzenegger resulta ser el traidor y el que los está diezmando. Cuando su familia fue secuestrada, torturada y asesinada perdió la poca humanidad que le quedase y dedicó su existencia a vengarse, aunque por el camino arrasara con todo, incluido el grupo, que es su otra familia, con lo que la premisa no parece muy creíble. Al final acaban los dos hostiándose hasta morir uno de ellos, porque aquí también había dos opciones rodadas. La pelea es poco llamativa, una cutre lucha a tortas en la piscina de ella. Lo único interesante es tener a Arnold como el malo de la función. Quizá viéndola bien editada, esta trama alternativa resultara mejor de lo que parece, pero lo veo muy difícil. La versión elegida finalmente, con otro traidor y un final mucho más movidito, me parece bastante más coherente y atractiva.

Avatar


Avatar, 2009, EE.UU.
Género: Aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 162 min. (cines), 178 min. (extended cut).
Dirección: James Cameron.
Guion: James Cameron.
Actores: Sam Worthington, Zoe Saldana, Sigourney Weaver, Stephen Lang, Michelle Rodríguez, Giovanni Ribisi, Joel Moore, CCH Pounder, Wes Studi.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: La belleza de sus imágenes. Los efectos digitales, totalmente realistas. El 3D, que ofrece una nueva forma de ver el cine. La dirección de James Cameron, como siempre exquisita.
Lo peor: El guion, demasiado sencillo, típico y predecible, impide que sea una película sobresaliente. Y como siempre, el doblaje empobrece las interpretaciones.
Mejores momentos: El ataque contra el árbol, que aúna brutalidad, dolor, espectáculo y abrumadora belleza como nunca se ha visto. Las escenas en el bosque por la noche, hermosísimas.

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Avatar está diseñada para conmocionar, para epatar, para hipnotizar y dejar al público boquiabierto. No es solo el avance del 3D, que ayuda a sumergirse aún más en las imágenes, sino principalmente el nivel de los efectos especiales digitales, donde definitivamente se ha superado la barrera de la magia para pasar al realismo: ya no vemos criaturas más o menos bien hechas y las aceptamos porque es cine, porque es fantasía, sino que se ha alcanzado el realismo absoluto, la interacción total de lo digital con lo real. Sinceramente, pensaba que estábamos todavía como poco a un lustro de este paso, no esperaba que esta producción llegara a tanto. Sí, se han conseguido efectos digitales increíbles en el pasado, y no sólo en obras recientes: Gollum (El Señor de los Anillos, 2001) fue un gran aporte a la calidad de las texturas pero sobre todo a la interacción con el entorno real y más aún a la credibilidad de las expresiones (vamos, que fue un personaje totalmente creíble; y luego le siguió King Kong, también impresionante), pero aún así se notaba claramente que era un efecto visual, que su origen era el ordenador (de hecho en las versiones extendidas está mucho menos logrado que en las de cine, se ve que iban con prisas); pero bastante antes tuvimos Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993) y Dragonheart (Rob Cohen, 1996), que a pesar de su antigüedad ofrecieron efectos inmensamente superiores a muchísimas películas posteriores. Y con Avatar ocurrirá lo mismo que con esas obras que he citado, lo mismo que con las producciones más vistosas de James Cameron (Terminator 2 -1991-, Aliens -1986- y Titanic -1997-): pasarán muchos años hasta que alguien sea capaz de igualar esta hazaña, porque el esfuerzo monetario, personal y artístico que requiere pocos son capaces solamente de atreverse a igualar. En otras palabras, Cameron es un genio y Avatar es la hostia.

Volviendo a la película, decía que su aspecto visual está hecho para dejar al espectador completamente maravillado, para que se enamore de las imágenes. Y lo consigue con creces. La complejidad y calidad de los efectos digitales, las siempre sublimes labores Cameron en la dirección (es un brillante hacedor de espectáculos) y sobre todo el cuidadísimo diseño del mundo Pandora ofrecen unas imágenes de insólita y cautivadora belleza. Los bosques, sus criaturas, las hermosas plantas, las escenas nocturnas con la flora fluorescente, los grandes paisajes, el inmenso y sobrecogedor árbol (la escena del ataque al mismo… sin palabras)… Todo es precioso e impresionante hasta dejar al espectador sin aliento. Y aunque no lo parezca todo es digital, todo menos los actores humanos y unos pocos decorados de los interiores de la base. Sólo una queja menor se me ocurre, y es que me da la sensación de que los ojos de los Na’vi son demasiado grandes para sus cuencas oculares, y por lo tanto resulta un poco raro. Pero aún así son personajes visualmente perfectos: si no conociera su origen digital apostaría sin duda a que son actores bien maquillados.

Avatar es visualmente colosal, hermosa, cautivadora y todos los adjetivos que se te ocurran añadir, y sin embargo es un relato demasiado convencional, típico, predecible. Es la enésima versión de Pocahontas, otro Bailando con lobos (Kevin Costner, 1990), El último samurai (Edward Zwick, 2003) y La misión (Roland Joffé, 1986), un acercamiento muy simplón a la muy sobada historia de la destrucción de la naturaleza y las razas nativas por parte de los conquistadores y la industrialización. La narración se desarrolla por capítulos tan lógicos que resultan fríos, con personajes tan arquetipos que no llegan a calar completamente y que si se salvan es por la solvencia de sus actores. Pero también es cierto que momentos realmente negativos da muy pocos, prácticamente sólo la pelea final entre el héroe y el militar, donde la simpleza y previsibilidad sí alcanza cotas molestas y decepcionantes: la cinta se merecía un final de mayor empaque, no algo tan trillado. Por lo tanto, a pesar de su indescriptible poderío visual es una película que sabe a vista, en la que la épica y el amor no alcanzan niveles realmente impactantes. Además cabe citar que para una trama tan convencional no hacía falta tanto metraje: un visionado puede aguantarlo sin muchos problemas (aunque depende mucho del espectador), pero estoy seguro de que en posteriores se hará larga.

Un aspecto menor que he visto bastante comentado es que a mucha gente no le convence la conveniencia de que los Na’vi sean tan parecidos a los humanos en un planeta tan distinto (casi todas las criaturas son muy diferentes a las evolucionadas en nuestro mundo, de hecho muchas tienen seis miembros), pero me parece entendible y lógico, porque si fueran por ejemplo como los bichos de District 9 (Neill Blomkamp, 2009) no habría forma de creer que los protagonistas sintieran no sólo empatía hacia ellos, sino también amor, y el mensaje de respetar a las distintas razas inteligentes y sus culturas no se vería tan claro. Sin embargo, esto sí aumenta la sensación de que es un relato demasiado simple y facilón, de que no hacía falta montarse este complejo universo ficticio para este tipo de aventura y mensaje.

También quería citar algo que comentábamos en uno de los foros de cine en que participo: me parece acertada la comparación con Una nueva esperanza (George Lucas, 1977). En aquella se partía también de una premisa en principio bastante clásica (es una versión de la eterna lucha del Bien contra el Mal), pero el universo tenía vida propia, caracteres inolvidables, muchísimos buenos diálogos… En otras palabras, la capacidad de asombrar y maravillar no se limitaba solo a lo visual. Con Avatar no se alcanza ese equilibrio mágico, y por ello no llega a ser una película memorable.

En resumen, Avatar es una notable cinta de aventuras para toda la familia que gana muchísimos puntos por su fastuosa y bellísima puesta en escena. En cierta manera está al nivel de Titanic: sencilla y predecible, pero con un acabado insuperable y un espléndido sentido del espectáculo y del entretenimiento. Su argumento carece de la originalidad y calidad que tenían Aliens y las dos Terminator, del riesgo y del carácter innovador, y por ello solamente será recordada por sus avances tecnológicos y por ser un taquillazo comercial, no como un filme extraordinario.

Como anexo final indicar que por supuesto entiendo (y comparto) la pena que tienen muchos espectadores porque Cameron se arriesgara tan poco con el guion, porque con los medios que tenía a su disposición podría haber narrado cualquier cosa imaginable por la mente humana, porque podía habernos dejado boquiabiertos con alguna historia tan intensa, original y memorable como Abyss (1989), Terminator (la segunda, sobre todo) o Aliens, pero como indiqué en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Steven Spielberg, 2008), no hagamos caso a los fanáticos exaltados que la odian y atacan por no ser la obra maestra definitiva que esperaban. Los extremismos no son buenos, Avatar se debe disfrutar por lo que es, no por lo que se deseaba que hubiera sido.