El Criticón

Opinión de cine y música

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El marciano


The Martian, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 144 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Drew Goddard, Andy Weir (novela).
Actores: Matt Damon, Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig, Jeff Daniels, Michael Peña, Sean Bean, Kate Mara, Sebastian Stan, Aksel Hennie, Benedict Wong, Mackenzie Davis, Donald Glover.
Música: Harry Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Buena descripción de personajes. Aventura espacial bastante entretenida. Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Le falta garra en todos sus elementos: drama, comedia, aventura de supervivencia. Apenas deja huella. El mediocre doblaje.
El título: De Marte: Operación rescate, a Marte (The Martian). Porque sí, traducirlo como El marciano era realmente complicado. ¿Cómo empleados tan ineptos toman decisiones tan relevantes? Pues obviamente te paseas por internet y todo el mundo la conoce con su título real.
La sorpresa: ¡Sean Bean no muere!
El dato: Drew Goddard iba a dirigir, pero prefirió decantarse por una obra que le atraía más, Los seis siniestros, un grupo de villanos Marvel (aunque al final se quedó en el limbo). Y Ridley Scott se entusiasmó por el proyecto, retrasando Prometheus 2 (cuyo nombre cambia cada pocos meses).
El libro: Andy Weir publicó la novela en su blog, pero viendo su calidad la gente le decía que la publicara en Amazon. Y el éxito fue enorme.

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El libro en que se basa (Andy Weir, 2011) no es revolucionario, pero como entretenimiento tiene bastante pegada. La odisea de Mark Watney por sobrevivir en solitario en Marte enlaza un sinfín de escenarios catastróficos que va sorteando con una personalidad arrolladora. Los saltos a la Hermes (la nave de los compañeros que lo dejaron atrás en la evacuación, dándolo por muerto) y a la Tierra enriquecen el relato con algo más de drama y realzando el alcance de la situación, porque los líos en la NASA son épicos también. Como atractivo extra, la afición a la ciencia-ficción suele ir de la mano con la pasión por la ciencia (ficción científica de hecho es una traducción más fiel de science fiction), y el libro es una gozada en ambos sentidos, porque desarrolla una aventura espacial de gran realismo y con planteamientos científicos muy cuidados. Para rematar, su narrativa es muy pero que muy cinematográfica, con lo que el anuncio de la adaptación generó muchas expectativas entre los lectores y los amantes del género.

Sin embargo, aunque su traslación a la gran pantalla ofrece un entretenimiento bastante decente con algunos puntos fuertes llamativos, también acusa una falta de intensidad importante, dejando la sensación de que hay mucho potencial sin aprovechar. Al público no parece importante tanto, pues la crítica es buena y la taquilla va bastante bien, pero a mí me ha dejado un regusto amargo. Para una vez que podemos tener una del género de gran presupuesto y con talento detrás (empezando por el director, pero también pasando por el notable reparto y cómo no el equipo técnico), resulta que se quedan bastante cortos. Sinceramente, hasta Prometheus (2012) me emocionó más, a pesar de tener un guion que se cae a pedazos, porque su aspecto visual es embriagador y la trama y el escenario ofrecen situaciones más variadas y vibrantes. El marciano tiene mejores personajes (más verosímiles y atractivos) y más consistencia en la trama, pero resulta bastante fría y arrítmica.

La proyección no empieza nada mal. Como el libro, nos lanza directamente a la tormenta y a la evacuación que da inicio al periplo del protagonista. Sus primeros pasos en la soledad marciana, tratando de encontrar una forma de extender su esperanza de vida hasta la posible y lejana misión de rescate, parecen llevarnos por al mismo viaje trepidante de la obra de Andy Weir. Pero pronto empieza a perder fuelle, los retos se diluyen en anécdotas poco interesantes y que no presentan peligros ni proezas que causen algún impacto. Llegamos a un punto en que Marte termina resultando una historia secundaria… y eso precisamente salva a la película, porque nos vamos a un teatro más atractivo y variado: la Tierra. La presentación de los personajes de la NASA y el JPL, que son un puñado largo, es bastante correcta. Nos ponemos a trabajar codo con codo con ellos y vamos conociendo sus posiciones (enseguida sabes a qué se dedica cada uno aunque no recuerdes su nombre), sus puntos fuertes y débiles, sus aspiraciones y las luchas y roces con los demás. Con este panorama, incluso te lamentas de que los tripulantes de la Hermes no tengan tanto tiempo en pantalla como ellos, porque también eran prometedores.

Y con estas, Marte casi desaparece. Llega un momento en que da la sensación de que faltan escenas, que Ridley Scott se volvió a pasar de duración y ha tenido que recortar parte del tramo final de la odisea de Watney, saltando directamente al intento de rescate. Por ejemplo, no se explica por qué hace un agujero en el techo del rover y pone un plástico haciendo una burbuja, como si faltara el momento en que le da utilidad a lo que sea eso. Tampoco creo que el viaje de tres mil kilómetros lo hiciera sin que le pase nada (en el original, de todo), porque queda un vacío ahí que resulta un salto narrativo algo torpe.

Así pues, el ritmo peca de irregular y de falto de vigor en varios segmentos, algunos bastante largos. La novela no resulta un drama de altos vuelos ni tiene especial trascendencia, pero sí mantiene una sensación de lucha y peligro constante, de que cada día en Marte es enfrentarse cara a cara contra la muerte. Lo mejor captado por Drew Goddard (el guionista) y Ridley Scott es el sentido del humor del protagonista (y no siempre funciona), que trata de poner buena cara en todo momento, y el caos que se forma en la NASA. Pero la aventura de supervivencia resulta demasiado ligera, sin transmitir el peligro y la tragedia con la fuerza necesaria para dejar huella. La comandante sufre muy poco por el abandono de un miembro de la tripulación. Watney sólo se curra el huerto y la idea para intentar comunicarse, el resto del tiempo no se enfrenta a nada llamativo, y al final en la NASA también parece que falta algo de intensidad.

Estas limitaciones surgen del guion principalmente, pero el trabajo audiovisual tampoco es del todo eficaz. La dirección de Scott es más conservadora de lo habitual en un realizador dado a la magnificencia visual, con lo que contribuye a la falta de garra. Sí, hay belleza en los planos de Marte, y el decorado de la nave se aprovecha bien, pero por lo demás la puesta en escena no ofrece épica alguna, va como desganada. Y como extensión, tampoco luce como superproducción de más de cien millones. Es que me atrevo a compararla con la tontorrona serie b Los últimos días en Marte (Ruairi Robinson, 2013), que con unos ridículos diez millones lucía a un nivel bastante cercano (aquí el tráiler -que para variar te cuenta casi todo-). La banda sonora empobrece todavía más el acabado, porque donde se espera que la música realce la tragedia, matice la intriga o explote la acción, la floja partitura de Harry Gregson-Williams pasa sin causar la más mínima turbulencia en las emociones que debería transmitir la escena.

Así pues, El marciano es una película bastante entretenida que merece la pena ver en el cine, pero también resulta incapaz de emocionar y mucho menos de dejar un grato recuerdo. Quizá incluso por su ritmo moroso no aguante bien sucesivos visionados, algo que hasta la fallida Prometheus permite por su narrativa veloz y enérgica. Las otras incursiones recientes en Marte tampoco terminaron de convencer. La citada Los últimos días en Marte solo se la recomiendo a aficionados a la ciencia-ficción de terror básico (la típica de ir muriendo en fila), Misión a Marte (Brian De Palma, 2000) iba de pretenciosa pero era muy simplona, y Planeta rojo (Antony Hoffman, 2000) a pesar de su presupuesto era una serie b también muy justita.

Aparte tengo que mencionar que la calidad de los doblajes sigue bajando. En esta película mitad de los actores no parecen ponerle ganas, de hecho en alguna escena parece un doblaje amateur, con personajes que hablan sin matiz alguno en la voz cuando por la escena parece indicarse que están en tensión. Con el jugoso reparto que ha reunido Scott, el destroce es lamentable. El peor es el caso de Kate Mara, a quien le han encasquetado una voz muy reconocible y demasiado omnipresente: la de Natalie Portman, Keira Knightley, Scartlett Johansson, Anne Hatthawy y cualquier actriz joven que haya. Por el amor de dios, ¿es que no hay más dobladoras en el gremio? Me saca completamente del personaje e incluso de la película, pues me resulta falso e incluso desagradable, por ser una voz muy aguda que no le pega nada y que se escucha en demasiadas películas. Y por supuesto, donde hay doblaje hay traducción: vaya plaga de leísmo que asola el cine reciente. Hasta el poster comete faltas flagrantes: Traedle a casa. ¿Traedle qué, una pizza?

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El destino de Júpiter


Jupiter Ascending, 2015, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, space opera.
Duración: 127 min.
Dirección: Las Wachowski.
Guion: Las Wachowski.
Actores: Channing Tatum, Mila Kunis, Eddie Redmayne, Sean Bean, Tuppence Middleton, Douglas Booth, Maria Doyle Kennedy.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena deslumbrante, en especial gracias a la dirección artística y los efectos especiales. Banda sonora monumental.
Lo peor: El guion oscila entre lo sonrojante y lo lamentable.

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Los Wachowski se han marcado una La amenaza fantasma. Como tal, es un espectáculo audiovisual donde el dinero y la admirable labor de los artistas contratados lucen a lo grande. Los diseños de las naves (por fuera y dentro) y el vestuario son fantásticos, y los directores los aprovechan bastante bien con una puesta en escena enérgica. Hay planos que resultan fascinantes, en especial en la batalla final, con la base medio derruida. Y la puntilla la pone la vibrante y épica banda sonora de Michael Giacchino, en su mejor trabajo para el cine junto a John Carter. Esa película también es comparable a esta: mucho dinero consigue un lujoso apartado visual… pero de nada sirve si el guion es lastimero cuando no vergonzoso.

El cargante prólogo ya te predispone. Una historia tan ambiciosa no puede empezar con tal simpleza, con tanto tópico y personaje secundario estúpido. Y no se arregla cuando presentan a la protagonista, Jupiter Jones (Mila Kunis), ni con la forma de meterla en la aventura. Estamos ante una cenicienta imposible: guapísima y perfectamente maquillada tras todo un día limpiando inodoros. Además la ponen de tontita, y no parece que con ello busquen un chiste: la moza se topa con unos alienígenas y lo que le preocupa es su vestido. Tampoco da la impresión de que quieran exponer alguna maduración o lanzar algún mensaje con ella, porque acaba más o menos como empezó. Ha vivido aventuras sin igual por el espacio y vuelve a la Tierra a seguir limpiando mierda, pero ahora feliz. Le han venido bien las vacaciones, pero no para pensar en que hay mundo por ver, ni para aspirar o luchar por algo mejor. Sigue tan idiota como empezó. Y la familia… que me expliquen qué cambio ha sufrido (porque no recuerdan nada) como para ahora tratarla mejor y colmarla de regalos. Vamos, un final feliz de cuento conservador: sale de la nada y no se plantea ningún cambio real en el estatus social y personal de los protagonistas.

El resto de personajes no mejoran el panorama. El héroe caído que la rescata, Caine Wise (Channing Tatum), es un cero en carisma, y su trayectoria tampoco ofrece nada llamativo. Busca la redención, recuperar su posición, pero es que te da igual lo que le pase. Su colega Stinger (Sean Bean) no se sabe ni qué pinta aquí. Y ambos tienen una presentación también muy floja. El primero aparece en la larga pelea inicial de navecitas entre rascacielos, donde el ruido acaba saturando porque no se sabe qué nos quieren contar y no hay conexión alguna con los personajes. El segundo llega justo después en un capítulo de transición necesario pero sin garra. Y eso de que las abejas “reconozcan la realeza” de la protagonista es otro momento en que no se sabe si buscaban un chiste.

Por fin salimos al espacio, donde parece que vamos a sumergirnos en una épica al estilo La guerra de las galaxias con la complejidad de Dune. Pero lo que tenemos es un anodino y sempiterno cuento de príncipes tiranos intrigando por conseguir el trono. Hay varios personajes cada cual más estrafalario que persiguen lo mismo, la vida eterna a base del mejunje hecho matando a millones de personas. Cada uno tiene un plan distinto y el choque está garantizado: se rifan a la protagonista, que por arte de magia es heredera de todo el tinglado. Pero lo de rifar es literal. Salta de un lado a otro sin quedar claro cómo llega ahí ni que planea este nuevo loco ambicioso. Los dos héroes masculinos la siguen por toda la galaxia también saltando entre lugares y giros que no tienen un sentido claro.

Me da la sensación de que meten escenas de acción cada rato para intentar agilizar una trama que pensaban que era muy densa, pero el problema es que no lo es, y esa velocidad forzada que le imprimen no ayuda, porque realza el tono superficial cuando lo que se necesitaba era trabajar mejor los personajes y la evolución de la intriga palaciega. Así, hay mucho jaleo pero poco contenido real. Y se empeora porque no consiguen decidirse por el tono y alcance. Unas veces aparenta ser animación para niños, con dinosaurios parlantes y otras criaturas absurdas (atención al piloto elefante) y una trama de cuento simplón, otras quiere ser más adulta, con un villano genocida y una historia supuestamente compleja.

En el sentido del espectáculo andan igual de escasos en cuanto a madurez e impacto emocional. Las peleas son excesivas pero aburridas, porque todo son disparos pero no tenemos nada de argumento ni tampoco esfuerzo y sufrimiento por parte de los personajes. Hay espectaculares naves y escenarios que prometen gran épica… pero todo tira por los topicazos del cine moderno: estilo de videojuego, tonterías imposibles, olvidarse de la conexión del espectador con los protagonistas y poner el foco únicamente en los efectos especiales. La batalla final tiene planos que en lo visual quitan la respiración, pero que en lo argumental inducen a la carcajada. Es como El Hobbit y la segunda trilogía de La guerra de las galaxias en sus peores momentos: escenas sacadas de cualquier videojuego de plataformas. La chica saltando entre andamios, el héroe volando esquivando obstáculos, el malo siendo malote porque sí…

No puedo evitar pensar que Los Wachowski no tenían claro qué estaban rodando. Hay muchas cosas que apuntan a ello: el guion es un quiero y no puedo en trama y tono, el retraso de casi un año del estreno decían que era para terminar los efectos especiales, pero bien podría haber sido para intentar arreglar la cinta en la sala de montaje, y la nefasta dirección de actores genera la impresión de que no sabían qué querían de los personajes. Esto último es el remate de este esperpento: los realizadores no consiguen sacar absolutamente nada de unos intérpretes bastante carismáticos y competentes: Mila Kunis y Channing Tatum están horrendos, y Eddie Redmayne hace lo que puede con un villano tan básico.

Y no sé dónde meter ni cómo catalogar el largo capítulo de tramitación de los papeles para ser heredera, que resulta un receso extrañísimo y completamente fallido. Parece un cortometraje colado en medio, en plan homenaje y parodia de las distopías que tratan el gigantismo estatal, como Brazil… de la que, de hecho, su director Terry Gilliam hace un cameo como el estrafalario administrador.

Qué lástima de derroche de dinero y del talento del equipo artístico.

Juego de patriotas


Patriot Games, 1992, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 117 min.
Dirección: Phillip Noyce.
Guion: W. Peter Iliff, Donald Stewart, Tom Clancy (novela).
Actores: Harrison Ford, Sean Bean, Anne Archer, James Earl Jones, Thora Birch, Samuel L. Jackson, Polly Walker, James Fox, Richard Harris.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Eficaz puesta en escena que enfatiza muy bien los momentos de intriga y tensión.
Lo peor: Un argumento muy básico y alargado más de la cuenta; el tramo final es aún más predecible. Pero lo peor es la banda sonora de James Horner.

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La segunda película basada en el agente Jack Ryan creado por Tom Clancy no tardó mucho en llegar tras el éxito de La caza del Octure Rojo. Juego de patriotas apunta hacia otro thriller con más intriga que acción, pero termina absorbido por esta, y pretende también resultar un relato complejo, pero se queda en la superficie. La mezcla de terroristas, la célula independizada, el conflicto entre países, la investigación de despachos y la acción directa apunta maneras pero está sustentada sobre pilares bastante endebles.

El guion controla las pocas bazas que tiene bastante bien: el ritmo no es malo, separa las distintas etapas sin que se noten baches y posiciona a los personajes con cuidado (siempre sabemos dónde están, qué hacen y por qué, qué piensan…). Pero no es sustancioso ni original, sus pretensiones se desinflan rápido en un conflicto de buenos contra malos que aunque lo intenta no logra disimular sus carencias, y el equilibrio entre intriga y acción no se consigue correctamente. La aventura empieza bien, algo dispersa pero encaminada hacia un llamativo thriller de terrorismo e investigación, pero no termina de tomar forma a pesar de algunos instantes eficaces (la misteriosa pelirroja, el asalto al campamento visto desde las pantallas), y conforme avanza y se decanta por la acción rutinaria pierde fuelle, hasta que llegamos a un tedioso final en la casa del protagonista, donde los clichés del género y la falta de trama, emoción e intriga deshacen las buenas maneras iniciales.

No cae en estupideces ni simplezas exasperantes (habituales en el género hoy en día), pero sí tiene algunos agujeros y cosas bastante inverosímiles: Ryan yendo a toda prisa a buscar a su esposa en peligro dejando atrás a un puñado de guardias armados (ni de coña es tan tonto, simplemente el guion quería mostrar únicamente el drama de él en solitario); la célula terrorista independiente con más recursos que muchos ejércitos (campamentos en África, movilidad por todo el globo, armamento y equipo de primera…); la cutre seguridad del Primer Ministro que desmantelan tres terroristas locos; que los compañeros del personaje de Sean Bean no vean lo evidente que resulta que no es apto para esa misión; etc.

La buena puesta en escena de Phillip Noyce funciona como armazón impidiendo que tanto desequilibrio hunda la cinta. No llega a ser una de acción de las de recordar, pero el buen manejo de los clímax, el control exhaustivo del tempo narrativo en busca de tensión e intriga y la estupenda fotografía dan una propuesta más que aceptable para pasar el rato. Lo que falla es la música, pues pillaron a un James Horner de bajón que da uno de sus peores trabajos. Otro pequeño sello de calidad lo pone un reparto bien ajustado: el carisma de Harrison Ford, la simpatía de Anne Archer (no relegada a florero), la sorprendente Thora Birch (con poquísimos años se marca una papel excelente) y una serie de secundarios míticos, como el ya por entonces veterano James Earl Jones y un Sean Bean empezando a destacar como villano, pues a pesar de lo pobre que es su personaje transmite rabia y miradas inquietantes muy bien.

Se mantiene sin envejecer para mal por las buenas maneras del género en la época (esfuerzo por trabajar la escena, no buscar el espectáculo a base de fuegos artificiales), pero realmente no resulta nada destacable. Si se recuerda más que otros títulos es quizá por la combinación de renombre (Ford+Ryan+Clancy) y por su ambiciosa y magnífica secuela, Peligro inminente (1994).

El Señor de los Anillos: Las dos torres


The Two Towers, 2002, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 223 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario, música, reparto.
Lo peor: Guion disperso, alargado, torpe, con personajes mal desarrollados y de nula fidelidad a la novela.
Mejores momentos: El tramo inicial (hasta que aparece Bárbol y Aragorn se cae por el barranco), algunas escenas de la batalla de Helm.
Peores momentos: Todo lo que rodea a Faramir, Aragorn y Arwen. Las paridas de Legolas y Gimli en Helm. La capa de Frodo que se convierte en roca en la Puerta Negra.
El plano: Frodo y Sam observando la Puerta Negra.
La frase a destacar: Si esto es nuestro final, haré que rubriquen uno que permanezca en la memoria -Theoden.
La frase a repudiar: El Anillo de poder al alcance de mi mano. Una oportunidad para Faramir, capitán de Gondor, de mostrar su nobleza –Faramir.

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Su tramo inicial es francamente bueno, manteniendo las virtudes de La Comunidad del Anillo, es decir, buen ritmo y fidelidad a la novela. Pero conforme se introduce en la trama de Rohan, Peter Jackson y sus colaboradoras se pierden cada vez más, y llega un momento (con el absurdo periplo de Aragorn) donde dejan de lado la obra escrita para a partir de ahí sólo seguir los lugares que en ella se mencionan con personajes totalmente irreconocibles hablando de adaptación y de poca consistencia y credibilidad hablando de la propia película, y todo ello a través de escenas sin apenas coherencia y con un ritmo renqueante. Cuanto más avanza el metraje más se ve que el libreto lo escribían sobre la marcha, que rodaban mogollón de escenas y dejaban casi todo el trabajo para la sala de montaje. Y el resultado deja mucho que desear, tanto en el narrativo en conjunto como en escenas sueltas, pues aparte de que el montaje es pobretón se observan muchas secuencias apañadas con recursos lastimeros, como las numerosas imágenes espejadas (cuántos personajes se vuelven zurdos de repente) con las que se intentan empalmar planos rodados sin la planificación adecuada; también hay un gran número de gazapos: alucinante cuando Eomer monta su caballo, se le cae la espada, y sigue hablando como si nada (algo que todos los presentes debieron notar por narices, pero por razones que se me escapan no se rodó un mísero plano de nuevo). Para aclarar la caótica narración metieron algunos parches, como una repentina voz en off de Saruman exponiendo sus planes o malogradas escenas con un mapa delante.

La mejor prueba de que todo se construía y rehacía sobre la marcha fue la elección de eliminar a la Arwen guerrera que habían ideado en principio, porque la presión del público, que reaccionó fatal a las filtraciones, al parecer fue más importante que la consistencia del guion (la fidelidad estaba claro que no les importaba mucho). Trataron de improvisar una historia donde fuera más princesita de cuento, confeccionando una subtrama mal hilvanada y metida con calzador de forma tan precipitada que aparte de resultar una historia muy pobre deja fallos impresionantes. Son notables las huellas de su presencia en Helm, donde tratar de borrarla dejaron un rastro bastante claro para quien haya visto la película unas cuantas veces: hay un fugaz plano con Legolas duplicado (cuando cargan por la rampa), es decir, con Legolas y una Arwen mal tapada con efectos en post-producción, y si afinamos la vista se la ve incluso en plena batalla soltando mandobles.

Volviendo al análisis escena a escena, decía que el inicio funciona bastante bien. La persecución de Aragorn para rescatar a los hobbits mantiene el interés, tanto como el encuentro de Frodo con Gollum. La presentación de los personajes de Rohan es en principio encomiable (Eowyn es calcada a la novela, Eomer tiene carisma), pero conforme avanza se ve que han convertido al rey Theoden en un paria, seguramente por el patético pensamiento que reflejan los guionistas en los extras del dvd sobre por qué cambiaron la personalidad de Faramir. Qué triste es ver como afirman tan a las claras que no han entendido la novela ni tienen claro qué es lo que quieren o necesitan en la película. Parece ser que no puede haber héroes de mayor entereza, inteligencia y fuerza que Aragorn, el protagonista, y claro, como es un lelo, pues a los demás hay que ponerlos por debajo de él. Así pues, a lo largo de este y el siguiente episodio Theoden no es un rey, es un pobre atontado con trono que ha de ser dirigido por otros. A pesar de la soberbia interpretación de Bernard Hill el personaje carece de credibilidad y fuerza y resulta otro ente medio vacío que se mueve por el metraje sin saberse muy bien qué pinta ahí o hacia dónde va. Y da la sensación de que con Bárbol hacen lo mismo: lo convierten en un pringado que no se entera de nada, pues su bosque está siendo destruido, sus parientes muriendo ante sus narices, y no se entera, tienen que ser los hobbits quienes se lo digan, metiendo bastante metraje innecesario en una parte que termina siendo larga, simple y por extensión aburrida.

Merece una mención especial el exorcismo a Theoden. Por lo visto, Lengua de Serpiente no sólo lo tenía engañado, sino que Saruman estaba como dentro de él, y Gandalf lo espanta cual exorcista de una de terror de serie b. Pero ya que estaba también le aplica un hechizo de rejuvenecimiento. La escena al completo es de risa. ¿Por qué de paso no lo convierte en un rey de verdad con un conjuro de +4 en carisma?

Ante el acoso de Saruman hay que ir a Helm a esconderse y luchar. Por alguna razón, Jackson decide que aunque haya material de sobra para contar es buena idea añadir largas subtramas inventadas. Lanza a Aragorn en un viaje incomprensible y falto de interés que además se inicia con otra falsa muerte de esas que tanto abundan en la trilogía, pues parece que es la única forma que conoce para crear drama. ¿Por qué? ¿Qué aporta que Aragorn se pierda un rato? No aclara tramas, no desarrolla personajes…. Cabe pensar que es un receso forzador para tratar de desarrollar a Arwen, pero es absurdo: ¿todo esto para que Aragorn tenga un sueñecito con su amada? Para colmo la presencia, de la elfa, aparte de verse demasiado apañada sobre la marcha (tanto que ella cambia de vestido de un plano a otro, no sé si aquí o en la siguiente entrega), resulta cursi y con diálogos tan primarios que se hace insoportable, por pesada, lenta y poco emotiva.

Pero los añadidos no se limitan a este desatino sobre Aragorn y Arwen. La presencia de Faramir es ampliada también sin razón, generando una enorme cantidad de minutos que no llevan a ninguna parte y ralentizando el ritmo de la cinta de forma catastrófica en su tramo final. ¿Qué sentido tiene pasear a Frodo por media Gondor si no se va a narrar nada tangible, si sólo se está postergando la decisión de hacerlo avanzar en la aventura? Resulta redundante para presentar dicho país y a Faramir y sobre todo se cisca de una manera alarmante en este personaje, destruyéndolo completamente. Como señalaba, lo justificaron en los extras diciendo cosas del estilo de que si Aragorn no se deja influenciar por el Anillo y es el rey (¡pero si no quiere serlo!), el héroe, los demás personajes no pueden ser mejor que él (curiosamente, esta norma de no resistir al Anillo se aplica sólo a los hombres). A tomar por culo los ideales presentes en la novela de que hay hombres fuertes que luchan sin ceder al caos y al terror y que son los que permiten que la Tierra Media resista el avance de Sauron. En la película todo el mundo es gilipollas y no sabe lo que quiere, pero aun así lucha… Es algo que carece de sentido, de credibilidad y obviamente de grandeza y de épica.

Y por si fuera poco, con tanto añadido se quedan sin tiempo y deben eliminar el espectacular episodio de Ella-Laraña para compensar, incrementando el desastre hasta perjudicar también a El retorno del rey, pues para mover dicha escena tuvieron que recortar un montón de metraje de Frodo en la parte más fascinante y subyugante de la novela: Mordor.

No me olvido de hablar de otros personajes principales, Frodo, Sam y Gollum. Frodo sigue siendo un pupas sin carisma e interpretado con desgana por Elijah Wood, pero no se puede decir que sea un caso grave, sobre todo si lo comparamos con el resto (aunque sus muecas de sufrimiento son horribles). Sam sale mejor parado, y el actor Sean Astin lo borda (salvo en el doblaje al castellano, donde parece literalmente un retrasado mental). Pero Gollum es otro cantar. La creación digital es impresionante, un logro enorme para la época. El realismo es casi total, la integración e interacción con el entorno fantástica; sólo en algunos planos se nota su origen digital (en la extendida sobre todo, donde parece acabado con prisas). Sin embargo, el personaje es cargante de narices, una caricaturización excesiva, cosa que se agrava en El retorno del rey. Le ponen demasiadas escenas cómicas, estúpidas o donde se explayan cambiando de forma patética entre sus personalidades, notándose muy claramente la escasa habilidad de los guionistas para ahondar en la psique de los personajes, pues se lían y lían con escenas que no dicen nada y están llenas de diálogos y situaciones tan tontorronas que parecen escritas por un niño.

La batalla de Helm podría haber sido una parte increíble, pero se queda en unos pocos escasos momentos que recordar (la lluvia golpeando las armaduras, los orcos alzando las escaleras…) entre un galimatías de secuencias mal encajadas y una nula capacidad para sacar tensión de la situación y convertir un largo tramo de la cinta en algo que te deje estampado en el asiento de la impresión (potencial para ello tenía, desde luego). Jackson lo que hace es desbarrar con gilipolleces cómicas infantiles y amontonar recursos burdos para intentar sacar drama de un material ya destrozado. Insufribles Gimli y Legolas (el escudo usado como tabla de surf, ¿en qué cabeza cabe?), horrorosa la escena de Aragorn y el enano en la puerta los dos solos contra mil enemigos, vergonzosos (por sensibleros y manipuladores) los infinitos planos de niños y más niños (incluido sus puñeteros hijos, que los saca en las tres películas y se nota un huevo)… Además, la resolución del conflicto es torpe, precipitada y poco creíble, con esa llegada de Eomer en plan sorpresa barata y su descenso imposible por la ladera. Como ocurre en toda la trilogía, Helm resulta algo espectacular (unos pocos planos desde luego son impecables) por la conjunción de elementos artísticos tales como decorados, vestuario, música, efectos especiales y sonoros y en momentos puntuales gracias a los actores, porque da la sensación de que el señor guionista y director se empeña en destrozar un material con infinitas posibilidades.

Hay que comentar aparte el hecho de que de repente aparece una tropa de elfos en Helm. Para luchar con los hombres como antaño, dicen, pero aun así surgen preguntas. ¿Por qué los envían ahora y no antes? ¿Por qué una tropa y no un ejército? Si suponemos que en la película las fronteras de los elfos no están siendo atacadas por Sauron, que parece indicarse eso, ¿por qué sólo envían unos cuantos?, ¿para cumplir y quedar bien? Vaya con los elfos. Y todos mueren, pues es evidente que es una subtrama molesta que hay que dejar de lado. Pero por supuesto fallecen todos menos Legolas, que tiene superpoderes. ¿Dónde deja la coherencia de la trama, señor Jackson, por qué añade cosas que luego no es capaz de controlar y que claramente sobran, por qué en vez de trabajar mejor aspectos importantes (los personajes, la llegada de Gandalf y Eomer) pierde el tiempo añadiendo metraje inútil?

Paralelamente, Merry, Pippin y Bárbol, después de mucho marear la perdiz y aportar más humor cutre, por fin atacan Isengard. La escena no está mal, sobre todo por la siempre fantástica banda sonora, pero como no hay personajes con los que conectar la pelea no tiene emoción alguna. Y lo cierto es que de tanto abusar de los efectos especiales estos terminan notándose bastante; hay escenas que no han envejecido nada bien: en Isengard no se integran bien los efectos digitales y las maquetas, y la cabalgata de Gandalf por la ladera en Helm era cantosa en su momento, pero diez años después resulta horrorosa.

El cierre del filme carece de fuerza, queda muy diluido. Jackson no es capaz de hacer que el desenlace abierto enganche. Intenta meter como puede alguna escena explicativa para resumir la situación, como ese diálogo de Theoden mirando a Mordor o el largo y cansino monólogo de Gollum. La primera escena se nota a la legua que fue apañada (otro apaño, sí) a última hora, pues la pantalla de fondo canta demasiado. Seguramente se creó tiempo después del rodaje principal, como algunas otras de las que sí hay constancia, para tratar de aclarar la historia. Y encima es cutre de narices, pues desde casi el corazón de Rohan ven Mordor como si estuviera a medio día de camino… ¡e incluso se oyen los truenos del Monte del Destino desde ahí!… cuando en El retorno del rey parecen estar a tres cordilleras de distancia de Gondor. La otra escena, la de Gollum contándonos su plan, resulta larguísima para lo poco que aporta y de nuevo expone lo que le cuesta al director el que los personajes avancen hacia alguna dirección.

En esta entrega conviene hacer mención al doblaje. Es una saga de visionado obligatorio en versión original, por la calidad de algunos actores, por la voz y dicción de los mismos (Ian McKellen o Chrisptopher Lee son para escuchar con sus voces reales) y por el cuidado puesto en los distintos acentos (al menos en principio, que luego Elijah Wood y Sean Astin imitan el inglés británico de pena). El doblaje es en unos personajes excelente (Gandalf, Aragorn) y en otros totalmente inadecuado, tanto que llega a resultar molesto: Sam y Frodo están en manos de algunos de los peores actores del gremio y el resultado es digno de enseñar en las escuelas como algo que no debe hacerse. Otros también cambian tanto que quedan irreconocibles, como Eowyn, que en castellano parece una niña tontita.

En esta ocasión también es más recomendable la versión extendida, pues la resumida resultaba bastante desequilibrada e incluso tenía un agujero enorme: cuando Aragorn está perdido se encuentra con un caballo que conoce pero que no se presenta hasta que ves la versión larga. ¿Cómo se puede ser un cineasta tan inútil como para dejar un cabo suelto de tal calibre? Pero en ambas versiones hace falta algo que ya no se puede hacer: una reestructuración a fondo de la trama desde el guion que dé ritmo y consistencia a la narración, la eliminación de pasajes innecesarios o muy alargados (cito de nuevo el periplo de Aragorn y la presencia de Arwen, así como casi todo lo relativo a Faramir, pero también detalles tontos como la insulsa escena extra de Eowyn cocinando, tan pueril e innecesaria que da vergüenza ajena) y pulir la incoherencia estilística de Jackson, pues es un realizador aficionado a meter escenas infantiles en momentos épicos, rompiendo el realismo y la tensión del instante de forma notablemente negligente.

Por algunos buenos tramos y por los buenos resultados que la pasta echada en ella dan en el aspecto visual, Las dos torres es un entretenimiento eficaz (aunque pierde mucho ritmo e interés a partir de su ecuador), pero no ofrece mucho para todo lo que abulta, y después de La Comunidad del Anillo deja malas sensaciones. Y sobre todo, como adaptación es de risa y tiene unos personajes tan pobres que llegan a dar pena e incluso resultan molestos, más aun teniendo en cuenta que una cinta de aventuras de estas características necesita héroes carismáticos.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
La Comunidad del Anillo (2001)
-> Las dos torres (2002)
El retorno del rey (2003)
EL HOBBIT
Un viaje inesperado (2012)
La desolación de Smaug (2013)
La batalla de los cinco ejércitos (2014)

El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo


The Fellowship of the Ring, 2001, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 228 min.
Dirección: Peter Jackson.
Guion: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, J. R. R. Tolkien (novela).
Actores: Elijah Wood, Ian McKellen, Sean Astin, Viggo Mortensen, Sean Bean, Ian Holm, Chistopher Lee, Billy Boyd, Dominic Monaghan, Orlando Bloom, John Rhys-Davies, Cate Blanchett, Hugo Weaving, Marton Csokas, Liv Tyler.
Música: Howard Shore

Valoración:
Lo mejor: Ritmo, espectacularidad, música, actores, vestuario, localizaciones, decorados.
Lo peor: La dirección es irregular y desaprovecha muchos instantes. Decisiones erróneas sobre la confección de determinados personajes, que luego lastrarán las otras dos entregas.
Mejores momentos: La presentación de los hobbits. El clímax en Moria, desde la llegada de los orcos a la caída de Gandalf. La lucha y caída de Boromir.
Peores momentos: El ataque de los Jinetes Negros. Las escaleras de Moria. Los Uruks-Hai sacados del barro.
El plano: La Comunidad al completo caminando por montañas.
La frase a destacar: Que extraño destino sufrir tanto miedo y tantas dudas por algo tan pequeño, tan insignificante -Boromir.
La frase a repudiar: No quiero ese poder. Nunca lo he querido -Aragorn.

* * * * * * * * *

Allá por su estreno en 2001 un servidor contaba con diecinueve años, había leído la novela al menos un par de veces (es uno de esos libros tan mágicos que de vez en cuando caes en su embrujo de nuevo) y seguía la creación de las películas con sumo interés. Recuerdo que las expectativas eran altísimas, pero salí bastante contento del cine. Me pareció corta y de ritmo aceleradísimo, que resumía bien la novela y visualmente había captado su esencia, y que los fallos que arrastraba, notables algunos, no eran suficientes para desequilibrar una cinta de aventuras deslumbrante y entretenidísima. La versión extendida además dejó claro que la de cines era un resumen para poder venderla mejor, pues mejoró el tono precipitado. Mi opinión sigue siendo la misma después de diez años y probablemente tras más de diez: es una película de gran calidad que auguraba una saga memorable. Lástima que al final fuera la única realmente acertada y tenga el problema de que valorando la trilogía en conjunto sus fallos se ven más graves, pues te das cuenta de que lo que empezó mal aquí luego se convirtió en una bola de nieve imposible de frenar.

Con un presupuesto holgado pero no infinito Peter Jackson consiguió rodearse de un equipo técnico de gran talento. Acertó de pleno en una elección muy arriesgada y que de fallar le habría garantizado críticas de nepotismo: confió los efectos especiales (artesanos y digitales) a la pequeña empresa que fundó años atrás, WETA. Esta sólo había participado en tres cintas nada complejas en esos campos, pero para la trilogía invirtieron en personal y recursos con gran visión, y como resultado se convirtió de golpe en una de las referentes del gremio, rivalizando con la ILM de George Lucas. También destaca el constante apoyo en los artistas más conocidos que han plasmado la obra de Tolkien en ilustraciones, John Howe y Alan Lee, que fueron cruciales para la fidelidad del diseño artístico. No fue tan certero en otros aspectos como la fotografía (Andrew Lesnie) y el montaje (varios), que resultaron bastante normalitos, pero sí tuvo (y por extensión tuvimos) una suerte inesperada en un caso que resultó probablemente el más llamativo de todos: la música. Para la banda sonora Howard Shore fue elegido porque otros (James Horner y Wojciech Kilar) pedían contratos muy exigentes. ¿Se imaginan que hubieran seleccionado a Horner como en principio se pretendía? Estaba precisamente en una etapa de bajón, y me temo que hubiéramos escuchado un remedo de Willow por enésima vez; y de Kilar es difícil predecir qué podría salir, pero las negociaciones no llegaron a buen puerto. Shore era una de las opciones menos vistosas posibles, pero su dedicación a la hora de buscar los sonidos más adecuados y su frescura de ideas dio unos resultados difícilmente mejorables.

La recreación de la Tierra Media se lleva a detalles extremos (hasta las runas de las espadas tienen su significado), sobre todo en los magníficos vestuario y decorados, fallando sólo en algunos detalles que son culpa directa del director: los países de los elfos resultan vacíos (¿es que no vive nadie con Elrond?), fríos e incluso terroríficos en vez de alegres y llenos de música. Los excelentes efectos especiales suponen un apoyo crucial (espectacular prólogo, memorable la lucha contra el trol), los sonoros más de lo mismo, y la música ayuda de forma magistral a sumergirnos en un mundo imaginario lleno de lugares, culturas y criaturas tanto hermosas como aterradoras. Así pues, el aspecto visual alcanzó un nivel impresionante, digno de lo descrito en la novela.

El ritmo de la cinta es de montaña rusa, con una acertada alternancia de los momentos álgidos y los pausados, aunque debo decir que es deudora del sencillo esquema de este primer libro, pues Jackson no es capaz de manejar el ritmo de las otras dos entregas, que son bastante más complejas. Este episodio tiene sus achaques, pero son minucias en un conjunto trepidante y espectacular. El prólogo que nos pone en situación es una forma muy eficaz e impactante de introducirnos en la historia del mundo que nos van a mostrar. La presentación de la Comarca es maravillosa (sobre todo en la versión extendida) y Bilbo y Gandalf eran exactamente como los imaginaba. El inicio de la aventura y la salida de la aldea funcionan bien (la aparición de Saruman es perfecta), aunque con peros: Pippin y Merry se apuntan porque sí, sin explicarse, y de igual manera confían en Aragorn.

El tramo siguiente es el más flojo. El ataque de los Jinetes Negros en la cima está muy mal resuelto por Jackson, quien ofrece una escena tosca y carente de emoción e intriga. El ritmo es torpe, con cámaras lentas, encuadres fallidos y una iluminación pésima que rompen no ya la tensión, sino la conexión, pues parece una escena de cine cutre. Tampoco transmite mucho la aparición de una Arwen guerrera con la poco atractiva persecución a caballo.

Partes como esta dejan patente que la labor de dirección es algo limitada en recursos pero en líneas generales está maquillada lo suficiente por la propia intensidad de la historia y la fuerza visual que se obtiene gracias a los paisajes, el vestuario y los decorados como para no desentonar demasiado. Por ello mismo también queda una fotografía resulta a pesar de que realmente no es virtuosa, es más, en el tratamiento del color es bastante mala, dejaron el esfuerzo para la postproducción, con demasiada alteraciones de colores mediante el ordenador (en los extras se muestra bastante bien), terminando con algunas escenas muy sobrecargadas de tonos demasiado falsos (Lóthlorien, Rivendel).

La estancia en la casa de Elrond (Rivendel) podría dar más de sí, pero el Concilio, una parte larguísima en la novela, se resume francamente bien y expone correctamente de qué va el asunto del Anillo. Por mi parte lo hubiera hecho de otra manera (metiendo los flashbacks del prólogo aquí), pero como adaptación no funciona mal. Sin embargo, aquí se presenta finalmente a Aragorn, y lo que se muestra asusta: no es un rey en el exilio que se embarca en una misión con un objetivo, es un civil cualquiera que no quiere saber nada de sus antepasados y su destino… y aun así se apunta al fregao, sin que se nos exponga motivo alguno de por qué lo hace cuando acaba de decir precisamente no querer hacerlo (ver la frase a repudiar). Por suerte, el resto de la película se centra en la aventura y no es hasta los otros episodios cuando su misión cobra importancia, así que aquí no se ve el estropicio cometido y el personaje, aunque algo soso, resulta simpático.

Una vez formada la Comunidad del Anillo entramos en el mejor segmento, el de mayor intensidad y emoción. Se ahonda en la personalidad de Boromir, un carácter acertadamente acentuado con respecto al libro y que supone, tras Gandalf el gris, el mejor protagonista de la saga; es mítico el plano en las cimas nevadas cuando coge el Anillo y expresa sus dudas. Sobrecogedora resulta la entrada en Moria, impresionante la lucha contra el trol (muy bien potenciada respecto al libro). La aparición del balrog, monstruo que, aunque sea una versión muy personal de la criatura (casi lo convierten en un dragón enorme), resulta acongojante, tanto por los efectos especiales como por el ambiente que genera la banda sonora. La caída de Ganfald y la posterior escena de lloros es sublime, para mí el mejor momento de la trilogía, capaz de dejarte sin respiración y siendo un instante que sin duda hizo llorar a muchos espectadores. Sin embargo, en todo este exquisito clímax Jackson desbarra como hace demasiadas veces a la hora de meter cosas de su propia cosecha: la escena de las escaleras de piedra que se balancean parece tener intención de alargar la secuencia para sacarle más partido, pero es una tontería infantiloide que entorpece considerablemente el desarrollo y ritmo de una parte que no necesitaba nada más.

Seguramente pensando en que había que seguir mostrando peligros, la sección de Lórien pasa de ser un descanso o interludio pacífico en la novela a un sitio lúgubre, siniestro y peligroso en la película… hasta la despedida, donde de repente todo es bonito y hay regalos y Galadriel se vuelve súper maja. Jackson se carga de un plumazo la esencia del lugar en las novelas (magia, belleza, poesía, descanso), lo cual no sería muy grave si funcionara en la adaptación como ocurre con Bree (una parte también oscurecida), pero no lo hace, pues resulta una sección irregular, mal manejada, que en general termina por no saberse qué pinta ahí y además posee partes incomprensibles e innecesarias, como las visiones del espejo: para qué ponerlas si no aportan nada, pues el saneamiento de la Comarca no existirá.

En el tramo final la batalla con los Uruk Hai es brutal. Las coreografías son soberbias, mostrando todos los golpes de espada con mucha claridad y obteniendo una confrontación épica, y la caída de Boromir es otro logradísimo momento trágico. Lástima que el desenlace de la película se alargue en exceso, pues como se puede ver a lo largo de la trilogía, a Jackson le cuesta horrores hacer que sus personajes avancen, evolucionen, maduren, decidan: cuando Frodo duda si se va o no se va se hace eterno y rompe la fuerza de la escena irresponsablemente. Y respecto a este personaje, está ya bastante claro que no sabe qué hacer con él, ni cómo dirigir a Elijah Wood: sólo sirve para cargar con el Anillo mientras pone muecas de sufrimiento. ¡Qué protagonista más aburrido! ¿Dónde está el Frodo maduro y culto pero cercano y decidido de las novelas?

Debo incluir un anexo sobre los Uruks Hai, pues resulta ridícula la versión que se hace de ellos en el filme: ¡Saruman los recoge del barro como si fueran sapos! Es un sinsentido de tales proporciones que no me entra en la cabeza cómo demonios se les ocurrió algo así. Y además su diseño deja bastante que desear, muy simple, tanto el físico como el vestuario, pues llevan las espadas en la mano, cuando los orcos vistos en Moria eran la perfección absoluta de diseño y maquillaje. No comprendo cómo se puede estar tan acertado en un momento y tan errado en otro; son una de las dos únicas cosas del departamento artístico que me rechinan (la otra es Minas Tirith, como comentaré en su momento).

No me olvido de recomendar la versión extendida, pues la estrenada en cines fue un resumen obligado por la productora debido a la alta duración de la película. Mejora el ritmo y la consistencia ligeramente, y explica con más detenimiento algunos detalles significativos. De hecho, no deberían llamarse versiones extendidas, pues son el montaje previsto por el director. Pero claro, aquí entra en juego el dinero: menos duración equivale a más pases en el cine, y si encima sacan distintas ediciones en dvd pues más beneficio aún.

El reparto tiene figuras acertadísimas, pero también un par de elecciones criticables. Destacan las magníficas interpretaciones de Ian McKellen (Gandalf), Ian Holm (Bilbo) y Sean Bean (Boromir). Me desentona Hugo Weaving, pues confecciona un Elrond muy rudo, y Elijah Wood no convence del todo como Frodo, cosa que se agravará más adelante. Y se mire por donde se mire sobra Liv Tyler como Arwen, tanto el personaje, insoportable en toda la trilogía, como la actriz, una de las peores que he visto, tan infame que da grima en todas sus escenas. Y por favor, vaya princesa elfa: tiene cara de atontada, sin porte ni elegancia ni una belleza inclafisicable, cosas que sí muestra Cate Blanchett como Galadriel.

El que la puesta en escena no sea sobresaliente y los todavía no muy destacables errores de adaptación son aspectos que no desentonan lo suficiente como para afear una cinta de aventuras de gran nivel. La Comunidad del Anillo quedó muy, muy cerca de lo que para mí sería la adaptación soñada de la maravillosa novela de Tolkien, y como película, aun contando con algunas imperfecciones en concepto y forma, resulta un espectáculo memorable y muy emocionante, una odisea épica digna de ver una y otra vez. Lástima que a Peter Jackson el proyecto se le escapó rápidamente de las manos, pues las dos siguientes entregas, Las dos torres y El retorno del rey, suponen un bajón de calidad y fidelidad enormes y acaban siendo muy decepcionantes.

EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
-> La Comunidad del Anillo (2001)
Las dos torres (2002)
El retorno del rey (2003)
EL HOBBIT
Un viaje inesperado (2012)
La desolación de Smaug (2013)
La batalla de los cinco ejércitos (2014)